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Crisis, procesos sociales, sujeto y grupo.

Desarrollos en Psicología Social a partir del pensamiento de E.Pichon-Riviere.

El grupo, sostén y determinante del psiquismo (Ana. P. de Quiroga)

Hay que reconocer la presencia y operación en el grupo de fenómenos primarios.


La situación grupal provoca y convoca la actualización de sensaciones e imagos corporales
arcaicos, vivencias fusionales y de fragmentación, angustia primitiva, fenómenos de resonancia
y de espejo, movilizándose en ella la identificación primaria. Estas formas aluden a lo más
arcaico del ser, que es siempre ser-con-otro, en una relación de unidad o continuidad.
Dicha actualización habla del psiquismo, de grupo y su relación.

Protovínculo.

El protovínculo, estructura interaccional primaria que operará como sostén y condición de


posibilidad, junto a la organización biológica, del psiquismo humano.
El protovinculo es una relación asimétrica que compromete a madre e hijo de manera diversa.
Una se incluye en ella desde la trayectoria vincular en la que ha configurado su compleja
organización psíquica, como ser social que portará sobre su hijo, conciente o
inconcientemente, el orden de las representaciones y significaciones sociales. El otro surge y
se gesta en ese vínculo como sujeto bio-psico-social, adquiriendo en esa relación fundante su
organización somatopsíquica.
La interacción en el protovinculo tiene un código especifico que se amplia, redefine y
complejiza con el desarrollo. En este código el cuerpo ocupa un lugar primordial
El grupo, como institución primordial es causa de la organización grupal del mundo interno
(grupo interno)
El grupo podrá ser más tarde, metáfora de la madre, metáfora del cuerpo fusionado, de aquella
relación primaria e indiferenciada, o del cuerpo fragmentado, inestructurado, tal como se lo
experimenta en el protovínculo, en los primeros estadios del desarrollo
Este vínculo primario se inicia en la vida intrauterina, en una constante co-presencia y
permanente intercambio.
El protoesquema corporal prenatal se desorganiza con el nacimiento, redefinición radical en las
condiciones de existencia. Esta discontinuidad con lo previo es registrada como privación.
La pérdida de la globalidad y continuidad intrauterina desencadena vivencias como la carencia
de cuerpo o fragmentación. La necesidad del cuerpo del otro opera toda la vida y se manifiesta
particularmente en situaciones regresivas o de alta intensidad emocional. Se moviliza como
fantasía fusional en algunos momentos del desarrollo grupal. La fusión es un estado sincrético
de indiscriminación en el que no hay verdadero espacio de encuentro sino de englobamiento.
El bebé sólo podrá lograr unidad por la función integradora del vínculo. Esta función materna o
función yoica es un proceso vincular-grupal que consiste en ser el sostén del ser del bebé, de
sus proceso de integración y discriminación, de apropiación de sus contenidos e internalización
de su continente. El sujeto podrá transformar su espacio fusional indiscriminado en un espacio
interaccional mediado por el gesto, la mirada, la voz, la palabra.
En este espacio simbólico, social, el sujeto comienza a reconocerse a sí mismo como
integrado, relacionado y a la vez discriminado del otro. La configuración de dicho espacio
señala un cambio cualitativo en la organización de la dimensión intrapsiquíca el sujeto, a la que
denominamos mundo interno
Caracterizamos al mundo interno como una compleja estructura interaccional intrapsíquica que
resulta de la inscripción y procesamiento en el sujeto de sucesivas experiencias vinculares.
Este grupo interno, configurado por distintos mecanismos de interiorización, tiene una
historicidad que nace con la génesis del sujeto en el protovinculo y guarda huellas de sus
formas más arcaicas. Está sometido a la operación de técnicas del yo y se constituye a partir
de la interacción del grupo familiar primario, sostén del ser del sujeto y del protovínculo.
Alcanzados los niveles más complejos de la organización psíquica ésta es una gestalt-
gestaltung en permanente movimiento de modificación e integración. Grupo y sujeto cumplen
uno con respecto al otro, con modalidades particulares, una recíproca función instituyente e
integradora, en la que el sostén y modelamiento son una de sus formas
El ámbito grupal es un espacio común de producción e intercambio en el que suele predominar
el orden simbólico sobre las ansiedades y fantasías primitivas.

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Pero a su vez, la escena grupal convoca la actualización de sensaciones e imagos corporales


arcaicos, fantasías fusionales y de fragmentación, vivencias confusionales, de indiscriminación.
Esta transformación ocurre en aquellas situaciones en la que es puesta en cuestión la función
grupal de sostén. Se moviliza en los momentos de crisis, o en situaciones de lata intensidad
emotiva.
El grupo es significado como un espacio fusional sustitutivo de la pérdida de fusión. Se
despliega una ilusión de completad.
El grupo es un objeto real, que será significado y reinterpretado desde el mundo interno
Se desea ser completado por el otro. A la vez, y contradictoriamente, emerge la angustia y
despersonalización, el temor a quedar atrapado adentro del otro.
Si estas vivencias, sensaciones e imagos arcaicos movilizadas en el proceso de integración o
en las situaciones de crisis, no pueden ser nuevamente sostenidas, contenidos y
metabolizados por el contexto grupal, el grupo se desintegra y el sujeto huye ante el fracaso de
la función de sostén.
La transicionalidad del grupo, determinada por su presencia en la génesis del psiquismo y por
su carácter escénico, que promueve el despliegue de la dramática interna lo transforma en un
ámbito privilegiado de desarrollo de la dialéctica regresión-progresión, mundo interno-mundo
externo, lo que lo convierte en un instrumento privilegiado de terapia y formación. En síntesis,
de transformación.

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