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UNIVERSISDAD ARGELIA LAYA

María Alejandra Hidalgo 14 501 006

Sección 01 Ingeniería Agroalimentaria

Profesor Albano Zambrano Proyecto IV

ANALISIS DE Aportes como futuro Ingeniero Agralimentarias formación universitaria


agronómica, y específicamente del ingeniero agroalimentaria, es un tema de difícil abordaje.
Hay variadas visiones sobre la realidad y hay carencia de evaluaciones realizadas
científicamente. Desafíos de la profesión de ingenieros agroalimentaria Es necesario analizar las
necesidades de modificaciones y los perfeccionamientos de esta formación a partir de los
desafíos actuales que se visualizan para la carrera de ingeniería agronómica. En primer lugar,
para los próximos años, la profesión enfrenta el gran desafío de mantener su identidad. No se
trata solamente de un problema de nombre sino mucho más que eso; se trata de continuar con
una sólida formación científica y tecnológica cimentada en la interpretación de una mirada
global de largo plazo sobre lo que debería aporta la profesión al desarrollo de la agricultura. En
segundo lugar, mantener la identidad, sobre la base del convencimiento de una profesión
amplia, holística y, de base científica, no significa subirse al carro de las trasformaciones que
suceden en otras partes del mundo. Tampoco significa copiar sistemas y mallas curriculares de
otras formaciones foráneas, ni construir nuevas estructuras docentes cimentadas en ofertas de
posgrados. Significa esencialmente internalizar los desafíos del desarrollo de la agricultura EN
Venezuela, en función de una visión de largo plazo, sin descuidar el contexto del desarrollo de
las ciencias y tecnologías básicas y agronómicas a nivel mundial. En el fondo, significa conocer
exhaustivamente el país, en función de los bienes de la naturaleza que posee y del
comportamiento integrado de los ecosistemas que lo componen, sean estos agros sistemas de
distintos grados de artificialización y ecosistemas prístinos. En tercer lugar, el desarrollo de la
agricultura y el aporte del ingeniero agrónomo a este desarrollo encaran el desafío de incorporar
mucho más grados de sustentabilidad ambiental en el tratamiento del medio rural. En un medio
totalmente interrelacionado no se puede seguir considerando como una externalidad las
responsabilidades territoriales que vayan más allá de lo predial. La agronomía deberá
internalizar estas externalidades para construir territorios sin conflictos entre sus unidades
productivas y con horizontes de largo plazo que establezcan altos grados de sustentabilidad
ambiental. En cuarto lugar, es importante ubicar la profesión en las perspectivas del desarrollo
científico y tecnológico. La revolución verde a dado paso a una nueva revolución basada en los
relevantes cambios derivados del desarrollo la ciencia molecular. La transgénica, apoyada por la
ingeniería genética, abre un abanico de posibilidades hacia el futuro. Los grados de
artificialización, los paquetes tecnológicos y sus efectos, incluyendo tanto los positivos como los
negativos, variarán en forma insospechada. La incorporación de la plantea otros retos muy poco
conocidos. El quinto desafío es lograr progreso técnico con sustentabilidad ambiental en un
mundo cambiante desestabilizado por el cambio climático mundial, que derivan a cambios eco
sistémicos ya sea en las formas prístinas o casi prístinas o ya sea, y esto es muy importante para
la agricultura, en las modificaciones de la oferta ambiental para agro sistemas. El mundo se
desestabiliza, los ecosistemas se desestabilizan y por ende la agricultura cambia. El sexto desafío
consiste en armonizar, de una vez por todas, el desarrollo rural en función de los múltiples
actores sociales y productores del agro. No puede pensarse en un ingeniero agrónomo formado
básicamente como respuesta coyuntural a un tipo de tenencia emergida en un momento
histórico dado. La excelencia agronómica debe cubrir todo el mundo rural, con todos sus
sistemas y formas de tenencia de la tierra. En este contexto especial mención hay que hacer a la
incorporando al mundo campesino sobre la base de roles y funciones específicos derivados de
sus cosmovisiones predominantes y de sus reales posibilidades de lograr una forma de vida que
responda a sus necesidades axiomáticas. Es un desafío de una sociedad mucho más compleja y
diversificada que la que existía décadas atrás. Las respuestas que tiene que dar la universidad
¿Hacia donde debería entonces orientarse la ingeniería agronómica para poder abordar
adecuadamente estos desafíos? Como punto de partida, obligación sine qua non, es necesario
recuperar para la sociedad la función de la universidad y específicamente de la formación
agronómica, opacada por el surgimiento de universidades profesionalizan tés que son
verdaderas fábricas de productos de mercado. Sin una modificación a esta tendencia, es poco lo
que se puede hacer. Hay que recuperar las universidades como laboratorios de la vida nacional.
Entes críticos, imaginativos, creativos, que sean la simiente del perfeccionamiento de las formas
de integración y convivencia nacional. No son fáciles los desafíos planteados. Se requiere de la
contribución de varios actores sociales, pero en especial es básico que los ingenieros
agrónomos, como profesionales y como personas, ya sea a través de su gremio, de sus instancias
de poder, de sus propias actividades productivas, de sus responsabilidades como formadores
universitarios, tomen clara conciencia de estos desafíos y contribuyan con sus puntos de vista y
con sus decisiones para abordarlos. Pero hay un hecho que es real: Cada años son menos los
interesados en ingresar a las carreras de ingeniería agronómica, y año a año las exigencias de
puntajes de ingreso son menores. ¿Es esto una demostración de una crisis e formación en estas
carreras, o es el producto de la entrada al “mercado educacional superior” de carreras con
títulos similares que compiten en el campo laboral con las tradicionales de agronomía? 1 Si se
hace un análisis partir de la demanda laboral, se puede constatar que ésta se centra
mayoritariamente en el sector privado en las áreas dinámicas de la agricultura, como
fruticultura, Es probable que éstas haya que buscarlas en el modelo tecnológico predominante
adoptado en las áreas altamente productivas del país. Los factores exógenos Los altos grados de
artificialización están ligados en la actualidad al cambios profundo en la topografía del suelo, a
movimiento de tierras en gran escala y a obras de riego muy tecnificados. En este contexto
entran a competir otras carreras universitarias que manejan estos temas: ingenieros civiles,
expertos en maquinarias de movimientos de suelos e ingenieros hidráulicos, dejándole a la
agronomía sólo la parte biológica Desde el punto de vista biológico, la creación de material
genético, que algunas décadas atrás había estado exclusivamente en manos de ingenieros
agrónomos, ha dejado paso a científicos y profesionales de otras profesiones como biólogos y
expertos en biología molecular. Los economistas constituyen otro factor exógeno de
competencia. Cada vez tienen más peso en un mundo progresivamente más cortoplacista y más
economicista. No puedo dejar de mencionar que el economicismo ha influido para que
decisiones o campos netamente del ingeniero agróalimentaria sean cooptados por otras
profesiones, especialmente ligadas a la economía. Muchos de los errores agronómicos de
decisiones tomadas por profesionales de otras esferas se encubren por las altas rentabilidades
tenidas en el corto plazo. Los costos del ecosistema, la pérdida de recursos naturales, la pérdida
de interacciones positivas, etc. son tapados por los éxitos empresariales. Los factores endógenos
Tan o más importante que los factores exógenos son los definidos como endógenos. Factores
tradicionales de la formación universitaria, que posiblemente se arrastran desde la creación de
la carrera, se unen a la falta de innovación y transformación producto de la realidad de la
evolución tanto de la ciencia como de la agricultura mundial y nacional. Sin duda que varios de
estos se remiten casi al origen de estas carreras en Chile. Históricamente las carreras de
agronomía partieron con una base limitada de ciencias básicas que fue con los años
paulatinamente creciendo. Algo similar pasó con la formación cuantitativa, en especial
matemáticas, estadística, diseño de experimento y ciertas disciplinas ligadas a la economía
agraria. Durante muchos años, y posiblemente hasta el día de hoy, la articulación entre las
ciencias básicas y las ciencias y disciplinas típicamente agronómicas, dejó mucho que desear. No
existen eslabones bien definidos que permitan una interciencia vertical. La conclusión para
muchos estudiantes es que los ramos científicos han servido y sirven principalmente de colador
intelectual en los primeros años. No obstante las mejoras, aun queda mucho espacio por
recorrer en esta integración. El paso de las ciencias agronómicas a las disciplinas profesionales,
también evidenciaron los déficit señalados anteriormente. En la actualidad, muchos profesores,
en especial de carreras impartidas en universidades que hacen sólo docencia, traspasan
recetarios derivados de prácticas agronómicas sin una adecuada teorización basada en
conocimientos científicos. No obstante los esfuerzos realizados para perfeccionar, articular y
hacer coherente las mallas curriculares, persisten en la actualidad los tradicionales e históricos
problemas en la formación agronómica, que indudablemente inciden en una docencia que no
perfecciona la preparación de los futuros ingenieros agrónomos, y que en épocas de crisis de la
carrera como la actual, contribuyen a exacerbar los déficit. Los peligros en cierne. La creciente
conciencia de la crisis actual que atraviesa la formación del ingeniero agrónomo, por una parte,
y las necesidades de nuevas fuentes de financiamiento para las universidades, por otra, han
llevado últimamente a establecer fórmulas para disminuir los años de formación de pregrado
para articularla con la formación de posgrado. En la mayoría de los casos, estas propuestas no
pasan de ser simples copias de sistemas de formación norteamericanos. Es obvio, en el contexto
de la formación universitaria, que esas propuestas por lo general debilitan el pregrado, y
orientan el posgrado hacia temáticas que no necesariamente tiene la cobertura que
corresponde a una típica especialidad de pregrado. Sería un salto en la formación desde
generalista (pregrado) a superespecialista (posgrado), dejando entre ellos un déficit de ajuste.
Aunque si se maneja bien como factor de perfeccionamiento curricular, la reducción de la
formación de pregrado del ingeniero agrónomo, junto con un salto hacia el posgrado, permitiría
que compitan aun más otras profesiones. El factor exógeno se acrecentaría. Las preguntas
fundamentales ¿Se necesita un ingeniero agrónomo de buena formación científica, de
conocimientos amplios sobre la agricultura chilena, que sirva de integrador e las disciplinas
agronómicas y las afines que pueda privilegiar algunas grandes temáticas del desarrollo del
agro? ¿Si la respuesta es positiva, ¿no se afecta esta formación disminuyendo el lapso del
pregrado? ¿Se puede posibilitar un tránsito armónico entre una formación de pregrado, extensa
y con especialidades amplias y comprensivas con los posgrado? Las tareas para la formación
agronómica Si las respuestas indican que el ingeniero agrónomo, en su concepción original,
tiene un rol importante y tiene que ser un profesional clave para el desarrollo del agro, urge
perfeccionar la formación de él. En primer lugar, el reforzamiento científico en la formación es
fundamental. En particular, los análisis y soluciones para abordar, temas planteado
anteriormente, el quiebre entre la ciencias naturales básicas y exactas con las formativas y
aplicadas, para evitar los consabidos recetarios o manuales tecnológicos. Es necesario superar
formaciones donde la ciencia sea utilizada como un periscopio para apuntar al dominio de
determinadas tecnologías. La enseñanza científica no debe reducirse a una simple rama de una
determinada ciencia que al carecer de los fundamentos básicos de la ciencia madre, pierden su
condición formativa. En este contexto, los nuevos ingenieros agrónomos tienen que insertarse
en sus trabajos con una visión mucho menos integradora y holística de la que tenían o poseen
sus predecesores. En segundo lugar, hay desafíos derivados de la necesidad, sin perder la
esencia biológica, de construir modelos cuantitativos del comportamiento de la agricultura y de
los ecosistemas. Cada vez más se exige construir imágenes más cercanas a los fenómenos del
desarrollo agrícola y de las transformaciones ecosistémicas. Hay una tarea pendiente sobre la
necesidad de reforzar la cibernética En tercer lugar, en el futuro el ingeniero agrónomo debe
adueñarse de herramientas basadas en la transdisciplina . No es posible en la actualidad, en
función de la progresiva especialización, que no se trabaje interprofesionalmente e
interdisciplinariamente. Junto al tema de la transdisciplinaresurge el tema de los niveles de
abstracción de las ciencias y de sus engranajes conceptuales. En cuarto lugar, y sobre la base de
los déficit detectados, se hace de imperiosa necesidad superar los enfoques reduccionistas tanto
en el espacio como en la especializaciones. El país necesita ingenieros agrónomos que manejen
ecosistemas, cuencas, biomas, donde se manejen comportamientos, interacciones, y sobre todo,
proyecciones de los efectos de las artificializaciones. Y en quinto lugar, se requiere no sólo la
modelística de los recursos físico sino, y lo que es muy difícil, la modelística de la interacción
sociedad- naturaleza. Todos estos criterios tienen que verterse en un sistema docente innovado
que perfecciones las mallas curriculares predominantes el la formación agronómica

ASRTICULO 304Todas las aguas son bienes de dominio público de la Nación, insustituibles para
la vida y el desarrollo. La ley establecerá las disposiciones necesarias a fin de garantizar su
protección, aprovechamiento y recuperación, respetando las fases del ciclo hidrológico y los
criterios de ordenación del territorio.

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Artículo 305 El Estado promoverá la agricultura sustentable como base estratégica del desarrollo
rural integral a fin de garantizar la seguridad alimentaria de la población; entendida como la
disponibilidad suficiente y estable de alimentos en el ámbito nacional y el acceso oportuno y
permanente a éstos por parte del público consumidor. La seguridad alimentaria se alcanzará
desarrollando y privilegiando la producción agropecuaria interna, entendiéndose como tal la
proveniente de las actividades agrícola, pecuaria, pesquera y acuícola. La producción de
alimentos es de interés nacional y fundamental para el desarrollo económico y social de la
Nación. A tales fines, el Estado dictará las medidas de orden financiero, comercial, transferencia
tecnológica, tenencia de la tierra, infraestructura, capacitación de mano de obra y otras que
fueren necesarias para alcanzar niveles estratégicos de autoabastecimiento. Además,
promoverá las acciones en el marco de la economía nacional e internacional para compensar las
desventajas propias de la actividad agrícola. El Estado protegerá los asentamientos y
comunidades de pescadores o pescadoras artesanales, así como sus caladeros de pesca en aguas
continentales y los próximos a la línea de costa definidos en la ley.

Artículo 306 El Estado promoverá las condiciones para el desarrollo rural integral, con el
propósito de generar empleo y garantizar a la población campesina un nivel adecuado de
bienestar, así como su incorporación al desarrollo nacional. Igualmente fomentará la actividad
agrícola y el uso óptimo de la tierra mediante la dotación de las obras de infraestructura,
insumos, créditos, servicios de capacitación y asistencia técnica.

Artículo 307 El régimen latifundista es contrario al interés social. La ley dispondrá lo conducente
en materia tributaria para gravar las tierras ociosas y establecerá las medidas necesarias para su
transformación en unidades económicas productivas, rescatando igualmente las tierras de
vocación agrícola. Los campesinos o campesinas y demás productores agropecuarios y
productoras agropecuarias tienen derecho a la propiedad de la tierra, en los casos y formas
especificados en la ley respectiva. El Estado protegerá y promoverá las formas asociativas y
particulares de propiedad para garantizar la producción agrícola. El Estado velará por la
ordenación sustentable de las tierras de vocación agrícola para asegurar su potencial
agroalimentario. Excepcionalmente se crearán contribuciones parafiscales con el fin de facilitar
fondos para financiamiento, investigación, asistencia técnica, transferencia tecnológica y otras
actividades que promuevan la productividad y la competitividad del sector agrícola. La ley
regulará lo conducente a esta materia.

Artículo 308 El Estado protegerá y promoverá la pequeña y mediana industria, las cooperativas,
las cajas de ahorro, así como también la empresa familiar, la microempresa y cualquier otra
forma de asociación comunitaria para el trabajo, el ahorro y el consumo, bajo régimen de
propiedad colectiva, con el fin de fortalecer el desarrollo económico del país, sustentándolo en
la iniciativa popular. Se asegurará la capacitación, la asistencia técnica y el financiamiento
oportuno.
En la actualidad el mundo enfrenta una crisis alimentaria causada por múltiples factores,
incluyendo el menosprecio y/o poca atención al sector agrícola en contraposición con sectores
considerados más rentables. Esto ha ocasionado el deterioro del sector agroalimentario y,
obviamente, sus repercusiones en el sector alimentario, es decir, en sus fases de producción y
comercialización, evidenciando con ello una escasez de alimentos cada día más pronunciada. El
presente es un estudio de tipo descriptivo con un diseño no experimental. A partir de un análisis
documental y bibliográfico, se pretende describir el sector alimentario venezolano en la
actualidad, para ello se discute brevemente la crisis alimentaria mundial a manera de contexto y
luego se caracteriza la estructura pública del sector alimentario venezolano, para finalmente
plantear la realidad actual del sector alimentario venezolano, destacando la escasez reinante de
productos alimenticios básicos a nivel nacional. Los resultados demuestran que el gobierno ha
realizado transformaciones significativas en el sector alimentario. Sin embargo, las políticas
implementadas no han obtenido los resultados esperados, lo cual se evidencia en una fuerte
crisis alimentaria en todo el territorio nacional apreciada a través de la escasez significativa de
alimentos, con mayor impacto en los estados fronterizos en los cuales los productos alimenticios
básicos son trasladados de manera ilegal a países vecinos. Las fallas en las políticas
implementadas en el sector alimentario se deben, entre otros factores, a la falta de controles
y/o seguimiento de dichas políticas y lamentablemente a la cultura de la sociedad, en la que el
interés económico predomina sobre el interés social, incluso en la población con menos poder
adquisitivo y favorecida por las medidas gubernamentales. Por lo tanto, se concluye que en
Venezuela no hay soberanía alimentaria. El mundo enfrenta una crisis agroalimentaria de alto
impacto tanto para países desarrollados como para aquellos que están en vía de desarrollo,
siendo estos últimos los más afectados, por ser los más débiles en cuanto a relaciones de poder
se refiere. A lo largo de la historia, los países desarrollados han marcado las tendencias de
comercialización incluyendo al sector agroalimentario.
Este sector puede ser considerado vital, dado que es el que provee los insumos básicos para la
alimentación de la población. Lamentablemente, “a pesar de su carácter estratégico o
preferencial que le otorgan diferentes gobiernos de diversos países, no todos han logrado la
meta de autoabastecerse completamente de productos alimenticios básicos para lograr así una
alimentación plena” (Mercado, Córdoba y Testa, 2007; citado por Romero y Medina, 2013), así
como una más completa soberanía alimentaria.

El caso venezolano es muy particular. A pesar de una bonanza petrolera, de cambios en el marco
legal y de una importante transformación en el sector agroalimentario, acompañada de políticas
de apoyo, la crisis hoy día se agudiza. Esto se evidencia en la escasez de productos en los
establecimientos, tanto públicos como privados; y que en los estados fronterizos aumenta
debido al contrabando de extracción alimentos.

A partir de un análisis documental y bibliográfico, en esta investigación se describe el sector


alimentario venezolano en la actualidad. Para ello se discute brevemente la crisis alimentaria
mundial a manera de contexto y luego se caracteriza la estructura pública del sector alimentario
en Venezuela, para finalmente plantear la realidad actual, destacando la carencia reinante de
productos alimenticios básicos a nivel nacional.

Son muchos los factores que inciden en la crisis alimentaria que atraviesa el país. Cabe destacar
que no es un fenómeno aislado, pues en el mundo también se presenta dicho fenómeno. Por
ello, con la finalidad de establecer un contexto, se iniciará discutiendo de manera breve la crisis
alimentaria mundial basándose en documentos de organismos internacionales especializados en
el área como la Organización para las Naciones Unidas para la Agricultura (FAO).

Entre las causas identificadas se destacan:

El desequilibrio entre la oferta y la demanda, debido a una crisis de producción a la que se le


adiciona un incremento en la demanda y del poder adquisitivo en los últimos años (cabe
destacar que en algunos casos), y por otra parte debido también a una crisis de precios originada
del mal funcionamiento y la manipulación de los mercados.

La especulación y las restricciones de las exportaciones en el mercado de alimentos básicos

Costo de la energía, los biocombustibles y la lesionada seguridad alimentaria

Limitaciones de la producción agrícola en los países en desarrollo

La competencia leal: las prácticas comerciales, las fusiones y las alianzas estratégicas en el sector
agroalimentario han contribuido al incremento de los precios de los insumos agrícolas, al mismo
tiempo que paradójicamente los agricultores de los países en desarrollo reciban una fracción
relativamente pequeña del precio al por menor de sus productos, lo cual merma el incentivo de
unos beneficios que hubiesen potenciado la producción de alimentos en los países en desarrollo.

El informe de la UNCTAD (2008:53) expresa que:

“la crisis alimentaria puede considerarse una llamada de atención que los países en desarrollo
pueden aprovechar como oportunidad para reaccionar, y la comunidad internacional para hacer
un mayor esfuerzo de rectificación de los desequilibrios sistémicos en la producción agrícola y el
comercio mundial que durante años han contribuido a alimentar los problemas actuales. En
última instancia, el núcleo de la crisis es una falla del desarrollo que, de no rectificarse, hará que
la crisis sea permanente. Para ello será necesario, entre otras cosas, abordar las distorsiones
fundamentales y los fracasos de las políticas en el sector agrícola, a fin de sentar los cimientos
de la seguridad alimentaria y el desarrollo sostenible”.

A partir de lo anterior, se desarrollan una serie de opciones para más que destacar solo aspectos
negativos, abrir nuevas posibilidades que puedan representar beneficios para muchos
agricultores de países en desarrollo.

Entre las alternativas expuestas en el texto de la UNCTAD se encuentran:

Políticas de importación de alimentos por medio del apoyo internacional.


Equilibrio de las tensiones entre la necesidad urgente de alimentos y el acceso sostenible a
éstos: es necesario desarrollar un enfoque sostenible de la seguridad alimentaria en los países
en desarrollo.

Evaluación de la políticas para el sector de los productos agrícolas y alimentarios básicos y


desarrollo e intensificación el apoyo al desarrollo del sector agrícola.

Normas comerciales y cuestiones de política comercial y relacionadas con el comercio, las cuales
por tratarse de productos básicos especiales (vitales) no se puede tratar comercialmente igual
(persiguiendo los mismos intereses rentistas) los productos alimentarios y agrícolas que otros
bienes. A estos productos vitales se le debe dar un tratamiento especial puesto de ello depende
el bienestar de la población.

Políticas orientadas a movilizar de mejor manera la inversión nacional y extranjera en beneficio


del sector agroalimentario, fomento de la empresa, y desarrollo de la agricultura.

Políticas de innovación a adopción tecnológicas y desarrollo agrícola.

Políticas de cooperación Sur-Sur en favor del desarrollo agrícola y el comercio.

Políticas de apoyo financiero para el desarrollo agrícola.

Desarrollo de los mercados de productos básicos a través de mejoras en el acceso de los


pequeños productores y otros participantes de la cadena alimentaria a instrumentos de gestión
financiera, ya que mediante una adecuada financiación se podrán obtener insumos de
producción y también permitirá aumentar la inversión en la explotación agrícola, estimular la
productividad y mejorar sus activos para aumentar su capacidad de recuperación.

Políticas de biocombustibles y seguridad alimentaria.

A partir de lo planteado anteriormente, resulta evidente la relevancia de la problemática del


sector agroalimentario a escala mundial, tanto en países desarrollados como en países en vía de
desarrollo. Lógicamente, los últimos son los más afectados, puesto que los primeros, a pesar de
la crisis, tienen condiciones más favorables y en muchos casos tienen el poder de control sobre
los países más necesitados o menos fuertes en materia agrícola.

Sin embargo, para países como Venezuela, al igual que para otros países latinoamericanos con
múltiples riquezas y potencialidades, enfrentar la crisis alimentaria debe representar un reto y
una prioridad.

A continuación, se abordará la estructura pública del sector alimentario venezolano, producto


de una transformación que tiene su origen en el gobierno Revolucionario de Hugo Chávez Frías
por medio de las leyes habilitantes, desarrollada con la finalidad de obtener seguridad y
soberanía alimentaria.