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David Johnson, pionero del aprendizaje cooperativo

Tengo suficientes años para haber comprobado que la educación que nos separa para
competir obtiene peores resultados que la que sabe crear equipos para cooperar. Nací en
Indiana, pero he enseñado a enseñar cooperación en todo el mundo. Quien explica
aprende. Colaboro con eduCaixa

Víctor Amela
Ima Sanchís
Lluís Amiguet

Otras Fuentes | Foto: Francesc Montero

“O navegamos juntos o nos hundimos


juntos”
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Lluís Amiguet
23/09/2017 02:27 | Actualizado a 23/09/2017 04:23

Cooperar o fracasar

La teoría de juegos demuestra que en los conflictos en que una comunidad se divide en
dos mitades enfrentadas, si no hay cooperación, las dos partes en litigio salen perdiendo.
Me lo explicó en La Contra (3/XII/2007) una mente maravillosa, el Nobel John Nash, a
quien la locura habría aislado del resto de la humanidad si su teoría del equilibro no se
demostrara cada día. El pionero de la educación cooperativa, David Johnson, vuelve a
recordármelo ahora: los sapiens dominamos el planeta no por haber sido los individuos
más inteligentes, sino por haber sido los que, inteligentemente, cooperamos más.
Quienes creyeron que sólo el mejor sobrevive sin pensar en nadie más no están aquí
para demostrarlo.

Cuando la industria aplicó el taylorismo al empezar el siglo XX en las fábricas Ford...

Y se instalaron las primeras cadenas de montaje.

...Pensaron que la escuela moderna también debía ser una línea de profesores que
introdujera contenidos –matemáticas, lengua, historia...– en cada alumno.

Para formar a otro operario en la cadena.

Pero, con los años, las empresas descubrieron que ese tipo de trabajo era menos
productivo que los equipos bien motivados. Fueron esos equipos los que crearon los
robots que hoy hacen el trabajo que antes condenaba a la rutina a los obreros de esas
líneas.

Todos cooperaron y todos ganaron.

Pero, en cambio, nuestra educación aún sigue anclada en el anticuado modelo de cadena
de montaje. Hay que aplicarle lo que las empresas ya han aprendido y es que cuando
colaboramos en equipo obtenemos mejores resultados.

¿Y si prefieres que tu educación sea individualista y competitiva?

Lo fue en EE.UU. hasta los años 60 y lo que pasó es que llegó el movimiento hippy y
predicó que se abandonara la escuela. Después, la URSS lanzó el primer cohete al
espacio y Eisenhower, preocupado, puso en marcha la revolución educativa
estadounidense: quería resultados en ciencia y matemáticas. Y rápido.

¿Cómo los obtuvo?

Cuando vieron que aislar a los estudiantes para que compitieran empeoraba los
resultados, empezaron a hacerles trabajar en equipo y las notas mejoraron enseguida. Y
se forjó la NASA.

A menudo en el trabajo en equipo sólo uno hace el trabajo.

Porque para trabajar bien en equipo antes hay que haber aprendido.

¿Cómo?

Los equipos educativos no deben ser de más de cuatro personas iguales en rango y
comprometidas con un objetivo común, pero exigiendo a cada uno responsabilidad por
lo que aporta. Cada uno debe promover el éxito del otro, porque también es el suyo.

Pues lo que veo cada día entre quienes nos mandan es justo lo contrario.
¡Por eso hay que mejorar la educación para que no sea así! En el grupo tiene que haber
interdependencia, no competitividad, y calibrar a diario si funciona. Y corregir lo que
falle.

Eso es mucho más que hacer grupos.

Es que cuando se hacen mal, no suman, sino que sólo dividen a los alumnos. Pero
cuando se forman como digo, se logran resultados. A ver: ¿cuántos rectángulos ve en
esta imagen...?

¡Buf! Es muy pronto y he dormido mal.

Lo importante es que si lo analiza con tres personas más, tardará la cuarta parte de
tiempo en descubrirlo. Las empresas y las mejores escuelas ya se han dado cuenta.

¿Cómo lo descubrió usted?

Fui militante de los Derechos Civiles contra el Racismo en el Sur y me desesperé al ver
que, aunque los colegios ya no segregaran oficialmente, los niños seguían segregados.
Me hice psicólogo para descubrir por qué, pero nadie sabía cómo acabar con el racismo.

¿Dónde encontró las respuestas?

¿Sabe por qué los sapiens superamos a los neandertales, aunque eran más altos, más
rápidos y tenían un cerebro más grande?

¿...?

Porque nuestra única posibilidad para sobrevivir era cooperar entre nosotros. Estamos
aquí porque nuestros ancestros cooperaron. Los darwinistas sociales creían que sólo
sobrevivía el más fuerte, pero en realidad los más fuertes son los que colaboran con
otros.

¿Y el racismo?

La ley había cambiado, pero la escuela aún era racista porque aislaba a los alumnos en
su pupitre para que compitieran. La II Guerra Mundial demostró que un soldado blanco
y otro negro luchando en la misma trinchera sólo sobrevivían cuando uno defendía la
espalda del otro.

Más les valía.

Todos debemos recordar que en esta vida o navegamos juntos o nos hundimos juntos. Si
haces que negros y blancos se enfrenten a los mismos problemas en el mismo equipo,
dejan de ver el color para ver el resultado.

No sólo es el color lo que nos separa.

También el dinero. Por eso la desigualdad social hace más difícil el trabajo en equipo en
las escuelas y por eso resulta más fácil de aplicar en los países más justos.
¿Por qué la educación cooperativa mejora la competitividad?

Porque la colaboración da sentido al aprendizaje. Si te integras en un grupo de trabajo,


aumenta tu atención y dedicación, porque: ¿qué es lo que más nos interesa a las
personas?

¿...?

Las demás personas. En equipo los estudiantes se interesan más por el aprendizaje. En
cambio, en el estudio individual competitivo descienden los niveles de atención y
razonamiento.

¿Por eso la educación individualista hace triunfar empollones sin habilidad social?

Si hubieran trabajado en equipo, habrían aprendido lo mismo y además serían mejores


líderes y compañeros de equipo.

Pues la oposición individual sigue siendo el método de selección de funcionarios.

Y es anacrónico, porque tal vez sirviera para la administración confuciana, pero la


economía digital requiere justo lo contrario: trabajo en red de equipos bien conectados.