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Paris y Helena (Paride ed Elena)


Drama musical en cinco actos, de Christoph Willibald Gluck sobre
libreto de Rainiero de Calzabigi.

Estreno mundial: Burgtheater, Viena, 3 de noviembre de 1770.

Programa realizado por Fernando Funes.


Edición: Joaquín Rath.

Introducción

En la noche de hoy presentamos una ópera que se aleja decididamente


del espíritu heroico de nuestra ópera de la semana anterior; una ópera
que podríamos definir como un festival escénico.

El dos de julio de 1714 nacía en la ciudad alemana de Erasbach el


compositor de origen bohemio Christoph Willibald Gluck, responsable
de la gran reforma operística ocurrida en la segunda mitad del siglo
XVIII.

Hijo de un guardabosques, Gluck comenzó su formación artística en


1736 bajo la tutela del príncipe Lobkowitz en Viena, continuando luego
con el príncipe Melzi, quien lo llevó a Milán para estudiar composición
con el maestro Giovanni Battista Sammartini.

Aún dentro de los moldes de la ópera italiana del momento, Gluck


produjo su primera ópera, ARTAJERJES, en 1741, seguida luego por IL
TIGRANE dos años más tarde, SEMIRAMIS RECONOCIDA en 1748, y
su primer trabajo de importancia, LA CLEMENCIA DE TITO, en 1752.

El compositor comenzó entonces a interesarse por los moldes


tradicionales de la tragédie lyrique francesa de Jean Baptiste Lully y
Jean Philippe Rameau. Ya influenciado por estos compositores produjo
tres de sus más importantes creaciones: El ballet DON JUAN en 1761,
ORFEO Y EURIDICE, en su versión italiana de 1762 y ALECESTES en
1767, todas con libretos de su gran colaborador el poeta Rainiero de
Calzabigi, en los cuales músico y poeta pretendieron retornar al espíritu
de la tragedia griega.

Bajo el patronazgo de la propia Reina María Antonieta, nuestro


compositor firmó un contrato en 1770 en el que se comprometió a
componer seis nuevas óperas para la Ópera de París, estableciendo su
residencia en Francia a partir de 1773.

La primera ópera compuesta sobre suelo francés fue su colosal


IFIGENIA EN AULIS en 1774, la cual provocara por sus innovaciones
un escándalo en el público de la gran capital.
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Dio comienzo entonces la gran batalla entre los partidarios de Gluck y


del compositor italiano Niccolo Piccini, quien abogaba la superioridad
de la ópera napolitana tradicional.

Ese mismo año, Gluck revisó su ORFEO Y EURIDICE original,


produciendo una nueva versión francesa, con el rol titular traspuesto de
un castrato a una voz de tenor. Cuatro años más tarde, realizó lo
mismo con su ALCESTE.

Los ingredientes fundamentales de su gran reforma operística fueron la


eliminación del aria da capo, la compenetración de las líneas vocales
con el espíritu de los personajes, la sustitución de los recitativos secco
por los accompagnato, y la continuidad dramática de sus partituras.

Gluck fusionó además las oberturas con la acción de los primeros


actos, devolviendo así el contenido teatral dramático de la ópera perdido
hasta cierto punto a lo largo del período barroco.

Posteriores obras dentro de esta tradición fueron ARMIDA de 1777 y


mayormente IFIGENIA EN TAURIS de 1779, otro gran paso adelante
dentro de la gran reforma, y ya precursora de los dramas musicales de
Richard Wagner.

Sin embargo, el fracaso lo acecharía con su ópera posterior ECO Y


NARCISO, debido a lo cual el compositor decidió retornar a Viena,
dejando en París a Antonio Salieri como su protegido y heredero
musical.

El 15 de noviembre de 1787 el compositor sufrió un derrame cerebral y


falleció en Viena a los 76 años de edad. Su legado artístico incluye 35
óperas completas, más otras óperas cortas, ballets, y obras
instrumentales.

La influencia directa de Gluck se vio no solo en Salieri sino también


repercutió en Mozart, particularmente en su IDOMENEO, en Rossini
con su ERMIONE, en los compositores de la escuela romántica
germánica como Carl Maria von Weber y Heinrich Marschner, y en
Hector Berlioz, quien fuera su gran admirador.

Aún Richard Strauss le rindió homenaje en su comedia CAPRICCIO


citando su música, y arreglando su ópera IFIGENIA EN TAURIS, en una
nueva versión alemana.

PARIS Y HELENA es la tercera y última de las obras reformistas


italianas, iniciada en 1762 con ORFEO Y EURIDICE. Sin embargo, a
diferencia de ésta, ha sido concebida como una ópera festiva, en la que
contrastan las diferencias entre los pueblos de Europa y Asia.

En julio de 1770, el Archiduque Leopoldo de Toscana visitó la Corte


Imperial en Viena. Calzabigi, el libretista previniendo que se iba a
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requerir de él una obra festiva para la ocasión, utiliza una idea que ya
tenía en mente desde hacía tiempo.

Para el libreto de nuestra ópera, el poeta se apartó de la tradición


griega, que ponía énfasis en el aspecto bélico y vengativo, y utilizó en
lugar de esto dos elegías compuestas en forma de cartas, atribuidas al
poeta Ovidio.

El poema resaltaba el carácter frígido y guerrero de los espartanos en


contraste con los troyanos, amantes del placer, no solo en las figuras de
los protagonistas, sino en los juegos y deportes acompañados por
danzas y música de ambos pueblos.

De ese modo, las arias correspondientes a Paris son apasionadas y


exaltadas, mientras que la personalidad de Helena se manifiesta en los
grandes recitativos de mucho más vigor dramático.

También son destacables los numerosos pasajes de conjunto, los dúos


para los protagonistas, y los tríos con el personaje de Amor/Eros. A los
griegos se les asignan líneas vocales robustas, dominadas por ritmo y
fuertes armonías, mientras que la música de los troyanos es más dulce
y melódica.

Las arias asignadas a Paris son de particular interés, comenzando por


el más que célebre: “O del mio dolce ardor bramato oggetto”, que
aparece pocos compases de empezado el primer acto.

“Spiagge amate” del mismo acto tiene un carácter más melancólico. En


el segundo acto, cuando Paris teme perder a Helena, Gluck le otorga
una bellísima aria:” Le belle imagini”, en tonalidad menor. La siguiente
aria, “Di te scordarmi e vivere”, es también de vívida inspiración.

El rol de Paris es el más difícil de crear, ya que originalmente Gluck lo


escribiera para el castrato Giuseppe Míllico, quien anteriormente
estrenara los roles centrales en ORFEO Y EURIDICE y ALCESTES, en
sus versiones italianas.

Míllico poseía una impactante y bella voz de castrato agudo, y


posteriormente el papel se ha transpuesto para voces femeninas de
soprano o mezzosoprano.

Nuestra versión presenta al brillante tenor italiano Franco Bonisolli


como protagonista, en uno de los mejores momentos de su carrera. La
parte de Paris ha sido especialmente transportada una octava más
grave para la grabación.
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Argumento

Acto Primero

Durante la boda de Peleo y Thetis, Eris, la diosa de la discordia crea


una disputa por haber sido la única deidad no invitada. Durante las
festividades, Eris lanza una manzana de oro y ordena que el príncipe
troyano Paris, el más hermoso de todos la tome y escoja entre tres
diosas:

Hera, que le ofrece el poder, Pallas Athenea que le oferta la gloria


militar, y Afrodita, cuyo regalo será la más hermosa de las mujeres.
Paris escoge a Afrodita y le entrega la manzana. Con el fin de reclamar
su recompensa, el joven troyano se dirige a Esparta para conquistar a
Helena, hija de Zeus y Leda.

Al abrirse el telón, Paris ha desembarcado en Grecia con sus hombres.


Los troyanos rinden homenaje a Afrodita con cantos y danzas. Su
pasión es expresada en las dos arias anteriormente mencionadas, Oh,
del mio dolce amor y Spiagge amate.

Al final de la segunda aria, un mensajero proveniente de Esparta se


presenta con su séquito. El mensajero no es otro que el propio dios
Eros o Amor. Disfrazado de espartano, bajo el pseudónimo de Erasto,
es quien auspicia la unión de Paris con Helena. Por orden de ésta,
Erasto pregunta al joven troyano cuáles son sus intenciones.

Fingiendo humildad, Paris responde que ha venido a Esparta para


comprobar si realmente Helena es aún más bella que la misma diosa
Afrodita o Venus, y así verificar si su juicio, en contra de las otras dos
diosas ha sido justo.

En el siguiente dúo, Erasto confunde a Paris, diciéndole que conoce


cuáles son sus verdaderas intenciones. El acto culmina con una escena
en la que Erasto toma parte, acompañado por las danzas de las
muchachas espartanas.

Mientras se entregan los cuantiosos regalos que los troyanos han traído
para la reina de Esparta, Paris se prepara para recibir a Helena.

Acto segundo

Erasto describe a Paris ante Helena como un joven tan bello como el
dios Eros mismo, y la joven se apronta para recibirlo en el salón del
trono. Paris se presenta arrogantemente, y es presa inmediata de la
belleza de Helena, a quien considera como la unión de las bellezas de
todas las demás diosas. Helena se halla impresionada por la hermosura
y el comportamiento del exótico joven.
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Luego de aceptar sus obsequios y brindarle la hospitalidad espartana,


recobra su orgullosa postura y recuerda al joven extranjero que debe
tener incontables mujeres a sus pies en Troya, aludiendo a su fidelidad.

El maravilloso pasaje musical da comienzo con un aria de Helena que


se convierte en terceto con la intervención de Paris y Eros entre las
estrofas. A solas, Paris se siente turbado y nervioso. Su ánimo
perturbado por la perplejidad y la melancolía da lugar a una nueva aria,
Le belle imagini, en la cual el joven invoca la intervención de Afrodita,
alegando que sólo con su ayuda podrá conquistar a la reina de Esparta.

Acto tercero

Gran patio en el palacio real de Esparta. Al son de una marcha,


espartanos y troyanos compiten en juegos y en deportes. Paris,
profundamente enamorado, actuará como juez junto a la reina.
Mientras los coros invocan la protección divina, la música instrumental
describe las competencias atléticas.

Una vez que Paris ha adjudicado los premios a los ganadores, Helena
pide al príncipe que luego de los marciales sonidos de las canciones de
los espartanos, cante una canción de su tierra. Paris obedece y brinda
su apasionada aria: “Quegli occhi belli”, en honor a Helena, quien
conmovida interrumpe el canto tres veces.

Cuando finalmente se alza para retirarse, Paris se desmaya.


Erasto/Eros los deja a solas intencionalmente, pues siente que los
sentimientos de la reina han cambiado. Cuando nuevamente va a
retirarse, Paris recobra el conocimiento y en el dúo Fingere piu non so,
es nuevamente rechazado por Helena.

Creyéndose abandonado por ella y por Afrodita, sólo vislumbra alivio en


la muerte. Un gran ballet da por terminado el acto.

Acto cuarto

El acto da comienzo con una escena de lectura de una carta. Helena ha


recibido una comunicación por parte de Paris, en que nuevamente
reitera sus intenciones amorosas, las cuales ésta rechaza, pidiéndole
que se prepare para abandonar Grecia, ya que ella ha sido prometida a
otro hombre, Menelao.

Erasto está encargado de dar la respuesta a Paris. A pesar de la


indecisión de Helena, el dios está seguro de que finalmente triunfará.
De nuevo a solas con ella, Paris pide a Helena que ponga fin a su
sufrimiento amoroso y le dé muerte. La reina le sugiere que la olvide por
completo. La desesperación de Paris queda maravillosamente expuesta
en su aria: “Di te scordarmi e vivere”.
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Helena también expresa sus sentimientos y su confusión con un


recitativo al que sigue su aria: “Lo potró!”, con la que concluye el acto.

Acto quinto

Ante la inseguridad de Helena, el dios Eros recurre a la astucia. Helena


se entera por su boca de que al ser rechazado tantas veces, Paris ha
vuelto a su patria. Desesperada, la reina lo llama falso e infiel, y lo
acusa de haberle mentido.

En su aria “Donzelle semplici”, advierte en tono moralizante a las


mujeres que se guarden la insinceridad masculina y termina por pedir
un castigo para Paris. Este se presenta de nuevo, y Erasto revela su
identidad: Él es Eros, dios del amor, y su madre Afrodita ha destinado a
Paris y a Helena, uno para el otro.

Helena finalmente cede al amor de Paris, lo cual provoca la ira de la


diosa Pallas Athenea, que desciende en una nube profetizando desastre
y ruina para Paris y la caída de Troya que será destruida por Grecia.

Las profecías de la iracunda diosa recuerdan a ambos antiguas


predicciones. Pero Eros promete continuar apoyándolos. En un
magnífico terceto, los protagonistas depositan su fe en el dios del amor,
como en el amor que sienten entre ellos.

La escena final transcurre nuevamente a orillas del mar. Es de noche.


Despedidos por alegres músicas y danzas, Paris, Helena y Eros parten
hacia Troya en una nave, mientras el coro aclama la unión de ambos.
La consecuencia de tales acciones será la guerra de Troya.

Reparto

HELENA ………………………………soprano, ILEANA COTRUBAS

PARIS …………………………………tenor, FRANCO BONISOLLI

AMOR………………………………….soprano, SYLVIA GREENBERG.

PALLAS ATHENEA…………………soprano, GABRIELE FONTANA

SOLO DE SOPRANO ………………soprano, ANNE TEDARDS

SOLO DE TENOR ………………….tenor, PETER JELOSITS

Coros Arnold Schönberg y de la Radio Austríaca.


Orquesta de la Radio austríaca, dirigida por LOTHAR ZAGORSEK.