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LA CLAVE 3333 Y LOS ESENIOS.

Posted: 14 May 2016 07:29 PM PDT

LA CLAVE 3333 Y LOS ESENIOS.


Sixto Paz Wells.

"Todos ustedes, han escuchado, durante el tiempo


que están en la Misión , que Rama es un despertar de
conciencia; una experiencia de contacto
extraterrestre; un puente de luz; un puente de ayuda
planetaria; una conexión de seres de otros mundos
con la humanidad; pero ese puente y contacto no son
nuevos. Ya lleva miles de años, no sólo preparándose
dentro de éste planeta y fuera de él, sino también
creciendo y madurando en las mentes y corazones de
hombres que se han venido desarrollando sobre la
faz de la Tierra desde hace más de 4.000 años.
En uno de los mensajes de los guías dice:
"Descubrirán al final que el verdadero contacto que
creían necesitar y necesitaban tener, era el contacto
con ustedes mismos... Esto no sólo se refiere al
contacto interno de cada cual consigo mismo para
una evolución espiritual, también involucra el
contacto entre personas, formando un grupo que
vuelve a encontrarse en el tiempo sin tiempo, y que
fueron preparadas desde hace miles de años, para
este momento que bautizaremos: "Definición„. La
definición consiste en que la humanidad se acerca a
un final, pero un final de un estado de cosas, de una
situación que debe acabar para bien de la
humanidad.
Vamos a ir dejando la tercera dimensión de
conciencia, para ir ingresando a un tránsito hacia la
cuarta dimensión, también de conciencia, y en este
proceso los Hermanos Mayores han especificado el
llamado que hacen los 24 ancianos, el cual consiste
en una designación para que se labore directamente
en el despertar colectivo, que viene a ser: El quinto
de Rama.
Es algo así como un reloj puesto al lado de la cama; y
este reloj en cuanto a su estructura, lo
identificaremos con la Misión Rama y el llamado a la
Misión.
Nosotros mismos al habernos acostado para dormir,
hemos programado el reloj despertador de tal
manera que habrá de sonar a una hora determinada;
esa hora está relacionada con una clave numérica que
ya estamos recibiendo todos nosotros de diversas
maneras. Y la clave es 3333. Más no es simplemente
cualquier número, ya que 4 veces 3, es el número 12,
que significa uno de los objetivos de la Misión , de los
cuales hemos estado hablando: La comunidad.
Hace 2.000 años muchos de nosotros estuvimos en
comunidad y venimos a encontrarnos en el tiempo
muchos siglos después con una gran caudal de
vivencia comunitaria. Pero la verdadera comunidad
que ambicionamos, es aquella que iremos alcanzando
a través de la madurez adquirida con el caminar
dentro de la Misión. Esa comunidad perfecta, es la
comunidad mental; aquella que precisamente no
conoce ni tiempo ni espacio, aquella que es
simplemente "Sintonía". Sintonía con el plan, con el
llamado y con el despertar.
Todos nos hemos puesto de acuerdo con
despertarnos a una misma hora, a pesar de que cada
uno se encontraba en su propia casa o estructura
mental, y aún muy dentro de sí mismo sin conocerse
ni conocer su misión. Hemos utilizado en este caso
todos, un reloj de una misma confección o fábrica,
quizás del mismo modelo. Y éste reloj es el llamado
de la Misión Rama , que está fijado para que suene en
la hora clave 6:33 AM, rompiendo nuestro sueño que
como cascarón de preparación sutil esperaba su
oportunidad, su tiempo.
Algunos reaccionamos como cuando el reloj
despertador suena por la mañana muy temprano,
simplemente lo apagamos, nos damos la vuelta y
seguimos durmiendo. Habrá quienes ponen el reloj
debajo de la almohada y lo van a tratar de asfixiar
para que no suene, o lo tiran violentamente al suelo.
Habrá quienes teniendo algo desarrollado el sentido
de la responsabilidad dejarán que suene hasta que se
agote la cuerda y luego saltarán de la cama; otros se
levantarán al primer sonido pero se quedarán
dormidos sentados.

También habrá quien se despierte con el primer


sonido y otros que lo harán antes de que suene; éstos
últimos son los más responsables y conscientes,
mientras que los anteriores son los que se debaten en
la inconsciencia o porque les duran muy poco los
estados conscientes. Los primeros ejemplos son los
que hicieron oídos sordos a éste llamado para el cual
ellos mismos se habían comprometido.
Y qué significa el haber hecho caso o no a éste
llamado? Comparémoslo con nuestra vida diaria: Si
nosotros no nos levantamos a la hora indicada, ¿Qué
va a pasar?. No tendremos tiempo de arreglarnos,
bañarnos o desayunarnos para tomar el bus a tiempo.
Llegaremos tarde al trabajo y todo ello acarreará mil
y un problemas, que nos impedirán cumplir con
nuestros compromisos económicos y familiares. Esto
es lo que a algunos de nosotros nos hará levantarnos
de manera definitiva de la cama, porque si seguimos
durmiendo, nos preocuparemos y estaremos
angustiados por la tardanza y las consecuencias
posteriores. Y ¿A dónde podríamos llegar tarde en
todo esto? Podríamos llegar tarde a estar
completamente conscientes, no pudiendo asumir el
lugar, el puesto que nos toca a cada uno de nosotros,
en los acontecimientos venideros.
Ciento cincuenta años antes de Cristo, un grupo de
seres humanos (todos inquietos a través de la misma
Comunidad Mental), dejaron diversos lugares de
Israel y se reunieron en el desierto, a orillas del Mar
Muerto; congregándose para preparar algo que era
inminente, que podría ocurrir de un momento a otro,
y para lo cual habían de estar preparados, alertas,
vigilantes y despiertos. Esas personas eran los
Esenios. Sabían que algo muy grande venía; lo
habían logrado interpretar en las escrituras, y de
alguna manera ellos sabían que su responsabilidad se
relacionaba con la información. Sabían también que
seguían recibiendo revelaciones; que ese vínculo
jamás se había roto y que esa información, siempre
presente y actualizada se iba a cumplir pronto.
Hoy en día, nosotros somos llamados por una fuerza
misteriosa que nos motiva de manera imperiosa, a ir
al desierto, permaneciendo despiertos, aquel desierto
es el de nuestro propio interior. Este nos invita al
aislamiento, al contacto interno con uno mismo, y
luego fortalecidos, la misma fuerza nos lleva a buscar
el origen de ese llamado que estamos recibiendo, un
llamado que es el producto de una Misión Cósmica;
de algo que viene inspirado desde "arriba". Ya
sabemos la fuente, son los ángeles de la antigüedad,
los mismos mensajeros de hoy. Y los mensajeros
nuevamente están haciendo el llamado, porque
nuevamente estamos de alguna manera, preparando
el camino; pero ahora en forma colectiva,
compartimos la responsabilidad. Y en medio de
nosotros se están preparando quienes tendrán que
avisar al resto, que el camino ya está preparado para
ser recorrido, que el tiempo ya llegó y que ocurrirá
todo cuanto estaba dispuesto que ocurriese.
Ahora lo único que podría resultar problemático es
que desoigamos el llamado, prefiramos seguir
durmiendo y perdamos la oportunidad que nosotros
mismos pedimos. ¡Qué problema sería!... que no
todos estemos preparados, que no todos asumamos
nuestros puestos y que no estemos allí cuando y
donde se nos necesite se nos necesite.

No nos consideremos nada especial. Sepamos que si


nosotros no vamos a nuestro trabajo, obviamente que
después de esperarnos un tiempo prudencial, nos
reemplazarán, pudiendo ser esto definitivo. Todos
somos necesarios pero ninguno indispensable dentro
de ésta Misión, que es una entre tantas que se están
preparando para asumir un rol.
La vivencia comunitaria de los esenios, en el siglo
primero antes de Cristo, la redacción y reproducción
artesanal de los escritos sagrados (allí en medio de la
soledad y silencio) era una forma de anticipar el gran
cambio. Estar allí, trabajar allí significaba grandes
renuncias, como exigen las grandes empresas y las
grandes inversiones, como en la parábola de la Perla
de Gran Precio. Había mucho trabajo que hacer,
había que estudiar y prepararse bajo una
autodisciplina, para delegar después, recibir y
transmitir la información que con el tiempo y por la
acción del engañador fue degenerada, alterada,
contaminada, perdida. Hoy en día nos encontramos
bajo una misma situación. Cuando tuvimos acceso en
Marcahuasi a la caverna (6) y vivimos aquella
experiencia con el anciano, él nos dijo que la
Hermandad Blanca necesitaba miembros receptores
de la posta que necesitaba gente que sirviese de
puente entre la Hermandad Blanca del Universo y la
de la Tierra. A partir de ese momento, asumimos
nosotros que Misión Rama debe establecer esa
misma relación de comunidad que tenían los esenios,
cortando sus lazos y dependencias anteriores, entre
ellas el error. Sabíamos que llegaría el tiempo en que
la forma exterior se reduciría a un nombre, que cual
etiqueta, podría ser desechada sin mayor dolor; pues
el ejemplo es evidente, todos sabían quienes eran los
esenios pero nadie conocía quién era un esenio,
porque era más un estilo de vida que una afiliación
partidaria o sectaria. En la actualidad, sin
necesariamente tener que ir al desierto, encontramos
que estamos en el desierto de la vida espiritual. Sólos,
pero paradójicamente más acompañados que nunca.
La inconsciencia general nos hace sentir la soledad y
la incomprensión; pero bien sabemos que dicha
incomprensión y hasta rechazo, nos otorga la libertad
más plena, pudiendo valorar la soledad constructiva
y mística en medio de la muchedumbre. Es por eso
que ahora, y aunque no estuviese necesariamente
juntos, en un mismo santuario, recinto, comunidad
física, etc., la unidad que estamos estableciendo es a
nivel espiritual es el puente que nuestro trabajo está
creando, estrechándonos y relacionándonos para que
algún día a través nuestro, se afirme una comunidad
física concreta y material, donde se pueda entregar lo
recibido de los mensajeros y desde allí al mundo
entero.

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