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Este artículo es copia fiel del publicado en la revista Nueva Sociedad

n ENSAYO No 266, noviembre-diciembre de 2016, ISSN: 0251-3552, <www.nuso.org>.

Tentativas sobre Mariátegui y la literatura


mundial
Martín Bergel

¿Cómo leer a José Carlos Mariátegui? Una perspectiva que no ha


sido hasta aquí explorada consiste en vincularlo al campo de debates
recientes relacionado con la noción de literatura mundial. En esa
dirección, a partir de tres abordajes distintos de aspectos de su obra
y de su praxis intelectual –entre los que se destaca la recuperación
de su faceta como reseñista y facilitador de traducciones de obras
literarias de distintas partes del mundo–, es posible concluir que,
contra la imagen que asocia al intelectual peruano a la tradición
nacional-popular latinoamericana, cabe más bien leerlo dentro de
las coordenadas que entrecruzan socialismo y cosmopolitismo.

I. El campo de estudios sobre la tra- según escribe allí, «coincide (…) con
yectoria intelectual de José Carlos la afirmación política de la idea nacio-
Mariátegui se ha visto tradicional- nal»1. Se debe en buena medida a este
mente subyugado por «El proceso ensayo, además de a su preocupación
de la literatura», uno de los más afa- por el indigenismo y las particularida-
mados textos que componen su céle- des de la formación social peruana, el
bre libro Siete ensayos de interpretación predominio de la lectura que ubica a
de la realidad peruana. En ese estudio, Mariátegui como uno de los pioneros
el marxista peruano articula una re- de la tradición político-cultural nacio-
construcción de la historia literaria nal-popular latinoamericana. Quisie-
peruana a partir del concepto de «li- ra sin embargo argumentar que en
teratura nacional», una noción que, la obra y, de modo más amplio, en la

Martín Bergel: es doctor en Historia por la Universidad de Buenos Aires (uba). Integra el Centro de
Historia Intelectual de la Universidad Nacional de Quilmes (unq). Es autor de El Oriente desplazado.
Los intelectuales y los orígenes del tercermundismo en la Argentina (Editorial de la unq, Bernal, 2015).
Palabras claves: cosmopolitismo, literatura mundial, nacionalismo, José Carlos Mariátegui.
Nota: este texto fue presentado originalmente en una conferencia en el Museo Casa Mariátegui
de Lima en febrero de 2016.
1. J.C. Mariátegui: «El proceso de la literatura» [1928] en Siete ensayos de interpretación de la realidad
peruana, Era, Ciudad de México, 1993, p. 209.
169 Ensayo
Tentativas sobre Mariátegui y la literatura mundial

praxis intelectual de Mariátegui, hay pedagógica y política de Mariátegui


elementos que ponen en crisis la no- por la construcción de una cultura de
ción de una literatura nacional auto- izquierda de raigambre cosmopolita.
contenida. Me gustaría sostener que
esos elementos llevan implícita una II. Como es conocido, en «El proceso
idea alternativa que, acuñada por de la literatura» Mariátegui ensaya
Johann W. von Goethe en el primer una lectura según la cual, a partir de
tercio del siglo xix, ha sido fecunda- la ponderación de una serie de «va-
mente revisitada en años recientes en lores-signo» surgidos contemporá-
el debate contemporáneo de las hu- neamente a su tiempo en el terreno
manidades: la de literatura mundial2. literario, en Perú se asiste al declive
definitivo de la fase que llama colo-
Conforme con ello, en este texto nial, limeña y de raíz hispánica, y a la
(apenas una primera aproximación emergencia en relevo de señales que
vinculada a una temática en la que anuncian la llegada de un nuevo ci-
me encuentro actualmente trabajan- clo cultural. Esa nueva constelación
do) me propongo acometer la relación hace posible atisbar la formación de
de Mariátegui con la literatura mun- una literatura nacional, cuyo indi-
dial en tres registros distintos. En pri- cador más ostensible está dado por
mer lugar, quiero sugerir que, incluso la afirmación de la corriente indige-
en «El proceso de la literatura», su nista.
texto dedicado a escudriñar y sope-
sar histórica y políticamente el fenó- En efecto, al comienzo de ese texto
meno literario en Perú, la noción de Mariátegui hace referencia a una teo-
«literatura nacional» se ve tanto afir- ría, a la que parece suscribir, según
mada como desbordada. En segun-
do lugar, quisiera introducir algunas 2. El texto que reinstaló de modo más incisivo
la cuestión es «Conjeturas sobre la literatura
formulaciones clásicas relativas al ca- mundial», del crítico italiano Franco Moretti
rácter de la literatura mundial –sobre (incluido en Lectura distante, fce, Buenos Aires,
2015), publicado originalmente a comienzos
todo en Goethe y Karl Marx–, mos-
de 2000 en New Left Review. Dos buenas in-
trando cómo Mariátegui compartía troducciones al debate que han circulado en
implícitamente sus presupuestos. castellano pueden encontrarse en María Teresa
Gramuglio: «Literatura mundial. Una apro-
Finalmente, me detendré en algunos ximación» en Nacionalismo y cosmopolitismo en
segmentos de una amplia zona de su la literatura argentina, Editorial Municipal de
Rosario, Rosario, 2013; y Alejandro Dujovne
producción que en general ha recibi- y Diego García: «Introducción a la ‘literatura
do menor atención, compuesta por mundial’» en Políticas de la Memoria No 10/11/12,
verano de 2011-2012. Acaba de ver la luz en es-
artículos sobre una variada gama de pañol el más penetrante estudio sobre la lite-
literaturas del mundo. De ese corpus, ratura mundial en y desde Latinoamérica, el
libro de Mariano Siskind Deseos cosmopolitas.
me interesa reparar en algunos as-
Modernidad global y literatura mundial en Améri-
pectos que dan cuenta de la voluntad ca Latina, fce, Buenos Aires, 2016.
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la cual habitualmente el proceso li- ecuménicos, que tanto se nos reprochan,


terario de un pueblo comprende tres nos vamos acercando cada vez más a noso-
fases sucesivas: una primera etapa tros mismos.3
colonial, a la que le sigue una cosmo-
polita, para arribar finalmente a una Como puede observarse, en este pá-
fase nacional. A primera vista, en la rrafo el cosmopolitismo ya no es una
reconstrucción del itinerario de la li- fase que ha sido superada en la evo-
teratura peruana que lleva a cabo, lución de la escena literaria peruana
Mariátegui parece seguir ese esque- hacia una forma nacional, sino que
ma. El «colonialismo supérstite» ha- forma parte bullente de la contem-
bría reinado hasta comienzos del poraneidad4. Y si en ese pasaje Ma-
siglo xx, hasta que una vertiente cos- riátegui parece satisfacer cierto afán
mopolita, capitaneada primero por de sus lectores –que «tanto repro-
Manuel González Prada y luego por chan» su universalismo– ubicando
Abraham Valdelomar y el movimien- todavía el cosmopolitismo como mo-
to de los colónidas, habría fisurado mento interno de una dialéctica que
su dominio en las letras. Finalmen- terminaría por producir un efecto de
te, desde César Vallejo se asistía al develamiento de una cultura singu-
triunfo de la temática indígena y con lar propia, en muchos momentos de
él, a la revelación de una literatura su obra –como veremos– el cosmopo-
auténticamente nacional. Mariátegui litismo se autonomizará de esa fun-
ubica ese fenómeno intelectual como ción, para asumir otras.
uno de los ingredientes fundamenta-
les en el proceso, aún inacabado, de En rigor, lo propio de la literatura
formación de la nacionalidad perua- universal parece ser una dialéctica
na. Sin embargo, ese esquema evolu- irresuelta entre formas globales y ma-
tivo que parece ordenar el recorrido teriales locales. En sus célebres «Con-
de «El proceso de la literatura» se ve jeturas sobre la literatura mundial»,
desestabilizado en distintos momen- Franco Moretti señala que la expan-
tos del texto. Su párrafo final mismo sión ecuménica de la literatura se ma-
remata así: terializó a través de una operación de

Nuestra literatura ha entrado en su perio- 3. Ibíd., p. 320.


do de cosmopolitismo. En Lima, este cos- 4. Mariátegui se había propuesto expresamen-
mopolitismo se traduce en la imitación te capturar las instantáneas de su contempo-
raneidad en su primer libro, La escena contem-
entre otras cosas, de no pocos corrosivos poránea, de 1925. Pero, en verdad, la actitud de
decadentismos occidentales y en la adop- recepción crítica de los fenómenos políticos y
ción de anárquicas modas finiseculares. culturales emergentes que preside ese libro
lo acompaña a lo largo de su producción. Esa
Pero, bajo este flujo precario, un nuevo
voluntad por ser radicalmente contemporá-
sentimiento, una nueva revelación se neo de su tiempo es uno de los rasgos más
anuncian. Por los caminos universales, marcados de su entera curva intelectual.
171 Ensayo
Tentativas sobre Mariátegui y la literatura mundial

transacción entre la novela de raíz eu- mensurable e idéntica. Como toda


ropea occidental y temas y estilos lo- sistematización, no aprehende sino
cales. Es a través de ese engarce como aproximadamente la movilidad de
el género novelístico se desarrolló pro- los hechos». Y agrega a continuación:
gresivamente en todos los continen- «la nación misma es una abstracción,
tes. Pero esa transacción constituyente una alegoría, un mito, que no corres-
de la literatura mundial mantiene am- ponde a una realidad constante y
bos polos activos. Para Moretti, no hay precisa»7. De modo que, desde esta
triunfo de lo nacional sobre la forma perspectiva, la literatura nacional ya
universal5. Pues bien, en varios pa- no parece ser una entidad a develar,
sajes de «El proceso de la literatura» sino a lo sumo un espacio poroso y
Mariátegui parece suscribir a esa tesi- de confines difusos que se ve afec-
tura. Así puede entenderse la cita de tado por lo que Mariátegui llama «la
Antenor Orrego que emplea para ca- movilidad de los hechos». Como es
racterizar a César Vallejo. «El poeta sabido, nuestro autor será un atento
–dice Orrego citado por Mariátegui– cronista de las dinámicas culturales
habla individualmente, particulari- que parecen evocarse en esa alusión
za el lenguaje, pero piensa, siente y a la movilidad de las cosas y, como
ama universalmente». Ese mismo sen- veremos, incluirá privilegiadamente
tido parece desprenderse de la afirma- el campo de los intercambios litera-
ción de Mariátegui que leemos unos rios dentro del magma contemporá-
renglones más abajo: «Vallejo, desde neo al que asiste exultante8.
este punto de vista, no solo pertenece
a su raza, pertenece también a su si- III. Según ha sido establecido, el con-
glo»6. De modo que incluso en Vallejo, cepto de literatura mundial fue con-
el escritor que ha llevado la temática cebido inicialmente por Goethe en
indigenista al altar de la literatura,
Mariátegui detecta –y celebra– una 5. F. Moretti: ob. cit.
pulsión vital universal. 6. J.C. Mariátegui: «El proceso de la literatura»,
cit., p. 286.
7. Ibíd., p. 210.
Desde otro ángulo, en algunos pa- 8. La propia noción de una literatura mundial
no es ajena a «El proceso de la literatura». En
sajes de «El proceso de la literatura» una referencia a Los heraldos negros, de Vallejo,
Mariátegui parece mostrarse escépti- Mariátegui anota que «clasificado dentro de la
co en relación con la noción de una literatura mundial, este libro, Los heraldos ne-
gros, pertenece parcialmente, por su título ver-
literatura nacional independiente. bigracia, al ciclo simbolista (...). El simbolismo,
Según escribe allí, «en la historiogra- de otro lado, se presta mejor que ningún otro
estilo a la interpretación del espíritu indíge-
fía literaria, el concepto de literatura na» (ibíd., p. 281). En esta alusión, nuevamente
nacional, del mismo modo que no es Mariátegui parece encajar en el esquema de
Moretti: la temática indigenista sería apenas
intemporal, tampoco es demasiado la materia a través de la cual se realiza una es-
concreto. No traduce una realidad tética, la simbolista, de raigambre universal.
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Martín Bergel

una serie de notas y cartas hacia fines en lugar del antiguo aislamiento de las na-
de la década de 1820. Como apuntan ciones que se bastaban a sí mismas, se
Diego García y Alejandro Dujovne, desenvuelve un tráfico universal, una in-
terdependencia de las naciones. Y esto, que
es verdad para la producción material, se
Goethe vislumbraba a la literatura mun-
aplica a la producción intelectual. Las pro-
dial como un nuevo estadío histórico de
ducciones intelectuales de una nación
la cultura en que la producción y circula-
advienen propiedad común en todas. La
ción literaria lograrían trascender las
estrechez y el exclusivismo nacionales re-
fronteras y las reivindicaciones naciona-
sultan de día en día más imposibles; de to-
les, posibilitando, gracias a ello, un mayor
das las literaturas nacionales y locales se
y más intenso conocimiento y entendi-
forma una literatura universal.11
miento entre las distintas culturas. Si bien,
de acuerdo con Goethe, este espacio litera-
rio estaba comenzando a tomar forma, era Según se observa, lo que en otro pa-
preciso que los escritores y traductores de saje del Manifiesto comunista Marx y
las distintas naciones (...) participaran acti- Engels llamaban «carácter cosmopo-
vamente en su desarrollo.9 lita de la producción» se correspon-
día (o comenzaba a corresponderse,
En efecto, en una conocida carta a puesto que en el célebre texto abun-
Johann Peter Eckerman de 1827, dan las hipótesis de tendencia) con la
Goethe escribía que «hoy la literatu- mundialización de los bienes estéti-
ra nacional no tiene mucho que de- cos, en este caso los literarios. Dicho
cir: ha llegado la hora de la literatura en un lenguaje que nos suena hoy
mundial, y todos deben contribuir a más familiar, para Marx y Engels la
apresurar su advenimiento»10. Para el globalización de la literatura tenía
escritor alemán, entonces, la literatu- como soporte la globalización econó-
ra mundial era al mismo tiempo una mica impulsada por el capitalismo y
realidad presente palpable y un hori- la modernidad.
zonte futuro que era menester cons-
truir. Y en esa tarea, Goethe asignaba Pues bien, quisiera argumentar que
un lugar de primer orden a la prácti- Mariátegui se hallaba plenamente
ca destinada a hacer frente a la ma- consustanciado con el horizonte de
yor dificultad en la constitución de ideas que condujo a Marx y Goethe a
un espacio literario transnacional co- postular el advenimiento de una épo-
mún: la traducción. ca signada por la literatura mundial.
De un lado, el autor de los Siete en-
Dos décadas después, eran Marx y En- sayos asignará singular importancia
gels quienes aludían, en un conocido
pasaje del Manifiesto comunista, al pro- 9. A. Dujovne y D. García: ob. cit., p. 32.
10. Cit. en F. Moretti: ob. cit., pp. 58-59.
ceso de conformación de una literatu-
11. K. Marx y Friedrich Engels: Manifiesto co-
ra mundial. Según escribían allí, munista, 1848, varias ediciones.
173 Ensayo
Tentativas sobre Mariátegui y la literatura mundial

al problema de la traducción cultu- global de intercambios literarios, al


ral. Esa preocupación se distribui- igual que Marx y Engels considera-
rá parejamente a lo largo de su obra ba que era la propia dinámica de la
escrita. Pero incluso de nuevo en «El modernidad, vinculada al desarro-
proceso de la literatura», sus frag- llo capitalista, la que creaba las con-
mentos sobre el indigenismo se cie- diciones para una literatura mundial.
rran con una alusión a las virtudes Ya en el artículo «Nacionalismo e in-
de la traducción. En un señalamiento ternacionalismo», que publicó en oc-
que buscaba funcionar como espejo tubre de 1924 en la revista limeña
para pensar el futuro de las socieda- Mundial, Mariátegui escribió que «los
des indígenas, Mariátegui escribe: internacionalistas son más realistas
y menos románticos de lo que pare-
Ya la experiencia de los pueblos del Orien- cen. El internacionalismo no es úni-
te, el Japón, Turquía, la misma China, nos camente una idea, un sentimiento;
han probado cómo una sociedad autócto-
es, sobre todo, un hecho histórico. La
na, aun después de un largo colapso,
civilización occidental ha internacio-
puede encontrar por sus propios pasos, y
en muy poco tiempo, la vía de la civili- nalizado, ha solidarizado la vida de
zación moderna, y traducir, a su propia la mayor parte de la humanidad. Las
lengua, las lecciones de los pueblos de ideas, las pasiones, se propagan ve-
Occidente.12 loz, fluida, universalmente».

Como veremos, ese interés por la Y concluía: «Cada día es mayor la


traducción cultural se prolongará, en rapidez con que se difunden las co-
numerosos pasajes de su obra, en una rrientes del pensamiento y de la cul-
actitud permanente de rastreo y vigi- tura»13. Como vemos, Mariátegui iba
lancia de una de sus manifestaciones más allá de lo que 75 años antes en
más concretas: la traducción literaria. el Manifiesto comunista Marx y Engels
Consciente del valor de esa actividad habían registrado como tendencia. El
como mecanismo por excelencia de cosmopolitismo de la escena cultu-
atravesamiento de las fronteras lin- ral contemporánea no era meramente
güísticas, Mariátegui, como Goethe el resultado de una disposición vital
un siglo antes, velará por su profun- de algunos grupos de elite o de van-
dización y calidad. guardia, sino que formaba parte de
la fisonomía misma de la moderni-
Pero si en los diversos emprendi- dad de la que era testigo.
mientos culturales que desarrolló a
12. J.C. Mariátegui: «El proceso de la literatu-
lo largo de su vida Mariátegui se po- ra», cit., p. 315 (mi énfasis).
sicionó como un actor interviniente 13. J.C. Mariátegui: «Nacionalismo e interna-
cionalismo» [1924] en El alma matinal y otras es-
en la trama de conexiones transcul- taciones del hombre de hoy, Ediciones del Sertão,
turales que daba cuerpo a una esfera Rosario, 2014, p. 76.
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Martín Bergel

IV. Según se ha señalado en diferen- sobre las novedades del Oriente en


tes oportunidades, es apenas después su primer libro, La escena contemporá-
de publicado el artículo que acaba- nea. Ciertamente, la infatigable curio-
mos de citar, a fines de 1924, cuan- sidad de Mariátegui lo llevó a posar
do Mariátegui comienza a tematizar su atención en fenómenos culturales
la cuestión de los sujetos populares de distintos puntos del orbe. A los fi-
peruanos y por esa vía desarrolla un nes de ilustrar rasgos que vinculan la
discurso sobre la nación. A menudo praxis intelectual de Mariátegui con
esa comprobación se ha acompañado su concepción de la literatura mun-
implícita o explícitamente de la idea dial, en esta oportunidad limitaré mis
según la cual nuestro autor gira so- observaciones a una serie de artículos
bre los ejes que estructuraban su consagrados a fenómenos literarios
pensamiento y aminora la vocación provenientes de Italia, Rusia y Esta-
universalista que había evidencia- dos Unidos.
do, por caso, en las conferencias de
1923-1924, luego reunidas en el volu- Sabemos de los lazos que unieron a
men Historia de la crisis mundial. Me Mariátegui con la cultura italiana,
gustaría sostener aquí, sin embar- en particular a partir de los años que
go, que desde el punto de vista de pasa en ese país durante su estadía
su trabajo como lector, divulgador y europea. Sus «Cartas de Italia» ofre-
crítico de las literaturas del mundo, cían a los lectores peruanos postales
esa mutación no se verifica. Dicho informadas y sagaces de la actuali-
más claro: hasta el momento mismo dad peninsular a comienzos de la
de su muerte, Mariátegui desarrolla década de 1920. Lo que en cambio no
una praxis intelectual que lo muestra ha sido tan destacado es la voluntad
como activo propulsor de la literatura de difusión de la cultura italiana que
mundial. En lo que resta de este artícu- mantuvo Mariátegui una vez que re-
lo quiero detenerme brevemente en tornó a Perú.
un conjunto de textos críticos sobre
fenómenos literarios de una miría- Pero la divulgación, para el autor de
da de países que nuestro autor conci- los Siete ensayos, nunca fue una activi-
be en la segunda mitad de la década dad inmediata y autoevidente. Por el
de 1920. contrario, si una operación caracteri-
zó el conjunto de la labor intelectual
En efecto, en ese quinquenio Mariáte- de Mariátegui, fue la de la selección,
gui se refiere continuamente a aspec- la aclimatación, el juicio crítico de los
tos de la vida literaria mundial. Son materiales que ponía a disposición
conocidos, por caso, sus comentarios de sus lectores. Y en esa tarea, un cri-
sobre el poeta bengalí Rabindranath terio que lo guió constantemente fue
Tagore, que publica en el apartado el de la búsqueda de lo nuevo. En el
175 Ensayo
Tentativas sobre Mariátegui y la literatura mundial

concierto cultural de su contempora- en el Boletín Bibliográfico de la Univer-


neidad, que tantas veces refirió bajo sidad de San Marcos, se ocupaba en
las figuras de un movimiento ca- cambio de iluminar otra zona de la
leidoscópico o cinematográfico, un producción literaria peninsular. Allí,
principio que a menudo orientó sus comenzaba afirmando que su propó-
reseñas fue el de precisar lo emer- sito era el de «excitar a nuestros estu-
gente en desmedro de lo establecido, diosos y estudiantes a dirigir la mirada
lo que irrumpía recortado contra lo a la cultura italiana». Pero de inmedia-
que –para usar uno de sus verbos fa- to, se apresuraba a constatar que
voritos– tramontaba.
entre nosotros, el libro italiano ha tenido
Así, en un artículo publicado en la muy escasa, casi ninguna difusión (…) Los
literatos, los estudiosos peruanos, cuando
revista Mundial en 1925 con el títu-
han salvado los confines del idioma, han
lo «El paisaje italiano», Mariátegui
buscado el libro francés (…) La metrópoli
aconsejaba prescindir de los saberes de la inteligencia hispanoamericana, en
heredados para entrar en contacto general, ha sido España o Francia. Y a
con lo más vital de la cultura penin- Francia, sin duda, le debe mucho la litera-
sular. «Para conocer Italia –escribía–, tura del continente (…) Pero el descubri-
desnuda, viviente, hay que desves- miento de Francia nos ha hecho olvidar
tirla de historia y de literatura. Los demasiado que existe para nosotros otra
cultura próxima y asequible: la cultura
libros han creado una Italia clásica,
italiana.15
una Italia oficial, una Italia académi-
ca. Y, poco a poco, esta Italia artificial
El párrafo interesa porque ilustra
ha reemplazado en el sentimiento de
acerca de cómo Mariátegui era cons-
los hombres a la Italia verdadera». De
ciente de las inequidades del siste-
allí que, acto seguido, pudiera afir-
ma literario mundial y procuraba
mar que «en el movimiento futurista,
intervenir sobre ellas. En efecto, tal
a pesar de su artificiosa expresión, yo
como ha establecido Pascale Casano-
reconozco, por eso, un gesto espontá-
va en su conocido estudio La Repú-
neo del genio de Italia»14. Mariátegui
blica mundial de las Letras, la literatura
recomendaba así evitar la interposi-
mundial tenía sus metrópolis y sus
ción de un obstáculo que cifraba en
periferias, y en su centro reinaba Pa-
«los libros» para entrar en contacto
rís. Mariátegui reconoce la impor-
con la cultura italiana. Pero eviden-
tancia de la cultura francesa, pero
temente se trataba de una porción de
la literatura de ese país, la despre-
14. J.C. Mariátegui: «El paisaje italiano» [1925]
ciada por las vanguardias y el mo- en El alma matinal y otras estaciones del hombre
vimiento emergente de lo nuevo. En de hoy, cit, p. 89.
15. J.C. Mariátegui: «La cultura italiana» en Bo-
otro artículo publicado el mismo año letín Bibliográfico de la Universidad Mayor de San
bajo el título «La cultura italiana» Marcos vol. ii No 1, 1925, pp. 56-57.
Nueva Sociedad 266 176
Martín Bergel

advierte acerca de cómo su privile- mundo: «En pro del estudio de la cul-
giada presencia oscurecía la existen- tura italiana, abogan, además de las
cia de otras literaturas del mundo. razones de orden intelectual, algunas
razones de orden práctico (…) leer ita-
De allí la voluntad reparadora de ese liano –por el motivo que señalo en lí-
tipo de inequidades que presidirá los neas anteriores– consiste al mismo
artículos literarios de Mariátegui. tiempo que penetrar en una cultura
Pero en esa tarea, se topará con un original y sustanciosa como la italia-
obstáculo difícil de salvar, al que ya na, en acercarse a otras literaturas,
hemos aludido: el de la traducción. más pronto y concienzudamente ver-
En efecto, el autor de los Siete ensa- tidas al italiano que al español».
yos será un atento fiscal de las mo-
dalidades que asumía la actividad Y añadía: «Otra razón no insignifi-
de trasposición literaria de obras ex- cante, a favor del italiano, me parece
tranjeras a la lengua castellana. En la de que el libro italiano es más bara-
el artículo que estamos comentan- to que el libro español y que el mismo
do, no podía dejar de lamentar que libro francés, mientras que el alemán
«a D’Annunzio lo hemos conocido y el inglés alcanzan precios prohibiti-
y admirado en las mediocres, cuan- vos para el lector no favorecido por el
do no pésimas, traducciones españo- curso del cambio»17.
las». Por contraste, anotaba que «en
Italia se traduce mucho, esmerada y Reflexiones de similar tenor orienta-
directamente del ruso, del noruego, rán los comentarios mariateguianos
etc. Las más exóticas y lejanas cultu- sobre la literatura norteamericana.
ras tienen en Italia estudiosos y tra- Es sabido que Mariátegui fue uno de
ductores. (Me ha sido dado conocer los principales mediadores de Waldo
en Roma a un erudito americanista Frank18 con la cultura latinoamericana.
que sabía quechua: el difunto conde No solo cumplió un importante pa-
Perrone di San Martino, autor de un pel, junto con Luis Alberto Sánchez,
libro sobre el Perú…)»16. en los preparativos del viaje que el
escritor estadounidense hizo a Lima
De ese elogio de la porosidad de la en 1929, sino que, tal como regis-
cultura italiana, que ponía en contras- tra la correspondencia conservada,
te con las deficiencias que detectaba veló por la traducción de algunas
en las editoriales españolas –entonces
el canal privilegiado de acceso a libros 16. Ibíd., pp. 56 y 58.
17. Ibíd., p. 58.
extranjeros en lengua castellana–, Ma- 18. Escritor y editor estadounidense (1889-
riátegui culminaba encomendando 1967). Asiduo viajero a América Latina, presi-
dió el Primer Congreso de Escritores Ameri-
el aprendizaje de la lengua de Piran- canos en 1935. Trabó una amistad personal e
dello como ventana a las culturas del intelectual con Victoria Ocampo [N. del E.].
177 Ensayo
Tentativas sobre Mariátegui y la literatura mundial

de sus obras al castellano. En Frank, Mariátegui repasaba ese cariz ambi-


Mariátegui observaba la continuidad valente de la cultura norteamerica-
de un linaje idealista que mostraba na en la reseña crítica que dedicaba
otro rostro de eeuu, ocluido en las in- en Mundial a la novela Manhattan
vectivas antiimperialistas habituales Transfer, de John Dos Passos. De un
ya en la cultura de izquierdas del pe- lado, se extasiaba con encontrar allí
riodo19. Un semblante alternativo que reflejada Nueva York, «la urbe gi-
buscaba comunicar al público lector gante y cosmopolita, la más monu-
peruano, como se observa en este ar- mental creación norteamericana».
tículo publicado en Mundial en 1925: Pero a continuación constataba en la
galería de personajes que desfilaban
¿Es culpa de Estados Unidos si los ibe- en la novela un mosaico que registraba
roamericanos conocemos más el pensa- la «epopeya prosaica de una Nueva
miento de Theodore Roosevelt que el de York sin esperanza. En esta urbe, no
Henry Thoureau? Los Estados Unidos
hay sino gente que sufre, goza, cae, co-
son ciertamente la patria de Pierpont
dicia, trabaja desesperadamente»22.
Morgan y de Henry Ford; pero son tam-
bién la patria de Ralph Waldo Emerson, El director de Amauta reencontraba
de William James y de Walt Whitman. La en la novela de Dos Passos la vida
nación que ha producido los más grandes materialista denunciada en el Ariel
capitanes del industrialismo, ha produci- del uruguayo José Enrique Rodó. De
do asimismo los más fuertes maestros del conjunto, sin embargo, la curiosidad
idealismo continental. Y hoy la misma impenitente y modernista de Ma-
actitud que agita a la vanguardia de Amé-
riátegui procuraba desmarcarse del
rica Española mueve a la vanguardia de
América del Norte. Los problemas de la
antiyanquismo sin fisuras que ob-
nueva generación hispanoamericana son, servaba ya en franjas de la cultura de
con variación de lugar y de matriz, los su tiempo.
mismos problemas de la nueva genera-
ción norteamericana.20
19. Ver M. Bergel: «El anti-antinorteamerica-
nismo en América Latina. Apuntes para una
Mariátegui insistirá en esa tesitura en historia intelectual» en Nueva Sociedad No 236,
diversas oportunidades. En un artícu- 11-12/2011, disponible en <www.nuso.org>.
lo dedicado a Frank, mientras lamenta- 20. J.C. Mariátegui: «El ibero-americanismo y
el pan-americanismo» en Mundial, 8 de mayo
ba que «la literatura y el pensamiento de 1925.
de Estados Unidos, en general, no lle- 21. J.C. Mariátegui: «Waldo Frank» [1925] en El
alma matinal y otras estaciones del hombre de hoy,
gan a la América española sino con cit, pp. 202 y 204. Sobre el estrecho vínculo en-
mucho retardo», recordaba que «he re- tre Mariátegui y Frank, v. Horacio Tarcus: Ma-
riátegui en la Argentina, o las políticas culturales
pudiado ya la concepción simplista de de Samuel Glusberg, El Cielo por Asalto, Buenos
los que en los Estados Unidos ven solo Aires, 2001.
22. J.C. Mariátegui: «Manhattan Transfer, de
una nación manufacturera, materialis- John Dos Passos» [1929] en Mariátegui total, t. 1,
ta y utilitaria»21. Amauta, Lima, 1994, pp. 691 y 694.
Nueva Sociedad 266 178
Martín Bergel

Detengámonos un momento, para ter- a celebrar, Mariátegui no dejaba de no-


minar, en la prolongada serie de re- tar que
censiones de la literatura emergente,
en el universo que Mariátegui deno- el remarcable muestrario de novelas de la
minaba «la nueva Rusia». También nueva Rusia que tenemos traducidas al
español no alcanza, sin embargo, a repre-
aquí hay que anotar la preocupación
sentar sino fragmentariamente algunos
mariateguiana por las traduccio-
sectores de la literatura soviética. Al me-
nes y, más en general, por los avata- nos veinte de los autores citados en las
res del mundo editorial. En uno de crónicas de esta literatura como puntos
esos comentarios, comenzaba ano- imprescindibles de un buen itinerario,
ticiando a los lectores de la revista permanecen ignorados por el público
Variedades que «pocos libros rusos hispano y también, en buena medida, por
han logrado, en tan breve plazo, la el público francés e italiano.24
resonancia internacional de El Dia-
rio de Kostia Riabtzev. (...) Publica- Una vez más, vemos en Mariátegui
do en ruso en 1926, sus ediciones un conspicuo reconstructor de las di-
inglesa y francesa se han sucedido námicas que afectaban los mapas de
con gran éxito. Los públicos inglés los intercambios literarios ya no sola-
y norteamericano, sobre todo, pare- mente del mundo hispanohablante,
cen haber reconocido en este diario sino también los de áreas culturales
uno de los más vivientes e interesan- como Francia e Italia. Pero lo que
tes documentos de la nueva Rusia»23. Mariátegui no dice, y nosotros po-
Mariátegui se nos revela así como un demos colegir, es cómo él mismo se
atento seguidor de la cuestión de los posiciona en el lugar de actor que in-
públicos de las obras literarias. En terviene en los flujos de esa geografía
otro texto de Variedades, de fines de transcultural. A la hora de presentar
1929, anunciaba que «las ediciones el libro de una joven escritora rusa
Europa-América, que nos han dado desconocida, advierte:
la mejor versión del extraordinario
las agencias telegráficas, la gran prensa, no
libro de John Reed 10 días que estre-
han señalado acaso nunca este nombre al
mecieron al mundo, y que anuncian
público internacional. Larissa Reissner es,
una serie de escogidas traducciones, sin embargo, una figura histórica, una de las
han publicado en español La derrota, más grandes y admirables mujeres de nues-
de A. Fadeiev». Y a continuación se- tra época. Muerta en 1925, en plena juven-
ñalaba: «nunca han seguido tan de tud, en gozosa creación (...) Larissa Reissner
cerca las editoriales españolas la pro- no necesitaba escribir sino estas páginas
ducción literaria rusa. Por primera vez
quizás una novela encuentra editor es- 23. J.C. Mariátegui: «El Diario de Kostia Riabt-
zev» [1929] en Mariátegui total, cit., p. 688.
pañol a los dos o tres años de su apari- 24. J.C. Mariátegui: «La derrota, por A. Fadeiev»
ción en ruso». Pero si ello era un hecho [1929] en Mariátegui total, cit., p. 699.
179 Ensayo
Tentativas sobre Mariátegui y la literatura mundial

vivientes, densas, logradas, de hombres y con amigos en Londres, Buenos Ai-


máquinas, para que su mensaje llegase a res, Melbourne, Florencia, Madrid.
toda la humanidad.25 Allen es el reflejo de esta crisis sin sa-
cudidas y sin estremecimientos»26.
Pero si ese contacto se producía, si el
nombre de Larissa Reissner arriba- V. Cabe detenerse un momento, para
ba a ese espacio ubicado en un rin- finalizar, en el público que Mariáte-
cón de «toda la humanidad» que era gui imaginaba consumiendo estos en-
Lima, ello se debía a la propia acti- sayos breves y fulgurantes sobre las
vidad intelectual de Mariátegui, a novedades de la escena literaria mun-
su praxis como tenaz difusor crítico dial. Las revistas Mundial y Variedades,
de las novedades culturales y políti- los semanarios de noticias y entreteni-
cas del planeta. En definitiva, desde mientos misceláneos que usualmente
la esquina del mundo que le tocaba oficiaban de soporte de esos artículos,
habitar, Mariátegui se asumía como eran parte de la ascendente prensa
punto cardinal gozoso de las múlti- de masas que en toda América Lati-
ples circulaciones que en forma de na crecía en número y en importan-
telaraña envolvían la literatura mun- cia desde comienzos del siglo xx. Todo
dial. Y por eso, sobre el final de su lo cual nos permite concluir que en
vida podía escribir lo siguiente a pro- Mariátegui latía una voluntad peda-
pósito de la novela Allen, del francés gógica, que era también política, por
Valery Larbaud: «asistimos al cre- colaborar en la construcción de un
púsculo suave del nacionalismo en público cultivado que pudiera abonar
un espíritu cosmopolita, viajero, con una cultura de izquierda de sensibili-
muchas relaciones internacionales, dad cosmopolita.

25. J.C. Mariátegui: «Hombres y máquinas, por intelectuales a escala continental: la revista
Larisa Reissner» [1929] en Mariátegui total, cit., Repertorio Americano, dirigida desde Costa Rica
p. 690. Por extensión, el artículo se reprodujo por Joaquín García Monge.
en uno de los órganos que entonces colabora- 26. J.C. Mariátegui: «Allen, por Valery Larbaud»
ban más afanosamente en los intercambios en Mariátegui total, cit., p. 709.