Vous êtes sur la page 1sur 8

Hacia la verdad del conflicto: Insurgencia guerrillera y orden social

vigente.

Relatoría

Eliana Alcalá De Avila

Janis Ortiz

Katty Suarez Ramos

La Comisión Histórica del Conflicto y sus Victimas (CMHV) es una organización


creada en las conversaciones del Gobierno Colombiano y las FARC-EP en la
mesa de conversaciones de La Habana que tiene como objetivo presentar a
partir de la información y de las investigaciones ya realizadas, con el aporte del
conocimiento, la trayectoria y de la experiencias de sus componentes, una
especie de balance de las interpretaciones existentes sobre el conflicto a lo largo
de los años, recogiendo dentro de las relatorías los principales efectos descritos
y explicados en los informes, como formas de victimización, consecuencias
sobre los colectivos sociales o los términos de funcionamiento de la sociedad e
igualmente atribuibles al sistema vigente.

Es por esto que el tema que se tocará a continuación sobre la insurgencia


guerrillera y el orden social vigente, es tal vez uno de los aspectos más
importantes para saber analizar nuestra historia y reconocer los aspectos
esenciales a ser analizados para formular dinámicas de reconocimiento y
propuestas en mira a una negociación que permita un consenso, no quedándose
solo en un intento más, sesgado y sin avances.

La comprensión de nuestro presente, parte necesariamente de la evaluación del


pasado y esto no se puede hacer sin evaluar el surgimiento de lo que hoy nos
tiene aquí, las dinámicas de la insurgencia y contrainsurgencia.

La insurgencia o subversión puede entenderse en primera medida como los


actos que van en contra de la sociedad, pero estos a no pretenden destruir en
su mayoría tiene como fiel el de reconstruirla según novedosas ideas o ideales
que no acoge la tradición; no siendo estos morales o inmorales, porque su
naturaleza no proviene solo de la dinámica histórica del pasado, sino de una
proyección utópica que tiene la acción subversiva hacia el futuro.

Este proceso subversivo, como expresión de resistencia al orden existente con


la pretensión de sustituirlo, es inherente a toda sociedad regida por el sistema
de dominación capitalista, como ocurre en Colombia en el siglo XX. Cuando el
capitalismo iniciaba su implantación, las FARC empezaban su historia en la
conflictividad campesina, asociada a la violencia bipartidista liberal-conservadora
y el control de la tierra. Por lo anterior muchos relatores consideran la insurgencia
como una consecuencia directa de la “incapacidad de nuestras instituciones
liberales de garantizar un mínimo de civilización política”, sin embargo esta no
es la única consecuencia que se deriva de la subversión, otras posturas implican
que con la existencia del capitalismo se da un vínculo inherente con la
subversión, pues esta va a estar en contra del orden que sustenta la apropiación
privada del trabajo social, por último, una tercera visión le quitan cualquier
contexto ideológico que pueda tener la subversión para convertirla solo en una
empresa criminal, en la que estas son solo consecuencia de la apropiación de
bienes primario, difuminando los límites que hay entre rebelión y criminalidad, no
obstante en el proceso Colombiano es imperante la naturaleza política del
conflicto.

Con este orden de insurgencia, aparece coetáneamente la Contrainsurgencia


como un conjunto de procesos y practicas de defensa del sistema vigente. Para
Colombia la contrainsurgencia, más conocida como paramilitarismo, se remonta
al siglo XX con la práctica de las policías subnacionales articuladas de manera
directa y luego segregada bajo la figura de autodefensas.

En el recuento de la evolución de la contrainsurgencia se hace inevitable


reconocer el papel del Estado como agente promotor y defensor de esta, debido
a que no solo el orden político, también el legislativo dieron paso a la creación
de autodefensas privadas, financiada con dinero nacionales y extranjeros, como
lo muestra el hecho histórico del Plan Lazo, los decretos expedidos por Valencia
y Lleras, la adopción de un estatuto de seguridad y la automatización de las
fuerzas armadas del ejecutivo.
El paramilitarismo como se denominara consecuentemente, articularos elites
legales e ilegales a nivel local y regional para defender sus objetivos, además
crearon condiciones que incentivaron la perpetuación y pervirtieron el sistema
representativo.

No obstante, igual que con la insurgencia, perspectivas teóricas muestra su


origen solo con el objetivo de acceder a los recursos provenientes de la
criminalidad y evitar que sus contrincantes accedieran a ellos, sin tener ninguna
consideración relativa a la defensa del orden social existente. Situación que
contraria la relación y evolución existente del paramilitarismo en Colombia.

Se puede concluir que la contrainsurgencia se traduce en formas organizativas


y en practicas de operaciones, que no solo aparece en momentos en los cuales
se amenaza el sistema existente sino que es una potencialidad siempre presente
e inclusive puede actuar de manera anticipada y preventiva, también aparece
como respuesta a las acciones de la insurgencia o por la debilidad,
fraccionamiento o desorganización de los aparatos estatales y como proceso
deliberado de detención y aniquilamiento de la insurgencia con la salvedad de
que la contrainsurgencia no recorre únicamente el camino de la solución militar
o de la represión física, sino también, alternativamente o conjuntamente, el
sendero de la integración de las expresiones subversivas al orden existente.

De lo anterior, reconocemos que analizar los procesos de creación y evolución


de la insurgencia y contrainsurgencia, nace de un imperativo para poder
comprender nuestra historia, debido a que la ausencia de una reflexión concreto
de los hechos, trae como consecuencia pensar que la formación de nuestro
Estado y nuestra realidad, es un proceso atemporal y ahistorico, creando un ideal
de sociedad ficticia que no puede atacar sus problemas, porque está
imposibilitado para reconocerlos. Es por esto que bajo esto, se procede a
analizar la inclusión y desarrollo de nuestro Estado.

Continuando con la idea anterior, si lo que se pretende es encontrar una


respuesta a la verdad del conflicto ligada a la realidad socioeconómica y política
del orden vigente es necesario establecer la naturaleza de la sociedad en la cual
vivimos y de la dinámica estatal que le es propia, por lo cual es pertinente
estudiar desde el punto de vista genealógico los estados nacionales que
conforman Latinoamérica, lo cuales tienen la característica de estar asociados a
los movimientos y guerras de independencia, así como a los enfrentamientos,
disputas y los acomodamientos de los inicios de la organización política
autónoma, a partir de formas constitucionales calcadas de los modelos surgidos
de las revoluciones burguesas y alimentadas por la ideología democrática liberal,
responden a lo que Antonio Negri denomina nacionalismo subalterno.

En el caso Colombiano el cual a finales del siglo XIX y principios de los XX se


encontraba conformado por una comunidad política caracterizada por una gran
diversidad étnica y cultural, que apenas trataba de enfocarse como un Estado.

Es por esta situación de neófitos al momento de la creación de un Estado


unificado que cuando se trata de implementar el capitalismo, Colombia tenía una
sociedad con relaciones pre-capitalista y no capitalista.

Cuando llega el capitalismo, el principal problema al cual se va a ver enfrentado


es la gran vinculación con la tierra y su condición de producción. Esto se concreta
con dos formas pre capitalista que constituyeron un obstáculo a la liberación de
la fuerza de trabajo: la economía de hacienda y la economía campesina, esta
última constituida por la pequeña y mediana propiedad parcelaria. Lo paradójico
a la situación de tratar de buscarle salida a estos problemas, es que las clases
subalternas fueron las promotoras de ellas, debido a que lo que se buscaba era
la eliminación de la sujeción servil, la trasformación de la propiedad tradicional y
la garantía a una relación salarial.

Estas luchas campesinas dieron la expulsión de los campesinos que reclamaban


salarios igual a los urbanos y conllevo a una derivación del campo hacia zonas
extensivas de explotación ganaderas o hacia el acaparamiento simple de tierras,
con la consiguiente deficiencia de la oferta agrícola, es cuando bajo la republica
liberal se expide la ley 200 de 1936 la cual pretendía presionar la explotación
económica de los predios incultos bajo la amenaza de la extinción del dominio
con un plazo de 10 años.

Con este contexto de luchas por la tierra y por condiciones laborales justas, la
republica liberal que se extendió durante el periodo de 1930 hasta 1946 busca
reestructurar la organización del estado, en la que se asume una política
proteccionista de la industria nacional, se toman medidas para garantizar el libre
movimiento de la mano de obra, se asume una política agraria, se redistribuyen
los ingresos y se eleva el salario para ampliar la capacidad de consumo.

En los años posteriores a la postguerra se dio un gran salto en el desarrollo


capitalista, se destinaron las reservas para adquisición de bienes de industria y
se mejoraron las exportaciones generando un crecimiento del 9.4% anual
durante 1945-1953, pero esta última situación se vio acompañada por las luchas
reivindicativas asumidas por la autodefensa campesina, la guerrilla y bandoleros
liberales por la desnaturalización del régimen democrático, como fueron la
muerte de Jorge Eliecer Gaitán y el frente nacional que cerro las formas normales
de participación política, por esa razón las FARC surgida de estos actores,
hunden sus raíces históricas en la conflictividad rural, asociada a la violencia
bipartidista liberal-conservadora.

En estos mismo años de vigencia del Frente Nacional la acción represiva se


agudizo por varias causas como lo fueron en frente mismo y el amparo del Plan
Lazo agenciado por los Estados Unidos, La alianza para el progreso, el intento
de reforma agraria, el ataque militar a la población rural de Marquetalia tuvieron
como consecuencia la creación de movimientos subversivos como las FARC, el
ELN y EPL, luego con la controvertida elección del presidente Pastrana Borrero
da lugar a la conformación del M-19 denominado así para asociarlo a la fecha de
los comicios electorales (19 de abril de 1970).

En la década de los ochenta en medio de un panorama, conflictivo, violento y


contradictorio el sistema capitalista continuo su marcha a pesar de los muchos
obstáculos, el país se veía inmerso por las catástrofes naturales como lo fue la
tragedia de armero, el terremoto que destruyo la colonial ciudad de Popayal, así
como el holocausto del palacio de justicia.

Con la nueva constitución de 1991 se introdujeron principios y reglas acordes


con las trasformaciones globales del capitalismo, permitió abrir un paso a una
nueva política, conocida como apertura económica, que recogió los postulados
neoliberales y del llamado Consenso de Washington, adoptado medidas en el
orden cambiario, del comercio exterior y de relaciones laborales, todo esto
genero una grave crisis en todos los sectores colombianos: aumento de la deuda
interna y externa debacle en el crecimiento del sector industrial, afincamiento de
monopolios, aumento de la tasa de desempleo.

Durante este periodo se intentaron negociaciones con las FARC y con el ELN,
todas fallidas en mayor medida por la ausencia de una definida política de
negociación y concesiones alternativas sobre el Estado y la sociedad, esto junto
con la llamada economía de los narcóticos, que genero un periodo agravado de
violencia entre esto se destaca el aniquilamiento de la Union Patriótica,
debilitando el sistema judicial, aumentado la corrupción y el desplazamiento de
la población rural y sobre todo incrementó el dualismo territorial acentuando la
no presencia del estado en determinadas zonas y favoreció el financiamiento de
los grupos armados tanto subversivos como paramilitares; todos estos factores
condujeron a una época de confrontación represiva, en la cual se tomaron
medidas como el procedimiento de extradición a los Estados Unidos.

Es en esta misma época donde el paramilitarismo tiene su auge llegando a


formar organizaciones mas o menos unitaria como lo fue la AUC, tuvo un
crecimiento de cerca de 20.000 militantes adquiriendo una poderosa capacidad
bélica a partir de fuentes de financiamiento tales como el apoyo económico de
los agentes ligados al sector rural, el cobro de impuesto de actividades
económicas legales o ilegales. Producción y comercio de sustancias ilícitas la
desviación de recursos públicos, erigiéndose así como los principales
responsables de las formas mas degradadas del conflicto armando, al debilitar y
aniquilar como estrategia el soporte campesino a las organizaciones guerrilleras.

El régimen Uribista en respuesta a la situación del país asume una política de


seguridad democrática en la se opta por la confrontación armada de toda forma
de insurgencia, desestimando toda alternativa de negociación política del
conflicto armado.

Hasta aquí podemos ver que Colombia ha tenido décadas y décadas de patrones
de violencia, insurgencia y contrainsurgencia, contextualizado en un Estado
desorganizado e incapaz de tener control sobre todo su territorio. Somos una
sociedad de persistencias que nos han hecho reconocer en primera medida que
el capitalismo es un factor de conflictividad, sobretodo en un país que no contaba
con las estructuras para implantarlo y que aún no ha superado el arraigo por la
tierra improductiva y la figura del terrateniente, apoyando esa distribución
desigual y excluyente. Bajo un sistema de mercantilización de bienes y servicios,
la evolución por las luchas sociales se transformar sin una visión de lograr
desaparecer. Otra de las persistencia es la función del Estado, uno que
idealmente se reputa protector pero que bajo una estructura compleja donde la
lucha de poder ha sido más importante que manejar el territorio ha sido promotor
de diferentes factores del conflicto como lo es el esquema de las autodefensas,
creyendo esto como una solución a las complejas realidades del país.

Colombia es un país que se ha quedado estancado en dos grandes situaciones


de heterogeneidad, la colonialidad frente al manejo del poder, las instituciones
arcaicas, anacrónicas y religiosas y el intento por adoptar un modelo capitalista,
que contraviene la estructura a la cual está arraigada. Es por esta especificidad,
que se hace necesario analizar al país desde casa una de las aristas que lo
conforman.

Para comprender nuestra historia, es esencial entender los puntos esenciales


que ya tratamos anteriormente, la transición capitalista y la cuestión agraria, la
injerencia norteamericana, el paramilitarismo, la guerrilla, las responsabilidades
del Estado, la sociedad narcótica, todos estos son factores que representan
como lo dice el texto, proposiciones para contribuir al análisis de nuestra
sociedad.

No podemos ser indemnes a una sociedad que ha tenido más de seis décadas
de conflicto, si empezamos a contar desde las luchas del 60. Nuestra condición
única, se debe a que nuestra historia tiene arraigos a situaciones que no son
propias, que son implante generalmente impuesto de aquello que en un inicio
debía mostrarse como rechazo, pero que al final bajo una visión de la política
colombiana de convertir todo en una dinámica de centros de poder se perpetuo
en una necesidad individualista por seguir con un conflicto que mantuviera dicha
estructura.

La necesidad del Centro de Memoria Histórica por contar una historia que
respondiera a criterios más o menos objetivos de explicar nuestro presente,
reside en negociar unas condiciones de paz realmente duradera y estable, sin
caer en cliché de campaña, ni en política del gobierno presente, sino en
reconocer que es una necesidad para poder transformar las diferentes
problemáticas, sociales, económicas y políticas del país.