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Artículo tomado de la Revista Bocas, http://www.eltiempo.

com/bocas/andres-barreto-
creador-de-grooveshark-en-entrevista-con-bocas/14355635
Por Adriana Restrepo / Fotos Ana Lorenzana
2014

Foto: Ana Lorenzana


Barreto se ha dedicado al emprendimiento tecnológico en la región; hasta el momento
ha invertido en 21 proyectos en Latinoamérica.
Lleva diez años construyendo un emporio económico que hoy factura varios millones
de dólares. Se llama Andrés Barreto, es un colombiano de 28 años y un genio del
emprendimiento tecnológico. No tiene carro ni casa, vive de ciudad en ciudad y carga
un tornamesa en su equipaje, porque dice que algún día va a ser Dj. A los 18 años, con
un proyecto universitario, creó la primera plataforma de audio en streaming, hoy con
más de 35 millones de usuarios. Desde entonces, y luego de entender que el futuro está
en nuestra región, ha consolidado siete nuevas empresasde tecnología con talento
latinoamericano. Este es el más asombroso y práctico manual de cómo ser millonario (y
colombiano) a los 28 años sin necesidad de ser futbolista.

Por Adriana Restrepo / Fotos Ana Lorenzana


No tiene carro ni casa ni más lujo que un par de tornamesas porque quiere ser DJ. Sin
embargo, Andrés Barreto (colombiano, 28 años y con un look que parece sacado de la
serie de televisión The Big Bang Theory), lleva diez años construyendo un emporio
económico que factura varios millones de dólares.

Cuando tenía 18 años y cursaba el primer semestre en la Universidad de la Florida, en


Gainesville, decidió crear, junto con dos amigos, Grooveshark, la primera plataforma de
audio en streaming. Hoy su proyecto universitario es líder mundial (superando a Deezer
y Spotify), cuenta con 35 millones de usuarios al mes y su importancia es comparable
con la de Google o Amazon.
¡Un golazo! Una victoria contundente en el mercado que bien hubiera permitido a
Andrés darse una vida de crack del fútbol: yates, un Ferrari y trajes de Armani. Pero no.
El chico tuvo una mejor idea: cambiar el mundo y convertir a América Latina en una
potencia mundial en emprendimiento tecnológico. ¿Ingenuo? Tal vez, pero si en una
ciudad de 100.000 habitantes nació una empresa que mueve varios millones de usuarios
en todo el mundo, América Latina definitivamente parecía un paraíso de oportunidades.

Y lo ha sido. Desde entonces, Barreto ha consolidado siete nuevas empresas de


tecnología con talento latinoamericano, que hoy compiten con las más importantes de
Silicon Valley, y ha invertido en 21 proyectos en América Latina con potencial global.
Además, creó una fundación en Colombia para enseñar a los niños a programar en ocho
semanas.

Esta es la historia de un jovencito bogotano con pocos amigos y una obsesión


irreparable por los computadores. Que contó con el apoyo de sus papás (una odontóloga
y un ingeniero electrónico –“mi papá era más ñoño que yo”–), aun cuando en la
universidad no le fuera del todo bien, y con muchísima pero muchísima determinación.

¿En qué colegio estudió?


Estudié en el San Jorge de Inglaterra y después en el Anglo Colombiano, hasta que
cumplí 12 años. En ese momento me fui con mi familia a vivir a la Florida.

¿Por qué se fueron?


Durante los años 1998 a 2002 más de dos millones de colombianos emigraron del país
por la situación de Colombia. Mi familia forma parte de ese montón de gente.

¿Sufrieron amenazas?
No era el lugar donde mis papás querían que yo creciera. Y en ese momento teníamos la
oportunidad de viajar a Miami.

¿Allá dónde estudió?


En una escuela pública. Es interesante, pero pasó mucho tiempo antes de que yo
entendiera el shock cultural que viví. Cuando estaba en Colombia no veía el esfuerzo
enorme que hacían mis papás para poder enviarme a un colegio privado y bilingüe. En
ese momento a mí no me parecía extraño que mientras yo iba al colegio en bus, la
mayoría de los estudiantes llegaban en carro con chofer y guardaespaldas. Después,
cuando llegué a la Florida, tampoco me daba cuenta de que era extraño que en la
escuela hubiera policías. Para mí era normal que arrestaran niños dentro del salón de
clases. Solo hasta el año pasado, viendo los debates del Gobierno sobre las balaceras,
entendí que nada de eso era normal. Que no pasaba en todos los colegios.

Si no lo veía raro, ¿fue fácil adaptarse?


No. Aunque yo sabía inglés, era emigrante y me costó muchísimo.

¿Era nerd?
No me iba muy bien en el colegio, pero sí era muy nerd. Nunca me fue bien en
matemáticas, pero desde que estaba en Colombia pasaba todos mis recreos en el
laboratorio de computación. Y cuando llegaba a la casa me daban las tres y cuatro de la
mañana frente al computador, aunque tuviera que madrugar al otro día.

¿Cuál era su promedio?


De un tope de 4 siempre lo mantuve como en 2,7.

¿Tenía amigos? ¿Iba a fiestas?


[Risas] Mis amigos eran más ñoños que yo, aunque a ellos sí les iba bien en el colegio.
Y de fiestas, nada. Fue hasta grande que empecé a salir. Éramos muy nerds. Lo que sí
hice fue deporte. Jugué tenis por siete años, hasta que me di cuenta de que mi carrera
profesional como tenista no iba para ningún lado, así que decidí quedarme con mis
computadores.

Hablemos de la universidad. Usted pasó por varias carreras y terminó estudiando


ciencias políticas. La pregunta obvia es por qué.
A los 18 años salí de Miami y me fui a Gainesville, para estudiar en la Universidad de la
Florida. Lo primero que intenté estudiar fue ingeniería, pero, como nunca me llevé bien
con las matemáticas, terminé reprobando todas las materias del primer semestre. Sin
embargo, no permití que eso fuera una excusa para no involucrarme en el mundo de la
ingeniería. Así que en segundo semestre monté una empresa, Grooveshark
[actualmente, la mayor plataforma de streaming del mundo, con 35 millones de usuarios
al mes], con estudiantes de ingeniería de la misma universidad. En Estados Unidos no
es común que las personas se desarrollen en la carrera que estudiaron. Y mucho menos
en la industria de tecnología. Muchos de los grandes emprendedores ni terminaron la
carrera. Mark Zuckerberg, por ejemplo, estaba estudiando filosofía cuando creó
Facebook.

No le fue bien en ingeniería, ¿entonces se pasó a ciencias políticas?


Intenté estudiar periodismo, pero no me dejaron entrar. Intenté estudiar administración
de empresas, pero me di cuenta de que eso tenía poca relevancia frente a lo que yo
estaba haciendo. Hoy en día les digo a los jóvenes que estudien cualquier cosa menos
administración de empresas, porque eso se aprende en la práctica. Me di cuenta de que
no necesitaba estudiar algo para buscar trabajo, porque en ese momento ya tenía dos
empresas que eran exitosas. Tenía que estudiar algo que realmente me gustara, por eso
terminé en ciencias políticas. Lo estudié por amor al arte, por pasión. Pero gracias a esta
carrera adquirí mi interés en el desarrollo económico de América Latina a través del
emprendimiento tecnológico.

¿Qué otra empresa tenía en ese momento?


Como no me dejaron estudiar periodismo, cree la empresa Pulso Social justo después de
Grooveshark, para aprender a ejercer periodismo y cubrir todo lo que era
emprendimiento tecnológico en América Latina.

Finalmente, es autodidacta…
Desde primer semestre hacía desarrollo de software a la medida para pagar algunos
gastos que la beca no cubría. Desde muy chiquito aprendí a programar y todo lo que sé
es gracias a Wikipedia. Uno puede aprender casi de cualquier cosa ahí. Todo está en
Internet.
¿Cómo nació Grooveshark? ¿Es la típica historia de tres chicos en un garaje?
Casi. Nació en el dormitorio de mi socio y en el laboratorio de computación de la
universidad que estaba abierto 24 horas. Solo hasta unos meses después pudimos
alquilar una oficina del tamaño de un clóset, donde metimos a seis estudiantes a
trabajar. Se creó a punta de estudiantes y practicantes, que estábamos aprendiendo a
programar, diseñar, vender, manejar contabilidad y leyes. Era el año 2006 y todos
debíamos tener alrededor de 18 años. Nuestros primeros escritorios eran unos
vejestorios rescatados del basurero de la Facultad de Arquitectura. También usábamos
las cajas de los computadores como bases y la caja de un tablero fue nuestra primera
mesa de juntas. A los estudiantes los atraíamos con la idea de que iban a aprender, que
era algo chévere y que tarde o temprano habría un sueldo. Hoy en día en esta empresa
trabajan alrededor de 80 a 100 personas.

¿Quiénes fueron sus socios?


Sam Tarantino y yo nos conocimos en un club de emprendimiento tecnológico. Ahí
también recluté a mi socio técnico, Josh Greenberg. Poco a poco nos volvimos el
grupito de estudiantes al que venían a preguntarnos sobre cualquier idea de
emprendimiento. Todas mis empresas han nacido de una necesidad propia. Sam
Tarantino es músico y él quería distribuir su música y hacer dinero con ella. Yo quería
poder oír música del mundo, porque en el pueblito de Gainesville era muy difícil
hacerlo. Yo ya venía desde el colegio estudiando sobre la industria de la música, todo lo
que estaba pasando con Napster, LimeWire y esas plataformas. Todos mis ensayos del
colegio eran sobre ese tema. También sabía ya algo de diseño y de programación, así
empezamos a darle forma a la idea.

¿Y el dinero? ¿Con cuánto empezó?


Al principio con nada, con las uñas. Después ya algunos amigos y familiares aportaron
algo de capital, pero solo fue hasta 2007 cuando Grooveshark empezó a tener impacto
fuera de nuestros amigos. En desarrollo siempre oí hablar de tres excusas. La primera es
que no hay emprendimiento porque no hay dinero. Pero para empezar una empresa de
tecnología no se necesita dinero. Yo lo comprobé. Groveshark no se creó en Nueva
York o en Silicon Valley, se creó en Gainesville, una ciudad de 100.00 habitantes, en la
mitad de la nada. Creo que lo único que hay alrededor son 300 kilómetros de pantano. Y
lo creó un grupo de estudiantes, sin experiencia programando, sin contactos y sin
dinero.

¿Cuáles son las otras excusas?


Otra excusa es que no hay cultura emprendedora. Pero también es falso. Cuando creé
Groveshark pensé “si esto es posible aquí, imagínate lo que se puede hacer en
Colombia, en México, en Argentina”. Y desde entonces mis empresas han estado
alineadas a contribuir al desarrollo económico de América Latina. Como dije antes,
Pulso Social nació para desarrollar mi gusto por el periodismo, pero también para
mostrarle al mundo que existen otros emprendedores en América Latina haciendo cosas
muy interesantes. Hoy es una comunidad de 600.000 emprendedores, tecnólogos e
inversionistas.

En 2008 empecé a viajar y en 2009 me fui definitivamente a América Latina para no


volver a Estados Unidos en un buen tiempo. Me fui para crear la audiencia de Pulso
Social. En esa época nadie hablaba de emprendimiento tecnológico, entonces me tocaba
ir, de ciudad en ciudad, tocando puertas. Me di cuenta de que tener un medio que
hablara de emprendimiento no era suficiente. Si de verdad quería cambiar la cultura,
tenía que buscar otros medios que cubrieran emprendimiento y tecnología. Entonces, en
ese año abrí mi tercera empresa, Socialatom. Es una agencia de relaciones públicas que
ayuda a crecer a otras empresas de emprendimiento. Hoy la contratan Netflix y otras
grandes empresas de Silicon Valley. Con esas empresas resolví esa excusa: sí hay
cultura emprendedora.

¿Y la tercera excusa?
Que en América Latina no hay talento para hacer productos globales. ¡Falso! En 2010,
para poder monetizar Pulso Social de una mejor manera, cree Onswipe, que hoy en día
es una de las redes de publicidad más grandes del mundo para dispositivos touch y
tablet y cuenta con 50 millones de usuarios al mes. Esta empresa ha conseguido los
mismos inversionistas que Google, Facebook, Twitter y todos los top. Pero lo más
interesante de esta empresa es que se creó en América Latina con un equipo de
ingenieros mexicanos y diseñadores de Argentina y Colombia. Con eso comprobé que
en América Latina sí se pueden hacer empresas globales.

¿Cuánto valen sus empresas?


Hasta el momento, todas mis empresas, las ocho que creé y las 21 que he ayudado, son
privadas. No han salido a bolsa pública, que es la que puede dar un valor.

¿Su idea es llevarlas a la bolsa, como pasó con Facebook?


Sí. La idea de mis empresas es que lleguen a bolsa pública o que llegue una empresa
más grande y las compre. El objetivo de las empresas de alto impacto en tecnología no
es que sea la empresa que hereden mis hijos y los hijos de mis hijos. Hasta el momento
solo he vendido una empresa que se llamaba Claromatic, la compró la competencia,
Embassador. Pero en el resto de las empresas sigo manteniendo mis acciones.

¿Cómo gana dinero con sus empresas?


En Grooveshark a través de publicidad, servicios para marca y artistas. Otras empresas
cobran membresías, cobran por descargas o por transacción.

¿Cuánto se demora una empresa de tecnología en empezar a recibir ganancias?


Hay empresas que durante los dos primeros años no facturan nada. En el tercer año
pueden facturar 10 millones de dólares, en el cuarto, 20 millones de dólares. Pero lo
normal es que en los primeros dos años no ganen nada.

¿Se dedica a todas sus empresas?


No, mantengo las acciones en mis empresas. Pero desde 2013 decidí empezar a invertir
en otros emprendedores que, como yo, quisieran cambiar el mundo, quisieran cambiar
la industria y que desde América Latina estuvieran haciendo productos globales. Hasta
el momento llevo 21 inversiones, ayudándolos a hacer crecer sus empresas rápidamente.

¿Qué busca en un emprendedor en el que va a invertir?


Busco tres cosas: que el equipo sea capaz de ejecutar, porque las ideas no valen nada, lo
que vale es que la gente sea capaz de llevarlas a cabo. Busco que tengan un prototipo ya
hecho, aunque esté muy feo. No me interesan los emprendedores que dicen que
necesitan dinero para empezar. Grooveshark empezó sin dinero. Onswipe empezó con
una inversión de 700 dólares y me demoré tres semanas en sacarla adelante. No se
necesita dinero para empezar, se necesita para crecer, por eso busco que ya haya al
menos un prototipo y que haya evidencia de crecimiento. Es decir que más de una
persona lo use y el mercado lo esté pidiendo. Y finalmente busco que la idea sea global
desde el primer día o por lo menos que funcione en toda América Latina. La tecnología
da esa flexibilidad, entonces debe aprovecharse. Con esas tres variables filtro el 99 % de
oportunidades de inversión.

¿Dónde vive?
Vivo entre Nueva York, Ciudad de México, Bogotá y Medellín.

¿Dónde están sus cosas?


Siempre están conmigo. Yo vivo con dos maletas: una maleta negra de deporte donde
cargo ropa para semana y media. Y en mi mochila cargo mi computador, mi iPad y dos
mezcladores porque estoy practicando para ser DJ.

¿Tiene apartamentos en cada ciudad?


Con Socialatom Ventures, la empresa que invierte en empresas, tenemos apartamentos
corporativos y centros de emprendimiento en las ciudades. En estos apartamentos me
hospedo.

Supongo que no está casado ni tiene hijos…


No estoy casado y es un beneficio por ahora. Tampoco tengo hijos. No es que nunca lo
vaya a hacer, pero por ahora disfruto de la flexibilidad de viajar y poder ayudar a los
emprendedores. Tenemos inversiones en Nueva York, Argentina, Chile, Silicon Valley,
Washington D.C, entre otras ciudades. Por el corto o mediano plazo espero seguir
haciendo esto.

¿Tiene novia?
Estoy soltero todavía.

¿Tiene tiempo para ver a sus amigos?


En cada ciudad tengo un grupo de amigos. Nunca estoy en ningún lado, pero a la vez
siempre estoy, porque vuelvo todos los meses. Visito una ciudad cada mes. Entonces,
como estoy por un tiempo corto siempre me reúno con mis amigos. A veces cuando uno
vive en una ciudad, termina sin verse jamás con su gente.

No tiene casas, ¿en qué gasta su dinero? ¿Cuáles son sus lujos?
En ningún momento he visto el gusto a gastarme el dinero en cosas que no sean
experiencias. No compro casas, apartamentos ni carros lujosos porque no los necesito.
He hecho los cálculos y es más caro tener carro en Bogotá que andar en Uber o taxi.
Creo que hay cosas que son más un statement de la clase media y alta que una necesidad
de verdad. En realidad, para vivir como individuo necesito muy poco, entonces todo ese
dinero he preferido invertirlo en empresas. Así vivo mejor, le saco más provecho y es
mucho más divertido.
¿Cuáles son las experiencias en las que gasta?
Me gustan los deportes outdors. Cuando viajo, el fin de semana me voy de la ciudad y
hago rafting o escalo o algo así. Eso me encanta. Y también mi más reciente hobby, que
es el de producir y mezclar música, por eso ando con mis mezcladores a todas partes.

¿Es vanidoso?
Cero vanidoso. Tengo un equipo de relaciones públicas que se encarga un poco de
decirme “oiga, no salga así” o “no se ponga eso”. En realidad en el mundo de la
tecnología poco importa cuáles son tus apellidos, dónde estudiaste o cómo estás vestido.
Lo que importa es qué has hecho. Es una meritocracia.

¿Cómo es su pinta diaria?


Jeans, camiseta y suéter. A veces me toca disfrazarme, pero creo que ni tengo corbatas.

Gracias a su posición imagino que ha conocido gente muy importante. ¿Quién lo ha


impresionado?
He conocido a gente muy impresionante en el mundo geek. Aunque no sean muy
famosos, para mí la tecnología que hacen es impresionante y he tenido la fortuna de
invertir en varios de ellos. Para mí esta gente es más apasionante que los políticos o las
celebridades. Aunque también he tenido oportunidad de reunirme con personajes
importantes. Hace un par de semanas estuve con el expresidente de República
Dominicana, Leonel Fernández, y con su esposa, que es la vicepresidenta actual de ese
país. He logrado reunirme con Juan Manuel Santos y con el ministro de tecnologías,
Diego Molano, con quienes hemos trabajado muy de cerca. Esa parte es maravillosa,
porque me permite mezclar el mundo de la política a la tecnología. Estoy ayudando a
varios gobiernos a desarrollar política pública para el emprendimiento tecnológico y el
desarrollo económico.

¿Y a Bill Gates, Mark Zuckerberg?


A Mark Zuckerberg lo conocí en 2008, durante un evento. No tuvimos mucho tiempo
para hablar ni nada, pero me pareció una persona sencilla. A Bill Gates no he tenido el
placer.

¿Le molesta que lo llamen “el Mark Zuckerberg latino”?


Es una comparación injusta, porque ojalá yo hubiera podido hacer lo que hizo él. Pero
lo que sí me gusta es que en los medios hoy en día aparezca un personaje que no es el
futbolista, no es el político, no es el narcotraficante, sino que es un emprendedor.

Es como el rockstargeek...
¡Exacto! Y si la comparación ayuda a posicionar a este nuevo role model, pues que me
comparen. ¡Está perfecto! Quiero que los jóvenes vean que es algo alcanzable y que se
puede hacer.

¿Se ha equivocado en algún negocio?


Me equivoco más de lo que acierto. En el mundo del capital de riesgo, la mayoría de las
empresas fracasan. Le pongo un ejemplo: de diez empresas, tres fracasan, tres se
mantienen, a tres les va bien y solo una da el retorno de las otras nueve y deja ganancia,
incluso después de haber asumido las pérdidas de las nueve restantes.
¿Cuál ha sido su empresa más exitosa?
Grooveshark está desde el 2006. Nosotros hicimos streaming mucho antes de cualquier
otro. Además es la más famosa. Pero Ownswipe ha sido la empresa de crecimiento más
alto en el tiempo más corto.

¿Cuáles son sus planes para el futuro?


Mi objetivo, de aquí a los próximos diez años, es abrir las inversiones que hacemos con
mis socios para poder acompañar a los emprendedores con tres y cinco millones de
dólares por equipo emprendedor. En este momento hacemos inversiones pequeñas, de
50.000 dólares. Pero si gracias a este modelo a escala pequeña hemos logrado que
algunas de las empresas hayan obtenido millones de dólares en inversión de riesgo y
compras por millones de dólares, imagínese lo que se puede hacer con más.

¿Conoce la situación actual de la educación en Colombia?


Sí. La diferencia entre un colegio bueno y uno malo es muy grande. Y en cuanto a las
universidades suelen decir que no están formando profesionales para lo que el mercado
está pidiendo, y es cierto. Pero la responsabilidad de las universidades en Colombia o en
Londres no debería ser entrenar para la industria, sino enseñar a aprender. El currículo
que estudian durante cuatro o cinco años deja de ser relevante en el mercado en seis
meses. Por otro lado, solo existe una práctica profesional durante la carrera. Yo he
contratado empresarios con cinco años de experiencia después de graduarse de la
universidad en Colombia que no están al nivel de estudiantes en Estados Unidos, porque
allá hacen cuatro prácticas antes de graduarse. En Colombia, entre semestres, los
estudiantes se van de vacaciones y no hacen absolutamente nada. Se quedan esperando a
que la universidad los entrene y no es así. En mi opinión, los estudiantes deberían
estudiar filosofía, química, ciencias sociales o naturales. El mercadeo, la contabilidad,
las finanzas se aprenden en la práctica. En resumen, hacer más prácticas es lo único que
puede volver competitiva a Colombia.

¿Quiénes son los ejecutivos de sus empresas?


Hay estudiantes de segundo año que se vuelven ejecutivos de mis empresas. El
vicepresidente global de Grooveshark empezó durante su primer año de universidad y
hoy maneja todo la parte global.

¿Lo difícil es ser viejos?


Al inicio son muy jóvenes, eventualmente llegan personas con más experiencia. Pero
los muy jóvenes alcanzan cargos de muchísima responsabilidad porque desde la
universidad ya están trabajando. Cuando contrato estudiantes nunca les pregunto por su
hoja de vida, les pregunto qué han hecho fuera de la universidad o fuera del trabajo,
para ver si tienen iniciativa propia.

¿Cómo ve a Colombia en este momento?


La diferencia de la Colombia que dejé cuando tenía 12 años a la de ahora es enorme.
Ahora es fuerte. No solo yo creo en ella, hay cientos de empresas captando inversión de
resigo de afuera, además se están construyendo equipos muy talentosos de
desarrolladores y programadores. La tasa de crecimiento de Colombia ha sido tan alta
que este año sobrepasó a Chile y va a seguir con un crecimiento exponencial. Colombia
está muy bien.