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La piel le arde como nunca, no sabe porque y por ahora no pretende saberlo tampoco, lo único

que le importa es recoger los retazos que se le van cayendo en el camino, nada es más importante
que ello. Avanza lentamente para que no olvidar nada entre las piedras, cuando ha juntado la
mayoría de los fragmentos los intenta pegar con dulzura sobre sus piernas, pero no puede, ni
siquiera logra sostener firme sus manos en ellos, muy por el contrario, sus manos se resbalan en
las piernas, se llevan todo y a todos; ella llora, no sabe qué hacer, sus últimas opciones se han
marchado, parecen haberse diluido en el aire al igual que el pegamento. Los quejidos se van
acrecentando y el miedo crece al interior de su maltrecha alma, intentó todo para recordar lo que
algunos habían intentado quitarle, al parecer todos los que intentaron dañarla iban disfrazados de
mininos, incluían garras y patas peludas, ciertamente parecía un mal chiste, pero a pesar de la
dedicación que habían puesto en preparar su aspecto, esos mininos no lograron verse de ningún
modo dulces; se les notaba en la postura, parecían incomodos cuando intentaban dormir, pues su
alma les daba un insomnio constante, como el mío. Como el de ella.

Ella es Emm. Emm está cansada, vive cansada y también un poco ciega. Tantas lágrimas, lamentos
que ni el sol ni la luna han logrado acallar la torturan cada vez que hay oportunidad, es quiere
decir siempre.

Emm ha aprendido a esquivar las voces, no lo hace de buena manera, pero ayuda. Bebe alcohol
todas las noches antes de acostarse, pero eso no ayuda a conciliar el sueño, aunque aliviana un
poco las ideas, las vuelve suaves, le quitan las espinas y cuando casi está llegando el amanecer sus
ojos caen pesadamente, marcan las ojeras en su rostro, ennegrecen las cuencas y con facilidad
escurren el rímel de las pestañas que será quitado un par de horas después.

pero no de los que son dulces, sino de los que tienen una postura incomoda cuando intentan
dormir por el insomnio constante. Ella está igual, Emm está cansada, pero ciega. Nada va pegar
sus lamentos ajeados, nadie le dará veneno para acabar con todo, la única manera de acabar con
ellos es dormir, pero para dormir va a necesitar más que unos besos y vino, mucho más.

¿Quién le dará a Emm lo que pide? –yo no lo haré.


Las letras se me funden en el mismo papel, ya no logro escribir, ya no logro entender mis
inviernos, solo sé que veo nublado, que las lágrimas me invaden de una manera impresionante. No
deseo perderte querida mía, pero que he de hacer si ya tienes tus maletas empacadas en el canto
de la puerta

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