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UNIVERSIDAD NACIONAL ABIERTA

RECTORADO
DIRECCIÓN DE INVESTIGACIÓN Y POSTGRADO
CENTRO LOCAL METROPOLITANO

Elaborado por: Yelitza Porras Fecha: Marzo, 2018.

PRIMERA ACTIVIDAD. ENSAYO.


CARACTERÍSTICAS DEL ADULTO EN SITUACIÓN DE APRENDIZAJE.

El ser humano desde que nace está en un proceso de aprendizaje constante;


este aprendizaje inicial no es estructurado, ni mucho menos está condicionado por
una pedagogía subyacente, más que aquella que surge de la propia naturaleza del
ser humano y de la necesidad y curiosidad del ser en crecimiento. Este proceso se
da en los primeros años de vida y hasta la juventud, de una manera espontánea, en
algunos casos y, en otros, necesita de un orden mucho más estructurado, lógico y
constante, con el fin de poder adquirir las nuevas destrezas, conocimientos o
habilidades; las cuales pueden provenir de manera formal o informal (ANUIES,
2004). Cuando nos referimos al aprendizaje formal se está hablando de las
instituciones y de todo el sistema educativo organizado con su construcción
pedagógica y didáctica, el cual posee unos propósitos y objetivos bien definidos;
mientras que la informal sería todo aquello que se aprende en los ambientes no
estructurados, familia, calle, parques, etc. Aunque el ser humano está en constante
aprendizaje y “cada día se aprende algo nuevo”, la creencia popular es que al llegar
a la etapa de la adultez, este aprendizaje disminuye y en algunos casos extremos,
cesa. Muchos adultos piensan que no necesitan aprender nada nuevo ya que se
sienten cómodos con lo que saben, y además, en muchos casos expresan una
resistencia ante los cambios; porque el aprendizaje en sí implica cambios; cuando
se aprende algo se está cambiando la manera de observar, conocer y de actuar
sobre un determinado tema o asunto. Si, luego de haber aprendido sobre un tema
en particular, tu manera de pensar y actuar sigue siendo la misma, es porque no ha
habido el proceso de transformación en ti y por lo tanto el proceso de aprendizaje
no ha ocurrido; estuviste allí, escuchaste, participaste, pero al final, no aprendiste
nada. Sin embargo, no todos los adultos tienen esa percepción, afortunadamente
hay un porcentaje aceptable de la población que se da cuenta de sus limitaciones,
que acepta sus deficiencias en algunas áreas y que busca reforzarlas a través de la
adquisición de conocimientos o de habilidades nuevas que le permitan llevar a cabo
lo mejor posible las tareas cotidianas; profesionales o no, que realiza diariamente.
Estos adultos, conscientes de la necesidad que tiene el ser humano de seguir
aprendiendo, buscan satisfacerla por medio de diferentes programas adecuados a
sus necesidades e intereses.

Pero, independientemente de lo que busca cada individuo al iniciar un nuevo


camino en la carretera del conocimiento, los adultos en situación de aprendizaje
guardan características que son comunes entre ellos (Castro Pereira, 2017). La
primera de ellas es que, el adulto que entra en un proceso de aprendizaje es el
agente principal de ese proceso, por lo que su participación activa no sólo es
necesaria, sino que además, es imposible que el proceso ocurra de manera exitosa
sin ella.

En esta etapa de su vida, se supone que el adulto tiene la suficiente madurez,


autonomía, responsabilidad y habilidades que le permitan lograr el aprendizaje
requerido con el mínimo de participación del tutor o profesor encargado del mismo;
el cual, en este caso, ya no es el transmisor del conocimiento y poseedor del mismo,
sino que se convierte en un agente de acompañamiento y guía en el proceso
educativo, el cual no es continuo ni mucho menos forzosamente necesario durante
todas las etapas del proceso; como si lo es, en el caso de los niños y jóvenes que
necesitan de una tutela constante y completa.

Todos los adultos que inician cualquier proceso de aprendizaje, lo hacen de


manera consciente, con un propósito específico, están claros en lo que quieren
lograr y se trazan un plan para obtenerlo. Sus razones pueden ser diversas; ya sea,
para responder a las demandas actuales de su carrera, para obtener conocimiento
sobre un tema que le llama la atención o para buscar mejores posiciones laborales;

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y con ellas una remuneración económica más atractiva; pero esta decisión de
estudiar surge en la mayoría de los casos por iniciativa propia; no es algo impuesto
ni obligado, por lo que el éxito en la culminación de los estudios estará condicionado
por la motivación y el interés que éste tenga y disponga en el mismo. Los adultos
en este proceso no pueden ser considerados como simples estudiantes, ya que son
sujetos con experiencias previas que les infieren recursos de aprendizaje selectos
(Van Rossum y Taylor, 1987; citado en Capitillo Silva, 2017) lo cual les confiere una
forma de entender y asimilar el mundo que les rodea de manera diferente para cada
uno; por lo que cada individuo comprende una compleja red de situaciones
particulares propias; ya sean familiares, personales, profesionales, entre otras; que
le definen de manera única y totalmente distinta a los demás; lo cual los hace ser
reservados por lo que exponen muy poco de sus vidas privadas, la mayoría de sus
intervenciones se dan en el área profesional o de interés para el grupo (Castro
Pereira, op. cit).

En general, debido a que tienen responsabilidades familiares y de trabajo,


disponen de poco tiempo para las actividades educativas, pero cuando en verdad
lo desean, logran organizarse y así pueden cumplir con todos sus compromisos.
Aunque en menor proporción comparado con sus compañeros más jóvenes, el
adulto también presenta miedo al fracaso, que se da en parte por las expectativas
elevadas que cree que los demás poseen con respecto a él y por las deficiencias
tecnológicas actualizadas de las que a veces padece, siendo ambos puntos un
factor de bloqueo en su proceso, al cual deberá enfrentar para poder avanzar en el
mismo.

Todas estas características (Castro Pereira, 2017; Capitillo Silva, 2017)


convierten a los adultos en una interesante combinación para el aprendizaje
autodirigido; ya que debido a su motivación, conocimientos, habilidades, entre otras;
el adulto-aprendiz puede avanzar por el programa de formación con muy poca
dirección y guía del encargado del curso; lo cual lo hace un sujeto independiente y
activo en la construcción de su propio conocimiento, del cual se apropia para
satisfacer las necesidades que lo llevaron a adquirir ese aprendizaje. Para diseñar

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este tipo de proceso educativo se requiere de un método o sistema que lo diferencie
del programa pedagógico que se imparte para niños y jóvenes; estos fundamentos
son ofrecidos por la andragogía; Alcalá (1999) la define como “la ciencia que siendo
parte de la antropología y estando inmersa en la educación permanente se
desarrolla a través de una praxis fundamentada en los principios de participación y
horizontalidad”. En años anteriores, Kapp (1833) y Rosenstok (1921) (citados en
Rodriguez, 2016) se refieren a la andragogía, al interesarse en la adquisición de
conocimientos por parte del adulto quien posee autonomía de elegir, investigar y de
gestionar sus propios conocimientos, además argumentar que la pedagogía es
inadecuada cuando se trata de la educación de adultos ya que requiere una
metodología a seguir y un profesional experto que conduce el proceso de formación
de manera constante.

En la andragogía a diferencia de la pedagogía, no hay una barrera profesor


– alumno, sino que ambos; tanto el facilitador como el aprendiz, están en la misma
línea ya que tienen características afines como edad, experiencia, entre otras; y
pueden relacionarse de una manera igualitaria en donde ambos comparten la
experiencia de aprender, con la diferencia que uno tiene desarrollada la conducta
observable o deseable, para ese curso o programa educativo y el otro la está
desarrollando; esto es lo que se denomina como el principio de horizontalidad.
Mientras que el de participación, queda definido en la propia construcción del
aprendizaje por parte del sujeto activo quien no sólo debe hacerse cargo de su
proceso de aprendizaje, sino que, además, debe interactuar con los demás sujetos
en condición de aprendices para buscar las mejoras necesarias que les permitan
una mayor apropiación del conocimiento durante su proceso educativo.

Aunados a estos dos principios básicos de la andragogía, se encuentra la


flexibilidad; la cual queda expresada como “la necesidad de considerar lapsos de
aprendizaje acordes tanto a las aptitudes y destrezas como a la disponibilidad de
tiempo” (Alcalá, op. cit.), producto este último, de las obligaciones familiares y
económicas que normalmente posee el sujeto en edad adulta. En este sentido,
Alcalá propone dejar las prácticas tradicionales de clase e incentivar el proceso de

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aprendizaje a través de una serie de estrategias andragógicas que permitan el logro
de los objetivos planteados. Para ello, se puede hacer uso de la tecnología actual
con todo el abanico de posibilidades que la misma ofrece, para así facilitar el
proceso de aprendizaje del sujeto adulto al mismo tiempo que lo ayuda a
desenvolverse en el área tecnológica, en la cual en algunas ocasiones presenta
fallas.

Para lograr esto, el facilitador del sistema educativo basado en el modelo


andragógico, debe romper los paradigmas de su propia concepción educativa
basada en la pedagogía y, entender que el sujeto aprendiz en este caso tiene unas
características inherentes a su edad que lo hacen muy diferente de los estudiantes
convencionales, y con el cual puede discernir sobre las situaciones del proceso así
como de su propio ritmo y métodos de aprendizaje. Recordando que su papel en la
praxis andragógica, es el de orientador y guía, aplicando métodos, estrategias,
técnicas y procedimientos cuya intención única sea la de potenciar las habilidades
y destrezas de las personas adultas (Rodríguez, op. cit).

Aunque todo este proceso andragógico no servirá de nada sin la firme


resolución del adulto que aprende; éste debe, en primer lugar admitir sus
limitaciones y ponerlas a su favor, aceptando que al principio de todo nuevo
aprendizaje; no importa la edad ni la preparación que se tenga, siempre será un
inexperto -en algunos casos más, en otros menos-, que poco a poco, al seguir las
pautas y estrategias planteadas, irá volviéndose más conocedor del tema. De esta
forma, el adulto necesita “Aprender a Aprender” (Andersen, 2017) enfocándose en
las cosas positivas que lo hacen más receptivo a la adquisición de nuevas
habilidades y destrezas, lo cual le permite ganar en aprendizaje y conocimiento, al
mismo tiempo que le da seguridad y satisfacción aumentando su capacidad de
aprendizaje y confianza en sí mismo.

Para finalizar, se debe tomar en cuenta que las características propias del
adulto en situación de aprendizaje lo hacen ser un individuo con habilidades
especiales y únicas, el cual se encuentra dispuesto y apto para vencer las barreras
de conocimiento que le impiden el desarrollo de su ser al máximo, según sus

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aspiraciones y motivaciones personales; por lo que este es un proceso de
metamorfosis menta, en el cual el adulto pasa de un estado de conocimiento básico
a uno con un nivel superior especializado en un tema de su interés, lo que finalmente
lo ayuda a lograr las metas planteadas al inicio de sus estudios.

Referencias Bibliográficas.

Andersen, E. (2017). Aprender a Aprender. Material de apoyo con fines


instruccionales. Universidad Nacional Abierta. Dirección de Investigación y
Postgrado. Caracas, Venezuela.

ANUIES. (2004). La innovación en la educación superior.


Documento estratégico. 2da edición. D.F., México. Asociación Nacional de
Universidades e Instituciones de Educación Superior. ANUIES-Universidad
Pedagógica Nacional. 175p.

Alcalá, A. (1999). Curso de Introducción a la Andragogía. Universidad Nacional


Abierta. Dirección de Investigación y Postgrado. Caracas, Venezuela.

Capitillo Silva, J. (2017). El adulto y sus características en situación de


aprendizaje. Material de apoyo con fines instruccionales. Universidad Nacional
Abierta. Dirección de Investigación y Postgrado. Caracas, Venezuela.

Castro Pereira, M. (2017). El adulto y su aprendizaje. Material de apoyo con fines


instruccionales. Universidad Nacional Abierta. Dirección de Investigación y
Postgrado. Caracas, Venezuela.

Rodríguez, C. Y. (2016). Andragogía en Venezuela: Un proceso histórico en la


educación y formación de adultos. Ciencias de la Educación. Enero – Junio, Vol.
(27); N° 47, pp. 271-283.