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Sinopsis
Después de haber pasado la mayor parte de su último año volando bajo el radar,
lo último que esperaba Ella Lockhart era que un tornado pasase directamente
a través de su casa, dejándola sin hogar. Ya era bastante malo que ahora toda
la escuela la compadeciese, ¿pero sus padres tenían que dejar que sus vecinos
los acogiesen en su casa?

Ahora ella está compartiendo casa con Ethan Poe, su ex mejor amigo convertido
en enemigo. Todos esos sentimientos que solía tener hacia él están empezando
a diluviar sobre ella otra vez. Lástima que sea un idiota y su nueva novia tenga
problemas territoriales. Gracias a la madre naturaleza, la casa de Ella y toda su
vida se ha vuelto patas arriba.

Ethan no está del todo seguro de por qué Ella lo odia tanto, pero él sabe que
ella no quiere tener nada que ver con él. Nunca ha conseguido olvidarse del
enamoramiento que tenía con ella cuando era un niño, y ahora que está viviendo
al otro lado del pasillo es difícil mantenerse alejado. Su novia no está ayudando
a la situación y cuando muestra su verdadera naturaleza, él ya no quiere salir
con ella nunca más. Él quiere salir con alguien como Ella. Lástima que ella lo
odie.
1
Ella
Traducido por Coral Black
Corregido por Dai

La clase de arte del último año se supone que es un crédito fácil. Entonces, ¿por
qué la señora Cleary se encuentra delante de mí, con la mano en la cadera y
una mirada en su rostro que dice que piensa que mi pintura debería ser capaz
de curar la viruela cuando la haya terminado? Me muerdo el labio y levanto la
mirada hacia sus gafas de gato, el pincel vacilando en mi agarre.

—¿Hay algún problema? —le pregunto.

Sus labios se fruncen y sonríe, y es una de esas expresiones que le darías a un


niño de dos años que quiere comer solo pero solo haría un desastre, así que no
puedes dejar que tenga la cuchara.

—Todos tus tallos son exactamente iguales —dice, arqueando su mano—. Sabes
que en la vida real las flores no siempre son así de perfectas.

Levanto mis hombros. Una gota de pintura verde cae sobre el papel.

—¿No puede mi pintura ser una representación de la perfección? —pregunto,


calculando que suena como algo artístico que decir.

Se ríe entre dientes y pasa a torturar al siguiente estudiante. Meto mi pincel en


la pintura y lo arrastro sobre el papel, haciendo otro tallo perfecto. Aquí está la
cosa: no soy una artista. Pero puedo pintar mis uñas con una precisión de nivel
moderado, solo necesito quitar la pintura de mis cutículas al día siguiente o algo
así, y también soy genial en la elaboración de sándwich de queso. Y una vez que
esté en la escuela culinaria, voy a encontrar la manera de convertirme en la
mejor repostera de cupcakes de Texas, porque ahora mismo no soy exactamente
maravillosa en eso, a pesar de que es mi pasión. Así que, excepto por arte, estoy
bien en el departamento de habilidades.

El arte es mi crédito fácil. Si tan solo la señora Cleary lo viera así.

De repente, un fuerte zumbido suena desde cada teléfono en la habitación.


Salto, creando un tallo realmente torcido y llego a mi bolsillo trasero por mi
teléfono.

—Advertencia de tornado —dice alguien. Uno por uno, todos descartan la


alarma en su teléfono y volvemos a trabajar en lo que la señora Cleary
seguramente considerará una obra de arte inaceptable.

Ha estado lloviendo mucho últimamente, y el clima ha sido extremadamente


bipolar para un marzo en Texas. Por lo general, estaría empezando a calentarse,
pero últimamente han estado alternándose un día tan caluroso en el que se
puede ir a nadar y al día siguiente te congelas en tus pantalones cortos y
chanclas, encendiendo la calefacción en el coche.

Hoy es un día frío. Me muerdo la lengua y trato de convertir el tallo torcido en


algo parecido a hojas o espinas, o una cosa parecida a una vid floral. Realmente
no funciona.

Mojo el pincel de nuevo en mi taza de agua y me doy la vuelta para levantarme


y tirarla. Voy a empezar de nuevo y la señora Cleary admirará mi dedicación al
arte. O tal vez no se dará cuenta en absoluto.

Me levanto y me giro hacia la parte de atrás del aula, que es una pared de cristal
que mira hacia el campo de fútbol.

—Guau —digo, mientras la desagradable pintura cae directamente al piso—.


Uh, ¿chicos? —Mi voz es más alta de lo que esperaba, el pánico estableciéndose.
Todo el cielo es negro en medio del día. Hay una inconfundible nube de embudo
cerniéndose en el aire apenas a un kilómetro y medio. Haciéndose más grande
a cada segundo.

—Santa mierda —dice Jack Grayson, pasando por delante de mí para estar
frente a la ventana—. ¡Es un tornado, chicos!

Más personas se apresuran a la ventana. La señora Cleary grita algo acerca de


calmarse y me quedo allí, mirando con asombro mientras el embudo gira y se
retuerce, como un espeluznante dedo de bruja apareciendo en el cielo, deseando
destruir todo en su camino.

Las sirenas suenan por la escuela, dos veces más fuerte que la interrupción del
teléfono hace unos minutos. Las luces en la esquina de la habitación parpadean
y gimen y me pregunto por qué nunca antes me fijé en ellas. No son las pequeñas
alarmas de incendio rectangulares, sino algo más.

El caos entra en erupción en la sala de arte mientras las personas caminan


sobre mi pintura caída para llegar a la ventana. Empujo a través de la
muchedumbre y consigo mi mochila, lanzándola sobre mi hombro. Todos los
demás pueden ser idiotas, pero no quiero estar cerca de la ventana de cristal
cuando llegue esa cosa. Es un maldito tornado, no un lindo cachorrito.

Afortunadamente, las sirenas se apagan un segundo más tarde y la voz del


director Reynolds se alza en el altavoz: —Debido a la advertencia de tornado,
vamos a comenzar el procedimiento de refugio en la escuela. Los estudiantes en
las aulas especiales deben ir al pasillo E inmediatamente. Dejen todas las aulas
con paredes de ventanas y siéntense en una fila ordenada en el pasillo E.

Continúa, hablando sobre cómo las otras aulas deben refugiarse en otro sitio,
pero la señora Cleary habla sobre él desde que estamos en un salón de clase
especial. Solo las clases de artes y optativas están en este extremo de la escuela
y todas tienen paredes con ventanas para inspirar la creatividad. La otra mitad
de la escuela se encuentra a salvo en sus paredes blancas y sin ventanas.

Con mi mochila agarrada con seguridad en mis brazos, salgo del aula, siguiendo
a todos los demás hacia el pasillo E. Mi teléfono vibra en mi bolsillo trasero,
pero estamos atascados como sardinas en el pasillo así que no lo tomo. En su
lugar, camino a través de las personas hasta llegar al pasillo E y luego me
detengo contra la pared y me deslizo hacia el suelo, mientras que todos los
demás pasan junto a mí.

El pasillo E es largo, separando el salón de la banda y los vestuarios del


auditorio al otro lado. Es probablemente el pasillo más largo y sólido en la
escuela, pero al final hay, por supuesto, un conjunto de puertas dobles de
cristal, y allí es a dónde se apresuran la mayoría de las personas.

Una vez más, me imagino el vidrio rompiéndose en un millón de piezas,


haciendo que mi rostro parezca un animal atropellado. Así que no, gracias, me
sentaré justo aquí en el extremo seguro del pasillo.

Todo el zumbido en mi bolsillo trasero era de April, mi mejor amiga. Sonrío


mientras leo sus mensajes.

April: Amiga, ¿estás muerta?

April: Porque por la forma en que actúa la señora Graham aquí, TODOS
ESTAIS MUERTOS.

April: Bueno, ahora no respondes. ¿Cómo va el final de la escuela? Será


mejor que no estés muerta.

Ella se encuentra en historia, atrapada en una de esas aulas sin ventanas.


Escribo una respuesta mientras el hedor del sudor y zapatos de correr de goma
llena el pasillo.

Yo: Todavía viva. A menos que sea un fantasma y no me haya dado cuenta
todavía. Volveré a informar si puedo caminar a través de las paredes.

Levanto la mirada y encuentro la fuente del hedor que viene del vestuario de
chicos. Ugh. Trato de contener mi aliento mientras pasan, ignorando en gran
medida las exigencias del entrenador de elegir un lugar en la pared y sentarse.
Las personas arrastran los pies alrededor, hablando y compartiendo las
imágenes del tornado que ya han alcanzado las redes sociales.

Levanto mis rodillas y descanso mis manos sobre ellas, soplando aire para
sacarme el cabello del rostro. No tengo exactamente un montón de amigos en la
secundaria West Canyon y los que tengo no están aquí.

Un zapato negro y rojo de Nike pisa mis zapatillas púrpuras.

—Oye, lo siento —dice un tipo desde arriba.

Levanto la mirada y mi respuesta sarcástica se queda en mi garganta. Ethan


Poe me mira fijamente, su expresión probablemente es un reflejo de la mía.
Quiero decir, ¿de qué otra manera se mira a alguien que fue tu mejor amigo
hasta octavo grado y luego se convirtió repentinamente en tu enemigo absoluto?

Por supuesto, estaba enamorada de él, así que tal vez no me mira de la misma
manera. Tal vez su sorpresa es solo eso, no diez tipos de otras emociones todas
juntándose en una sola.

Como, solíamos ser mejores amigos.

Y, maldita sea, se volvió caliente.

Muy caliente.

—Ella, hola —dice. Sus músculos de la mandíbula se flexionan en lo que creo


que se supone es una sonrisa—. No quise pisarte, lo siento.

Sacudo la cabeza para aclarar mis pensamientos sobre su belleza y el tamaño


de sus bíceps que salen de su camiseta sin mangas como si fueran trofeos en
una vitrina. Finjo un encogimiento de hombros casual.

—No te preocupes.

Se da la vuelta y patea la mochila de alguien lejos de mí, deslizándola por el


pasillo.

—¿Te importa si me siento aquí? —pregunta, pero se hunde en el suelo antes


de responder.

Huele a sudor y canela y odio que sea algo así como sexy. El cabello oscuro de
Ethan coincide con sus ojos, ambos perfectos. Siempre olía a canela debido a
su obsesión por el chicle Big Red.

Hago una profunda inspiración y miro mi teléfono en mi regazo. April no ha


enviado mensajes de texto, pero puedo pretender que estoy ocupada hablando
con alguien.

Ethan empuja mi hombro con su codo.

—¿Y qué tal todo?

Levanto la mirada y él sonríe, mostrando un conjunto de dientes perfectamente


alineados que son tan diferentes de la torcida sonrisa de séptimo grado que solía
darme todo el tiempo. Su piel se ha aclarado y su mandíbula ampliado. Es unos
seis centímetros más alto y aunque finjo que no existe desde la embarazosa
pesadilla del verano antes de octavo grado, sé tan bien como todos los demás
que Ethan Poe ahora es un deportista popular.

No es el mismo chico de la puerta de al lado que era mi mejor amigo, el chico


del que tenía un enamoramiento y el único que conocía todos mis secretos.

Mientras me mira fijamente, esperando una respuesta a su simple pregunta,


me doy cuenta de que no quiere saber nada de eso. No le importa que mi vida
se desmoronara después de que su amigo me dijera que él pensaba que era una
acosadora espeluznante. Probablemente se reiría si supiera lo difícil que fue
para mí hacer nuevos amigos en octavo grado cuando pasé mi infancia
preocupándome solo por él.

—Todo bien —le digo con una sonrisa apretada.

—Genial —dice con uno de esos asentimientos que los chicos hacen tan bien.
Las luces parpadean y el rugido del tornado que se aproxima llena el aire
repentinamente. Lo espeluznante de eso hace que el vello en la parte posterior
de mi cuello se levante.
Sé que estamos a salvo aquí, pero el gemido del tornado es espantoso, tanto que
hasta los deportistas que hacen bromas en el pasillo se han quedado en silencio.

Las sirenas gritan a lo lejos y reconozco el sonido como la alarma de desastre


de la ciudad. Me estremezco cuando la piel de gallina pincha sobre mi piel. Se
escucha un ruido fuerte, seguido de chirridos y arañazos, como si hubiera un
millón de árboles rozando contra el techo. El gemido del tornado es como un
grito de batalla de la Madre Naturaleza, un monstruo inquieto que se muere por
sacarlo todo de su sistema.

—Maldita sea —dice Ethan, rompiendo el silencio que nos rodea—. Eso suena
horrible.

Asiento, sujetando mi teléfono en mis manos.

—Espero que mi coche esté bien.

Sus cejas se juntan.

—Ni siquiera pensé en eso. Es mejor que mi camioneta también esté bien. —
Sacude la cabeza, pasando sus dedos por sus cejas—. Acabo de conseguir la
cosa.

Lo dice como si no lo supiera. Como si no viviésemos al lado del otro y no tuviese


idea de que comenzó a conducir la nueva y completamente equipada camioneta
Ford King Ranch en su decimoséptimo cumpleaños. Es tan brillante y
cegadoramente roja que sería imposible pasarla por alto.

Los Poe tienen dinero y esto solía beneficiarme mucho cuando era niña. Me
llevaban de vacaciones y de viaje a Sea World. Compraban dos de cada juguete
de piscina para que pudiera tener el mío propio. Mi corazón se aprieta y miro
hacia otro lado. No estoy de humor para recordar mi vida antes de que Ethan
Poe se volviera demasiado bueno para ser mi amigo.

Estoy mirando mi teléfono de nuevo cuando el olor de un perfume me golpea


tan fuerte que toso. Ethan también lo hace.
Kennedy Price aparece, agachándose mientras camina, con una mirada
conspiradora en su perfecto rostro de porrista. Se detiene justo delante de Ethan
y se arrodilla, apoyándose en las yemas de los dedos para poder besarlo.

—La entrenadora Tamara dijo que teníamos que quedarnos allí, pero me
escabullí
—dice, sonriéndole como si estuviera locamente enamorada.

Supongo que no puedo culparla. Él es completamente sexy ahora.

No que se me permita pensar en eso.

Kennedy se vuelve hacia mí, su sonrisa de realeza de la secundaria en plena


fuerza.

—¿Puedes moverte? —pregunta, moviendo la mano como si fuera a


espantarme—. Necesito sentarme junto a mi novio.

Echo un vistazo a los siete centímetros de espacio entre Ethan y yo.

—Estoy segura de que puedes deslizarte —digo—. Estoy un poco apegada a este
lugar particular en el suelo.

Frunce el ceño y se mece sobre sus talones. La mascota de tiburón en su


uniforme de porrista rojo y blanco parece mirarme también.

—Ethan, dile que se mueva.

La entrenadora Tamara da un paso al medio del pasillo, con las manos en las
caderas.

—Kennedy, contra la pared. No se te permite estar en el pasillo.

—Solo un segundo —grita de vuelta antes de girarse a mirarme—. Muévete —


sisea.

No sé por qué estoy tan obligada a negar su petición. Probablemente podría


moverme un poco, pero luego estaría sentada cadera a cadera con la chica más
popular de la escuela. ¿Qué pasa si se me pega algo de su maldad? No puedo
tener eso, ¿no?

—Lo siento, no hay espacio.

—¡Kennedy, ahora! —La voz de la entrenadora Tamara es un rugido sobre el


sonido del tornado, que sigue golpeando la escuela como si le ofendiera que el
edificio esté aquí. Afortunadamente, dos grandes armarios se han movido
delante de las puertas en el extremo del pasillo. No podemos ver nada ahora,
pero podemos escuchar lo suficiente para saber lo que pasa afuera.

La entrenadora de las porristas señala la pared donde se encuentra de pie, a la


derecha, a un punto vacío entre todas las porristas.

—Vuelve aquí o te suspendo.

Kennedy lanza una mirada sobre su hombro, sus ojos penetran en mi alma con
rabia, antes de que se vuelva a trompones por el pasillo.

El gemido del tornado llena el incómodo silencio hasta que Ethan se ríe entre
dientes. Puedo sentir su mirada en mí, pero no miro hasta que habla.

—Eso fue un poco intenso.

Miro sus oscuros ojos y siento cada memoria de la niñez que hemos tenido
volviendo a mi mente, y cayendo directamente a mi estómago.

—Puede que la próxima vez aprenda a decir por favor.


2
Ethan
Traducido por Coral Black
Corregido por Dai

Así que, el tornado no cruzó la escuela o el estacionamiento. Se acercó


peligrosamente a nosotros y arrancó la hierba en los campos de fútbol, pero aun
así logró hacer todo ese ruido. Es casi una hora más tarde cuando la alerta de
tornado se apaga y el director nos permite volver a nuestras clases. Ella me ha
ignorado deliberadamente todo el tiempo, eligiendo leer un libro en su teléfono.

Como quedan solo cinco minutos hasta que suene la campana, entro a los
vestuarios con el resto de mi clase de atletismo. Tomo una ducha rápida y me
cambio de nuevo a mis jeans y camiseta. Desafortunadamente, mi sudadera fue
robada esta mañana cuando Kennedy llegó a la escuela y se dio cuenta de que
hacía frío afuera. Le pregunté cómo demonios se las arregló para llegar hasta la
escuela antes de darse cuenta de que hacía frío y se encogió de hombros y dijo
que aparcaba en el garaje de su casa, así que por qué iba a saber el tiempo.

Ahora, gracias a ella fugándose con mi sudadera bajo las leyes de los beneficios
de la novia, me estoy congelando el culo mientras camino a través del
estacionamiento hasta mi camioneta.

Toby me alcanza.

—Amigo, echa un vistazo al autocine. —Sostiene su teléfono, que se encuentra


en la página de Twitter de nuestra ciudad. Hay una foto del histórico autocine
Hockley, el reclamo de nuestra pequeña ciudad a la fama. La pantalla trasera
ha sido rasgada en pedazos.

—Parece que necesitaré encontrar un nuevo lugar para enrollarme con las
chicas este fin de semana —dice, sacudiendo la cabeza.

—Estoy seguro de que todavía te dejarán aparcar allí —digo, deteniéndome


frente a mi camioneta—. No es como si fueras a ver la película de todos modos.

Sonríe.

—Demonios, incluso daré dinero por una tranquila plaza de estacionamiento.

Sé que es ser superficial, pero mi camioneta es una belleza. Papá me prometió


el brillante coche rojo si mantenía mi GPA alto y no pensé que realmente lo
haría. Pero lo hizo, así que ahora estoy agradecido de que las buenas
calificaciones me vengan fácilmente.

Kennedy odia mi camioneta. La llama fea chupa gasolina y menciona una vez al
día que debería cambiarla por un coche deportivo, específicamente un Corvette.
Mi fea chupa gasolina no impide que salga conmigo, así que a quién le importa.

—¿Algún otro lugar se ha dañado? —pregunto, sacando las llaves de la


camioneta y desbloqueando la puerta.

Toby asiente, todavía desplazándose por su teléfono.

—Montones. Muchas personas perdieron sus casas y cosas. Mira esto. —Inclina
el teléfono hacia mí. Es una toma aérea de un vecindario, el rastro del daño del
tornado parece hecho a propósito. Hay una docena de casas y cuatro de ellas se
encuentran totalmente destruidas, dejando todas las otras casas intactas.

—Guau —digo, bajando para ver otras fotos del daño hecho a nuestra ciudad—
. Supongo que esto es mejor que los huracanes que destruyen barrios enteros.
Aun así es una mierda.

El olor del perfume de Kennedy me golpea. Mis ojos inmediatamente se


humedecen mientras lanza sus brazos alrededor de mi cintura, escondiendo su
cabeza contra mi pecho.
—Por fin. Tuve que esperar por siempre a que tu lento culo saliera.

No sé por qué lleva tanto perfume, hemos estado saliendo durante un mes
entero y todavía no puedo pensar en una manera de sacar el tema
educadamente. Parpadeo las lágrimas y levanto mi barbilla para respirar un
poco de aire fresco.

—Tuve que ducharme —le digo, asintiendo a Toby que se dirige a su coche. Pone
los ojos en blanco y envuelve mi sudadera alrededor de su cuerpo mientras una
ráfaga de aire frío nos golpea.

—¿Así que querías hacerme esperar aquí como una idiota? Gracias, Ethan, de
verdad.

Mis ojos se ensanchan. El Explorer de Kennedy no se encuentra aparcado junto


al mío como de costumbre. Toda la locura del tornado en el último período me
hizo olvidar completamente que se suponía que iba a llevarla a casa hoy porque
su padre se llevó su coche para ponerle llantas nuevas.

—Lo siento. Me olvidé. —Hago doble clic en mis llaves para desbloquear la
puerta del pasajero para ella—. Vámonos. Te lo voy a compensar.

Su mirada se vuelve sensual mientras bate sus brillantes pestañas hacia mí.

—Bien. Y me debes una enorme, por cierto.

Nos metemos en mi camioneta y comienzo a conducir hacia su vecindario al


lado opuesto de la ciudad.

—¿Enorme? Te hice esperar como diez minutos más para marcharnos —digo,
escogiendo una emisora de radio que en realidad toca una canción en lugar de
cubrir el tornado—. Sobrevivirás.

—Uh no, eso es solo parte de por qué estoy enfadada contigo. —Pone en su
rostro esa mirada de decepción que he estado viendo mucho últimamente y su
mano sale de mi muslo. ¿Así que ahora que se encuentra de buen humor se
encuentra enfadada conmigo? Esto no será horrible en absoluto.
—¿Qué hice para merecer tu ira, señorita Price?

Exhala.

—El hecho de que tengas que preguntar es realmente decepcionante, Ethan.

Nos detenemos en un semáforo en rojo y miro hacia el techo, tratando de pensar


en dónde metí la pata.

—¿En serio? —dice, lanzando sus manos en el aire—. ¿En serio no lo sabes?

Echo un vistazo a mi teléfono en el portavasos.

—¿Me olvidé de contestarte un mensaje? —Esa fue la última vez que se enojó
conmigo. Olvidé responder un mensaje a las dos de la mañana.

Gime, cruzando los brazos sobre su pecho. Normalmente no me importa cuando


hace ese movimiento porque hace que sus pechos se levanten, pero esta vez mi
sudadera bloquea todo. Supongo que soy un novio de mierda que no merece ver
nada ahora mismo.

Suspiro y aprieto el volante con más fuerza.

—Solo dímelo, o estarás enfadada para siempre.

—Ethan, necesito un novio que no sea tan malditamente despistado todo el


tiempo.

Si se encuentra a punto de romper conmigo, probablemente no debería sentir


alivio, ¿verdad? La miro.

—Si quieres una disculpa, dime qué hice mal. Porque no tengo nada.

Parpadea y toma una respiración profunda que luego empuja hacia fuera
lentamente como si estuviese haciendo algún tipo de técnica de relajación de
yoga en el asiento del pasajero de mi camioneta.

—Esa chica fue una perra conmigo en el pasillo —comienza, todavía hablando
con los ojos cerrados—. Y ni siquiera me defendiste.

—Oh —digo, rascándome el rostro. ¿Eso es de lo que va todo esto?—. ¿Ella? En


realidad no fue una perra, no lo creo.

—Oh, ¿así que te tuteas con alguna perdedora? —Kennedy bufa de nuevo,
sacudiendo la cabeza con tanta violencia que podría caerse y vomitar sangre por
todo mi interior de cuero—. ¿Quién eres? —pregunta, sus ojos ampliándose por
la irritación.

—Guau, tienes que relajarte.

En el momento en que digo las palabras sé que es un error. Kennedy explota,


gritando sobre lo increíblemente grosero y degradante que es decirle que se
calme cuando yo soy el idiota. Desconecto mientras conduzco porque estoy
bastante seguro de que he escuchado todo esto antes. No podemos estar más
de un día o así sin que se moleste conmigo por algo aparentemente sin sentido
que he hecho. Pero para Kennedy Price nunca son infracciones inocentes e
inútiles. Cada vez que hago algo que no es perfecto a sus ojos, soy un monstruo
que necesita una charla para enderezarse.

La cosa es, tal vez no creo que sea un monstruo en absoluto. Tal vez solo soy
un tipo normal que no lee mentes. Pero, de todos modos, desconecto y mantengo
la velocidad, deseando que no viviese tan lejos. El tornado claramente no golpeó
esta parte de la ciudad porque todo se ve bien.

Estoy tratando realmente de concentrarme en el coche delante de mí, en el


brillante cielo azul que ha cambiado completamente después del tornado, en
cualquier cosa excepto Ella Lockhart.

Verla hoy fue como caer en una máquina del tiempo. No puedo creer que le
hubiera preguntado cómo estaba como si fuéramos amigos. Simplemente se me
escapó; un minuto me hallaba en una neblina, mi corazón seguía latiendo como
loco por el entrenamiento con el entrenador y luego, al minuto siguiente, me
dijeron que me sentara contra la pared mientras las alarmas atravesaban el
aire.

Tal vez fue por la locura de las alarmas del tornado, pero cuando la vi allí
sentada, con pantalones rasgados y una camisa de manga larga con algún tipo
de impresión extraña en ella, casi se sentía como en los viejos tiempos. Ella
siempre era sencilla y ella misma. Hacía lo que quería, usaba la ropa que creía
linda, sin importar cuántas veces se burlaran de ella por usar Hello Kitty en la
secundaria. Era ella misma y eso la hacía feliz. Así que sí, en toda la locura,
olvidé que ahora somos enemigos. Estoy en la carrera para ser el rey del baile
de graduación y ella… Bueno, ni siquiera sé lo que ha estado haciendo hasta
ahora. Conociéndola, es probable que todavía esté horneando sus cupcakes y
usando pijamas de Hello Kitty. Pero sé que no tiene nada que ver con mi círculo
de amigos. Ahora somos totalmente opuestos.

Se aseguró de cortarme de su vida, y ni siquiera pudo decírmelo ella misma.

Lo recuerdo todo como si fuera una película casera que he visto una docena de
veces. Ella y yo pasando todo el verano antes del octavo grado nadando en mi
piscina y pasando el rato. En ese entonces quedábamos tanto que nuestros
padres nos dejaban dormir en mi sala de juegos.

Ese día en particular en que todo salió mal comenzó como el mejor día de mi
vida. Ella durmió en mi casa y nos quedamos hasta tarde viendo películas de
Harry Potter y luego nos tiramos al suelo en nuestros sacos de dormir.

Me desperté con ella en mis brazos, solo nuestros sacos de dormir entre
nosotros. No hablamos de ello, pero ambos parecíamos felices de despertar tan
juntos. Planeé besarla ese día. Como, realmente lo planeé, hasta lo que haría
exactamente cuando le pidiese permiso para besarla.

Y luego Corey me hizo a un lado y me dijo que ella le pidió que me dijera
personalmente que la dejara sola. Dijo que pensaba que era espeluznante y no
le gustaba como ella a mí y que debía retroceder.

Me aplastó, pero no pensé que arruinaría nuestra amistad para siempre.

Pasé la mayor parte de octavo grado superando su pérdida y, finalmente, tuve


que cambiar todo mi grupo de amigos para encontrar nuevos amigos que no se
sobrepusieran con ella y con todos nuestros viejos amigos.

Hoy regresaron todos esos sentimientos. West Canyon High no era una escuela
enorme, pero si te esfuerzas lo suficiente, puedes evitar a una persona durante
cuatro años. Casi tuve éxito.

—¿Me escuchaste? —dice Kennedy, clavándome sus largas uñas acrílicas en mi


brazo.

—Sí, ¿qué pasa? —Giro en su vecindario. Ya hay tres coche familiares aparcados
al lado de la carretera frente a su casa. Parece que tenemos planes.

Ella lanza su cabello sobre su hombro.

—Dije que los chicos quieren ir a Burger Barn.

Aparco detrás del Mazda de Toby y apago el motor. Trato de no dejar que me
moleste que los chicos hicieran planes para reunirse en la casa de mi novia sin
decírmelo primero.

—Suena bien —digo—. Estoy hambriento.

—Todavía estoy enfadada contigo por no defenderme —dice Kennedy,


deslizándose para sentarse en medio del asiento delantero. Los chicos salen de
sus coches y suben al mío. Ella pasa su mano por mi muslo y se inclina, el olor
de su perfume hace mis ojos aguarse—. Pero no es como si fuéramos a volver a
ver a esa perdedora, así que supongo que no puedo permanecer enfadada para
siempre.

Ahora definitivamente no es el momento de decirle que Ella es mi vecina y la veo


todo el tiempo. Seguro, Ella me ignora y la ignoro en las incómodas ocasiones
en que ambos estamos salimos afuera al mismo tiempo. Pero soy plenamente
consciente de que fingir que no existe no la hace realmente invisible.
3
Ella
Traducido por MariiCH
Corregido por Coral Black

Mamá me llama cuando estoy caminando hacia mi coche y me apoyo contra el


capó para contestarle. Si uno de los profesores trabajando nos ve con los
teléfonos en nuestros coches, conduciendo o no, se vuelven locos como si
tratáramos de incendiar al mundo con nuestras decisiones imprudentes.

El saludo frenético de mamá suena más o menos normal en ella.

—Por favor, dime que te encuentras bien.

—Estoy bien, mamá. La escuela entera se encuentra bien, en realidad. Hay


algunas ramas de árboles caídas pero eso es todo.

—Bien, escúchame —dice, y me la imagino de pie en el trabajo en su bata, su


expresión seria como si estuviese hablando con un paciente a punto de
desangrarse—. Necesito que conduzcas directa a casa y me llames en el instante
en que llegues.

—¿Por qué? ¿Qué está mal?

Se queda callada por un momento, el único sonido que se escucha es el del roce
de papeles y los ruidos aleatorios del hospital.

—Cariño, no puedo ponerme en contacto con tu padre. Traté de irme pero han
traído a un montón de personas heridas en el tornado. No me puedo ir. Necesito
que lo compruebes.
Mamá trabaja turnos de doce horas en el hospital que se encuentra a una hora
de distancia por lo que se encuentra fuera catorce horas al día. Incluso después
de sus más largos y estresantes turnos, nunca sonó tan estresada.

—Papá probablemente se quedó dormido —digo dibujando formas en las gotitas


de agua del Corolla. El viejo coche de mamá que obtuve después de que lo
cambiara por un Lexus—. Ya sabes cómo es en sus días libres.

Papá es un paramédico y sus turnos son incluso más extraños que los de mamá.
A veces trabaja medio día, otras veces son veinticuatro horas seguidas. Cuando
se encuentra en casa durante el día, normalmente duerme.

Mamá suspira.

—Solo apúrate a llegar a casa y llámame. Y cuídate, Ella. No puedo ponerme en


contacto con la señora Poe de la casa de al lado y tampoco puedo hacerlo con
tu padre. Es un manicomio aquí, y me estoy volviendo loca.

—Mamá, todo está bien —le digo—. Te llamaré apenas llegue a casa. Ahora ve
a atender a algunas personas.

El regreso a casa me lleva una eternidad. Una vez que estoy fuera de la zona
escolar, Main Street tiene un atasco de kilómetro y medio. Me asomo por la
ventana y veo las luces parpadeantes de un equipo de carretera arrastrando
árboles rotos fuera del camino. La valla a mi derecha se encuentra rota y hay
una vieja canoa boca abajo en medio de la zanja.

Mientras conduzco a lo largo, puedo ver el rumbo que el tornado tomó mientras
arrasaba a través de Hockley. A un lado del camino, todo se ve bien pero en el
otro, hay escombros de basura en el áspero suelo. Es inquietante, casi como si
estuviese manejando a través de una versión post-apocalíptica de mi pueblo.

El tráfico se pone un poco mejor cuando bajo por Cheery Street, pero el daño
todavía sigue en todas partes.

Una pequeña caravana que solía ser una oficina de bienes raíces se encuentra
en ruinas; el dueño, un hombre de mediana edad, se encuentra en el
estacionamiento con sus manos en la cabeza.

La destrucción continúa en una línea curva, líneas eléctricas caídas y coches


abollados. Paso el cementerio donde esos pequeños carteles de flores plásticos
están volteados y desparramados alrededor y se me revuelve el estómago.

Media hora más tarde de lo usual, llego a Canyon Falls, mi pequeño círculo del
vecindario que rodea a un masivo rancho de caballos. Nuestro barrio era una
comunidad planificada que al parecer molestó a los dueños del rancho porque
querían acres de lindas tierras en lugar de un grupo de casas. Afortunadamente
para nosotros, sus ranchos nos dieron una hermosa vista de los caballos en
nuestros patios traseros.

Canyon Falls tiene un lago artificial en medio del camino circular. Todas las
casas se encuentran técnicamente “frente al lago”, pero no podemos nadar en
él ya que se encuentra vallado y lleno de fuentes de agua.

Mis padres compraron una de las primeras casas en ser construidas aquí
cuando yo era bebé. Cuando llegas al vecindario, nuestra casa es la primera que
ves si miras directamente a través del lago.

Solo que ahora se ha ido.

No acabo de registrar todo al principio. Mi coche rueda hasta pararse frente al


patio de juegos donde Ethan y yo solíamos jugar de niños. Miro fijamente a
través de las barras, sobre el lago donde no puedes nadar, y directamente al
cielo que reemplaza el lugar donde solía estar mi casa.

Y luego todo me golpea a la vez, una masiva explosión de terror se atasca en mi


garganta y me hace temblar con tanta fuerza que apenas puedo conducir.

Mis neumáticos se queman como si corriera alrededor del círculo, golpeando el


freno al final de mi camino de entrada.

Mi casa es una pila de ladrillos y madera. Tejas y tuberías. Todo fuera de lugar.

Mi teléfono comienza a sonar pero apenas lo escucho. Otro terror hace que mis
ojos se llenen de lágrimas. Dejo mi teléfono en el coche y corro hacia lo que solía
ser mi puerta principal.

—¡Papá!

Mis pies crujen sobre el techo. Me tropiezo con el costado del marco de la puerta.
La pared derecha de mi casa sigue en pie, los muebles de la cocina abiertos y
los platos todavía en su lugar, como si esperaran a ser servidos.

—¡Papá! —grito, una y otra vez, rezando por escuchar su respuesta.

Por favor que esté bien.

Escucho una sirena en la distancia y camino con dificultad, pateando y


moviendo cosas que solían estar en mi casa. Los sofás permanecen en el medio
del salón como si nada hubiera pasado. Pero lo bueno es que papá no está allí.
Debe estar en otra parte, con vida y esperando por mí.

—¡Papá! —grito otra vez y sigo de pie en las ruinas, esperando escuchar algo en
respuesta. Las sirenas se acercan. Las puertas de los coches se cierran. En el
lago escucho personas gritando y observo que otras casas han sido destruidas.
Las personas se reúnen alrededor, pero ninguna se reúne aquí.

Tal vez papá se encuentra sano y salvo. Tal vez se acercó a ayudar a los otros
vecinos.

Me agacho y agarro un control de juegos y agua sale de él. Jugar video juegos
es el pasatiempo favorito de papá. Es un mega nerd en esto. Juegos de PC, Xbox,
le gustan todos. Y ahora han desaparecido.

Camino a través de lo que solía ser el pasillo, algo de esta parte de la casa sigue
en pie. Hay paredes y puertas pero el techo se ha ido. El segundo piso entero se
ha ido, por lo que todo lo que era mi habitación ahora es solo aire.

Escucho un quejido y rezo a Dios para que no sea mi imaginación.

—¡Papá! —grito, empujando una pieza de panel de yeso fuera del camino. Luego
lo veo. El baño del pasillo tiene un colchón sobre la bañera. Y se mueve.
Me apresuro y empujo el colchón fuera del camino.

Papá me mira. Tiene su frente toda ensangrentada e hinchada.

—¿Punk? —dice, mirándome con ojos salvajes.

—Oh, Dios mío, estás vivo. —Me arrodillo y agarro a mi padre en un abrazo, ni
siquiera importándome que algo filoso acuchille mi rodilla.

Las sirenas de repente se encuentran detrás de mí. Una ambulancia llega y


Marcus, el compañero de trabajo de papá, sale de repente.

Normalmente no puedes ver el patio delantero desde el baño. Ahora puedes verlo
todo.

Le grito a Marcus y se apresura y saca a mi padre de la bañera.

Más paramédicos llegan y los vecinos se amontonan. Dejo que se encarguen de


mi padre y regreso al Corolla para llamar a mamá. Todo sucede de manera
borrosa mientras mi cerebro comienza a tomar sentido de lo que pasa. Casi
puedo cerrar mis ojos y pretender que todo está bien.

Pero nuestra casa ha desaparecido.

En la mañana dejé mi cama sin hacer y mi laptop cargando en el escritorio.


Tenía unos nuevos esmaltes de uñas que ahora nunca usaré. Mis costosas
espátulas de glaseado y mis moldes para tartas, ahora doblados y tirados
alrededor de los escombros.

Todo ha desaparecido.

Un sollozo sube por mi garganta mientras saco mi teléfono del coche y miro
fijamente la pantalla.

Alguien me acaricia la espalda mientras pasa a mi lado, vecinos que pretenden


ser amables pero en realidad son solo tiburones esperando mirar la carnicería.

Esta mañana comenzó como otro aburrido día de escuela. Y ahora mi casa es
una pila de basura.
Mis manos tiemblan y una lágrima baja por mi mejilla. Hay cinco llamadas
perdidas en mi teléfono, todas de mi madre. ¿Cómo se supone que le diga que
todo lo que llama hogar se ha ido?
4
Ethan
Traducido por Angela Camarena
Corregido por Coral Black

El Burger Barn se encuentra casi vacío cuando llegamos y los empleados no


parecen demasiado emocionados por tener que apartar sus ojos de la televisión
para atendernos. Kennedy entrelaza sus dedos con los míos mientras nos
ponemos en fila detrás de Toby y Keith.

Ella hace un pequeño puchero.

—Vas a comprar mi comida, ¿verdad? No tengo dinero.

—Claro —le digo, mirando por encima de su cabeza para ver uno de los
televisores en la pared. Muestran una caravana destruida y entrevistan a un
anciano asustado. Una marca en la parte inferior de la pantalla dice que hasta
ahora no hay muertes, solo un montón de heridos.

—Amigo, Ethan debería comprar la comida de todos —dice Toby, dándose la


vuelta y arrastrando su mirada hacia mí.

Miro a la mujer detrás del mostrador que recibe las órdenes.

—No.

Ella se ríe y Toby saca su cartera a regañadientes.

—Ethan es un imbécil, ¿sabes? —le dice. Ella le da su cambio y él se aparta


para dejar que Keith ordene—. El bastardo podría darse el lujo de llevarnos a
todos a cenar filete, pero solo va a pagar por su chica. Eso está mal, hombre.
Keith toma un sorbo de la bebida que la cajera acaba de darle.

—Si no quieres que sea tan rico, deja de comprar sus camisetas.

Kennedy entrecierra los ojos hacia ellos.

—Sigan comprando las camisetas, chicos.

Uno de los chicos detrás de nosotros la llama cazafortunas y ella hace una
pequeña reverencia que estoy seguro piensa que es linda. Casi me molesta.

Todos venimos de familias adineradas, pero tenemos padres que quieren que
ganemos dinero por nuestros propios medios. Todos tienen un trabajo menos
Kennedy y mientras que sí, estoy feliz de pagar por mi novia porque es lo que
un caballero sureño hace, podría por lo menos decir gracias de vez en cuando.

Los chicos realmente no tienen ni idea de cuánto dinero estoy haciendo y mi


trabajo es tan genial que ni siquiera tengo que reportarme con un jefe todos los
días después de la escuela. Mientras que Toby y Keith trabajan en el Car Check
por el salario mínimo, cambiando aceite e inspeccionando coches, yo trabajo
desde casa, en mi ordenador.

Comenzó como una especie de broma. Hice este divertido diseño de nuestra
mascota de la escuela, el tiburón. Agitaba pompones y tenía los dientes
ensangrentados con una burbuja de diálogo que decía que los tiburones nunca
pierden. La cosa entera era una sátira, pero los profesores la amaron y la
quisieron en camisetas para el siguiente show de porristas. Me enteré de que se
puede subir el arte digital en línea a este sitio web y que puedes crear una tienda
donde puedes ganar una comisión por cada camiseta vendida. Las personas
piden la camiseta en línea, la compañía hace la camiseta y la envía. No tengo
que hacer nada aparte de seguir dibujando.

Ahora casi todos en la escuela tiene al menos una de mis camisetas. Kennedy
afirma que su popularidad se basa en su popularidad y dice que a nadie le
importarían si no estuviéramos saliendo. No le he dicho que las ventas no han
aumentado o disminuido desde que comenzamos a salir hace un mes. Se han
mantenido exactamente iguales.

Kennedy es el tipo de chica a la que le gusta tomar el crédito por las cosas, y
soy el tipo de persona a la que no le gusta que le griten por no estar de acuerdo.

Pedimos nuestra comida y tomamos asiento en la única mesa lo suficientemente


grande para todos nosotros. Es una enorme mesa en forma de L y Kennedy
insiste en que nos deslicemos en la parte de la curva para que haya más espacio.
Me hace sentir como un niño rodeado de adultos a ambos lados, pero lo que
sea.

Mamá llama, y como estoy en medio de dos hambrientos atletas que se han
convertido en uno con su comida, sé que no puedo pedirles que se levanten.
Kennedy mira por encima de mi hombro.

—¿Quién es?

Le muestro teléfono para que vea el nombre y la foto de mi madre y deje de


preguntarse si es alguna chica. ¿Cuándo hablo con alguna chica que no sea
ella?

—¿Hola?

—Hola, chico —dice mamá, dibujando sus palabras felizmente. Apuesto toda mi
compañía de camisetas a que se encuentra con su mejor amiga en Houston,
bebiendo más de una copa de vino.

—Hola, mamá. ¿Qué pasa?

—Solo saliendo con Melissa. Estábamos tan metidas en nuestra película que ni
siquiera nos dimos cuenta de que había un tornado allí. Supongo que te
encuentras bien, ¿verdad? Papá está atascado en el trabajo por una reunión así
que no volveremos por un tiempo. Me iré a casa pronto.

—Estoy bien, pero deberías estar sobria antes de conducir a cualquier parte,
mamá.

Mamá no es una alcohólica, pero sus visitas mensuales a la casa de Melissa la


hacen actuar como una universitaria salvaje. Es increíblemente asqueroso
cuando viene a casa y papá está allí. Ellos son la razón por la que fue inventada
la frase “consigan una habitación”.

—Psh, no estoy tan borracha, querido. Estaré en casa pronto. ¡Ten cuidado! ¡Te
amo!

Pongo los ojos en blanco. Keith me mira a través de la hamburguesa que


sostiene en sus manos.

—¿Te dijo que te apresures y regreses a casa porque el tiempo va a ponerse mal
de nuevo? —Todo el mundo se ríe por la imitación de su propia madre, que es
sin lugar a dudas, muy sobreprotectora y tiene la voz más áspera del mundo.

—Nah —digo, agarrando una patata—. ¿Se supone que volverá a estar mal?

Miro la televisión, sigue mostrando noticias del tornado. Parece que la mayoría
de los daños fueron hechos a la ciudad contigua, pero entre algunos de los
edificios destruidos y casas reconozco Hockley. No muestran nuestro barrio, así
que supongo que nuestra casa se encuentra bien.

La última vez que recuerdo que un tornado se acercó tanto, tenía casi once años.
Fue durante el verano justo antes de que comenzara la escuela y Ella estaba en
nuestra casa. Siempre estaba en nuestra casa durante el verano cuando sus
padres trabajaban porque mi mamá se quedaba en casa con mi hermana y
conmigo.

El pensamiento de Ella, una vez más hoy, hace que mi apetito salga por la
ventana, pero sigo metiendo las patatas fritas en mi boca, aunque solo sea para
parecer normal.

Kennedy le dice a todo el mundo que las porristas estarán solteras pronto y les
da consejos a mis amigos sobre cómo invitarlas a salir. Mi mente se desliza una
vez más a ese día con Ella y el tornado, trato de alejar los pensamientos, pero
como ese maldito tornado, van a hacer lo que quieran hacer.

Las alarmas de emergencia de la ciudad sonaban. La electricidad se fue y mamá


escuchaba una radio de batería, diciendo que desearía que mi padre estuviera
en casa. De acuerdo con las instrucciones en su manual de emergencia,
necesitábamos estar en un pasillo o un armario.

Así que eligió el armario en la habitación de mi hermana Dakota. Sacamos su


colchón de bebé de la cama infantil y lo pusimos dentro del armario,
empujándolo entre las paredes para que hiciera un techo a unos metros del
piso. Mamá hizo que Ella, Dakota y yo nos sentáramos contra la pared y debajo
del colchón. Dakota pensó que era impresionante y tenía sus muñecas jugando
con ella todo el tiempo.

Ella estaba asustada. Recuerdo poner mi brazo a su alrededor y abrazarla cerca,


tratando de actuar como mi padre actuaría si mi madre tuviera miedo. El
tornado nunca se acercó a nuestra casa, y pronto la electricidad volvió y todo
estaba bien.

Ella me dio las gracias por protegerla. Y fue exactamente allí cuando supe que
estaba enamorado de la chica de al lado. Por supuesto, a los once años de edad,
no era exactamente sutil con las niñas todavía. En lugar de eso, me volví loco el
resto de nuestra infancia, tratando de encontrar oportunidades para protegerla
y hacerla sentir segura.

Años más tarde, cuando decidió que me odiaba, la protegí de Corey, quien la
seguía empujando a la piscina. Se lo hice saber, golpeándolo directamente en el
rostro y gritándole que era mejor que no lo hiciera nunca más porque podía
lastimarla. Supongo que en mi estúpida mente preadolescente, golpear al chico
que seguía provocándola haría que le gustara más.

En cambio, solo la alejó. Hizo que el mismo tipo loco me dijera que la dejara sola
al día siguiente.

Hasta allí llegó la caballerosidad. Nos hemos ignorado más que nada desde ese
día.

Y ahora, irónicamente, cuatro años más tarde, un estúpido tornado nos reunió
nuevamente en el pasillo de atletismo. Por supuesto, a diferencia de nuestra
vieja amistad, eso no duró mucho tiempo.

—¿Listos? —pregunta Kennedy, haciendo una mueca a su teléfono—. Papá


quiere que vaya a casa porque aparentemente el tiempo se está volviendo malo
otra vez.

Agarra mi brazo mientras los chicos salen en avalancha de la cabina.

—¿Quieres venir a mi casa? ¿Tal vez el clima pueda llegar a ser muy malo y no
serás capaz de conducir a casa?

Sonríe dulcemente, su mensaje insinuante totalmente recibido. Y entonces


recuerdo lo perra que fue con Ella, y la idea de salir con mi sexy novia me
revuelve el estómago.

—No puedo —digo, tratando de parecer que estoy tan molesto como ella por la
oportunidad perdida—. Mis padres también me quieren en casa.
5
Ella
Traducido por Coral Black
Corregido por Light Feather

Le digo a mamá que nuestra casa sufrió “grandes daños” y que una vez que
haya terminado de salvar vidas, probablemente debería volver corriendo a casa.
No pude obligarme a decirle que nuestra casa de ladrillos de dos pisos, que una
vez fue una estructura rectangular, ahora solo tiene una pared y un baño de
invitados.

Tendrá que verlo cuando llegue.

Los paramédicos aseguran que papá no tiene lesiones serias. Solo está un poco
golpeado, pero dijeron que probablemente fue el colchón en la bañera lo que
salvó su vida. No puedo creer que estuviera allí, dentro de la casa, cuando todo
se derrumbó. La comprensión de que he estado muy cerca de perder a mi padre
hoy es casi demasiado para soportar.

Lo abrazo mientras habla con Marcus y algunos vecinos. Interrumpe su historia


sobre lo fuerte que sonó el tornado mientras atravesaba nuestra casa, pero no
me importa. Todo el mundo me observa con esas expresiones adultas de
compasión mientras abrazo a mi padre con fuerza, tratando duramente de no
pensar en lo que habría sucedido si hubiera llegado a casa y lo hubiera
encontrado muerto.

—¿Qué vamos a hacer? —pregunto.

Los labios de papá se aprietan en una línea plana y mira a Marcus y a algunos
de nuestros vecinos que están alrededor.

—Lo resolveremos —dice. Los otros se unen, diciendo que todo saldrá bien. Pero
no conocen a mi padre tan bien como yo, por lo que no escucharon el tono de
desesperación en la voz de Ben Lockhart.

Pero yo lo hice. Estamos jodidos.

Puedo sentir lágrimas calientes brotando de mis ojos y ahora que toda la
preocupación por las heridas de mi padre se ha ido, es como si todo el problema
de la casa pesara cuatrocientos kilos más. Camino de regreso por la acera, hasta
donde solía estar la puerta principal. Nuestro patio trasero es ahora un oasis de
ladrillos rotos y madera. Incluso veo la caja de un DVD tirada en el pasto en la
parte posterior del patio. La valla de madera que separa nuestro patio del de
Ethan fue derribada, y nuestra mesa para el patio y las sillas están en su
piscina.

Hago una mueca y me giro. Odio la piscina de Ethan. Hay demasiados recuerdos
dolorosos allí. Decido ahora mismo que la reconstrucción de la valla debe ser
nuestra primera prioridad. Dormiré en un montón de escombros antes que tener
que ver el patio trasero de Ethan todo el día.

La siguiente hora es un desenfoque surrealista. Las personas de las noticias


llegan y filman a papá, quien relata con emoción lo que fue ser despertado de
una siesta con el sonido de las sirenas y el silbido de un tornado que se
aproximaba. Me coloco a un lado, con los brazos cruzados mientras me inclino
contra mi coche. No quiero estar en el vídeo, otra triste chica después de una
tragedia. Los vecinos entran y salen, las personas de manzanas lejanas de
repente deciden conducir a través de nuestra calle para obtener un vistazo del
desastre. Realmente odio a las personas así, el tipo de personas que causarían
un destrozo solo para echar un vistazo a alguien muerto en la calle después de
una colisión. Ugh.

Mamá me envía un mensaje diciendo que está de camino a casa, y April me


pregunta si quiero que venga para darme apoyo moral. Le digo que no.
Realmente no quiero nada ni a nadie en este momento.

Tengo esta abrumadora sensación que sigue golpeándome mientras miro


alrededor de los coches, las personas y las luces brillantes de la furgoneta de
noticias.

Quiero ir a casa.

Pero eso es lo único que no puedo hacer ahora mismo. No hay más casa. Ya no
hay 1224 Canyon Falls Road.

Alguien pide pizza y la comemos sobre el maletero de mi coche. Ahí es cuando


me doy cuenta de que la camioneta de papá también es una pieza de metal
retorcido. Incluso si la hubiera aparcado en el garaje en lugar de la entrada, no
habría sobrevivido. Ese tornado tenía una venganza contra nuestra casa, y se
aseguró de sacarnos todo lo que nos importaba.

—¿Te encuentras bien? —pregunta papá cuando tiene un descanso de hablar


con las personas.

Trato de sonreír.

—Um, ¿cómo se supone que debo responder a eso?

Su labio tiembla y mira fijamente la rebanada de pizza en su mano.

—Lo sé. No tenemos ahorros, Punk. No sé qué diablos vamos a hacer. Mamá
quiere conseguir un hotel para las próximas semanas. —Sus labios se aplanan
y sacude la cabeza—. No podemos permitirnos eso.

Una puñalada de terror frío me invade mientras veo la misma emoción en los
ojos de mi padre. Él es el padre aquí. Se supone que tiene un plan. Pero se
encuentra tan perdido como yo.

—¿A dónde vamos esta noche? —pregunto, manteniendo mi voz baja cuando
una pareja mayor se nos acerca desde la otra calle. Reconozco a la mujer como
alguien que a menudo saca a pasear a su perro por el vecindario.

—Vamos a conseguir una habitación de hotel por esta noche —dice papá,
sonriendo a los extraños—. Después de eso, no tengo idea.

Cierro la caja de pizza y me alejo. Llego hasta el buzón de los Poe en la puerta
de al lado y luego me detengo, sin querer pasar su parte de la acera. Casa
destruida o no, todavía pretendo que nuestro vecino de al lado no existe. Desde
el segundo en que llegué a casa, sabía que no era bueno. Pero no tenía ni idea
de lo mal que realmente era con respecto al dinero. La mayoría de las personas
en nuestra calle son gente de bien. Mis padres construyeron nuestra casa con
una herencia y han estado luchando para llegar a fin de mes desde entonces.

Me agacho y me siento en el bordillo. Envuelvo mis manos alrededor de mis


rodillas y las tiro hacia mi pecho y toda la ansiedad y el miedo que había estado
tratando de mantener a raya viene rugiendo a través de mi subconsciente con
el poder sin restricciones de un tornado.

Dejo caer la cabeza sobre mis rodillas y lloro.


6
Ethan
Traducido por Coral Black
Corregido por Bella’

Mi teléfono comienza a vibrar cuando dejamos el Burger Barn. Bajo la mirada y


veo un mensaje que dice que mi vecindario estaba en la televisión. Antes de que
pueda responder, mi teléfono emite un pitido una y otra vez cuando varios
mensajes llegan a la vez. Supongo que todos mis amigos vieron el mismo canal
de noticias y quieren decirme lo mismo. Kennedy agarra mi teléfono y lo mete
en su bolsillo.

—¿Qué demonios? —digo, deteniéndome frente a mi camioneta.

—Estas con tu novia ahora mismo. No necesitas enviar mensajes de texto a las
personas.

—Oh, por Dios —murmuro, pasando mi mano por mi cabello—. Estás loca.

Me da un puñetazo en el brazo.

—Esa es una manera increíblemente grosera de hablarle a una mujer.

Toby pone sus puños en la boca y grita: —¡Maldición!

Keith solo se ríe.

Estoy de pie aquí preguntándome por qué estos chicos tratan de salir con las
amigas de Kennedy cuando todas son iguales a ella. Van a tocarme las pelotas
por el modo en que me trata cuando todas sus amigas harían lo mismo con
ellos. ¿Y qué exactamente me ha hecho salir con esta chica? Era tan dulce
cuando puso sus ojos en mí por primera vez después del baile de San Valentín.
Me salté el baile, por supuesto. Ese tipo de cosas son incluso más estúpidas
que el baile de graduación y yo estaba soltero en ese momento por lo que no
había razón para ir. Había estado con Toby y Jose en el Burger Barn cuando
Kennedy y unas cuantas de sus amigas entraron, todas arregladas y peinadas
profesionalmente. Les habíamos dicho a las chicas que debían descartar el baile
y salir con nosotros, Kennedy escribió su número en mi recibo y dijo que la
llamara.

Así que lo hice, y luego fuimos algo.

Y ahora es una persona completamente diferente. Mamá me advirtió que las


chicas como ella tienden a ser posesivas, pero este es otro nivel de locura. Y
aparentemente no se me permite decirle a Kennedy cuando está siendo una
loca.

Estoy en silencio mientras regreso a la casa de Kennedy, pero los chicos se


aseguran de mantener la conversación sin mí. Cuando llegamos a su casa,
Kennedy se inclina sobre el asiento delantero y planta sus labios con brillo sobre
los míos.

—Puedes tener tu teléfono de vuelta si dices por favor.

Me aparto y la miro fijamente, mi expresión en blanco.

—No tienes autoridad sobre mi teléfono, nena. —Levanto mi mano, con la palma
hacia arriba—. Entrégamelo.

Ella parpadea.

—¡Ethan! Dios, solo estoy jugando. —Poniendo sus ojos en blanco, me da mi


teléfono y luego se acerca para otro beso. Realmente no estoy de humor para
esto, pero la beso de nuevo, aunque solo sea para terminar la noche antes.

—Buenas noches —digo, observándola mientras se aleja. Normalmente la


acompañaría hasta su puerta principal y, tanto como me encanta la pequeña
conversación incómoda con su enorme ex-jugador de fútbol padre, opto por no
hacerlo esta noche.

Toby llama a mi ventana y la bajo.

—¿Qué pasa?

—Amigo, esa chica la tiene agarrada contigo —dice, encogiéndose para apartar
el cabello desaliñado de sus ojos—. ¿Cómo la fastidiaste tanto?

Levanto mis hombros.

—Fue grosera con Ella Lockhart y no me puse de su lado.

—¿Ella? —dice Toby, reconocimiento en sus ojos. Hemos sido amigos desde la
liga infantil, así que es consciente de mi pasado con la chica de al lado—. ¿Cómo,
la Ella?

—Amigo, no es así. Hace años que no somos amigos.

—Pero esa es con la que estabas obsesionado, ¿no? ¿Lo sabe Kennedy?

—No estaba obsesionada con ella y no, Kennedy no lo sabe.

Asiente.

—Bien.

Lo detengo antes de que regrese a su coche.

—¿Crees que debo romper con ella?

Sus ojos se abren.

—¿Kennedy? Como si pudieras salir con alguien más alto en ese tótem —dice
con un resoplido—. Deberías aguantar todo el tiempo que puedas.

Me rasco la ceja.

—Estoy empezando a odiarla.

—Pero es Kennedy Price —lo dice como si el nombre legal en su certificado de


nacimiento fuera de alguna manera una razón legítima para estar con alguien.

Dejo escapar un suspiro.


—Tal vez lo superará y volverá a ser genial.

—Lo hará. Solo hazle la pelota mucho. Cómprale un regalo o algo así.

Nos despedimos y conduzco hasta casa pensando en el consejo de Toby. Adular


a Kennedy es probablemente una buena manera de volver a ponerla de buen
humor, pero no estoy seguro de que sea así como deba funcionar una buena
relación. No debería ser tan miserable todo el tiempo.

Con la excepción de un par de citas aleatorias que fueron más incómodas que
románticas, no he salido exactamente con nadie en serio, así que esto es todo
nuevo para mí. Sé que la vida real no se parece en nada a las películas. Si fuera
así, Kennedy sería mucho más amable conmigo.

El sol empieza a ponerse cuando vuelvo a mi vecindario, el lago en el centro de


la carretera se vuelve naranja y amarillo. Canto junto con la canción en la radio
y no puedo creer que no lo haya notado antes.

La jodida casa de Ella se ha ido.

Aparco en el camino a una casa de la mía, porque hay demasiadas personas en


la calle. Mis padres no se encuentran en casa todavía, a juzgar por la entrada
vacía, pero no voy dentro a revisar.

Me duele el pecho cuando me acerco a la escena. Es exactamente como las cosas


que ves en la televisión. Sobras destruidas por un desastre natural, solo que
esta vez lo veo con mis propios ojos. Miro a mi casa, a la que solo le faltan unas
cuantas tejas de la azotea. Al otro lado del vecindario, dos casas más parecen
estar peores que la de Ella, si es que todavía se le puede llamar casa. La casa
de Ella tiene una pared restante y parte de un techo que se apoya contra dicha
pared.

Las personas están en todas partes. Pongo una mano en mi buzón en un


esfuerzo de desacelerar todo. No puedo creer lo que ven mis ojos y por primera
vez en mi vida estoy teniendo problemas para entender lo que hay delante de
mí.
Durante todo el tiempo que estuve sentado junto a Ella en el pasillo, mientras
el tornado giraba alrededor de nosotros, destrozando su casa, ella no tenía ni
idea. No teníamos ni idea de cómo este día terminaría drásticamente diferente
de cómo comenzó.

Mi labio comienza a sangrar y me doy cuenta de que estoy mordiéndolo


demasiado duro. Un sollozo llama mi atención y bajo la mirada para encontrar
a Ella justo allí, llorando en la acera entre nuestras casas.

—Ella —le digo, moviéndome hacia ella—. ¿Estás bien?

Me arrodillo y la empujo a mis brazos mientras llora. De repente estoy de vuelta


a ese armario con ella, la tormenta estallando alrededor de nosotros, y le digo
que estará bien porque la mantendré a salvo. Su cabello huele a manzana verde
y no puedo creer que todavía utilice el mismo champú después de todos estos
años. Solo que ahora el marrón de su cabello ha sido cubierto con reflejos
rubios. Su cuerpo se endurece bajo mi agarre.

Me empuja lejos, las palmas de sus manos golpeando duro contra mi pecho.

—¿Qué haces? —dice, sus hermosos rasgos retorciéndose en una mueca.

—Solo estoy… —empiezo. Otra lágrima cae por su mejilla mientras me mira, su
pecho agitándose con cada respiración—. Solo estoy asegurándome de que estés
bien.

—Eso no es asunto tuyo —dice.

Trago y me froto la frente.

—Lo siento, Ella.

—No tienes que disculparte —dice con un suspiro—. Solo vete. No somos
amigos.
7
Ella
Traducción SOS por Coral Black
Corregido por Bella’

Llevo las sábanas blancas almidonadas del hotel hasta mi barbilla y me giro,
mirando hacia la ventana. El movimiento debía alertar a mis padres del hecho
de que estoy despierta y puedo escuchar todo lo que dicen, pero continúan,
ajenos a mi existencia. Hace tres noches, cuando nos registramos en esta
habitación de hotel, un dormitorio con dos camas, estuve asustada y un poco
preocupada por dormir a solo medio metro de mis padres. Quiero decir, han
aprendido a no hacer cualquier actividad de adultos conmigo alrededor, pero
todavía era raro.

Por supuesto, escucharlos discutir sobre dinero era el último miedo en mi


mente, pero eso es todo lo que han hecho el fin de semana. Discutir sobre el
dinero y tomar turnos volviéndose locos. A veces se vuelven locos al mismo
tiempo.

No puedo culpar a mamá por estar enfadada con papá ahora mismo. Fue quien
dejó que el seguro de la casa caducara hace tres meses. Al parecer las cosas
han estado más apretadas de lo que me di cuenta, y el sueldo de mis padres
apenas sirve para pagar lo básico. Papá culpa al nuevo Lexus de mamá y el
creciente costo de la atención médica y mamá culpa a la tendencia de papá a
pedir comida para llevar del restaurante cuando trabaja.

—Tenemos que estar fuera de aquí al mediodía —dice papá, sonando


resignado—. Si nos quedamos otra noche, vamos a llegar al límite de la tarjeta
de crédito y no podemos dejar que eso suceda.

—Lo entiendo, Ben, pero ¿adónde más vamos a ir? Nuestros padres viven
demasiado lejos para ir al trabajo.

—¿Cómo va la idea del préstamo? —pregunta papá.

Mamá se queda en silencio por un largo tiempo y me la imagino sacudiendo la


cabeza, o tal vez reteniendo las lágrimas. Cuando habla, no puedo decir qué
emoción se halla en su rostro.

—Mis padres piensan que podemos resolver esto nosotros mismos. Ya sabes
cómo son.

Suena como si se estuvieran abrazando, e incluso sobre todas las discusiones,


me alegro de que todavía se amen. Me siento y saco las mantas, volviéndome
hacia mis padres.

—Solo necesitamos un plan de juego —les digo, de alguna manera pensando


que si sigo hablando, la respuesta a nuestros problemas saldrá de mi boca—.
Puedo quedarme con April y papá, ¿no puedes quedarte en la estación como lo
haces en turnos nocturnos? Mamá, ¿podrías quedarte con la tía Donna y
conducir más lejos para ir a trabajar? —La tía Donna vive en una casa de
reinserción, así que no es como si pudiéramos quedarnos, pero creo que una
persona podría quedarse temporalmente.

Mamá sacude la cabeza.

—No nos vamos a separar. Y esto es solo temporal, Ella. No tienes que
preocuparte. Nos pagarán pronto y deberíamos tener un reembolso de
impuestos en un par de semanas. Vamos a alquilar un apartamento o algo así.

Papá asiente mientras hace café en la pequeña cafetera del hotel.

—Esto es solo un pequeño revés, Punk. No tienes que preocuparte.

—¿Cuánto tiempo tardaremos en reconstruir nuestra casa? —pregunto.

Mis padres intercambian una mirada.


—No la reconstruiremos. Vamos a poner la parcela en venta.

—Crecí en esa casa —digo, frunciendo el ceño mientras mi pecho se aprieta.

Mamá asiente.

—Pero ya no es la misma casa. Estas cosas pasan. Nos recuperaremos.

Asiento, y el nudo en mi garganta me dice que se equivoca.

Pasamos el fin de semana en nuestra vieja casa, empacando todas las cosas que
podamos encontrar que siguen intactas. Encontré algunas prendas que todavía
son usables después de un lavado, algunos chicles y un esmalte de uñas.

La camioneta de Ethan se encuentra en su camino de entrada ambos días, pero


nunca sale. Todavía no sé lo que pensaba cuando trató de abrazarme. Una cosa
sé con seguridad: Ethan no es el mismo niño flacucho de mi niñez. Ha crecido
de todas las maneras posibles y su abrazo se sentía como estar envuelta en
sólidos músculos. Por eso tuve que alejarlo. Ya no es mi amigo. Es el novio de
Kennedy.

***
Aunque mis padres se toman el lunes libre del trabajo, me obligan a ir a la
escuela. April se encuentra conmigo junto a la enorme estatua de tiburón que
protege la entrada cerca del estacionamiento de estudiantes. Mi mejor amiga es
alta y delgada lo que hace un gran contraste con mi pequeño y rechoncho
cuerpo. Me da un rápido abrazo, asegurándose de no estrellar su café contra
mí.

—¿Me trajiste uno por casualidad? —le pregunto, dándole una sonrisa grande
e inocente.

Sostiene el vaso de café de papel y mi nombre está garabateado en el costado.

—Ya bebí el mío —dice.

—Gracias —digo, tomando el vaso—. Eres la mejor, mejor amiga de todas.


Lanza su cabello sobre su hombro.

—Lo sé.

Todavía tenemos unos minutos hasta que suene la campana del primer período
y April quiere saber todo lo que ocurrió este fin de semana. No pude contarle
todos los detalles, ya que nunca estuve lejos de mis padres el tiempo suficiente
para hablarle en privado. Han sido unas cuarenta y ocho horas duras y solo
una parte de eso tiene que ver con perder mi casa.

—Es raro —le explico mientras caminamos hacia la primera clase—. Como,
miraba la televisión y mis pies estaban fríos, así que quería unos calcetines. Y
entonces me di cuenta que todos mis calcetines se han ido. O como, cuando
tuve un antojo de un bollo de miel y luego me di cuenta de que ya no puedo ir
a la cocina y conseguir uno.

April frunce el ceño.

—Eso apesta tanto. Toda tu vida se ha como, ido. —Hace un gesto de puf con
sus manos.

—Lo sé. Mamá lloró durante diez minutos cuando encontró el disco duro con
nuestras fotos familiares. Todavía funciona así que está enloqueciendo con eso.

Estoy tratando realmente duro de mantener la conversación, pero es casi


imposible mientras caminamos por el pasillo. Todo el mundo me mira. Y estoy
bastante segura de que esta no es una de esas situaciones en las que crees que
estás siendo observada, pero en realidad no es así.

—Oye, ¿April? —digo en voz baja.

Asiente como si estuviera leyendo mi mente.

—Las personas te están mirando.

Mis mejillas enrojecen.

—¿Por qué?
—Bueno, los rumores dicen que eres la única que perdió su casa. Un chico de
primer año perdió su granero y el abuelo de este otro chico se lastimó muy mal.
Pero eres la gran historia. Tu padre salió en las noticias y todo.

Dejo escapar un suspiro lento, viendo las manchas rojas en el suelo de baldosas
mientras caminamos. Mi padre es bastante conocido por aquí porque cuando
éramos más jóvenes, siempre se ofrecía como voluntario para el día de las
profesiones y contaba historias sobre los desagradables pacientes de
emergencias que tuvo a lo largo de los años. En una pequeña ciudad como
Hockley, todo el mundo conoce a mi padre.

—Esto va a ser una pesadilla —murmuro mientras me inclino contra los


casilleros fuera de mi primera clase.

April pone un brazo alrededor de mis hombros.

—Mi madre me dijo que sois bienvenidos a quedaros en nuestra sala si lo


necesitáis.

April tiene seis hermanos y una casa de tres dormitorios. Solo he pasado la
noche allí una vez. El resto del tiempo viene a mi casa para que podamos tener
privacidad y nuestra propia habitación. Sonrío.

—Gracias, pero mis padres van a encontrar algo.

—¿Eres la chica que perdió su casa? —me pregunta un chico de primer año
mientras dos de sus amigos esperan la respuesta.

—Esa soy yo —le digo—. Avísame si la encuentras.

***
Los cuatro profesores de la mañana se esfuerzan por hablarme sobre lo que
pasó. No es como si hubiera perdido a toda mi familia en un suicidio/asesinato,
pero uno pensaría que fue dramático por la forma en que actúan. Me hacen un
montón de preguntas y muchas personas quieren saber si mi padre se
encuentra bien. He pasado los diecisiete años de mi vida mezclándome con la
multitud, así que de repente ser el centro de atención es como la idea de tortura
de la madre naturaleza.

En el almuerzo, estoy agradecida de ver que mi cuenta de almuerzo todavía tiene


veinte dólares en ella. Ya no puedo empacar un almuerzo de lo que esté en la
despensa y lo último que quiero hacer es pedirles dinero a mis padres. April y
yo compramos patatas fritas con queso y una soda y nos sentamos en nuestro
lugar en una mesa redonda cerca de las ventanas que dan al patio.

Debido a que mi suerte es astronómicamente horrible últimamente, levanto la


mirada en el momento exacto en que Ethan camina por el lado, su novia justo
al lado de él.

—Hola —dice, dándome un pequeño saludo.

¿Qué demonios?

Solo lo miro fijamente. No sé por qué. Tal vez estoy agotada por haber sido
forzada a hablar con tantas personas hoy, tal vez porque estoy con falta de
sueño por la desagradable habitación de hotel y no he sido capaz de tomar un
solo respiro en los últimos tres días sin tener el tornado en mi mente. Cualquiera
que sea la razón, solo lo miro.

Sus pasos vacilan y sus cejas oscuras se juntan.

—¿Estás bien?

—Está bien —dice April, con la voz llena de sarcasmo.

—Síp —digo cuando Ethan no deja de mirarme—. Estoy estupendamente.

No tengo que mirar a Kennedy para saber que me mira. El hecho de que no
quiere que su novio me hable, la chica que él piensa que es una acosadora
asquerosa, es suficiente para hacerme sonreír. ¿Por qué perder su tiempo y
preciosas células cerebrales siendo amenazada por mí? No soy nadie.

Kennedy da un paso atrás y abre los brazos.

—¡Atención todo el mundo! —grita, poniendo sus pulmones de porristas a buen


uso—. ¡Hola! ¡Necesito la atención de todos, por favor!

Me giro de nuevo a mis patatas fritas pero es obvio que esto es sobre mí.

—¿Qué haces? —le pregunta Ethan.

Kennedy dice: —Como todos sabemos, una de nuestras estudiantes perdió su


casa en el tornado. Es evidente que lleva la misma ropa que usó el viernes,
pobrecita.

Desde el otro lado de la cafetería veo el rostro enrojecido del señor Brown y
comienza a caminar hacia nosotros. Pero ahora Kennedy tiene los ojos de todos
en ella.

—Por favor, todos. Empecemos una donación de comida para Ella, ¿de acuerdo?
Estoy segura de que su familia podría usar toda la ayuda que puedan obtener.
La pobre chica parece que ni siquiera se ha duchado en días. Tal vez podamos
tomar turnos para comprar su almuerzo todos los días, ¿eh?

Todo mi cuerpo parece vibrar de ira. Las personas se ríen y otras regresan a
comer. Alguien grita algo que no puedo distinguir, pero Kennedy ha demostrado
su punto. Si hablo con su novio, puede avergonzarme fácilmente delante de la
escuela entera.

Ethan le dice algo y ella pone los ojos en blanco.

Golpeo mis manos sobre la mesa y me levanto, casi tirando mi silla.

La cafetería entera se vuelve a callar una vez más y hago contacto visual con el
profesor que sigue caminando hacia aquí. Creo que tengo unos diez segundos
hasta que llegue a este lado de la sala, así que es mejor que sea rápida.

—Ahora que Kennedy tiene su atención, me gustaría organizar otra recaudación


de fondos. —Mi corazón pesa y estoy increíblemente nerviosa, pero el deseo de
hacerla sentir tan pequeña como trata de hacerme sentir es demasiado fuerte.
No la dejaré ganar.

La señalo.
—Voy a recoger donaciones para ayudar a Kennedy Price a conseguir lo único
que no tiene. Una personalidad. Escuché que las venden en Japón, pero son
caras, especialmente desde que los doctores estarán trabajando en alguien tan
insulsa como nuestra líder de porristas. —Mi rostro se entume de los nervios,
pero me obligo a seguir hablando—. Las donaciones de cualquier cantidad son
apreciadas.

—¡Ya basta, chicas! —gruñe el señor Brown, señalándome con un dedo


rechoncho. Kennedy agarra a su novio por el brazo y lo empuja lejos, pero Ethan
encuentra mis ojos por un solo segundo.

Él sonríe.
8
Ethan
Traducido por katherin
Corregido por Coral Black y Bella’

Kennedy tira de mi brazo, sus uñas largas se entierran en mi piel cuando intento
resistirme.

—¿Qué demonios fue eso? —pregunto mientras nos dirigimos hacia nuestra
mesa. Quiero dar la vuelta y pedirle disculpas a Ella, pero quién sabe qué clase
de ira nos infligiría Kennedy a ambos si lo hiciera. Por suerte la mayoría de las
personas han vuelto a su comida, demostrando que la capacidad de atención
de los adolescentes nunca es tan larga.

El señor Brown se acerca a nuestra mesa de almuerzo al segundo que nos


sentamos. Se aclara la garganta.

—Señorita Price, ¿puedo hablar con usted?

Kennedy se da la vuelta en su silla y lo mira con su inocente mirada de angelito.


La he visto usarla con su padre para que nos permita pasar del toque de queda.

—¿En qué puedo ayudarlo, señor Brown?

Ni siquiera estoy bromeando. Bate sus pestañas hacia él.

Las líneas se profundizan en la frente del profesor y prácticamente puedo


escucharlo pensar que no le pagan lo suficiente para lidiar con esto.

—Puede ayudarme manteniéndose fuera de problemas durante el almuerzo.


Sabe que esa escena fue inapropiada.
Jadea, poniendo una mano en su pecho.

—¡Señor, solo trataba de ayudar! Quiero decir, la administración debería estar


avergonzada por no hacer algo primero. Esa pobre chica perdió su casa. Debería
estar hablando con Ella, ya que lo que dijo fue mucho peor que mi ofrecimiento
de ayudarla.

Él frunce el ceño.

—Solo mantén cualquier anuncio que puedas tener para ti, ¿de acuerdo?

Ella le da una sonrisa tímida.

—Por supuesto.

Se va rápidamente, probablemente feliz de haber cumplido con sus deberes de


profesor por el día. Lo veo marchar, curioso por ver si va a castigar a Ella
también.

—¿Qué miras? —pregunta Kennedy, colocando sus dedos delante de mi rostro.


Una nube de perfume viene de su mano—. Estoy hablando del baile, Ethan.

La miro, y luego al resto de mi equipo, y por primera vez me doy cuenta de que
Kennedy nunca ha invitado a una de sus amigas a sentarse con nosotros. Desde
el día que empezamos a salir, se mudó a mí mesa de almuerzo con los chicos,
haciéndose amiga rápidamente de todos ellos.

¿Dónde se sentaba antes de que empezáramos a salir? ¿Y por qué sus únicas
amigas son otras porristas que nunca parecen estar con nosotros a menos que
estemos en una de las asambleas motivacionales pre-partido?

Kennedy golpea la libreta delante de ella. Le compré el almuerzo, una ensalada


y una bolsa de Cheetos, pero ni siquiera los ha tocado. La planificación del baile
es más importante, supongo.

—De acuerdo, todavía estoy decidiendo entre el vestido rosa y el blanco. Tu traje
solo tiene que ser negro y coincidirá con cualquier corbata que te dé.

—¿Por qué te encuentras tan empecinada en ser una perra con Ella? —
pregunto—. Ni siquiera sabías quién era hasta el viernes.

Kennedy cierra su libreta de planificación del baile y la golpea en la mesa con


tanta fuerza que hace que todos los chicos alcen la mirada.

—¿Alguien podría decirme por qué mi novio se preocupa tanto por una estúpida
chica sin hogar que no es su novia?

Keith toma un bocado de su hamburguesa y se encoge de hombros.

—¿Porque solían ser mejores amigos?

Ah, mierda.

Su mirada se mueve hacia mí y siento la repentina necesidad de sostener uno


de esos escudos a prueba de balas que los equipos de swat utilizan.

—¿Tienes algo que decirme?

Intento actuar con normalidad y me estiro por un nugget de pollo.

—Solíamos ser amigos cuando éramos niños. Hace años que no hablo con ella.

Sus labios se aprietan en una línea delgada.

—¿De verdad? ¿Años? Porque los dos parecíais estar teniendo una gran
conversación cuando te vi en el pasillo el viernes.

—No es nada, Kennedy. Solo déjalo ir.

Deja escapar un resoplido y luego busca su mochila en el suelo.

—Ni siquiera quiero planear un baile en este momento —dice, como si fuera un
sacrificio épico.

Mete la libreta en su mochila.

Sé exactamente cómo quiero terminar esta conversación.

Quiero romper.

Solo que no lo digo, no aquí delante de todo el mundo. Hoy he sido espectador
de una de las escenas públicas de Kennedy. No hay necesidad de una repetición.
—Oye, ¿todavía voy a tu casa a estudiar para el examen de matemáticas? —le
pregunto.

Finge considerarlo por un momento y luego se encoge de hombros.

—Si quieres.

—Bien, genial.

Con mi determinación establecida, solo necesitaré sobrevivir el resto del día.


Luego iré directamente a la casa de Kennedy después de la escuela y romperé
con ella. Lo haré en la puerta de su casa, así evito la incomodidad de caminar
de regreso a través de su casa cuando se acabe. Cuanto más pienso en el plan,
más seguro estoy de que esta es la decisión correcta. No sé lo que pensaba al
salir con ella.

De acuerdo, tal vez sí. Estaba pensando: caliente, popular, me gusta.

Esto es solo la secundaria y sé que no importará en el futuro, pero ahora me


importa. No quiero ser conocido como el tipo que sale con alguien que es
posesiva y grosera como Kennedy Price, porrista ardiente o no. No puede salirse
con la suya por todos lados, incluyendo a su novio. Me había convencido con
sus pestañas coquetas y grandes cumplidos sobre mi habilidad atlética,
diciendo que me vio durante toda la temporada de fútbol, pero no tuvo el coraje
de acercarse a mí. Claro. Me atrajo y me creí todo, como un pez que es
demasiado estúpido para ver el anzuelo afilado debajo del cebo.

La próxima vez que salga con alguien, me aseguraré de que sea más que un
rostro bonito. Tendrá que valer la pena.

***
Cuando la campana suena antes del último período, salgo rápidamente de física
y giro a la izquierda, tomando deliberadamente el camino largo al pasillo de
atletismo para poder evitar a Kennedy. Por lo general, caminamos juntos hasta
el último período ya que tengo atletismo y ella tiene animación, pero estoy tan
impulsado por romper con ella que me temo que voy a soltarlo antes de que nos
encontremos en su casa. Romper con ella en la escuela sería una idea terrible,
así que estoy recurriendo a esconderme como un criminal. Al menos este es el
último día que tengo que preocuparme por ella.

Cuando llego al pasillo E, se encuentra casi vacío. Eso hace que la mochila rosa
de Ella destaque brillando incluso más de lo habitual. Cuando la abracé en mi
casa, me dijo que me fuera y tal vez solo soy un idiota, pero tengo que hablarle
de nuevo.

—Ella —digo, apresurándome para alcanzarla. Sus hombros se ponen


rígidos—. Oye, sobre lo de hoy en el almuerzo —continúo, ignorando el frío
encogimiento de hombros que lanza en mi camino—. Lo siento por Kennedy.
Eso estuvo fuera de lugar.

—No me molesta —dice, mirando al suelo mientras camina. La secundaria se


siente como hace décadas, pero ahora que estoy de regreso caminando a su lado
como solía hacer siempre, tengo el impulso de agarrar el asa en la parte superior
de su mochila y empujarla a un lado, al igual que en los viejos tiempos. Solía
reír, gritar y empujarme de vuelta, pero no importaba cuánto fingiera odiarlo,
siempre me esperaba después de clases para poder caminar juntos.

—Bueno, me alegro de que no te moleste, pero a mí me molesta —digo, luchando


por pensar en algo más que decir. Solo quiero hablar con ella, tan estúpido como
es—. Mira, Kennedy y yo somos… —tropiezo con mis palabras. ¿Debo admitir
que hemos terminado antes de avisarle a Kennedy?

Me mira y es todavía más guapa que en el almuerzo. El cabello de su largo


flequillo se desliza por su frente y se lo coloca detrás de su oreja.

—¿Una pareja? —dice, pensando que termina mi oración por mí.

Sacudo la cabeza.

—¿Cómo está tu familia? ¿Tienes un lugar donde quedarte?

Dobla los brazos sobre su pecho y se detiene frente a la sala de arte.


—No tienes que actuar como si te importara, Ethan. Siento que nuestros
muebles de patio se hayan metido en tu piscina.

—No he usado la piscina en años.

Sus ojos parpadean con algo de sorpresa, pero se recupera rápidamente y su


mirada en blanco regresa. Esta chica es buena en hacerme sentir indeseado.

Paso una mano por mi cabello. ¿Por qué es tan importante que le agrade de
nuevo? ¿Por qué me muero por hacerla sonreír? Ella es quien me odia y rechazó
mi enamoramiento todos esos años. Debo seguir adelante y alejarme, pero mis
pies siguen pegados en el suelo.

—Deberías llamarme si necesitas algo.

Su cabeza se inclina hacia un lado.

—No tengo tu número.

—Es el mismo que en la escuela —digo, dándome cuenta demasiado tarde de lo


que significaban sus palabras. Lo borró.

—Sigo sin tenerlo. Pero no te preocupes, estoy bien sin tu caridad.

Sonríe ahora, pero no es del tipo dulce que he estado esperando. Es un insulto
velado cuando gira sobre sus talones y desaparece en el aula de arte, cerrando
la puerta detrás de ella.

La campana suena y me dirijo hacia el vestuario. El entrenador nunca se da


cuenta si llegamos un poco tarde ya que tenemos cinco minutos para
cambiarnos de ropa. Después de ese intercambio con Ella, no estoy de humor
para hacer lanzamientos hoy. No recibió un teléfono hasta un par de años
después que yo, y para ese momento había memorizado mi número ya que me
llamaba desde el teléfono de su madre todo el tiempo. El hedor en el vestuario
es especialmente horrible hoy, pero eso no es lo que hace que mi rostro caiga.

No solo borró mi número de su teléfono, sino que lo olvidó por completo.

Lanzo mi mochila en mi casillero y saco mi ropa de gimnasia. Tal vez correr


unas cuantas vueltas me ayude a despejar la cabeza. Estoy a punto de cerrar
la puerta del armario de golpe cuando escucho mi teléfono vibrar. Me inclino,
ignorando a alguien que me dice que me apresure, porque ahora mismo solo
puedo pensar en la posibilidad de que tal vez Ella me haya enviado un mensaje
de texto.

Tal vez todo fue una mentira, o simplemente jugaba conmigo, y tenía mi número
después de todo. Mi corazón se acelera cuando alcanzo mi mochila, encontrando
mi teléfono. Abro el nuevo mensaje de texto y veo el nombre de mamá en la
pantalla en lugar del de Ella. Gimo y hago clic para leer el texto.

¡Buenas noticias! ¡Los Lockhart se van a quedar con nosotros por un


tiempo!
9
Ella
Traducido por Angela C.
Corregido por Bella’

Todavía quedan tres meses de clases, pero la señora Cleary parece haber
renunciado a enseñarle a los de último año cualquier nueva habilidad artística.
Todos los días durante las últimas dos semanas han sido días libres, y sigo con
mis acuarelas a pesar de que apestan. No soy una artista. ¿Conoces esos lienzos
abstractos de los museos de arte que se venden por millones de dólares y las
personas los miran y dicen que podrían pintar lo mismo?

Síp, yo no podría hacer uno de esos.

Me inclino sobre mi mesa, sentada sobre mis rodillas en el taburete, flotando


sobre la cartulina que uso como lienzo. Tomé diferentes tonos de naranja y
ahora estoy intentando hacer una puesta de sol. Solo que no puedo realmente
centrarme en las pinceladas porque sigo notando todas las obras de arte
alrededor de la habitación. Hay trabajos de arcilla, pinturas en lienzo y vitrales
de colores dejados por los estudiantes a través de los años. Uno de mis favoritos
es una tierra hecha de papel maché que es hermosa en una mitad, mientras
que la otra se encuentra ardiendo con llamas de papel tisú color naranja que
sobresalen por todas partes.

Pero ese no es el arte lo que llama mi atención. Son las colecciones de bocetos
en la pared, muy cerca del techo. Cinco piezas cuadradas, todas dibujadas por
el mismo chico. Veo los estampados en camisetas por toda la escuela. Los
trabajos de Ethan tienen la misma ironía de los bocetos que hacía cuando era
niño, pero ahora las bromas son más referentes a la cultura pop, como la taza
de café animada que tiene un rostro y una mano de palo que sostiene una varita.
Dice “Espresso Patronum” en la letra cursiva de Ethan y veo esa maldita
camiseta por toda la escuela.

No tengo ninguna de sus camisetas por razones obvias, pero hay varios de sus
diseños que me encantaría usar, si las cosas fueran diferentes.

Tengo que sacudirme físicamente en un esfuerzo por dejar de pensar en él y en


nuestra conversación en el pasillo. ¿Por qué trató de ser amable conmigo? Tal
vez solo se siente mal por las acciones de su novia. A pesar de que se ha vuelto
más caliente desde el octavo grado y es uno de los chicos más populares en la
escuela, probablemente sigue siendo el chico bueno que siempre ha sido. Esa
debe ser la razón detrás de su repentina necesidad de recordar que existo.

Acomodo mi cabello en un moño desordenado y me obligo a céntrame en la


estúpida pintura y la puesta de sol. Dentro de unos meses, la escuela terminará
y empezaré a tomar clases de cocina y pastelería, estaré tan ocupada intentando
comenzar mi propia tienda de cupcakes que fácilmente podré olvidar a Ethan.
De nuevo. Tal vez que el tornado destruyera todo fue algo bueno después de
todo. Significa que no tengo que volver a Canyon Falls Circle, y nunca tendré
que mirar la casa de Ethan otra vez.

Cerca del final de la clase, mis abismales habilidades de pintura han hecho algo
que realmente se parece a una puesta de sol. Añado algunos tonos morados y
rosas, mezclándolos en el horizonte. Tal vez una pizca de brillo la hará resaltar
y ser algo digno de colgar en la pared.

Me doy cuenta un segundo demasiado tarde que no tengo paredes en este


momento. Agh.

Meto mi mano en mi bolsillo para cambiar la canción del teléfono. La señora


Cleary nos deja trabajar con música, siempre y cuando tengamos auriculares.
Hay un nuevo mensaje y un correo electrónico de mi madre. El asunto del correo
electrónico dice: AQUÍ ESTÁ EL PLAN.
Leo primero el mensaje.

Mamá: ¡Te envié un correo electrónico!

Pongo los ojos en blanco. En un mundo donde recibo correos electrónicos y


mensajes al mismo tiempo, no sé por qué siente la necesidad de avisarme
cuando me envía un correo electrónico.

Abro el correo electrónico, que envió desde su cuenta de trabajo. Sus correos
electrónicos de trabajo son siempre molestos en todos los sentidos, ya que
utiliza mayúsculas para rellenar los formularios del hospital. Casi no me
molesto en leerlo hasta después de la escuela, pero la palabra Poe sobresale
como algo que mamá nunca escribiría. No le gusta la poesía clásica, entonces…

Me congelo mientras recorro las palabras en la pantalla, y luego me obligo a


leerlas muy, muy lentamente. Esto no puede estar sucediendo.

ELLA,

¡BUENAS NOTICIAS! ESTAREMOS CON LOS POE HASTA QUE SEPAMOS


QUÉ HACER. VE ALLÍ DESPUÉS DE LA ESCUELA, Y PAPÁ Y YO
ESTAREMOS ALLÍ DESPUÉS DEL TRABAJO.

TE AMO,

MAMÁ

***
Los ojos de April se ensanchan cuando se encuentra conmigo dentro de mi
coche después de la escuela. Le mande un SOS y 911, y después cincuenta mil
emojis con cara de pánico. Realmente no hacen un emoji para definir cuando
tu vida ha sido completamente arruinada, así que tuve que ser creativa.

—¿Qué es? —dice, agarrando mis brazos y sacudiéndome. Es más alta que yo,
así que casi parezco una niña siendo abusada por su madre—. ¿Te estás
muriendo?
—Muriendo de mortificación, sí.

Su nariz se arruga.

—Agh, chica, esa es la peor clase de dolencia. Necesito detalles.

Sacudo la cabeza y ni siquiera puedo decirle las palabras. Así que le doy mi
teléfono y dejo que lea el correo. No puedo dejar de mirar alrededor del
estacionamiento, esperando que ninguno de los estudiantes que caminan hacia
sus coches sea Ethan. No puedo soportar la idea de verlo ahora mismo. O en
los próximos minutos cuando llegue a su casa. O alguna vez.

—Mierda —dice April, devolviéndome el teléfono—, ¿por qué harían eso?

—Porque sus padres y mis padres son amigos. No creo que comprendan
realmente el hecho de que no he estado allí en cuatro años. —Un sollozo se
atasca en mi garganta y me doy la vuelta, apoyándome en mi coche—. No puedo
hacer esto, April.

Acaricia mi espalda.

—Sí, puedes. Eres Ella Lockhart, la chica que se enfrentó a esa perra, Kennedy.
Piensa en cuánto odiará saber que duermes en la casa de su novio.

Me rio.

—Sí, eso podría ser divertido. Pero ver a Ethan todos los días va a ser lo peor.

April agita una mano.

—Nah. Solo evítalo y sigue ignorándolo. No dejes que sepa que te molesta. Eres
fuerte. Puedes hacerlo.

—Gracias —le digo—. Tienes razón. Puedo hacer esto.

***
La señora Poe es el ama de casa perfecta y tiene un blog de madre para
demostrarlo. Es la reina de Pinterest y cocina una comida equilibrada casi todas
las noches. Por la apariencia de su puerta principal, con una corona de flores
con motivos primaverales, diría que solo ha mejorado sus habilidades
domésticas desde la última vez que estuve aquí.

Me trago los nervios y me obligo a no recordar esos tiempos. Salí de esta casa
llorando después de que Corey me diera la noticia. Sería tan fácil volver a esta
casa llorando nuevamente. Pero no lo haré. Me aferro a la mentira que April me
dijo en la escuela: que soy fuerte, y la utilizo como arma contra toda la ansiedad
que sacude mis piernas cuando presiono el timbre.

Al menos la camioneta de Ethan no se encuentra aquí. Tal vez pueda entrar en


la habitación de invitados y desaparecer antes de llegue a casa.

La señora Poe aparece un segundo más tarde, con el cabello cortado al estilo
bob y teñido de un fuerte rojo.

—¡Ella! —dice, abrazándome debajo de la entrada—. ¡Estás tan hermosa! No


puedo creer que haya pasado tanto tiempo desde que te he visto. —Me lleva
dentro—. Dakota llegará pronto. Está emocionada por tenerte aquí.

Dakota era una niña muy dulce cuando éramos más jóvenes. Me pregunto si
sigue siendo la misma, o si convertirse en una adolescente la cambió. Su casa
todavía huele a sidra de manzana caliente y me pregunto si ese olor está dentro
en las paredes o algo así. Además de algunos muebles nuevos, sigue siendo el
mismo lugar que recuerdo. Mi pecho se contrae con todos los recuerdos no
deseados que inundan mi mente.

—¿Dónde está Ethan? —pregunto, ya que es obvio que solo mencionó a uno de
sus hijos hace un segundo. Tal vez tenga suerte y la respuesta será que se mudó
a Fiji para estudiar en el extranjero y no volverá por meses.

—No te preocupes por él —dice, apretando mi hombro mientras me conduce a


la cocina—. Le dije que sea amable contigo y, además, han pasado años desde
que le rompiste el corazón, chica. Estará bien.

Espera. ¿Qué?

La señora Poe abre la nevera.


—¿Puedo ofrecerte una bebida?

—Té dulce, si tienes.

Sonríe y agita una mano bien cuidada hacia mí.

—Por supuesto que lo tengo. Lo hice con edulcorante natural, no azúcar. Te


traeré un vaso.

¿Por qué cree que rompí el corazón de su hijo? Debe haberse perdido en la
traducción de lo que Ethan le dijo cuando dejamos de salir. Tal vez me confunde
con otra chica, pero no voy a preguntar y sacar todo de nuevo a la luz.

Tomo mi té y la señora Poe explica que mis padres se quedarán en la casa de la


piscina, que se convirtió en una habitación de un dormitorio y un baño de
huéspedes hace unos años. Lo recuerdo como una habitación llena de flotadores
para piscina y trajes de baño, pero supongo que se ve mucho mejor ahora que
ha sido renovada.

Me alojaré en el cuarto de juegos en lugar del viejo dormitorio de invitados. La


señora Poe me muestra la habitación de invitados, que ahora es su oficina. Se
toma su blog de madre muy en serio. Hay premios en las paredes, estanterías
llenas de libros y fotos de sus hijos a lo largo de los años. El lado izquierdo de
la habitación se parece a una tienda de artesanías y todos sus suministros se
encuentran ordenados y etiquetados cuidadosamente. Veo una foto enmarcada
de Ethan y yo en Halloween, cuando teníamos cinco años. Él estaba vestido
como el hombre de hojalata mientras que yo era Dorothy.

Corro mi dedo por el marco mientras que la señora Poe habla sobre su blog y lo
ocupada que ha estado manteniéndola. Al parecer, casi voló a Nueva York para
un programa de televisión, pero no funcionó.

El teléfono de la casa suena y ella salta.

—Tengo que contestar eso —dice corriendo fuera de la habitación—. Ve al cuarto


de juegos, cariño. Tengo un colchón inchable preparado para ti.
La oficina de la señora Poe y el dormitorio principal están en el primer piso de
su casa, y por lo que recuerdo, el cuarto de juegos es la sala más grande del
segundo piso. Hay un pasillo corto al final de las escaleras. A la derecha se
encuentran las habitaciones de Dakota y Ethan, y a la izquierda la sala de
juegos, que es el doble de tamaño de los otros dormitorios. Pasé mucho tiempo
allí cuando era una niña. Ethan solía tener una enorme televisión y una mesa
de fútbol.

Mi mano se arrastra a lo largo de la barandilla mientras subo las escaleras,


notando que la alfombra es nueva y las personas en los retratos de la pared han
envejecido y cambiado con el tiempo.

Cuando llego al segundo piso, el instinto me hace girar a la derecha. No sé por


qué lo hago, tal vez curiosidad mórbida o tal vez solo estoy esperando encontrar
la razón por la que Ethan ha sido amable conmigo últimamente.

Mis manos tiemblan mientras me acerco a su dormitorio. Miro detrás de mí y


luego empujo para abrir su puerta.

Su cama individual fue reemplazada por una matrimonial, las sabanas de Star
Wars cambiadas por un edredón de color azul oscuro. Tiene sus trofeos de fútbol
en una estantería y un escritorio con un ordenador portátil y una colección de
iPods viejos. En cierto modo es exactamente igual a lo que solía ser, pero
también es diferente. Hay desodorante en la cómoda al lado de una pila de
camisetas de su empresa online. Me siento en su escritorio y doy vueltas en la
silla. Su habitación huele a canela; como las grandes cantidades de chicle Big
Red que siempre mastica. Supongo que algunas cosas nunca cambian.

Hay una tableta al lado de su portátil y veo un bloc de notas abierto en una
página en blanco. Lo recojo y hojeo los dibujos, todos son bocetos para diseños
de sus camisas. Se siente mal revisar sus cosas, pero no puedo detenerme.

Mi corazón duele por el mejor amigo que solía tener, pero el odio arde más fuerte
en mis venas. ¿Cómo pudo hacerme eso? Si no le gustaba, podría habérmelo
dicho. No tenía que hacer que Corey lo hiciera por él.
Pongo el bloc de notas exactamente donde lo encontré. El sonido de pasos
subiendo por las escaleras hace que el vello de mi nuca se erice. Mi aliento se
atasca en mi garganta. Tal vez sea solo Dakota. Creo que los de la escuela media
salen de la escuela al mismo tiempo que nosotros. Por favor, por favor, que solo
sea Dakota. ¿Cómo le explicaré por qué estoy aquí sin parecer un bicho raro?

Me pongo de pie, con la esperanza de actuar como si simplemente hubiera ido


en la dirección equivocada y terminase en la habitación equivocada, pero mis
piernas no se mueven. El miedo me mantiene pegada a la silla y, en un instante,
es demasiado tarde.

Kennedy Price aparece en la puerta. Su boca se abre y una punzada de miedo


hace que todo se vuelva borroso.
10
Ethan
Traducido por katherin
Corregido por Bella’

—¿Qué demonios haces en la habitación de mi novio?

¿Ah? Miro hacia arriba por las escaleras para encontrar a Kennedy con las
manos cerradas en puños mientras está en la puerta de mi habitación. Subo el
resto de las escaleras corriendo para ver qué sucede. Kennedy se me adelantó
porque mamá me detuvo en el pasillo para darme otra advertencia para que sea
amable con Ella. Como si sus cinco mensajes no fueran suficientes.

El rostro de Ella me mira fijamente mientras miro por encima del hombro de
Kennedy. Se ha puesto completamente pálida, sus dedos todavía descansan en
mi bloc de dibujo. Se pone de pie y mete la silla de mi computadora debajo del
escritorio.

—Me perdí —dice, sin mirarme a los ojos—. ¿Dónde queda la sala de juegos?

Intenta salir pero Kennedy la bloquea en la puerta.

—No contestaste mi pregunta, perra. ¿Por qué estás en el cuarto de Ethan? ¿Por
qué estás en su casa?

Tomo el brazo de Kennedy y la empujo hacia el pasillo. Mantengo mi voz lo más


nivelada posible.

—Puedo explicar todo esto pero no puedes seguir gritando. No quiero que mi
madre venga aquí.
—¿Mejor? —grita en susurros Kennedy. Señala con el dedo hacia el pecho de
Ella—. ¿Por qué está aquí?

Tomo su dedo y lo bajo.

—Se quedará aquí hasta que sus padres consigan una casa nueva.

—Sí, eso no sucederá —dice Kennedy. Se vuelve a lanzar hacia Ella, pero me
aferro a su brazo—. ¡Fuera! —grita, y no hay manera de que mi madre no haya
escuchado eso. Esto no es lo planeé para esta tarde. Se suponía que íbamos a
ir a la casa de Kennedy, pero luego insistió en venir a la mía. Entonces, iba a
sentarla y decirle exactamente por qué estábamos terminando. Parece que
Kennedy no va a escuchar mi discurso de ruptura bien ensayado ahora mismo.

—Mira, necesitas relajarte —digo, nivelando mi mirada con la suya—. No voy a


dejar que comiences un escándalo en mi propia casa.

—Ella es quien comienza el escándalo aquí, no yo —dice. Incluso más bajo que
yo, se las arregla para parecer aterradora—. Dijiste que no eras su amigo. ¿Por
qué está aquí?

Ella se mueve hacia adelante, empujando a Kennedy fuera del camino para que
pueda entrar en el pasillo.

—No somos amigos —dice, de pie junto a Kennedy, aunque es más baja que mi
futura exnovia—. Estaba en su habitación porque su madre me pidió que
revisara si había platos sucios. Confía en mí, este es el último lugar en el que
quiero estar.

Pasa por delante de mí como si ni siquiera estuviera aquí y entonces mueve su


mano hacia mi dormitorio.

—Es todo tuyo.

—Perra —murmura Kennedy mientras entra en mi habitación, tomándome de


la mano. Ella se mete en la sala de juegos y cierra la puerta después. Bajo la
mirada a mi mano mientras Kennedy se sienta, nuestros dedos enlazados. Todo
acerca de esta chica me repugna ahora. Incluso si Ella fuera solo una
desconocida que no conociera mi pasado, todavía estaría horrorizado por cómo
Kennedy la trató. Saco mi mano de la suya y la meto en mi bolsillo.

—Escucha, Kennedy. —Me detengo y respiro profundamente. No recuerdo


ninguna de las palabras que ensayé antes de venir aquí. Supongo tendré que
decirlo así sin más—. Estamos rompiendo.

Sus cejas se juntan y sus mejillas se ruborizan.

—¿Qué? No, no lo estamos.

Sacudo la cabeza.

—No era una pregunta. Estoy rompiendo contigo. —Mis ojos se deslizan de sus
ojos a su temblorosa mandíbula. Está a punto de llorar o gritar y no quiero lidiar
con ninguna de las dos, así que sigo hablando—. Hay muchas razones para ello,
pero ya no estoy en esta relación. Lo siento, pero hemos terminado.

Su lengua recorre su labio inferior y suspira. Cuando me mira, sus ojos se llenan
de lágrimas.

—¿Por qué me haces esto? Hace poco que estamos juntos, Ethan.

—Lo sé, pero ya no siento lo mismo.

Bufa y cruza sus brazos.

—¿Quieres sexo? Porque estoy bien con eso.

Sacudo la cabeza.

—No. No hay solución, ¿de acuerdo? Vamos a terminar ahora y seguir con
nuestras vidas.

—No podemos seguir con nuestras vidas —dice, la agitación regresando a su


voz—. ¡Somos el futuro rey y reina del baile, Ethan! Trabajé muy duro para
llegar hasta este punto, así que todavía tendrás que subir al escenario conmigo
y ser mi cita para el baile de graduación, novio o no.
—No creo que sea así.

No hay manera de que funcione así. Nunca he sido una persona de bailes y todo
este tiempo, supongo que estuve esperando que la nominación al rey del baile
de graduación no terminara conmigo como ganador. Todavía no estoy
entusiasmado con la idea de usar un traje, y mucho menos de ir con Kennedy.
Si me dieran la opción, me quedaría en casa holgazaneando y mirando Netflix
mientras como una gran pizza.

Me mira fijamente, queriendo una explicación. Tiene que haber una forma de
salir de esto sin que termine en una humillación total delante de mi madre, pero
me da pánico y hago exactamente lo que me prometí no hacer. Hago una falsa
promesa.

—Mira, tal vez las cosas estarán mejor para el baile, ¿de acuerdo? Vamos a
romper por ahora y ver cómo va.

Su mandíbula se vuelve rígida.

—¿Quieres enrollarte con Ella? ¿De eso se trata?

Me rio tan fuerte que sale como un resoplido.

—No pasará. Me odia.

Kennedy pone una mano en su cadera.

—Estoy segura de que puedes hacerla cambiar de opinión.

Sacudo la cabeza.

—No conviertas esto en algo que no es. Te acompañaré hasta tu coche.

Todas mis oraciones son contestadas cuando Kennedy se va sin causar una
escena épica delante de mi familia. El autobús de Dakota llega cuando estoy
caminando con Kennedy hacia su coche y no dice nada. No es que lo esperara,
ya que a Kennedy no le gusta mucho mi hermanita.

—Así que la familia de Ella se queda con nosotros, ¿escuchaste? —dice Dakota
mientras volvemos a entrar. Su largo cabello negro se encuentra en dos trenzas
que cuelgan sobre las correas de su mochila. Ha atado un lazo de cinta rosa
alrededor de cada trenza y pienso en cómo Ella hacía lo mismo hace mucho
tiempo. Tal vez eso es lo que inspiró el peinado de mi hermana.

—Sí —digo en voz baja cuando llegamos a las escaleras—. Realmente no quiero
hablar de ello.

—¿Vas a ponerte triste otra vez como lo hiciste cuando dejó de ser tu amiga?

Le doy un empujón juguetón contra la pared mientras subimos las escaleras.

—Shhhhhh.

Ella está de pie en la puerta de la sala de juegos, apoyada contra el marco


cuando subimos las escaleras. La boca de Dakota se abre.

—¿Ella? ¡Tu cabello es tan corto!

Se ríe y se toca el cabello.

—No es tan corto. —Está unos centímetros por debajo de sus hombros.

—Bueno, recuerdo cuando llegaba hasta tu trasero —dice Dakota. Luego deja
caer su mochila al suelo y envuelve a Ella en un abrazo—. Te extrañé.

—También te extrañé, chiquilla. —Ella retrocede y compara sus estaturas con


su mano—. De acuerdo, eres exactamente igual de alta que yo ahora. No es
justo.

Mi hermana sonríe.

—Creo que soy un poco más alta, en realidad.

Los ojos de Ella se amplían.

—Estoy totalmente golpeándote por eso.

Se ríen y un extraño nudo se forma en mi estómago. Ver a Ella divertirse con


mi hermana es exactamente como hubiera imaginado que una novia sería. Solo
que Kennedy, siempre quiso estar sola y nunca perdió la oportunidad de decir
lo molesto que era estar con una chica de trece años alrededor.

Tomé una buena decisión al romper con ella. Ahora solo necesito encontrar a
una chica como Ella. Ya sabes, alguien que no me odie.

Ella se queda en el pasillo después de que Dakota entra en su habitación para


hacer la tarea. Mira fijamente sus uñas.

—Espero que no haya sido por mí.

Levanto una ceja.

—¿De qué hablas?

Sus labios se deslizan hacia un lado de su boca.

—No es que estuviera escuchando a escondidas, pero rompiste con Kennedy,


¿verdad?

Alarga el silencio mientras espera una respuesta y el tragaluz encima de las


escaleras brilla directamente en sus ojos. Tengo la súbita necesidad de empujar
su cabello detrás de su oreja, para ver si su mejilla se siente tan suave como
parece.

Maldición, esto no es bueno.

—¿Has visto la sala de juegos?

Asiente.

—Por unos segundos, sí.

Ignoro la sensación de hormigueo en mi estómago y me muevo para que me


siga. Mamá ya preparó un colchón de aire y limpió parte del lío que dejé atrás.
Durante tanto tiempo Ella fue mi mejor amiga y luego fue simplemente la
desconocida de al lado. Quien me rompió el corazón. Ahora está aquí, en mi
casa, durmiendo en la misma habitación que solía aguardar nuestros fuertes
de mantas y maratones de películas de Harry Potter.

Deslizo una mano por mi cabello.


—Déjame mostrarte el gabinete de licores. Algo me dice que podemos necesitar
un trago.
11
Ella
Traducido por katherin
Corregido por Bella’

La sala de juegos también ha pasado por una renovación desde la última vez
que estuve aquí. Hay nuevos sofás de cuero marrón detrás de una magnífica
alfombra azul y gris que es tan esponjosa, que quiero quitarme los zapatos y
caminar sobre ella. Todavía hay una mesa de futbolín y la vieja máquina de
Pacman del señor Poe se encuentra en la esquina. El televisor ha sido
reemplazado por uno de pantalla plana montado en la pared y es al menos tan
largo como yo de alta. Al otro lado de la habitación se encuentra la puerta del
pequeño cuarto de baño y el suelo está cubierto de alfombra de caucho en lugar
de alfombra normal. Varios equipos de levantamiento de pesas llenan esa
esquina, haciendo de gimnasio personal de Ethan.

Me imagino que debe usar las pesas mucho, porque un pecho tan ancho como
el suyo no se mantiene sin dedicación. El calor corre hacia mis mejillas. ¿Estará
ejercitándose mientras me quedo aquí?

—Aquí estamos —dice Ethan, levantándose de la mini nevera en la esquina de


la habitación. Por encima de la nevera se encuentra el tesoro de su padre: una
camiseta enmarcada de los Dallas Cowboy firmada por Troy Aikman.

Ethan sostiene una botella de vodka y dos copas.

—Ven aquí —dice, poniendo las copas en la mesa de al lado—. Vamos a brindar
por lo extraño que es esto.
Camino, pero no me estiro por la copa. Le doy una mirada afilada, deteniéndome
por un momento mientras mi cerebro trata de averiguar lo que sucede aquí.

—¿Así que ahora bebes?

Lanza la cabeza hacia atrás y toma el trago.

—No. Realmente no.

—Pareciera que sí —digo con un resoplido mientras se sirve otra.

Me ofrece la otra copa.

—¿Me dejarás beber solo?

—Estoy pensando en ello —digo, tomando la copa y sosteniéndola hacia


arriba—. Esto es totalmente ilegal, Ethan Poe.

Se encoge de hombros.

—Tendré dieciocho en dos meses.

Bebo la copa de un solo trago.

—Aun así, no es legal.

Agh, el vodka me quema la garganta y me pica los ojos. Trato de actuar como si
no me afectara.

Ethan sonríe.

—Es legal en Europa.

Empujó mi copa hacia él, haciendo un gesto de una más. Esta cosa es
asquerosa, pero si esto es lo que se necesita para estar alrededor de mi enemigo,
entonces supongo que voy a tener que tomar otro trago.

—No estamos en Europa.

—Ah, sigues siendo tan sarcástica como recordaba. —Toma mi mano,


sosteniendo la copa para mantenerla firme mientras vierte otro trago. La
sensación de sus dedos sobre los míos envía una sacudida a través de mi cuerpo
que es más fuerte que cualquier cosa en su botella de vodka. ¿Cómo es posible
odiar tanto a alguien, pero todavía querer que te guste?

Tomo una respiración profunda para estabilizarme y luego bajar el segundo


trago. Nunca he bebido licor puro antes, así que no tengo ni idea de cómo lo
manejará mi cuerpo. Pongo la copa sobre la mesa y camino hacia los sofás.
Tengo la sensación de que Ethan y yo estamos jugando un juego en el que
actuamos como si no estuviéramos locos por estar juntos.

Hasta aquí llegó el ignorarlo.

La televisión se enciende y el sofá se hunde cuando Ethan se sienta en el lado


opuesto, tan cerca del apoyabrazos como puede.

—He tomado tres tragos y tú solo dos —dice, señalándome. Todo lo que veo es
la forma sexy en que sus músculos del antebrazo se aprietan mientras su dedo
apunta directamente a mi pecho—. Me debes uno.

—Guárdalo para más tarde. —Mis músculos se relajan y me hundo en el sofá,


sin saber si es el alcohol o la sonrisa de Ethan lo que me hace sentir tan débil.

—Entonces supongo que te encuentras atascada conmigo —dice Ethan


mientras pasa los canales de la guía de televisión.

—¿Qué se supone que significa eso? —Juego con la costura del sofá, pasando
mi dedo por las puntadas—. Podría sacarte de una patada ahora mismo si
quisiera. Creo que tu madre me respaldaría.

Me da una sonrisa torcida.

—He estado esperando eso desde que entré aquí —dice—. Supongo que sigo
teniendo suerte cada minuto que no me dices que me vaya.

—¿Por qué es eso suerte? —pregunto, volviéndome hacia él en el sofá—. ¿Por


qué estás aquí, tratando de ser amable? ¿Tratando de compensar el pasado o
algo así? —La habitación gira un poco, pero mantengo la mandíbula rígida—.
Mira, el pasado es el pasado, Ethan. No tienes que compensar lo que hiciste. Lo
superé.

Mentiras, por supuesto. Pero él no puede saberlo.

Parpadea y se sienta recto en el sofá.

—¿Lo que yo hice?

Lo miro, sin expresión. ¿Realmente vamos a hablar de esto ahora? Decido que
no.

—Cambio de tema —digo inclinando mi cabeza hacia atrás para mirar el


techo—. Estoy sin hogar y atrapada viviendo en la casa de mi antiguo mejor
amigo. También estoy bastante segura de que Kennedy podría tratar de
asesinarme mientras duermo y, sin embargo, eso me asusta más que el hecho
de que mis padres están totalmente en bancarrota.

—No dejaré que te mate —dice, mientras busca algo que ver. Pero cambia tan
rápido, que no creo que esté leyendo los títulos en la televisión—. Tendría que
entrar a hurtadillas en la casa y tengo un sueño ligero, así que la atraparé.

—Es bueno saberlo. Si intenta apuñalarme, pinchará el colchón de aire de tu


madre y no queremos que eso suceda.

—Definitivamente no. Dios, habría sangre por todas partes. Mamá estaría
enfadada.

Se encuentra con mis ojos y los dos rompemos en una sonrisa. Una parte de mí
todavía puede ver al viejo Ethan flacucho bajo su mirada. El lío flojo de cabello
negro sigue siendo el mismo, solo que ahora lo mantiene más corto en la parte
de atrás, además de que tiene una barba oscura y desaliñada que se afeita cada
pocos días. No es que haya estado prestando atención. Ethan se pasa la lengua
por el labio y las mariposas se mueven en mi estómago.

—¿Dijiste que tus padres están en bancarrota? —pregunta, su expresión se


vuelve seria—. ¿Cómo es posible?

Realmente podría necesitar más licor. Tal vez lo suficiente para hacerme dejar
de hablar, porque ahora mismo no puedo mantener la boca cerrada.

—No lo sé. No teníamos seguro de la casa, así que están totalmente jodidos. No
podemos alquilar un nuevo lugar hasta que consigan ahorrar algo de dinero e
incluso entonces, mamá está preocupada por cómo vamos a pagar el alquiler,
el depósito y manejar lo de sobrevivir sin muebles y cosas. —Aprieto mi mano,
deteniéndome solo unos centímetros de tocarlo—. No puedes decírselo a nadie
—le digo.

—No lo haré. Podéis quedaros aquí todo el tiempo que queráis. Sé que a mis
padres no les importará. —Levanta la mirada al televisor y lo detiene en un
canal que tiene una maratón de Twilight Zone1—. Además, parecía que Dakota
estaba emocionada de verte.

—Sí, ella es genial. La he extrañado —digo, fingiendo mirar la televisión como si


estuviera más interesada en ver un programa de ciencia ficción en blanco y
negro que mirar los músculos de los hombros de Ethan, mirarlos flexionarse y
tensarse mientras hablábamos.

—Es genial, ¿eh?

—Es porque tu hermana tiene una mente propia —digo, encontrando su mirada
por solo un segundo antes de apartar la vista—. Espero que se mantenga así y
no permita que la escuela secundaria la cambie. —Puedo sentir a Ethan
mirándome así que le doy una sonrisa y lo empujo en la rodilla—. A diferencia
de alguien que conozco.

—Oye, espera —dice, agarrando mi mano más rápido de lo que puedo


alejarla—. ¿Que se supone que significa eso?

Bajo la mirada a nuestras manos y él la aleja, dejando mi piel fría y deseosa por
más de su contacto. Mi pecho se aprieta.

1 serie de televisión estadounidense especializada en el género de ciencia ficción,


fantasía y terror.
—Sabes a lo que me refiero. Entonces, ¿cómo se siente ser tan popular?

Se ríe.

—No soy popular.

—Salías con Kennedy Price, amigo. Eso es tan popular como suena.

—Y era una persona terrible y me alegro de que haya terminado. —Su mano se
desliza sobre el asiento vacío entre nosotros, sus ojos enfocados en sus
pensamientos—. Cuando me uní al equipo de fútbol lo hice porque papá quería
que siguiera sus pasos y fuera de alguna forma el héroe del fútbol de la escuela
secundaria como lo fue él. No pensé que me haría subir en la escala social,
¿sabes? —Sus dedos trazan líneas invisibles en el cuero. Sería tan fácil alargar
la mano y tocarlo. Deslizo las manos entre mis rodillas, manteniéndolas seguras
donde no pueden hacer nada estúpido.

—¿En serio, Poe? —Pongo los ojos en blanco—. Los jugadores de fútbol
americano se encuentran en la parte superior de la escala social. No actúes
como si ese no fuera tu plan a la larga. Mi pequeño amigo tonto de hace cuatro
años se ha transformado bastante. Deberían hacer un reality show sobre ti.

Se rasca la parte posterior de su cabeza y me da esta media sonrisa que estoy


segura de que ha ganado un premio en algunas redes sociales para las sonrisas
más calientes.

—Era una especie de idiota, ¿eh? ¿Cómo me toleraste?

Muerdo el interior de mi labio. Después de todos estos años, después de tanto


tiempo odiándolo, todavía podemos sentarnos aquí y charlar como si todo
estuviera bien. Como si mi corazón no se torciera en nudos dolorosos con cada
latido, anhelando lo que podría haber sido si solo me hubiera querido de vuelta.

—Bueno, estoy feliz por ti —le digo, cambiando de posición hasta que estoy
sentada con las piernas cruzadas en el sofá. Me vuelvo para mirarlo y tratar de
buscar esos pedacitos de él que son el mismo Ethan que recuerdo—.
Conseguiste escalar fuera del reino de los perdedores y convertirte en un atleta
famoso.

Tal vez sea el vodka, pero mi mano actúa por sí sola, se extiende y aprieta su
bíceps.

—Pasaste de flacucho a un atleta caliente y deseable. —Me inclino hacia atrás


y asiento—. Buen trabajo.

Sacude la cabeza, moviéndose hasta que su brazo se desliza por el respaldo del
sofá, sus dedos a solo unos centímetros de mi hombro. El músculo que acabo
de agarrar me mira fijamente.

—No es así. Todavía soy la misma persona.

—No, yo todavía soy la misma persona. —Señalo mi cuerpo y luego el suyo para
compararnos—. Soy una perdedora don nadie. Tu novia tenía mucho que decir
sobre eso.

La tensión se eleva alrededor de nosotros y me encojo de hombros.

—No es gran cosa, sin embargo. Estoy bien con quien soy.

—Deberías estarlo —dice, tamborileando los dedos en el sofá—. Ahora eres una
chica genial. Haces lo que quieres y no lo que las personas quieren que hagas,
y eso es respetable.

Oh, Dios mío. Ugh.

—Sí, no puedo hacer esto ahora mismo. —Levanto mis brazos y me pongo de
pie, necesitando estar lejos de él, de esto. No necesito su estúpida compasión ni
sus falsos cumplidos—. Voy a bajar —digo, girando a la derecha, aunque mi
visión gira repentinamente en todas las direcciones. Voy a dar un paso adelante
y tropiezo con la estúpida alfombra borrosa.

—Cielos —dice Ethan mientras me caigo hacia adelante, justo en sus brazos—.
Tal vez deberías sentarte un minuto —dice, poniéndome de nuevo en el sofá,
solo que ahora estoy a unos centímetros de él. El cuero es frío y el rostro de
Ethan es precioso y soy muy consciente de que dos tragos de vodka no son una
buena cosa cuando estás en una habitación con tu enemigo.

—No es justo que te volvieras tan caliente —murmuro mientras miro sus ojos
oscuros—. Es muy difícil odiarte.

Sus labios se levantan en una media sonrisa y su mano es cálida en mi brazo,


dejando un rastro de hormigueo mientras la mueve hasta mi cuello y luego mi
mejilla. Estamos tan cerca. Demasiado cerca. Las alarmas se apagan en mi
cabeza, embotadas por el alcohol y de alguna manera aumentan al mismo
tiempo.

—Siempre fuiste caliente —dice, bajando los ojos a mis labios—. Me mataste ese
verano.

Eso no tiene sentido, pero el hormigueo en los dedos de mis pies se arrastra por
mi cuerpo y no hay nada de lógica en absoluto. Puedo oler su chicle de canela,
mezclado con el vodka y el olor de su cuerpo me hace querer acurrucarme en
su pecho y nunca salir. Me inclino hacia adelante, pensando solo en el hecho
de que acaba de llamarme caliente.

Separo mis labios mientras la fuerte mano de Ethan me acerca a él. Cierro los
ojos y me derrito en sus labios.

Esto es una mala idea.

Pero lo lamentaré más tarde.


12
Ethan
Traducido por Coral Black & SoulOfRainbow
Corregido por Blaire R.

El champú de manzana de Ella abruma mis sentidos mientras deslizo mis dedos
por su cabello, besándola como si nunca volviera a suceder. Sus labios son
suaves y gentiles y me vuelven loco. Esto no se parece en nada a besarse con
otras chicas. Besar a Ella es como ganar un premio. ¿Cómo ha cambiado mi
vida tanto en los últimos días? ¿Qué hice para merecer tener a una chica tan
maravillosa en mis brazos?

Sus rodillas se extienden a ambos lados de las mías mientras se inclina sobre
mí en el sofá. Dejo que mis manos vaguen ligeramente, sin querer empujar
algún límite que podría asustarla. Finalmente, acabo con una mano en su
cadera, la otra sosteniendo su rostro mientras nos besamos.

Su agarre en mi hombro se aprieta. Sus labios tiemblan contra los míos, me


retracto ligeramente, tratando de ver si debo parar. Tiene los ojos cerrados y se
ve tan adorable.

Sonrío y ella abre los ojos, frunciendo el ceño.

—¿Por qué te detienes? —susurra.

—Estaba… —exhalo, sacudiendo la cabeza. No hay tiempo para hablar, no hay


tiempo para explicar. Necesito sus labios en los míos. Desliza una mano por mi
pecho y mi cuerpo reacciona, encendiéndose bajo su pequeña mano. Envuelvo
mis brazos alrededor de su cintura, tirando hasta que se encuentra sentada en
mi regazo. Nos deslizamos por la longitud del sofá y acaba encima de mí como
si estuviera hecha para encajar justo aquí. Mis manos se deslizan en sus
bolsillos traseros y las suyas se enredan en mi cabello mientras nos besamos.

Aunque estaría muy feliz con más de esta chica, podría morir feliz con solo sus
besos como mi último momento de vigilia. Mi corazón late tan fuerte que temo
que podría lanzarla del sofá, enviándola volando contra la pared. Pero la
mantengo más apretada de lo que jamás he tenido a nadie y nos besamos como
si hubiéramos esperado cuatro años para hacer esto.

Y supongo que lo he hecho; ella es la que finalmente cambió de opinión.

La lengua de Ella corre por mi labio inferior y me estremezco. Sonríe y me inclino


y presiono mis labios contra su cuello, haciendo un rastro de besos hacia su
hermoso rostro.

Ella se retuerce.

—Eso hace cosquillas —susurra.

—¿Qué, esto? —murmuro contra sus labios mientras deslizo mis pulgares por
su cuello, y sostengo su cabeza por encima de la mía.

Sonríe y aprieta los ojos con fuerza. La piel de gallina se levanta en su cuello y
no puedo dejar de sentirme increíblemente orgulloso por conseguir ponerla tan
encendida.

Sus ojos se abren lentamente y se inclina sobre sus codos. La niebla que nos
rodea parece levantarse cuando vuelve la claridad mientras nos miramos el uno
al otro. Sus ojos se abren y se aparta de mí, poniéndose de pie.

Me incorporo y trato de ignorar los sentimientos que se han manifestado en mi


corazón mientras Ella me mira como si fuera una especie de monstruo.

—No podemos hacer esto. —Sus labios tiemblan mientras mira alrededor de la
habitación como si la viera por primera vez. Me señala con un dedo
tembloroso—. No somos amigos —dice, sin aliento.
—¿Tratas de convencerme a mí o a ti?

Froto mis pantalones mientras me inclino hacia adelante, apoyando mis codos
en mis rodillas. El mareo repentino por sentarme tan rápido tiene mi visión
girando.

—Ella, espera —grito mientras atraviesa la habitación. Pero no va a la puerta,


se detiene en mi banco de pesas y se vuelve, nivelando una mirada hacia mí.

Traga y sus hombros caen.

—Lo siento, Ethan —dice, mirando al suelo—, no podemos hacer esto. Esto no
puede suceder.

Camino, manteniendo una distancia segura de la chica de mis sueños, aunque


todo lo que quiero hacer es presionarla contra la pared y hacer como si el mundo
estuviera terminando.

—¿Por qué?

Sus ojos se encuentran con los míos y hay fuego detrás de ellos.

—Porque te odio.

Lo dijo antes, pero esta vez duele más.

—Sí, lo sé —digo, metiendo las manos en mis bolsillos. Supongo que en el fondo,
sabía que sus nuevos sentimientos no durarían—. Me iré ahora.
Ella
Despertar en la casa Poe es un recordatorio inmediato de todo lo que olvidé al
dormirme. El tornado, la vergonzosa mierda escolar con Kenendy… y Ethan.
Ruedo a un lado y el colchón de aire chilla. Jalo la manta prestada sobre mi
rostro y suspiro, deseando poder gritar.

¿Cómo pude haber sido tan estúpida? Ese beso fue un acto de pura lujuria.
Estaba un poco ebria, él es muy caliente, no podía evitarlo.

Lo único bueno que salió de ese épico error fue que hizo más fuerte mi decisión.
Ahora sé más que nada que quiero evitarlo en cada forma posible. No debería
ser muy difícil. Pasaré cada segundo despierta en esta habitación o en la casa
de la piscina con mis padres. O solo permaneceré alejada tanto tiempo como
pueda. Quizás conseguiré un pasatiempo después de la escuela o conseguiré
un trabajo, ya que no puedo hornear cupcakes los fines de semana sin gastar
dinero.

La puerta del dormitorio de Ethan está cerrada cuando me dirijo hacia las
escaleras, mi mochila colgada sobre mi hombro. Los jugadores de fútbol siempre
llegan tarde a la escuela. Cada jugador de fútbol que tenía en el primer período
siempre entraba corriendo justo cuando las campanas sonaban, o varios
segundos más tarde. Supuse que Ethan sería igual, así que desperté treinta
minutos más temprano de lo usual, así puedo salir de aquí como el diablo sin
verlo.

Mis padres se encuentran sentados con el señor y la señora Poe en la mesa de


desayuno, y todos me dicen hola cuando entro. Es como tener cuatro padres en
una realidad alternativa.

—Hola —digo, inclinándome sobre mamá para agarrar un panecillo de


arándanos recién horneado de la señora Poe.
—Estos tienen semillas de linaza y harina de almendras —dice la señora Poe.
Son las siete de la mañana y viste mejor que los otros adultos en la
habitación—. Antioxidantes y súper saludables para ti.

Sostengo el muffin.

—Gracias, suena bien.

No lo hace.

—Te despertaste temprano —dice mamá. Sorbe su café— ¿La escuela no


comienza a las ocho?

—Sí, pero tengo un proyecto en el que trabajar. Quería estar allí temprano.
—Se llama: Proyecto Evadir a Ethan.

—Uhm —dice papá, frotando su barbilla—. Temo que tengo que tomar tu coche
para trabajar desde ahora.

Mi corazón se detiene.

—¿Qué? —digo, aunque sale más como una asfixia desesperada.

—Lo siento, Punk. —Papá frunce el ceño y puedo decir que realmente lo
lamenta. Probablemente más por tener que conducir mi femenino coche con las
pegatinas de Harry Potter en la parte trasera que porque estoy atascada sin
coche, pero aun así…—. Es solo hasta que pueda conseguir uno nuevo. El
seguro del coche estará pagando pronto, así que no te preocupes.

Suspiro. La camioneta de papá no vale mucho y si consiguen un cheque por su


valor, probablemente lo gastarán en nuestra nueva situación de vida. Y,
honestamente, salir de la casa de Ethan es mejor que tener mi coche de regreso.
Pongo una mano sobre el hombro de papá.

—Bien. Puedes tenerlo por todo el tiempo que necesites.

Quizás pueda conseguir un aventón de April. Lo último que haré será tomar el
autobús como una estudiante de último año. Prefiero robar una bicicleta y
pedalear todo el camino hasta la escuela que ser vista saliendo del gran taxi
amarillo de tontos.

—Eres una buena chica, Punk —dice papá, palmeando mi mano.

—¿Por qué la llamas Punk? —Dakota arruga su nariz mientras entra al área del
desayuno y agarra un panecillo.

Papá ríe.

—Es un diminutivo de Punkin2. Ese era su apodo cuando era niña. —Dakota
asiente y arranca el molde de papel.

—Eso suena mejor. Creí que la llamabas por ser una verdadera punk.

Mamá levanta su café.

—Funciona de ambas formas, creo —dice con un guiño. El señor Poe ríe y se
levanta de su silla.

—Me voy a trabajar. Ben, los del cable vendrán hoy para asegurarse de que el
televisor en la casa de la piscina funcione.

—No necesitas pasar por tantos problemas —dice papá—. Realmente, estamos
agradecidos por una cama en la que dormir. No necesitamos una televisión.

El señor Poe agita una mano.

—No es problema en absoluto para un amigo. —Entonces besa a la señora Poe


en los labios y a Dakota en la frente antes de irse.

Me sirvo un vaso de jugo de naranja del refrigerador y trato de no sentirme rara


cuando mis instintos me hacen ir al gabinete para conseguir una taza. Todavía
siguen en el mismo lugar, justo como lo recuerdo.

Lucho contra las ondas de nostalgia suscitadas por este simple gabinete.

—Oye, mamá, ¿dónde está mi cepillo de dientes?

Me dijo ayer que me dejó un nuevo cepillo de dientes y pasta dental en el baño,

2 Mote cariñoso que se basa en el término “calaba” en inglés: pumpkin.


ya que ya no estábamos usando los gratis del hotel. Pero anoche no había nada
en mi baño y podía escuchar a Ethan abajo con sus padres, así que solo me
dormí con los dientes sucios. Ahora, ya no puedo evitarlo, pero al menos Ethan
sigue en su habitación. La cabeza de mamá se inclina.

—Lo dejé en el baño.

—No está allí.

La señora Poe dice: —¿Qué baño?

—El del pasillo —dice mamá, estirándose por otro panecillo.

—Oh, ese es el equivocado —digo. Termino mi jugo de naranja y enjuago mi


vaso—. La sala de juegos tiene su propio baño.

—Oh, vaya, no sabía eso. —Mamá ríe—. ¿Cómo no lo sabía?

La señora Poe resopla.

—Samantha, sabes que nunca tuvimos permitido entrar allí. Fue una zona solo
para niños por años. —Entonces, se lanza a una historia sobre cómo el
contratista lo arruinó e hizo el baño medio metro más corto cuando la casa fue
construida.

Me deslizo fuera de su rememoración y sigo a Dakota de regreso a las escaleras.

—Oye, deberías venir a mi habitación cuando termines —dice sobre su


hombro—. Solo, ya sabes, si tienes tiempo.

—De acuerdo, seguro —digo. Entro al baño del pasillo y un estallido de aire
caliente me golpea. Ethan debe haber terminado de tomar una ducha, lo que
significa que probablemente apenas me perdí de verlo. Dejo salir un lento
suspiro, aliviada de que este baño tenga dos puertas, una que separa el área
del lavabo del área de ducha. Si hubiera dejado la puerta de la ducha abierta,
entonces toda la humedad habría arruinado mi cabello por completo.

El nuevo cepillo de dientes y una caja de pasta de dientes están sobre el lavabo.
Ignoro el gel para el cabello masculino y los otros dos cepillos de dientes en un
soporte cerca del lavabo, pero la cosa es que, una vez que veo el gel, es imposible
ignorarlo. El recuerdo de cuán bien olía su cabello la noche anterior me hace
apretar los dientes. ¿Por qué mi mejor amigo-que-se-volvió-enemigo tiene que
ser tan caliente? No sería tan fácil odiarlo si fuera asqueroso.

La segunda puerta del baño se abre y una nube de humedad llena la habitación.
Mi corazón da un brinco. Estuvo en la ducha todo este tiempo.

—Lo siento, ya me voy —digo, agarrando el paquete del cepillo de dientes.

—Eres bienvenida a quedarte. —Ethan me da una media sonrisa mientras


camina a mi lado, usando solo una toalla envuelta alrededor de su cintura. Su
cabello cae en mechones negros a lo largo de su frente. Mis ojos caen
inmediatamente a sus abdominales y luego alejo la mirada, pero atrapo su
mirada en el reflejo del espejo. Sonríe—. Me vestiré en mi habitación.

Y luego se va y me quedo jadeando, mi puño apretando el cepillo de dientes tan


fuerte que el paquete se rasga y abre.

Demonios.

En el baño de la sala de juegos, cepillo mis dientes como un zombi, mi cuerpo


yendo junto con los movimientos pero mis pensamientos están en cualquier otro
sitio.

April no responde mis tres llamadas telefónicas y comienzo a entrar en pánico


con respecto a cómo llegaré a la escuela. El autobús escolar no es una opción.
La otra opción… bueno, me niego a pensar sobre esa ahora mismo.

Recordando la petición de Dakota, golpeo la puerta de su dormitorio y ella me


hace señas para que entre.

—¿Qué sucede? —pregunto, mirando alrededor de su habitación. Cambió


mucho desde sus días de muñecas Barbie y Dora la Exploradora. Ahora, las
paredes son lavanda y se encuentran decoradas con fotos en blanco y negro de
paisajes europeos. Sin embargo, todavía es bastante femenina.
—De acuerdo, entonces, no quiero como… herir tus sentimientos o algo así —
dice, y suena como una pregunta. Levanto una ceja, mirándola maquillarse los
ojos en el espejo sobre su tocador—. Es solo, bueno, sé que perdiste toda tu
ropa y tus cosas —dice.

Agito mi mano.

—¿Cuál es el punto?

Sus hombros caen y se gira, dándome esta sonrisa que luce rara, porque solo
uno de sus ojos está delineado de negro.

—Escuché sobre cómo Kennedy le dijo a toda la escuela que usaste la misma
cosa dos veces.

—¿Qué? —Mis ojos se cierran con fuerza—. Pero estás en la secundaria. ¿Cómo
escuchaste eso?

Muerde su labio.

—La hermana menor de Kennedy es un bocazas.

Presiono mi palma sobre mi frente.

—Esto es tan estúpido. Ya es lo suficientemente malo haber perdido todo en el


estúpido tornado —murmuro.

Dakota dice: —Es por eso que te llamé aquí. De acuerdo, sé que podría ser
estúpido y puedes decirme que me calle totalmente, pero, como que, creo que
somos de la misma talla.

Ella se toma una eternidad para escupir lo que sea que intenta decir. Levanto
una ceja.

—¿Entonces…?

—Entonces, estaba pensando —dice moviendo su mano en círculos hacia su


vestidor—, si quieres tomar prestado algo de mi ropa, puedes hacerlo. Quiero
decir, estoy segura de que todas son aburridas pero tengo vaqueros y cosas.
¿Podría ayudar?

Bajo la mirada a mi conjunto: los mismo vaqueros que usé el día que el tornado
destrozó mi casa hasta las ruinas, y una camiseta negra que compré por cinco
dólares en Old Navy este fin de semana.

—Podría usar unos vaqueros —digo.

Su rostro medio maquillado se ilumina.

—¡Increíble! Sírvete tú misma.

Después de encontrar un par de vaqueros ajustados que me quedan


perfectamente, me siento mucho mejor sobre ir a la escuela hoy. Me dije que no
me importaba usar los mismos pantalones, pero ahora que no lo hago, el alivio
es enorme. Kennedy, después de todo, iba a señalárselo a toda la escuela. Puedo
decirme que no me importa lo que las personas crean, pero al final, estoy
agradecida de usar jeans diferentes.

Como sea, solo un problema del día resuelto. Todavía necesito llegar a la
escuela.

Ethan aparece en la cocina solo momentos después de que bajo para pedirle un
aventón a mamá. Sé que trabaja en la dirección opuesta a la escuela, pero estoy
desesperada.

Antes de que pueda preguntar, Ethan sale disparado hacia mí, de acuerdo, bien,
su brazo apenas toca el mío, pero se siente como si hubiera sido disparado, y
agarra un panecillo. Toma un enorme mordisco, y se voltea hacia mí.

—¿Lista?

—¿Lista para qué? —pregunto.

Hace tintinear las llaves de su camioneta.

—¿Escuela? Vamos.
13
Ethan
Traducido por SoulofRainbow
Corregido por Light Feather

Nunca en mi vida había visto a alguien tan horrorizado como cuando Ella notó
que estaba obligada a ir a la escuela conmigo. La expresión en su rostro fue
fugaz, pero le ganó a la de mi hermana cuando le pusieron una vacuna contra
la gripe. Creo que no le llego el aviso ayer. Anoche, el señor Lockhart me
preguntó si no me importaba llevarla en coche hasta que pudiera tener el suyo
de vuelta. Esta mañana, parecía como si todos fueran conscientes de ese hecho,
excepto ella.

La culpa se aferra a mí mientras conducimos a la escuela, ninguno de los dos


atreviéndose a romper el silencio. No debí haber dejado que las cosas fueran así
de lejos ayer. Demonios, no debí ofrecerme a beber con ella, sobre todo porque
pareció enloquecerse un poco por ello. Tenía razón sobre una cosa, cuando me
volví un jugador de fútbol, me convertí en uno de ellos. En los viejos tiempos,
nunca habría imaginado beber siendo menor de edad, ya sea en casa o no. Solo
no parecía inteligente. Ahora bebo con los chicos todo el tiempo, en fiestas y en
casa donde mis padres nunca dicen nada sobre su suministro de licor
agotándose lentamente. ¿Realmente he cambiado tanto como Ella cree que lo
hice? Seguro, paso los fines de semanas en fiestas en lugar de pasar el rato en
la sala de juegos, pero ¿no es eso lo que todos los adolescentes hacen?

Mi mente vaga a una fantasía de cómo podría haber sido la vida si Ella y yo
hubiésemos seguido siendo amigos durante la secundaria. Todavía hubiese
probado para entrar al fútbol a causa de mi padre, así que habría hecho los
mismos amigos. ¿Vendría conmigo a ver los juegos? ¿Estábamos destinados
hace mucho a crecer en grupos sociales separados o habríamos permanecido
juntos?

—¿A dónde vamos? —pregunta cuando salgo del camino principal.

Con mi mano sobre el volante, extiendo un dedo para señalar hacia el frente.

—Donas.

—Uh, acabas de comer un panecillo en casa.

Le doy una mirada.

—Corrección: acabo de comer un panecillo saludable en casa. Los como cada


día para mantener feliz a mamá, pero luego me detengo por una dona. —Aparco
en una plaza y pongo mi dedo sobre mis labios—. No le digas —susurro.

Ella sonríe.

—Trata de no tardar mucho. La escuela comienza en quince minutos y los


estudiantes regulares como yo no conseguimos pases libres por llegar tarde.

No estoy seguro a qué se refiere con eso, pero apago el motor.

—Entonces, hay que darnos prisa.

—No voy a entrar —dice, estudiando la cremallera de su mochila.

—¿No tienes hambre? Esos panecillos no son apetitosos.

Se encoge de hombros.

—No quiero gastar dinero en donas.

—Pero no dijiste que no tienes hambre, así que vamos, yo pago.

Suspira a través de su nariz y mira fuera de la puerta del pasajero. La empujo


con mi hombro.
—Todavía puedes odiarme, Ella. Que te compre una dona no cambiará eso.

Sus labios se retuercen en una sonrisa, pero la obliga a alejarse.

—Bien. Puedes comprarme una dona. Y un café —añade con una sonrisa—. Y
todavía te odiaré.

En realidad, no se siente como si me odiara, así que sonrío.

—Eso suena como un plan.

Las cejas de la señora Kim se disparan al techo cuando entramos a Las Donas
Cuadradas de Kim.

—¿Nueva novia? —pregunta, mirándome con complicidad. Antes de poder decir


algo, levanta su mano a su boca para bloquear las palabras que no dice para
nada en voz baja—. Me agrada. Parece más agradable que la otra.

Asiento, deseando tener una máquina del tiempo para borrar los últimos
segundos y regresar a cuando Ella se encontraba en mi camioneta, y decirle que
podía quedarse allí y esperarme. No hay forma de que no lo haya oído, porque
la señora Kim nunca habla en voz baja.

—¿Quieres lo de siempre? —pregunta, alcanzando las donas glaseadas.

Asiento y me recuerdo cómo hablar.

—Sí, y eh, lo que sea que mi amiga quiera.

Ella se acerca al cristal, mirando la variada selección.

—Las donas son cuadradas —dice, levantando una ceja—. Eso es genial.

—Son más fáciles de hacer —dice la señora Kim—. Además, son más donas que
las redondas, por el mismo precio.

Ella asiente.

—Me gusta eso. Quiero una glaseada, por favor.

—¿Y un café? —pregunto.


Se encoje de hombros.

—Nah, está bien. Solo bromeaba contigo.

—Y un café —le digo a la señora Kim.

Ella se inclina sobre el mostrador y hace este exagerado guiño.

—Esta chica es linda. Me gusta más que la otra.

Mis labios se retuercen hacia arriba antes de poder evitarlo.

—Sí, a mí también.

Ella aclara su garganta. Cuando miro hacia allí, mira hacia sus zapatos, una
sonrisa del tamaño de Texas en su rostro.

La señora Kim marca mi orden y empujo a Ella por el hombro de camino a la


registradora.

—Todavía te odio —susurra.

—Lo sé. —Le entrego un café y la bolsa con su dona.

—Esto es realmente bueno —dice Ella después del primer mordisco. Estamos
de regreso en la camioneta y a menos de un kilómetro de distancia de la escuela,
lo que realmente apesta porque no estoy listo para dejarla todavía.

—En serio son las mejores en la ciudad. Y la tienda es tan pequeña y oculta que
pocos saben sobre ella.

—Gracias por el desayuno —dice, mirando hacia mí con lo que parece ser una
sonrisa genuina, y no una de te odio.

—De nada. Y acostúmbrate. Voy cada día.

Se encoge, sosteniendo la dona a un par de centímetros de su boca.

—¿Qué pasa? —pregunto—. Estarás yendo conmigo por un tiempo, ¿cierto?


Compraré nuestro desayuno cada día. Es lo menos que puedo hacer por alguien
que me odia.
Pone los ojos en blanco.

—No puedo tomar tu dona de caridad y tu dinero del café. Solo es por esta vez.

—Fue un dólar y cincuenta y siete centavos —digo—. No es gran cosa.

—No tienes que llevarme a la escuela. Resolveré eso.

—No puedes tomar el autobús, El. Eso es un suicidio social.

—Duh —dice, estallando en una risa. Es dulce, ver su despreocupación y


diversión, riendo ante mi comentario, pero sin despreciarme por ello.

—Bueno, ¿cómo iras a la escuela antes de conseguir tu coche de nuevo?


—pregunto, mientras entramos al estacionamiento—. ¿Tienes un par de alas
invisibles de las que no sé?

Se encoge de hombros y le da otro mordisco a su dona.

—Haré que mi amiga April se detenga y me lleve.

Sacudo mi cabeza.

—De ninguna forma. Vivimos en la misma casa de momento. Puedo llevarte. No


me importa y ahorro gasolina, así que estamos siendo medioambientalmente
amigables.

—El medioambiente arruinó mi casa, así que realmente no me importa en este


momento. —Sacude su cabeza en un firme no—. Me niego a causarte molestias.
Estoy tomando tu sala de juegos y eso ya es lo suficientemente malo.

Quiero decirle que Kennedy frecuentemente me hacía conducir veinte minutos


para recogerla cuando no tenía ganas de conducir a la escuela, pero esa
comparación realmente no ayudaría. Ya ignoré un puñado de mensajes de
Kennedy desde anoche, así que lo último que quiero hacer es hablar sobre ella.

En su lugar, la sensación de vacío en mi pecho que ha permanecido allí desde


el día del tornado parece volverse más grande, hasta que ya no puedo ignorarlo.
Aparco y levanto la palanca para aparcar.
—¿Por qué me odias tanto?

Ahora que la pregunta está fuera, me pregunto por qué no la hice antes.
Debimos aclarar las cosas hace años. Así que, ¿no le agrado? ¿Por qué?
Podríamos haber seguido siendo amigos.

—Umm… ¿realmente necesitas preguntar? —Su expresión no es sarcástica,


sino que es la más genuina que nunca he visto en ella—. Me destrozaste ese día,
Ethan. ¿Cómo podíamos seguir siendo amigos cuando me dejaste caer tan
malditamente duro?

Mis cejas duelen por cuán apretadas las junto.

—¿De qué demonios hablas? ¿Qué te hice?

Su mandíbula se abre. Ver su boca me hace recordar lo de anoche, y esos


gloriosos minutos donde sus labios estuvieron sobre los míos. Muerdo fuerte mi
labio inferior y espero su respuesta.

—¿En serio preguntas eso? ¿En serio estamos hablando de esto ahora?

Asiento.

—Demonios, sí, lo estamos haciendo. He estado muriendo por saber qué pasó
con nosotros. Hubiese estado bien que siguiéramos siendo amigos, Ella.

Ella mira el reloj sobre mi salpicadero.

—Bien. Tenemos cuatro minutos antes de que la campana suene. Solo


terminemos con todo esto ahora. —Toma su café y bebé el resto en varios tragos,
inclinando su cabeza hacia atrás. Entonces baja su mirada hacia mí—. Eras mi
mejor amigo, Ethan. Y cuando me rechazaste ese verano antes del octavo grado,
eso me destrozó totalmente. —Sus ojos se llenan de lágrimas y me estiro para
agarrar su mano, pero la aleja—. Sentí como si me hubieras traicionado. No
tenías que ser tan grosero al respecto. No tenías que llamarme acosadora.

—Vaya. —Levanto una mano para detenerla—. ¿De qué hablas? Nunca te llamé
acosadora. Nunca. Estaba enamorado de ti.
Sus ojos se amplían.

—Entonces, ¿por qué le dijiste a Corey que me rechazara por ti?

Una bola de ira se eleva en mi pecho.

—¿Corey te dijo eso?

Me mira como si fuera un tonto.

—Por supuesto. Cuando me alejó el día que estuvimos en tu piscina y me dijo


que no te gustaba y que “honestamente, él cree que eres una acosadora, Ella”
—dice, haciendo su voz baja y estúpida mientras lo imita.

—Oh, Dios mío. ¿Te dijo eso después de que me dijo que no te gustaba?

Sus labios se aprietan y un músculo en su mandíbula se retuerce.

—¿Te dijo eso? —Mira más allá de mí, como si estuviera mirando en sus
recuerdos en lugar del estacionamiento de la secundaria. Todo a nuestro
alrededor, los estudiantes llenando la escuela y nosotros sentados aquí en
nuestro pequeño mundo, revelando un infierno de historia y no creo que
ninguno de los dos supiera todos los detalles.

Trago el nudo en mi garganta.

—Ese día en la piscina, el último día que fuiste. Fuimos adentro con Dakota a
conseguir una bebida, y me dijo que querías darme un mensaje, que no te
gustaba como novio, solo como amigo. Me dijo que querías que dejara de
fastidiarte.

—Ese hijo de puta —maldice. Sus manos apretadas mientras aferran las correas
de su mochila en su regazo—. Jugó con nosotros, con ambos. Me dijo que no te
gustaba. Lo que fue raro, porque ese verano estaba bastante segura de que nos
gustábamos. Cada día que iba allí pensaba que sería el día en que nos
besaríamos.

Asiento.
—Yo también, Ella. No tienes idea de cuánto quería pedirte una cita.

Parpadea y una lágrima rueda por su mejilla.

—¿En serio?

—Sí —digo, inclinándome a través del asiento. El miedo a ser rechazado de


nuevo me hace moverme lentamente, mi pulgar levantándose para limpiar sus
lágrimas. No me empuja—. Me gustabas mucho —digo, retorciéndome mientras
abro mi corazón. Estos son secretos que debería mantener cerrados, atascados
donde nadie podría usarlos en mi contra. Pero las puertas están abiertas y ya
no puedo mantenerlas cerradas por más tiempo—. Iba a pedirte una cita ese
verano. Estuve desilusionado después de que Corey dijo que no te gustaba, pero
pensé que todavía podríamos ser amigos. Entonces, solo te fuiste y nunca
regresaste. Eso me mató, Ella.

Se estira y coloca mi mano sobre su mejilla.

—No puedo creer que estuviésemos sufriendo todos estos años por una mentira.

En la distancia la campana suena, pero no nos movemos. Este momento es


demasiado especial para preocuparse por algo tan trivial como el comienzo del
primer período.

—¿Por qué habrá hecho eso ese imbécil? —pregunto, apretando los dientes
mientras pienso en Corey y cómo ya no somos amigos en realidad. No he salido
con él en un par de años.

—Podría tener una idea —contesta. Sus hermosos rasgos se tuercen en un ceño
fruncido—. No mucho después de eso, hizo un movimiento conmigo. Trató de
besarme ese mismo día en realidad, pero estaba tan afligida por ser llamada
una acosadora que lo alejé. Trató de acercarse tres veces más en la fiesta de la
playa de April. —Se encoge de hombros—. Quizás dijo eso para separarnos, ¿así
podría tener una oportunidad conmigo? —Frunce el ceño y sacude su
cabeza—. No, eso es estúpido. Quizás solo no le agradabas.

—No te sobrestimes, chica. —Sonrío, y coloco su cabello detrás de sus orejas.


Se siente tan maravilloso como pensé que lo haría—. Él te deseaba. Eso explica
perfectamente porqué hizo un movimiento tan imbécil.

Sus mejillas se sonrojan.

—Debemos ir a clases.

—No hasta que estés bien. —Me estiro y agarro su mano, más porque sé que no
va a alejarme que por la necesidad de hacerla sentir cómoda. Quizás eso me
hace superficial, pero no me importa. Necesito tocarla, sentir sus latidos bajo
los míos. Estar cerca de Ella sana una parte de mí que olvidé que estaba rota.

—Fue demasiado horrible —dice, parpadeando para alejar más lágrimas—.


Seguiste adelante tan fácilmente. Te volviste caliente y popular, e hiciste una
tonelada de amigos. Yo solo estuve atrapada sin ti.

—Lo siento tanto, El. —Siento como si mi corazón se estuviera rompiendo de


nuevo, mientras la imagino atravesando octavo sola. La verdad es que tampoco
fue fácil para mí, pero lo oculto mejor. Me uní al fútbol e hice amigos, pero
todavía la extrañé cada día. Solo canalicé lo que dolía para trabajarlo y sacarlo,
diciéndome que lo superara.

—¿Quizás podríamos intentar ser amigos de nuevo? —pregunto. Se toma un


segundo para mirarme y, en ese momento, toda la sangre en mis venas se
congela por la anticipación. Si me rechaza de nuevo, no sé si seré capaz de
manejarlo.

—Sí —dice—. Quizás podríamos ser amigos de nuevo.


14
Ella
Traducido por Coral Black
Corregido por Light Feather

Las primeras cuatro clases del día pasan borrosas como si estuviera atrapada
en una deformación del tiempo. Soy vagamente consciente de que estoy sentada
en los escritorios, mirando hacia adelante mientras mis profesores divagan con
sus lecciones. En el tercer período, incluso consigo tomar algunas notas,
utilizando letras y palabras que podrían tener sentido para alguien en su sano
juicio, así que, aunque mi cuerpo está presente y es tenido en cuenta cuando
mis profesores toman asistencia, mi mente se encuentra en un mundo
completamente diferente.

Uno en el que Ethan nunca me llamó acosadora.

¿Es realmente posible haber pasado los últimos cuatro años y medio creyendo
una mentira?

Ethan y yo no tenemos ni una sola clase juntos, lo que hasta esta mañana
consideraba una bendición de los dioses de la programación. Ahora estoy
muriendo por estar más tiempo con él, pensando cosas estúpidas como lo
divertido que sería si pudiéramos vernos en clase y compartir miradas secretas.
Algo está muy mal conmigo. Acordamos ser amigos. Eso es todo. Y ahora estoy
exagerando todo dejándolo llenar cada pensamiento.

Cuando suena la campana para el almuerzo, casi me he convencido de dejar de


pensar en Ethan. Solo por una hora, así puedo pensar claramente.
April me agarra el codo en el momento en que camino por el pasillo de la clase.

—¿Sabías que rompieron?

No necesito preguntar de quién habla.

—Sí, pasó justo delante de mí.

—Ella, existe esta nueva tecnología. Se llama teléfono. Y tiene esta herramienta
para llamar que es bastante asombrosa. —Estrecha sus ojos hacia mí, su altura
la hace parecer un poco intimidante—. Deberías haber usado esta tecnología
para llamarme y contarme todo sobre eso, idiota.

Bufo.

—Voy a necesitar más que una llamada telefónica para contarte todo lo que ha
ocurrido en las últimas veinticuatro horas.

—Oooh, estoy intrigada. ¿Cómo fue la ruptura? ¿Fue toda chillona y gritona?

—De hecho, no —le digo, estremeciéndome cuando me doy cuenta de que Ethan
y Kennedy ni siquiera han estado separados por un día entero cuando él y yo
ya nos hemos liado. ¿Qué clase de persona hace eso? Ugh.

—Bien, ella está malditamente en pie de guerra. Al parecer no iba a decirle a


nadie sobre la ruptura porque pensaba que volverían a estar juntos, pero él les
dijo a sus amigos y, por supuesto, se corrió la voz instantáneamente. —Sostiene
su teléfono, moviéndolo hacia mí—. Algunas personas saben cómo usar las
redes sociales, no como tú.

—¿Por qué te preocupas por esto? Hemos pasado años sin preocuparnos por el
drama de la vida cotidiana de los populares —digo, agarrando una caja de
Cheerios del carrito de cereales de la cafetería. No estoy tan hambrienta y,
además, son solo setenta y cinco centavos.

—No me importaba hasta que mi mejor amiga empezó a vivir en la casa del
futuro rey del baile de graduación —dice, poniendo una mano en su pecho—.
Ahora estoy algo emocionada por ver qué pasa.
Pongo los ojos en blanco.

—No va a pasar nada.

Nos movemos hacia adelante unos cuantos lugares en la línea de comida y mis
ojos se desplazan hacia la mesa de Ethan. Se sienta con sus amigos, con los
dedos entrelazados sobre la mesa. Kennedy a su lado, de costado en la silla, con
las rodillas tocando su muslo. No puedo escuchar lo que dice, pero habla
animadamente, moviendo sus manos. Quería decirle a April sobre el error de
anoche, pero ahora estoy pensando que debería guardarme eso para mí.
Claramente no significó nada para él.

Miro a April.

—¿Crees que volverán a estar juntos?

Cava en su bolsillo, pescando algunos dólares para pagar su rebanada de pizza.

—¿Quién sabe? Pero Kennedy parece pensar que sí.

—Sí, probablemente —le digo con un movimiento de cabeza—. Vamos a


sentarnos afuera hoy.

En el patio, estoy separada de Ethan y Kennedy por una sólida pared de cristal
y una docena de otros estudiantes. Todavía no es suficiente para bloquear los
pensamientos sobre él, pero lo será.

—Así que… el baile de graduación —dice April, mientras quita la grasa de su


pizza—. Todavía no hemos ido de compras. ¿Sigues queriendo ir a la Galleria o
prefieres ir a algún lugar local?

Como un puñado de Cheerios. El baile siempre ha sido cosa de April. Acepté ir


porque eso la haría feliz. Pero los vestidos con volantes, cintas de cabello y
alquiler de limusinas no encienden esa parte en mi cerebro que grita ¡yay! En
su lugar simplemente siento la presión de elegir un vestido que no sea
demasiado caro, pero que aun así se vea increíble, y no puedo decidir si la
ansiedad de tratar de encontrar una cita es peor que la ansiedad de ir sola.
Todas nuestras vidas estamos expuestos a películas, libros y anuncios de
página completa en revistas que aumentan nuestras expectativas para un baile
de graduación maravillosamente extravagante y perfecto. Somos forzadas a
tener ideas de que los vestidos brillantes con volantes son algo que debe ser
deseado y que llevar una flor muerta en la muñeca es supuestamente romántico
porque alguien te la dio. ¿Por qué es eso incluso se hace?

No vivimos en los viejos tiempos donde los chicos llaman a las chicas y las
cortejaban antes de proponerles matrimonio. No usamos enaguas y reverencias
y nos reímos bajo un abanico de tela. Entonces, ¿por qué se supone que debo
morir de emoción cuando se acerque la fecha del baile? Preferiría pasar la noche
viendo la televisión.

—Lo que sea que quieras hacer —le digo, dándome cuenta de que April todavía
espera una respuesta para nuestra aventura de compras.

—Bien. También necesitamos conseguir citas. —Satisfecha con la eliminación


de grasa, recoge la pizza y toma un bocado—. No es que no quiera ir con mi
mejor amiga y todo, pero este es el baile de último año y totalmente necesitamos
citas. ¿Tienes a alguien en mente?

Mis pensamientos van a un individuo alto, de cabello oscuro que se ve muy sexy
con solo una toalla. Sacudo la cabeza.

—Ni idea.

—No te preocupes. Lo resolveremos. Tenemos algo de tiempo para encontrar


una cita, pero probablemente deberíamos intensificar nuestro juego, ¿sabes?
—Menea las caderas mientras está sentada en el banco de picnic—. Tenemos
que atraer a un par de chicos calientes y no vamos a conseguir eso con nuestras
personalidades actuales, si sabes a qué me refiero.

—Eres una idiota —le digo, tomando un puñado de Cheerios.

—Y tú también, que es exactamente por lo que necesitamos hacer más atractiva


nuestra imagen, señora. —April sacude sus puños, emocionada. Una sensación
oscura se asienta sobre mí cuando me doy cuenta de que ir de compras
realmente no es una buena idea. Con todo lo que ha sucedido, pedirles a mis
padres que me compren un vestido de fiesta sería pedir un poco demasiado.

Pero no hay manera de que pueda decirle a April eso ahora, y arruinar sus
brillantes sueños del baile de graduación. Tal vez debería canalizar toda la
energía que he gastado pensando en Ethan y usarla para encontrar un trabajo
en su lugar.
15
Ethan
Traducido por Lobeth
Corregido por Light Feather

La última campana del viernes es como la canción de una sirena sobre la que
podría escribir poemas. Y eso es decir mucho porque, a pesar de mi poético
apellido, no tengo ni un hueso de creatividad literaria en mi cuerpo. Pero ha
pasado una semana entera desde que Ella y yo dejamos al descubierto nuestros
sentimientos y ahora estamos en una divertida rutina donde vamos y venimos
de la escuela juntos, pero no nos vemos mucho fuera de eso. Unos días atrás,
Ella y yo vimos Netflix con Dakota en la sala de estar y aunque no hablamos
mucho, fue el comienzo de lo que llamaría una verdadera amistad. No hay más
rencor hacia el otro, no más sentimientos heridos. Ahora solo estamos llegando
a un lugar en el que compensaremos el tiempo perdido.

Camino a través de los vestidores, deteniéndome cuando mi teléfono suena. La


frustración me hace querer lanzar mi teléfono directamente a las paredes de
cemento. Kennedy me está llamando.

No sé porque cree que responderé su llamada cuando he pasado los últimos


cinco días ignorando cada mensaje de texto y llamada que me ha enviado. Eso
no la detiene de unírsenos en la mesa del almuerzo y tratar de encontrarme en
los pasillos entre clases. Tomo una ruta diferente casi cada día solo para que
pierda mi rastro. Pero ahora es el final del séptimo período y no hay forma de
escapar de ella. Por eso presiono mi espalda contra los casilleros y espero un
poco. Ella es buena con esta estrategia.
Ambos queremos evitar un conflicto con Kennedy, así que salimos de nuestro
último período hasta cinco minutos después de la campana y luego vamos al
estacionamiento. Kennedy ya sea ha ido para entonces, o se queda para su
práctica de porristas. Sea cual sea el caso, funcionó como un encanto por cinco
días enteros.

Pero en un mundo sin magia, supongo que el encanto se encuentra destinado


a acabarse en algún punto. Kennedy se detiene justo frente a mí en el momento
que salgo de los vestidores. Vestida con su uniforme de porrista, luciendo vivaz
desde los mini pompones en sus zapatos al gigante lazo en su cola de caballo.
La única cosa que no emana espíritu escolar es el ceño fruncido en su rostro.

—No puedes ignorarme, Ethan.

—¿En serio? Porque pensé que hacia un buen trabajo.

Pone sus manos en sus caderas y su perfecta postura, más el uniforme la hace
ver en la desesperada necesidad de un par de pompones.

—¿Por qué eres tan mezquino conmigo?

Me encojo. Mezquino no es exactamente lo que busco aquí, pero después de


conocer la verdadera naturaleza de Kennedy, solo no quiero que seamos amigos.
¿Es eso tan malo?

—Lamento si piensas que estoy siendo mezquino, pero estoy tratando de


mantener mi distancia. No estamos saliendo así que no entiendo por qué
necesitamos enviarnos mensajes y hablar todo el tiempo.

—Porque somos realeza en esta escuela —dice. Ni siquiera sé que contestar a


eso.

La entrenadora Tamara me salva del interrogatorio de mi exnovia diciendo el


nombre de Kennedy.

—La práctica comenzó hace cinco minutos —dice, apuntando a su muñeca


desnuda como si hubiera un reloj ahí.
—Un segundo —le dice Kennedy antes de girarse hacia mí—. No voy a perderte
como mi cita del baile de graduación —dice, clavándome el dedo en el pecho—.
No me humillarás en el día más importante de mi vida.

Mi lengua pasa por mis dientes y pese a toda la valentía que tuve hace un
segundo, no puedo encontrar la manera de decirle que eso no va a pasar. Así
que comienzo a caminar hacia el salón de arte, que por suerte está al otro
extremo del lugar a donde va Kennedy.

Dice mi nombre y me giro, aunque preferiría seguir caminando. Por supuesto,


eso sería malvado.

—¿Sí?

—Sé que le das un aventón a la chica sin hogar a la escuela porque es pobre,
pero realmente deberías deshacerte de ella pronto. Tu reputación sufrirá.

—Gracias por el consejo no solicitado —le digo sobre mi hombro—. Por favor,
borra mi número.

—No hemos terminado —dice, pero camino más rápido y no entiendo lo que
grita después de eso.

La señorita Cleary está absorta en una conversación con Ella cuando entro al
salón de arte. Están de pie sobre una pintura de acuarela que luce como una
puesta de sol súper amarilla.

—Ethan, hola —dice la señorita Cleary. Hace un gesto hacia la pared donde se
muestran algunos de mis lienzos del año pasado—. ¿Me trajiste más arte?

Niego.

—No, estoy aquí por Ella.

Sus ojos se amplían por una fracción de segundo. Incluso los profesores no son
inmunes a los chismes de la escuela, pero debe estar atrasada con o el rumor
de Kennedy y yo rompiendo.

Subo mi mochila por mis hombros.


—Ella vive conmigo.

Esta vez sus ojos se amplían tan grandes que no puede esconderlo. Ella pone
los ojos en blanco y me da un puñetazo en el brazo.

—No lo escuche. Es mi vecino y desde que nuestra casa se convirtió en un


montón de leña, mi familia se queda con la suya.

—Ah, bueno, eso tiene sentido —dice la señorita Cleary—. Estoy contenta de
que seáis capaces de conseguir que funcione y lo siento, lo siento tanto por tu
perdida, querida.

Ella agarra su pintura.

—De acuerdo.

La señorita Cleary se vuelve a dirigir a mí mientras Ella coloca la pintura sobre


un estante largo para secar obras de arte.

—Así que, ¿cómo va el negocio de las camisetas?

Mi teléfono vibra en mi bolsillo y lo saco un centímetro para ver el nombre en la


pantalla. Kennedy. Meto el teléfono de vuelta en mi bolsillo.

—Va bastante bien —digo—. Hice unos nuevos diseños esta semana que subiré
está noche.

—Yo diría que va mucho mejor que bastante bien —dice la señorita Cleary,
ondeando sus manos alrededor—. Por lo menos la mitad de mi clase usa uno
de tus diseños cada día. Estarás pagando la universidad en poco tiempo.

Asiento. Al otro lado del salón, la ceja de Ella se levanta. Muevo mis pies,
sabiendo que escucha todo lo que digo y por alguna razón quiero que siga
luciendo impresionada.

—Sí, estoy bastante cerca —digo, enderezando mis hombros—. Tengo la


universidad del estado cubierta, por lo menos. No estoy haciendo dinero para
Harvard, pero no es como que vaya a aplicar ahí de todos modos.
La señora Cleary se ríe.

—Harvard está sobrevalorada. La universidad estatal es todo lo que realmente


necesitas en estos días.

Ella aparece a mi lado, su mochila rosa colgada sobre un hombro.

—¿Listo?

Asiento y le decimos adiós a la señora Cleary, rápidamente yendo al mismo


ritmo mientras caminamos al estacionamiento vacío.

—Así que creo que tendremos que reconsiderar nuestro plan de escape
—digo, buscando en mi bolsillo mis llaves—. Kennedy me acorraló fuera de los
vestuarios hoy.

Mi teléfono suena de nuevo, y una vez más, el nombre de Kennedy destella a


través de la pantalla. Borré su foto hace días así que por lo menos no tengo que
verla apareciendo en mi teléfono.

—Voy a tener que bloquear su número —murmuro.

Ella me mira cuando caminamos. Es tan bajita y linda que quiero descansar mi
codo en su cabeza, pero estoy seguro de que patearía mi trasero por eso.

—Así que, no me dijiste lo que dijo —dice, pateando un guijarro en el concreto.

—Solo quería quejarse conmigo por no responder sus millones de mensajes de


texto y llamadas —digo, apuntando con un dedo—. Y luego quería hablar sobre
el baile de graduación un poco más.

—Así que rompisteis, pero todavía vais a ir juntos al baile de graduación —dice,
negando—. Ni siquiera puedo conseguir una cita. Vosotros los populares tenéis
toda la suerte.

Llegamos a mi camioneta y camino distraídamente hasta el lado del pasajero


con ella. Abro la puerta y la veo subir.

—No voy a ir al baile de graduación con Kennedy. Ella podrá pensar que lo haré,
pero eso no pasará.

Hace esta mirada de sorpresa simulada.

—Pero, entonces, ¿qué le pasará a la pareja real? No podéis aparecer con citas
diferentes y ser coronados juntos, eso es una blasfemia al baile.

Me detengo frente a ella, la puerta todavía abierta. Probablemente debería


cerrarla y entrar a mi lado, pero huele a flores y estoy mucho más cerca de ella
aquí de lo que estaría detrás del volante.

—Tal vez no gane —digo.

Se ríe.

—No voy a votar por ti.

Su sonrisa se ajusta a la mía y cierro la maldita puerta de la camioneta porque


si no lo hago, me inclinaré y la besaré de nuevo. Acabo de ganar de vuelta la
amistad de esta chica e incluso mi yo idiota sabe que no sería inteligente
empujar los límites ahora mismo.

Ella cambia las estaciones de la radio mientras conducimos a casa. Es una cosa
tonta, pero amo que se sienta lo suficientemente cómoda para meterse con mi
radio sin preguntar. Los primeros días de ir a la escuela fueron incómodos, pero
ahora tenemos una rutina y por fin es cómodo.

—¿Patatas fritas? —digo cuando llegamos a un McDonald’s.

—¿Tienes que preguntar? —Me da esa sonrisa que hace temblar mis rodillas.

Compartir una gran orden de patatas fritas de camino a casa es tan importante
en la rutina como nuestra parada de donas por la mañana. Es nuestra manera
de disfrutar una buena comida antes de llegar a casa donde mi madre ha
cocinado algún alimento saludable o cualquier tipo de dieta que internet la ha
convencido de probar esta semana. La cocina de mamá es buena, pero cuando
nunca sabes cuantas toneladas de vegetales horneados tendrás que comer cada
día, es bueno disfrutar de un envase caliente de patatas fritas.
La miro mientras salimos a la carretera a través de la línea.

—¿Tienes planes está noche?

Niega.

—April tiene que cuidar a los niños y sobro cuando está con sus hermanitos,
así que no.

—Tampoco tengo planes.

Mi corazón se acelera. La pregunta fue tan simple cuando la pensé hace un


momento, pero ahora conseguir sacar las palabras prueba ser tan duro como
calcular mentalmente física cuántica.

—Deberíamos hacer algo —digo todo en una exhalación rápida—. Alquilar una
película o algo.

Se estira por un patata.

—Seguro, suena divertido.

Esas tres palabras envían fuegos artificiales a través de mi pecho. Después de


una semana de práctica de fútbol, evitar las llamadas de Kennedy, y tratar de
fingir que la chica más asombrosa del mundo no duerme en la puerta de al lado,
que Ella esté de acuerdo en ver una película se siente como un avance épico en
nuestra amistad.

No es que esté tratando de hacer cosas que nos impulsen a la zona de besos o
algo parecido, pero si se dirige hacia allí, sería más que feliz de tomar la
oportunidad y aferrarme a ella.
16
Ella
Traducido SOS por Coral Black
Corregido por Blaire R.

Le doy una mirada seria a Ethan.

—De acuerdo, tenemos un problema.

Se detiene en la señal de alto, cerca del parque infantil de nuestro vecindario y


me mira.

—¿Cuál?

Casi me rio porque la seriedad en sus ojos dice que se encuentra realmente
preocupado. Sostengo el cartón de patatas fritas, manteniendo mi expresión
seria.

—Solo queda una patata —le digo con un profundo dolor en mi voz—. Creo que
tendremos que luchar por ella.

Sonríe y suelta el freno, llevándonos a su casa.

—¿Deberíamos vestirnos y hacer un círculo de lucha libre en el patio trasero?


¿O simplemente un duelo en el camino de entrada?

—Oh, Ethan, eres un idiota adorable —digo a la ligera mientras sostengo la caja
de patatas en el aire como si fuera un trofeo—. No podemos tener un duelo por
las patatas en tu casa. Tu madre lo descubrirá seguro y luego nos degradará
por comer comida del lado oscuro.

Desacelera mientras maneja alrededor de los coches aparcados a un lado de la


carretera.

—Parece que el enfrentamiento comienza ahora. —Sus codos se levantan y se


inclina hacia abajo, dándome una falsa mirada malvada.

—Parece que tengo ventaja, ya que estoy sosteniendo el envase —digo,


levantando mi nariz.

Baja su ventana y mis ojos se estrechan.

—¿Qué haces? No hay patatas fritas afuera.

En un instante, me quita el cartón y lo saca por la ventana.

—Ahora sí —dice con una sonrisa que hace que un escalofrío recorra mi espina
dorsal.

Lo agarro de su brazo derecho, que está en el volante, mientras con el otro brazo
se burla de mí con la última patata en la ventana.

—Eres pura maldad, Ethan Poe.

Echa su cabeza hacia atrás y se ríe maníacamente.

—Mira lo que hiciste —digo, cruzando mis brazos sobre mi pecho—. Ahora
estamos en tu casa. Esa patata es oficialmente contrabando. A tu madre le gusto
más —le digo, extendiéndome sobre su regazo y agarrando su brazo. Es lo
suficientemente fuerte como para no dejarme llegar a ningún lado a pesar de
mis esfuerzos—. Deberías dejarme tomarla porque ella no se enfadará tanto
conmigo.

Sacude la cabeza y se inclina hacia la derecha para dejar que la patata se deslice
más lejos de mi alcance. Estoy prácticamente gateando en su regazo ahora, una
mano en su rodilla y la otra agarrando el envase.

—¿Por qué son tus brazos tan largos? —gruño mientras lucho por dominarlo.

—Parece que soy el ganador —dice. No, susurra. Sus labios a pocos centímetros
de mi oreja y me tiro un poco hacia atrás, todavía flotando por todo su lado de
la camioneta.

Las mariposas enloquecen en mi estómago y ahora no hay manera de que pueda


comer esa patata, incluso si quisiera. Observo sus ojos bajar hasta mis labios y
subir. Tenemos que estar pensando lo mismo. Los pensamientos peligrosos solo
me herirán de nuevo, así que suspiro y me recuesto en el centro del asiento.

—Tengo una idea —digo, respirando hondo para calmar el ardiente deseo de
besarlo—. Vamos a dividirla.

Su cabeza se inclina hacia un lado.

—Diplomático. Me gusta.

Me da la patata frita y la parto a la mitad. Ahora está toda fría y cubierta en


exceso de sal del fondo del recipiente, pero le doy su mitad y la come, así que
como la mía también.

—Tregua —dice.

—Tregua.

Nos miramos durante un largo momento, o tal vez solo son unos segundos. No
puedo saberlo porque mi cabeza está girando. Finalmente, las alarmas se
apagan en mi cabeza diciéndome que salga y vaya adentro. Me doy la vuelta y
me deslizo de nuevo a mi lado de la camioneta, mi mano alcanza la manija de
la puerta.

Y entonces grito de sorpresa. Kennedy se encuentra justo al otro lado de la


puerta, sus ojos ardiendo con una furia que solo ella podría manifestar.

—¿Qué dem…? —dice Ethan justo antes de que su puerta se abra. Lo veo
caminar por el frente de su camioneta—. ¿Qué demonios haces aquí? —le
pregunta.

Ella lo empuja en el pecho con las palmas de sus manos. No es un golpe


juguetón. Retrocede un poco y ella vuelve a él, los brazos balanceándose.

—¡Eres un mentiroso! ¡Dijiste que no ibas a enrollarte con ella, maldito


mentiroso!

Ethan agarra las muñecas de Kennedy para detenerla.

—Necesitas calmarte. No puedes venir a mi casa a gritarme.

—¡Haré lo que quiera! —grita. Entonces se gira y dagas invisibles me atacan.


Me dejo caer contra el respaldo de mi asiento.

Kennedy se acerca y golpea su mano contra la ventana.

—Sal aquí y enfréntate a mí —silba—. ¿Quieres arruinar mi relación? Ven aquí


y dime por qué.

—Ella, quédate adentro —me dice Ethan, levantando una mano hacia mí—.
Kennedy, regresa a tu coche y vete. Estás siendo completamente ridícula.

—Eres tú el que me mintió —dice, atreviéndose a cubrir su gruñido con un


pequeño y triste puchero. Casi lo siento por ella, así de buena es. Entonces
intenta golpearlo otra vez pero él lo bloquea con su palma—. No puedo creer que
me hayas dejado por ella.

Ethan sacude la cabeza.

—Rompí contigo porque no somos compatibles. No tiene nada que ver con Ella.
Y debes escucharme esta vez porque estoy harto de explicártelo.

Kennedy pone una mano en su cadera. El sabor rancio de las patatas fritas en
mi boca me da náuseas. Parte de mí piensa que nunca podría salir de esta
camioneta, que Kennedy seguirá dando vueltas alrededor de mí como un
tiburón esperando devorar su presa.

Pone sus manos en sus caderas.

—Prométeme que no saldrás con ella.

Ethan se ríe. Como que, en realidad se ríe, no solo esa cosa de burla que siempre
hace.

—No te voy a prometer nada. En serio, lo dije de verdad cuando te dije que
podíamos ser amigos, pero esto es una locura.

—Algo está seriamente mal contigo —dice Kennedy, enderezando sus


hombros—. ¿Ella por encima de mí? ¿En serio, Ethan? Te hice el rey del baile.
Todavía serías un idiota si no fuera por mí. ¿Cómo puedes mandar eso a la
mierda por una perdedora?

Ethan inspira, mirando al cielo por un segundo. Detrás de nosotros, los


camiones de basura se aparcan en lo que solía ser mi casa, el equipo de limpieza
terminó por hoy. Me mira, sigo sentada en la camioneta como la perdedora que
soy y luego señala el camino.

—Necesitas irte. El hecho de que pensaras que estábamos saliendo para elevar
mi estatus social dice que nunca estaremos en la misma página. La vida no es
un tipo de juego de popularidad para mí, Kennedy. Por eso terminamos.
Necesitas irte. Y encontrar una nueva cita para el baile.

Los puños de Kennedy se agitan a los costados. Se vuelve hacia mí.

—Espero que estés contenta.

Salgo de la camioneta con el miedo mordisqueando mis tobillos. Sé lo que dirían


las películas de televisión después de clase: Kennedy es un matón y los matones
no llegan lejos en la vida. No les hagas caso y continúa con tu vida.

Pero no puedo encogerme de hombros y pasar. Algo visceral despierta dentro de


mí, y todo lo que quiero hacer es arrancarle la cabeza y gritar en victoria.

—¿Cómo te atreves a intentar robar a mi novio? —dice Kennedy, moviendo su


cabello sobre su hombro. Es más alta que yo, y tal vez incluso más fuerte gracias
a las porristas. Pero me aferro a la bestia que hay dentro de mí, la pequeña pieza
de autoestima que se ha estado escondiendo demasiado tiempo.

Esto está mal, y probablemente no en el espíritu de una película especial


después de clase, pero va a sentirse bien.

Camino hacia Ethan y deslizo mis manos por su pecho, uniéndolas detrás de
su cuello. Sus ojos se asustan, su oscuridad muestra algo de sorpresa y
exaltación al mismo tiempo.

Me inclino sobre los dedos de los pies y lo beso en la mejilla.

—Tienes razón, Kennedy. Te robé a tu novio. Pero no actúes como si hubiese


sido difícil o algo así —digo, burlándome de su estúpido y coqueto puchero—.
Lo hiciste tan fácil que ni siquiera tuve que intentarlo.

La mirada en el rostro de Kennedy es oro puro. Satisfacción pura e incontrolada


inunda mis venas, haciéndome sentir como Cleopatra en toda su gloria. Estoy
tan embriagada de felicidad por ser una perra con la reina de las perras, que
apenas me doy cuenta cuando Ethan desliza su mano alrededor de mi cintura
y me tira contra su pecho en un acto de solidaridad.

Kennedy mira fijamente a Ethan.

—No vuelvas a llamarme loca —sisea. Nos señala a los dos—. Lo sabía. No soy
una exnovia loca, Ethan. Sabía que iba a pasar y lo dije. Despídete de tu
popularidad. Mañana tendré a la escuela entera contra ti.

Dejo salir un pesado y dramático suspiro.

—Probablemente deberías irte antes de que empecemos a besarnos.

La ira se filtra detrás de sus ojos y luego se lanza hacia mí, su puño apuntando
directamente hacia mi rostro.

Ethan me retiene, pero me retuerzo de su agarre. No voy a dejar que me golpee,


pero tampoco voy a golpear a la princesa. Solo Dios sabe qué drama causaría.
Como si lo viera todo en cámara lenta, agarro su puño antes de que colisione
contra mi rostro. Retrocediendo, la empujo, usando su propio impulso para
lanzarla directamente al hormigón.

Salto de regreso cuando golpea el suelo y deja salir una ráfaga de palabrotas.

El sonido agudo de los tacones de la señora Poe en la acera atrae mi atención.


Sostiene su teléfono celular.
—Kennedy, querida, tienes que irte. De lo contrario, haré que la policía te
acompañe de regreso a casa.

Kennedy se pone en pie, limpiándose las manos en los vaqueros.

—¿Vio lo que me hizo?

La señora Poe asiente.

—Vi a Ella actuar en defensa propia. Ahora vete, por favor. Ya no eres
bienvenida en mi casa.

El fiasco termina tan pronto como empezó, pero creo que Ethan y yo sabemos
que este no será el final de tratar con ella.

—Lo siento mucho por eso —le digo a la señora Poe mientras la seguimos
adentro. Mi estómago se vuelca cuando me pregunto qué es exactamente lo que
vio. ¿Me vio besar a su hijo? ¿Vio mis brazos a su alrededor, burlándose de su
ex? Oh, Dios. Esto es mortificante.

—No te preocupes, Ella. —La señora Poe nos da una sonrisa mirándonos de
lado mientras deja su teléfono en una mesa cerca del sofá—. He estado
esperando que alguien ponga a esa chica en su lugar. Nunca ha tenido modales
por aquí.

Ethan agarra mi mano y me tira a la intimidad de las escaleras, caminando a


medio camino hasta que estamos escondidos por las paredes. Respira
rápidamente, sus ojos llenos de excitación.

—Eso fue jodidamente sexy —susurra—. Siempre seré feliz cuando te imagine
poniéndola en su lugar. —Sus manos agarran mis caderas y da un paso hacia
mí hasta que estamos frente a frente. Mi cuerpo se encuentra en llamas donde
me toca y el nudo en mi estómago se convierte en una agitación nerviosa que
no quiero perder nunca. Deja caer su frente contra la mía—. ¿Solo actuabas?

Me encojo de hombros.

—Bueno… sí.
Sus hombros caen y su agarre se afloja. Me empujo hacia adelante, apoyándome
en él hasta que su espalda se apoya contra la pared. Mis dedos se arrastran por
su pecho y sonrío.

—Pero fue divertido fingir —susurro.

—Me estás matando —dice, su voz susurrante.

—Chicos, ¿queréis pizza para cenar? —La voz de la señora Poe nos hace
alejarnos como si los dos nos volviéramos infecciosos.

—Sí —gruñe Ethan—. Sí, nos gusta la pizza.

Mis ojos se arrugan mientras retengo la risa.

—Esto va a ser divertido —le digo. Luego me vuelvo y subo las escaleras,
dejándolo empapado de toda esa tensión sexual que dejamos atrás.
17
Ethan
Traducido por katherin
Corregido por Bella’

Me encuentro con los ojos de Ella a través de la mesa del comedor. La expresión
de su rostro es educada pero un poco perturbada, lo que me hace sonreír.
Deberíamos haberlo sabido mejor que pensar que mamá quería decir pizza de
verdad cuando nos preguntó si queríamos pizza para la cena.

—Esto es realmente magnífico —dice la señora Lockhart, tomando un bocado


de la comida saludable casera de mamá. Es redonda, con queso vegano y algo
parecido a una corteza, pero no es pizza. No se puede llamar a esto pizza, sin
importar cómo se disfrace.

—Gracias, Samantha —dice mamá, luciendo encantada con el elogio—. Es


corteza de coliflor, pero tiene un sabor increíble, ¿verdad?

Escupo, sosteniendo el bocado de pizza falsa en mi boca.

—¿Coliflor? —murmuro con la boca llena. Ella se ríe.

Mamá agita una mano hacia mí.

—Solo comételo. Tu hermana no se queja y Ella tampoco.

—Creo que es increíble —dice Ella, alagando completamente a mi madre. Se ha


vuelto loca, ya veo.

—Se supone que debes estar de mi lado —digo, sacando la lengua.

Sus mejillas se ruborizan y pone los ojos en blanco.


Soy el único hombre en la mesa esta noche. Papá tiene una conferencia
internacional en su oficina y el papá de Ella trabaja un turno de cuarenta y ocho
horas en la estación. Así que somos mamá, Dakota, Ella, su mamá y yo en la
mesa.

Ella golpea mi pie bajo la mesa.

—Estoy de tu lado, tonto. Sigue siendo una buena pizza.

La señora Lockhart me mira por el borde de la copa de vino.

—¿Hay algo entre vosotros dos?

Ella se ahoga con la pizza falsa.

—Dios, mamá. No.

Mi propia mamá hace esa sonrisa como cuando habla de nuestros regalos de
cumpleaños en una manera disimulada así no descubriremos cuáles son.

—Acabas de llegar a casa, así que todavía no has escuchado hablar del drama
—le dice mamá.

Dakota levanta la vista de su teléfono. Podemos cenar juntos como una familia,
pero mis padres dejaron de quejarse de su teléfono hace mucho tiempo.
Supongo que tomarán lo que puedan conseguir, y tener a sus hijos en la mesa
es lo suficientemente bueno para ellos.

—¿Qué tipo de drama? —dice mi hermana. Mira entre Ella y yo—. Espera,
¿estáis saliendo?

—No —digo rápidamente, pero como una persona normal.

—¡No! —escupe Ella, alzando ambas manos como si alguien le estuviera


apuntando con un arma—. No, no pasa nada. ¿Podemos por favor no hablar de
eso en la mesa del comedor?

Mamá me da una mirada de conocimiento y es un poco incómodo. Es casi como


si supiera exactamente cuánto me importa Ella, y la idea de que mamá esté al
corriente de mis pensamientos privados me hace temblar.

La señora Lockhart se ríe.

—Bueno, ahora tengo que saberlo. —Mira a mi madre—. ¿Los atrapaste


besándose? Siempre supimos que sucedería con el tiempo.

—Todavía mejor —dice mamá. Pongo una palma en mi frente. No tiene sentido
intentar detenerlo—. Escuché gritos afuera y salí a tiempo para ver a la exnovia
de Ethan lanzarle un puñetazo a Ella.

La señora Lockhart baja su copa de vino y esta se tambalea sobre la mesa, pero
no se cae.

—¿Alguien te ha dado un puñetazo? —dice, agarrando a su hija por el rostro y


volteando su cabeza para ver si hay daños.

Ella se sacude de su agarre.

—No, lo bloqueé.

—Fue increíble —le digo. Ahora que todo está expuesto, un peso se levanta de
mis hombros. No puedo evitar explicarles toda la historia, dejando de lado solo
el pequeño detalle de que Ella se arrojó sobre mí y se declaró mi novia. Las
mamás me miran con interés y Dakota sonríe todo el tiempo, después de haber
encontrado algo más interesante que mirar fijamente su teléfono.

—Guau —dice la señora Lockhart cuando mi historia ha terminado. Se sirve a


ella y a mi madre otra copa de vino—. Eso es algo impresionante. Estoy orgullosa
de ti, El.

Ella dobla su pizza falsa a la mitad y toma un bocado.

—Solo otro día en mi impresionante vida —dice—. Tal vez mañana humille al
mariscal de campo del equipo de fútbol.

—Ese soy yo —le digo, arrojándole un corcho de vino olvidado.

Ella ríe, esquivando mi fuego amistoso.


—Ups, no tenía ni idea.

—¿En serio? —Levanto una ceja—. Es de alguna forma la posición más


importante en el equipo…

Levanta las manos.

—Oye, solo robo novios futbolistas, no los acecho.

***
Ella se ofrece a hacer la ardua tarea de buscar una película decente para ver en
Netflix, y tomo una ducha rápida antes de unirme a ella en la sala de juegos.
Me duché hoy después del gimnasio, pero estar cerca de Ella causó estragos en
mis axilas. Necesito oler bien si voy a acurrucarme con ella en el sofá toda la
noche.

Mantengo una sonrisa mientras me visto. Esta podría ser la mejor noche de
viernes. Además, la única llamada perdida en mi teléfono en las últimas tres
horas fue de Toby. Quería ir a una fiesta, pero le dije que estaba ocupado. No
preguntó por mis planes y estaba agradecido. No estoy listo para contarles a
todos sobre Ella todavía. Sobre todo porque no tengo ni idea de lo que somos
ahora.

Amigos, sí. Pero hay algo más en el horizonte y no puede ser pasado por alto.
Incluso nuestra familia lo ha notado.

Toco el marco de la puerta de la sala de juegos. Ella está acurrucada en una


manta de lana en medio del sofá y me mira, frunciendo el ceño.

—¿Qué pasa? —pregunto, cruzando mis brazos sobre mi pecho. Quiero que me
invite, aunque solo sea para escucharla decir que quiere estar más cerca de mí.

—Supongo que esperaba otro espectáculo de toallas mojadas —dice, haciendo


un puchero con su labio inferior—. Pero Ethan vestido está bien, supongo.

Señalo con un pulgar sobre mi hombro.


—Puedo cambiarme si quieres. Ponerme una toalla para ti.

Se encoge de hombros.

—Nah, no fue una gran vista de todos modos.

Esta chica será mi muerte.

—¿Puedo entrar?

Se levanta, envolviendo la manta alrededor de sus hombros como una capa. Su


rostro es una mueca mientras me estudia de pies a cabeza.

—Supongo. Quiero decir, no tengo nada mejor que hacer…

Se ve un poco sorprendida cuando cierro la puerta detrás de mí, pero no me


dice que la deje abierta. Aunque quiero agarrarla en un abrazo y sentir su
cuerpo contra el mío, paso justo a su lado y me siento en el sofá. Dos pueden
jugar este juego de provocarse entre sí.

Se deja caer a mi lado, en el asiento del medio. Esto ya va mejor que la última
vez que estuvimos aquí solos.

—De acuerdo, así que no hay muchas opciones de películas esta noche. Pensaba
que podríamos empezar una nueva serie de televisión. —Me mira expectante—.
Podría ser lo nuestro. Podemos elegir una con muchos episodios y verlos con el
tiempo.

—Funciona para mí. Estoy buscando más formas de pasar tiempo contigo.

Su pecho se eleva mientras respira profundamente, sus labios se tuercen en


una sonrisa. Traga saliva.

—Vamos a terminar besándonos, ¿no?

La mirada tímida en sus ojos hace que mi cabeza gire. Mi corazón lucha con mi
cabeza sobre lo que debo decir para no asustarla.

—No tenemos que hacerlo. —Y lo digo en serio, lo sé, pero sé que la decepción
se filtra a través de mi voz.
Se inclina y pasa sus dedos por los míos. Giro la mano y su mano se mete en la
mía.

—Quiero —dice—. No sé exactamente por qué, pero quiero hacerlo.

Tomo su mejilla en mi mano y acerco sus labios a los míos. Este beso es
diferente. Es dulce y anhelante, suave y apremiante.

Se inclina hacia mí, arrastrándose sobre mi regazo. Le doy la bienvenida con los
brazos abiertos y tomo su manta y la tiro sobre nosotros. Huele a flores de
nuevo, y la huelo profundamente, como si nunca pudiera llegar a estar tan cerca
de nuevo.

—Esto es divertido —murmura contra mis labios.

—Mmhmm —murmuro, besando su boca abierta. Deslizo la lengua a través de


sus labios y se estremece en mis manos. Es la cosa más linda que he visto. Nos
fundimos el uno con el otro, besándonos como si hubiéramos estado haciendo
esto por siempre. Como si ya conociera cada centímetro de esta chica. Sigue
siendo la misma chica que he amado toda mi vida. Solo somos un poco más
complejos.

Algunos programas de televisión se reproducen en la pantalla plana, el


resplandor se refleja en su piel cremosa. Nos deslizamos por el sofá hasta que
estamos acostados uno al lado del otro, con los pies entrelazados y las manos
entrelazadas.

Le paso las manos por el cabello y la beso con fuerza, nuestras lenguas
saboreándose.

—Este es el mejor día que he tenido —susurro contra su cuello.

Se arrastra encima de mí, apoyando sus codos en mi pecho mientras mira mis
ojos. Algo triste oscila en sus rasgos y le paso las manos por la espalda.

—¿Qué sucede?

Se humedece los labios.


—No sé cómo dejar de odiarte —dice suavemente.

—¿Qué significa eso? —Está sobre mí, sus pechos apretados contra mi pecho,
sus labios apenas a centímetros de los míos. Saboreo su brillo labial. ¿Cómo
puede odiarme todavía?

Ella sacude la cabeza.

—Supongo que te odié tanto tiempo, que es difícil dejarlo a un lado. En un


minuto, te quiero tanto. Al siguiente, te miraré y recordaré todos los años de
odiarte. Solía enfermarme físicamente si te veía en el pasillo de la escuela.

Mi corazón se me cae al estómago. Empujo su cabello lejos de sus ojos.

—Ella, lo siento mucho. No quiero que te hagas daño así.

Pone su cabeza en mi pecho y envuelve sus brazos a mí alrededor.

—Lo sé. Ya no te odio. Es difícil. Esto se siente bien y mal al mismo tiempo.
¿Tiene sentido?

Le acaricio el brazo y observo el constante ascenso y caída de su cabeza en mí


pecho.

—Sí, lo entiendo. Es un poco raro.

—Solo… ¿Cómo podemos saber que esto es real? Parece que lo estamos
haciendo solo porque podemos.

Debo tardar demasiado en contestar porque me mira, el miedo en todo su rostro.

—¿Somos algo? ¿O esto es… nada? Quiero decir, estoy bien de cualquier
manera.

Me río y le beso la frente.

—No creo que estés bien con cualquier manera. Yo no lo estaría.

—¿Entonces qué significa eso?

Que siempre te he amado.


Las palabras se alojan en mi garganta así que pienso en una cosa más segura
que decir.

—Tal vez deberíamos ir más despacio. Comenzamos como amigos el lunes y el


viernes nos enrollamos en el sofá. Tal vez… y me mata decir esto, pero, ¿tal vez
deberíamos reducir la velocidad?

Ella sacude la cabeza.

—No quiero ir lento. ¿Sabes cuánto tiempo quise que me quisieras de vuelta?
—Sonríe y es un gran cambio.

—Entonces, ¿qué somos? —le pregunto.

Presiona sus labios en el espacio debajo de mi clavícula.

—Somos nosotros.
18
Ella
Traducido SOS por Coral Black
Corregido por Maga

Ahora que Ethan y yo estamos cómodamente en territorio de liarnos, el fin de


semana voló más rápido que el tornado que destruyó mi casa. Pasamos todo el
tiempo en la sala de juegos, compensando el tiempo perdido. April quería que
fuera a comprar el vestido del baile con ella, pero mentí y dije que no me sentía
bien. En realidad, no era mentira. La idea de estar lejos de Ethan, incluso por
unas horas para probarme vestidos, me hizo enfermar físicamente. Así que fue
una especie de verdad.

Parece que nada puede arruinar mi subidón de Ethan hasta el lunes por la
mañana cuando llegamos al estacionamiento de la escuela. Todavía estoy
terminando mis buñuelos y Ethan acerca una inmensa mano a mi bolsa,
robando uno.

Lo abofeteo.

—Ya has comido el tuyo, gordito.

—Pero los buñuelos están tan buenos. Debería conseguirlos la próxima vez.

—Sí, debes, porque no me gusta compartir.

La sonrisa de Ethan llega a sus ojos y el momento de silencio que sigue nos
hace inclinarnos hacia adelante. Luego parpadea y retrocede, tamborileando
con las manos en el volante.

—Um, ¿probablemente no deberíamos besarnos en el estacionamiento?


No estoy segura de sí es una pregunta o una declaración, pero me hundo en mi
asiento. Realmente no puedo estar disgustada por esto. Ethan había intentado
averiguar qué éramos, qué estábamos haciendo. ¿Somos amigos con beneficios,
amigos que cometen un error de una vez, o la gran cosa final: novio y novia?
Esquivé la pregunta declarando que somos “nosotros”. ¿Y eso qué significa? Me
hallaba demasiado atrapada en el momento, deseando que sus labios volviesen
a los míos, sus manos vagabundearan donde quisieran. No era responsable de
mis acciones en ese momento. Sin embargo, aquí estamos, en el
estacionamiento de la escuela, a punto de entrar en la guarida del león.

Suspiro.

—¿Kennedy sigue enviándote mensajes de texto como una loca?

Hace su movimiento de medio encogerse de hombros.

—Sí, bastante.

—Entonces supongo que nos vamos a enfriar en la escuela. Mantenerlo para


nosotros y darle más tiempo.

—Pero casi declaraste que estamos juntos en mi camino de entrada —dice—.


Así que, tal vez, podamos besarnos en el estacionamiento.

Mueve las cejas hacia mí.

Nerviosa ni siquiera empieza a explicar los sentimientos que corren por mis
venas ahora mismo. He tenido un novio o dos a través de los años, pero nunca
fueron tan serios. Nunca fue más allá de darles la mano en el pasillo y sentarnos
juntos en el almuerzo. ¿Realmente quiero la ira de Kennedy Price si aparezco
sosteniendo la mano de su exnovio una semana después de que se separaran?

Miro alrededor, comprobando que no hay nadie que nos observe, entonces me
inclino y le doy un rápido beso en la mejilla.

—No es justo —se queja.

Su labio hace un puchero y tengo que besarlo ahora. No hay manera de negarle
cualquier cosa a este chico cuando se ve tan caliente.

Lamo el azúcar de las donas de mis labios y lo beso.

—Perfecto. —Se desabrocha el cinturón de seguridad—. Ahora puedo disfrutar


de mi día.

Le doy una mirada.

—Eres un tonto.

April me espera dentro de la escuela. Lleva una falda negra que es


definitivamente más corta de lo que permiten las reglas del código de vestimenta,
pero cubre su camiseta sin mangas con una chaqueta de punto que llega a sus
rodillas en un esfuerzo por salirse con la suya. Su ceja se distorsiona cuando
me ve entrar con Ethan.

Claro, me trajo a la escuela toda la semana pasada, pero nos habíamos


asegurado de separarnos mucho antes de llegar a las puertas principales.

—Uh, hola —dice April, dándole un vistazo.

—Eres April, ¿verdad? —dice Ethan—. He oído hablar sobre ti constantemente.

Su expresión no da señales de si se encuentra satisfecha o molesta por


conocerlo finalmente.

—Igualmente.

—¡Poe! —Alguien lo llama desde el otro lado del pasillo. Es uno de sus amigos
deportistas que reconozco vagamente de su mesa de almuerzo—. ¿Me vas a
dejar copiar tus deberes o qué?

—Supongo que esa es mi señal para irme. No puedo dejar que Keith reciba otro
castigo por no tener sus deberes —dice, sacudiendo la cabeza—. Nos vemos
luego, ¿de acuerdo?

Asiento y luego el brazo de Ethan está alrededor de mi hombro y él se inclina,


besándome en la frente antes de irse. Cada músculo de mi cuerpo se congela.
¿Cómo exactamente reaccionas al primer despliegue de afecto público del chico
más caliente y popular de la escuela?

—Chica, tienes tres minutos para explicármelo todo —dice April, agarrándome
por el brazo y llevándome hacia la primera clase—. Algo me dice que no estabas
enferma el fin de semana pasado.

—Lo estaba totalmente —miento. Bueno, media mentira—. Pero ya que


hablamos de eso… sí… eso pasó.

April me aprieta el brazo.

—No sé si debería estar feliz por ti porque él es tan caliente y ahora tendrás una
cita para el baile, o si debo ser una buena amiga y advertirte que esto podría
terminar terriblemente mal.

—No es nada de eso. Quiero decir, no vamos a ir al baile.

—¿Por qué no?

Abro la boca pero no puedo pensar en una buena excusa. Los pasillos parecen
un poco más llenos hoy, y me golpean con una sensación de déjà vu. Las
personas me miran. Y sonríen. Y hacen esa cosa donde te miran y luego miran
a sus amigos y empiezan a reír.

—¿Soy el centro de atención de nuevo? —pregunto.

April mira a su alrededor, explorando la escena con sus habilidades perceptivas


de mejor amiga.

—¿Crees que ya se ha hablado de ti y de Ethan?

—Fue un estúpido beso en la frente. Hace como treinta segundos, —digo,


mirando alrededor, pero tratando de hacer que parezca que no me importa.
Definitivamente todo el mundo me mira.

—¿Qué sucede? —le pregunto a un estudiante de primer año mientras


caminamos. Se vuelve de una sombra profunda de rojo y corre lejos.
April se ríe entre dientes.

—Enfréntalo, Ella. Si comienzas a salir con el chico caliente, te conviertes en


material para el cotilleo de la escuela. Si fuéramos celebridades, estarías en la
portada de cada revista de chismes ahora mismo.

Esto no es genial. ¿Por qué necesitamos un sistema de castas en la secundaria?


¿No podemos simplemente pasar todos nuestros días ignorando lo que todos los
demás hacen?

Quiero decir, supongo que sabía que las personas tendrían curiosidad por saber
que Ethan y yo somos una especie de cosa ahora, pero ¿realmente merece la
pena mirarme fijamente como si me hubiera crecido una cabeza extra? Ni
siquiera estoy caminando con él ahora mismo.

April se detiene entre las dos aulas vecinas que alojan nuestra primera clase.

—¿Estarás bien sola? —me pregunta—. Podría conseguir un pase de pasillo y


venir a pasar el rato contigo.

Sacudo la cabeza.

—Puedo con esto. Además, es mejor que las personas me miren fijamente por
esto que por ese estúpido tornado.

Cuando el señor Davis está a mitad de su conferencia sobre la Guerra Civil,


estoy casi segura de que algo más pasa. Las personas no dejan de mirarme
fijamente. Desde los estudiantes con los que nunca he hablado, a los que
considero amigos, todos me miran furtivamente, sonriendo y generalmente
haciéndome sentir que no hay un agujero lo suficientemente grande para
esconderme dentro.

Me dirijo a Humzah, una estudiante de sobresalientes que solía invitarme a sus


fiestas de cumpleaños cuando éramos niñas.

—¿Todo el mundo me mira o me lo estoy imaginando? —susurro, aunque estoy


bastante segura de que ya sé la respuesta.
Mira sus notas y asiente.

—Te miran. Lo siento.

—¿Es por Ethan o el tornado?

Parece un poco confundida por la pregunta.

—Um, ¿ambos?

Los pantalones caqui del señor Davis aparecen junto a nosotras. Levanto la
mirada para encontrarlo frunciéndome el ceño, un borrador seco oliendo como
productos químicos en su mano.

—Mi clase no es lugar para la socialización, señoritas.

—Sí, señor —balbuceo, girando la cabeza. El señor Davis comienza a escribir


más notas en la pizarra y siento un toque en mi hombro.

Humzah susurra: —Facebook.

Paso la siguiente media hora tratando de echar un vistazo a mi teléfono sin que
el señor Davis lo vea. Finalmente, otra profesora llega a la puerta y él habla con
ella durante unos minutos. Deslizo mi teléfono fuera, inclinándolo en mi regazo
donde el escritorio lo cubrirá del punto de vista del señor Davis, y voy a
Facebook. No tardo mucho antes de bajar por la pantalla y ver algo compartido
en la página de porristas de West Canyon High School.

Mis pulmones de pronto se olvidan de cómo respirar, pero eso no es nada


comparado con lo segura que estoy de que mi corazón ha dejado de latir. Suspiro
en busca de aire y luego mi corazón corre, enviando una oleada de adrenalina
a través de mis venas.

La foto fue publicada originalmente por Kennedy Price, anoche a las ocho y
media. Ha sido compartida trescientas sesenta y dos veces.

—Hija de… —murmuro bajo mi respiración. Bien, tal vez fue más un gruñido
enfadado en vez de un murmullo tranquilo.
—Ella —dice el señor Davis—. Lenguaje. —Cierra la puerta de su clase y regresa
al pizarrón—. Y deja el teléfono. No te daré una segunda advertencia.

Bombas de calor se disparan por mis mejillas hasta que mi nariz se entumece.
Deslizo el teléfono de nuevo en el bolsillo con cremallera de mi mochila, pero la
imagen que vi se ha enterrado en mi cerebro, el recuerdo perfecto de una foto
que nunca podría desaparecer.

Kennedy, o probablemente algún nerd de la tecnología a quien sobornó, editó


una foto muy poco halagüeña de mi rostro en la parte superior de un tornado
de dibujos animados. El tornado tenía las manos y las piernas de palillos y un
subtítulo cómico en Comic Sans que ponía: Ella, la put-ornado roba novios.

Estúpido, sí.

No hay ni un solo elemento de humor, pero se las arregló para captar la atención
de toda la maldita escuela. Las miradas y susurros a mis espaldas continúan
durante el segundo y tercer período. Estoy llena de una mezcla de rabia y
humillación y ahora ambos compiten por el espacio en mi mente. Una cosa es
segura: todo el trabajo escolar ha sido completamente ignorado. Mis maestros
podrían estar enseñando el secreto para curar el cáncer y no lo sabría. Mi mente
está en otra parte.

Ethan me espera antes de mi cuarta clase de pre-cálculo. Sus manos en sus


bolsillos, y su expresión tan grave que apenas lo reconozco al principio.

—No te metas en internet —dice en voz baja.

—Demasiado tarde. —Camino más allá de él y empieza a andar conmigo.

Suspira, pasándose una mano por el cabello. Las ondas oscuras se hallan todas
estropeadas y tengo la sensación de que ha estado haciendo mucho eso esta
mañana.

Un grupo de chicas pasa caminando, mirándome como si fuera la fuente de su


existencia.
—Put-ornado —silba una de ellas. Me detengo, los puños apretados.

—Ignóralas —dice Ethan, poniendo un brazo alrededor de mi espalda—. No


hagas nada que te pueda meter en problemas.

Todos mis músculos se contraen al caminar. Todo lo que quiero hacer es dar la
vuelta y golpear a esa chica en el rostro, pero me obligo a caminar, usando la
mano de Ethan en mi espalda como guía.

—Voy a hablar con ella y conseguir que elimine la foto —dice, bajando su boca
hacia mi oído mientras caminamos. En cualquier otro momento, cualquier otro
día, tendría escalofríos de placer al caminar tan cerca de Ethan, sintiendo su
aliento en mi oído. Ahora solo me enfada.

—Hablar con ella no ayudará —le digo—. No se detendrá hasta que te tenga
devuelva.

Bufa.

—Eso nunca sucederá. Estoy contigo y no voy a cambiar eso.

Por alguna razón esto realmente me saca de mis casillas. Es como si mi corazón
y mi cerebro hubiesen pasado mucho tiempo en una batalla épica y, ahora,
cuando finalmente se encuentran de acuerdo en algo, el golpe resultante me
convierte en un monstruo. Tomo su mano y lo empujo a un hueco detrás de la
escalera. El repentino aislamiento de todos los ojos de mis compañeros
mirándome fijamente es un alivio bienvenido.

—No podemos hacer esto —le digo, respirando hondo y dejándolo salir
rápidamente—. Simplemente no podemos. No estamos juntos y probablemente
no lo estaremos nunca.

—¿De qué diablos hablas? —dice, alcanzándome. Le dejo tomar mis manos,
pero no encuentro su mirada.

—Kennedy nunca se detendrá. Es más poderosa que yo en la estúpida jerarquía


social de la escuela y me arruinará. Nos arruinará.
Suspiro a través de mi nariz e incluso rio un poco, ya que ahora todo se vuelve
muy claro para mí.

—Debería haber sabido que nunca funcionaría, Ethan.

Frunce el ceño y su manzana de Adán se mueve.

—No digas eso, Ella.

Sacudo la cabeza.

—Esto es la escuela secundaria. La escuela secundaria es drama. Esta no es


una película romántica de adolescentes en la que la chica perdedora consigue
el “y vivieron felices” con el chico popular. —Lanzo mis manos al aire. Ahora
todo tiene sentido para mí, no sé por qué me tomó tanto tiempo darme
cuenta—. Solo porque somos amigos no significa que saldrá bien. La escuela no
nos dejará.

—¿Y qué? —dice Ethan, su voz baja porque está a solo un par de centímetros
de mí ahora. Las yemas de sus dedos rozan mi mejilla—. La secundaria
terminará pronto. Comenzarás tu negocio de cupcakes y yo ramificaré mi
negocio de camisetas y nosotros estaremos a cargo de nuestras propias vidas.
La secundaria no importará más.

La idea misma de lo que dice me calienta el corazón. Presiona un suave beso en


mis labios.

—Podemos hacer que esto funcione.

Nuestros teléfonos suenan al mismo tiempo. Curiosos, los alcanzamos. Un


número que no reconozco nos ha enviado un mensaje de texto a ambos, junto
con docenas de otros números en un mensaje masivo de grupo.

—¿Es jodidamente en serio? —dice Ethan con los dientes apretados.

El mensaje es otra foto mía de mala calidad editada. Esta vez es una foto de una
estrella porno entre varios chicos, haciéndose cosas aterradoras entre sí. Mi
rostro pegado sobre el rostro de la chica y el subtítulo dice: ¡Mira todos los novios
que he robado!

Las lágrimas llenan mis ojos, rompiendo completamente mi auto-imagen mental


de que soy más fuerte que todo esto. No soy lo suficientemente fuerte como para
tomar esto con gracia.

Giro mi teléfono hacia Ethan, aunque tiene el mismo mensaje en su propia


pantalla.

—Es por eso que no funcionará —digo, parpadeando las lágrimas—. Tenemos
que terminar esto.

—Ella —dice Ethan, alcanzándome.

Sacudo la cabeza.

—Tal vez algún día sea diferente, pero no ahora.

Ethan limpia una lágrima de mi mejilla y me alejo, caminando hacia atrás lejos
porque sé que me ayudará a mantener una cara de póker si hay alguna
posibilidad de tener una audiencia.

—Adiós, Ethan.
19
Ethan
Traducido por Lobeth
Corregido por Maga

Ella hace esta cosa no-tan-sutil de ignorarme los dos siguientes días. April es
ahora su aventón de ida y vuelta a la escuela y se ha ido en la mañana antes de
que esté incluso fuera de la cama. La sala de juegos es como una fortaleza
sellada, la puerta siempre cerrada, la chica de mis sueños al otro lado.

Sin ninguna clase en común, nunca veo a Ella a menos que vaya a buscarla, lo
que no hago. Si quiere tiempo lejos de mí, no voy a ser el tonto insistente y
desesperado, tratando de ganarla de vuelta. He estado recibiendo esa mierda de
Kennedy y no es divertido.

Pero mi determinación por evitarla en los pasillos no funciona con el resto de


mi anhelo. Todavía pienso en ella constantemente, recuerdos de sus labios y su
sonrisa consumen cada momento de mi vida. Ni siquiera estoy seguro de cómo
me las arreglé para llenar la solicitud en línea de la Universidad de Texas
anoche. Cada espacio en blanco me hizo querer escribir su nombre.

Nombre: Ella

Dirección: Ella

Secundaria: Ella

Aunque UT siempre ha sido mí elección por su cercanía a casa y una matrícula


más barata que alguna carísima universidad de lujo, anoche pasé tres horas
investigando escuelas lejos. Tal vez salir de aquí después de la graduación es lo
que necesito. Con mi negocio de camisetas siendo tan exitoso, he pasado la
mayoría de mi penúltimo año discutiendo con mis padres sobre saltarme la
universidad y expandir mi propio negocio. Me han convencido de por lo menos
intentar la universidad, obtener una licenciatura en administración de
empresas puede ayudarme en mis metas empresariales. Ahora, asistir a la
universidad a varios estados de distancia de la chica que no hablará conmigo
suena como que podría ser una gran idea.

Ni siquiera son las diez cuando me acuesto en la cama, mirando la masilla en


mi techo. Mañana es otro día de escuela y estoy seguro de que Ella me
abandonará por April de nuevo. Justo cuando detenernos por donas y café se
convirtió en mi parte favorita del día, ahora es una tarea pasar y tener a la
señora Kim preguntándome a dónde fue la chica.

Golpeo la almohada para esponjarla y meterla debajo de mi cabeza. No ayuda.


No puedo dormir. No puedo estar alejado de ella.

Por un momento de culpa me pregunto si así es cómo Kennedy se siente cada


noche cuando intenta quedarse dormida. Nunca quise herirla, definitivamente
no tanto como me duele que Ella me evite, de hecho ahora me siento mal por
mi ex. He estado ignorando todos sus mensajes de texto y llamadas, aunque
son menos frecuentes con cada día que pasa. Por supuesto, Kennedy está
jugando sucio, subiendo esas fotos de Ella en línea. Merece que ignore sus
llamadas.

Afortunadamente, no más fotos crudamente trucadas han aparecido en línea, o


en otra parte. Por un tiempo, estuve asustado de que decorara cada pared de la
escuela con fotografías de Ella como un tornado, pero todo parece haberse
detenido. Apuesto que ese plan parecía perfecto para Ella. Si me ignora, la burla
desaparece.

Gimo y me pongo de lado. Todo es mi culpa. Si solo hubiera hablado con ella
ese día en la piscina, llegado al fondo de las mentiras de Corey y hecho las cosas
bien entonces, tal vez estaríamos juntos ahora. No tendría una ex demente y
Ella no tendría años de odio contra mí.

Reflexiono por lo que podría ser una media hora y luego me levanto de la cama.
Se siente más lejos ahora que se encuentra en la habitación de al lado que
cuando vivía al lado. Solo necesito verla, incluso si me dice que me vaya al
diablo.

El brillo de la televisión sale por debajo de su puerta, las sombras danzantes y


las luces parpadeando en la alfombra del pasillo. Toco la puerta y retrocedo
cuando mi corazón comienza a latir.

La puerta se abre unos pocos centímetros y parte del rostro de Ella aparece. Me
mira directamente y luego abre la puerta un poco más. Cabello marrón cae
alrededor de sus hombros, pareciendo unos pocos centímetros más largos de lo
que solía ser. ¿En serio no la he visto en tanto tiempo? ¿O solo luce diferente
porque es lacio y sedoso y no ondulado como lo es normalmente?

—Hola —digo, sonando tan avergonzado como me siento.

La abre más y se apoya contra el marco de la puerta. Lleva un pantalón corto


de pijama color purpura que deja poco a la imaginación y una camisola a juego.
La sedosa tela hace que mis dedos piquen por tocarlo, tocarla y tenerla en mis
brazos.

—¿Nuevo pijama? —pregunto.

Baja la mirada.

—La mamá de April me compró dos docenas de cupcakes para la fiesta de


cumpleaños de su hijo. Probablemente debería ahorrar dinero para comprar
más suministros para hornear, pero… —Se encoge de hombros—. Conseguí un
pijama en su lugar. Es duro dormir en la misma vieja camiseta cada noche.

Asiento, tratando de no parecer como un tipo de perro cachondo.

—Se ve bien en ti. —Realmente bien.

Hace este pequeño gesto de encoger los hombros y puedo decir que quiere
terminar la conversación. Pero soy un idiota egoísta y no me voy a ir fácilmente.

—Estoy feliz de que sigas horneando —digo—. Deberías hornear aquí. Extraño
tus cupcakes.

Dobla sus brazos sobre su pecho.

—No has tenido ninguno de mis cupcakes últimamente. Son mucho mejor que
cuando estaba en la escuela. En ese entonces seguía las instrucciones de la
caja.

Levanto una ceja.

—Bueno, ¿qué haces diferente ahora? ¿De qué otra manera haces cupcakes?

Inclina la cabeza como si estuviera imaginando si realmente soy así de estúpido.

—No uso una caja ahora. Horneo desde cero.

—Ah, bien, sé eso —Asiento, pero probablemente no es muy convincente—.


Definitivamente sé lo que significa “desde cero”.

Esto gana una sonrisa de la chica de mis sueños.

—¿Qué quieres, idiota?

—Quería ver tu bonito rostro desde que has estado ignorándome.

Sus ojos se entrecierran un poco.

—No estoy ignorándote. Conoces el acuerdo, Ethan. No podemos estar juntos.

Doy un paso adelante.

—¿Por qué?

Traga, sus ojos nunca dejan los míos.

—Porque la ira de Kennedy no lo vale.

—Olvídala —digo, moviéndome un poco más cerca. Mis dedos se curvan en la


alfombra. Estoy usando pantalones de franela y nada más. Los ojos de Ella se
deslizan hacia mis abdominales y los mantengo apretados, esperando que la
muestra de masculinidad gane sobre ella. Pero no es tan superficial como podría
esperar porque presiona sus labios.

—Tal vez después de la secundaria —dice.

—¿Por qué no ahora? Me voy a volver loco sin tu compañía. —Asomo mi labio
inferior—. Manejar solo a la escuela apesta.

Ladea su pierna.

—No tienes idea de lo que es ser llamada una put-ornado, Ethan. No es


exactamente mi momento favorito de la escuela. No podemos hacer esto.

—Lo siento mucho por eso. No puedo imaginar cuán mierda es eso, pero no
puedes dejar que te moleste. Entonces ella gana.

Ella levanta sus manos al aire, palmas arriba.

—Así que ella gana. Oh, bien.

Me curvo sobre mis rodillas.

—Pero podríamos ser almas gemelas, Ella. Y nos echas por la borda en lugar de
darnos una oportunidad.

—¿Almas gemelas? Es algo grande para decir.

—Lo digo en serio.

Resopla.

—Ethan… pasamos cuatro años odiándonos el uno al otro. Sería fácil volver a
eso. Solo volvamos a eso.

—¿Por qué me rechazas? No puede ser solo por Kennedy. —Tomo la oportunidad
y deslizo mi brazo alrededor de su cintura, la sedosa tela de su camisola
sintiéndose tan bien como imaginé. No me empuja así que entrelazo mis brazos
alrededor de su espalda y presiono mí frente en la suya—. Si realmente no
sientes nada por mi entonces me iré. Pero parece que también te preocupas por
mí, y te rindes a la primera señal de problemas. —Cierro los ojos y respiro la
esencia floral de su perfume—. Te perdí una vez, no puedo perderte otra vez.

Suspira y se inclina hacia mí, pegando su cabeza contra mi cuello, sus manos
presionadas contra mi pecho desnudo.

Mi respiración sube y la mantengo cerca, la felicidad más allá de las palabras


de que esté finalmente en mis brazos.

—No sé qué hacer —dice, sus labios rozándose contra mi cuello. Me estremezco
y me mira, sus ojos reflejando el brillo de la televisión. Sus labios se alargan en
esa sonrisa tímida que acelera mi corazón—. Pero sé lo que quiero hacer justo
en este momento —susurra, deslizando sus manos hasta mi cuello.

—¿Qué es eso?

—Déjame mostrarte. —Toma mi rostro en sus suaves manos y tira hacía el suyo,
besándome de la manera exacta que me vuelve loco.
20
Ella
Traducido por Coral Black
Corregido Maga

Mi cuerpo responde a Ethan como si fuéramos dos imanes con distinta


polaridad. Lo empujo a mi habitación y cierro la puerta detrás de nosotros.
Ethan se gira y se envuelve alrededor de mí, besándome hasta que mi espalda
está contra la puerta y no podría huir aunque quisiera. Hacemos como si
hubiéramos ganado medallas olímpicas en el deporte de besarnos el uno a otro.

Me alejo, jadeando por otra respiración.

—¿Quieres llevar esto al sofá? —susurro. Hace una especie de gruñido de


aprobación y sus manos se deslizan por mis piernas, levantándome en el aire.
Envuelvo mis brazos alrededor de su cuello y me agarro firmemente mientras
me lleva hasta el sofá, que es oficialmente mi lugar favorito en la casa. Es donde
todos nuestros mejores besos pasan.

Ethan retrocede hasta que sus pantorrillas tocan el sofá y luego se sienta,
conmigo a horcajadas sobre su regazo. Paso las manos por su cabello,
empujando las olas negras lejos de su rostro.

—No me des esa sonrisa —digo, presionando mis dedos sobre sus labios—. Solo
porque esté sentada en tu regazo no significa que hayas ganado.

Me aprieta el culo y me da una mirada sucia.

—Parece que he ganado.


Dicen que se necesita menos músculos para sonreír que para fruncir el ceño y
ahora mismo cada músculo en mi rostro no es lo suficientemente fuerte como
para mantener mi sonrisa lejos. Pongo los ojos en blanco.

—Bien, tal vez ambos ganamos.

Se inclina hacia delante y me da un beso con la boca abierta en el cuello. Como


por arte de magia, mi cuerpo responde derritiéndose por todo el lugar.

—Pensé que no querías estar conmigo —dice, dándome esa sonrisa arrogante
antes de darme otro beso.

—Dije que tal vez después de la secundaria.

Frunce el ceño.

—No quiero volver a ser enemigos, Ella. Ni siquiera quiero ser amigos. Quiero
ser un nosotros. —La sinceridad en sus ojos casi me paraliza—. Quiero que
estemos juntos. Incluso iré al baile contigo si quieres.

—Guau, eso es… es una gran idea. —Me concentro en jugar con su cabello para
no tener que encontrarme en sus ojos—. No creo que salgamos de allí con vida
si vamos al baile juntos. Kennedy me acuchillará con sus tacones altos.

Resopla.

—Puede que ya lo haya superado. Si tenemos suerte, tendrá un nuevo novio y


se habrá olvidado de nosotros.

—Tal vez —digo, dejando que mis dedos desciendan por su pecho desnudo. Mi
tacto deja un camino de escalofríos en su piel oscura. No parece el momento
adecuado para decirle que el baile de graduación no es realmente lo mío.
Preferiría enrollarnos y olvidarme de todas las cosas que apestan, comenzando
por el baile de graduación y terminando con las imágenes editadas de mí en
situaciones embarazosas.

Mis dedos llegan a la cintura de sus pantalones de franela y Ethan toma una
respiración aguda. Sus ojos se cierran y deslizo mis manos hacia atrás, todavía
no estoy lista para llevar algo a ese nivel. Lo beso lentamente, disfrutando cada
segundo de estar con este chico, no importa cuántas piezas de nuestras vidas
no encajen exactamente. Se las arregla para saber como a canela incluso
cuando no mastica chicle y estoy segura de que el olor fresco de un chico salido
directamente de la ducha es el mejor olor en la tierra.

Las manos de Ethan se deslizan por mis lados, sus dedos resbalando debajo de
mi camisola. Mi aliento se detiene mientras sus dedos suben lentamente,
meticulosamente, más cerca de mis pechos.

Cada nervio de mi cuerpo está en llamas y puedo sentir, con un poco de timidez
de mi parte, exactamente cómo de excitado está Ethan en este momento. Me
congelo, mi aliento atascado en mi garganta. Nuestros labios juntos, nuestros
cuerpos tan, tan cerca. Sus manos alrededor de mis costillas y las mías
envueltas alrededor de su cuello.

—No creo que quiera llevar esto más lejos —susurro, mis mejillas ardiendo tanto
que entierro mi rostro en su hombro, no queriendo levantar la mirada y hacerle
saber lo patéticamente inexperta que soy—. Lo siento.

Sus manos se deslizan hacia abajo y se asientan sobre mis caderas, encima de
mis pantalones cortos.

—No lo sientas —susurra en mi oído—. Todo depende de ti. No presionaré por


más de lo que quieras.

Trago y me hundo en su abrazo, dejando que mi rostro se apoye en su clavícula.

—Gracias.

Ethan suelta una respiración lenta y entrelaza sus dedos, estirándolos y


haciendo estallar sus nudillos a mis espaldas.

—¿Deberíamos ver algo estúpido en la televisión para enfriar estas furiosas


hormonas? —me pregunta con un terrible acento británico y me rio. La tensión
en el aire se evapora y me deslizo fuera de él, sentándome en la esquina del sofá,
pero manteniendo mis piernas encima de su regazo y mi brazo alrededor de sus
hombros. Encajamos perfectamente en esta posición.

Ethan encuentra algo en la televisión y nos acomodamos en un silencio cómodo.


Las piezas de nuestras vidas pueden estar dispersas por todo el lugar: elegir las
universidades, amigos populares y exnovias, pero nada de eso importa cuando
estamos aquí en la sala de juegos. Aquí, encajamos juntos como los dos chicos
que solíamos ser. Él es el yin de mi yang, y todas esas otras estúpidas frases
cliché para describir a la persona que te tiene atrapada tanto como tú la tienes
atrapada.

Mi corazón rebota en mi pecho cuando Ethan me acaricia el cabello y me deleito


con el aroma de su cuerpo recién lavado. Todavía no tenemos todo planeado, y
todavía hay algunos dragones que matar en el viaje para convertirnos en una
pareja oficial, pero esta noche, esta noche podría ser perfecta.

Cierro los ojos y caigo en un sueño cómodo, el sonido del latido del corazón de
Ethan mi canción de cuna.
21
Ethan
Traducido por a.Rene
Corregido por Coral Black

La señora Lockhart hace la cena para todos el viernes por la noche. Hace un
gran escándalo sobre cómo por fin está libre una noche de fin de semana y cómo
le gustaría pagarle a mi madre por todas las comidas caseras que ha hecho
últimamente. Ella y yo bajamos de la sala de juego después de terminar nuestra
tarea y de perder el tiempo (bueno, la mayor parte perdiendo el tiempo) e
inmediatamente nos damos una mirada atónita e incrédula cuando nos damos
cuenta de que en el menú de hoy no se encuentra la comida saludable de mamá.

—¿Esa… es la cena? —digo olfateando. Mi boca en realidad se hace agua y todo


este tiempo pensé que esa expresión era solo una broma. Orégano, ajo y queso
llenan la cocina. Queso real, no algún sustituto de queso con un poco de grasa.

Ella asiente.

—Huele como la famosa lasaña de mamá, y por famosa, quiero decir que es la
única comida elegante que puede cocinar. Pan con ajo, también. —Me toma de
la mano, pero la suelta antes de entrar a la cocina, asegurándose de que nadie
la vea.

Ambas parejas de padres están aquí esta noche, es la primera vez que comemos
todos juntos desde la primera noche que los Lockhart se quedaron aquí. El
señor Lockhart me da una palmada en el hombro cuando me siento junto a él.

—¿Cómo estás, hijo?


La pregunta, por inofensiva que sea, repentinamente hace que me sea imposible
hablar. ¿Sabe que me estoy enrollando con su hija todas las noches? ¿Qué estoy
loco por esta chica? ¿Me mataría si lo descubre?

—Eh, bueno —digo con voz ronca. Ella me mira de reojo. Me repongo y alcanzo
un pedazo de pan con ajo—. ¿Cómo está?

Suspira pesadamente y toma el cesto de pan que le ofrezco.

—Perdimos a algunas personas esta semana. Dos murieron durante el traslado


pero a uno no lo pude resucitar. Así que esta semana fue una mierda.

—Vaya, lo siento.

Le resta importancia con la mano y le pasa el pan a Ella.

—Solo puedes hacerlo lo mejor que puedas, el resto es el destino ¿sabes?

—Por eso no quiero tener como carrera nada que tenga que ver con ayudar a
las personas —dice Ella, mordiéndose los labios—. Voy a hornear cupcakes y lo
que hagan los clientes después será cosa suya, no mía.

Ella es escurridiza y mala, eligiendo una silla directamente frente a mí. Ahora
puedo ver su hermoso rostro todo el tiempo, pero no puedo hacer nada al
respecto frente a todos estos testigos paternos.

Mi padre se sienta al otro extremo de la mesa. Las arrugas en su frente son más
pronunciadas de lo normal y he escuchado suficientes conversaciones por
casualidad últimamente para saber que está estresado en su trabajo. Toma los
cubiertos de la servilleta de tela y la coloca en su regazo.

—Entonces, Ethan… —comienza con esa voz que significa que no se encuentra
nada contento conmigo. Mentalmente, reviso todas las cosas que se supone que
debo hacer diariamente. He sacado la basura, he clorado la piscina, cortado el
césped. Mis notas son buenas, por lo que solo puede significar…—. No has
estado ejercitándote mucho, ¿verdad? Perdiste algo de músculo.

—Hago pesas en la escuela —le digo.


Sacude la cabeza.

—Pero no en casa, hijo, cuando la temporada de fútbol termina no es una


excusa para eludir tus responsabilidades atléticas. ¿Cómo jugarás fútbol
universitario sin dedicación?

No quiero jugar en la universidad. Sabe que no discutiré eso delante de todas


estas personas, y tiene razón.

—No me he ejercitado mucho en casa porque no quiero molestar a Ella en la


sala de juegos. —Espero que no la esté usando demasiado como chivo
expiatorio.

Dakota se ríe y enrolla un hilo de queso en su tenedor. Sus párpados


completamente cubiertos de material brillante lo que hace que se vea como una
pequeña hada malvada.

—¿No quieres molestar a Ella? Eso es raro, porque estás ahí todo el tiempo.

—Tiene razón —dice papá, asintiendo hacia su hija más joven (y obviamente la
favorita)—. Ethan, ejercítate más. Ella, no te importa, ¿verdad?

Su boca se encuentra llena de comida, pero sacude la cabeza.

—Excelente —dice papá, como si ahora el asunto estuviera resuelto de forma


perfecta.

Así que después de cenar, voy al banco de pesas mientras Ella me mira desde
el sofá, su expresión tanto cínica como feliz.

—No tienes que mirarme fijamente —digo, apoyándome contra la prensa de


inclinación con mis manos en la barra.

—Oh, pero quiero hacerlo. Confía en mí, quiero hacerlo —dice, inclinándose
hacia delante. Sus pies cuelgan del apoyabrazos en el sofá, colgando
despreocupados mientras me mira luchar para levantar tres kilos y medios en
la barra—. Me siento como una sexista total tratándote como un pedazo de
carne, pero esto es realmente caliente. —Hay un brillo en su mirada que me
hace trabajar más duro para impresionarla.

—Tu teléfono suena —dice unos minutos después.

Estoy jadeando, las manos en las rodillas, agotado por las últimas repeticiones.

—¿Quién es?

—Es un mensaje de Kennedy —dice, haciendo un sonido de atragantarse.

Tomo una toalla para el sudor y me limpio el rostro.

—Bueno, ¿qué dice?

Sus cejas se disparan hasta su cabello.

—¿Quieres que te lo lea?

—Si no quieres, no te preocupes. —Me inclino hacia atrás y me preparo para


otra ronda.

—Dice… —Se aclara la garganta y pone una voz muy chillona—. ¿Todavía no
has cambiado de opinión? Junto con un puñado de emojis estúpidos.

—Respóndele: No. Piérdete. No vuelvas a escribirme.

Ella retiene el teléfono en su regazo y me mira.

—No puedo decir eso.

—Claro que puedes. Ahora eres yo, no tú.

Sus labios se mueven hacia un lado de su boca mientras escribe.

—Bien, listo.

—¿Qué dijiste? —pregunto entre las repeticiones.

—Dije: No, gracias.

Gimo. Mi teléfono vuelve a sonar y Ella lo lee: —Es solo un baile, Ethan. ¿Por
qué te encuentras tan molesto por esto? No me hagas arruinarte. —Me mira—.
¿Arruinarte? ¿Y eso qué significa? ¿Tiene una guarida malvada donde realiza
espeluznantes experimentos científicos para revolver tu cerebro o convertirte en
pollo?

Resoplo y dejo la barra de peso de nuevo en el banco.

—Necesita ser internada. Déjame ver el teléfono.

Se acerca a mí y tecleo: Prefiero ir al baile con una mierda de perro que


contigo. Deja a Ella fuera de tus pequeñas pataletas o te arruinaré.

—Guau, eso es duro —dice Ella, leyendo sobre mi hombro.

Me encojo de hombros.

—Estoy empezando a creer que mi madre tenía razón. La chica necesita que la
policía le llame la atención.

—Necesita un nuevo novio. Quizá deberíamos emparejarla con alguien.

Le pincho el estómago porque estoy cubierto de sudor y es el único contacto que


puedo hacer sin causarle asco.

—No odio a nadie lo suficiente como para hacerle eso.

***
El viernes, Ella me deja llevarla a la escuela de nuevo. Las donas de la señora
Kim tienen un sabor extra dulce ahora que mi persona favorita vuelve a
comerlas conmigo en mi camioneta.

—Me siento muy bien acerca de esto —digo, haciendo estallar otro buñuelo en
mi boca. Ella es muy fina y los come en dos bocados, pero no sé cómo lo hace.
Son demasiado buenos, cálidos, azucarados y suaves como si alguna especie de
ángel los hubiera horneado.

—¿Confiado acerca de qué? —pregunta.

Entro en el estacionamiento y me dirijo a mi lugar habitual, a tres filas del


Explorer de Kennedy.

Me inclino y la beso en los labios azucarados.


—Confiando acerca de nosotros. Kennedy se ha ido. Debería haberle mandado
un mensaje hace mucho tiempo.

—No estoy segura de que amenazar con arruinar a tu exnovia sea exactamente
la mejor idea. —Ella sale de un salto de mi camioneta y me espera frente a
ella—. Pero te apoyo.

Le tiendo mi mano.

—¿Eso significa que quieres ser vista en público conmigo?

Mira alrededor y luego toma mi mano, entrelazando nuestros dedos. La beso en


la cima de su cabeza y entramos en la escuela, sintiéndome por primera vez
orgulloso de la chica que tengo en mi brazo.

—Un mes y medio y termina la escuela —dice cuando llegamos a la estatua de


tiburón donde April la espera—. Podríamos haberlo hecho hace tiempo, pero es
tu funeral.

—¿Qué puedo decir? —Hablo en voz baja, inclinándome hacia su oído—. Estoy
loco por ti.

Sus orejas se ponen rojas y se aclara la garganta.

—Bien, te veo más tarde. —Me da un pequeño saludo y su inmensa vergüenza


es linda de la mejor manera.

—Hola —digo, mirando más a April. Si puedo conseguir a la mejor amiga de mi


lado, Ella podría sentirse mejor acerca de toda esta situación—. Deberíamos
almorzar juntos. ¿Quizás en el patio?

—¿Vas a traer a algunos de tus amigos? —pregunta April. Ella le da una mirada.

Me rio entre dientes.

—Sí, puedo llevar a alguien. ¿Tienes a alguien en mente?

Se encoge de hombros.

—¿Tal vez alguien que no tenga una cita para el baile?


La apunto con mi dedo en forma de arma.

—Lo tengo. Os veré a la hora de almuerzo, damas.

Puedo no ser un experto en cosas de mujeres, pero la mirada que la mejor amiga
de Ella me da me dice que estoy dentro, por lo menos eso dicen sus ojos. Ahora
todo lo que tengo que hacer es lograr que Ella esté completamente a bordo. No
quiero ser solo amigos que se enrollan después de que las luces se apagan y
todo el mundo se ha ido a la cama. Quiero algo legítimo con la chica que he
amado desde que era un niño pequeño. Después de todos estos años, todas las
cosas que pasaron entre nosotros, finalmente, se siente como que todo saldrá
bien.

Mi séptimo cielo dura solo hasta que llego al segundo período.

Cinco estudiantes se amontonan alrededor de un único escritorio en la esquina


de la habitación.

—Amigo —dice Jason García—. ¿En serio?

—¿Qué demonios pasa? —Camino y una chica mete su teléfono en el bolsillo


delantero de su sudadera con capucha. El temor me golpea como un enorme
montón de basura que cae del cielo. He estado en esta situación antes. Todo el
mundo se amontona alrededor de un teléfono, dándome miradas que son una
mezcla de diversión y compasión, no es nada nuevo.

Presiono la palma de mi mano en mi frente mientras más estudiantes se


apresuran a clase con la esperanza de vencer la campana tardía.

—¿Qué hizo esta vez? Ella la va a matar.

Jason se ríe.

—Ella podría matarte a ti en realidad.

La campana suena y la señora Hinojosa entra en la habitación, su larga falda


multicolor se mueve detrás de ella.

—¿Por qué no estáis todos en vuestros asientos? —grita con voz cantarina, y la
clase obedece cuando nos dejamos caer en nuestros escritorios uno por uno.

Por suerte, mi profesora de ciencias de la salud del segundo período no se


preocupa realmente por los teléfonos, así que soy capaz de sacar el mío,
ocultarlo en el escritorio y desplazarme a través de las aplicaciones sin temor a
que me lo confisque. Desafortunadamente, el resto de la clase puede hacerlo,
también.

Solo tardo unos dos segundos en encontrar el perfil en línea de Kennedy, donde
ha lanzado su más reciente ataque virtual. La sensación de basura de antes se
siente más como ser golpeado con lava fundida en este momento.

No escucho ni una sola palabra de lo que dice la profesora cuando veo la idea
de Kennedy de “arruinarme”. Todos los buñuelos de antes amenazan con salir.
Me hundo en mi silla y trato de parecer lo más pequeño posible, pero con más
de un metro ochenta de altura, estoy seguro de que no funciona.

Kennedy ha publicado una actualización de estado llamando a Ella una roba


novios. Pero esa no es la peor parte. Ha pegado capturas de pantalla de nuestras
conversaciones privadas de mensajes de texto junto con las palabras: ¿Esto
suena como las palabras de un tipo que me dejó para estar con otra chica
solo unos días más tarde? ALÉJENSE DE ETHAN POE, SEÑORITAS. Publico
esto por su propio bien. XOXO

Mi rostro se siente entumecido. Ojalá pudiera romper el teléfono en pedazos,


borrando su publicación para siempre. Me gustaría gastar todo mi dinero de
camisetas comprando los teléfonos de toda la escuela. Por supuesto, no es así
como funciona internet.

Ahora todo el mundo ha visto este épico y embarazoso error de conversación.

Mi corazón late en mi pecho mientras leo las palabras que escribí semanas
atrás. Fue después de nuestra primera cita y, posteriormente, nuestra primera
sesión de besos. Se quitó la blusa y rechacé sus avances, sobre todo porque se
sentía como si fuese lo que un caballero debería hacer.
Kennedy: Buenas noches.

Yo: Mira, lo siento si esta noche te ofendí. No quise herir tus sentimientos.
Solo pienso que, si voy a estar con alguien sexualmente, debería ser alguien
que realmente me interese, tal vez incluso ame.

Kennedy: ¿Así que no te interesas por mí? Guau.

Yo: No es así. No soy un tipo que se mueva rápido. No voy a conocer a


alguien y luego tener sexo, simplemente no puedo.

Kennedy: Se siente más como un rechazo para mí. Buenas noches.

Yo: No te sientas rechazada. Llegaremos a eso.

Ugh. Mis propias palabras, lanzadas a mi cara. Por mi propia admisión, no me


enrollaría con una chica justo después de unos días de haber terminado con
alguien. ¿No es eso exactamente lo que pasa ahora con Ella y conmigo? A nadie
le importa que la conozca de toda mi vida. Ellos solo van a ponerse del lado del
corazón roto de Kennedy en esto.

Puedo sentir los ojos de todos en mí. Si esto es por lo que Ella pasó, es mucho
más fuerte que yo. Levanto la mano y pido tomar agua.

Cada ojo en el aula me sigue mientras salgo de la habitación tan rápido como
me llevan mis piernas. Una vez en el pasillo, estoy solo y finalmente soy capaz
de respirar.

Según el perfil de Kennedy, las imágenes se han compartido más de un centenar


de veces hasta ahora y tiene docenas de comentarios, todos pisoteándome y
alabándola por ser “una chica tan fuerte”. Ugh.

Cuando terminé con ella, no fue por Ella. No dejé a Kennedy para enrollarme
con otra chica. La dejé porque era una persona horrible. Entonces, ¿por qué
siento que mi corazón está siendo atornillado mientras la culpa me consume
más con cada segundo que pasa? Kennedy puede ser malvada, pero también se
siente herida por haberme perdido. No quiero ser la causa del dolor de nadie, ni
siquiera de alguien como Kennedy.

Llego a la fuente de agua y no me apetece tomar ni una gota. En su lugar, me


inclino contra una fila de taquillas y saco mi teléfono de nuevo. Supongo que
espero ver a alguien comentar algo defendiéndome. Divertido, tanto como odio
internet, aquí estoy mirándolo por consuelo.

Alguien me llama cobarde en los comentarios. Otras personas dicen que no


sabían que los deportistas podían tener sentimientos cuando se trataba de sexo.
Supongo que se supone que es bueno, pero suena como un insulto.

Un tipo comentó: “Lo golpearía”, y Kennedy le respondió con un emoji de un


guiño.

Uh, bien.

Mientras me desplazo a través de los comentarios, sintiéndome más y más como


un idiota sin corazón (sus palabras, no las mía) con cada segundo que pasa, la
página se actualiza con un nuevo mensaje de Kennedy.

Este hace que mi sangre hierva.

"Gracias por el amor, xicos. Pero ya lo he superado. Tenía una cosa muy
pequeña si sabéis a qué me refiero. ¡Vamos por cosas mejores y MÁS
GRANDES! Xoxo!"

De acuerdo, ¿toda esa mierda que dije antes sobre no querer herirla? Olvídate
de eso. Se necesita toda mi fuerza de voluntad para no responderle y decirle que
mi cosa no solo A) no es pequeña, sino también B) no es como que la haya visto,
así que ¿cómo lo sabría?

Pero una discusión en línea con mi ex sería estúpida, así que me trago mi orgullo
y sigo caminando, con la esperanza de que una vuelta por los pasillos de la
escuela pueda ayudarme a calmarme antes de tener que hacer frente a mi
segundo período de clase de nuevo.

Las voces suenan a la vuelta de la esquina y me detengo brevemente, sin querer


enfrentarme a nadie. Pero entonces reconozco la voz, o más bien la risa.

—¡Oh, Dios mío, vamos a suspender!

Asomo la cabeza por la esquina y encuentro a Ella y April sentadas con las
piernas cruzadas en el pasillo, una cartulina entre ellas y una docena de
marcadores de diferentes colores alrededor.

—¿Tenéis un pase para el pasillo? —pregunto en mi voz más profunda y


autoritaria.

La cabeza de Ella se gira bruscamente, y entonces su expresión se suaviza


cuando me ve.

—Hola, guapo.

Cada músculo de mi cuerpo se siente atraído hacia ella y casi me olvido de por
qué estaba tan enfadado.

April me saluda: —Escucha, Ethan. ¿Es este el peor cartel que has visto o puede
salvarse?

Pretendo considerarlo por un momento. Han hecho un cartel político como si el


tiburón, la mascota de WCHS se estuviera postulando para presidente y la cosa
gris en el centro del cartel es, supongo, supuestamente un tiburón.

—Me parece bien —le digo.

Ambas ponen los ojos en blanco.

—No, se ve terrible —dice April, colgando la cabeza—. Ugh, esto es una mierda.

—¿Para qué clase es esto? —le pregunto. Ella golpea el piso alfombrado junto a
ella y me siento, dejando que mi espalda se apoye contra la pared.

—Economía. Estamos haciendo una falsa campaña presidencial. Otros grupos


eligieron celebridades para postular a la presidencia, pero nosotras elegimos a
la mascota. —Ella apoya su cabeza contra mi hombro, tapando su marcador—.
Cariño, apestamos dibujando.
El nombre cariñoso fue rápido e inofensivo, pero envió un escalofrío de deseo a
través de mis huesos. Me llamó cariño. Sonrío y alcanzo el marcador gris.

—Quizá pueda ayudar. —Me inclino y dibujo otro tiburón encima del de ellas,
haciéndolo lo suficientemente grande como para cubrir la mancha aterradora
en el centro del cartel. Después de unos minutos, sombreo el resto y utilizo un
marcador negro para darle más definición, algunos ojos y branquias.

Me inclino hacia atrás y arrugo mi nariz a mi creación.

—¡Es perfecto! —dice April.

Ella sonríe y lanza sus brazos a mí alrededor.

—Gracias, gracias, gracias.

Le doy un rápido beso en su mejilla.

—En cualquier momento.

April nos mira con una extraña expresión en su rostro.

—Oh, Dios mío, lucen totalmente enamorados —dice, sacudiendo la cabeza


como si no pudiera creerlo—. Kennedy puede cerrar su maldita boca si sabes lo
que quiero decir.

Un nudo se eleva en mi garganta. Estos últimos minutos me hicieron olvidar


todo el asunto de Kennedy, pero ahora la ira y la humillación de su publicación
regresa con fuerza.

—Ya era bastante malo antes del comentario del pene —digo, sacudiendo mi
cabeza.

—¿El qué? —dice Ella. Ella y April intercambian una mirada confusa.

—Supongo que no lo has visto —digo, apoyando mi cabeza contra la pared


mientras observo los azulejos del techo—. Confía en mí, lo harás pronto.

Ella frunce el ceño mientras agarra su teléfono. Unos segundos después, April
murmura: —Guau.
Ella se ríe entre dientes.

—Sí, esto termina ahora.

—¿Qué quieres decir con eso? No voy a publicar una foto de mi cosa para debatir
con ella.

Ella sacude la cabeza, apretando la mandíbula. Me da una mirada malévola y


me estremezco. Cualquier dulce niña que haya sido hace un minuto ha sido
reemplazada por una malvada villana que se le parece.

—No, esto termina ahora, Ethan. —Sus ojos brillan bajo las luces fluorescentes
y el tono de su voz envía un escalofrío por mi columna—. Si Kennedy Price quiere
guerra, le daré una.
22
Ella
Traducido por Lobeth
Corregido por Maga

A pesar de los planes de Kennedy de destruirnos, en realidad mi primer día


almorzando con Ethan va bastante bien. Mantuvo su fiel promesa a April y trajo
un amigo. Toby además de ser jugador de fútbol, es corredor, lo que sea que eso
signifique. Es algo delgado para un futbolista, y de hecho asumí que hacía algo
como atletismo hasta que Ethan mencionó su reciente práctica de fútbol.

De cualquier modo, April parece impresionada con él. Desearía tenerla


despreocupada, sin temor a las citas. La chica sabe exactamente lo que quiere,
una cita para el baile, y va a encontrar una manera de conseguirla.

Estoy sentada al lado de Ethan en una de las mesas de picnic que cubren el
patio fuera de la cafetería. Aunque le dije que no se preocupara por eso, compró
mi almuerzo así que no golpeo su mano cuando agarra una de mis patatas fritas.

April muerde su pedazo de pizza de queso y vuelve su atención hacia Toby.

—Fue lindo de tu parte unírtenos para el almuerzo —dice.

—No hay problema. Amo sentarme al exterior —Toby destapa su Dr. Pepper y
toma un trago largo—. Además, Ethan dijo que sois geniales así que tenía que
venir a comprobarlo.

Sonríe y April finge estar ofendida.

—¿Quieres decir que no confiaste en él al instante? Seguro que mi reputación


te deja saber que soy una linda chica.

Toby niega.

—No tienes una reputación.

Lo apunta, una mirada tímida en sus ojos.

—Exactamente.

Me vuelvo hacia Ethan.

—Parece que se llevan bien.

—Sabía que lo harían —dice, mirando a su amigo—. Toby es un buen chico y


se encuentra desesperadamente soltero.

Tomo la mano de Ethan y la giro para ver la hora en su reloj. Usa la oportunidad
de tener su mano tan cerca y aprieta mi muslo. Le doy un empujón.

—No aquí, perro cachondo.

Sonríe y se inclina, deslizando su brazo alrededor de mi cintura.

—Estoy realmente feliz de que estemos almorzando juntos.

Recuesto mi cabeza en su hombro, sintiéndome más cómoda con todo esto de


las muestras públicas de afecto cada vez que lo hago.

—Nos quedan cinco minutos de almuerzo. Kennedy no ha tratado de


sabotearnos todavía, así que eso es bueno.

El pecho de Ethan sube y baja bajo mi cabeza.

—Eso es porque ha hecho el suficiente daño por hoy.

—Hombre, al diablo esa perra —dice Toby, uniéndose a nuestra conversación.


Golpea la botella de su bebida contra la mesa y apunta a Ethan, sus ojos
serios—. He estado diciéndoles a todos que tienes la polla más grande que haya
visto.

El brazo de Ethan se tensa alrededor de mi espalda. Se ríe pero puedo decir que
no es genuina.

—Amigo, nunca la has visto.

Toby se encoge de hombros.

—No me importa. Voy a defender a mi chico sin importar qué.

Los ojos de April están perdidos de forma soñadora y embelesada y aunque solo
ha conocido a Toby por veinticinco minutos, ya puedo imaginar los diez millones
de llamadas y mensajes que va a enviarme, toda embelesada y loca por él.

—Entonces, Toby —digo, girando mi rostro al cálido sol por un segundo—.


¿Tienes una cita para el baile?

—Estoy halagado, Ella, pero creo que tu novio quiere llevarte.

Le lanzo una patata frita.

—Estoy hablando de esa hermosa chica sentada a tu lado. Necesita una cita.

—Sé de quién hablas —dice Toby, lanzando una sonrisa tímida a mi mejor
amiga—. Pero ya no necesita una cita.

—¿Huh? —decimos Ethan y yo al mismo tiempo.

April y Toby intercambian una mirada y de repente es como si fueran ellos los
que salen y no nosotros.

—Hablamos sobre el baile hace unos pocos minutos y Toby me pidió ir con él.

—¿Dónde estaba yo cuando pasó eso? ¿Dónde? —pregunto.

—Estabas justo aquí pero supongo que tú y Ethan estabais muy ocupados
haciéndoos ojitos de cachorro el uno al otro para daros cuenta.

—Maldición —dice Ethan, masticando una patata frita.

April junta nuestra basura de la comida en una pila y se pone de pie, poniendo
su mochila sobre su hombro.

—¿Qué te dije en economía? Vosotros, chicos, estáis totalmente enamorados.


¿Verdad, Toby?

Asiente.

—Creo que esta es una joya, Ethan. Nunca te he visto así con otra chica.

La campana suena y lo agradezco porque toda esta charla de Ethan y yo me


hace sonrojar furiosamente. April y Toby intercambian números de teléfono.
Mientras caminamos de vuelta a la escuela, Toby pone un brazo alrededor de
nosotros, deslizándose dentro de nuestra burbuja personal.

—Deberíamos ir a una cita doble alguna vez. ¿Estáis dentro?

Ethan me mira y me encojo de hombros.

—Suena bien.

—Estoy libre cualquier día, excepto el sábado —dice April. Parece haber crecido
unos trecientos centímetros ahora que tiene una cita para el baile—. Ella y yo
tenemos que hacer algunas compras para el baile.

Debí encogerme visiblemente porque April hace un puchero.

—Vamos, El. Será divertidoooo —dice, arrastrando la última sílaba.

—Deberíamos hacer algo después que hayan terminado de comprar —dice Toby,
soltando su agarre de nosotros—. Ethan y yo tenemos algunos diseños de
camisetas en lo que trabajar.

—Así que está resuelto —dice April. Llegamos a las puertas de la cafetería y
Toby la mantiene abierta mientras caminamos de vuelta a la multitud de idiotas
que les gusta mirarnos y reírse de nosotros—. Los chicos harán lo que sea que
vayan hacer mañana y nosotras iremos a comprar los vestidos para el baile.

Hace un pequeño meneo con sus caderas y camina al mismo ritmo de Toby
quien realmente parece interesado en caminar a clases con ella.

Entrelazo mi mano con la de Ethan, un acto que ahora se siente tan natural
como poner mi flequillo detrás de la oreja.
—No estoy segura de querer ir al baile —digo, ignorando obstinadamente todas
las miradas mientras nos dirigimos al quinto período.

—Así que esta cosa de empezar la guerra —dice Ethan como si no hubiera
escuchado lo que dije sobre el baile—. ¿Qué planeas exactamente?

Le doy un malvado movimiento de ojos y aprieto su mano.

—Todavía lo estoy planeando. Pero créeme, será bueno.

***
Desde que papá no trabaja los sábados, en realidad llego a usar de lo que solía
ser mi coche. Toma unos minutos conseguir que el asiento y los espejos se
ajusten a mi gusto, pero una vez que estoy detrás del volante de nuevo, siento
la dulce prisa de tener el control de mi propia vida. Seguro, aceptar los
aventones de Ethan es divertido porque puedo sostener su mano, pero nada es
tan satisfactorio como salir a la carretera por tu cuenta, ir a cualquier lugar que
quieras.

Voy a la casa de April. Llegamos al centro comercial y April tiene la idea del
vestido para el baile resuelta en su cabeza. Llegamos a las primeras tiendas
especializadas, las que tienen diseñadores y vestidos de lujo que nunca
podríamos ser capaces de permitirnos, ni siquiera para el día de nuestra boda.
Según April, así nos enteraremos de qué se usa está temporada.

Luego, tomamos los estilos, colores y telas de las tiendas caras y miramos
vestidos similares en las tiendas más baratas.

El largo cabello castaño de April se ve increíble con el azul marino y rápidamente


encuentra un vestido sin mangas con relucientes patrones de encaje en la falda.
Aunque está bastante segura de que quiere ese vestido —es un robo de
trecientos sesenta dólares, dice— todavía tenemos que ir a cada tienda de
vestidos en Galleria Mall antes de que podamos considerar comprar algo.

Estoy empezando a preguntarme si tener una mejor amiga de verdad vale la


pena todas las cosas que haces para hacerlas felices, cuando un vestido me
llama la atención. Es un vestido de gasa de color rosa pálido. El corpiño se
encuentra cubierto de diamantes falsos de plata y un escote en forma de
corazón. La tela se transparenta con filas de diamantes falsos hasta los
hombros.

Siento la suave tela y giro el vestido alrededor de la percha. La espalda cae hacia
abajo, nada sino tela desnuda cubiertas de filas de diamantes. Es tan hermoso,
la urgencia de probármelo es más profunda que mis fuertes sentimientos de no
ir al baile.

April sale del vestidor usando un vestido corto de color negro con un lazo de
satén grande en el trasero.

—Pruébatelo —dice, pasándome y agarrando un vestido de mi talla—. ¿Qué


piensas de este? —dice, dando vueltas.

Arrugo la nariz.

—Creo que deberías poner esa cosa de vuelta a su lugar antes de que vomite.

Se ríe.

—Sí, creo que el vestido azul de hace dos tiendas es el vestido mágico. Solo estoy
haciendo la diligencia debida antes de comprometerme a algo. —Me apunta con
el dedo—. ¿Así que te vas a probar esa cosa, o qué?

Muerdo mi labio. El vestido es espléndido pero no hay manera de que mis padres
puedan pagarlo. Con los dedos temblorosos, alcanzo la etiqueta de precio. Se
vende por ciento cincuenta y cinco dólares.

April mira por encima de mi hombro.

—Nada mal, El. ¡Pruébatelo!

Es un hermoso vestido y el precio no es tan malo como la mayoría de los vestidos


que pasaran a través de las puertas en la noche del baile, pero aun así. No
puedo pedirles a mis padres ese dinero. Además, están los zapatos, el cabello y
el maquillaje y ugh. Voy a poner el vestido de vuelta en la percha pero April me
detiene con un feroz golpe de su mano.

—Pruébatelo, Ella. Tienes que probártelo.

Pongo los ojos en blanco y piso fuerte hacia el vestidor. En el momento que el
vestido cae sobre mi cuerpo, sé que es el vestido. Quiero decir, si había uno, si
estaba realmente segura de ir al baile. Se ajusta a mi cuerpo perfectamente y
sin importar la manera que dé la vuelta en el espejo de tres caras, parezco una
princesa Disney de la vida real. Y eso es decir algo porque no estoy usando nada
de maquillaje y mi cabello se encuentra en un moño desordenado.

Abro la puerta del probador y salgo. La mandíbula de April cae al suelo.

—Oh. Por. Dios.

Contengo un chillido.

—Lo sé, ¿verdad?

Corre y toca los diamantes en los hombros. Todavía usando ese maldito vestido
negro.

—Es este. Y es súper barato. Oh, por Dios, tienes que comprarlo.

Me muerdo el labio tan fuerte que saca sangre.

—No puedo. No tengo dinero.

—Solo hornea más cupcakes —dice April—. Los gemelos cumplen años el
próximo mes. Conseguiremos que mi madre ordene y pague por adelantado.

—Sí, eso no va ser ciento cincuenta y cinco dólares, más el valor fiscal de los
cupcakes. Además, le doy un descuento porque es familia.

Me mira en el espejo.

—¡Hornearás más cupcakes! Vamos a crear un sitio web y tomar pedidos.

Levanto un dedo.

—Primero que nada, no he ganado dinero, debería ir por más suministros.


Segundo, no puedo usar la cocina de los Poe todo el tiempo que quiera. Soy una
invitada en su casa, no una inquilina que paga o algo.

April gime.

—Bueno, déjame tomarte una foto. —Saca mi teléfono de mi bolso y retrocede,


inclinando la cámara para obtener una foto de cuerpo completo de mí en este
hermoso vestido.

De camino a casa, April anda en su teléfono, examinando todas las selfies que
tomó de cada vestido que se probó.

—Creo que el azul es definitivamente el ganador —dice, mirando hacia el asiento


trasero donde está colgada una funda de vestido. Presiona el teléfono en su
pecho—. Toby va a caer muerto cuando me vea en él.

Me acerco y apago la radio, desesperada por cambiar de tema. Este día comenzó
como un viaje aburrido para ver vestidos que no me importaban, pero terminó
conmigo anhelando como loca un impresionante vestido rosa que nunca seré
capaz de pagar.

—Nuevo tema —digo, lista para poner el anhelo detrás de mí y concentrarme


más en las cosas importantes—. Voy a hacer caer a Kennedy Price por lo que le
hizo a Ethan. ¿Quieres ayudarme?
23
Ethan
Traducido por Coral Black
Corregido por Cat J. B

Con la ayuda de Toby, diseño una camiseta para los niños de la guardería de
su madre. Quiere algo lindo e infantil para sus viajes de campo durante el
verano, así cada niño puede usar una camiseta que combine. Dibujar
caricaturas infantiles dándose la mano en un carrusel no es mi típico estilo de
obra artística pero, al final, quedan bastante bien. Definitivamente luce como
algo que usarían niños de guardería.

Fijo el precio lo más bajo posible así mi cliente puede pedir muchas camisetas
de forma barata.

Después, Toby observa mientras dibujo algunas ideas más que he tenido en mi
cabeza durante un tiempo. Trato de ceñirme a la cultura pop y cosas que son
populares en la escuela, aunque extrañamente, uno de mis diseños más
populares es lo que llamo la colección: Señales de tránsito. Dibuje un cartel
indicador verde y blanco en un poste, dándole un ambiente retro, y luego hice
uno para cada calle de la ciudad. Las personas las compran para representar
sus vecindarios y algunas asociaciones de propietarios me han encargado que
haga camisetas por encargo.

Las camisetas aburridas como esas no son exactamente lo que prefiero hacer,
pero traen dinero y, como futuro dueño de un negocio, estoy aprendiendo que
un ingreso constante no depende de qué te hace feliz.
Si tan solo pudiera convencer a mi padre de que sé lo que estoy haciendo y no
necesito enfocarme siempre en el maldito fútbol.

Cuando Toby por fin se va, estoy muriendo de ganas de salir con Ella. Regresó
de comprar hace unas horas, pero ha estado encerrada en la sala de juegos
trabajando en su proyecto político del presidente tiburón.

Me dirijo a la cocina y preparo dos tragos de cerveza de raíz en los sofisticados


vasos de mamá, usando el helado verdadero que la señora Lockhart guarda en
el congelador.

Cuando toco la puerta con los nudillos, Ella grita: —Entra.

La encuentro sentada en el alféizar de la ventana que da a su antigua casa. Las


cortinas negras que bloquean la luz solar y mantienen la habitación lo
suficientemente oscura para ver una buena película han sido retiradas, dejando
entrar todo el sol de la tarde.

—Todo se ha ido ahora —dice, mirando la losa vacía que solía tener una casa
encima. Los equipos de limpieza han hecho un excelente trabajo eliminando
todos los rastros de la antigua casa.

Froto mi mano sobre su espalda, descansando mi barbilla en su hombro.

—Espera, ¿eso es una señal de bienes raíces?

Asiente.

—¿Entonces es verdad que tus padres venderán el terreno?

Otro asentimiento.

—Apenas encuentren una casa, ya no seremos vecinos.

La beso en la nuca y le acerco una cerveza de raíz.

—Eso no significa que no podamos pasar todo nuestro tiempo juntos.

Mira el vaso.

—¿Es azúcar de verdad o algún tipo de postre con tofu?


—De verdad.

—Eres el mejor. —Coloca su teléfono en el alféizar de la ventana y noto que la


pantalla todavía está encendida.

—¿Eres tú? —le pregunto, agarrando su teléfono. Ella se encuentra en un


probador con un hermoso vestido. Tiene una sonrisa en sus labios, pero no llega
a sus ojos—. Maldita sea, te ves caliente.

Se encoge de hombros.

—Es el vestido, no yo. Haría que cualquiera pareciera caliente.

—No estoy de acuerdo. —Sostengo el teléfono más cerca, me centro en su


rostro—. ¿Compraste este vestido?

Toma un sorbo de su vaso y sacude la cabeza.

—Nah. No puedo pagarlo.

—¿Cuánto cuesta?

—Demasiado.

La sigo hasta el sofá.

—Lo compraré para ti.

Se ahoga con su helado.

—No. De ninguna manera.

—¿Por qué no? No me importa. De hecho, quiero hacerlo.

—No. No soy un caso de caridad, Ethan.

—¿Me parezco a Cruz Roja?

Me mira por encima de su vaso, luego lame el bigote de helado de su labio


superior.

—No.

Golpeo mi rodilla contra la suya.


—Si eres mi chica entonces tienes que aceptar que haga cosas bonitas por ti.
Eso no te convierte en un caso de caridad, te hace mi chica. Además, solías
hacer que te comprara helado cada vez que el camión llegaba a nuestro
vecindario, ¿recuerdas?

Sonríe.

—Sorbete de Bob Esponja.

—No te molestaba antes, entonces no debería molestarte ahora.

—Ethan, un vestido de baile es mucho más que un helado de Bob Esponja.

Tomo un pedazo de helado con mi cuchara y lo llevo a mis labios.

—Y ahora somos mucho mayores. Es como la inflación. Todo se iguala.

Sacude la cabeza.

—Aun así prefiero comprarlo yo misma, pero gracias por la oferta. Ni siquiera
estoy segura de querer ir al baile de graduación.

—Yo tampoco tengo muchas ganas de ir, pero después de ver esa foto, creo que
sería un crimen impedir que el mundo te vea con ese vestido. Además, es como
un rito final de la escuela secundaria.

Sus labios tiemblan mientras contiene una sonrisa.

—¿No te preocupa ser el rey del baile con tu ex? ¿Cómo va a funcionar eso?

Me encojo de hombros.

—Los chicos del equipo dicen que Decker Graham tiene más oportunidades de
ganar que yo. Así que estamos bien.

Se inclina hacia adelante.

—Así que salir conmigo te ha descendido de héroe a cero, ¿eh?

—Salir contigo no le ha hecho nada a mi popularidad. Cualquier tipo de


popularidad que tenía fue golpeada hasta la muerte cuando Kennedy reveló que
no soy un puto cachondo dispuesto a liarme con cualquiera.
Me da esa pequeña mirada de perrito.

—Aww, pero amo eso de ti.

Me rio.

—Me han llamado cobarde3 tantas veces que la palabra ha perdido todo
significado.

—Sabes, no soy fan de usar la vagina de una mujer como insulto para un
hombre débil. —Sus fosas nasales se ensanchan—. Quiero decir, los bebés salen
de ahí. Las vaginas son fuertes y resistentes y son la única cosa que los hombres
aman más que cualquier otra cosa, así que ¿por qué demonios es eso un
insulto? —Pone una mano en mi hombro—. Deberías estar honrado de que te
llamen… bueno, no quiero decirlo.

—Buen punto —digo, enderezándome—. A partir de ahora, usaré el apodo como


una insignia de honor.

Sonríe y toma otro sorbo de su bebida.

—Bien.

3 Pussy en el original, que entre sus significado está “cobarde” y “vagina”.


24
Ella
Traducido por Coral Black
Corregido por Cat J. B

Cuando éramos niños, Ethan tenía una lista de tareas que su madre hizo con
una pizarra magnética y pegatinas. Todos los días después de la escuela, Ethan
tenía que revisar la lista en la nevera para saber todas las cosas que debía hacer
antes de que pudiera jugar o ver la televisión. Una de las tareas permanentes
era poner sus platos sucios en el lavaplatos.

La señora Poe tiene este odio obsesivo hacia los platos sucios que quedan en la
encimera y en el fregadero. Me olvidé de todo eso hasta que Ethan toma nuestros
vasos vacíos de cerveza de raíz y los lleva a la cocina. Supongo que algunas
cosas nunca cambian. Puedes crecer y envejecer, ganar musculatura y conducir
una enorme camioneta, pero por debajo de todo eso, sigues siendo el mismo
niño que sigue las reglas de su madre. Sigue siendo el Ethan del que me
preocupaba hace tantos años.

Saco mi cuaderno y lo giro para enseñárselo.

—Aquí mi plan.

Lanza una mirada confundida a la página.

—¿Le escribes una carta? O… ¿Una receta?

—No, esto es un boceto. Tuve la idea cuando April y yo estábamos haciendo el


cartel en el pasillo. —Doy un asentimiento astuto a través de la habitación hacia
donde esperan mi cartel en blanco y mis marcadores—. Voy a dibujar esto como
un gran cartel y meterlo a escondidas en la escuela. Será complicado, pero estoy
bastante segura de que con tu ayuda podremos colgarlo justo delante de la
cafetería junto a ese enorme reloj de pared.

Sonrío y espero su reacción.

—Es brillante, ¿verdad?

Sus labios se deslizan hacia un lado de su boca.

—Me gusta el concepto —dice, dando pequeños golpes en mi papel—. Pero un


cartel se puede quitar y tirar en dos segundos. Kennedy nos atacó virtualmente
y se volvió viral, por así decirlo.

Me encojo de hombros.

—Bien, ¿así que lo publicamos online?

Los ojos de Ethan brillan con una excitación que no he visto en años.

—No. Haremos algo mejor. Lo transformaremos en una camiseta.

En la habitación de Ethan, enciende su ordenador y me muestra la cosa de


cristal llamada tableta gráfica que usa para dibujar sus imágenes. Es un
dispositivo genial que te permite dibujar sobre el cristal con un lápiz óptico y la
imagen aparece en el ordenador. Sigo recibiendo pequeñas olas de emoción
mientras trabajamos. Kennedy estará tan enfadada. Puede que esto me
convierta una especie de mala persona, pero no me importa. Se metió conmigo,
y se metió con Ethan. Es hora de que le sirvan una cucharada de su propia
medicina.

Me siento en la cama, observando a Ethan realizar su magia de diseño gráfico.


Hace un bosquejo de mi idea, dándole un toque profesional y de moda porque
él es increíblemente más talentoso que yo. Incluso su escritura a mano, que
normalmente es mala, se convierte en una fuente cursi en la pantalla. En menos
de treinta minutos, ha convertido mis bosquejos preliminares en un diseño de
camiseta profesional.
—Me pregunto si de verdad alguien va a comprar esto —digo, apoyándome en
mis manos—. Quiero decir, voy a comprar una seguro, pero eso es porque es mi
genial idea. Creo que dormiré con ella todas las noches.

—Me gustan mucho más los pijamas de satén —dice. Mis pensamientos se
trastornan cuando me da un guiño—. Pero te sorprenderías. Las personas
compran todo tipo de cosas. —Añade un toque final al título de la imagen y
luego se inclina hacia atrás para admirar su trabajo—. Además, ya que sacamos
su nombre del diseño original y lo cambiamos por “chica humana”, esta
camiseta funciona para cualquiera. Personas de todo el país podrían ordenar
una para representar a la mega perra en sus vidas.

—Increíble. Me gustaría que vender cupcakes fuera tan fácil como subirlos
online —le digo con el ceño fruncido.

Ethan arruga la frente y puedo decir que piensa en algo.

—Bueno, necesitas un sitio web para empezar. Entonces las personas pueden
pedirlos online y tú puedes hornearlos. Te lo digo, internet es la clave para tener
éxito en los negocios hoy en día.

Sacudo la cabeza.

—No puedo armar un sitio web hasta que tenga mi propia cocina. Además, hay
todo tipo de regulaciones de códigos de salud para los negocios de cocina. No
puedo hacer eso en tu casa, ni siquiera en mi propio apartamento después en
la universidad. —Hundo mi rostro en mis manos, mirando el suelo. Es tan fácil
dejarse atrapar por la idea de trabajar para uno mismo, empezar una panadería
y hacer realidad los sueños de repostería, un cupcake con glaseado de
mantequilla a la vez. Pero, en realidad, eso va a ser todavía más difícil que
sobrevivir a un ataque de tornado mientras estás sentada junto a tu enemigo
mortal.

—Ella, nada de fruncir el ceño —me dice Ethan. Rueda su silla de escritorio por
el suelo y me envuelve en un abrazo—. Podemos tener una descontrolada crisis
de carrera después de que nos graduemos. En este momento vamos a disfrutar
de la gloria de arruinar a Kennedy Price. ¿Quieres hacer clic en el botón de
finalizar?

Se dirige a su computadora, donde la mano del ratón se cierne sobre el botón


que dice lista de artículos para la venta. Solo me siento un poco como una mala
persona cuando me acerco más y hago clic en el botón, haciendo que la camiseta
se ponga a la venta en la tienda web de Ethan. Quiero decir, sacamos su nombre
de ella, después de todo.

Por lo que todo el mundo sabe, esta es solo una camiseta genérica para perras
genéricas.

—Oye, sabes que te vas a quedar con el dinero que gane, ¿verdad? —Ethan me
empuja con la rodilla.

—¿Qué? No, es tu dibujo.

—Pero es tu idea. Las camisetas dan cerca de cinco dólares cada una, así que
cualquier venta es tuya. —Sus ojos se iluminan—. Tal vez conseguirás suficiente
dinero para comprar tu vestido de fiesta.

Me rio con una carcajada

—Eso sería la ironía definitiva… Ugh, me siento mal por esto.

Pone la tableta gráfica de nuevo en su funda protectora y se une a mí en su


cama.

—Le dijo a todo el mundo que mi cosa es pequeña. Merece venganza.

Asiento.

—Y me llamó put-ornado. Se lo merece. Solo me siento un poco mal por bajarme


a su nivel.

El teléfono de Ethan suena.

—Acabas de vender tu primera camiseta, Ella Lockhart. —Sus ojos brillan con
travesura—. ¿Todavía te sientes mal?

Tomo el teléfono y miro el correo electrónico de notificación.

—¿Cómo lo vieron tan rápido?

—Todos los nuevos diseños se publican en todas mis redes sociales,


¿recuerdas?

Me muerdo el labio inferior. Su teléfono suena dos veces más mientras todavía
sigue en mi mano. Dos ventas más de la camiseta. Casi puedo imaginar la furia
de Kennedy cuando vea el nuevo diseño de la camiseta. Tal vez será finalmente
el punto de inflexión para hacerla darse cuenta de la persona egoísta y grosera
que es. Tal vez cambie su vida y la haga acceder a la parte de su cerebro que no
es una abusadora despreciable. O, incluso más probable, solo alimentará la
guerra que se inició entre nosotros, dándole más motivación para liberar todas
las municiones en su arsenal. ¿Tiene más mensajes embarazosos de Ethan para
compartir con el mundo? ¿O, Dios no lo quiera, fotos?

Hay demasiadas incógnitas en el mundo del combate con Kennedy Price. Lo


único que sé con certeza es que nuestra nueva camiseta demuestra exactamente
el tipo de persona que es nuestro enemigo de corazón. Miro de nuevo la pantalla
del ordenador de Ethan, admirando la foto de stock de nuestro diseño en una
camiseta azul marino. Mis días de hornear cupcakes podrían estar en un hiato,
pero eso no significa que tenga que dejar de inventar recetas.

La receta de la exnovia loca.

Ingredientes necesarios:

1 taza a rebosar de perra egoísta.

5 tazas de celos.

2¾ tazas de narcisismo.
17 años consentida4 (preferiblemente podrida).

1 botella de cabello rubio teñido.

2 tetas mediocres en la necesidad desesperada de un sujetador push-up.

Una pizca de redes sociales.

1 chica humana.

Instrucciones: Mezclar los ingredientes con la chica humana. Añadir una dosis
pesada de prepotencia y privilegios antes de servirla a tus enemigos.

4Juego de palabras. En inglés spoiled puede significar “consentida” o “podrida”.


25
Ethan
Traducido SOS por Coral Black
Corregido por Cat J. B

La receta de la exnovia loca vende cincuenta camisetas más durante la noche.


Para el lunes, ciento quince personas han comprado una, y Ella ya ha hecho
una lista de todas las provisiones para hornear que comprará con sus
ganancias. Actúa como si no quisiera ir al baile de graduación, pero la he visto
admirar la foto de su vestido de baile en más de una ocasión. Me deja atrapado
en medio de querer arrastrarla hasta el baile solo para que pueda usar el vestido
y también querer escaquearme porque realmente no quiero ir.

La beso antes del primer período y la observo girar en la esquina hacia su clase
de historia.

—Oye, April —grito, corriendo para alcanzarla a ella y a Toby.

—¿Qué pasa? —pregunta.

—Amigo —le digo a Toby, señalando su camiseta—. ¿Has pagado por el envío
urgente?

Asiente.

—Tengo que apoyar a mi chico, después de todo. Quería usarla antes de que
todos los demás tengan la suya.

Golpeo mis nudillos contra los suyos.

—Genial.
—Estas camisetas son mucho mejores que la idea del cartel de Ella —dice April,
asintiendo hacia la camiseta de Toby—. Ya he escuchado a las personas decir
que van a comprar una. Parece que toda la escuela está de tu lado después de
tu pequeño desvarío social.

Pasamos junto a algunas chicas del consejo estudiantil colgando carteles del
baile en la pared.

—Oye, entonces… quería hablar contigo sobre el baile.

April levanta una ceja.

—¿Ella finalmente admitió que en realidad sí quiere ir?

Me encojo de hombros en lugar de darle una respuesta.

—¿Sabes dónde venden ese vestido rosa? ¿Del que tiene una foto?

—Sí, en Galleria. Una tienda llamada Dress Fantasy.

—¿Vas a llevar un vestido al baile, Poe? —dice Toby.

Muevo las cejas hacia él.

—Ya lo desearías.

En el séptimo período, la camiseta de Ella se ha pedido cincuenta veces más.


Ahora se clasifica en mi escaparate como mi camiseta más popular y casi quiero
desactivar las notificaciones por correo electrónico porque mi teléfono suena sin
parar en clase.

No he visto a Kennedy en todo el día, y el miércoles cuando llegan las órdenes


de la mayoría de las personas, se convierte en un completo fantasma. Tal vez
aprendió su lección sobre jugar con nosotros y decidió mantener las distancias.
Probablemente no, pero un hombre puede soñar.

Los pasillos de la escuela son un mar de camisetas azul marino. Consigo un


“dame esos cinco” varias veces y Ella consigue bastante a menudos algunas
miradas impresionadas mientras hacemos nuestro camino hacia el comedor.
—De acuerdo, cuando vea a un profesor usando una de estas camisetas, voy a
perder la cabeza —dice Ella, tomando un lugar detrás de mí en la fila del
almuerzo—. No puedo creer que esto haya funcionado tan bien. Casi me siento
mal.

Tomo una bandeja y la lleno con una rebanada de pizza, una soda, y algunas
patatas fritas con queso.

—Yo también, pero apenas esos pensamientos cruzan mi mente, recuerdo lo


que publicó acerca de mí en internet y de repente me siento bien.

Apoya su cabeza en mi brazo por un segundo, su adorable y pequeño gesto de


consuelo.

—No te preocupes, pronto terminará. No puedo esperar a estar fuera de esta


farsa que llaman secundaria.

Ella pide patatas fritas con queso y agarra la botella de salsa, ahogando las
patatas en la cosa.

Voy a pagar por nuestra comida y ella extiende su mano para detenerme.

—Hoy pago el mío.

—No me importa comprarte la comida.

Me da una mirada mordaz.

—Papá me dio dinero hoy, así que estoy bien.

No voy discutir con ella en frente de la señora del almuerzo, así que pago por mi
comida y espero mientras paga por la suya. Es curioso que hace unas semanas
me molestara tanto que Kennedy esperase que le comprara todo. Ahora tengo
una novia que no necesita mi ayuda y todo lo que quiero hacer es regalarle todas
las cosas que quiera.

Como ese vestido de fiesta.

Afuera llueve, así que nos vemos obligados a sentarnos en la cafetería por
primera vez desde que somos pareja.

—¿A dónde? —pregunta Ella, mirando la cafetería medio llena.

Toby aparece detrás de nosotros, su bandeja llena con tres perritos calientes y
pizza.

—¿La mesa de siempre, o en otro lugar?

Me encojo de hombros.

—Podríamos sentarnos con los chicos, supongo.

Toby frunce el ceño.

—Sí, pero ahora tenemos a dos chicas hermosas con las que pasar el rato. Esa
mesa es un festín de salchichas que solo hablan del fútbol.

—Touché —dice April, levantando una mano con uñas rojas brillantes.

—Oh, Dios mío. —Ella finge atragantarse con su dedo, su bandeja de comida se
balancea en la otra mano—. ¿Quién eres?

April se ríe y mira a Toby. Algo pasa entre ellos y creo que es muy bueno que
parezcan gustarse tanto a pesar de ser una pareja extraña. Lo único que hice
fue elegir al mejor chico de mi grupo de amigos y presentarlos y ahora son una
cosa.

Elegimos una mesa en el extremo derecho de la cafetería, y aunque nadie lo


dice, sé que este lugar fue elegido por nosotros cuatro porque es el más lejano
a la mesa de porristas de Kennedy.

No la veo, no es que esté buscándola. Estoy seguro de que no ha venido a la


escuela en toda la semana. Eso, o es muy buena en evitarme. Lástima que no
sacó esas habilidades evasivas el día después de que rompimos. Tal vez
entonces todo este lío podría haberse evitado.

Mi rodilla toca la de Ella debajo de la mesa del almuerzo. Roba algunas de mis
patatas fritas a pesar de que tiene las suyas así que robo un trago de su té dulce
porque sé que puedo. Hemos vuelto a nuestras viejas costumbres de mejores
amigos, solo que ahora está el beneficio agregado (y más importante) de
conseguir enrollarnos.

Ella se acerca a mí.

—Así que, he querido preguntarte algo —dice, mirando su comida.

—¿Qué cosa?

Hace girar la pajilla en su bebida y echa una mirada hacia Toby y April quienes
se ríen de un video en el teléfono de Toby.

—¿Kennedy tiene… otras cosas que podría usar contra ti? ¿Cómo más mensajes
o fotos sucias o algo así?

—No —digo con confianza, ya que ya lo he pensado. No soy el tipo de hombre


que envía fotos desnudo y esa conversación que tuvimos sobre sexo es la única
que recuerdo haber tenido—. No tiene nada más a menos que quiera inventar
algo. Estamos bien.

—Genial —dice Ella mientras sus hombros se relajan—. No quiero más


sorpresas. Solo quiero que esta pelea termine.

El director Reynolds se acerca a nuestra mesa justo cuando suena la campana.


Se aclara la garganta.

—¿Cuál de vosotros es Ethan Poe?

Los ojos de Ella se ensanchan y me agarra la mano.

—Soy yo —digo, poniéndome de pie y desenredándome de Ella. Pongo la mejor


expresión inocente que puedo—. ¿Qué pasa?

—¿Conduces la Ford roja?

Asiento.

—Ah, ¿sí?

Sus labios se aplastan en una delgada línea.


—Ven conmigo.

Le doy una mirada indefensa a Ella y lo sigo por el largo pasillo que conduce al
estacionamiento de estudiantes.

—¿Puedo preguntar qué sucede? —digo solo para romper el silencio—. ¿Estoy
en problemas?

—No, con la escuela no —dice Reynolds—. Pero o eres un blanco de actos de


vandalismo al azar o hiciste enfadar a alguien, hijo.

—No lo entiendo —digo, pero luego me detengo en medio del estacionamiento.


El policía de la escuela se encuentra aparcado delante de mi camioneta, con las
luces encendidas mientras llena algunos papeles. Eso no es lo que me hace
maldecir por lo bajo.

Son las ventanas destrozadas las que llaman mi atención primero. Cada panel
de vidrio está roto. Los cuatro neumáticos cortados. Los faros se encuentran en
pedazos en el asfalto y el señor Reynolds tiene el descaro de decir:

—Al menos no arañaron la pintura, chico.

Mi estómago sube hasta mi garganta. El policía se acerca a mí.

—¿Alguna idea de quién pudo haber hecho esto?

—Sí. —Mi voz es pesada, mis puños me duelen de lo fuerte que los estoy
apretando—. Sé exactamente quién hizo esto.
26
Ella
Traducido SOS por Walezuca
Corregido por Dai

A mitad del quinto período, me llega un mensaje de Ethan.

Necesito hablar. Encuéntrame en el pasillo de ciencias.

Pido usar el baño y luego corro a través del campus hasta la sala de ciencias.
Ethan camina entre dos aulas, sus hombros cerca de sus orejas y su expresión
lejana.

—¿Qué sucede? —pregunto. Litros de rabia escurren de él en todas las


direcciones, así que, sé que esto no es un plan romántico para robar un beso
en medio de la clase—. ¿Ethan? —digo, para sacarlo de su aturdimiento.

Suspira por la nariz.

—Kennedy llevó todo este asunto demasiado lejos.

—Oh, no, ¿qué pasó? —Llego a mi bolsillo trasero, dándome cuenta demasiado
tarde de que dejé mi teléfono en mi mochila en clase—. ¿Qué publicó esta vez?

—No es una publicación —dice, negando. Desbloquea la pantalla de su teléfono


y encuentra algo, y luego lo gira hacia mí—. Se puso física.

Al principio no entiendo lo que estoy viendo. La foto en su teléfono muestra su


camioneta toda golpeada y mi primer pensamiento —tan estúpido como es— es
que otro tornado debió pasar por el estacionamiento. Pero, por supuesto, ese no
es el caso; nos habríamos enterado. Acerco más el teléfono, mirando el daño
infligido a su camioneta rojo brillante.

—¿Kennedy hizo esto?

—Por supuesto que lo hizo. —El pecho de Ethan se levanta, con la mandíbula
apretada—. Sabes que lo hizo. Y, sin embargo, no hay ninguna maldita
evidencia para probarlo.

Sacude la cabeza y sigue caminando.

—Acabo de regresar de una reunión con el director donde dijeron que alguien
destrozó mi camioneta, pero no pueden saber quién. ¿Sabes esas cámaras de
los postes de luz? Resulta que no funcionan.

Me duele el corazón por Ethan, pero no puedo decir nada porque sé que ahora
se encuentra muy enfadado.

—Les dije que fue Kennedy e incluso llamaron a sus padres, pero se encuentra
en casa “enferma”, sí, claro. —Hace comillas en el aire con sus dedos—. La perra
se enfadó por nuestra camiseta y luego se vengó con mi camioneta. O tal vez
contrató a alguien más para hacerlo. Sabemos que lo hizo. Y ahora papá está
muy enfadado. Tuvo que conseguir una grúa para que remolcara mi camioneta
al taller.

—Guau. —Toco su brazo y deja de pasearse y se voltea para enfrentarme.


Alcanzo su mano y me deja tomarla—. Lo siento mucho, Ethan. Esto apesta y
no va a salirse con la suya. Nos aseguraremos de que pague.

Sus labios se presionan en una delgada línea mientras inhala una respiración
entrecortada.

—Aprecio el fuego en tus palabras, Ella. Eres una luchadora y eso es muy es
sexy. Pero tal vez deberíamos dejarlo pasar. Quiero decir, ¿qué sigue?
¿Contratar a alguien para que destroce mis rodillas con un tubo de metal?

Suspiro.

—Debes poner una denuncia en la policía.


—Ya lo hice. —Arrastra su mano por su rostro—. El seguro arreglará mi
camioneta. Odio que haya llegado a mí. Odio que ganara.

Niego.

—No ha ganado. ¿Tu camioneta ya fue remolcada?

—Sí. Toby dijo que nos llevaría a casa.

Uso el teléfono de Ethan para revisar las redes sociales. Hasta ahora cada
aplicación que tiene se encuentra completamente libre de cualquier charla sobre
su camioneta destrozada.

—¿Además de ti y el director, alguien vio tu camioneta?

—Solo el policía de la escuela, ¿por qué?

Sonrío.

—No creo que nadie lo sepa. No se corrió la voz y tu camioneta se ha ido así que
nadie lo sabe. Y si Kennedy quiere publicar algo para decírselo a todos, la hará
parecer increíblemente culpable. —Le pongo una mano en el hombro y lo miro
a sus hermosos ojos oscuros—. No te preocupes. Esa perra no ha ganado nada.

***
La hora de la cena es un asunto estrictamente Poe esta noche ya que mis padres
trabajan hasta tarde. Papá tiene un turno de veinticuatro horas y mamá no sale
hasta las ocho. La tensión es alta cuando nos sentamos alrededor de la mesa,
y no es porque la señora Poe no nos dice todos los ingredientes de su pasta
vegetariana de berenjena.

El Señor Poe mira fijamente su tenedor de la cena como si hubiera hecho algo
para ofenderlo.

—¿Crees que fue un equipo de fútbol rival? —Apunta a Ethan con el


tenedor—. ¿Algún tipo de broma al mariscal de campo de WCHS? Hombre, si
averiguamos quién lo hizo, habrá mucho que pagar.
—No tiene nada que ver el fútbol, papá. —Ethan toma un mordisco tentativo de
algo verde en su plato. Creo que es calabacín, pero sabe picante con la salsa
horneada—. Esto no tiene nada que ver con los deportes.

—Bueno, entonces tiene que ser un acto de violencia al azar —dice el señor Poe.
Sus cejas grises se unen—. Los chicos de hoy en día se sienten celosos de las
personas que tienen cosas bonitas. Probablemente ni siquiera les importa quién
es el dueño de la camioneta y solo querían ser salvajes.

Los hombros de Ethan se tensan mientras su padre sigue divagando,


diseccionando a la juventud de hoy y de cómo no tienen respeto por nada. La
señora Poe se encuentra tomando fotos de su plato, probablemente para su blog
o Instagram y no parece importarle que la muy costosa camioneta de su hijo
acabase hecha pedazos.

Ethan suspira.

—Papá, no es nada de eso. Fue Kennedy.

Ahora la señora Poe parece interesada.

—¿Qué te hace decir eso?

—Porque me odia por romper con ella. —Aparta el plato y deja caer el tenedor
sobre la pasta sin comer—. Sé que fue ella, pero dijeron que no hay pruebas,
así que no harán nada al respecto.

—Oh, cariño, no lo sabes con certeza. Probablemente fue al azar como dijo tu
padre.

Ríe sarcásticamente.

—Mamá, conozco mi vida. Fue Kennedy. Está enfadada conmigo por romper y
por no ir al baile de graduación con ella y ahora no es suficiente destruirme en
línea, tuvo que destrozar mi coche también. No tienes que creerme, pero es lo
que es.

Los ojos de la señora Poe se ensanchan.


—¿Destruirte en línea?

—Créeme, no quieres saberlo.

—Háblale a tu madre con respeto —dice el señor Poe, su voz dominante retumba
sobre la mesa. Incluso Dakota se estremece y no es a quien le grita—. Puedes
pensar lo que quieras sobre quién destrozó tu camioneta, pero soy el que pagará
el seguro más costoso de ahora en adelante. Si realmente crees que la chica lo
hizo, entonces tal vez deberías dejar de salir con locas cabezas huecas.

La señora Poe se ríe.

—Ese es un buen consejo, cariño.

—No hay necesidad de preocuparse por eso —dice Dakota. Toma un trago astuto
de su té dulce y nos mira a Ethan y a mí—. No creo que su próxima novia sea
tan loca como Kennedy.

—¿Próxima novia? —La señora Poe levanta una ceja—. ¿No sois vosotros dos…?

El señor Poe aclara su garganta.

—No mientras estén en la misma casa, espero.

Llamas estallan sobre mi piel mientras la insinuación del señor Poe me


avergüenza.

—Solo estamos… —Empiezo, pero Ethan termina por mí cuando no puedo


pensar en cómo terminar mi oración.

—Saliendo —dice, me lanza una sonrisa pícara—. Pero lo estamos tomando con
calma, por lo que no tenéis de qué preocuparos.

Dakota se ríe y la señora Poe levanta la mirada de su teléfono.

—¡Lo sabía! —Apunta un dedo con manicura hacia su marido—. Lo anunciaste


hace como diez años.

—¿Anunció qué? —pregunta mamá, entrando en la habitación en su uniforme


de Hello Kitty. Su cabello atado en un moño desordenado en la cima de su
cabeza.

—¿Pensé que trabajabas hasta tarde? —digo al mismo tiempo que la señora Poe
dice:

—Nuestros hijos están saliendo.

La sonrisa de mamá llega hasta sus ojos.

—Ya era hora —dice, alborotándome el cabello mientras camina—. Anunciamos


eso hace mucho tiempo —dice, chocándole los cinco al señor Poe.

Deja caer su bolso en el mostrador y consigue un plato del gabinete. No estoy


segura de si es médicamente posible sonrojarse tanto que tu piel se derrita, pero
podría ser una buena idea lanzar una jarra de agua helada en mi cabeza en este
momento, por si acaso.

Acabamos prácticamente de admitir que somos una pareja oficial a nuestra


familia y todos se ríen de eso como si lo supieran desde el principio. Me hundo
en mi silla y Dakota encuentra mi mirada.

—¿Recuerdas hace mucho tiempo cuando planeábamos tu boda con mi


hermano?

—Oh, Dios mío, no hablemos de esto —digo, mirando el agua helada en el centro
de la mesa.

—Espera, quiero escucharlo —dice Ethan. Mamá se une a nosotros en la mesa


y llena su plato con la pasta vegetariana.

—No vamos a hablar de bodas, ¿de acuerdo? Sois demasiado jóvenes. Pero tengo
buenas noticias, Ella. Tu padre y yo encontramos una casa de alquiler.

Fuerzo una sonrisa. Hace unas semanas, hubiera estado en la luna por
mudarme de la casa de Ethan, pero eso fue, por supuesto, cuando lo odiaba.
Ahora la idea de no tenerlo en el pasillo por la noche me entristece. Por
supuesto, me doy cuenta de que las estudiantes normales de secundaria no
consiguen vivir con sus novios. Sin embargo, fue divertido mientras duro.
—¿Dónde? —pregunto, girando mi tenedor alrededor de mi comida.

—Junto al lago en el lado oeste de la ciudad. Es una casa de dos dormitorios,


pero realmente no necesitamos más que eso.

¿Dos dormitorios? Teníamos cuatro dormitorios antes de que el tornado se los


llevara.

—Genial —digo. Sé que mis padres se esfuerzan para que nos recuperemos.
Pero también sé que Kennedy tendrá un día de campo si descubre que estamos
viviendo en el lado oeste de la ciudad.

Solo quedan cuatro semanas de escuela. Podemos manejar esto.

Ethan me abraza una vez que regresamos a la sala de juegos después de cenar.

—Te voy a extrañar cuando te mudes —me susurra al oído.

La cercanía hace que todo mi cuerpo se caliente. Deslizo mis manos en las suyas
y dejo que mi cabeza caiga contra su pecho.

—También te voy a extrañar.

Agarra su ordenador de una mesa cercana y lo abre, balanceándolo sobre su


rodilla mientras se sienta en el apoyabrazos del sofá.

—¿Soy el único que piensa que es un poco raro cómo nuestros padres se
encargaron de descubrir que estamos juntos?

—No, eso definitivamente fue raro. —Me siento en el sofá y empujo mis rodillas
a mi pecho—. Es un poco raro que lo sepan. ¿Van a venir a interrumpirnos
constantemente para ver que no estemos enrollándonos?

Ethan se encoge de hombros.

—Así que, cuéntame más sobre la boda infantil que planificaste.

Lo golpeo en el brazo y pongo los ojos en blanco.

—No sucederá.

Ríe, su rostro iluminado por el resplandor del portátil.


—Hoy vendiste treinta y cinco camisetas más, nena.

Suspiro y me hundo en el sofá.

—Entonces, ¿sabes que dije que deberíamos dejar ir lo de Kennedy?

Ethan se desploma en el sofá junto a mí y pongo mis pies en su regazo. Pone su


laptop sobre mis pies.

—Déjame adivinar… ¿No quieres dejarlo ir?

—¿Y si hacemos más fácil que las personas consigan las camisetas? Tal vez
decirles a todos que las usen el mismo día, solo para hacerla enfadar.

—¿Cómo lo haríamos más fácil? —pregunta.

—Vamos a poner el precio tan bajo como se pueda. Cero ganancias.

Levanta una ceja.

—¿Segura?

Asiento.

—Entonces regaremos la información por todo internet y le pediremos a todos


que compren una.

—Tengo una mejor idea —dice Ethan, frunciendo el ceño ante la pantalla de la
computadora—. Tienen la opción de hacer que los beneficios vayan a la caridad.
Vamos a mantener el mismo precio, pero que los fondos sean donados a…

Se desplaza a través de una lista de entidades de caridad y me inclino hacia


adelante, mirando por encima de su hombro.

—¡Perros! —Apunto a la pantalla, eligiendo una caridad que apoya a los


animales desamparados.

Una vez que todo se encuentra configurado, la página de compra en línea para
la camiseta tiene grandes logotipos de caridad por todas partes, lo que hace
claro al cien por ciento que los beneficios apoyaran a los animales del refugio.

Es catártico, ser una perra con la perra suprema, y mientras hago la publicación
en las redes tanto de Ethan como en todas mis cuentas, no me siento en
absoluto culpable.

¿Tu exnovia es una perra absoluta? Compra esta camisa y apoya a más
perros como ella. Pero la buena noticia es que, a diferencia de tu exnovia,
¡estos perros en realidad son capaces de ser amados!
27
Ethan
Traducción SOS y
corrección por Cat J. B

Esto probablemente me hace una mala persona, pero anoche escuché a


escondidas la conversación de Ella con April. Toby y yo habíamos regresado
juntos de la escuela para encestar un poco ya que Ella iba a pasar la tarde con
April. Cuando llegué a casa y me duché, olvidé comprobar si April todavía se
encontraba aquí antes de entrar a la sala de juegos. La puerta se encontraba
entreabierta, así que mis intenciones eran buenas. Estaba a punto de golpear
la puerta para ver si Ella quería ver la televisión conmigo. Pero luego escuché
que hablaban, así que debería haberme ido.

Pero no lo hice.

Así es como sucedió que escuché a Ella revelarle a su mejor amiga que estaba
indecisa porque aunque quería ese hermoso vestido rosa más que nada (incluso
más que suministros de cocina), pero no quería gastar todo ese dinero.

April le dio un montón de razones para comprar el vestido pero Ella dijo que no
tenía sentido gastar tanto dinero en algo que solamente usaría una vez. Luego
empezaron a hablar del baile de graduación y de cómo Ella sentía que no quería
ir si estaría todo el tiempo preocupándose por el dinero.

Así que sí, hice algo malo al escuchar una conversación privada, pero ahora
tengo una idea. Le envié un mensaje a Toby explicándole el plan así sabe que
tiene que seguirme la corriente con la mentira después de la escuela.
El día siguiente es bastante tranquilo. Hay un montón de ventas de camisetas
pero Kennedy sigue sin venir a la escuela, así que no he tenido que enfrentar
su ira todavía. Por supuesto, Ella y yo esperamos que haya aprendido su lección
y deje de molestarnos de una maldita vez.

Después de la escuela, tomo la mano de Ella y comienzo con mi excusa


inventada.

—Así que, tengo malas noticias. —Dejo salir un suspiro y le doy una mirada
decepcionada.

Lleva una de mis camisetas de WCHS encima de un par de leggings negros y


pensaba que eso era lo más sexy del mundo hasta que levanta la mirada hacia
mí con esos ojos llenos de confianza y esa hermosa sonrisa.

—¿Qué tipo de malas noticias? No te sale humo por las orejas así que supongo
que no se trata de ya-sabes-quién.

Me rio por lo bajo.

—Nop, pero el entrenador va a extender la práctica de hoy como castigo así que
tengo que volver a la escuela después de dejarte en casa.

—Oh. —Sus facciones se relajan—. Bueno eso no es ningún problema.

Toby se une a nosotros mientras salimos del estacionamiento.

—Poe, ¿listo para ese entrenamiento extra? —dice, sonando exactamente como
si hubiera repetido nuestra mentira unas cincuenta veces en su cabeza antes
de decirla—. Hombre, va a ser un asco.

—Dímelo a mí —murmuro.

Ella señala la escuela detrás de nosotros.

—Toby, no tienes que llevarme a casa. Puedo esperaros por aquí hasta que
hayáis terminado.

—No puedes —dice—. No le causaría ese tipo de sufrimiento a la chica de mi


mejor amigo.

—Sí, no tenemos idea de cuánto va a durar —digo—. A Toby no le molesta.

—No me molesta —dice con una sonrisa.

No parece estar de acuerdo con el viaje extra, pero no creo que sospeche que
soy un mentiroso.

La dejamos en mi casa y me sorprende ver a la madre y el padre de Ella hablado


en el camino de entrada. Ellos dos nunca están en casa al mismo tiempo.

Después de ejecutar la mentira perfecta para mi novia perfecta, Toby me lleva a


Galleria.

—Así que recuérdame qué haces, Poe.

—Voy a comprarle el vestido que quiere para sorprenderla.

—¿Seguro que es una buena idea? —Toby frunce el ceño cuando una canción
de Taylor Swift comienza a sonar en la radio y cambia de estación—. ¿Las chicas
no son malditamente complicadas con esas cosas?

—Ella no lo es. Ya sabe el vestido que quiere así que voy a comprárselo.

Toby sacude la cabeza como si ni siquiera pudiera creer lo raro que estoy siendo
ahora mismo.

—Bueno, qué chico tan romántico eres.

Encuentro Dress Fantasy y me siento incluso más raro de lo que imaginaba


cuando entro en la tienda llena de volantes. Hay vestidos y maniquíes por todos
lados y maniquíes usando vestidos, e incluso mujeres usándolos también. Como
falta tan poco para el baile, un montón de adolescentes están aquí eligiendo
vestidos. Decir que Toby y yo llamamos la atención sería un eufemismo.

Todas las dependientas nos ignoran mientras damos vueltas por la tienda,
probablemente asumen que hemos sido arrastrados aquí por alguna de las
chicas. Soy capaz de encontrar el vestido y después de mostrarle una foto de
Ella a una dependienta, nos señala la talla de vestido que necesita. Me siento
como el chico más genial del mundo cuando dejamos el centro comercial. ¿Y
qué si parezco un bicho raro llevando una bolsa con un vestido?

Ya tengo un esmoquin para el baile de graduación, gracias a que mamá me


consiguió uno cuando hubo un descuento en Men’s Werehouse. Toby y yo
hacemos otra parada y pagamos una limusina de alquiler para sorprender a las
chicas. Estoy bastante seguro de que creen que iremos en nuestros coches.

Nunca me ha importado demasiado el baile de graduación ni toda la mierda


relacionada con él, pero ahora que tengo el vestido de ensueño de Ella en mis
brazos, todas las otras cosas comienzan a encajar y por primera vez en mi vida
estoy emocionándome por esa noche. Ella se sentirá como una princesa y yo
podré ser el hombre que la acompaña. Nada mal.

***
Ella finge tener arcadas cuando nos subimos a la camioneta de Toby el lunes
por la mañana.

—Dios, Toby, ¿qué hiciste aquí dentro para que huela tan mal?

La Mazda de diez años de Toby nunca ha sido un ejemplo de limpieza, pero


incluso yo tengo que admitir que esta mañana el usual hedor a vestuario de
chicos parece un poco más rancio.

Él baja la ventana mientras nos alejamos de mi casa.

—Accidentalmente dejé un poco de comida china ahí atrás anoche. No fue una
buena idea.

—Oh, qué asco —dice Ella. Aprieta su mochila con fuerza sobre su regazo y
pasea la mirada por el suelo del asiento trasero.

—No te preocupes, se ha ido —dice Toby con una risa. Apaga la radio—. ¿Cómo
van las ventas de la camiseta?

Me giro y comparto una mirada con Ella. Sonríe.


—Es una locura. Hemos vendido más de las de exnovia loca que cualquier otra
camiseta en mi tienda. Supongo que a las personas le encanta ayudar a los
animales.

—O realmente odian a Kennedy —dice Ella con un resoplido.

Esta semana ha sido explosiva. Ella y yo pasamos el rato en casa e incluso


preparamos la cena para la familia el domingo por la noche. Mi vida con Ella es
sencilla y divertida y me encanta que sea así. No más ser arrastrado a fiestas
aburridas con una chica que quiere coquetear con otros chicos y reprocharme
cuando cree que he estado mirado a otra chica. La vida con Ella es divertida.
Significa algo.

Aunque las últimas veinticuatro horas también han sido infernales porque no
le he contado toda la cosa del vestido. Toby piensa que debería decírselo pronto,
así no va a comprárselo, especialmente teniendo en cuenta que el baile es el
sábado, en solo cinco días.

Aunque estoy de acuerdo con él, nunca pude encontrar el momento correcto
para sacar el tema este fin de semana. Bien, quizás solo soy un cobarde. Parte
de mí teme que piense que soy raro o se enfade conmigo por comprar el vestido
en lugar de dejarla comprarlo ella misma. Pero en serio espero que piense que
es romántico. No tengo un montón de experiencia con el tema del romance y
estoy tratando de hacerlo lo mejor que puedo.

Solo pensar al respecto me hace estirarme hacia atrás y tomar su mano. La


semana pasada, mientras Toby nos llevaba a la escuela, le ofrecí dejar que se
sentase al frente mientras yo me sentaba atrás, pero dijo que no le importaba.
Eso es romántico, ¿cierto? Eso creo.

—Maldita sea —dice Toby mientras entra al estacionamiento de la escuela—.


Tal vez tu chica debería dirigir el negocio de la venta de camisetas. Vende más
que tú.

—Espero que no —digo, guiñándole un ojo a Ella—. Cuento con que este trabajo
sea mi carrera algún día.

Algo extraño pasa cuando entramos a la escuela. Generalmente los lunes son
perezosos. Los estudiantes se pasean por los pasillos como zombis, andando
con muy pocas horas de sueño después del fin de semana. Hoy, los pasillos
parecen iluminarse mientras camino. Me chocan los cinco, gritan de alegría, y
me dan medias sonrisas de superioridad como si compartiera un secreto con
cualquier persona que me mira.

—¿Notas esto? —le susurro a Ella.

Asiente y se muerde el labio inferior.

—Es por las camisetas.

—Tiene que ser eso —digo, notando lo mismo que ella. Un mar de camisetas
azules de exnovia loca. Están por todos lados.

Un chico asiático con el que nunca he hablado me saluda cuando paso a su


lado. Señala su camiseta.

—Eres un genio, hombre —dice.

—Gracias —respondo, mirando a Ella.

—Bueno, sí que sé algo —dice Ella.

—¿Qué cosa?

Un relámpago conspiratorio cruza su rostro.

—Creo que es seguro decir que ganaste esta guerra.


28
Ella
Traducido por Coral Black
Corregido por Dai

Algo sucede de camino al segundo período. Un frío fluye a través del aire,
relámpagos golpean a través del cielo y toda la felicidad es alejada para siempre.
De acuerdo, tal vez no sea tan dramático.

Pero puedo sentirlo en el aire: Kennedy regresó a la escuela hoy.

Tal vez es la forma en la que las personas me miran, como si estuvieran


preocupadas por mi seguridad, o tal vez todo ese mal karma finalmente viene a
buscarme por la estúpida broma que escribí en línea. Cualquiera que sea el
caso, entro en la clase del segundo período y me deslizo en mi escritorio, de
repente muriéndome por que se acabe el día. Por que se acabe todo el año
escolar. No sé exactamente cómo lo sé, pero lo hago… Kennedy regresó a la
escuela y está más que enfadada.

Una chica entra en nuestra clase a mitad del tercer período, entregando un
papel rosa al señor Martin. Él le echa un vistazo superficial y luego dice mi
nombre.

Levanto la mirada, con las manos temblando. Eso es todo.

—Te quieren en dirección —dice el señor Martin, entregándome la nota—. Puede


que quieras llevar tus cosas en caso de que tome un tiempo.

Asiento y trato de tragar el nudo en mi garganta. Puedo sentir los ojos de la


clase entera en mí mientras lanzo mi mochila por encima de mi hombro y
camino a la segura soledad de los pasillos. Cuando llego a la oficina, veo a Ethan
sentado en una silla, mirando con aburrimiento sus zapatos.

Levanta la mirada cuando entro. Veo la misma nota rosada en su mano. Me


hundo en una silla a su lado.

—¿Supongo que estamos en problemas? —le pregunto.

Se encoge de hombros.

—No hicimos nada en la escuela. ¿En cuántos problemas podríamos estar?

Ojalá tuviera su confianza. Cuando el director Reynolds nos llama a su oficina


unos minutos más tarde, estoy prácticamente causando un terremoto con lo
mucho que mis manos tiemblan. Nunca he tenido problemas antes.

Huelo su nube de perfume de bruja antes de verla y saber que está sentada en
el despacho del señor Reynolds. Bien. Todos estamos en problemas.

—Tomad asiento —dice el señor Reynolds. Gesticula hacia las dos sillas vacías
frente a su escritorio. Kennedy se sienta en la tercera. Una breve pausa se
produce cuando Ethan y yo tenemos un punto muerto, ninguno queriendo
sentarse junto a ella. Finalmente, cede.

El señor Reynolds se sienta detrás de su escritorio y entrelaza sus dedos sobre


su sobresaliente barriga.

—Ha llegado a mis oídos que los tres habéis estado participando en la
intimidación.

Kennedy jadea. No se parece a alguien que haya estado enferma toda la semana
pasada, pero supongo que nadie debía creer esa mentira de todos modos.

—¡Los dos me han estado intimidando a mí!

El señor Reynolds levanta la mano.

—No actúe inocente, señorita Price. Sé muy bien lo que ha estado sucediendo
en las redes sociales.
Ethan se aclara la garganta.

—Entonces sabrá muy bien que Kennedy ha estado intimidando no solo a Ella,
sino también a mí, y fue completamente no provocado. Todo lo que hice fue
romper con ella, amablemente podría añadir, y se volvió loca.

Los ojos de Reynolds se suavizan y casi parece estar de acuerdo con nosotros.
Pero luego se forman líneas profundas en su frente.

—Señor Poe, ¿diriges la tienda en línea llamada Poe's Tees?

Ethan traga.

—Lo que hago fuera de la escuela no importa aquí.

—Lo hace cuando tu tienda web intimida a otro estudiante.

Kennedy cruza los brazos, absolutamente emocionada.

Pongo los ojos en blanco.

—Señor, nada en la tienda de Ethan intimida a nadie. Todo es sátira, humor y


algunos bocetos de animales monos.

Ethan salta.

—Exactamente. Si pudiera por favor mostrarme exactamente qué artículo


vendemos en línea que dice concretamente el nombre de alguien, entonces
estaré feliz de estar de acuerdo con usted. Pero no estoy intimidando a nadie.

El señor Reynolds se ríe entre dientes.

—Desearía que ese fuera el caso. Mi trabajo sería más fácil. Como yo lo veo, el
término intimidación se utiliza para definir todo tipo de acciones inapropiadas
y en el caso de tu tienda, creo que todos sabemos exactamente a quién apunta
con una camiseta específica. Es una camisa que he visto bastante en los
pasillos.

—Esa camisa podría significar cualquier cosa —le digo.

El cuello de Kennedy hace un ruido cuando se gira para mirarme.


—Cállate, rara. No actúes inocente.

El señor Reynolds levanta la mano para detenerla.

—Tengo plena fe en que podríamos preguntar a cualquier estudiante en esta


escuela y todos te dirán que tu camiseta de “exnovia” va dirigida a Kennedy. Sin
embargo, tampoco está libre de culpa como lo demuestran sus mensajes en las
redes sociales. —Se inclina hacia adelante, presionando sus pulgares juntos en
la parte superior de la mesa—. Este comportamiento cesará inmediatamente.

Mi corazón se acelera mientras el miedo comienza a llegar. Va a anunciar


nuestro castigo ahora y nunca he sido castigada por la escuela. ¿Estaremos en
detención? ¿Una llamada a nuestros padres? Ugh.

El señor Reynolds mira a cada uno de nosotros por un momento.

—Todos haréis servicio comunitario el sábado quince de mayo.

—Pero eso es… —dice Kennedy, moviéndose hacia atrás en su silla. Sus nudillos
blancos en los apoyabrazos.

—La noche del baile, sí, lo sé —dice Reynolds—. Los tres habéis perdido el
privilegio de ir al baile de fin de curso.

Una fría punzada de arrepentimiento me golpea, incluso cuando Kennedy


explota en un discurso, quejándose y maldiciendo a nuestro director sobre lo
injusto que es todo esto. Ethan me mira, sus ojos también tristes. A pesar de
que hice todas esas bromas sobre que no importaba el baile, ahora que
oficialmente no puedo ir, me arrepiento de cada una de ellas.

—¿Eso es todo? —pregunto por encima del rugido de Kennedy quejándose.

El señor Reynolds asiente.

—Eso es todo. Si me entero que cualquiera de vosotros vuelve a intimidar a


alguien más, será expulsado y se le prohibirá graduarse y será obligado a asistir
a la escuela de verano. Espero que esta sea la última vez que veo a alguno de
vosotros aquí, ¿entendido?
—Sí, señor —dice Ethan rápidamente.

Asiento y Kennedy salta de su silla, mirando al director como si fuera uno de


sus leales seguidores novatos y no el jefe de toda la escuela.

—Hablaré de esto con mi abogado.

Luego sale de la oficina, dejando que la puerta de un golpe tras ella.

—¿Le importa si nos quedamos aquí un minuto hasta que se haya ido?
—pregunta Ethan. El señor Reynolds asiente.

Ethan me acompaña de vuelta a mi clase. No hablamos en ningún momento,


pero eso es porque no hay nada que decir. Tengo ganas de disculparme, pero
no estoy segura de por qué. Por ser yo, supongo. Si no hubiera sido arrojada a
su vida por un tornado, probablemente todavía estaría saliendo con Kennedy y
todavía estaría en la carrera para ser el rey del baile. Todavía tendría mi casa,
mis provisiones para hornear y mi futuro el cual no involucraba a Ethan.

Me cuesta respirar y mis lágrimas inundan mis ojos al pensar en la vida sin él.
Ethan deja de caminar y se vuelve hacia mí.

—¿Qué sucede?

Sacudo la cabeza.

—Nada. Estamos casi en mi clase —le digo, señalando la siguiente puerta a la


izquierda.

—No, no te voy a dejar todavía. —Ethan toma mis mejillas en sus manos y esos
oscuros ojos misteriosos se vierten en los míos—. Estás llorando. Háblame.

—No estoy… no es lo que piensas —digo, extendiendo la mano para borrar la


lágrima traicionera—. Quiero decir, no estoy molesta por perderme el baile de
graduación, aunque lo estoy. Pensaba en lo fácil que sería tu vida si solo nunca
hubiera entrado en ella.
La mandíbula de Ethan se contrae y me lleva hasta su pecho. No puedo envolver
mis brazos alrededor de él debido a su mochila, pero dejo descansar mi cabeza
contra la cálida familiaridad de él.

—No pienses así —dice, retrocediendo para mirarme—. Baile o no, me gusta
este resultado mucho más que el otro, en el cual ya no éramos amigos.

Parpadeo las lágrimas y trato de sonreír.

—¿Sí?

Asiente.

—Sí. —Se aclara la garganta y pasa su lengua por su labio inferior.

—¿Qué pasa? —pregunto con recelo—. Parece que ocultas algo.

Sacude la cabeza y toma mis dos manos en las suyas.

—No ocultando… Solo tratando de pensar en cómo decirlo.

No estoy segura de sí debería estar nerviosa, asustada o emocionada, por lo que


mi cuerpo se transforma en una mezcla de los tres.

—¿Decir qué?

Los ojos de Ethan se arrugan.

—Bueno… ¿Sabes ese vestido que querías?

—Uh, sí —digo, sin tener ni idea de adónde va con esto—. Es una buena cosa
que no lo comprara.

—Sí, lo es, porque, bueno —vacila, pasándose una mano por el cabello—. Este
no es exactamente el momento perfecto que esperaba, pero siento que debo
decírtelo ahora.

—Sí, debes porque me estoy volviendo loca por la anticipación. —Estrecho mis
ojos hacia él.

La campana suena, señalando el final del segundo período. Las puertas se abren
y los estudiantes salen corriendo y pronto estamos rodeados por el caos de la
escuela secundaria. Ethan se aferra a mis brazos, manteniéndonos cerca de los
armarios y hundiendo su cuerpo para protegernos de un ataque de brazos,
piernas y mochilas.

—De acuerdo, así que, sobre el vestido —dice de nuevo—. Lo compré para ti.

Mis ojos se ensanchan.

—¿Lo hiciste?

Asiente con ansiedad, como si estuviera más excitado por el estúpido vestido
que yo.

—Es hermoso y lo amaste así que quería conseguirlo para ti.

La gratitud y la felicidad se hinchan dentro de mí y tiro mis brazos alrededor de


su cuello, tirando de él en un abrazo.

—Eso fue muy dulce, Ethan. Pero ahora no podemos ir al baile.

Se encoge de hombros.

—¿Y qué? Si no podemos ir al baile de graduación, encontraremos otro lugar


para que lo uses.
29
Ethan
Traducido por Coral Black
Corregido por Dai

Aunque esperaba salir de esto manteniéndolo como un gran secreto, mamá me


acorrala al segundo que llegamos a casa de la escuela con una mano en su
cadera y un: "¡Ethan Wyatt Poe!"

Al parecer, el señor Reynolds la llamó y le explicó toda la situación.

—Primero —dice mamá, poniendo una mano en mi hombro—. Esa camisa era
divertidísima. Es una pena que te hagan quitarla.

Miro a Ella y ella sonríe.

—Ethan la sacó, pero fue idea mía.

Mamá sacude la cabeza como si estuviera decepcionada, pero sonríe de todos


modos.

—Era divertida. Pero sabéis que no podéis hacer eso. Sin embargo, el señor
Reynolds me habló de los mensajes en línea de Kennedy y eso es horrible.
Realmente es todo un personaje. Por supuesto, ¿quién puede culparla por estar
molesta porque el mejor chico de la escuela secundaria la dejó?

Puedo sentir mis mejillas enrojecer.

—Mamá, ew.

Ella sonríe.
—Bueno, tiene razón.

Los labios de mamá se aplanan y señala entre los dos.

—Tienes que tener cuidado. Esa chica está enfadada y podría hacer que te
metan en más problemas.

—Sí, señora —digo, dejando caer mis hombros—. Este es un infierno con el que
hemos estado viviendo por unas semanas.

Mamá suspira y luego lanza sus manos al aire.

—Uf, ¡esto es tan estúpido! Siento que debo castigarte o algo así, ¿verdad? Pero
al mismo tiempo, no te culpo por lo que hiciste. Fue algo casi hilarante.

Mamá regresa a la cocina y casi pienso que la conversación ha terminado, pero


luego dice: —Mis hijos nunca han estado en problemas antes, así que no sé qué
hacer. —Mueve su mano y se agacha hacia la nevera, sacando las provisiones
necesarias para cocinar la cena—. Solo diles a todos que te castigué, ¿vale?
Ahora sal de aquí.

La mamá de Ella la llama del trabajo y se mete en la otra habitación para


contestar. Le doy un poco de privacidad, y me dirijo a mi habitación para
comenzar la operación “algo mejor que el baile”.

Me tiro en mi silla del ordenador e intento googlear ideas. Aunque sé que quiero
sorprender a Ella con una divertida y ultra romántica cita en la que pueda usar
su vestido, tengo exactamente cero ideas sobre cómo hacerlo. Afortunadamente,
tengo cuatro días para pensar en algo.

***
Mi alarma suena a las cinco de la mañana del sábado. Sabía que sería muy
penoso levantarse tan temprano, pero ahora que realmente sucede, es incluso
peor. Mis ojos duelen, mi cuerpo duele, y todo lo que quiero hacer es dormir.
Me quedé hasta muy tarde la noche pasada dando los toques finales a mi
sorpresa para Ella.
Aparto las sábanas cuando escucho que la alarma de Ella se dispara por el
pasillo. Tenemos que estar en la esquina de Main y Walnut Street a las cinco y
media para nuestro servicio comunitario. Lo único bueno de despertarse tan
temprano es saber que Kennedy tiene que hacerlo también. Ja.

El taller de latonería y pintura llamó anoche y me dijo que mi camioneta estaría


lista para el mediodía de hoy, así que aunque llevamos el coche de mi madre a
nuestro servicio comunitario, estoy encantado de que más tarde estaré detrás
del volante de mi propia camioneta.

Ella se frota los ojos y me mira, con la cabeza apoyada en el apoyacabezas del
Honda Accord de mamá.

—¿Tenemos tiempo para tomar café? —murmura.

—Y donas —digo con una sonrisa.

La señora Kim no se encuentra detrás del mostrador cuando llegamos a la


tienda de donas, pero un chico que se parece a su hijo nos ayuda en su lugar.
Probablemente sea lo mejor porque la señora Kim haría muchas preguntas
sobre por qué estamos aquí tan temprano y realmente no quiero arruinar su
impresión de mí diciéndole que soy un delincuente en servicio comunitario.

Comemos rápidamente y cuando llegamos al punto de partida, ya hay una


docena de personas alrededor, todas vistiendo chalecos de seguridad amarillo
chillón y pareciendo haber cometido crímenes mucho peores que hacer una
camiseta divertida.

Kennedy también está aquí, con un chándal negro y el cabello en una cola de
caballo. Nos evita como la peste y hacemos lo mismo. Ella y yo recibimos un
chaleco amarillo de la mujer a cargo. Su nombre es Pam y se parece
exactamente a una Pam, como alguien que ha visto mierda de la buena y alguien
con quien sabes que no quieres cruzarte.

Ella y yo trabajamos en silencio, moviéndonos a lo largo del costado de la


carretera principal recogiendo basura. Todo es sorprendentemente igual a lo
que ves en la televisión. Un par de agentes de policía supervisan mientras todos
caminamos, apuñalando basura y empujándola en una gruesa bolsa plástica
de basura. Supongo que esto se supone que nos dará tiempo para reflexionar
sobre lo que hemos hecho mal, pero la única culpa que siento es por haber
salido con Kennedy en primer lugar. ¿En qué pensaba?

Recuerdo cuando Kennedy me hundió las garras por primera vez. Había estado
solo y aburrido y se sentía como una buena cosa que hacer en ese momento.
Debería haber pensado más en ello. Investigarla con mis amigos para
asegurarme de que no estaba loca. Estoy seguro de que habría fallado esa
prueba y yo habría podido alejarla, evitando todo este drama en primer lugar.

Y si nunca hubiera estado saliendo con Kennedy, el tornado todavía habría


sucedido. Todavía estaría en clase de atletismo y Ella estaría todavía en clase
de arte y probablemente todavía nos encontraríamos en el pasillo. Todo podría
haber sido exactamente lo mismo, solo que sin una tonelada de drama y
tonterías en el camino.

Al mediodía, tenemos quince minutos para comer nuestros almuerzos en una


parada de descanso a lo largo del costado de la carretera.

Ella y yo elegimos una pequeña mesa de picnic y nos sentamos uno al lado del
otro.

—Esto es horrible —dice Ella, chocando su hombro contra mí—. Te besaría en


este momento, pero estoy bastante segura de que mi rostro está cubierto por los
gérmenes de la basura.

Levanto una ceja.

—¿La has estado frotando en tu rostro? Sabes que solo se supone que lo tienes
que poner en la bolsa, ¿verdad?

Me da un puñetazo en el brazo.

—Sabes a lo que me refiero. Se siente como si la basura y la porquería


estuviesen en el aire, flotando alrededor en este horrible calor de Texas. —Deja
salir un suspiro y echa un poco de gel antibacteriano en sus manos antes de
abrir su bolsa de patatas—. Ugh.

Una sombra cae sobre nosotros y ambos levantamos la mirada para ver a la
misma abeja reina, con una bolsa de almuerzo de papel en su mano.

—¿Puedo sentarme aquí? —La singularidad de la pregunta de Kennedy hace


que tanto Ella como yo nos quedemos mudos. Unos segundos pasan y los
hombros de Kennedy caen—. ¿Por favor?

Hago una especie de gesto no comprometido y se sienta frente a nosotros. Pasa


una mano por su rostro, se frota el cuello y luego dice:

—Mira. Lo siento.

Pasan más segundos. Realmente no sé qué decir. Todo es demasiado raro para
las palabras y aparentemente Ella siente lo mismo.

Kennedy suspira.

—Sé que no merezco que aceptes mis disculpas o algo así, pero lo siento mucho.
Mis padres me hicieron ver a este terapeuta la semana pasada y supongo que
se podría decir que mis ojos se abrieron a lo horrible que fui con vosotros.
—Mira fijamente su bolsa de almuerzo y muerde su labio inferior—. Realmente
lo siento. Ethan, solo quería una experiencia perfecta en la escuela secundaria
y supongo que las presiones de ser popular fueron demasiado. No soportaba la
idea de no ser la mejor de la escuela. Cuando me dejaste solo… me rompí.
—Traga e inspira profundamente y, por primera vez, se ve realmente sincera—.
Lo perdí totalmente y no es tu culpa. Mi terapeuta dice que puse demasiado de
mi corazón en ser popular y me rompió. —Gira su mano en el aire—. Al parecer
les sucede mucho a las adolescentes. No lo sé.

Ella baja su sándwich.

—Gracias por esto —le dice a Kennedy.


Kennedy la mira y me estremezco, esperando que sus garras salgan. Pero solo
muestra esta triste sonrisa.

—De nada. Realmente lo siento. Quiero decir, sé que nunca seremos amigos o
cualquier cosa, pero ¿podemos simplemente tener una tregua?

—Sí, me gustaría eso —le digo.

La espalda de Kennedy se endereza y asiente.

—Gracias. —Agarra su bolsa y se gira para irse, pero Ella la detiene.

—Puedes quedarte —dice Ella, señalando nuestra mesa. Se inclina hacia


delante y habla en voz baja—: Puede que termines muerta si te sientas con
algunos de estos otros raros.

Todos miramos a la derecha donde un hombre que es más tatuajes y muecas


malvadas que ser humano se sienta. Kennedy suspira aliviada.

—Gracias. Aunque después de oler toda esta basura realmente no tengo mucho
apetito.

Después del almuerzo, tomamos nuestros palos y bolsas y volvemos a recoger


la mierda que los estúpidos lanzan al lado de la carretera. Pero el estado de
ánimo del día es más ligero ahora, como si una guerra masiva hubiese
terminado finalmente. Estoy seguro de que Ella y yo hablaremos más de esto
cuando volvamos a casa pero, por ahora, los tres seguimos juntos, personas
inocentes en un grupo de criminales reales, y recogemos basura hasta que las
ocho horas de nuestro castigo hayan pasado.
30
Ella
Traducido por Coral Black
Corregido por Dai

Una vez que me he sacado el hedor de la basura de la autopista en la ducha,


estoy empezando a sentirme muy emocionada por esta noche. Ethan no me dirá
nada de lo que ha planeado.

Todo lo que sé es que se supone que debo vestirme con el precioso vestido rosa
que me compró y estar lista para irnos a las seis. Dakota rebota alrededor del
dormitorio ayudándome a prepararme. Tiene una sonrisa incluso más grande
que la mía, sin embargo, la sinvergüenza no se molestará en decirme ninguno
de los detalles secretos que sé que sabe.

Me ayuda a peinar mi cabello mientras aplico mi maquillaje. Puesto que no es


un baile de graduación real, sé que no tengo que preocuparme por lucir tan
impresionante como sea posible en comparación con las demás, así que solo
hago mi maquillaje normal y luego agrego un poco de sombra brillante y
pestañas postizas para unas buenas dimensiones.

—¿Qué labial debo usar? —le pregunto a Dakota mientras sostengo dos
opciones. Son los dos únicos labiales que poseo ahora, ya que estaban en mi
bolso el día del tornado.

Sostiene el rizador y mira las dos opciones.

—Um, el nude. Se verá bien con ese vestido pálido.


Aplico el labial rosa nude y sonrío al espejo. La sala de juegos no tiene espejos
ni tocadores, así que me estoy preparando en la habitación extra femenina de
Dakota.

Dakota es una gran peluquera para tener solo trece años. Me peina con grandes
y ondulados rizos y rocía mi cabello con algún tipo de spray que promete la
apariencia de “el cabello de playa perfecto”.

Escucho a mamá decir mi nombre y compruebo la hora. Son las cinco y


cincuenta y cinco. Dakota se inclina hacia atrás y sus labios aprietan un lado
de su boca mientras me examina.

—Te ves increíble.

—¿Segura? —le pregunto sonriendo—. Te tomó un poco de tiempo decidir qué


decir.

—Estaba tratando de decidir si debo enviarte con un coletero solo en caso de


que… eh, sabes qué; adelante, toma uno —dice, agarrando un coletero de su
tocador y entregándomelo.

—¿Por qué? —pregunto, estrechando los ojos—. ¿Por qué tendría que atarme el
cabello? ¿A dónde vamos?

Finge cerrarse los labios.

—No puedo decírtelo. Ahora vete —dice, agitando las manos hacia la puerta de
su dormitorio—. Ve a mostrarle al mundo lo bien que te ves.

Pongo los ojos en blanco y respiro hondo. Ahora que estoy a punto de bajar las
escaleras y ver a Ethan, estoy un poco más que nerviosa. Estoy hiper-nerviosa.
Mierda.

La mano de Dakota me toca la espalda.

—Respiraciones profundas —dice mientras abre la puerta. Me guiña un ojo—.


Es solo mi estúpido hermano.
El hermano que ella piensa que es estúpido está de pie al final de las escaleras,
pareciéndose a algún tipo de dios en un traje negro que se ajusta perfectamente
a su cuerpo. Tiene un triángulo rosa pálido sobresaliendo del bolsillo de su
pecho y su corbata también coincide con mi vestido. No puedo creer que haya
pasado por tantos problemas para esta noche y ni siquiera vamos a un
verdadero baile de graduación.

Mis ojos nunca se alejan de Ethan mientras camino cuidadosamente por las
escaleras alfombradas. Mamá y la señora Poe inmediatamente me llenan de
elogios, pero eso es lo que hacen las mamás. Lo que realmente me importa es la
reacción de Ethan. Es perfecta; sus ojos se arrugan en las esquinas cuando
alcanzo a tomar su mano.

—Es un buen vestido —me susurra al oído.

—Bien, a la chimenea —dice mamá, echándonos hacia la sala—. Necesitamos


fotografías para los papás que todavía no llegan del trabajo.

Ethan y yo gemimos al unísono, pero cedemos y dejamos que las madres hagan
lo suyo. Después de unas cinco millones de fotos, incluyendo algunas con
Dakota haciendo caras ridículas, nos permiten marchar.

Mamá me besa en la oreja para evitar mi maquillaje.

—Pásalo maravillosamente, cariño.

—¿Sabes a dónde vamos? —le pregunto.

Asiente y luego hace el mismo movimiento de cerrar los labios, como si todos
estuvieran de acuerdo en mantenerlo en secreto.

Ethan pone su mano en el mango de la puerta principal.

—¿Lista para hacer el baile a mi manera y no a la estúpida manera de la


escuela?

Levanto una ceja.

—Creo que sí.


Sonríe y abre la puerta, revelando una limusina negra aparcada al frente. El
conductor está de pie cerca de las puertas traseras, los brazos unidos delante
de él, todo elegante y apropiado.

Miro a Ethan.

—Oh, Dios mío, no deberías haber hecho esto.

Se encoge de hombros.

—¡Es una tradición del baile!

El conductor abre la puerta y la segunda sorpresa de la noche hace que mi


mandíbula caiga. April y Toby se encuentran dentro de la limusina, vestidos
para matar en sus propios trajes de graduación.

—¿Qué hacéis vosotros aquí? —pregunto, deslizándome en el asiento


opuesto—. ¿Os dejaremos en la escuela?

April sacude la cabeza. Lleva su precioso vestido azul oscuro y su cabello se


encuentra amontonado encima de su cabeza con una deslumbrante cinta de
diamantes de imitación.

—No, vamos con vosotros —dice.

Miro a Toby y asiente.

—No podéis perderos el baile por nosotros —le digo.

El coche se aleja y una música suave comienza a sonar. Toby lanza un brazo
alrededor de los hombros de April.

—Fue idea nuestra —dice, mirando a April. Ella asiente.

—Sí. Si van a echar a nuestros mejores amigos, entonces tampoco vamos.


Vamos a tener nuestro propio baile y será increíble.

La mano de Ethan agarra la mía.

—¿Sorprendida?

—Mucho —digo con una risa—. ¿Entonces a dónde vamos?


—Ya lo verás —dice April con una sonrisa.

—Primero la cena —dice Ethan—. Esa es la primera tradición de baile. Cena y


luego la fiesta.

El conductor nos lleva a Campioni's, un restaurante italiano de lujo en la


siguiente calle. Hay una mesa para cuatro reservada para nosotros y dos ramos
de rosas en la mesa. Las rosas son mías y las rosas púrpuras son de April. Los
chicos realmente lo dieron todo esta noche.

La cena es increíble y después de haber comido sus fettuccini de pasta caseros,


no estoy segura de que pueda comer pasta normal. Incluso su té dulce es para
morirse. Lo pasamos muy bien juntos, solo nosotros cuatro.

Cuando salimos del restaurante, una docena de mariposas comienzan a


agitarse en mi estómago.

—¿A dónde vamos? —le susurro a Ethan cuando volvemos a la limusina.

—Ya lo verás —susurra. El olor de su colonia envía un escalofrío por mi espina


dorsal y me inclino para besarlo, incapaz de alejarme.

Toby y April están acurrucados al otro lado de la limusina, así que realmente
no me siento culpable por ello.

Después de un corto trayecto en coche, puedo ver el Lago Conroe por la ventana.
Nos detenemos en un puerto deportivo y el conductor aparca. Salimos de la
limusina y un chorro de aire caliente de verano sopla mi vestido y cabello por
todo el lugar.

—Estoy muy emocionada —dice April con un pequeño chillido.

—Sí, esto va a ser mucho mejor que el verdadero baile —dice Toby.

—Entonces, ¿qué hacemos aquí? —pregunto—. Por favor, dime que no vamos a
nadar con nuestros vestidos.

—Mientras el barco no se hunda, estaremos bien —dice Ethan.


—¿Barco? —Mis ojos se ensanchan.

—Ven a verlo por ti misma —dice, tirando de mí a lo largo de un estrecho paseo


peatonal de hormigón a lo largo del agua. Decenas de barcos atracados en el
puerto deportivo y miro cada uno de ellos, preguntándome cuál es el nuestro.

Y entonces se hace imposible no notarlo. Un yate, un maldito yate, espera


delante nuestro, con un pequeño puente que lo conecta al muelle. Una enorme
bandera a un lado del barco y dice: “BAILE DE GRADUACIÓN 2016”.

Miro a Ethan. April y Toby sonríen y Ethan toma mi mano.

—¿Qué piensas?

—¿Has alquilado un yate?

Levanta un hombro.

—Técnicamente las camisetas Poe lo alquilaron. Tenemos las próximas tres


horas para hacer una fiesta de lujo en el lago Conroe.

—OhDiosmío —digo en un solo suspiro.

Nos apresuramos al yate y somos recibidos por un personal amable. Hay


bebidas y comida para picar e incluso una mesa de cupcakes y fondue
establecida dentro de la sala principal del yate. Hay un DJ tocando y una pista
de baile y puertas de cristal que dan a la cubierta principal desde donde vemos
el barco salir del muelle y viajar hacia el medio del lago.

Ethan me rodea con los brazos mientras me aferro a la barandilla en la parte


delantera del magnífico yate. El viento azota mi cabello y el sol poniente proyecta
un bello resplandor de naranja, rosa y morado sobre la profunda agua azulada
que nos rodea. Música suena y nuestros amigos se ríen mientras bailan y comen
cake balls.

Siento un hormigueo en mi cuello donde los labios de Ethan me besan.


—¿Qué te parece? —susurra. Deslizo mis manos encima de las suyas y me doy
la vuelta para enfrentarlo. Envuelve sus brazos alrededor de mi cintura y me
aferro a su cuello mientras lo miro a los ojos.

—El mejor baile de graduación del mundo —digo, inclinándome para besarlo.
Sabe a té dulce y canela y cuando me alejo, un poco de mi lápiz de labios está
en sus labios. Me río y se lo limpio con los dedos.

—Gracias por esto —digo, apoyándome en él. Una canción lenta comienza a
sonar y Ethan y yo nos balanceamos con la música.

No sé cuántas canciones pasan mientras estamos atrapados en la música, uno


en el otro, y en la belleza del lago que brilla a nuestro alrededor.

En algún momento, April dice mi nombre. Levanto mi cabeza del pecho de Ethan
y la veo apuntándonos con una cámara.

—¡Sonríe! —dice.

Y así lo hago. Presiona el botón y un flash estalla en el aire, capturando para


siempre este perfecto momento de nuestro último año.
Créditos
MODERADORAS:
Coral Black & Dai

TRADUCCIÓN: CORRECCIÓN:
a.Rene Blaire R.
Angela C. Bella’
Coral Black Cat J. B
Katherin Coral Black
Lobeth Dai
MariiCH Light Feather
SoulOfRainbow Maga

SOS:
REVISIÓN:
Cat J. B
Dai & Coral Black
Coral Black
Walezuca
DISEÑO:
SiriumYem