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Acerca de lo que

no tiene ocaso
Seminario sobre Heráclito en
nuestro Extremo Occidente

ITGD

Tercer Programa
(Revisado y corregido: 29 de octubre de 2013)
A cargo de
Joaquín E. Meabe

Mail: jmeabegigaredcom@gmail.com
Programa Septiembre-Noviembre de 2013/
Marzo-Septiembre de 2014

Para la Sesión del 22 de mayo de 2014

5.- Heráclito redescubierto en la modernidad a partir de Schleiermarcher


y Hegel en el siglo XIX. Itinerarios de Heráclito en los siglos XIX y XX: la
hoja de ruta de la erudición, los derroteros de la ideología, las sendas
irregulares del pensamiento. Actual estado de cuestión sobre el tema.

5.1.- Schleiermarcher y el registro doxográfico de Heráclito. La deuda de


Schleiermarcher con la erudición renacentista y en especial con la Poiesis
Philosófica de Stephanus.
5.2.- Heráclito redescubierto filósoficamente por Hegel. 1812-1816
5.3.- La hoja de ruta de la erudición
5.4.- Los derroteros de la ideología
5.5.- Las sendas irregulares del pensamiento.
5.6.- Actual estado de cuestión sobre el tema.
Joaquín E. Meabe

Heráclito redescubierto filosóficamente


por Hegel. 1812-1816 y su consecuencias
de cara a la filosofía y a la historia de la
filosofía
Paper de trabajo n°1 para la sesión
del 22 de mayo de 2014

Fuente para el trabajo:


Hegel
Vorlesungen über dei Geschihte der Philosophie
Lecciones sobre Historia de la filosofía. Tomo 1.
Edición de Karl Ludwid Michelet,
Berlín, Verlag Duncker und Humblot 1833, pag. 328

La frase problemática de Hegel:

Es ist kein Satz des Heraklit, den ich nicht in meine


Logik aufgenommen

Proposición: Vorschlag, Antrag, Angebot,


Anerbieten, Satz, Lehrsatz

No hay (Es ist kein) proposición (Satz,) de Heráclito


(des Heraklit) [a] los [cuales o a los que] (den) yo
(ich) no haya (nicht) en (in) mi (meine) Lógica
(Logik) incluido (aufgenommen).
Primer análisis lineal de
la frase de Hegel de 1816 y consecuencias para
nuestro debate filosófico

1.- Es ist kein.


Patafísica comparativa y preshistoria de
Heráclito.
El continente filosófico Heráclito, Hegel
y su historia.
Secuencia y etapas

Pareciera que es poco lo que se puede decir acerca del sentido del pronombre
kein. Pero como se trata de un no rotundo poca duda cabe de que el no se
refiere al hecho de que nada (kein, keiner, niemand, jemand, irgendein) o
ninguna (keiner, niemand, jemand, irgendein) proposición (satz) de Heráclito
ha sido excluida de la Lógica de Hegel.

De por sí esta no es más que una afirmación relativa a la vinculación entre la


filosofía de Hegel y el pensamiento de Heráclito. Pero hay que tener mucho
cuidado con este de por sí. Ocurre que, antes de Hegel, Heráclito no ha sido
tomado en cuenta como un filósofo relevante al que se tenga que confrontar
debido a la originalidad de su pensamiento.

Entonces Heráclito debe ser tomado de otra forma en relación con Hegel.
Podríamos proponer un paralelo patafísico (en el sentido de la patafísica de
Alfred Jarry): Heráclito es a Hegel lo que América es a Colón.

En un caso (Colón) la incorporación de América a la Historia Universal es el


resultado del viaje explorador; en el otro caso (Heráclito) el resultado depende
un libro perdido, desgajado y extrapolado que se recupera filosóficamente.

El primer caso, sin duda, nadie lo discute. Con Colón y con las consecuencias
de su viaje somos tucididanos. Poco importa si Colón sabía o no lo que había
encontrado tras sus viajes de exploración. Lo cierto es que a partir del viaje de
Colón el continente americano se incorpora a un proceso interactivo con el
resto de los territorios del planeta de manera continua y creciente. No hace al
caso la evaluación de los resultados de ese proceso ni la consecuente dinámica
de las distintas secuencias de ese mismo proceso que arranca de 1492.

Con relativo isomorfismo el continente filosófico representado por el


pensamiento y los dichos de Heráclito (haya escrito o no este un libro, lo que
todavía no vamos a discutir) solo se incorporan al debate filosófico a partir de
Hegel y, de manera explícita, después de 1816.

Tenemos entonces una prehistoria de Heráclito que, al parecer, arranca del


propio Heráclito, adquiere un nuevo sesgo a partir de Platón y culmina en
Schleiermacher o, si se quiere, entre 1812 y 1816 cuando se publican los
libros de Hegel (Lógica: 1812; Lecciones sobre Historia de la filosofía:
1816). Y solo después de Hegel tenemos una historia en sentido estricto.

Esto es algo que hoy no se percibe porque el árbol de la erudición ha


levantado, sin duda involuntariamente, una enorme cortina de humo que ha
terminado tapando el bosque del continente filosófico Heráclito.

Aquí vamos tomar dos modelos de historia para avanzar en nuestro punto de
vista. Esos dos modelos son el Heródoto y el de Tucídides. El de Herodoto es
un modelo de registro y de datos (por lo general poco discriminado al punto
que no siempre distingue lo real de lo fabuloso) en tanto que el modelo de
Tucídides es un modelo causal estricto donde la secuencia de los sucesos se
desagrega con arreglo a conexiones causales y necesarias que explican el
respectivo orden de secuencia que el historiador reconstruye en su relato.

A su modo la erudición ha elaborado una especie de historia herodotea de los


registros de Heráclito: una suma imprescindible de noticias y un examen
minucioso de fuentes a la que no es ajena toda esa suma de chismes griegos
acerca de los cuales ironizaba Juan David García Bacca en el prólogo de su
libro sobre El Poema de Parménides (México, Imprenta Universitaria, 1943).

Más allá de todos sus notables méritos cabe reconocer que se trata de obras
imprescindibles en la mayoría de los casos, así como de valiosos aportes de
detalle que, con seguridad, facilitan el recorrido de ese continente filosófico
cuya geografía intelectual es todavía materia de relativa incertidumbre.

Pero, esa misma acumulación erudita de referencias y cronologías no alcanza


distinguir las etapas históricas, lo que en definitiva conduce al anacronismo
filosófico, al atribuir o conjeturar posibles relaciones y eventuales debates que
solo cobran sentido con posterioridad a Hegel.

En ese curioso proceso de especialización ni siquiera se consideran las etapas


por las que ha pasado el continente filosófico Heráclito antes de llegar a
formar parte de la agenda mayor de la filosofía de Occidente por obra de
Hegel o, en otras palabras, antes de ingresar a la historia con dimensión propia
y no como hilachas o fragmentos usados para fines del todo ajenos al conjunto
formado por sus pensamientos y por el curso o sendero que esos pensamientos
ofrecen como posibilidad para recorrer una geografía intelectual del todo
diferente a la del continente filosófico Parménides en el que se ha edificado
la filosofía clásica griega y de que es vicario el ulterior pensamiento
helenístico en gran medida, sobre todo en el caso de los cirenaicos y los
estoicos al igual que en el caso de los epicúreos y los eclécticos.

Incluso esos otros dos islotes intelectuales representados por lo cínicos y los
escépticos parecieran más cerca del continente filosófico Parménides que de
esa otra tierra filosófica distante, extraña e inexplorada representada por el
continente filosófico Heráclito cuyas noticias no dejan de ser vistas con
cierta extravagancia.

Desde una perspectiva tucididana esa misma historia, o más bien esa
prehistoria, cobra pleno sentido de manera que tenemos, desde este nuevo
punto de vista, al menos dos etapas prehistóricas en relación con el
continente filosófico Heráclito.

La primera etapa prehistórica concierne al propio Heráclito, a su vida y a


sus escritos. La discusión sobre su libro y sobre la recuperación de su libro a
partir de los restos conservados es otra tarea solo cumplida en parte por la
erudición filológica e histórica y que, en todo caso, obliga a revisar el uso de
cada registro en los autores que se apropian de los fragmentos de sus textos a
lo que se debe agregar el contexto ideológico en el que se verifica ese uso.

Falta la elemental tarea demarcativa que muestre la separación de los dos


cursos fundamentales de la sabiduría presocrática: El  (Hóros con el
significado de senda, camino o curso orientado por una previa cartografía
intelectual) de Heráclito y El  de Parménides.

El  de Parménides lleva al continente filosófico Parménides


recepcionado y recorrido primero por Platón (principalmente en los diálogos
de madurez: Teeteto, Parménides, Sofista y Político) y luego por Aristóteles
(lecciones de protefilosofía reunidos por Andrónico de Rodas bajo el exitoso y
por demás discutible título de Metafísica).

Si el historiador de la filosofía no separa ambas sendas todo lo demás cae en el


anacronismo y se pierde en la geografía intelectual de la filosofía. De este
modo toda la historia del pensamiento filosófico tiende a transformarse en una
suerte de noche oscura de la que muchos escapan refugiándose en una suerte
de ciudadela edificada en el interior del continente filosófico Parménides.

Esto ese evidente, a poco que se observe con atención la agenda de la filosofía
clásica griega (Sócrates, Platón, Aristóteles), que no solo ha asumido el 
de Parménides sino que ha edificado su enorme y sólido Überbau
intelectual (edificio con el sentido que le da Marx a la palabra Überbau) en
ese especial territorio aléthico localizado en el corazón del continente
filosófico Parménides.

En consecuencia, cualquier debate y cualquier recorrido así como cualquier


cartografía del continente filosófico Heráclito que lo coloque dentro del
continente filosófico Parménides está condenada al anacronismo.

Entre esos vicios del anacronismo filosófico podemos citar un ejemplo


notable que es útil para el deslinde histórico en la filología moderna: el uso de
ese comodín epistémico que nosotros llamamos cosa y que no existe en el
lenguaje ni en la cultura intelectual clásico-pagana tanto griega como latina.
Pero una cosa (en nuestro moderno sentido como comodín epistémico) es
extrapolar términos y otra, más grave, extrapolar pensamientos, ideas,
opiniones y controversias como ha ocurrido con Heráclito.

Parece entonces que ya en la primera etapa prehistórica de Heráclito


tenemos un conjunto de problemas para resolver y que compete a la reflexión
filosófica tanto como a la demarcación histórica y a la misma cartografía
intelectual. Y esto también lo haremos más adelante.

Desde esta nueva perspectiva cabe entonces, por ejemplo, reexaminar las
opiniones de Rodolfo Mondolfo que, con esa inveterada costumbre herodotea
de exprimir las fuentes mucho más allá de lo históricamente tolerable (en
sentido tucididiano) intenta, con aguda y más que deslumbrante erudición, en
su imprescindible obra escrita en colaboración con Leonardo Tarán (Eraclito,
testimonianze e imitiazioni, Florencia, ed. La Nouva Italia, 1972 en adelante
Eraclito) hacer retroceder la confrontación del continente filosófico
Heráclito hasta Epicarmo (Eraclito, pags. XLII-XLV) al que luego agrega
otros importantes presocráticos: Parménides (Eraclito, pags. XLVI-LXIV);
Filolao y Empédocles (Eraclito, pags. LXV-LXXI); Anaxágoras (Eraclito,
pags. XLVI-LXXIV); Meliso (Eraclito, pags. LXXIV-LXXV); diversos
sofistas y poetas como Eurípides, Píndaro, Esquilo, Hermipo, Alcmeon
Antifonte y el anónimo de Jámblico (Eraclito, pags. LXXVI-LXXVII); y
hasta los tratados hipocráticos (Eraclito, pags. LXXVII-LXXXIV).

Al no distinguir aquellos dos grandes continentes filosóficos Mondolfo nos


propone un recorrido intelectual anacrónico. No desmerece esta crítica la
sólida erudición de Mondolfo y su imprescindible aporte en orden a los
registros de Heráclito. La crítica apunta a sus presupuestos filosóficos. Al
uniformar Mondolfo el escenario de confrontación de opiniones ninguna
reserva de este erudito acerca de la veracidad de las conexiones o de la
pertinencia comparativa puede salvarse con la excusa de la interpretación o del
carácter lacunar de las fuentes.

En ese sentido Mondolfo hace lo mismo que ya había hecho durante los
últimos años de la primera mitad del siglo IV aC Platón en el Teeteto:
transforma el continente filosófico Parménides en un coto cerrado y
excluyente o, mejor aún, en una bolsa que cierra con deliciosa retórica
dialógica y mete a Heráclito dentro de esa bolsa junto a Protágoras,
Empédocles y todo el resto del acervo presocrático con la excusa del debate
sobre la posibilidad del conocimiento.

En esa otra perspectiva cuando Mondolfo traslada y ubica el territorio y la


misma geografía intelectual de Heráclito dentro del continente filosófico
Parménides ya la cuestión no resulta fácil de aceptar. Esto se percibe
claramente cuando se ocupa de Platón y de Aristóteles.

Seguramente la fenomenal autoridad del fundador de la Academia debe haber


jugado un decidido rol para mantener a Heráclito dentro de la bolsa de
Platón hasta ese singular momento de la principios de la segunda década del
siglo XIX cuando Hegel decide con una inusual determinación desatar aquella
bolsa de Platón y volcar su contenido en una escena de debate que se abre
con su Lógica.

Se advierte entonces que hemos tomado el ejemplo de Mondolfo solo para


ilustrar el problema y, además, por el hecho de haberlo tenido durante mucho
tiempo en nuestro país al que sin duda benefició con sus enseñanzas y su
fecundo trabajo de erudito.

Ahora bien, al igual que en Mondolfo, es posible encontrar esas mismas


dificultades y anacronismos en Ingram Bywater, en Hermann Diels, en Bruno
Snell, en Miroslav Marcovich o en Jean Bollack y en tantos otros expertos
editores. Y lo mismo ocurre con los historiadores como Eduard Zeller,
Theodor Gomperz o W. K. C. Guthrie, aunque este último es pone de
manifiesto una notable amplitud de criterio que vale la pena tomar en cuenta.

Pero todo esto nos remite a otro problema que aquí todavía no vamos a
examinar en relación con las tareas de la erudición histórica y filológica de los
siglos XIX y XX y de la que, por otra parte, es un caso del todo especial el que
se relaciona con la imprescindible obra de Serge Mouraviev.

Creo que es conveniente separar y examinar muy detenidamente toda la obra


de Serge Mouraviev porque se trata quizá del mejor editor de Heráclito y del
primer gran cartógrafo de ese enorme territorio intelectual que, por cierto, ha
contado desde la época de Hegel con pocos y, de ordinario, interesados
exploradores, como es el caso del propio Hegel o el de Friedrich Nietzstche o,
incluso, el más cercano a nosotros de Martín Heidegger, lo que es también
otra discusión que dejamos para más adelante.

Volviendo entonces a nuestro acotado asunto conviene insistir en el hecho de


que una atenta lectura de Platón pone de manifiesto que el fundador de la
Academia desestima cualquier relevancia de Heráclito al que disuelve en el
conjunto del pasado presocrático del que solo rescata a Parménides, lo que
queda muy claro en el Teeteto.

En efecto dice Platón en el Teeteto en 152e2-3:   

 

 

< Respecto a
todo esto podemos decir que todos los sabios coinciden, a excepción de
Parménides, y cuando digo esto me refiero a Protágoras, Heráclito y
Empédocles, y entre los poetas Epicarmo en cuanto a la comedia y Homero en
lo que hace a la tragedia >). Y el todo esto () no es para
Platón otra cosa que todo aquello que es o sea, para decirlo con la moderna
terminología de Francis Cornford (ver: Francis Mcdonald Cornford: Plato´s
Theory of Knowledge: The Theaetetus and Sophist of Plato, Londres, ed.
Routledge and Kegan, Paul, 1935) por ejemplo, la realidad que para los
antagonistas elegidos por Platón - y que el propio Platón pone en su bolsa
(recuerden: la bolsa de Platón <  >) - son los que creen que lo
que es deviene o está en proceso y como dado que algo así como lo que
deviene o lo está en proceso no puede transformarse en materia de
conocimiento, entonces no queda más remedio para el ilustre fundador de la
Academia que suprimir el devenir en beneficio de la reformulación aléthica de
la realidad que ofrece la plataforma localizada en el continente filosófico
Parménides.

Esta tremenda y crucial opción es una operación intelectual que opera en una
geografía que luego se desdibuja en beneficio de la retórica de los diálogos.
Esta demarcación no desmerece tampoco la filosofía de Platón cuya riqueza
es una continua fuente de inspiración en toda clase de asuntos y uno de los
mayores logros intelectuales en toda la historia del pensamiento. Basta la sola
crítica del derecho y de la justicia del más fuerte en el Gorgias para tener a
Platón en la cima del pensamiento. No obstante como bien lo habría dicho el
propio Aristóteles Amicus Plato sed magis amica veritas (ver sobre esto el
magnífico artículo de Leonardo Tarán Amicus Plato sed magis amica veritas
From Plato and Aristotle to Cervantes en sus Collected Papers (1962-1999),
Leiden-Boston-Colonia, ed. Brill, 2001, pags. 1-46).

Al pasar esa crucial opción de Platón a Aristóteles la incontrastable evidencia


empírica hará retroceder algo al Estagirita, aunque solo en el terreno del
discurso al sostener que el ser (algo equivalente a la realidad de Cornford) se
dice de muchas maneras y que, en todo caso, debemos atenernos a los
individuos que observamos.

Semejante reajuste no es más que un reacomodamiento dentro del continente


filosófico Parménides cuyo costo histórico para la ciencia se puso en
evidencia durante el Renacimiento de la mano de Galileo, después de Newton
y finalmente, ya en el siglo XIX y XX, de Dmitri Mendeléyev, Ernst Friedrich
Ferdinand Zermelo, Albert Einstein y tantos otros cuya extensa lista todos o
casi todos conocen.

Por cierto, hace falta un examen más amplio del muro o Wall (muro en el
sentido de Pink Floyd) que levanta Platón frente a Heráclito.

Y acerca de todo eso dejamos también planteado otro problema para otra
etapa de este Seminario. Y sea cual fuere la extensión y consistencia del Wall
platónico lo que no cabe duda es que al disolver la geografía intelectual
específica de Heráclito, realiza Platón un genuino ajuste de cuentas a favor del
continente filosófico de Parménides.

Del otro lado del mar de la vida intelectual de la antigüedad el continente


filosófico Heráclito va a quedar durante toda la etapa prehistórica que
hemos demarcado como un continente perdido del que se tiene noticias, de
ordinario utilizadas como recurso de otras polémicas y, también, destinado en
el uso intelectual para defender o difundir agendas extrañas al pensamiento del
filósofo de Efeso.

Una vez realizada esta operación que sumerge a Heráclito en Parménides ya


no resultará difícil diseñar el perfil de oscuridad de Heráclito por parte de
Aristóteles al que agregará Teofrasto, un tiempo después, el rasgo de
melancolía que trivializa su pensamiento con la excusa del carácter.

Desde entonces y hasta el siglo XIX la figura del sabio que llora (Heráclito)
frente al otro sabio que ríe (Demócrito) va a ser un lugar común de la literatura
e incluso de la plástica y de la poesía, asunto que tampoco vamos a examinar
ahora y que, como tal, queda para otra etapa de este Seminario.

Otro punto, quizá previo al examen de la Filosofía Clásica Griega (Sócrates,


Platón, Aristóteles), es, en relación a Heráclito, ese momento de difícil
reconstrucción que se engloba bajo la denominación de presocráticos. Y aquí
tenemos otro capítulo de la demarcación tucididiana que se encuentra
pendiente de esclarecimiento histórico-filosófico: la relación filosófica del
continente filosófico Heráclito con el resto de los presocráticos y fuera del
continente filosófico Parménides.

Del mismo modo que América hasta 1492 ha estado ausente de la interacción
recíproca de carácter histórico con el viejo continente y su hinterland histórico
(lo que incluye el Asia y parte del Africa), parece que también el continente
filosófico Heráclito ha estado fuera de las interacciones intelectuales y
filosóficas de la antigüedad e incluso de la Edad Media y de la Moderna hasta
Hegel. Pero tampoco debemos confundir las incursiones presocráticas en
Heráclito con el Wall (muro en el sentido de Pink Floyd) levantado por Platón
y asumido luego por Aristóteles como terreno intransitable debido a la
oscuridad de la senda.
Seguramente al continente filosófico Heráclito lo visitaron muchos viajeros
intelectuales (y gracias a ellos tenemos muchos de los fragmentos de
Heráclito), pero al parecer lo hicieron del mismo modo que los viajeros
navegantes y aventureros de la antigüedad y de la edad media viajaron y
arribaron muchas veces a América (el caso más notable es el de los vikingos
en América del Norte) que entraron en el suelo americano sin generar ninguna
interacción recíproca permanente que permitiera un enlace histórico entre el
continente americano y el viejo mundo en el que incluyo, por cierto, a su
hinterland histórico (Asia y gran parte del Africa).

Tenemos entonces el momento germinal de Heráclito y toda esa primera etapa


prehistórica de enorme incertidumbre documental que cierra el Wall (muro en
el sentido de Pink Floyd) de Platón. Seguramente a los eruditos no les va a
caer bien ni la patafísica ni Pink Floyd pero a la filosofía esas cosas
(entendida la cosa como un comodín epistémico) poco importan.

A nosotros nos interesa pensar y ese Denken (o pensar en estricto sentido


heideggeriano aunque sin el sesgo interpretativo del propio Heidegger acerca
de Parménides y su aléthica del ser para la muerte) y que hace a la posibilidad
de comprensión y a la más que interesante posibilidad de recorrer la geografía
intelectual del continente filosófico Heráclito y de aprovechar su para
acceder a una nueva morada filosófica y a un nuevo y fascinante territorio
donde las posibilidades se extienden al extenderse la vida intelectual y afectiva
con toda su enorme, variada y más que contradictoria plasticidad.

Esa ardua tarea tiene magníficos y no siempre complacientes acompañantes.


Son todos esos viajeros que a partir de Hegel iniciaron la recuperación de ese
perdido continente filosófico representado por Heráclito. Hegel en primer
lugar pero también Nietzstche en el siglo XIX, Heidegger en el siglo XX y
hoy Mouraviev que como ningún otro nos ayuda a reconstruir la cartografía
intelectual de este territorio que demanda un urgente exploración.

Queda en toda caso pendiente un más amplio examen de aquella segunda


etapa prehistórica del continente filosófico Heráclito que arranca de Platón
y que culmina entre 1812 y 1816 cuando ya se había anunciado el nacimiento
del nuevo Estado Homogéneo Universal que nos ha explicado Alexander
Koheve a partir de la lectura de la Fenomenología del Espíritu, ese otro
monumento intelectual con el que Hegel anuncia el sistema que madura en su
Lógica. Pero esa es también una tarea que nuestro Seminario habrá de encarar
más adelante con preciso y detenido detalle.
De cara al horizonte en el que no hemos detenido a reflexionar de momento
nos interesa ese crucial punto de inflexión representado por Hegel porque es
justamente allí, en ese especial momento, cuando emerge la nueva etapa
propiamente histórica que, de la mano de la Lógica de Hegel y de sus
Lecciones sobre Historia de la filosofía descubre a la cultura de Occidente y
también al resto del mundo, ya entonces completamente universalizado, la
fascinante geografía intelectual del continente filosófico Heráclito.

Y, a propósito de todo esto quizá a los eruditos tengamos que decirles como
Pink Floyd en The Wall: Hey! Teachers! Leave them kids alone! / All in all
it's just another brick in the wall /All in all you're just another brick in the
wall.

Corrientes, 14 de mayo de 2014