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desarrollo en la educación

Porque la educación es un Derecho Humano fundamental que está reconocido en la Declaración Universal de
Derechos Humanos y en la Convención sobre los Derechos del Niño y además es el catalizador más
poderoso para el desarrollo humano (OXFAM INTERNACIONAL). A pesar de esto la realidad queda muy lejos
de una escolarización y una alfabetización total. Actualmente 125 millones de niños y niñas no acuden nunca
al colegio (la mayoría en África Subsahariana), y otros 150 millones lo abandonan antes de completar 4 años
de educación y sin haber adquirido habilidades básicas. Por otro lado en todo el mundo 872 millones de
personas son incapaces de leer o escribir Además de estas cifras también se ha de tener en cuenta los
millones de niños y niñas que asisten al colegio en condiciones que hacen que la educación sea de baja
calidad tal como infraestructuras deficientes, exceso de alumnos i/o mezcla de diferentes niveles en una
misma aula, insuficiencia de profesorado y formación insuficiente, falta de recursos, programas poco
adaptados a las necesidades reales, discriminación en el acceso según el sexo o nivel económico, etc...
(ONU, 1997). En general la mayoría de esta población corresponde a los países menos desarrollados con lo
que se establece una correlación entre nivel de escolarización y desarrollo. En la Conferencia Mundial sobre
Educación en Jomtien, (1990) y en la Cumbre sobre Desarrollo Social (Copenhague, 1995) se han ido
estableciendo metas a nivel mundial, como una educación primaria y gratuita para todos los niños en todo el
mundo antes del año 2015, pero la cercanía de esta fecha y el ritmo de escolarización en estos países no
parece que se pueda alcanzar este objetivo fácilmente. Por otro lado la ciencia, que junto con los
conocimientos sociales y humanísticos son el principal activo de un país para afrontar su futuro, parece que
no puede solucionar los problemas de desigualdad, de opresión o de subdesarrollo que es el contexto de
estos millones de habitantes (Conferencia Mundial sobre la Ciencia de Budapest, 1999). Es el círculo de la
pobreza y la educación puede ayudar a romperlo.

Actualmente parece haber un consenso en que el desarrollo de la educación favorece directamente el


desarrollo social y económico de una región o un país. También se está de acuerdo en que para que esto
tenga efecto, y lejos de los argumentos de la Royal Society, es básico y previo el desarrollo de las
capacidades personales. El objetivo fundamental de la educación en general y de la educación escolar en
concreto es proporcionar a los ciudadanos y estudiantes una formación plena que les ayude a estructurar su
identidad y a desarrollar sus capacidades para participar en la construcción de la sociedad. En este proceso el
sistema educativo debería posibilitar que los alumnos. como futuros ciudadanos, reflexionen, construyan y
pongan en práctica valores que faciliten la convivencia en sociedades plurales y democráticas, tal como el
respeto y la tolerancia, la participación y el diálogo.

desarrollo en la salud

La salud de la población y de los individuos está intrínsecamente unida a su desarrollo. El desarrollo, en el sentido amplio
del término, implica cambios e incluso importantes alteraciones de la salud y del entorno de las personas. Pero, del mismo
modo, el estado de salud de la población es un factor que condiciona el desarrollo.

Una salud precaria disminuye la capacidad laboral y la productividad de las personas, algo que afecta sobre todo a los
pobres, por cuanto son ellos los que realizan los trabajos que exigen un mayor esfuerzo físico. Igualmente, una mala salud
afecta al desarrollo físico de los niños, así como a su escolarización y aprendizaje. Como consecuencia, si ampliamos
estas circunstancias al conjunto de la población, se puede constatar el fuerte freno que las enfermedades imponen al
crecimiento económico y al desarrollo en general. A la inversa, diferentes estudios, como los analizados por Strauss
(1993:149-163), prueban la relación que existe entre la mejora nutricional y de la salud con el incremento de la
productividad (especialmente cuando se parte de niveles bajos de consumo y en actividades intensivas en mano de obra),
así como en la asistencia y el rendimiento escolar.

Por su parte, el desarrollo puede romper el clásico círculo de retroalimentación existente entre la pobreza y la mala salud.
El desarrollo económico posibilita disponer de mayores recursos con los que financiar la mejora de la salud
medioambiental, la realización de campañas de salud pública, y, sobre todo, el establecimiento de un sistema sanitario
cuyos servicios de salud cubran también a los sectores más vulnerables, por ejemplo mediante la extensión de la atención
primaria de la salud. Además, los programas de desarrollo social, como los de educación y alfabetización, han contribuido
decisivamente a elevar el nivel de salud al facilitar las mejoras en la alimentación, la higiene y la salud reproductiva. El
desarrollo socioeconómico, particularmente si alcanza equitativamente a la población (aunque generalmente no sea éste el
caso), también permite mejoras en las condiciones de vivienda y de otros servicios básicos.

Las inversiones en salud se justifican no sólo porque ésta es un elemento básico del bienestar, sino también por
argumentos meramente económicos. La buena salud contribuye al crecimiento económico de cuatro maneras: reduce las
pérdidas de producción por enfermedad de los trabajadores; permite utilizar recursos naturales que, debido a las
enfermedades, pueden quedar total o parcialmente inaccesibles e inexplotados; aumenta la escolarización de los niños y
les permite un buen aprendizaje, y libera para diferentes usos aquellos recursos que de otro modo sería necesario destinar
al tratamiento de enfermedades. En términos relativos, las ventajas económicas de una buena salud son mayores para la
población pobre, que por lo general es la más afectada por las discapacidades que provoca una salud precaria y están en
situación de beneficiarse al máximo de la explotación de los recursos naturales infrautilizados.

desarrollo en el trabajo

Inicio recordando cuáles son los preceptos fundamentales del enfoque de desarrollo humano y el paradigma de
capacidades. Básicamente lo que propone el enfoque de desarrollo humano es una visión multidimensional del desarrollo
que trasciende la parte económica. Es una propuesta que pone a la persona en el centro del desarrollo y que busca el
florecimiento humano. Bajo este esquema general se visualiza el trabajo como un pilar del desarrollo humano. En ese
sentido, el informe plantea que el trabajo no solo es un medio para generar riqueza, sino también un mecanismo
fundamental para combatir la pobreza, la desigualdad y dignificar la vida de las personas, además de contar con otros
componentes que están orientados al interés público, puesto que, en caso del trabajo de cuidado de otras personas, se
fomenta la cohesión y los vínculos entre las familias y las comunidades. De manera que el trabajo se mueve del aspecto
económico a otros aspectos que también son valiosos para darle sentido a la vida de las personas y a la vida en
comunidad.

-El informe establece una clara diferencia entre el concepto de trabajo y el del empleo ¿podrías ampliarnos sobre los
contrastes entre ambos conceptos?

El informe propone adoptar una definición más amplia de trabajo. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT),
el trabajo se define como el conjunto de actividades humans remuneradas o no, que producen bienes o servicios que
sirven para el sustento de las economías o también para el sustento individual de las personas. Por su parte, el empleo hace
referencia a la realización de una actividad humana a cambio de un pago, sin importar la relación de dependencia.

Estos dos términos son importantes porque dentro del marco del informe el concepto de trabajo va más allá de la parte
remunerada e incluye otro tipo de actividades, como por ejemplo: el voluntariado y el trabajo creativo, que son dos tipos
de actividades que no se les da la suficiente importancia dentro del concepto de empleo, principalmente desde el punto de
vista estadístico. El informe hace hincapié en ver esas otras dimensiones y esas otras facetas que son también importantes
y que son valiosas para las personas y la vida en comunidad.

-¿Existe un vínculo automático entre el trabajo y el desarrollo humano? ¿Es posible que todo tipo de trabajo promueva el
desarrollo humano?

Esa pregunta se aborda ampliamente en el informe. Hay que tener claro que es importante disponer de un empleo, pero es
más valioso aún que ese trabajo cumpla con aquellos requisitos mínimos que lo convierten en un trabajo digno. Por lo
tanto, no hay un vínculo automático entre el trabajo y el desarrollo humano. Cuando evaluamos la valía -por decir de
alguna manera- del trabajo, es importante preguntarnos cuestiones como por ejemplo: si el trabajo es seguro, si no implica
un riesgo a la vida y/o dignidad de la persona, si satisface las necesidades integrales del ser humano, si hay perspectivas
de progreso dentro del trabajo y si existe un equilibrio entre este y la vida privada de las personas. También es importante
evaluar si hay igualdad entre hombres y mujeres.

Hay una serie de trabajos que no contribuyen al bienestar y al desarrollo humano de las personas. Esto ocurre cuando no
se da una remuneración justa, cuando se expone al trabajador a riesgos en su integridad física, en su salud, y cuando el
trabajo es inestable en el tiempo. Pero también existen trabajos que son específicamente dañinos para el bienestar de las
personas, como el trabajo forzoso y explotador, el infantil o el tráfico de personas que va directamente en detrimento de
los Derechos Humanos.