Vous êtes sur la page 1sur 6

Multiculturalidad y diálogo en la construcción de otro mundo posible.

Hoy en día la supervivencia de la humanidad está en grave peligro, las diferentes


dimensiones de la crisis han construido una crisis civilizatoria1 que pone de manifiesto el
colapso de todas las formas de vida en el planeta. Dicha crisis civilizatoria entendida como
aquella que envuelve problemáticas de toda índole, se torna sumamente preocupante al
momento de visualizar que el modo de producción en el cual nos encontramos inmersos, se
vuelve cada día más agresivo, no solo con el medio ambiente y las comunidades indígenas,
sino con todos los aspectos de la vida de los seres humanos.
La crisis como mecanismo de autorregulación del propio capitalismo se convierte en
una crisis sistémica-civilizatoria que encierra dimensiones múltiples, mientras que el único
interés de la recuperación se fija en la ganancia2, la crisis evidencía la depredación no solo
del medio ambiente, sino también de la cultura y la identidad que conforman a la sociedad.
En principio, la identidad ha sido fuertemente trastocada por el proceso de
neoliberalización que conlleva la homogeneización de la cultura y del desarraigo de lo que
te ofrece una identidad, dificultando el sentido multicultural que proporciona el entorno.
De esta manera, con la globalización cultural resurge el tema de la identidad, dado
que la irrupción descontrolada de las nuevas tecnologías y las industrias culturales, nos han
llevado a un consumo cultural ilimitado que homogeniza y desapega al ser humano de sus
raíces. Así “la identidad ya no reside en lo que estudias, en donde vives, que idioma hablas
o tus costumbres y tradiciones sino en el detalle de lo que se obtiene en el estante de una
tienda, por tanto los territorios de fabricación de identidades son conquistas del síndrome
del consumidor”3.
El impacto que ha tenido el capitalismo ha movido la referencia de lo que somos
derivado también del traslado de los modelos europeos a realidades completamente
distintas. Por ello la identidad debe buscarse en la construcción de nuestras propias formas
de vivir y percibir el mundo, a partir del pensamiento social y político propio, sin establecer
una cultura y una identidad por encima de las demás.

1 Bartra, Armando. “Crisis civilizatoria” en Raúl Ornelas y Ana Esther Ceceña. Crisis civilizatoria y superación del capitalismo. México,
UNAM-IIE, 2013.
2 Ibídem
3
Zygmunt, Bauman. “El consumismo” en Criterios No. 35. Revista de Internacional de Teoría de la literatura, las artes y la cultura.
Centro Teórico-Cultural Criterios. La Habana, Cuba. 2006.
Por otra parte, el concepto de desarrollo ha sido concebido como crecimiento
económico y progreso, fuertemente impuesto por la teórica clásica y neo-clásica del
pensamiento que promueve un desarrollo económico a partir de ciertos estándares dirigidos.
Sin embargo, la identidad cultural y el desarrollo deben tener necesariamente una relación
dialéctica, dado que el desarrollo entendido sin la cultura no tiene sentido. Es por ello que
debe establecerse en defensa de la cultura y coadyuvar a su enriquecimiento.
El desarrollo “no era concebido como un progreso integral de la diversidad de un
país”4, sin embargo, hoy en día asistimos a un proceso de resignificación de la relación
entre cultura y desarrollo que implica la inclusión de proyectos y saberes. La construcción
de una nueva relación de acuerdo con las necesidades de cada sociedad, sin establecer un
modelo de desarrollo único y universal como lo exigía el “mito del desarrollo occidental”.
Aunado a ello, se ha depredado además de la cultura y la identidad, el medio
ambiente que sostiene una enorme conexión con las dos primeras, siendo el lugar de
creación y formación del ser humano. Así mismo, el asunto medioambiental y la relación
que guarda con las comunidades indígenas, trasciende la concepción capitalista de la simple
utilización de los recursos naturales para su transformación y utilización. El sentido que le
otorga la concepción indígena le proporciona sacralidad, vida y sentido de existir, es decir
que la sacralidad se encuentra inmersa en la cosmovisión de las culturas.5
Dicha concepción que se tiene de la naturaleza pugna por considerar al ser humano
como parte del entorno natural y no como poseedor de él, aunado a la veneración que se le
otorga por el hecho de proveer de recursos necesarios para la subsistencia del ser humano.
A diferencia de ello, “las sociedades industriales modernas, como parte de la
ontología dualista sociedad-naturaleza occidental, en el contexto de la tradición judeo-
cristiana, han heredado un sentido sacro jerárquico, en el cual la sociedad vuelve a ser una
entidad independiente de la naturaleza. Así se concibe a un ser humano de carácter étnico,
superior a todos los elementos naturales, el único con capacidades intelectuales, con alma y
conciencia. Este tipo de praxis trascendental concibe una naturaleza desanimada, por lo que

4 Renato Ortiz. “Cultura y desarrollo” en Miguel Ángel Aguilar y Eduardo Nivón. (Coords.) Pensar lo contemporáneo: de la cultura
situada a la convergencia tecnológica. España, Anthropos Editorial y UAM-Iztapalapa, 2009.
5
Luque, Diana, et al. «Sacralidad, Territorialidad y Biodiversidad COMCÁAC (Seri) Los sitios Sagrados Indígenas com categorías de
conservación ambiental.» En línea en: https://drive.google.com/file/d/0B-eSApxRHEVHNjVxbjNwOHRzMDg/view, pág 11
los espacios y elementos sacros, son totalmente independientes del territorio y de la
biodiversidad”6.
Es decir que al separar y jerarquizar al ser humano y la naturaleza, éste “tiene” el
poder y dominio sobre todo lo demás, lo que conlleva la explotación indiscriminada de los
recursos naturales y el desplazamiento de las comunidades indígenas que habitan los
territorios en los cuales se encuentran, alterando por supuesto su cultura e identidad.
Dichas concepciones de la relación entre la naturaleza y el ser humano muestran la
significación e importancia del entorno natural para los unos y los otros, siendo que la cuna
de la identidad y de la cultura se encuentra precisamente en el entorno natural y la
vinculación entre el ser humano y éste.
La economía capitalista y el concepto mismo de desarrollo han venido afirmando
con el paso de los años, el sentido del mundo y de la vida en la producción. En ésta lógica,
la naturaleza ha sido cosificada, desnaturalizada de su complejidad ecológica y convertida
en materia prima de un proceso económico; los recursos naturales se han vuelto simples
objetos para la explotación del capital7.
Las formas de consumo derivadas del modo de producción capitalista y la
globalización ocasionan la pérdida de la autonomía del Estado, generando una división y
fragmentación interna que trae como consecuencia “un desarraigo de las culturas y las
identidades locales”8, en este sentido, surge una sociedad del consumo que de acuerdo con
Zygmunt Bauman “argumenta su existencia en la promesa de satisfacer los deseos
humanos”9, mismos que son creados por la propia lógica del mercado, el capitalismo y la
globalización.
Así, el proceso de globalización “ha sido movilizado y sobredeterminado por el
dominio de la racionalidad económica sobre los demás procesos de mundialización”10. De
ésta manera, derivado del consumismo resulta necesaria la sobreexplotación de los recursos

6
Ibídem
7 Leff, Enrique, et al. «MÁS ALLÁ DEL DESARROLLO SOSTENIBLE: LA CONSTRUCCIÓN DE UNA RACIONALIDAD AMBIENTAL PARA LA
SUSTENTABILIDAD.» En línea en: https://drive.google.com/file/d/0B-eSApxRHEVHQjRxRWxRTTVfelU/view
Pág. 2
8Sosa Fuentes, Samuel. “Interpretación posmoderna de la Globalización” en Samuel Sosa Fuentes. Globalización e Identidad

Latinoamericana en el Siglo XXI: Pensamiento, Cultura y Movimiento Indígena. México. Centro de Investigación y Análisis Político
GALMA, 2010,
9 Zygmunt, Bauman. “El consumismo” en Criterios No. 35. Revista de Internacional de Teoría de la literatura, las artes y la cultura.

Centro Teórico-Cultural Criterios. La Habana, Cuba. 2006.


10
Leff, Enrique, et al. «MÁS ALLÁ DEL DESARROLLO SOSTENIBLE: LA CONSTRUCCIÓN DE UNA RACIONALIDAD AMBIENTAL PARA LA
SUSTENTABILIDAD.» En línea en: https://drive.google.com/file/d/0B-eSApxRHEVHQjRxRWxRTTVfelU/view Pág. 1
naturales que genera la violencia hacia las comunidades indígenas por la apropiación de
dichos recursos y mientras tanto, las políticas culturales como parte de las políticas
públicas, no han tenido la trascendencia necesaria para resolver el problema. Se continúa
concibiendo a la cultura como un valor de carácter simbólico y no se expresa un verdadero
interés por el estudio de la cultura del desarrollo.
El Estado por su parte, sustentado en el sistema económico actual y en una
normativa institucional ha borrado todo lo demás y antepuesto la homogeneidad mediante
la destrucción interna de las formas culturales existentes bajo el concepto de ciudadanía. De
esta forma, procura la imposición de una sola cultura, una sola identidad, lengua,
educación, historia y bienestar, atentando contra los modos particulares de las
comunidades, en detrimento de la Multiculturalidad.
Finalmente, es evidente que los efectos del capitalismo han sido devastadores por lo
que experimentamos el extravío del lugar de donde somos y la pérdida de la identidad y la
cultura. Frente a las diversas formas de despojo y depredación de éstas, ha surgido una gran
movilización social que lucha por la reapropiación y la construcción a partir de la
autenticidad, de la memoria histórica y el sentido autónomo.
Es por todo lo anteriormente descrito que han surgido diversas alternativas que
incorporan la diversidad y multiplicidad de culturas, formas de conocer, pensar y vivir, en
donde el diálogo intercultural y multicultural se pone de manifiesto frente a las formas de
despojo y depredación.
Una gran movilización ha surgido en torno a ello, vinculado con la defensa de la
tierra, de lo propio, de lo nuestro y de las formas más elementales de vida. Ésta emergencia
social, ha puesto en entre dicho el fundamento de la modernidad en el cual se sustenta el
capitalismo, y de esta manera ha trascendido el simple cuestionamiento del modelo,
promoviendo la creación de nuevas formas en donde “otro mundo no capitalista es
posible”.
Dentro de ésta racionalidad no se pretende regresar a las antiguas formas de
producción o de consumo, el fin último no es la ganancia ni el crecimiento económico ni la
acumulación de los recursos, más bien se habla de una producción en donde el único
sentido sea el de “vivir bien, sin fines productivos ni utilitarios”11.
Es entonces que la gran movilización se levanta por el respeto de los derechos de la
diferencia, de la cultura, de la autonomía a la diversidad y de las formas particulares de
cada comunidad. Surgen con un propósito, proyectos claros y propuestas alternativas en
donde la transformación del Estado no es el objetivo, sino la creación de “otro mundo
posible”, basado en la construcción de nuevas relaciones interétnicas.
Finalmente, las construcciones entonces deben tomar otros caminos, otras vías que
reflejen la importancia de las distintas culturas, formas de pensar y ver el mundo. Mediante
la interculturalidad y respetando la Multiculturalidad, propiciar el diálogo de saberes que
llevarían a la construcción de formas concretas de desarrollo de cada localidad. Es entonces
necesario desaprender para aprender y desconocer para conocer y así lograr la
decolonialidad del ser, del saber y del poder teniendo como fin último la transformación
por el bien común, de todos y para todos.

Fuentes de consulta

 Ana María Rivadeo. “La globalización capitalista” en Ana María Rivadeo. Lesa
Patria. Nación y Globalización. Universidad Nacional Autónoma de México. ENEP
Acatlán, 2003, pp. 107 y 116-130.
 Armando Bartra. “Crisis civilizatoria” en Raúl Ornelas y Ana Esther Ceceña. Crisis
civilizatoria y superación del capitalismo. México, UNAM-IIE, 2013, pp. 25-57.
 Carlos Lenkersdorf “El `nosotros´ en el contexto Maya-Tojolabal” en Ricardo
Melgar y Rosana Cassigoli. (Coord). Pueblos, diásporas y voces de América Latina.
México, UNAM. 2010, pp. 33-48.
 Edgardo Lander. “Crisis civilizatoria, límites del planeta, asaltos a la democracia y
pueblos en resistencia” en Revista Estudios Latinoamericanos. CELA. Facultad de
Ciencias Políticas y Sociales. México. Nueva Época, núm. 36, julio-diciembre,
2015, pp. 29-58.
 Enrique Leff. “La emancipación de los pueblos frente a la geopolítica del cambio
climático” pp. 456-464. Y “La apuesta por la vida: hacia una sociedad negentrópica
y construcción de una racionalidad ambiental” pp. 491-497. En Enrique Leff. La

11Enrique Leff. “La emancipación de los pueblos frente a la geopolítica del cambio climático” pp. 456-464. Y “La apuesta por la vida:
hacia una sociedad negentrópica y construcción de una racionalidad ambiental” pp. 491-497. En Enrique Leff. La apuesta por la vida.
Imaginación sociológica e imaginarios sociales en los territorios ambientales del sur. México. Siglo XXI Editores. 2014.
apuesta por la vida. Imaginación sociológica e imaginarios sociales en los territorios
ambientales del sur. México. Siglo XXI Editores. 2014.
 John B. Thompson. “El concepto de cultura” y “Cultura y civilización” en John B.
Thompson. Ideología y cultura moderna. Teoría Crítica social en la era de la
comunicación de masas. México, Universidad Autónoma Metropolitana.
Xochimilco. 2006, pp. 183-190.
 Norbert Elias. “Sociogénesis de los conceptos <civilización> y <cultura>” en
Norbert Elias. El Proceso de la Civilización. Investigaciones sociogenéticas y
psicogenéticas. México, Fondo de Cultura Económica, 1994. pp. 57-67.
 Renato Ortiz. “Cultura y desarrollo” en Miguel Ángel Aguilar y Eduardo Nivón.
(Coords.) Pensar lo contemporáneo: de la cultura situada a la convergencia
tecnológica. España, Anthropos Editorial y UAM-Iztapalapa, 2009, pp. 89-95.
 Samuel Sosa Fuentes. “Cultura global e identidades en crisis: los desafíos del nuevo
siglo” en Relaciones Internacionales. No. 91. Enero-abril de 2003. Centro de
Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la
UNAM. pp. 103-108.
 Sylvia Marcos. “La realidad no cabe en la teoría…” en El Pensamiento Crítico
frente a la Hidra Capitalista. III. México, San Cristóbal de las Casas, Chiapas.
EZLN. 2015, pp. 15-29.
 Theodor W. Adorno. “La Industria Cultural” en Max Horkheimer y Theodor W.
Adorno. Dialéctica de la Ilustración. Madrid, Editorial Trotta. 2006. pp. 165-191.