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Por gentileza de don Jaime Puyol profesor de la Universidad de Navarra, autor de

estos guiones en su libro “Curso de catequesis. Libro del profesor”. Ed. Eunsa

38. EN LA CONFESIÓN JESÚS NOS PERDONA


POR MEDIO DEL SACERDOTE

GUIÓN PEDAGÓGICO

A. OBJETIVOS
- Hacer ver cómo la Iglesia es la depositaria del poder de perdonar los pecados: Dios
nos perdona por medio del sacerdote.
- Conseguir que los niños valoren mucho el sacramento de la Penitencia.
- Hacer ver cómo la Confesión es el sacramento de la misericordia de Dios: se nos
perdona siempre que nos acercamos arrepentidos.

De Liturgia y vida cristiana


- Animarles a que se acerquen con frecuencia al sacramento de la Confesión.
- Acostumbrarles a que pidan al Señor perdón, cuantas veces cometan faltas durante el
día.
- Hacerles describir, explicándolo, la fuerza del amor de Dios en la Confesión.
- Explicarles el rito sacramental para que participen bien dispuestos.

DESARROLLO DEL TEMA


1. Introducción (Diversos puntos de partida)
1.1. Relatar de modo vivo la parábola del hijo pródigo (Lc 15, 11-24), destacando
las siguientes ideas:
- La falta de amor de aquel hijo para con su padre, ya que decide abandonarle.
- Se alejó de él y derrochó todos sus bienes en un país lejano.
- El hijo pródigo, lejos de su padre, se siente desgraciado, triste, falto de cariño
y comprensión.
- Un día, mientras está cuidando cerdos, piensa lo mal que se portó con su
padre, se arrepiente y decide volver a su lado.
- El padre estaba seguro de que volvería. Todos los días le esperaba. Al verle,
corre hacia su hijo, le abraza y se pone a besarlo.
- El hijo reconoce su pecado, diciéndole: «Padre, he pecado contra el cielo y
contra ti».
- El padre, lleno de alegría, celebra una fiesta en honor de su hijo.
Abrir un diálogo con los alumnos con estas o parecidas preguntas:
- ¿Qué falta de amor tuvo el hijo pródigo con su padre? Le abandona y se aleja
de él. ¿Hacemos nosotros lo mismo alguna vez con Dios? Sí, cuando le
ofendemos con el pecado.
- ¿Qué siente el hijo después de derrochar el dinero? Tristeza, desamparo, falta
de cariño y comprensión, hambre. - ¿Qué hace el hijo? Arrepentirse e ir a
pedir perdón a su padre.
- ¿Qué hace su padre? Le perdona, abraza y se llena de alegría; le llena de
regalos.
- ¿Dónde nos perdona Dios nuestros pecados? En el sacramento de la
Penitencia, y de un modo muy semejante al hijo de la parábola.

1.2. También se puede comenzar con esta anécdota:


«San Cirilo, Obispo de Jerusalén, vio al demonio en una Semana Santa entre
muchas personas que esperaban la ocasión para confesarse.
Le preguntó qué hacía allí, y el demonio respondió que hacía un acto de penitencia.
- ¿Tú, penitencia?, le replicó el Santo.
- Yo te lo diré -dijo el demonio- ¿No es acto de penitencia satisfacer y restituir lo
que se quitó? Pues yo quité a todos estos la vergüenza para que pecasen, y ahora
vengo a restituírsela para que no se confiesen».
Destacar, en el diálogo, el peligro de falta de sinceridad y de vergüenza para
acercarse al sacramento de la Penitencia, bajo la acción positiva del demonio.

2. Desarrollar las siguientes ideas


2.1. Por el pecado ofendemos a Dios y nos alejamos de El (Relacionarlo con el
tema anterior y la parábola narrada)
Como se ha visto en el tema anterior, cuando pecamos desobedecemos a Dios, le
ofendemos y nos alejamos de El.

2.2. Para salvarse, hay que arrepentirse de los pecados (Hacer ver que, si alguien
ha ofendido a otro, debe pedirle perdón para reconciliarse con él)
No hay salvación posible sin arrepentimiento de los pecados, que es completamente
necesario para todo aquél que ha ofendido a Dios. Así lo dijo Jesucristo: «Si no hacéis
penitencia, todos igualmente pereceréis» (Lc 13,3).
Antes de venir Jesucristo los hombres no tenían seguridad de haber obtenido el
perdón de sus pecados. La seguridad nos la trajo Jesucristo, que podía decir: «Tus
pecados te son perdonados» (Mt 9, 2).
2.3. Jesucristo instituyó el sacramento de la Penitencia para perdonar los
pecados (Comparar lo que pasa en un juicio humano y en el juicio divino que es la
Confesión)

Jesucristo, la tarde del domingo de Resurrección, instituyó el sacramento de la


Penitencia al decir a sus discípulos: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis
los pecados, les son perdonados; a quienes se los retengáis, les son retenidos» (Ioh 20,
22-23). Instituyó este sacramento a manera de juicio, pero juicio de misericordia, para
que los Apóstoles y legítimos sucesores pudiesen perdonar los pecados.
«¡Mira qué entrañas de misericordia tiene la justicia de Dios! -Porque en los juicios
humanos, se castiga al que confiesa su culpa: y, en el divino, se perdona.
¡Bendito sea el santo Sacramento de la Penitencia!» (Camino, 309).
2.4. Jesucristo mismo, a través del sacerdote, es quien nos absuelve (Hacer ver
cómo la persona ofendida es la que debe perdonar)
Sólo el sacerdote -con potestad de orden y de jurisdicción- puede perdonar los
pecados, pues Jesucristo dio ese poder sólo a ellos. No se obtiene el perdón, por tanto,
diciendo los pecados a un amigo, o directamente a Dios. Además, en el momento de la
absolución es Cristo mismo quien nos absuelve y perdona los pecados por medio del
sacerdote, ya que el pecado es ofensa a Dios y sólo Dios puede perdonamos. El
sacerdote debe guardar bajo obligación gravísima el sigilo sacramental.
2.5. Efectos que produce este sacramento (Recordar la parábola del hijo pródigo).
Los efectos de este sacramento son realmente maravillosos: perdona los pecados
mortales y la pena eterna por ellos merecida; nos devuelve la gracia santificante;
perdona los pecados veniales y aumenta en nosotros la gracia santificante, si no se había
perdido. También puede reducir las penas que habíamos de pagar en el purgatorio, y da
fuerzas para evitar nuevas caídas en el pecado.
2.6. Necesidad de la Penitencia (Dejar clara la obligación y la necesidad; usar los
ejemplos del texto)
El sacramento de la Penitencia es completamente necesario para aquéllos que
después del bautismo han cometido un pecado mortal. La Iglesia enseña que hay
obligación de confesar los pecados mortales al menos una vez al año, en peligro de
muerte, y si se ha de comulgar.
Pero una cosa es la obligación y otra muy distinta lo que conviene hacer si se quiere
que aumente nuestro amor a Dios. Tampoco hay obligación de besar a la madre, ni de
saludar a los amigos, ni de comer todos los días..., pero cualquier persona normal lo
hace. Si queremos progresar en el amor de Dios, debemos confesamos a menudo y
confesamos bien.

2.7. Conveniencia de la confesión frecuente (Comparar con el cuidado del


cuerpo: lavar, comer, etc.)
La Iglesia recomienda vivamente la práctica de la confesión frecuente, no sólo de los
pecados mortales -que deben confesarse en seguida- sino también de los pecados
veniales. Debemos confesamos de ellos, ya que de esta manera se aumenta el propio
conocimiento; se crece en humildad cristiana; se desarraigan las malas costumbres; se
hace frente a la tibieza y pereza espiritual; se purifica y forma la conciencia; nos ayudan
en nuestra vida interior, y aumenta la gracia en virtud del sacramento. Para crecer en el
amor a Dios es muy conveniente tener en mucha estima la confesión: confesarse a
menudo y bien.

3. Preguntas resumen
¿Tiene la Iglesia poder para perdonar los pecados? ¿Cómo perdona la Iglesia los
pecados? ¿Quiénes tienen poder en la Iglesia para perdonar los pecados? ¿Qué es la
Penitencia? ¿Cuándo instituyó Jesucristo el sacramento de la Penitencia? ¿Quién
perdona los pecados en la Confesión? ¿Qué efectos produce la Confesión? ¿Tenemos
necesidad de la Penitencia? ¿Cuál es el segundo mandamiento de la Iglesia? ¿A quiénes
obliga el segundo mandamiento de la Iglesia? ¿Por qué conviene confesarse con
frecuencia?

C) SUGERENCIAS PARA UNA MAYOR PARTICIPACIÓN LITÚRGICA


1. La Iglesia, en el ritual de la Penitencia, ofrece abundante material para realizar
una preparación colectiva que precede a la confesión y absolución individual. El
catequista, de acuerdo con el sacerdote, puede preparar una de estas celebraciones,
procurando que resulte digna y fomente efectivamente el arrepentimiento de los
asistentes.
2. Es importante que los alumnos conozcan bien el rito de la Confesión. Se les
puede empezar a explicar, aunque en la próxima sesión se tratará este tema.
D. POSIBLES ACTIVIDADES
- Aprender las preguntas correspondientes del Catecismo.
- Hacer un mural sobre la parábola del hijo pródigo.
- Que busquen en el Evangelio, por grupos, escenas en las que Jesús perdona pecados.
- Aprender alguna melodía sencilla: «Señor, ten piedad», «Cordero de Dios», ...
- Que hagan en su cuaderno un breve resumen de las ideas de la sesión; pueden
ilustrarlo con fotografías y dibujos.