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A VUELO DE NEBLÍ ALIGERO VIII

LA MONARQUIA, EL ELENISMO.

La característica de este periodo (338-146 A.E.) es la expansión del


pensamiento y de las instituciones griegas por todo el mediterráneo
oriental. La circunstancia principal de este4 periodo se refiere al encuentro
de instituciones y culturas, la rivalidad y la síntesis de las mismas; las
civilizaciones, las ciudades y los imperios contrapuestos tienden a fundirse
en un nuevo concepto de civilización y cultura.

El mundo del pensamiento es abordado por ARISTÓTELES, y sus teorías se


apartan fundamentalmente del ideario Platónico. Si Platón se ocupo del
mundo de las ideas, de lo que debiera ser, Aristóteles se dedica a lo que es,
al mundo real, al mundo de los hechos y de la experiencia. Aristóteles, quien
se intereso vivamente por las instituciones atenienses, redacto una
Constitución de Atenas y gloso en otras obras las costumbres y las leyes de
los pueblos barbaros y los pleitos de las ciudades. Su exploración del mundo
de la política se oriento hacia el esclarecimiento de dos puntos que
considero esenciales: Qué era lo más práctico en cada caso, lo más viable,
sin perder la perspectiva del pueblo al que ha de aplicarse la constitución y,
de otra parte, las condiciones materiales e históricas en que esta ha de
funcionar, teniendo presente, en lo posible, todas las variaciones que
permitan encontrar un punto intermedio que permita el funcionamiento
normal de las instituciones.

El pensamiento Aristotélico, en relación con el arte de la política, no es


relativista, en tanto en cuanto comprende al hombre y sus relaciones de
compromiso con la polis (ciudad), es decir, al animal político inmerso en
todas las actividades ciudadanas que tienen por objeto el bien supremo,
pues, el hombre, sólo puede ser justo allí donde impere la justicia. Vale la
pena recordar que, para Aristóteles, ni los extranjeros, ni los esclavos tiene
nada que ver con la ciudad. El ciudadanoesta acotado, en primera instancia,
por su nacimiento, por su residencia y su edad, y, en segundo lugar, porque
tiene capacidad de participar en la aplicación de la justicia y en el ejercicio
de las funciones públicas. Lo que convierte al hombre en ciudadano es su
capacidad, su aptitud, tanto para gobernar como para ser gobernado, para
mandar y para obedecer. Esta circunstancia implica que sea un hombre libre
y que entienda que la política es su principal ocupación.

Para Aristóteles existen tres formas virtuosas de gobierno: La monarquía, la


aristocracia y la Politeia, y tres formas corruptas, la tiranía, la oligarquía y la
democracia, esta última, entendía, que era la menos mala entre los tres
regímenes anteriores. El criterio de selección no es otro que el que ofrece la
distinción entre el ejercicio del gobierno en beneficio de los gobernantes
(forma corrupta), o de los gobernados (forma virtuosa).Aristóteles insiste en
que la constitución solo puede existir cuando descansa sobre una clase
media numerosa, es decir en una sociedad en la que se combata el exceso
de riqueza y la desmesura en la pobreza. Observamos que son las clases
medias las que respetan las leyes, las que buscan la estabilidad, las que
desean, por encima de todo, el interés general. Cualquier sistema de
gobierno, según Aristóteles. Debe cumplir tres funciones a saber:
deliberaciones sobre política general, decisiones concernientes a la función
pública administrativa y las decisiones del poder judicial.

Vistas desde nuestra perspectiva, la división del poder Aristotélica, nada


tiene que ver con la moderna división de poderes que hemos heredado de
Montesquieu, de quien hablaremos más adelante.

Con posterioridad a Aristóteles, el pensamiento político entra en un periodo


infructuoso provocado quizás por la persistencia de la monarquía y la
quiebra de la polis o por el abandono de la política por parte de la filosofía.
Ni los Peripatéticos, que centran el problema en la economía; Ni los Cínicos,
Epicúreos y Estoicos, que se ocuparon del individuo, aportan nada nuevo a
los conceptos políticos propiamente dichos. De Ahí que, los estoicos asocian
su pensamiento a la monarquía y ejercen su influencia a través de los reyes
helénicos.

PARA REFLEXIONAR.

Pues la ciudad, como tú lo estás viendo,

Padece horrible tormenta

Y le es imposible sacar la cabeza

Del fondo del sangriento oleaje.

Se consume en los frutos muertos de sus feraces tallos.

Se consume en los rebaños de su pastoreo

Y en los infecundos partos de sus madres;

Y, sobre todo esto, un dios armado de fuego,

Una peste asoladora, ha embestido la ciudad

Y la acosa, y va dejando vacía la mansión de Cadmo,

Y se llena de lamentos y gemidos el negro infierno.

Sófocles, “Edipo”.

Así hablaba un sacerdote en defensa de los ciudadanos de Tebas.

La libertad

“Cierto pueblo tomó durante mucho tiempo por libertad el uso de


llevar una larga barba…, cada uno llamo libertad al gobierno que
era conforme a sus costumbres o a sus inclinaciones. Como en la
democracia el pueblo parece hacer, poco más o menos, lo que
quiere, se cifro la libertad en esta clase de gobiernos, y se
confundió el poder del pueblo con la libertad del pueblo…, pero la
libertad política no consiste en hacer lo que se quiere”
Montesquieu, “El Espíritu de las leyes”

Carlos Herrera Rozo.