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Humanismo renacentista

Con humanistas como Lorenzo Valla, quien en su De elegantia linguae latinaeescribe una gramática del latín clásico
de base científica, y otros intelectuales del Renacimiento, comienza la filologíamoderna y se redescubre la
antigüedad grecolatina.

El humanismo renacentista es un movimiento intelectual, filosófico y cultural europeo estrechamente ligado


al Renacimiento cuyo origen se sitúa en la Italia del siglo XV (especialmente en Florencia, Roma y Venecia), con
precursores anteriores, como Dante Alighieri, Francesco Petrarca y Giovanni Boccaccio. Busca los modelos de
la Antigüedad Clásica y retoma el antiguo humanismogreco-romano. Mantiene su hegemonía en buena parte de
Europa hasta finales del siglo XVI. A partir de entonces se fue transformando y diversificando con los cambios
espirituales provocados por el desarrollo social e ideológico: los principios propugnados por la Reforma
protestante (luteranismo, calvinismo, anglicanismo) y la Contrarreforma católica; y más adelante (hasta finales del
siglo XVIII) la Ilustración y la Revolución francesa.

El movimiento, fundamentalmente ideológico, tuvo así mismo una estética impresa paralela, plasmada, por ejemplo,
en nuevas formas de letra, como la redonda conocida como Letra humanística, evolución de las
letras Fraktur tardogóticas desarrollada en el entorno de los humanistas florentinos como Poggio Bracciolini y de la
cancillería papal, que vino a sustituir mediante la imprenta a la letra góticamedieval.

La expresión humanitatis studia fue contrapuesta por Coluccio Salutati a los


estudios teológicos y escolásticos cuando tuvo que hablar de las inclinaciones intelectuales de su amigo Francesco
Petrarca; en éste, humanitas significaba propiamente lo que el término griego filantropía, amor hacia nuestros
semejantes, pero indicando un eje fundamental opuesto al teocentrismo de la cultura clerical del medioevo que se
situaba en torno al hombre, el antropocentrismo, como había ocurrido en la cultura clásica grecolatina. Por eso en él
el término estaba rigurosamente unido a las litterae o estudio de las letras clásicas. En el siglo XIX se creó el
neologismo germánico Humanismus para designar una teoría de la educación en 1808, término que se utilizó
después, sin embargo, como opuesto a la escolástica (1841) para, finalmente, (1859) aplicarlo al periodo del resurgir
de los estudios clásicos por Georg Voigt, cuyo libro sobre este periodo llevaba el subtítulo de El primer siglo del
Humanismo, obra que fue durante un siglo considerada fundamental sobre este tema.

El Humanismo propugnaba, frente al canon eclesiástico en prosa, que imitaba el latín tardío de los Santos Padres y
empleaba el simple vocabulario y sintaxis de los textos bíblicos traducidos, los studia humanitatis, una formación
íntegra del hombre en todos los aspectos fundada en las fuentes clásicas grecolatinas, muchas de ellas entonces
buscadas en las bibliotecas monásticas y descubiertas entonces en los monasterios de todo el continente europeo.
En pocos casos estos textos fueron traducidos gracias al trabajo de entre otros Averroes y a la infatigable búsqueda
de manuscritos por eruditos monjes humanistas en los monasterios de toda Europa. La labor estaba destinada a
acceder así a un latín más puro, brillante y genuino, y al redescubrimiento del griego gracias al forzado exilio a
Europa de los sabios bizantinos al caer Constantinopla y el Imperio de Oriente en poder de los turcos otomanos en
1453. La segunda y local tarea fue buscar restos materiales de la Antigüedad Clásica en el segundo tercio del siglo
XV, en lugares con ricos yacimientos, y estudiarlos con los rudimentos de la metodología de la Arqueología, para
conocer mejor la escultura y arquitectura. En consecuencia el humanismo debía restaurar todas las disciplinas que
ayudaran a un mejor conocimiento y comprensión de estos autores de la Antigüedad Clásica, a la que se consideraba
un modelo de conocimiento más puro que el debilitado en la Edad Media, para recrear las escuelas de pensamiento
filosófico grecolatino e imitar el estilo y lengua de los escritores clásicos, y por ello se desarrollaron
extraordinariamente la gramática, la retórica, la literatura, la filosofía moral y la historia, ciencias ligadas
estrechamente al espíritu humano, en el marco general de la filosofía: las artes liberales o todos los saberes dignos
del hombre libre frente al dogmatismo cerrado de la teología, expuesto en sistemáticos y abstractos tratados que
excluían la multiplicidad de perspectivas y la palabra viva y oral del diálogo y la epístola, típicos géneros literarios
humanísticos, junto a la biografía de héroes y personajes célebres, que testimonia el interés por lo humano frente a
la hagiografía o vida de santos medievales, y la mitología, que representa un rico repertorio de la conducta humana
más sugerente para los humanistas que las castrantes leyendas piadosas, vidas de santos y hagiografías de Jacopo
della Voragine y su leidísima Leyenda dorada. Este tipo de formación se sigue considerando aún hoy como
humanista.

Para ello los humanistas imitaron el estilo y el pensamiento grecolatinos de dos formas diferentes: la
llamada imitatio ciceroniana, o imitación de un solo autor como modelo de toda la cultura clásica, Cicerón,
impulsada por los humanistas italianos, y la imitatio eclectica, o imitación de lo mejor de cada autor grecolatino,
propugnada por algunos humanistas encabezados por Erasmo de Róterdam.

Factores que favorecieron el humanismo[editar]

Después de grandes debates y polémicas, a partir del siglo XV el movimiento humanista se vio favorecido por varios
factores:

La emigración de sabios bizantinos: debido a que el Imperio bizantino estaba siendo asediado por los turcos, muchos
de ellos buscaron refugio en Europa Occidental, especialmente en Italia, llevando con ellos textos griegos,
promoviendo la difusión de la cultura, los valores y el idioma griego. Por ejemplo, Manuel Crisoloras, erudito griego
de Constantinopla, que enseñó griego en Florencia desde el año 1396 al 1400 y escribió para uso de sus discípulos la
obra Cuestiones de la Lengua griega, basándose en la Gramática de Dionisio Tracio; su discípulo Leonardo
Bruni (1370-1444) fue el primero que hizo traducciones del griego al latín a gran escala, como también Ambrosio
Traversario, quien además recomendó a Cosme de Médici que adquiriera doscientos códices griegos de Bizancio
o Francesco Filelfo, que se llevó el mismo muchos otros.

La invención de la imprenta: este invento de Gutenberg permitió el abaratamiento del costo y la difusión de los
libros, garantizando la difusión masiva de las ideas humanistas y la aparición del sentido crítico contra el magíster
dixit o argumento de autoridad medieval.

La llegada al solio pontificio de Tomas Parentucelli, (Papa Nicolás V) y de Eneas Silvio Piccolomini, (Pío II) convierte a
Roma en uno de los grandes focos del Humanismo.

La acción de los mecenas: los mecenas eran personas que con su protección política, con su aprecio por el saber
antiguo, con su afán coleccionista o con la remuneración económica a los humanistas para que se establecieran o
costearan sus obras en la imprenta, facilitaron el desarrollo del Humanismo. Estas personas reunían obras clásicas y
llamaban a eruditos conocedores de la literatura griega y romana; por si eso fuera poco, los acogían en sus palacios.
Entre los mecenas más destacados sobresalen: la familia de los Médici de Florencia Lorenzo de Médicis, llamado el
Magnífico y su hermano Juliano de Médicis, los pontífices romanos Julio II y León X, Cristina de Suecia.

La creación de universidades, escuelas y academias: las universidades (como la de Alcalá de Henares, Lovaina, etc.) y
las escuelas del siglo XV contribuyeron en gran parte a la expansión del Humanismo por toda Europa.

Rasgos del humanismo[editar]

La escuela de Atenas, fresco de Rafael.

Algunos de los rasgos ideológicos del humanismo son:

Estudio filológico de las lenguas e interés por la recuperación de la cultura de la Antigüedad clásica.

Creaciones artísticas basadas en la imitación o mímesis de los maestros de la civilización grecolatina.

El antropocentrismo o consideración de que el hombre es importante, su inteligencia el valor superior, al servicio de


la fe que le une con el Creador.

Se restaura la fe en el hombre contemporáneo porque posee valores importantes capaces de superar a los de la
Antigüedad Clásica.

Se vuelve a apreciar la fama como virtud de tradición clásica, el esfuerzo en la superación, y el conocimiento de lo
sensorial.

La razón humana adquiere valor supremo.

En las artes se valora la actividad intelectual y analítica de conocimiento.

Se ponen de moda las biografías de Plutarco y se proponen como modelos, frente al guerrero medieval, al cortesano
y al caballero que combina la espada con la pluma.
Se ve como legítimo el deseo de fama, gloria, prestigio y poder (El príncipe, de Maquiavelo), valores paganos que
mejoran al hombre. Se razona el daño del pecado que reducen al hombre al compararlo con Dios y degradan su
libertad y sus valores según la moral cristiana y la escolástica.

El comercio no es pecado y el Calvinismo aprecia el éxito económico como señal de que Dios ha bendecido en la
tierra a quien trabaja.

El deseo de la unidad política y religiosa de Europa bajo un solo poder político y un solo poder religioso separado del
mismo: se reconoce la necesidad de separar moral y política; autoridad eterna y temporal.

El equilibrio en la expresión, que debe ser clara, y no recargada ni conceptuosa: «El estilo que tengo me es natural y,
sin afectación ninguna, escribo como hablo; solamente tengo cuidado de usar vocablos que signifiquen bien lo que
quiero decir, y dígolo cuanto más llanamente me es posible porque, a mi parecer, en ninguna lengua está bien la
afectación.» (Juan de Valdés).

La idealización y estilización platónica de la realidad. Se pinta la realidad mejor de lo que es, se la ennoblece
(nobilitare).

El arte humanista toma la materia popular y la selecciona para transformarla en algo estilizado e idealizado, de la
misma manera que la novela pastoril recrea una vida campestre desprovista de las preocupaciones habituales al
campesino. En el arte humanista no hay lugar para las manifestaciones vulgares de la plebe que se verán más tarde
en el siglo XVII con el Barroco.

El optimismo frente al pesimismo y milenarismo medievales. Existe fe en el hombre: la idea de que merece la pena
pelear por la fama y la gloria en este mundo incita a realizar grandes hazañas y emular las del pasado. La fe se
desplaza de Dios al hombre.

El retorno a las fuentes primigenias del saber, la lectura de los clásicos en los textos originales y no a través de la
opinión que dieron sobre ellos los Santos Padres y la religión católica.

La lógica aristotélica frente al argumento de autoridad medieval: la imprenta multiplica los puntos de vista y los
debates, enriqueciendo el debate intelectual y la comunicación de las ideas. Se ponen de moda los géneros
del diálogo y la epístola, todo lo que suponga comunicación de ideas. Se propone la libre interpretación de la Biblia y
su traducción a las lenguas vulgares (Lutero) frente a que solo sea interpretada por la Iglesia Católica.

Ginecolatría, alabanza y respeto por la mujer. Por ejemplo, el cuerpo desnudo de la mujer en el arte medieval
representaba a Eva y al pecado; para los artistas humanistas del Renacimiento representa el goce epicúreo de la
vida, el amor y la belleza (Venus).

Búsqueda de una espiritualidad más humana, interior, (devotio moderna, erasmismo), más libre y directa y menos
externa y material.

El reconocimiento de los valores humanos acabando con la Inquisición y el poderío de la Iglesia

En sus comienzos, el humanismo es un movimiento regenerador y en sus principios básicos se encuentra ya


bosquejado en tiempos muy anteriores, por ejemplo, en las obras de Isócrates, que se impuso una labor de
regeneración parecida en la Grecia del siglo IV a. C. En tiempos modernos se encuentra estrechamente ligado
al Renacimiento y se benefició de la diáspora de los maestros bizantinos de griego que difundieron la enseñanza de
esta lengua, muy rara hasta entonces, tras la caída de Constantinopla en poder de los turcos en 1453; la imprenta y
el abaratamiento de los libros subsiguiente facilitó esta difusión fuera del ámbito eclesiástico; por entonces el
término humanista servía exclusivamente para designar a un profesor de lenguas clásicas. Se revitalizó durante el
siglo XIX dando nombre de un movimiento que no solo fue pedagógico, literario, estético, filosófico y religioso, sino
que se convirtió en un modo de pensar y de vivir vertebrado en torno a una idea principal: en el centro del Universo
está el hombre, imagen de Dios, criatura privilegiada, digna sobre todas las cosas de la Tierra (antropocentrismo).
Posteriormente, en especial en España durante la segunda mitad del siglo XVI, el antropocentrismo se adulteró en
forma de un cristocentrismo que proponía la ascética y la mística como formas de vida que condujeron al
desengaño barroco, que desvirtuó durante el siglo XVII este movimiento en un principio renovador impidiendo abrir
nuevos horizontes.

Personalidades históricas[editar]
Los autores más señeros de este movimiento fueron:

Dante Alighieri (1265-1321), fue el primero en situar a la Antigüedad en el centro de la vida cultural.

Francisco Petrarca (1304-1374), es conocido como el padre del humanismo. Fue el primero en señalar que para ser
culto y adquirir verdadera humanidad, era indispensable el estudio de las lenguas y letras de los clásicos.

Giovanni Boccaccio (1313-1375), al igual que Petrarca, dedicó su vida al estudio de los clásicos, especialmente a los
latinos, y realizó un importante compendio mitológico, la Genealogía de los dioses paganos.

Coluccio Salutati (1331–1406).

Gemisto Pletón (1355-1452). Humanista y filósofo bizantino, unos de los principales impulsores del estudio del
griego en el mundo latino, y del platonismo. Ferviente seguidor de Platón, enseñó en Florencia y estableció la base
para la creación de la Academia de Florencia.

Leonardo Bruni (1374-1444), a quien se debe un profundo impulso a la traducción de la literatura griega.

Poggio Bracciolini (1380–1459), gran perseguidor de manuscritos por toda Europa; a él se debe principalmente la
recuperación de numerosos escritos de Cicerón y de otros autores importantes como Lucrecio y la consideración del
latín como una lengua viva y aún creativa.

Antonio Beccadelli el Panormitano (1394-1471), jurista, poeta y erudito italiano.

Leon Battista Alberti (1404-1472). Sacerdote, humanista y secretario personal de seis papas, Doctor en Derecho
Canónico, físico, matemático y arquitecto.

Lorenzo Valla (1407-1457), fundador de la filología por su estudio de los poetas latinos y su proposición de una
nueva gramática. Quizá su logro más conocido fue su descubrimiento, basado en pruebas filológicas, de la falsedad
del documento medieval Donación de Constantino supuestamente redactado por este emperador, y por el que se
otorgaban los territorios de la Italia central al cuidado del papa romano.

Alfonso de Palencia (1423-1492), historiador y políglota.

Giovanni Pontano (1426-1503) poeta neolatino e historiador italiano.

Marsilio Ficino (1433-1499), divulgó la filosofía de Platón por Europa.

Antonio de Nebrija (1441-1522), logró renovar los métodos de enseñanza de las lenguas clásicas en España.

Gonzalo García de Santa María (1447-1521)

Angelo Poliziano (1454-1494), humanista y poeta italiano.

Lucio Marineo Sículo (1460-1533)

Pico della Mirandola (1463-1494), quien probablemente haya sido el primero en utilizar la palabra humanista para
referirse al nuevo movimiento. Fue el autor de un Discurso sobre la dignidad del hombre.

Erasmo de Róterdam (1466 - 1536), fue la gran figura intelectual en el debate entre católicos y protestantes y
creador de una corriente personal dentro del humanismo de crítica del cristianismo medieval tradicional,
el erasmismo, a través de sus Colloquia y diversos opúsculos.

Guillaume Budé (1467-1540), humanista francés que editó en su país numerosos autores clásicos grecolatinos.

Hernán Núñez de Toledo el Comendador Griego (1475-1553), helenista y humanista.

Tomás Moro (1478-1535), humanista inglés autor de un escrito satírico que sirvió de modelo a otros muchos,
la Utopía, y se enfrentó en defensa de sus ideas al rey Enrique VIII.

Giulio Cesare Scaligero (1484-1558), gran filólogo y preconizador de la imitatio ciceroniana frente a
la imitatio ecléctica de Erasmo de Róterdam.
Juan de Valdés (1509-1541), humanista español y autor del primer tratado que hace del español una lengua noble, y
defiende la idea que todas las lenguas son nobles : el Diálogo de La Lengua.

Juan Luis Vives (1492-1540), amigo de Erasmo y de Tomás Moro, el primero en tratar la psicología como disciplina
científica y con contribuciones originales en todo tipo de materias.

Robert Estienne (1503-1559), humanista francés con labor comparable a la del impresor y humanista Aldo
Manuzio en Italia.

Michel de Montaigne (1533-1592), quien vertió a la lengua vulgar lo más selecto del pensamiento grecolatino
creando el género del ensayo, típicamente humanista.

Todos estos y muchos otros, crearon el espíritu de una nueva época, el Renacimiento, que se expandió a través del
invento de la imprenta y las magníficas ediciones de clásicos del impresor Aldo Manuzio y sus hijos y discípulos.
El Humanismo, como uno de los fundamentos ideológicos del Renacimiento, suponía una evidente ruptura con la
idea de religión que se manejaba hasta entonces en la que Dios era centro y razón de todas las cosas. Con el
Humanismo, Dios no perdía su papel predominante, pero se situaba en un plano diferente, y ya no era la respuesta a
todos los problemas. Probablemente el autor que supo aunar mejor que ninguno la filosofía humanística con el
pensamiento cristiano fue Erasmo de Róterdam.
Humanismo
Movimiento intelectual que se desarrolla durante el Renacimiento, en concreto durante el siglo XV. Se caracteriza
por la revalorización de la dignidad del hombre y enlaza con la cultura de la antigüedad clásica. El humanismo es el
aspecto filosófico y literario del Renacimiento. Ambos tienen su origen en Italia, donde confluyen dos factores
fundamentales: unas condiciones socioeconómicas óptimas y la presencia del legado cultural grecorromano. El
pensador humanista no se limita al estudio de la teología como en los siglos precedentes, sino que se introduce en el
estudio de las ciencias humanas, y en especial de las lenguas clásicas, el latín y el griego. Busca en las fuentes de la
Antigüedad una nueva forma de pensamiento, resucitando el idealismo platónico frente al aristotelismo escolástico.
El estudio de las lenguas clásicas determina grandes progresos en la lingüística, además de sacar a la luz temas y
obras prácticamente olvidadas por la historia del pensamiento. Con ello los humanistas buscan el derecho del
hombre a realizarse en el mundo y la confianza en la capacidad de su inteligencia.
La invención de la imprenta hacia el año 1448 supuso uno de los grandes logros para esta corriente; con la imprenta
los escritos de los humanistas llegaron a todos los territorios de Europa. Es precisamente fuera de Italia donde surge
la figura más impresionante de la cultura humanista, Erasmo de Rotterdam. Al lado de Erasmo aparecen figuras de la
talla de Tomás Moro en Inglaterra, autor de Utopia, o de Antonio de Nebrija y Juan Luis Vives en España, así como
Guillermo Budé en Francia.
1. Humanismo y Cristianismo ¿Son compatibles? http:// luzverdadera.blogspot.com

2. El humanismo y el cristianismo son como el agua y el aceite, NO mezclan.

3. Son diametralmente opuestos. HOMBRE DIOS Antropo-céntrico Teo-céntrico HUMANISMO CRISTIANISMO


(Fomenta el Orgullo) (Fomenta la Humildad) Autoestima Fe confianza esperanza vida confianza esperanza vida

4. El Humanismo se aparta de Dios.

5. Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en
sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios, (Romanos 1:21-
22 RV1960)

6. Porque la sabiduría de este mundo es insensatez para con Dios; pues escrito está: El prende a los sabios en la
astucia de ellos. (1 Corintios 3:19 RV1960) para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino
en el poder de Dios. (1 Corintios 2:5 RV1960) Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los
que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios. Pues está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, Y
desecharé el entendimiento de los entendidos (1 Corintios 1:18-19 RV1960)

7. El Humanismo es una filosofía del mundo. Producto de la mente carnal del hombre. Por cuanto los designios de la
carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; (Romanos 8:7 RV1960)
Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no
proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece
para siempre. (1 Juan 2:16-17 RV1960) Ellos son del mundo; por eso hablan del mundo, y el mundo los oye (1 Juan
4:5 RV1960)

8. ¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que
quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios. (Santiago 4:4 RV1960) No améis al mundo, ni las cosas
que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. (1 Juan 2:15 RV1960)

9. El Humanismo se basa en el orgullo y egoísmo del hombre. El Humanismo le da la gloria al hombre y no a Dios. El
Humanismo se basa en la auto-determinación, auto-suficiencia, auto-superación, auto-estima y motivación del
hombre. El Humanismo brinda una falsa esperanza y está basada en el engaño de este mundo. El Humanismo no
tiene nada de cristiano pues no encaja con la Palabra de Dios.

10. El humanismo cristiano centra su confianza en el hombre y no en Dios ademas de adulterar la Palabra de Dios y
el evangelio de Jesucristo. .. Dejadlos; son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el
hoyo. (Mateo 15:14 RV1960) ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el disputador de este siglo?
¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo? (1 Corintios 1:20 RV1960)

11. El Cristianismo se basa en la humildad y sumisión del hombre a Dios. El Cristianismo se basa en una completa
dependencia de Dios y no del hombre. El Cristianismo te enseña que sin Jesucristo nada puedes hacer. El
Cristianismo le da toda la gloria a Dios solamente. El Cristianismo está basado en la Palabra fidedigna de Dios. El
Cristianismo te da una esperanza real.

12. El Cristianismo no es acerca de como vivir tu mejor vida ahora sino de como vivir para Dios unicamente en
gratitud por el milagro de la salvación dada a nosotros que no la merecemos y justamente deberiamos ser
condenados por Dios, soberano, Señor y Rey del universo. A él sea la gloria siempre, por toda la eternidad.

13. Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado. (Isaías 26:3
RV1960) Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres,
conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo. (Colosenses 2:8 RV1960)
CRISTIANISMO VS HUMANISMO.

Este breve escrito tiene como objeto meramente resaltar la diferencia entre el pensamiento humanista y el
pensamiento cristiano. Esto se deriva de la fuerte presión que las iglesias experimentan ante la gran cantidad de
corrientes de pensamiento que la asedian y que tienen un solo origen: El pensamiento humanista.

HUMANISMO. Es la forma de pensamiento donde el ser humano es la medida de todas las cosas. Es decir que todo
se mide en base al ser humano, si es bueno para el ser humano entonces es bueno. Si es grato al ser humano,
entonces es grato, si es malo para los propósitos del ser humano entonces es malo.
Una forma directa de entender esto es que todo parte del ser humano y apunta hacia el ser humano, teniendo todo lo
demás (incluyendo a Dios) como su instrumento.

CRISTIANISMO. Es la forma de pensamiento donde Cristo es la medida de todas las cosas. Es decir que todo se
mide en base a Cristo, si es bueno para Cristo, entonces es bueno. Si es grato para Cristo, entonces es grato, si es
contrario al propósito de Cristo, entonces es malo, de hecho es pecado.
En este punto es necesario aclarar que esto se debe definir como “Cristo según el Evangelio” pues el término “Cristo”
separado de la Biblia puede significar cualquier cosa, hasta los esotéricos lo utilizan de acuerdo a su pensamiento.

Y de la misma forma en que lo afirmamos respecto del humanismo, todo lo que es de Dios parte de Dios y apunta a
Dios, teniendo todo lo demás (incluyendo al ser humano) como su instrumento.
Así es como Romanos 11:36 lo expresa: Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los
siglos. Amén.
Y en ese mismo sentido Efesios 1 habla de que el propósito de nuestra salvación era para la gloria de Dios.
En realidad todo lo que pudiéramos pensar respecto de la obra de Dios en el cristiano ha sido hecho por iniciativa de
Dios, ese es el punto fundamental de la Gracia. Nuestra salvación, nuestra perfección, el amor de Dios, su espíritu
morando en nosotros, ser participantes de su naturaleza, tener la mente de Cristo etc. Todo ha sido iniciativa de Dios,
de tal modo que se origina en Dios, y tiene como finalidad la gloria de Dios. Es por eso que la palabra nos dice que
Dios es quien pone en nuestra boca la alabanza (Sal. 40:3), pues ésta no tiene como origen al ser humano, sino a
Dios mismo.
Es cierto que muchos cristianos reconocen la gracia de Dios en su salvación, pues esta se basa en la obra de Cristo.
Pero es cierto también que en su mente tienen la idea de que su perfección es obra de ellos. Sin embargo la Biblia
nos enseña que esto también es por gracia, es decir que proviene de Dios (Sal. 138:8, Fil. 1:6 y 2:13, 1P.5:10).
LA IDEA HUMANISTA DE DIOS Y SU IGLESIA

Debido a que el humanismo tiene al ser humano en el centro, cuando se habla de Dios, éste se muestra como un
instrumento para los fines del ser humano. Por lo tanto se piensa que el deseo de Dios se ajusta al deseo humano y a
sus reglas.

Y aunque se puede crear una larga lista de, “qué es lo que desea el ser humano”, todo puede resumirse en la
búsqueda de su comodidad. Aunque esto puede variar según los tiempos, la realidad es que la insatisfacción del
“modernismo” llevó al ser humano occidental a la búsqueda de la satisfacción, por lo que para el posmodernismo
actual esto se centra en su comodidad.

De ahí que la enseñanza en muchas iglesias tenga como centro al ser humano, y Dios es predicado como una
herramienta que “ha de bendecir”, “ha de mejorar el matrimonio” o “traer salud” entre otras muchas ofertas. Estos
son temas utilizados para atraer a la gente, porque son atractivos a un mundo en gran necesidad. Pero no por eso
dan la respuesta correcta, ya que tales temas se manejan en base al deseo humano y no en base a la palabra
revelada de Dios, la cual es la Biblia y que nos llama a reconocer que somos pecadores y debemos arrepentirnos,
creyendo en la obra de Cristo como suficiente para nuestra salvación.

Pero tal promoción es muy notoria en una gran cantidad de iglesias hoy en día, principalmente en el movimiento Neo
Pentecostés, lo cual ha sido clave para la formación de las llamadas “mega iglesias”.
Si bien, el movimiento Neo pentecostés tuvo un buen anhelo en sus inicios, esto se vio afectado seriamente por la
intromisión del pensamiento humano, principalmente a través del gnosticismo y el esoterismo. Pero para ver más de
ese tema se puede consultar http://www.cristianismohistorico.org/2009/10/16/evanprosperidad1/ .

LA IDEA CRISTIANA DE DIOS Y SU IGLESIA

Ahora bien, es importante entender cuáles son las desviaciones en la forma de pensamiento de la Iglesia, pero más
importante es entender cómo debemos pensar sí en verdad somos de Cristo.

Como hemos dicho, todo lo que se refiere a Dios, parte de Dios y apunta a Dios. Y si comprendemos cual es el
propósito de Dios en la obra que realiza en el ser humano, podemos entender con mayor claridad lo que Dios está
haciendo hoy en día.

Romanos 8:29 nos dice que la obra de Dios ha transformarnos para ser la imagen de su Hijo Jesucristo. Si bien, el ser
humano fue creado a imagen y semejanza de Dios, esto fue dañado por el pecado, de tal modo que ahora está
muerto en su pecado por lo que es incapaz de dar gloria a Dios, andando en sus propias pasiones (ver Efesios 2:1-3).

Pero Dios se ha revelado a sí mismo (Jn. 1:18), por lo que la imagen de Dios, la imagen visible del Dios invisible es
Cristo (2 Co. 4:4, Col. 1:13-15). Así que al restaurar su imagen en el ser humano, Dios nos transforma para ser la
imagen de su Hijo Jesucristo.

Por lo tanto todo lo que vivimos, ya sean tiempos de gozo y paz, o tiempos de dificultad (2Co. 4:17, Stg. 1:2-4, 1P.
1:6-7), operan para el propósito de Dios en nuestra vida.

Al comprender esto, entendemos que alabamos a Dios, no para sentirnos mejor, ni para que nos dé más de sí mismo,
pues ya habita en nosotros. Le alabamos porque él es digno de ser alabado, y reconocemos su obra en nuestra vida,
por lo cual le damos gloria.

Del mismo modo, leer la Biblia, orar, meditar en el mensaje de su palabra; no tienen como objeto la solución de
nuestros problemas, sino más bien nuestra perfección. Nos congregamos como hijos de Dios para ser edificados, y
aunque eso nos lleve a batallar en nuestra vida, al final llegaremos todos juntos a ser en todo como Cristo (Ef. 4:11-
16), pues esa es la finalidad de la Iglesia.

Al decir que nuestra perfección es obra de Dios, no estamos negando el hecho de que debemos ser participantes de
ello. De hecho debemos participar no solo en nuestra perfección, sino en la de los demás creyentes, como
colaboradores de Dios
CONCLUSIÓN
Podríamos resumir la diferencia entre el humanismo y el cristianismo en la diferencia de la siguiente manera:
El humanismo enseña que Cristo murió en la cruz para darnos una vida mejor; el cristianismo enseña que Cristo
murió en la cruz para que tuviéramos comunión con él, y así ser transformados a su imagen.

Mientras el humanismo ve esta vida como lo más importante, el cristianismo ve esta vida como la preparación para la
eternidad que hemos de vivir en comunión con Dios.
El Humanismo Cristiano como expresíón Político-Social
Su clave es la preeminencia de la Dignidad de la Persona Humana

Parte de la concepción de la persona humana y de la sociedad fundamentada en los valores y principios


del cristianismo

El humanismo cristiano entendido como expresión politica-social parte de la concepción de la


persona humana y de la sociedad fundamentada en los valores y principios del cristianismo.
Así pues, es una corriente de pensamiento queproyecta hacia la sociedad humana dichos
valores y principios, para normar las relaciones entre los seres humanos y para orientar su labor
de construir un orden social justo, solidario y ético. Desde luego que este pensamiento también
pretende “informar” y “enriquecer” todos los ámbitos de la cultura de una determiada sociedad en
un tiempo determinado.
Las fuentes del humanismo cristiano son, principalmente, la filosofía cristiana y la Doctrina
Social de la Iglesia (recogida principalmente en el magisterio de la iglesia), las cuales establecen
orientaciones fundamentales sobre la concepción de la persona, los valores del orden social, la
justicia en las relaciones humanas y entre los Estados, el bien común como finalidad de la acción
política y la ética como sustento de ésta y de la cultura.
La Doctrina Social de la Iglesia, iniciada con la Encíclica del Papa León XIII, Rérum Novarum
(1891, que denunció los excesos e injusticias del capitalismo y del liberalismo), propuso la
“novedad” de plasmar las grandes líneas de la acción de los cristianos en la vida social y
política, promoviendo su participación para realizar el bien común, la justicia social, la solidaridad
y la ética.
Por otro lado, también el humanismo cristiano se nutre del valioso aporte de filósofos y
pensadores cristianos, que desde su papel de laicos y la experiencia social y política, han
desarrollado importantes concepciones sobre diversos aspectos de la sociedad y del Estado,
contribuyendo a conformar un pensamiento homogéneo, integrado y global sobre estas materias.

Los principios clave para entender el humanismo cristiano son los siguientes:
- La noción de la persona humana, como ser digno, libre y social, que tiene un destino
individual pero que sólo se desarrolla plenamente en sociedad, mediante la solidaridad con
los demás.
- La idea de la sociedad como el fruto y, al mismo tiempo, el espacio natural para el
desarrollo de la persona, que crea la condiciones para el progreso espiritual y material de
todos sus miembros, dentro de un clima de solidaridad.
- El Estado, como una manifestación natural de la sociabilidad del ser humano, cuya
finalidad es garantizar y promover el bien común y servir a la dignidad y libertad de las
personas. La justicia social, que asegure la igualdad de oportunidades, elimine la
discriminación y la exclusión social y promueva el bienestar, es la condición de eficacia en
el logro del bien común por parte del Estado.
- La democracia como forma de existencia del Estado, que asegura a todos el respeto de
su libertad, el pluralismo ideológico y político, la libre expresión de las ideas, el respeto de
las minorías y la participación de todos en la vida política, con sentido de responsabilidad
cívica.
- La política como vocación de servicio al bien común, orientada a la realización de éste y
no de fines individuales, sectoriales o partidistas. La ética debe primar en la vida política,
afirmando los valores de honestidad, verdad y tolerancia.
El humanismo cristiano, en tanto que doctrina o pensamiento general sobre la persona, la
sociedad, el Estado y la política, no es patrimonio de ninguna ideología ni de un partido político.
Su razón de ser es inspirar la acción política, social y cultural, porque aspira a realizarse en la
vida concreta y cotidiana de la sociedad y ser, en tal sentido, fundamento para la acción política y
social de los cristianos.
El humanismo cristiano, por su contundencia en la defensa de la dignidad de la persona humana,
pone en primer lugar, la cuestión de los derechos fundamentales de ésta, haciendo de ellos el eje
de cualquier política concreta de Estado, porque entiende y sostiene que el Estado está al
servicio de la persona y no la persona al servicio del Estado.