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La Práctica Profesional de la Psicología en la Sociedad de Control. De Carvalho, Paulo Roberto.

FERMENTUM Mérida - Venezuela - ISSN 0798-3069 - AÑO 22 - Nº 65 - SEPTIEMBRE - DICIEMBRE 2012 - 289-302 289

La Práctica Profesional de la
Psicología en la Sociedad de
Control

De Carvalho, Paulo Roberto

Resumen
Foucault caracteriza a las sociedades occidentales del siglo XX como
disciplinarias, es decir, ubicadas en el sistema de poder disciplinario. La disciplina,
para Foucault, implica la preparación interminable para el trabajo y consiste
en una sucesión de fases vividas en las diversas instituciones que atienden al
individuo. Al analizar críticamente la contemporaneidad, Gilles Deleuze propone
que estamos en una transición a un nuevo esquema de poder denominado
sociedad de control, que se caracteriza por el ejercicio de los poderes que se
difunden en la sociedad sin depender de las instituciones. Deleuze considera que
los medios de comunicación son instrumentos apropiados para el ejercicio del
poder en estas condiciones. Al mismo tiempo que hemos visto el surgimiento de
los medios de comunicación en la producción de subjetividad de prácticamente
toda la población, también observamos que las instituciones del antiguo
régimen de poder disciplinario sobreviven, aunque muestren signos de mal
funcionamiento. Por lo tanto, en este contexto se hace visible la crisis de las
instituciones de diferentes tipos, incluyendo la familia, la escuela y la prisión.
En este complejo escenario, marcado por nuevas formas de ejercicio del poder
y acelerados cambios en las instituciones, cuestionamos la integración de la
psicología en este proceso y las funciones de control que adquiere.
Palabras clave: Psicología; contemporaneidad; control.

*Docente de la Universidade Estadual de Londrina (Depto. Psicología Social e |Institucional).


Doctor en Psicología Clínica y Magister en Psicología Social (Pontifícia Universidade Católica
de São Paulo).
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Abstract

THE PROFESSIONAL PRACTICE OF PSYCHOLOGY


IN THE SOCIETY OF CONTROL

Foucault characterized the societies of the XX century as disciplinary


proceedings, in system of disciplinary power. They understand the discipline as
the endless preparation for work, which involves a succession of phases that
are lived in the various institutions that the individual attends. Following a critical
aspect of contemporary life, Gilles Deleuze proposed that we are transitioning
to a new power scheme named control society, characterized by the exercise of
powers that are spread into the society without relying on the institutions. Deleuze
considers that the mass media are appropriate instruments for the exercise of
power under these conditions. At the same time, we have seen the rise of the
media in the production of subjectivity in large scale; we also observed that the
institutions of the old regime of disciplinary power survive even though showing
signs of malfunctioning. Thus, in this context a crisis becomes visible: the crisis
of institutions of different types, including the family, the school and the prison. In
this complex scenario, marked by new forms of exercise of power and accelerated
changes in the institutions, we question the way in which Psychology integrates
to this process and the functions of control that it acquires.
Keywords: psychology; contemporaneity; control.

Introducción
Una de las cuestiones recurrentes en los debates de la psicología
social se refiere a los procesos de transformación social o a las formas
en que el cambio ocurre en una sociedad en particular. En términos del
pensamiento marxista, ampliamente utilizado en la psicología social,
la transformación ocurre, de modo determinante, por la sustitución
del aparato del Estado y la ruptura de un status quo comprometido a
mantener a una clase social en el poder. En la época contemporánea, la
clase capitalista dominante, es decir, la burguesía, es aquella que pone
a su servicio al aparato del Estado y cualquier cambio social depende
de la inversión de este proceso.

Sin perder de vista la hegemonía de la clase que se consolida


hoy, Michel Foucault introduce un cambio importante para pensar la
problemática del cambio social: le quita el protagonismo al aparato del
Estado y busca, con este desplazamiento, pensar la Historia de otra
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manera. El autor introduce un concepto al que dedicó una parte de


sus estudios, que es el de las "relaciones de poder" que se encuentran
en vigor en las sociedades y a partir de las cuales es posible pensar
el régimen de poder al cual una sociedad dada es sometida en cada
momento histórico. Así,

para que no se interrumpa el proceso revolucionario, una de las


primeras cosas a entender es que el poder no está ubicado en el
aparato del Estado y que no habrá cambios en la sociedad si los
mecanismos de poder, que funcionan fuera y junto a los aparatos
de estado a un nivel más elemental, cotidiano, no son modificados
(Foucault, 1979: 149-150).

Resulta de esto un enfoque histórico centrado en la descripción


de los regímenes de poder, entendiéndolos como procesos complejos
que atraviesan la sociedad como un todo y articulan elementos
heterogéneos entre sí, orientados a la producción de un ser humano
considerado conveniente para el momento histórico de aquella formación
socio-económica. En el caso específico de la sociedad capitalista de la
primera mitad del siglo XX, Foucault señala la existencia de un poder
disciplinario que tiene por objeto intervenir sobre los cuerpos, tornándolos
dóciles para que se inscriban en la producción fabril dominante en esa
época. Foucault denomina "diagrama de poder" a esta heterogeneidad
de procedimientos, normas sociales y valores que convergen en la
realización del poder. Machado, comentando el trabajo de Foucault,
considera que:

Es el diagrama de un poder que no actúa desde el exterior, pero


trabaja el cuerpo de los hombres, maneja sus elementos, produce
su comportamiento y produce el tipo de hombre que es necesario
para el funcionamiento y el mantenimiento de la sociedad
capitalista industrial. Vinculada a la explosión demográfica del
siglo XVIII y al crecimiento de los aparatos de producción, la
dominación política del cuerpo realizada por este diagrama de
poder responde a la necesidad del uso racional, intenso, máximo,
en términos económicos (Machado, In: Foucault, 1979: XVII).

Podemos destacar la referencia que se hace al comportamiento,


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ya que ésta denuncia la presencia de la psicología en el diagrama del


poder disciplinario. De hecho, para Foucault, la psicología, como las
otras ciencias humanas, es un poder de conocimiento; la producción
de conocimiento realizada por ella integra y subsidia la autoridad
disciplinaria en la producción de un humano dócil y útil, demandado por
la formación social capitalista en ese período.

El diagnóstico político realizado por Foucault, que señala la


existencia de un poder disciplinario en las relaciones cotidianas,
también tiene una validez histórica. Más tarde, Foucault detectará
las transformaciones también inscritas en nuestras vidas diarias, que
denuncian la finitud de este régimen de poder. Foucault constata esto
observando las formas de vida de quienes le rodean.

En los últimos años ha cambiado la sociedad y los individuos;


éstos son cada vez más diversos, diferentes e independientes.
Hay más y más categorías de personas que no están sujetas a
la disciplina, a tal punto que estamos obligados a considerar el
desarrollo de una sociedad sin disciplina. La clase dirigente sigue
impregnada en la técnica antigua. Pero está claro que debemos
separarnos, en el futuro, de la sociedad disciplinaria de hoy
(Foucault, 2003: 268).

El surgimiento de un nuevo régimen de poder fue previsto por


Foucault. Un cambio de esta naturaleza dará lugar a nuevas prácticas, a
lo largo de una reordenación en las modalidades de ejercicio del poder.
Este hallazgo encuentra también resonancias con las observaciones
de Gilles Deleuze, quien corrobora la lectura de Foucault acerca de
la decadencia de la disciplina y encierra el período disciplinario en la
segunda mitad del siglo XX. Deleuze observa: "pero las disciplinas, a
su vez, también conocerían una crisis en favor de nuevas fuerzas que
se instalarían lentamente y que se precipitarían poco después de la
Segunda Guerra Mundial: las sociedades disciplinarias son lo que ya
no éramos más, lo que dejábamos de ser" (Deleuze, 1992: 219-220).

Deleuze busca destacar las nuevas formas de ejercicio del poder


que eran ensayadas. Para enfocar estas prácticas emergentes, él
busca darle visibilidad a una serie de desplazamientos y alteraciones
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que muchas veces parecen ser inconexas, pero que confluyen en la


articulación de un nuevo dispositivo de poder que remplaza gradualmente
al poder disciplinario; no obstante, no se cancelan sus prácticas.

Se trata un reordenamiento que incorpora los antiguos


procedimientos disciplinarios junto con otros, inéditos, característicos
del diagrama del poder emergente. Deleuze utiliza una expresión actual
propia del discurso foucaultiano, la noción de "control" (Foucault, 1996:
147), para designar el diagrama de poder emergente. Así, las sociedades
de control se convierten en objeto de análisis del autor.

Estamos entrando en las sociedades de control, que ya no


funcionan por confinamiento, sino por el control continuo y la
comunicación instantánea. Burroughs comenzó el análisis de esta
situación. Ciertamente, no dejamos de hablar de la prisión, de la
escuela, del hospital: estas instituciones están en crisis. Pero si
ellas están en crisis, es precisamente en luchas de retaguardia.
Lo que se está implementando, a ciegas, son nuevos tipos de
sanciones, de educación, de tratamiento. Los hospitales abiertos,
los cuidados en el domicilio, etc., ya han surgido hace mucho
tiempo. Se puede prever que la educación será cada vez menos
un medio cerrado, distinto del entorno profesional – otro medio
cerrado-, pero que los dos van a desaparecer en favor de una
terrible formación continua (Deleuze, 1992: 216).

Las referencias a los hospitales abiertos y a nuevas formas de


tratar llaman la atención. Nos llevan a la pregunta de cómo la psicología
suscribe prácticas emergentes de control, que pueden adquirir nuevas
funciones en este escenario que se configura. Estas son cuestiones
estratégicas para una política con enfoque crítico para pensar las
prácticas profesionales que se realizan en el campo de la psicología.

Ciertamente, la descripción propuesta por Foucault de la psicología


como un poder de conocimiento sigue en vigor. Diversos procedimientos
de este campo de conocimiento pueden incluirse en cualquiera de las
funciones de poder sistemáticamente analizadas por él, principalmente
en la vigilancia especializada: en ella, el conocimiento psicológico
aparece como un instrumento para separar lo normal de lo patológico,
supervisando su ocurrencia en el entorno social.
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Tenemos las estructuras de vigilancia totalmente generalizada,


de las cuales el sistema penal, el sistema judicial, son una pieza,
así como la detención, a su vez, también lo es; las estructuras
de vigilancia que incluyen a la psicología, la psiquiatría, la
criminología, la sociología, la psicología social son los efectos
(Foucault, 2003: 72).

Es interesante notar que para Foucault la función especializada de


la vigilancia ejercida por la psicología corresponde a un procedimiento
generalizado, es decir, ya no se limita a entornos institucionales,
como las detenciones. Son prácticas que comienzan a ejercerse "en
abierto", una expresión que Deleuze utiliza para describir el ejercicio
del poder en las nuevas sociedades de control. Además, al describir
la psicología y la psicología social como efectos de un dispositivo de
vigilancia, Foucault señala categóricamente que tales conocimientos
están involucrados con el ejercicio del poder. Entonces es posible
formular un problema estratégico sobre la práctica de la psicología. Con
la llegada de las sociedades de control, ¿se asignan nuevas funciones
a este conocimiento? ¿De qué manera estas funciones inscriben a la
Psicología en los dispositivos de control?

Control y contemporaneidad

Una ruta posible para el desarrollo de estas cuestiones parte de la


expresión propuesta por Deleuze: la sociedad de control se caracteriza
por intervenciones "en abierto". ¿Qué sería esto? En las sociedades del
poder disciplinario, las intervenciones fueron hitos de la arquitectura de
las instituciones. Por supuesto, esas intervenciones fueron articuladas
más allá de los espacios físicos. Es el caso, por ejemplo, de la clínica
psicológica, que trataba y trata entre cuatro paredes a individuos y
grupos previamente identificados como desviantes o incluso como
enfermos. Con el paso a la sociedad de control, la intervención
terapéutica dirigida cede espacio y pasa a convivir con el surgimiento
de procedimientos preventivos que llegan a todas las poblaciones
antes de la identificación de los casos a tratar. Las normas preventivas
pueden ocurrir por diferentes medios, pero es evidente que encuentran
un apoyo estratégico en las herramientas tecnológicas proporcionadas
por los medios de comunicación.
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Las normas preventivas en psicología, según Jacques Donzelot


(1986), tuvieron un papel estratégico en un proceso que tuvo lugar
durante la segunda mitad del siglo XX y que puede ser caracterizado
como una apertura y verificación del espacio de la institución familiar.
Debemos recordar que la familia nuclear burguesa se ha establecido
desde el siglo XIX como una institución cerrada en sí misma. En el
contexto del acelerado desarrollo tecnológico para aquel período, este
cierre contribuyó para que la familia se volviese incapaz de socializar
a sus nuevos miembros según la creciente demanda, cada vez más
compleja, que incluye, por ejemplo, las habilidades para relacionarse.

La superación de este contexto, para Donzelot, mantiene relaciones


profundas con las funciones del poder que asume la psicología en
las sociedades contemporáneas. Con la difusión a gran escala de
la psicología clínica en sus aspectos preventivos y terapéuticos, se
produjeron efectos en escala poblacional: en primer lugar, como efecto
psicosocial de la difusión de la clínica, la gente empezó a hablar de
manera desinhibida de su vida privada. Inicialmente, lo que sucedía entre
cuatro paredes gradualmente gana espacio en las relaciones sociales.
Donzelot denomina este proceso como «confesión».

El paso siguiente, también trabajado por Donzelot, fue marcando


la entrada de las prácticas discursivas confesionales en los medios de
comunicación, lo que contribuyó decisivamente a su difusión y adopción
por parte de las poblaciones. Así, ya en los años setenta del siglo XX
se produjeron programas de radio popular en en los cuales un sujeto,
ocupando una posición de paciente similar a la de la clínica, hablaba de
su vida privada y tenía al psicólogo como interlocutor. De esta forma,
las prácticas discursivas confesionales fueron naturalizadas. Uno de los
efectos más visibles de poder corresponde a un cambio en la posición
de los padres con respecto a las pautas reglamentarias que vienen de
fuera de las casas. Ha ocurrido una especie de rendición. Y, por ella,
las familias se vuelven permeables, sea a la observación, sea a la
intervención caracterizada por los “técnicos de relación”, que tiene uno
de sus principales representantes en el psicólogo. Así que se completa
una operación estratégica del poder que ya puede ser descrita en la
marca de la sociedad de control: la apertura de la institución familiar a
las demandas cada vez más complejas de la esfera del trabajo; al mismo
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tiempo que se produce una ascensión del valor que tiene la educación, la
integración profesional también se hace central. En términos generales,
la familia deja de resistir al enfoque de temas como la sexualidad y otros
que confrontaban la moralidad conservadora aún vigente. Donzelot
considera:

Dejando de ocupar el lugar de la resistencia a las normas médicas


que amenazan su integridad y el juego de sus privilegios, la
familia burguesa se convirtió en su mejor superficie de recepción.
No hay más necesidad de una decisión central, dado que la
apelación procede de estos micro-centros de iniciativas hacia
esta periferia que es la propia familia. El control de la natalidad,
la psicopedagogía, la preocupación con la vida relacional se
agregan al depósito ya repleto de la 'calidad de vida' burguesa
(Donzelot, 1986: 198).

Se trata, entonces, de una intervención modulada acerca del


enfoque normalizador con el objetivo estratégico de hacer que la
institución familiar sea permeable a las exigencias del capitalismo
tecnológico, constituido bajo la égida de las grandes corporaciones. Un
ejemplo más evidente de este proceso puede verse en los problemas
de relación profesional. Para que un empleado sea capaz de interactuar
en el contexto de las grandes corporaciones, se hace imprescindible
la adquisición de habilidades de relación. Sin embargo, no siempre la
historia de vida familiar responde a esta demanda. Una situación de este
tipo puede ayudar a asegurarse de que el trabajador sea reconocido
como disfuncional.

La apertura de la institución familiar fue una operación exitosa


que, sin embargo, se realizó desde la popularidad de las prácticas de
la psicología clínica. Es por eso que Donzelot llega a considerar que la
aparición y la difusión de la psicología en las sociedades occidentales
fue un proceso "no inocente desde el punto de vista político" (1986: 197).
A esta no inocencia, a esta intencionalidad estratégica, la denominamos
como un procedimiento de control dirigido a la normalización de la
institución familiar.
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Éstos son, pues, dos efectos psicosociales que contribuyen a la


aparición de la familia moderna como institución. Por un lado, poco a
poco los sujetos pasan a hablar de modo confesional, exponiendo su
intimidad. Es necesario considerar que ocurren significativos cambios
subjetivos que forman parte de este proceso. Sentimientos tales como
vergüenza, timidez e inhibición necesitan ser elaborados en este
proceso. Por otro lado, al exponer aspectos de sus vidas personales en
las relaciones cotidianas, los sujetos confrontan tales aspectos con el
contenido de una normalización preventiva, en la forma de imágenes de
normalidad con la que se pueden comparar sus propias experiencias.

De una manera poco evidente, en el transcurso de algunas


décadas, países como Brasil vivieron la apertura de la institución familiar
en la cual sus miembros han desempeñado un papel activo, en la medida
en que fueron movilizados a exponerse por efecto de dos aspectos de
la psicología: el terapéutico y el preventivo. El interior y el exterior de los
hogares pasan a ser atravesados por un discurso sobre lo familiar, lo
confesional, pero también normativo, señalando desvíos y trastornos al
mismo tiempo que se promueve un modelo relacional de tipo preventivo.
Hardt, explorando las implicaciones de la entrada en la era del control,
cree que tal apertura, que se construye como consecuencia de esta
nueva familia, es un dispositivo de poder característico de esta nueva
relación establecida con las sociedades de control.

El paso de la sociedad disciplinaria a la sociedad de control se


caracteriza inicialmente por el colapso de las paredes que definen
las instituciones. Por lo tanto, hay cada vez menos distinción entre
el interior y el exterior. Efectivamente, es un cambio general en
la forma en la cual el poder marca el espacio (Hardt, 2000: 358).

Así, la crisis de la institución familiar corresponde, en términos


generales, a los efectos de una operación de control. Uno de los
elementos más sistemáticamente mencionados en la confirmación
de esta crisis institucional fue y es el declive de la autoridad parental.
Por otro lado, lo que a menudo pasa inadvertido es que el declive de
los padres viene con el surgimiento y la legitimidad de las figuras de
autoridad que son externas al entorno familiar. Figuras de autoridad que
en realidad sólo lo son porque encarnan las funciones de poder.
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Poco a poco, la familia pasa a chequearse a sí misma a partir de


las observaciones y las intervenciones realizadas por psicólogos en
la clínica o en medio abierto. Así, en vez de seguir siendo un espacio
autorregulado, esta institución pasa a ser legitimada por imágenes,
valores y prácticas que vienen desde afuera, una vez que saturan el
contexto social. Estos componentes de subjetivación son vehiculados
de diferentes formas, convocando a individuos y grupos para comprobar
su normalidad por medio de ellos. Como dice Hardt:

Las paredes de las instituciones se desploman; de modo que


resulta imposible distinguir entre el interior y el exterior. No
debemos pensar que la crisis de la familia nuclear ha conducido
a una disminución de fuerzas patriarcales; por el contrario, los
discursos y las prácticas que invocan los 'valores familiares'
parecen invadir todo el campo social (Hardt, 2000, p. 369).

Con la entrada en las sociedades de control, la subjetividad se


convierte en un ámbito estratégico de intervención. Sólo con profundos
cambios en este campo, la institución familiar podrá adaptarse al
nuevo orden. Pero no es sólo en la familia que las intervenciones en
la subjetividad se hacen presentes. Hardt considera: "El fin del exterior
o la ausencia de distinción entre el interior y el exterior en el pasaje
de la sociedad disciplinaria a la sociedad de control, tiene importantes
implicaciones para la forma de la producción social de la subjetividad"
(2000: 367). En estas circunstancias, ¿cómo podría la psicología
ausentarse de la participación en los procedimientos de la sociedad
de control?

Otra vertiente de las nuevas funciones que ha tenido la psicología


con el advenimiento de la sociedad de control, puede ser explorado
desde los argumentos de Deleuze, ya mencionados, de que se dibujan
nuevos tipos de sanciones, de educación y de tratamiento. Son
consideraciones que ponen en destaque las prácticas que ganan espacio
en la psicología. En particular, cabe señalar que las consideraciones del
autor pueden ser apropiadas directamente al análisis de las prácticas
que se han denominado "justicia terapéutica". Ésta se caracteriza por
una combinación o fusión de las sanciones penales y las de tratamiento
psicoterapéutico. Es un procedimiento adoptado inicialmente en los
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Estados Unidos como sustitución de la pena de privación de libertad


para los usuarios de drogas. Así, a título de pena, el sujeto es obligado
a frecuentar la orientación psicoterapéutica, pretendiendo que él alcance
y se mantenga en situación de abstinencia.

Existe, en el surgimiento de justicia terapéutica, mucho que


reflexionar. El aspecto más obvio, que incluye una dosis de violencia,
se refiere a la propia historia de la psicología. Si, en la primera mitad
del siglo XX, las prácticas profesionales en Psicología se mantuvieron
vinculadas al área de la salud y entraron en las jerarquías del saber-
poder médico, al final del siglo, entrando en la sociedad de control,
fuimos testigos de un cambio abrupto, por el cual una modalidad
psicoterapéutica se une a las jerarquías del aparato de la policía y de la
justicia. Foucault ya había dicho que los psicólogos y psicólogos sociales
ejercen funciones policiales en forma de vigilancia especializada. Pero
ahora nos enfrentamos con algo nuevo: en la sociedad de control, los
psicólogos se han convertido en jueces, siendo comparables, por lo tanto,
a los carceleros. Su trabajo terapéutico se convirtió en la propia pena.

Una serie de preguntas surge a partir de ahí: ¿Qué sucede con


la clínica psicológica cuando se establece que es una sanción social?
¿Podría seguir siendo denominada como clínica? Es posible considerar
que este proceso no sólo está en marcha, sino ya incorpora también
alguna naturalización. La naturalización, aquí, es entendida como acrítica
y no refleja las funciones de control que, en este caso, la psicología
asume gradualmente.

Es importante recordar que la práctica clínica en Brasil, en


sus diferentes vertientes teóricas, construyó un posicionamiento
condicionando la psicoterapia a la elección voluntaria del paciente a
participar de ella. ¿Qué ocurre con esta posición frente a la proliferación
de las prácticas de justicia terapéutica? Es posible observar, de modo
coexistente, que incluso fuera de la esfera penal, gana visibilidad el
argumento de los médicos y otros profesionales de la salud que admiten
que se puede hacer terapia de manera involuntaria. Esto ocurre,
sintomáticamente, en casos de farmacodependencia, justamente los
mismos que son llevados a la justicia terapéutica.
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Otras esferas del trabajo del psicólogo pueden ser analizadas con
respecto a su entrada en los procedimientos de control. La intervención
en el área de la salud mental es uno de ellos. En muchos países, la
lucha contra las condiciones de internamiento en hospitales psiquiátricos
produjo cambios significativos que han sido y son recibidos como una
"humanización" en el cuidado de los pacientes con enfermedades
mentales. Con la creación de políticas públicas alternativas a la
hospitalización, se constituyeron en países como Francia y Brasil formas
alternativas de tratamiento psiquiátrico, lo cual llevó al abandono, o mejor
dicho, a la disminución del hospital en este ámbito. Deleuze busca dar
visibilidad al ejercicio del control que también se adhiere a estas nuevas
prácticas, sin desconocer los avances logrados en cuanto a la reducción
del sufrimiento y la libertad de los usuarios. Deleuze considera:

Por ejemplo, la crisis del hospital como un medio de confinamiento,


la sectorización, los hospitales días, el atendimiento domiciliar,
pueden marcar nuevas libertades, pero también pueden integrar
los mecanismos de control que rivalizan con los confinamientos
más difíciles (Deleuze, 1992: 220).

Señalamos que los modos de intervención designados por Deleuze


como vectores potenciales de control en el área de la salud se llevan a
cabo con la presencia activa de psicólogos en dos niveles distintos: en
los programas de prevención tales como la "salud de la familia" y también
en intervenciones más específicas en el área de la salud mental, donde
estas prácticas son de una supuesta humanización.

Consideraciones finales

¿Estaría la psicología completamente comprometida con las


prácticas del control? Ésta es una pregunta necesaria, dado el camino
realizado. Un enfoque político y crítico desde el campo de conocimiento
no puede contener un enfoque totalizante, que tendería a condenar
caracterizándose sólo como una posición moral. De hecho, la psicología
implica prácticas y múltiples posiciones políticas que no pueden reducirse
a un enfoque totalizante cuando el tema es la inserción en la sociedad
de control.
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Un aspecto a considerar es que, al marcar los procedimientos de


control, todavía estamos hablando del poder tal como formulado por
Michel Foucault. Es posible extraer de la concepción foucaultiana de
poder la idea de reversibilidad, es decir, en este campo son siempre
posibles inversiones que en la práctica esbozan la posibilidad de
resistencia al control. Obviamente, esto es una posibilidad que también
se da en la psicología. La invención de nuevas prácticas y el análisis
crítico de aquéllas que ya tienen lugar pueden unirse para la invención
de nuevas formas del quehacer profesional. El reverso del control es
algo posible, considera Deleuze. Un riesgo necesario; es posible agregar.

Creer en el mundo significa principalmente suscitar acontecimientos,


incluso los pequeños, que escapan del control o engendran nuevos
espacio-tiempos, incluso de superficie o volumen reducidos (...).
Es en el nivel de cada intento donde se evalúa la capacidad de
recuperación o, por el contrario, la sumisión a un control (Deleuze,
1992: 218).

La psicología social que incorpora un enfoque político en las


prácticas profesionales tiene, en el problema de la resistencia al poder,
un campo de investigación para la invención de futuras formas de
intervención. Para eso, debemos tener en cuenta la complejidad que
rodea a este campo profesional, los efectos inusuales, a veces no
conocidos, que están involucrados con cada uno de los modos del hacer
profesional. Ésta es una constatación posible que puede obtenerse del
análisis de los efectos psicosociales de la clínica psicológica, tal como
es realizada en Brasil. Deleuze considera: "no tenemos que temer o
esperar, sino buscar nuevas armas" (1992: 220).
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Bibliografía

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