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Helena Lago López

Empowerment y diversidad cultural


El enfoque del empowerment tiene unos principios básicos que busca defender, uno de ellos
hace referencia a la potenciación de los recursos o la necesidad de adoptar una visión
ecológica, y el otro se refiere a el derecho de las personas a ser diferentes. A parte de estos
principios, el empowerment también asume el principio de la diversidad y el de la relatividad
cultural, en donde el último implica comprender como construyen la realidad las personas,
es decir, como organizan e interpretan el mundo donde viven. Por lo tanto, el ser humano, el
grupo, la sociedad, es quien le da significado a sus relaciones ya que de ellos emana
fundamentalmente la definición por aquellos con quienes han interactuado. Los profesionales
deben iniciar un proceso de toma de conciencia de su propia cultura, es decir, que debe
observar y estar atento a por qué se hace lo que se hace para luego así poder comprender
nuestras formas de vida. Asimismo, debe asumir nuestro propio etnocentrismo que se refiere
a la centralidad de la cultura, que nos permite asumir que lo que hace el otro es tan normal
por más raro que parezca, como cualquier hecho o cosa habitual para nosotros.
Thomas y Thomas (1928) a finales de los años veinte, decían que si los hombres definen las
situaciones como reales, son reales en sus consecuencias. Por consiguiente, desde la
perspectiva del empowerment, se dice que se debe adoptar un modelo de colaboración entre
el profesional y la comunidad, en donde se comprenda y respete el acuerdo
intersubjetivamente compartido por la comunidad y hacerse participe de la diversidad y de
la relatividad cultural promoviendo una distribución más equitativa de los recursos. El
modelo de colaboración define en la práctica el rol del profesional, en donde este no actúa
como un experto ni a su vez como consejero utilizando su autoridad desde una posición
unilateral para poder realizar un diagnóstico del problema que se esté presentado, para lograr
conseguir el compromiso de la comunidad hacia las acciones de cambio. Este modelo de
colaboración lo que quiere decir, es que se presente por medio de un dialogo horizontal con
la comunidad. Todo lo mencionado anteriormente, le va permitir a el profesional aprender de
todas las diversidades de culturas, como por ejemplo, su visión, sus costumbres y asimismo
sus conflictos cotidianos como también la manera en como los resuelven.
Para que toda esta dinámica, tenga un buen resultado y genere un clima de confianza y respeto
mutuo, se necesita tener en cuenta cual es el lenguaje que se va a emplear, el leguaje debe ser
direccionado tradicionalmente a la descripción de los procesos de ayuda, que les permita
potenciar inconscientemente la dependencia de las personas y crear una visión en la que las
personas son clientes que precisan de ayuda de naturaleza unidireccional. Aunque este
lenguaje según Rappaport, limita el descubrimiento de los recursos y potencialidades y
también reduce la posibilidad de que las personas se ayuden entre sí. El enfoque
empowerment reemplaza los términos de cliente y experto, por participante y colaborador.
Finalmente, es necesario que por medio de la elección de un buen lenguaje, se transmitan a
las personas de la comunidad que la oportunidad que tienen para potenciar sus propias
habilidades y así también para controlar y/o modificar sus propios recursos, prescindiendo
expresiones que lleven a los individuos a pensar que son objetos de ayuda o que se les va a
proveer servicios y recursos.