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Jean-Jacques Marie: La revolución de 1905 y la creación de los sindicatos en Rusia

La manifestación del 9 de enero de 1905 y su represión sangrienta por el ejército y la


policía zaristas marcan la derrota política del “sindicalismo policial”. El gobierno abandona
esta tentativa, que finalmente se volvió contra él. Su fundador Zubatov, permanecerá en
desgracia hasta su suicidio en 1917, después de la abdicación de Nicolás II, derrocado por
la segunda Revolución Rusa en febrero de 1917.

Las huelgas que responden al “Domingo rojo” del 9 de enero de 1905 son acompañadas
por la creación de los primeros sindicatos independientes. Éstos son ilegales, ya que casi
ninguna ley reconoce su existencia. Desde el día siguiente a la manifestación del 9, el
comité de Petersburgo del POSDR (bolcheviques) difunde dos folletos. Llama a la huelga
general y a la lucha armada contra la autocracia y llama al mismo tiempo a constituir
sindicatos, a los cuales entonces, se les da el nombre vago de “unión”: la palabra rusa que
designa a los sindicatos desde fines de 1905, Professionnalny soiuz, o abreviado, Profsoiuz
que, por otra parte, quiere decir más exactamente “Unión profesional”. El comité afirma:
“Sin la unión, sin asociación, no puede haber fuerza. Incluso la huelga —este medio
potente de la lucha del proletariado— no puede triunfar si los trabajadores asalariados
(los obreros) no se reúnen primero en las uniones”.1

Los primeros sindicatos se forman en las fábricas metalúrgicas de la capital: Putilov,


Semianikov, Obujov, a partir de febrero. Los estatutos del sindicato constituido en la
fábrica Semianikov estipulan: “La unión tiene como objetivo unir a todos los obreros de la
industria metalúrgica en la lucha por sus derechos profesionales y jurídicos”. 2 Los
estatutos precisan este objetivo: el sindicato organiza a los trabajadores para obtener la
mejora de sus condiciones de trabajo, el aumento de los salarios, la reducción de la
jornada de trabajo, la supresión de las multas, la mejora de las condiciones sanitarias. En
el mismo espíritu de las Bolsas de trabajo francesas de la época, de las cuales los
metalúrgicos rusos ignoraban todo, los estatutos añaden que el sindicato “cuida la
elevación del nivel cultural de sus miembros abriendo bibliotecas, clubes, todo tipo de
establecimientos de instrucción y formación (técnica y otras), la organización de
conferencias y reuniones públicas, la fundación de diversas sociedades, etc.”3

El reflujo del movimiento de huelgas a partir de marzo frena la creación de sindicatos. Así,
la tentativa del 11 de junio de constituir un sindicato de empleados de comercio (hay más
de 150.000 empleados y funcionarios de todos los órdenes en Petersburgo, capital

1
Listovski petersburgskij bolchevikov, 1902-1917, Tomo I, Moscú, 1939, pág. 218.
2
V.V. Sviatlovski : Istoria professionanlnogo Dvijenia v Rosii ot vosniknovenia rabotcego klassa do 1917 goda,
Leningrado, 1925, pág. 99.
3
Profsoiuzy SSSR. Dokumenty i materialy, Moscú, 1963, págs. 87-88.
2

imperial) había sido brutalmente suprimida por la policía. Al llamado de un comité de


iniciativa, varios centenares de empleados y funcionarios, hombres y mujeres, se reunían
en el parque Alexandrovski Sad. Antes de ser detenidos por la policía, tuvieron tiempo de
elaborar una petición exigiendo:

—Una interrupción para almorzar al mediodía;

—Un franco por semana;

—Vacaciones pagas por los patrones;

—Para las mujeres embarazadas, un mes de licencia paga antes del nacimiento y un mes
después;

—La instauración de un sistema de protección social pago por la empresa.

El comité de iniciativa envió la petición a la asociación de comerciantes de la ciudad,


quienes no juzgaron necesario responder. Será para otra ocasión.

La creación de sindicatos conoce un nuevo y decisivo ímpetu con la huelga general de


octubre de 1905. La huelga y la constitución de sindicatos están íntimamente ligadas. Así,
la huelga de los ferroviarios, que va a dar su impulso a la huelga general, comienza el 7 de
octubre en las líneas de ferrocarriles de Moscú. El 9 de octubre, se realiza un primer
congreso de ferroviarios en Petersburgo, que adopta una carta reivindicativa (la jornada
de trabajo de 8 horas, las libertades cívicas, la amnistía para los prisioneros políticos), que
expide por telégrafo a todas las líneas y a todos los depósitos al mismo tiempo que decide
constituir un sindicato.

La huelga estalla el 12 de octubre en las fábricas metalúrgicas de Petersburgo donde se


constituyeron en primavera los primeros sindicatos, se amplió el 13 y se volvió general en
la industria el 14: ese día, todas las fábricas de la capital están en huelga. Incluso los
empleados de comercio están en huelga; las farmacias están cerradas. A partir del 15, la
huelga de las fábricas gana los sectores no industriales: los bancos, el telégrafo, el correo,
los empleados de los ministerios y tribunales. El 16 de octubre, los artistas, bailarines y
bailarinas de los teatros y ballets imperiales rechazan tocar para su noble y militar público.

El 13, se constituyó en la capital una asamblea de diputados de fábricas, que toma el


nombre del soviet y reúne día a día un número creciente de diputados. Aunque haya sido
concebido primero como un comité de huelga, el soviet es un organismo político, pues
organiza masas cada vez más amplias de trabajadores, frente a la patronal y el Estado, a
través de un conjunto de reivindicaciones económicas, sociales y políticas. Su desarrollo
estimula la organización corporativa de los trabajadores y le brinda su apoyo.
3

Para detener este movimiento, el zar acuerda el 17 de octubre un manifiesto, que


reconoce la libertad de palabra, de reunión y de asociación. Estos derechos deben ser
codificados por leyes; mientras no lo sean, permanecen como principios muy generales.
Pero el reconocimiento de principio hecho para desarmar el profundo movimiento que
comenzó desde el 12 de octubre da un impulso formidable a la creación de sindicatos en
la capital: en menos de seis semanas, de mediados de octubre a fines de noviembre, se
constituyen 41 sindicatos, reuniendo más de 30.000 miembros. El movimiento, que
conoce una aceleración fantástica, comprende a todas las profesiones: el 24 de octubre,
se crea por ejemplo, el sindicato de los obreros panaderos que, desde el día de su
constitución, reúne a 91 obreros panaderos, y el sindicato de los zapateros, que reúne a
400 adherentes desde el primer día; en el mismo momento, se forma el sindicato de los
obreros y obreras textiles que, luego de su segunda reunión, el 27 de octubre, ya reúne a
450 adherentes. El 9 de noviembre, se crea un sindicato de sirvientes y mozos de café, del
cual la asamblea constitutiva reúne a más de 2.000 participantes. Algunos días más tarde,
se constituye el sindicato de cocineros.

Los sindicatos se constituyen primero como uniones de oficio. Por ejemplo, en la


metalurgia, se forman uniones de fundidores, de técnicos, de maquinistas, balancistas,
montadores eléctricos, herreros. En la industria textil se crean, independientemente los
unos de los otros, uniones de tejedores, hiladores, cinteros, tintoreros y calceteros.

Si la base constitutiva de estos diversos sindicatos es en sus inicios esencialmente


corporativa, las mismas necesidades de la lucha reivindicativa contra la patronal y el
gobierno, van a hacer estallar rápidamente este marco inicial estrechamente corporativo.
Dos factores facilitan este rápido estallido:

—Las relaciones entre numerosos sindicatos y el Soviet de Petersburgo.

—La política unificada de la patronal para oponerse a este movimiento e impedir a los
trabajadores que obtengan la satisfacción de sus reivindicaciones.

Representantes de siete sindicatos (impresores, funcionarios, empleados de oficina,


farmacéuticos, relojeros, sastres y técnicos) participan en las reuniones del Soviet de
Petersburgo, que se constituyó el 13 de octubre. Desde principios de noviembre, 16
sindicatos tienen en calidad de representantes a 54 miembros en el soviet. Luego el
soviet, con el acuerdo de los sindicatos involucrados, definió reglas de representación
sindical en su seno: un diputado cada mil miembros. El soviet, que reúne sobre una base
común a diputados de todas las profesiones, empuja entonces naturalmente a los
sindicatos que participan en su actividad a superar el carácter inicial puramente
corporativo de su constitución.
4

La política de la patronal también empuja involuntariamente a los obreros en este sentido.


Para responder a la decisión del Soviet de Petersburgo de imponer la jornada de 8 horas,
los patrones deciden a mediados de noviembre el lock out de las fábricas metalúrgicas. En
respuesta a esta decisión, que afecta a todas las fábricas y a todas las categorías, los
sindicatos reúnen el 16 de noviembre una asamblea general de diputados de los
metalúrgicos de la capital, electos sobre la base de un diputado cada 100 obreros. La
asamblea discute la creación de un sindicato de los metalúrgicos de toda la ciudad de
Petersburgo (que cuenta entonces con un poco más de 100.000 metalúrgicos). El 20 de
noviembre, los sindicatos de varias fábricas organizan reuniones comunes para discutir la
realización de esta perspectiva; una comisión encargada de ir en este sentido reúne a los
diputados de las más grandes fábricas de la metalurgia de la capital: Putilov, Semianikov,
Obujov y Alexandrovski. Una segunda reunión común de los sindicatos de varias fábricas
afirma la necesidad de crear con toda urgencia este sindicato.

Poco antes, se había constituido una Unión de uniones (no industriales), donde entran las
uniones profesionales recientemente formadas de docentes, ingenieros, médicos y
abogados.

En el mismo camino, los sindicatos que se constituyen cada semana intentan rápidamente
centralizar su actividad: el 6 de noviembre de 1905, los representantes de seis sindicatos
(los madereros, los gráficos, los sastres, zapateros, tejedores y jardineros) constituyen un
“Buró central de los sindicatos de San Petersburgo”, que elige un secretariado presidido
por el militante socialdemócrata menchevique M. Grinevich (seudónimo de M. Kogan).
Entre los miembros del secretariado, se encuentra el futuro bolchevique y especialista
mundial en Marx y Engels, David Riazanov. Este Buró central de los sindicatos de la ciudad,
cuyo rol es coordinar la actividad de los sindicatos con los que está en relación y publicar
un boletín o una revista de información, de análisis y consejos, designa dos diputados con
voz deliberativa al comité ejecutivo del soviet. Decide publicar una revista regular, titulada
El Sindicato.

El historiador del movimiento sindical Nossach resume así a las principales


reivindicaciones propuestas por los sindicatos de la capital: “Las reivindicaciones
económicas ocupaban el lugar esencial en los estatutos de los sindicatos y, especialmente,
el establecimiento de la jornada de ocho horas, el aumento de salarios, la supresión de
horas extras y del trabajo nocturno, la prohibición del trabajo infantil, el alivio de las
condiciones de trabajo y de la situación de las mujeres, la supresión de multas, la mejora
de las condiciones de trabajo y de existencia. Los obreros incluían en el estatuto de sus
sindicatos exigencias jurídicas capitales: el reconocimiento de sus diputados electos, el
5

derecho de huelga, el derecho a constituir sindicatos, el derecho de reunión, la libertad de


prensa, la inviolabilidad de la persona y del domicilio, la asistencia jurídica gratuita”.4

La voluntad de los sindicatos de centralizar su actividad frente al gobierno se manifiesta


en particular en los ferroviarios, quienes fueron realmente el motor de la huelga general
de octubre. Realizan un congreso nacional (panruso) en Moscú a principios de diciembre,
en el mismo momento en que se constituye efectivamente... y muy tardíamente... el
Soviet de Moscú. Estas dos iniciativas se realizan mientras que los militantes de las tres
fracciones y partidos “socialistas” (bolcheviques, mencheviques y SR) se prepararan para
la insurrección. Representantes de estas tres organizaciones van por otra parte a exponer
sus planes en una sesión especial del congreso. Este congreso concluyó con un mitin el 9
de diciembre, que la tropa ataca y dispersa a cañonazos.

El Soviet de Petersburgo preparaba la realización de un congreso de los soviets y de los


sindicatos, con representantes de los partidos “socialistas”, en diciembre. Su detención
impide su realización.

Después de la detención del soviet de Petersburgo, el 3 de diciembre de 1905 y del


aplastamiento de la insurrección de Moscú, a fines de diciembre de 1905, el gobierno
dirige una brutal ofensiva contra el movimiento obrero y los sindicatos nacientes: sólo en
la ciudad de Petersburgo, alrededor de 1.000 militantes obreros son detenidos y
encarcelados, cerca de 7.000 son exiliados, en su mayoría por medidas administrativas, se
prohíben diez publicaciones sindicales. Numerosos locales sindicales son saqueados, sus
documentos y su tesorería son confiscados. Las reuniones del Buró Central de los
sindicatos de Petersburgo de los días 9, 17 y 30 de diciembre de 1905 están dedicadas
sobre todo a hacer el triste inventario de los locales saqueados y robados, de los
sindicatos disueltos (entre los cuales está el aún embrionario de los metalúrgicos), de las
direcciones sindicales detenidas en bloque y de los encarcelados, como los del sindicato
de los sombrereros, sastres, trabajadores marítimos. La policía detiene al presidente del
sindicato de los cocheros, rompe todo el mobiliario del local y le pone bandas de clausura.

El Buró central de los sindicatos de Petersburgo, en su reunión del 31 de enero de 1906,


en pleno desarrollo de la represión gubernamental, se fija cinco reglas de funcionamiento
o tipos de actividad que muestran que está muy lejos de constituir el organismo dirigente
de una estructura sindical del tipo unión departamental (¡pero no hay departamentos en
Rusia!) y tiene un rol esencialmente consultivo y propagandista.

Los sindicatos que adhieren a él le aportan la suma extremadamente exigua del 2 % del
monto de sus cotizaciones;

4
V.I. Nossach: Profsoiuzy Sankt-Peterburga (1905-1930), San Petersburgo, 2001, pág. 36.
6

El Buró puede recibir donaciones;

Organiza conferencias, conciertos y loterías;

Puede comprar libros con descuentos y revenderlos a precio normal para sustraer
recursos;

Puede editar folletos sobre el movimiento sindical y obtener préstamos.

Los recursos de este Buró central de los sindicatos son absolutamente insignificantes. El
informe financiero para 1906 establecido por este Buró central en febrero de 1907 da las
siguientes cifras: los recursos mensuales del buró eran un promedio de 144 rublos y 32
kopekcs. De esta suma, 36 rublos y 29 kopecks provienen de cotizaciones aportadas por
los sindicatos miembros. Los abonos y venta de revistas y folletos brindan una ganancia
media de 52 rublos y 3 kopecks, la actividad de coedición con sindicatos le aportaban 50
rublos. A esta suma muy modesta, se le añaden 5 rublos de ganancias anexas.

Se puede juzgar la insignificancia de estas sumas comparándolas por ejemplo, con la grilla
de salarios de los obreros panaderos arrancada por su sindicato a principios de 1906: el
salario mínimo mensual de un obrero panadero es de 50 rublos, el de un obrero pastelero
es de 40, el de un aprendiz 35 rublos y el de un contramaestre pastelero es de 70 rublos.
Así, el conjunto de las cotizaciones aportadas por los sindicatos miembros del Buró central
de los sindicatos a este último era igual al salario mínimo mensual de un aprendiz. Su
presupuesto mensual era igual al salario mensual de tres obreros panaderos, todos
recursos asombrosos. Este Buró central de los sindicatos no tenía entonces ninguna
posibilidad de coordinar o de centralizar nada.

No obstante pudo, a pesar de la represión, contribuir a la organización y la realización, del


24 al 28 de febrero, de una conferencia panrusa de los sindicatos, es decir una conferencia
que reunió a sindicatos de diversas regiones del país. Los sindicatos de Petersburgo y de
Moscú habían enviado allí cada uno tres diputados, los de otras ciudades, dos. La
conferencia, que apunta sobre todo a organizar un intercambio entre los presentes,
establece un cuaderno de reivindicaciones mínimas, pero sobre todo la medicina del
trabajo; si bien no puede abrir el paso a una confederación sindical, que el gobierno no
aceptaría, llega a una conclusión que saca el diputado de Nijni-Novgorod: la clase obrera,
dice, ha comprendido “que nuestra fuerza está en la unidad; ningún castigo por parte del
régimen policial burocrático obligará al proletariado a detener el combate que ha
entablado por sus derechos jurídicos y corporativos”5. No es una gran frase: es el anuncio

5
Idem, pág. 50.
7

de lo que va a pasar en los años siguientes. Una vez sembradas las semillas de la
organización, el régimen podrá intentar ahogarlas pero no podrá extirparlas.

El gobierno, confrontado a la potencia del joven movimiento obrero a pesar del reflujo de
la ola revolucionaria, no puede contentarse sólo con la represión. Decide entonces
autorizar legalmente a los sindicatos, intentando al mismo tiempo, encorsetarlos con
disposiciones extremadamente restrictivas. Promulga, el 4 de marzo de 1906, un decreto
titulado “Reglas provisorias sobre las sociedades y las uniones”. Estas reglas provisorias
ponen en el mismo plano a los sindicatos de los asalariados y a las organizaciones
patronales, como se lo ve claramente en la lectura del párrafo 1 del título II reproducido al
final de este artículo. Ellas definen la esfera de actividad autorizada para los sindicatos,
limita su campo de reclutamiento prohibiendo el derecho a sindicarse a los empleados de
los ferrocarriles del Estado y privados, y de los servicios telefónicos que les pertenecen.

Las reglas provisorias quieren reducir el sindicato al rol de sociedad de ayuda y socorros
mutuos y encerrarlo en la colaboración con la patronal, limitando su actividad a la de un
organismo de discusión con esta última para alejar todo tipo de conflicto, reducido a una
incapacidad de compresión. Es un esbozo de “diálogo social” con intervención de una
instancia de mediación.

El historiador del movimiento sindical en San Petersburgo, Nossach, subraya otro aspecto
de los límites estrechos en los cuales la ley quiere encerrar la actividad de la organización
sindical: “La ley limitaba las posibilidades de unión de los sindicatos a nivel de la ciudad,
de la provincia y del país”6, es decir, prohibía constituir uniones locales o provinciales
interprofesionales y federaciones de oficios o de industria ¡y, por supuesto, una
confederación! El párrafo 6 de la segunda parte estipula, en efecto, explícitamente: “Está
prohibida la unión de dos o varias sociedades profesionales (es decir, sindicatos) en una
sola unión”.

Esta disposición no alcanzará para impedir que sindicatos de oficios de una misma ciudad
se unan en sindicatos de metalúrgicos, obreros textiles, panaderos u otros de Petersburgo
o de otra ciudad, ni para impedir que los diputados de sindicatos de diversas ciudades
organicen conferencias o reuniones comunes, pero estos encuentros no pueden abrir el
paso a la constitución de instancias regulares. La ley alcanzará efectivamente para impedir
la formación de uniones interprofesionales a nivel local y provincial y federaciones.

A pesar de esto, favorece un nuevo desarrollo de la creación de sindicatos. A principios de


marzo de 1906, en varios distritos de la ciudad, se reconstituyen comités de iniciativa por
la formación de un sindicato de los metalúrgicos de Petersburgo. El 11 de marzo, los

6
Idem, pág. 49.
8

obreros de Putilov deciden, sin esperar, constituir un sindicato de los metalúrgicos del
distrito de Narva. Con la ayuda del Buró central de los sindicatos, 2.000 metalúrgicos se
reúnen el 30 de abril y constituyen “La Sociedad profesional de los obreros del metal”. La
asamblea elige una dirección provisoria, formada por tres diputados de cada dirección de
distrito. La reunión elige por unanimidad a Iosif Ianisevich como presidente del sindicato,
el tesorero electo es Mijhail Tomski, el futuro dirigente bolchevique, futuro presidente de
los sindicatos soviéticos y futuro miembro de la “Oposición de Derecha” junto a Bujarin y
Rikov. El secretario electo es Roman Malinovski, que se convertirá cuatro años más tarde
en agente provocador pagado por la policía, luego en 1912, diputado bolchevique, antes
de ser obligado a dimitir en 1914, será fusilado en 1918 cuando regresó a Rusia.

La actividad del sindicato de los metalúrgicos, que obtuvo reducciones de la jornada de


trabajo en varias fábricas7, inquieta mucho a las autoridades y, el 28 de julio de 1906,
disuelven el sindicato, su local es devastado, sus bienes, sus archivos y su caja son
confiscados por la policía. El mismo día, el gobierno también disuelve el sindicato de los
zapateros. Los dos sindicatos deciden pasar a la clandestinidad. En ella, el sindicato de los
metalúrgicos continúa desarrollándose: al 1° de julio de 1906, contaba con 6.261
adherentes; al 1° de enero de 1907, contaba con 11.332.

El sindicato de zapateros hizo lo mismo. Como respuesta a la disolución, su secretario


escribía en el periódico desde ahora ilegal del sindicato, El Zapatero de Petersburgo:
“¡Camaradas! El 28 de julio, dejamos de existir oficialmente como sindicato. Pero nuestras
necesidades no están satisfechas, son las mismas que antes (...). Vamos a continuar la
lucha con la misma energía. Sólo se cerró nuestro local, pero es imposible destruir en
nosotros la conciencia de la comunidad de nuestros intereses. La disolución de nuestro
sindicato sólo nos empuja a unirnos aún más estrechamente (...). Lo más importante en la
lucha es la organización”.8

Sin duda es la principal lección que sacan entonces los militantes sindicales rusos al inicio
de una lucha muy difícil. En los años siguientes, en efecto, el reflujo de la ola
revolucionaria, el crecimiento de la desocupación (de enero a agosto de 1906, el número
de desocupados en Petersburgo pasa de 22.000 a 42.000) y la brutalidad de la represión
policial y patronal hacen perder a los sindicatos a la mayoría de sus adherentes, pero no
alcanza a destruirlos.

7
En 21 empresas metalúrgicas que empleaban a 10.825 trabajadores, obtuvieron la reducción de la jornada
de trabajo a 8 o 9 horas. En otras 21 empresas que empleaban a 21.400 trabajadores, obtuvieron su
reducción a 9,5 o 10 horas. En 1907, la patronal hará subir la duración de la jornada de trabajo a 11 horas o
más con reducción del salario.
8
V. I. Nossach, ídem, pág. 56
9

Sin embargo, la patronal y el gobierno no retroceden frente a nada. En junio de 1907, la


Asociación de los fabricantes y empresarios de Petersburgo crea un fondo especial
antihuelga, destinado a financiar a los amarillos, rompehuelgas y pogromistas. En 1907, en
las grandes empresas de la metalurgia (en Putilov, en la fábrica metalúrgica, en Obujov y
en varias más), la patronal baja los salarios de 30 a 40 %. Las bajas de salarios, el aumento
de la jornada de trabajo anulan las conquistas arrancadas en este terreno en 1906.
Gobierno y patronal cooperan estrechamente en este sentido.

De junio de 1907 a abril de 1908, la policía cierra en Petersburgo 27 publicaciones


sindicales. A principios de 1907, Petersburgo contaba con 44 sindicatos que reunían a casi
52.000 obreros y obreras. A mediados de 1908, sólo quedan 28 sindicatos que reúnen a
22.300 miembros... de los cuales sólo 7.418 habían pagado su cotización. En julio de 1909,
el número de cotizantes caía a 5.418. En 1910, sólo quedaban en Petersburgo 17
sindicatos. El sindicato de los metalúrgicos cuenta entonces con 3.675 adherentes, pero
sólo un tercio paga su cotización. El sindicato de los obreros y obreras textiles ve pasar a
su número de adherentes de 4.000 en marzo de 1907 a 430 a fines de 1910. En 1907, los
sindicatos editan en Petersburgo 27 publicaciones; en 1908, 15; en 1910, su número cayó
a 6...

Pero el movimiento que había sublevado a los obreros y obreras en 1905 y 1906, a pesar
de sus apariencias, no había sido anulado, los sindicatos, incluso desmantelados, incluso
prohibidos e impedidos de coordinarse en uniones y federaciones, no habían sido
destruidos. Gobierno y patronal iban a darse cuenta de ello cuando el movimiento obrero,
a partir de 1911, retoma su ímpetu.

Fuente: Cahiers du Mouvement Ouvrier N° 25, CERMTRI, París, diciembre de 2004-enero


de 2005, pág 86.