Vous êtes sur la page 1sur 10

Fallo Raffo

Hechos
El Tribunal Superior de Justicia de Córdoba rechazó el recurso de casación del laboratorio y
confirmó la sentencia de instancia anterior, que había ratificado la legitimidad de la “Contribución
que incide sobre el Comercio, la Industria y las Empresas de Servicios” exigida por la Municipalidad
por los períodos enero de 1995 a abril de 2000.
La accionante interpuso el recurso extraordinario federal que, denegado, motivó la queja. Subraya
que la contribución es inconstitucional, tanto si se la considera una tasa o un impuesto. Si fuese una
tasa, no podría exigirse a aquellos contribuyentes que carecen de presencia física en el ejido
municipal, como ocurre en su caso. En cuanto si es visto como impuesto, resultaría contrario al
régimen de coparticipación federal y el “Pacto Fiscal para el Empleo, la Producción y el
Crecimiento”. La CSJN declaró procedente el recurso y revocó la sentencia apelada.
Sumarios
1 – Corresponde revocar la sentencia que confirmó la legitimidad de la “Contribución que incide
sobre el Comercio, la Industria y las Empresas de Servicios” exigida por la Municipalidad de
Córdoba a un laboratorio —que carece de local, depósito o establecimiento en ese territorio—,
pues, definida su naturaleza de tasa, la postura municipal para fundar su pretensión tributaria —
”que el tributo se refiere a una serie de servicios que no deben considerarse en forma aislada sino
conjuntamente y cuyo objetivo es que las actividades lucrativas lo sean en forma ordenada, pacífica,
segura y con mutuo respeto a los derechos de cada uno”— es contraria a un requisito fundamental
respecto de éstas, como es que a su cobro debe corresponder siempre la concreta, efectiva e
individualizada prestación de un servicio referido a algo no menos individualizado (bien o acto) del
contribuyente.
2 – La “Contribución que incide sobre el Comercio, la Industria y las Empresas de Servicios”
(CCIES) —art. 167 del Código Tributario de la Municipalidad de Córdoba— no puede calificarse
como impuesto, pues el legislador local diseñó el presupuesto de hecho adoptado para hacer nacer
la obligación de pago tomando en cuenta la prestación a los particulares de ciertos servicios
comprendidos en una serie de actividades estatales que allí enumera, de forma no taxativa, y la
mención de las actividades gravadas, seguida de los términos “en virtud de los servicios
municipales” no puede ser entendida como una redacción descuidada o desafortunada del
legislador, sino que la sucesión entre ambos indica que la intención fue retribuir estos servicios
mediante esa contribución, exhibiendo así la vinculación directa entre hecho imponible —desarrollo
de una actividad estatal que atañe al obligado— y una obligación tributaria extraña a la especie
impositiva.
3 – A los fines de la definición legal del hecho imponible de la “Contribución que incide sobre el
Comercio, la Industria y las Empresas de Servicios”, no corresponde concluir que aquélla opera
como tasa o como impuesto según la modalidad de prestación de la actividad, pues, la diferencia
entre tasa e impuesto queda indubitablemente determinada por la existencia o no del desarrollo de
una actividad estatal que atañe al obligado, razón por la cual los diferentes modos bajo los cuales
los contribuyentes desempeñen sus actividades no causan mutación en la naturaleza jurídica del
tributo.
4 – La tasa se diferencia del impuesto, ya que consiste en el desarrollo de una actividad estatal que
atañe al obligado y que, por ello, desde el momento en que el Estado organiza el servicio y lo pone
a disposición del particular, éste no puede rehusar su pago aun cuando no haga uso de aquél, o no
tenga interés en él, ya que el servicio tiene en mira el interés general.
5 – La distinción entre impuestos y tasas no es meramente académica, sino que desempeña un rol
esencial en la coordinación de potestades tributarias entre los diferentes niveles de gobierno, a poco
que se advierta que el art. 9, inc. b), de la ley 23.548 excluye a las tasas retributivas de servicios
efectivamente prestados de la prohibición de aplicar gravámenes locales análogos a los nacionales
distribuidos.
Fallo Estado Nacional c. Arenera El Libertador S. R. L.

Sumarios:
4. Cuando la función del Estado es la construcción, mantenimiento o mejora de una obra pública,
las personas obligadas al pago deben ser aquellas que de algún modo se relacionan con la obra,
sea usándola, beneficiándose de cualquier modo en razón de su existencia y funcionamiento, aun
de modo potencial.
5. El peaje es para el usuario una contribución vinculada al cumplimento de actividades estatales
(como puede serlo la construcción de una vía, o su mejora, ampliación, mantenimiento,
conservación, etc., aun de vías preexistentes). Para el concesionario constituirán un medio de
remuneración de sus servicios.
6. La Ley Fundamental se refiere exclusiva y específicamente a la prohibición de gravar el mero
tránsito de mercaderías y de los medios de transporte que se utilicen para su traslado. Ello no torna
en inconstitucional cualquier gravamen que afecte de algún modo el transporte y comercio.
8. Exigir vías alternativas gratuitas que presten servicios comparables a aquellas en las que se
cobra peaje, importaría admitir que en muchos casos se tornen antieconómicas estas últimas, con el
consiguiente quebrantamiento de la ecuación económico-financiera y el principio general y la base
de todo contrato de concesión de obra pública.
9. De admitirse la hipotética exigibilidad de vías alternativas, podrían configurarse dos supuestos
diversos: uno, el que se tratara de vías comparables entre sí, lo que convertiría en absurdo el
sistema sujeto al cobro de peaje y otro, el que se diera el caso de vías no comparables entre ellas,
en cuyo caso, no solamente en nada se afectaría aquel régimen, sino que, en tales términos, toda
dilucidación al respecto resultaría por demás inoficiosa e intrascendente.
10. Nada hay en la Constitución Nacional que obste al establecimiento del “peaje”. Empero a la luz
de los preceptos constitucionales, sólo será compatible con éstos el peaje que, con rasgos que lo
aproximan a las tasas y lo alejan decisivamente de los impuestos, se correspondan siempre a la
concreta, efectiva e individualizada prestación de un servicio o realización de una obra.
11. Es inconducente, a los fines de acreditar la inconstitucionalidad del peaje, la mera demostración
de la inexistencia de una vía alternativa, puesto que la Constitución Nacional sólo prohíbe el
establecimiento de impuestos al tránsito, mas no impone, ni expresa ni implícitamente, la existencia
de vías alternativas a aquéllas en las que se cobra peaje.
12. Constitucionalmente, el peaje es una contribución caracterizada por la circunstancia de que el
legislador la asocia a un proyecto de construcción, conservación o mejora que identifica con
particular claridad, lo que por otra parte no choca sino que se adecua a los principios
constitucionales en relación a la renta pública.
13. En el caso del peaje, al optar el Estado por el régimen de concesión de obra pública, resulta
para el usuario una contribución vinculada al cumplimiento de actividades estatales, y para el
concesionario, constituirá un medio de remuneración de sus servicios. Así, en los hechos, el peaje
resulta sustancialmente similar el precio pagado por un servicio, por lo que sería erróneo
considerarlo desde un punto de vista meramente contractual.
14. Lo que haría inaplicable al peaje o a la existencia de vías alternativas exigibles es la
demostración de quien lo cuestiona, de que la necesidad indispensable del uso de la vía gravada,
unida a un monto irrazonable tórnase en ilusorio su derecho de circular.
15. La Corte no ha establecido doctrina en el sentido de considerar obligatoria la existencia de “vías
alternativas”. La Constitución, al consagrar el derecho a la libre circulación interior, no prohíbe
peajes y, en consecuencia, no exige “vías alternativas”.
16. No es inconstitucional el peaje cuando no constituye un pago exigido por el solo paso, con base
desvinculada de los servicios u otras prestaciones que se practiquen en favor del usuario, entre
ellos, la construcción o el mantenimiento de la vía de tránsito en cuestión. Por lo tanto, no se
advierte óbice dentro de nuestro régimen constitucional para la institución del peaje, como una
forma más de financiación de obras públicas.
17. En cuanto a la libertad de tránsito del art. 14 de la Constitución Nacional, ella sólo puede verse
afectada por medidas fiscales o parafiscales cuando éstas tornen en ilusorio aquel derecho, lo que
no impide en modo alguno al Estado establecer los tributos que razonablemente requiera el
sostenimiento de sus actividades. Todo el tributo debe ser razonable de modo que no torne ilusoria
la libertad de circulación, considerando su monto y las circunstancias que rodean su imposición.
18. La exigencia de las vías alternativas puede cobrar sentido cuando su falta afecte la libertad de
circular, lo que no se da por la sola falta de tal vía, y el pago del tributo resulte ineludible para el
sujeto que cuestiona el gravamen. No resulta entonces rechazable que el sujeto pasivo esté
obligado al pago del tributo por utilizar la vía, al margen de si su uso requiere o no la totalidad de las
obras que el tributo solventa, ni que su condición de usuario de la vía sea determinante de su
obligación, en la que en cambio no se incluyen a quienes no la usen.
19. Con relación al tráfico interjurisdiccional los art. 9, 10, 11 y 12 de la Constitución Nacional vedan
explícitamente la posibilidad de imponer “derechos” – “cualquiera que sea su denominación”- que
gravaran el mero tráfico interprovincial y que, por su propia naturaleza, tuvieran como causa del
tributo la exteriorización de ese hecho. En efecto, la libertad de tránsito interjurisdiccional se impone
tanto a la Nación como a las provincias. El Congreso Nacional es el único facultado para reglar el
tráfico interprovincial, pero no significa franquear el límite impuesto por los arts. de la Constitución
Nacional que impiden afectar el mero tráfico interjurisdiccional con impuestos.
20. Nada hay en la Constitución Nacional que obste al establecimiento del “peaje”. Sólo será
compatible el peaje que, con rasgos que lo aproximan a las tasas y lo alejan decisivamente de los
impuestos, se corresponde siempre a la concreta, efectiva e individualizada prestación de un
servicio o realización de una obra, apreciándose cuándo se trata propiamente de un “peaje”,
compatible con La Ley Fundamental, y cuándo de un “impuesto” encubierto, destinado a gravar el
tráfico interjurisdiccional, prohibido por aquélla. en tal cuestión, debe aplicarse también el criterio
según el cual es preciso atenerse, más que al nomen dado a los institutos, a su real naturaleza.
Caso contrario, sería tentador disfrazar impuestos al tránsito bajo el rótulo de “peaje” y así la “vía
alternativa” es irrelevante cuando el peaje es sólo un nomen que encubre un verdadero impuesto al
tránsito (del voto de los doctores Petracchi, Nazareno y Moliné O’Connor) La exigibilidad ineludible
de vías alternativas importaría especialmente una flagrante contradicción con el principio rector que
inspira el sistema de peaje.
Fallo Compañía Química S.A. c. Municipalidad de Tucumán

Buenos Aires, setiembre 5 de 1989.


Considerando: 1°) Que la Corte Suprema de Justicia de la Provincia de Tucumán no hizo lugar a la
demanda promovida por la "Compañía Química S. A." contra la Municipalidad de San Miguel de
Tucumán por nulidad de acto administrativo y por inconstitucionalidad de tasa municipal,
absolviendo a la demandada. Contra dicho pronunciamiento el representante de la actora interpuso
recurso extraordinario, que fue concedido a fs. 138.
2°) Que el apelante sostiene que el art. 120 de la ordenanza 229/77, sancionada por la demandada,
resulta contrario a la Constitución Nacional pues jamás habría existido, en su opinión, un servicio
concreto que le hubiera sido prestado a su representada como contraprestación del cobro de la tasa
impugnada.
3°) Que el citado planteo resulta formalmente admisible toda vez que el recurrente ha impugnado en
el juicio la validez constitucional de una norma local y la decisión ha sido en favor de la validez de
aquélla (art. 14, inc. 2° de la ley 48).
4°) Que el art. 120 del Código Tributario Municipal (ordenanza 229/77) establece que la tasa cuya
constitucionalidad se impugna en autos será abonada por cualquier actividad comercial, industrial y
de servicios por las que se usen o aprovechen las obras y demás prestaciones que hacen al
progreso regular y continuo de la ciudad en virtud de los servicios municipales de contralor,
seguridad, higiene, salubridad, moralidad y de cualquier otro no retribuido por un tributo especial,
pero que prevenga, asegure y promueva el bienestar general de la población.
5°) Que el a quo consideró que, si bien era cierto que el rasgo característico de la tasa era constituir
la contraprestación de un servicio estatal, resultaba necesario tener en cuenta que los servicios
públicos podían diferenciarse en uti singuli y uti universis. En los primeros, el beneficiario o el
usuario estaría identificado o individualizado por un uso y pago diferenciados. En cambio, los
segundos consistirían en servicios colectivos que beneficiarían a una población y que se cobrarían
igualitaria y proporcionalmente a los vecinos. Así, en este último caso, existirían tasas que estarían
vinculadas en forma indirecta e impersonal con los individuos, cuya beneficiaria directa sería la
comunidad. Ello ocurriría, según la sentencia apelada, con la ordenanza de autos, lo cual en su
opinión justificaría su existencia.
6°) Que lo afirmado por el a quo, en el sentido de que no resulta necesario que el cobro de las tasas
tenga como objetivo primordial satisfacer intereses individuales, coincide con el principio según el
cual la validez de aquéllas, como la de todos los tributos, depende de un interés público que
justifique su aplicación (Fallos 251:50, considerando 4° y sus citas). Por tal razón, el Tribunal ha
resuelto que la sola circunstancia de que el contribuyente carezca de interés en el servicio estatal
no basta para eximirlo del pago de la tasa respectiva (Fallos 251:222, considerando 2° y su cita).
7°) Que todos los precedentes citados presuponen, empero, la existencia de un requisito
fundamental respecto de las tasas, como es que al cobro de dicho tributo debe corresponder
siempre la concreta, efectiva e individualizada prestación de un servicio relativo a algo no menos
individualizado (bien o acto) del contribuyente (Fallos 236:22 y su cita).
8°) Que la norma local impugnada, conforme a la interpretación del a quo, que es irrevisable por la
Corte (Fallos 151:103, entre otros), no se ajusta a los principios desarrollados en el considerando
anterior, los cuales encuentran sustento en el art. 17 de la Constitución Nacional. Ello hace ilegítimo
el cobro de la tasa correspondiente (conf. Fallos 259:413, considerandos 19 y sus citas).
Por ello, se revoca la sentencia apelada y se hace lugar a la demanda de autos (art. 16 de la ley
48). ¬¬ Augusto César Belluscio (según su voto). ¬¬ Carlos S. Fayt. ¬¬ Enrique Santiago Petracchi.
¬¬ Jorge Antonio Bacqué.
Voto del doctor Belluscio:
Considerando: 1°) Que la Corte Suprema de Justicia de la Provincia de Tucumán no hizo lugar a la
demanda promovida por la "Compañía Química S. A." contra la Municipalidad de San Miguel de
Tucumán por nulidad de acto administrativo y por inconstitucionalidad de tasa municipal,
absolviendo a la demandada. Contra dicho pronunciamiento el representante de la actora interpuso
recurso extraordinario, que fue concedido a fs. 138.
2°) Que el apelante sostiene que el art. 120 de la ordenanza 229/77, sancionada por la demandada,
resulta contrario a la Constitución Nacional pues jamás habría existido, en su opinión, un servicio
concreto que le hubiera sido prestado a su representada como contraprestación del cobro de la tasa
impugnada. Advierte, asimismo, que la norma impugnada resulta irrazonable pues la obliga ¬¬junto
a todo aquel que realice una actividad comercial, industrial o de servicios¬¬ a que costee los
supuestos beneficios genéricos que daría la Municipalidad a todos los habitantes de la ciudad, por
su sola existencia.
3°) Que el citado planteo resulta formalmente admisible toda vez que el recurrente ha impugnado en
el juicio la validez constitucional de una norma local y la decisión ha sido en favor de la validez de
ésta (art. 14, inc. 2° de la ley 48).
4°) Que el art. 120 del Código Tributario Municipal (ordenanza 229/77) establece que la tasa cuya
constitucionalidad se impugna en autos será abonada por cualquier actividad comercial, industrial y
de servicios por las que se usen o aprovechen las obras y demás prestaciones que hacen al
progreso regular y continuo de la ciudad, en virtud de los servicios municipales de contralor,
seguridad, higiene, salubridad, moralidad y de cualquier otro no retribuido por un tributo especial,
pero que prevenga, asegure y promueva el bienestar general de la población.
5°) Que el a quo consideró que, si bien era cierto que el rasgo característico de la tasa era constituir
la contraprestación de un servicio estatal, resultaba necesario tener en cuenta que los servicios
públicos podían diferenciarse en uti singuli y uti universis. En los primeros el beneficiario o el usuario
estaría identificado o individualizado por un uso y pago diferenciados. En cambio, los segundos
consistirían en servicios colectivos que beneficiarían a una población y que se cobrarían igualitaria y
proporcionalmente a los vecinos. Así, en este último caso, existirían tasas que estarían vinculadas
en forma indirecta e impersonal con los individuos, cuya beneficiaria directa sería la comunidad. Ello
ocurriría, según la sentencia apelada, con la ordenanza de autos, lo cual en su opinión justificaría su
existencia.
6°) Que los agravios de la actora ¬¬en cuanto a que la citada norma resulta inconstitucional¬¬
merecen tener acogida por este Tribunal.
En efecto, es doctrina de esta Corte que las normas jurídicas son susceptibles de ser cuestionadas
en cuanto a su constitucionalidad cuando resultan irrazonables, en la inteligencia de que la
irrazonabilidad se configura cuando no se adecuan a los fines cuya realización procuran o
consagran una manifiesta iniquidad (Fallos 304:972; 305:159; 308:418).
7°) Que desde esta óptica ¬¬y a la luz de la interpretación dada a la norma por el tribunal local al
considerarla retributiva de un servicio público uti universi¬ la citada norma resulta irrazonable, toda
vez que carga sobre aquellos contribuyentes que realizan actividades comerciales, industriales o de
servicios la supuesta manutención de servicios públicos indiscriminados que beneficiarían a toda la
comunidad, consagrando así una manifiesta iniquidad.
A ello cabe sumar la excesiva latitud de la norma impugnada ¬¬contraria al principio de legalidad
que rige en la materia¬ al no discriminar debidamente los servicios cuya manutención solicita,
posibilitando la eventual recaudación de los fondos para una finalidad ajena a la que presuntamente
le habría dado origen.
Basta señalar en este aspecto que la demandada no ha acreditado qué servicios públicos son
retribuidos por su intermedio, o la circunstancia inadmisible de que, conforme a la propia letra de la
norma impugnada, ésta persigue la retribución entre otros de cualquier servicio público municipal
"no retribuido por un tributo especial pero que prevenga, asegure y promueva el bienestar general
de la población".
Tales circunstancias ponen en evidencia, además, que se han desnaturalizado, en forma indebida,
las facultades estatales en la materia, al impedirse a quienes se ven obligados a sostener
económicamente la prestación de los servicios, conocer en forma fehaciente cuáles son los
servicios públicos cuya manutención específica les exige ¬¬dada la interpretación esbozada por el a
quo¬ en forma imperativa el ente municipal.
8°) Que en razón de lo expuesto, y dado el alcance de la intervención de esta Corte, deviene
improcedente referirse al acierto o desacierto de las conclusiones a que arriba el a quo respecto de
los servicios públicos uti singuli y uti universis y su modo de retribución.
Por ello, se declara inconstitucional el art. 120 de la ordenanza 229/77, y se revoca la sentencia
apelada en cuanto fue materia de recurso por ante este Tribunal, con costas. ¬¬ Augusto César
Belluscio.-
Tasas: la validez de las tasas, como la de todos los tributos, depende de un interes publico que
justiqfique su aplicacion.
La sola circunstancia de que el contribuyente carezca de interes en el servicio estatal no basta para
eximirlo del pago de la tasa respectiva.
Al cobro de la tasa debe corresponder siempre la concreta, efectiva e individualizada prestacion de
un servicio relativo a algo no menos individualizado (bien o acto) del contribuyente.
Resulta ilegitimo el cobro de la tasa que establece el art 120 del Codigo Tributario Municipal
(ordenanza 229/77 de la Municipalidad de San Miguel de Tucuman) para ser abonada por cualquier
actividad comercial, industrial y de servicios por las que se usen o aprovechen las obras y demas
prestaciones que hacen al progreso regular y continuo de la ciudad, en virtud de los servicios
municipales de contralor, seguridad, higiene, salubridad, moralidad y cualquier otro no retribuido por
un tributo especial, pero que provenga, asegure y promueva el bienestar general de la poblacion.
CN: Control de constitucionalidad. Principios generales: Las normas juridicas son susceptibles de
ser cuestionadas en cuanto a su constitucionalidad cuando resultan irrazonables, en la inteligencia
que la irrazonabilidad se configura cuando no se adecuan a los fines cuya realizacion procuren o
consagran una manifiesta iniquidad (voto del Dr. Belluscio).
Tasas: El art 120 del Codigo Tributario Municipal (Tucuman) resulta irrazonable, toda vez que carga
sobre aquellos contribuyentes que realizan actividades comerciales, industriales o de servicios, la
supuesta manutencion de servicios publicos indiscriminados que beneficiarian a toda la comundiad,
consagrando asi una manifiesta iniquidad (voto del Dr. Belluscio).
El art 120 del Codigo Tributario Municipal (Tucuman) ha desnaturalizado en forma indebida, las
faacultades estatales en la materia, al impedirse a quienes se ven obligados a sostener
economicamente la prestacion de los servicios, conocer en forma fehaciente cuales son los
servicios publicos cuya manutencion especifica les exige en forma imperativa el ente municipal (voto
del Dr. Belluscio).
Fallo CENTRAL PUERTO S.A. contra G.C.B.A sobre REPETICIÓN

Cuestión a resolver: ¿Se ajusta a derecho la sentencia apelada?


Centanaro dijo: Central Puerto S.A. promovió demanda contra el Gobierno de la CABA en fuero Civil
por repetición de $ 4.715.283,31 más intereses hasta la fecha del efectivo pago, en concepto de
Alumbrado, Barrido y Limpieza, Mantenimiento y Limpieza de Sumideros, de Pavimentos y Aceras y
Contribución Territorial y contribución ley 23.514 abonados a partir del 1º de abril de 1992, con
relación a los inmuebles Nuevo Puerto (partida Nº 457.286) y Puerto Nuevo (partida Nº 457.287)
más los intereses correspondientes hasta la fecha de su efectivo pago.
Agrega un detalle de la suma cuya repetición reclama pero que comienza a partir del año 1994
hasta el año 1998 inclusive.
Asimismo, solicita que se declare exento de pagar tales contribuciones por los períodos fiscales
hasta la sentencia de primera instancia y se incluya en el monto de la repetición los pagados hasta
dicha sentencia.
Agrega que inició expedientes Nº 41.206/94 Y 37.106/95 ante la Municipalidad, hoy GCBA, y
reclamó que se declare exenta del pago, habiéndose rechazado tal reclamo en el primero
mencionado, no expidiéndose el Intendente Municipal en el recurso jerárquico presentado y por tal
motivo, entiende habilitada la instancia.
Manifiesta que por Resolución Nº 64.792 del Ministerio de Economía se llamó a concurso público
para la privatización de las centrales Puerto Nuevo y Nuevo Puerto de Servicios Eléctricos,
adjudicadas a la actora, tomando posesión de los inmuebles el 1º de abril de 1992.
Agregan que se le concedió el uso de los inmuebles, por 20 años y que pasaron con posterioridad a
ser propiedad de la actora al adquirirlos el 7/09/93.
Sobre la base del art. 12 ley 15.336, asegura improcedente la pretensión de cobro del tributo, ya
que las obras e instalaciones en los inmuebles están destinadas a la generación de energía
eléctrica de jurisdicción nacional.
Agrega que la Dirección General de Rentas no se ajusta a la ley. Art. 12: “Las obras e instalaciones
de generación, transformación y transmisión de la energía eléctrica de jurisdicción nacional y la
energía generada o transportada en las mismas no pueden ser gravadas con impuestos y
contribuciones, o sujetas a medidas de legislación local que restrinjan o dificulten su libre
producción y circulación. No se comprenden en esta exención las tasas retributivas por servicios y
mejoras de orden local.”
La DGR sostiene que “ ... el concepto de obras ... se refiere a todo aquello relacionado con la
construcción de aquellos bienes inmuebles que posteriormente serán afectados a la generación,
transformación y transmisión de fluido eléctrico, faz dinámica, ... quedando excluida la faz estática,
es decir, la que adquiere virtualidad a partir de la conclusión de las prealudidas tareas, que sí podría
ser objeto de imposición”.
Dice la actora que si el legislador se refirió a las “obras e instalaciones” es porque el objetivo es
evitar que los tributos de orden local obstaculicen, restrinjan o dificulten la aplicación y circulación de
energía.
Agrega además que la Administración General de Puertos –Sociedad en Liquidación- es la que
tiene a su cargo la prestación de los servicios de ABL.
Hacen saber además que las centrales Puerto Nuevo y Nuevo Puerto se encuentran ubicadas fuera
de la ciudad cuyo mantenimiento se encuentra a cargo del GCBA, confirmado por el decreto 357/98.
La demandada niega que proceda la repetición y niega que la actora se encuentre exenta de pagar
tales contribuciones.
Afirma que se trata de una contribución especial y por eso niega que el derecho del Gobierno a su
percepción esté condicionado a que el servicio se preste al contribuyente en forma particular.
Aclara que esos inmuebles pertenecían al Estado, que gozaba de exención sólo respecto de la
contribución territorial.
Además, manifiesta que la actora hace una serie de planteos tendientes a considerarse excluida de
las distintas obligaciones tributarias cuando presentó recurso de reconsideración en el expediente
administrativo. Ello motivó el dictamen de la Dirección de Impuestos Empadronados oportunamente
compartido por la Dirección Técnico Tributaria. La actora rechazó el dictamen y solicitó la resolución
del recurso, introduciendo otro nuevo planteo al solicitar una exención de la contribución territorial
en virtud del art 12 de la ley 15.336.
Hace saber la demandada que el recurso no podía ser acogido por no haberse deducido contra un
acto administrativo concreto y firme, sino contra un dictamen.
Asimismo, expresa que el 9/06/95 la actora pide la repetición de los impuestos abonados con
sustento en el tema de fondo introducido tardíamente, señalando que la pretensión de repetición y
exención se refiere a un período distinto, desde 1994 a 1998 y se extiende hasta la sentencia de
primera instancia.
Destaca también la contradicción de la actora y que los pagos se realizaron sin protesto.
Finalmente, destaca la potestad tributaria del Gobierno de la CABA sobre los inmuebles y pide el
rechazo de la demanda.
La Justicia Nacional en lo Civil declina de oficio la competencia en razón de la materia y su remisión
a la Justicia de este Fuero.
El Juez a quo rechaza la demanda de repetición interpuesta por la actora.
Afirmó que la cuestión a resolver era: a) Según la actora, las centrales de energía no están
ubicadas en la Ciudad, por lo que su mantenimiento no se encuentra a cargo del Gobierno local y,
por lo tanto, no está facultado para cobrar las contribuciones respectivas; el Gobierno reivindica el
dominio público sobre la zona. b) Según la actora el art. 12 prohíbe gravar obras e instalaciones de
energía eléctrica de jurisdicción nacional; responde el Gobierno que ese texto no es de aplicación
pues las contribuciones no gravan instalaciones u obras, sino inmuebles y que no se perjudica la
libre producción y circulación de la energía. c) La actora agrega que el pago es improcedente ante
la ausencia de servicios públicos prestados por la demandada pues quien tiene a su cargo dichos
servicios en la zona es la Administración General de Puertos; el Gobierno contesta que no hay
ausencia de servicios y además sostiene que los tributos en cuestión no son tasas que retribuyen
servicios sino contribuciones especiales por lo que aquella no es condición para la exigibilidad del
pago. Dice que son servicios indivisibles y que la actora es beneficiaria de ellos.
Destaca el Juez de Primera Instancia que los inmuebles se encuentran dentro de la CABA. Y,
además, el territorio de la CABA incluye al Puerto.
En cuanto al art. 12 de la Ley 15.336, sostuvo el Juez que debe entenderse que la prohibición que
dicha norma establece respecto de “impuestos y contribuciones” y otras “medidas de legislación
local” rige solamente en tanto esas disposiciones “restrinjan o dificulten” la “libre producción y
circulación” de la energía eléctrica de jurisdicción nacional, pero no tiene vigencia cuando “no
interfieran en el cumplimiento” de los fines de utilidad nacional (Art. 75, inc. 30 CN).
Señala además que el art. 12 de la ley 15.336 prohibe gravar “obras e instalaciones” y la “energía
generada o transportada” pero el tributo de que se trata no se impone sobre obras e instalaciones y
menos aún afecta a la energía, sino que toma como parámetro el inmueble en sí mismo.
Los responsables del tributo son los titulares del dominio y que debe tenerse presente que las
concesionarias prestatarias de servicios públicos privatizados por el Estado, no están alcanzadas
por la exención del art.33.
Entiende el Juez que el ABL es complejo y particular, teniendo en cuenta su contenido amplio y por
lo tanto es exigible este tributo, ya que implica, aún de manera indirecta, una ventaja para un grupo
de personas, no necesariamente individualizado y que el pago del ABL es en interés de la
comunidad, no en el exclusivo dueño del inmueble, y que el importe se fija en función de la
capacidad contributiva del contribuyente, exteriorizada a través de la riqueza que manifiesta.
Considera el recurrente que el ABL es una tasa y no una contribución y que se trata de servicios
divisibles.
La acción de repetición y la exención quedan rechazas y han quedado firmes toda vez que la actora
no se ha agraviado de los mismos. Por lo tanto, la cuestión queda en la repetición de las sumas
pagadas por la demandante en concepto de ABL.
La actora alega la ausencia de las prestaciones cobradas por el GCBA y que en consecuencia los
pagos efectuados fueron sin causa. Afirma que dichos servicios han sido prestados por la
Administración General de Puertos; sin embargo, no acredita en el expediente dicha afirmación, por
el contrario, de las constancias de la causa surge que los inmuebles en cuestión no se encuentran
dentro de las zonas dadas en concesión a la Administración General de Puertos, por lo tanto, mal
pudo haber dicha Administración prestado los servicios invocados por la actora a sus inmuebles.
Art. 784 CC: “El que por un error de hecho o de derecho, se creyere deudor, y entregase alguna
cosa o cantidad en pago, tiene derecho a repetirla del que la recibió.” Art. 792 CC: “El pago
efectuado sin causa, o por una causa contraria a las buenas costumbres, como también el que se
hubiese obtenido por medios ilícitos, puede ser repetido, haya sido o no hecho por error.”
No se advierte que la actora haya efectuado el pago sin causa o que este hubiere sido obtenido por
medios ilícitos.
La actora argumenta que el pago fue realizado sin causa, toda vez que el GCBA no prestó el
servicio cobrado. La obligación de pagar el tributo nace de una necesidad pública, de demanda
coactiva, que no necesariamente debe estar vinculada a la efectiva prestación de un determinado
servicio, sino que aquél puede ser de uso actual o potencial.
Es más, de la escritura traslativa de dominio de los inmuebles surge que la compradora –la actora-,
asumió “... la totalidad de las deudas que en concepto de Tasas Municipales, Impuesto Inmobiliario
y Obras Sanitarias pudieran existir.”
Por otra parte, la actora reclama la repetición del pago por el período 1992 a 1998 y en la demanda
detalla una liquidación que arranca desde el año 1994, con lo cual no ha quedado claro el período
que reclama.
Cabe agregar además que si la actora abonó sin protesto el tributo no puede luego, por aplicación
de “la doctrina de los actos propios”, reclamar en un proceso judicial en contradicción con su
anterior conducta. Nadie puede válidamente ir contra sus propios actos (nemo potest contra factum
venire). La protesta es un requisito indispensable para fundar la acción de repetición de impuesto y
debe ser expresa y concreta. En el caso, no se configura ninguno de los presupuestos de la
protesta puesto que la actora efectuó el pago.

VOTO por: I.- Confirmar la sentencia de Primera Instancia y en consecuencia, rechazar el recurso
de apelación interpuesto por la actora, con imposición de costas de Alzada a la actora por aplicación
del principio objetivo de la derrota.

El Dr. Corti dijo: I. Adhiero al relato de los hechos efectuado por el Dr. Centanaro así como a la
solución que propone.
La acción de repetición encuentra su razón de ser en el principio general de enriquecimiento sin
causa.
El tributo a examinar es “contribuciones de alumbrado, barrido y limpieza territorial y de pavimentos
y aceras. Es preciso efectuar tres consideraciones.
a) “...un tributo no sigue la suerte del nombre que se le quiera dar. No será tasa tan sólo porque así
se le haya denominado, del mismo modo que, recíprocamente, el impuesto no será tal, sólo porque
así haya sido bautizado”.
b) “Contribuciones” son todos los tributos. Pero claro, también “contribución” es un término que se
utiliza para designar una categoría tributaria en particular, circunstancia que puede generar, en
casos concretos, alguna perplejidad a la hora de identificar un tributo.
c) La forma habitual para distinguir las categorías de tributos pasa por una diferenciación de los
diferentes hechos imponibles.
Más allá de las peculiaridades en la redacción del Código, el punto en común de todos los hechos
imponibles consiste en el dominio, usufructo o posesión a título de dueño de un inmueble ubicado
en el territorio de la Ciudad.
La mayoría de la doctrina, y en esa línea se enrola la actora, entienden que la contribución de
alumbrado, barrido y limpieza es encuadrable como una tasa, cuyo hecho imponible es la concreta y
efectiva prestación del servicio en el espacio público adyacente al inmueble del sujeto pasivo del
tributo.
Sin embargo, hay autores como Jarach, para quien se trata de una contribución especial.
Por último, la contribución de pavimentos y aceras es habitualmente calificada como una
contribución de mejoras, donde su hecho imponible es el beneficio o valorización diferencial
derivados de las obras de pavimento y aceras.
Corresponde analizar lo relativo al ABL bajo la interpretación doctrinaria mayoritaria (seguida por la
actora), y que califica a esta contribución en términos de tasa. Las tasas. La indudable relevancia de
la prestación efectiva del servicio.
“La tasa es el tributo cuya obligación tiene como hecho generador la prestación efectiva o potencial
de un servicio público individualizado en el contribuyente” (art. 16). Es así una nota definitoria de la
tasa que el servicio estatal que constituye su presupuesto de hecho sea prestado efectivamente por
la Administración al contribuyente, aún cuando éste se resista a recibirlo. Así lo entiende tanto la
doctrina como la misma Corte Suprema. Surge, por ejemplo en la causa “Compañía Química S.A. v.
Municipalidad de Tucumán”: “la existencia de un requisito fundamental respecto de las tasas, como
es que al cobro de dicho tributo debe corresponder siempre la concreta efectiva e individualizada
prestación de un servicio relativo a algo (bien o acto) no menos individualizado del contribuyente”.
La Corte Suprema señaló: “la sola circunstancia de que el contribuyente carezca de interés en el
servicio estatal no basta para eximirlo del pago de la tasa respectiva”.
La insistencia sobre la “prestación efectiva” nace fundamentalmente de la necesidad de erradicar
impuestos ocultos bajo el nombre de tasa.
Con relación al monto de la tasa, éste debe guardar razonable proporción con el costo del servicio
que retribuye. “La capacidad contributiva sería, pues, el primer requisito que legitima el cobro de
todos los tributos, y no sólo los impuestos”. “La capacidad contributiva constituye un medio
adecuado para distribuir entre los obligados al pago la cuantía global de la tasa”.

La contribución especial. Jarach define con este término a los “tributos que la ley establece sobre
los dueños de inmuebles que experimentan un incremento de su valor como consecuencia de una
obra pública construida por el Estado”. Además de esa situación, reconoce otra, en la medida en
que “existen casos de tributos establecidos a cargo de grupos de habitantes que gozan de
beneficios especiales por la prestación de un servicio público que no se individualiza hacia
determinadas personas, pero beneficia en forma indirecta y especial a dichos grupos”. Ejemplo de
ese caso es justamente, para Jarach, el ABL. Según sus propios términos: “Es éste el caso de los
servicios municipales de alumbrado público y de barrido. Ambos se prestan en forma general y en
beneficio del tránsito, de la seguridad pública, de la higiene y de la conservación de las condiciones
de salubridad del medio ambiente. Pero los habitantes de los inmuebles sitos a cierta distancia de
los focos del alumbrado público, o frentistas de las calles en que la Municipalidad presta el servicio
del barrido, reciben un beneficio diferencial, por lo cual pueden ser gravados también en forma
diferencial para la financiación del servicio. Estos tributos son clasificables en la categoría de las
contribuciones especiales y no en la de las tasas, por cuanto éstas corresponden a la prestación de
un servicio individualizado hacia el usuario, connotación ésta que no se encuentra en los casos que
estamos examinando”.
De todo lo expuesto, resulta a mi juicio claro que la acción intentada por la actora no puede
prosperar, y que, por ende, debe confirmarse la sentencia de primera instancia en ese sentido, más
allá de la diversidad de fundamentos.
El Tribunal RESUELVE: Confirmar la sentencia de Primera Instancia y en consecuencia, rechazar el
recurso de apelación interpuesto por la actora, con imposición de costas de Alzada a la actora por
aplicación del principio objetivo de la derrota.