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UNIVERSIDAD METROPOLITANA - QUITO

FACULTAD DE CIENCIAS ECONÓMICAS Y ADMINISTRATIVAS

INGENIERÍA EN GESTIÓN EMPRESARIAL

PENSAMIENTO CRÍTICO

Inteligencia Emocional

Integrantes: Lorena Margoth Pinto Raza


Jonathan Cangás Jiménez
Julián Rodríguez Bermero

Facilitador: Dr. C. Oscar González Fernández

Período 41

Quito, 15 Enero 2018


INTELIGENCIA EMOCIONAL

Introducción
La inteligencia es un aspecto complejo que debe ser dimensionado desde diferentes puntos de
vista, considerando los aspectos individuales, sociales y culturales. La inteligencia emocional
traduce la capacidad para ejercer adecuado autoconocimiento emocional, autocontrol y
automotivación, estos logros se verán reflejados en habilidades sociales como la empatía, la
comunicación, la relación interpersonal, el liderazgo y la convivencia.

Bases más significativas del concepto de inteligencia emocional


La Inteligencia Emocional, nace y se desarrolla en base a las interrelaciones entre nuestra mente
racional y nuestra mente emocional, se refiere fundamentalmente al conjunto de capacidades para
sentir, entender, controlar y modificar estados emocionales, en uno mismo y en los demás. No se
trata pues de ocultar o ahogar las emociones, sino de equilibrarlas, conjugarlas positivamente con
nuestras capacidades racionales, y dirigirlas adecuadamente. Ante todo busca el necesario y
positivo equilibrio entre nuestras dos mentes en base al conocimiento y corrección de los
desequilibrios entre ambas y los efectos que se producen, por ejemplo las excesivas emotividad y
sensibilidad, caso de que la mente emocional predomine frecuentemente sobre la racional, o la
excesiva dureza, insensibilidad y frialdad, caso de que el predominio sea el contrario.
El conocimiento, control y modificación de las emociones humanas, propias y ajenas, y de sus
implicaciones fisiológicas, ha hecho tambalearse casi todos los conceptos y categorías acerca de
la conducta humana, de nuestros propios comportamientos con nosotros mismos y con los
demás, introduciéndose con gran fuerza en las materias y profesiones con base social y que a
ello se dedican: Sociología, Educación, Psicología, Medicina, Psiquiatría, Antropología. Y por
supuesto, en el mundo de las relaciones laborales.
Desde el mismo instante de su nacimiento, antes incluso, el ser humano tiene, insertadas
genéticamente, una serie de necesidades básicas vinculadas a funciones fisiológicas, así mismo
básicas, y dependientes primordialmente a nuestro instinto de conservación y supervivencia,
satisfacción y seguridad.
En síntesis, a medida que evolucionamos todo nuestro mundo emocional se va complicando, y
con ello nuestra capacidad para poder controlar y manejar adecuadamente nuestras propias
emociones, haciéndose necesario un proceso permanente de reconocimiento, entrenamiento y
control de las mismas. La forma en que manejamos estas emociones básicas, estas formas innatas
de comportamiento, como el miedo, la ira, la tristeza, la alegría, la sorpresa o la aversión, y
posteriormente otras más complejas que irán apareciendo y manifestándose. Mediante un
entrenamiento adecuado podemos aprender a controlarlas y dirigirlas, aunque la mayoría de las
veces escapa totalmente a nuestro control.
El control emocional, como fin último del desarrollo de la Inteligencia Emocional, consiste pues
en la regulación, control y, eventualmente, modificación de nuestras emociones y estados
anímicos, nuestros sentimientos y sus manifestaciones inmediatas. Y como en resumidas cuentas
se trata de la identificación de nuestras emociones, a fin de facilitar su control y utilización, parece
necesaria la elaboración de un marco referencial de emociones básicas o primarias, aquellas que
combinándose entre sí y en proporciones muy diversas, dan lugar a la inmensa cantidad de
emociones más complejas o secundarias, y a los mismos sentimientos.

Semejanzas y Diferencias entre los distintos enfoques sobre la Inteligencia


Emocional

Autoconocimiento emocional (o autoconciencia emocional)

Se refiere al conocimiento de nuestros propios sentimientos y emociones y cómo nos influyen. Es


importante reconocer la manera en que nuestro estado anímico afecta a nuestro comportamiento,
cuáles son nuestras capacidades y cuáles son nuestros puntos débiles. Mucha gente se sorprende
de lo poco que se conocen a ellos mismos.

Autocontrol emocional (o autorregulación)

El autocontrol emocional nos permite reflexionar y dominar nuestros sentimientos o emociones,


para no dejarnos llevar por ellos ciegamente. Consiste en saber detectar las dinámicas emocionales,
saber cuáles son efímeras y cuáles son duraderas. No es raro que nos enfademos con nuestra pareja,
pero si fuéramos esclavos de la emoción del momento, estaríamos continuamente actuando de
forma irresponsable o impulsiva, y luego nos arrepentiríamos. La semejanza entre estos dos
enfoques es el manejo de nuestros sentimientos o emociones.

Automotivación

Enfocar las emociones hacia objetivos y metas nos permite mantener la motivación y establecer
nuestra atención en las metas en vez de en los obstáculos. En este factor es imprescindible cierto
grado de optimismo e iniciativa, de modo que tenemos que valorar el ser proactivos y actuar con
tesón y de forma positiva ante los imprevistos. La diferencia es que en el primero hace referencia
a nuestra capacidad para entender lo que sentimos y de estar siempre conectados a nuestros valores,
a nuestra esencia y en el segundo permite orientarnos hacia nuestras metas, de recuperarse de los
contratiempos, de gestionar el estrés.

Reconocimiento de emociones en los demás (o empatía)

Las relaciones interpersonales se fundamentan en la correcta interpretación de las señales que los
demás expresan de forma inconsciente, y que a menudo emiten de forma no verbal. La detección
de estas emociones ajenas y sus sentimientos que pueden expresar mediante signos no
estrictamente lingüísticos (un gesto, una reacción fisiológica, un tic) nos puede ayudar a establecer
vínculos más estrechos y duraderos con las personas con que nos relacionamos.
Además, el reconocer las emociones y sentimientos de los demás es el primer paso para
comprender e identificarnos con las personas que los expresan. Las personas empáticas son las
que, en general, tienen mayores habilidades y competencias relacionadas con la Inteligencia
Emocional.

La semejanza de este enfoque consiste en el reconocimiento de emociones y sentimientos, la


diferencia es la habilidad para relacionarnos, para comunicar, para llegar acuerdos, para conectar
positiva y respetuosamente con los demás.

Concepto de Inteligencia Emocional diferenciando entre sus distintas


aceptaciones según autores
Es hace muchos años atrás que se empieza a popularizar el término inteligencia emocional, al
querer diferenciarla de la inteligencia general y comúnmente conocida.
Durante la última década, los teóricos han elaborado un gran número de modelos distintos de IE.
En términos generales, los modelos desarrollados de IE se han basado en tres perspectivas: las
habilidades o competencias, los comportamientos y la inteligencia (Mayer et al. 2000a y b).
A su vez, al analizar la perspectiva que ubica la estructura de la IE como una teoría de inteligencia,
Mayer et al. (2000a y b) realizan una distinción entre los modelos mixtos y de habilidades. Los
modelos mixtos se caracterizan por una serie de contenidos que trascienden el análisis teórico hacia
su conocimiento directo y aplicativo (Goleman 1995; Cooper y Sawaf 1997; Bar-On 1997);
mientras que los modelos de habilidad se centran en el análisis del proceso de “pensamiento acerca
de los sentimientos”, a diferencia de otras posturas que se concentran únicamente en la percepción
y regulación de estos (Salovey y Mayer 1990).

La mayoría de autores y conocedores coinciden en que debemos aprender a reconocer, evaluar y


desarrollar nuestra Inteligencia Emocional (IE) pues es una imprescindible herramienta para lograr
el éxito en todos los niveles tanto personales, familiares y profesionales.
En forma general se puede definir a la Inteligencia Emocional como La capacidad de percibir,
valorar y expresar emociones, propias y ajenas. Asimismo, también puede considerarse como la
habilidad que tienen las personas para atender y percibir los sentimientos de forma apropiada y
precisa, la capacidad para asimilarlos y comprenderlos de manera adecuada y la destreza para
regular y modificar nuestro estado de ánimo o el de los demás.
Según los académicos más reconocidos en este tema tenemos varias acotaciones que son de vital
interés en la búsqueda de interpretarla.
Para Hendrie Weisinger la inteligencia emocional es, en pocas palabras, el uso inteligente de las
emociones: de forma intencional, hacemos que nuestras emociones trabajen para nosotros,
utilizándolas con el fin de que nos ayuden a guiar nuestro comportamiento y a pensar de manera
que mejoren nuestros resultados.
Goleman estima que la inteligencia emocional se puede organizar en cinco capacidades: conocer
las emociones y sentimientos propios, manejarlos, reconocerlos, crear la propia motivación y
gestionar relaciones, La Inteligencia emocional es la capacidad para reconocer sentimientos
propios y ajenos y la habilidad para manejarlos. El término fue popularizado por Daniel Goleman,
con su célebre libro Emotional Intelligence publicado en 1995.
La definición académica más aceptada, descrita por Mayer y Salovey en 1997, define la
Inteligencia Emocional como la habilidad para percibir, valorar y expresar emociones con
exactitud; la habilidad para acceder y/o generar sentimientos que faciliten el pensamiento; la
habilidad para comprender emociones y el conocimiento emocional y la habilidad para regular las
emociones promoviendo un crecimiento emocional e intelectual.
Sin embargo, para desarrollar este tema necesitamos analizar varios aspectos y formas en los que
se desenvuelve la inteligencia emocional dentro del conocimiento empírico y científico.
Uno de los principales objetivos que impulsaron originariamente la investigación en esta área es
la necesidad de medir las diferencias individuales en las habilidades intelectuales, y cómo estas
son utilizadas en diversos ámbitos, con intereses de tipo diagnóstico o heurístico.
La Inteligencia Emocional (IE) se plantea como un conjunto de habilidades que nos permiten
realizar eficientemente las siguientes tareas:
1. Percibir adecuadamente los estados emocionales, asumiéndolos como tales y expresándolos
adecuadamente.
2. Comprender correctamente la naturaleza de esos estados emocionales.
3. Regular esos estados emocionales, impidiendo sus efectos negativos y aprovechando sus
aspectos positivos.
4. Ser capaces de hacer lo mismo con los estados emocionales de los que nos rodean.

El objetivo principal de esta área, va a ser conocer aquellas distintas emociones que nos vamos a
encontrar en nuestras experiencias de relación con las personas. Emociones que aprenderemos a
reconocer cuando las observamos en los demás, pero que sobre todo tenemos que aprender a
diferenciar cuando las experimentamos en nosotros mismos, por lo que es necesario conocer los
diferentes tipos de emociones del ser humano como un concepto dentro de la inteligencia y
encontramos las siguientes:
1. Emociones primarias saludables: Son las respuestas fundamentales a las situaciones. - Llegan
con rapidez y se van con prontitud. - Son la fuente de la inteligencia emocional. - Si se las reconoce
se puede usar como guía.
2. Emociones primarias no saludables: Siguen siendo los sentimientos más básicos, “verdaderos”
pero han dejado de ser saludables. Surgen como reacción a una situación externa o interna. La
situación ya paso, pero sigue perdurando la emoción. Son sentimientos que te mantienen prisionero
y te desorganizan.
3. Emociones secundarias o reactivas: Son un tipo de emoción que responde a un sentimiento más
primario. La mujer educada en la sumisión llora cuando está enfadada, el hombre que ha escuchado
que tiene que ser fuerte se enfada cuando tiene miedo. Se vuelven recurrentes en bucles
interminables, sin ninguna causa manifiesta.
4. Emociones instrumentales: Expresa esas emociones porque has aprendido que las demás
personas reaccionarán del modo que uno quiere. No se es consciente. Las personas pueden llegar
a sentirse manipuladas y se alejan. Se lloriquea para conseguir compasión. Se muestra el enfado
como forma de control de otras personas. Se muestra miedo para evitar
En el mundo cotidiano, para tener éxito ninguna inteligencia es más importante que la personal,
según Gardner, psicólogo de la Facultad de Ciencias de la Educación de Harvard, uno no la tiene,
elegirá inadecuadamente con quién casarse, qué trabajo aceptar, entre otros factores e incluye las
capacidades para discernir y responder adecuadamente al humor, el temperamento, las
motivaciones y los deseos de los demás.
La inteligencia interpersonal es la capacidad para comprender a los demás: qué los motiva, cómo
operan, cómo trabajar cooperativamente con ellos. Y la distingue de la inteligencia intrapersonal,
clave del autoconocimiento, como el acceso a los propios sentimientos y la aptitud de recurrir a
ellos para guiar nuestra propia conducta.

Conclusiones:

La Inteligencia Emocional provee de herramientas fundamentales para que los individuos se


desenvuelvan en mundos altamente competitivos y exigentes, cambiantes y globalizados. Y está
más que demostrado que, cada vez en mayor grado, las personas que más rápidamente ascienden
en sus carreras profesionales suelen ser precisamente aquellas que poseen un elevado nivel de
Inteligencia Emocional, un mayor coeficiente emocional, puesto que son en suma las emociones
las que determinan cómo respondemos, cómo nos comunicamos, cómo nos comportamos y, en
suma, como funcionamos en el ámbito laboral.

La inteligencia emocional ayuda al reconocimiento de emociones y sentimientos propios y ajenos,


con el objetivo de mejorar las relaciones interpersonales.
Inteligencia Emocional es un concepto controvertido que ha atraído la atención de un buen número
de académicos y de profesionales de la empresa y del mundo de la consultoría. Aunque se ha hecho
popular en poco tiempo, y es indudable el interés de su estudio, también ha sido fuertemente
cuestionado, fundamentalmente debido a la falta de apoyo empírico. Gran parte del interés deriva
de la constatación de que los predictores tradicionales de éxito en el trabajo, basados en los
conocimientos y en la inteligencia general, son insuficientes. Para la mayoría de los autores,
conocimiento e inteligencia cognitiva no pueden ser considerados como únicos predictores de
éxito.
Podemos determinar que las inteligencias tanto cognitiva como emocional pueden ser consideradas
complementarias, pues el conocimiento y las emociones se interrelacionan, y explican los distintos
niveles de éxito en diversos ámbitos de la vida, entre ellos, obviamente, en el ámbito laboral. Las
emociones de los trabajadores pueden influir sobre el rendimiento de su trabajo.
Con estos antecedentes y de acuerdo con los académicos podemos afirmar que la Inteligencia
Emocional adecuadamente desarrollada está ligada con la capacidad de liderazgo y por extensión
de sus resultados profesionales mediante habilidades como la perseverancia, autodominio, control
de la empatía y los impulsos.
Ahora podemos diferenciar que la inteligencia general es la capacidad de adquirir conocimiento
básico y utilizarlo en nuevas situaciones, la Inteligencia Emocional debe ser considerada como un
tipo de inteligencia, similar a la inteligencia verbal o espacial, la IE se encuentra más relacionada
con los ámbitos afectivo y motivacional de la mente humana, mientras que la capacidad mental
general está relacionada solo con la esfera cognitiva de la mente.
La inteligencia emocional se ha configurado como el resultado del desarrollo, evolución y la
combinación de los conceptos de emoción e inteligencia.
La evolución y el desarrollo de ambos conceptos han tenido un sinnúmero de propuestas y
perspectivas, las cuales incluyen en su interior la influencia que representa el contexto ambiental,
las situaciones culturales y personales.