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Capitulo 1: La economía y su historia

Los antiguos griegos nos legaron la palabra economía, pero limitaron su significado a “la administración
de la casa”. En la Edad Media, se la considero como un subconjunto de la filosofía moral, y con el tiempo
la disciplina adquirió el nombre de “economía política”. Este libro se concentra en el desarrollo de la
corriente principal del análisis económico tal como se ha ido desplegando en la cultura occidental desde
la época de los antiguos griegos hasta la actualidad.

En primer lugar, la corriente principal de la economía representa el consenso sobre lo que es la


economía en todas partes. En segundo lugar, una perspectiva histórica sobre la corriente principal de la
economía puede ser de gran valor para el estudiante contemporáneo de esta disciplina.

La presentación de la historia del pensamiento económico en toda su diversidad cultural e intelectual


plantea varios problemas. El primero y más importante consiste en identificar las hebras comunes que
trenzan el amplio tapiz de la economía en un todo coherente. El hilo común que atraviesa este libro es la
teoría del valor. No todos los capítulos destacan este tema en la misma medida; pero cualquiera que sea
el énfasis, ningún capítulo se aleja nunca, en su contenido, de su interés central. El segundo problema
consiste en definir los límites de la investigación económica. Mientras que el tercer problema consiste en
elegir un adecuado «estilo» o planteamiento del tema. Del mismo modo que hay muchas opiniones
diferentes sobre lo que constituye el estudio propio de la economía, también hay distintos
planteamientos de la historia de la disciplina.

Capítulo 2: Pensamiento económico antiguo y medieval

Lo que los antiguos griegos aportaron a la economía fue una aproximación racional a la ciencia social en
general. Su economía puede describirse como de «premercado». Los pensadores griegos se interesaron
principalmente por la eficiencia económica y organizativa y su visión del mundo era antropocéntrica, no
mecanicista. En otras palabras, el hombre era el centro de todas las cosas. Los antiguos griegos se
interesaron particularmente por las capacidades autorreguladoras de los individuos, que debían
enfrentarse con la toma de decisiones racionales y con la maximización de la felicidad humana, pero no
descubrieron el mercado autorregulador, que es la esencia de la economía moderna. En particular, los
siguientes componentes de la economía moderna tuvieron su origen en el pensamiento griego: el
cálculo hedonístico, el valor subjetivo, la utilidad marginal decreciente, la eficiencia y la asignación de
recursos.

Jenofonte: Considerado uno de los primeros economistas. expresó sus ideas en términos del individuo
que toma decisiones, sea jefe militar, administrador público o cabeza del hogar familiar (llamado por él
“líder”). Considerando el entorno material como algo fijo, Jenofonte se concentró en la capacidad
humana, dirigida por un buen liderazgo, como la principal variable de la administración. Un buen
administrador se esfuerza por incrementar el tamaño del excedente económico de la unidad que
supervisa. El precio de un bien es tan solo el valor del mismo expresado en forma monetaria. Según La
teoría subjetiva del valor, era considerado útil lo que podía servir e inútil lo que no podía servir.

Platón: Analizó toda la estructura política y económica del Estado. Platón y Jenofonte compartieron una
opinión común sobre el elemento humano como variable primaria de la economía política y del arte de
gobernar. Platón se interesó por el óptimo de la combinación gobierno/economía, y se acercó al mismo
clarificando el imperativo moral de la justicia. La noción de Platón de un Estado óptimo es una situación
rígida, estática e ideal, siendo cualquier cambio de la misma algo que él consideró regresivo.

Reconoció la especialización y la división del trabajo como una fuente de eficiencia y productividad,
abordando la cuestión de cómo deben distribuirse los bienes. Su respuesta fue que los bienes se
distribuyen a través de un mercado, siendo el dinero como un símbolo para el intercambio. Sin embargo,
de un modo típicamente griego, no consideró que el mercado fuese capaz de autorregularse. Más bien
requiere el control administrativo.

Mientras que Jenofonte reconocía que quienes perseguían el beneficio eran buenos administradores
Platón vio al beneficio y al interés (es decir, el beneficio sobre el dinero) como potencialmente
destructivas.

Aristoteles: Estaba interesado en el potencial analítico de la comparación de mediciones de utilidad. Es


muy probable que el análisis aristotélico del intercambio fuera un intento de determinación de los
criterios de justicia sobre los que se fundaba el sistema legal ateniense.

El tema central de su interés era la cuestión de la justicia distributiva. Aristóteles defendió la propiedad
privada para todas las clases, sobre la base de que promueve la eficiencia económica, engendra la paz
social y estimula el desarrollo del carácter moral. La riqueza y los privilegios se distribuían según la
costumbre, la tradición y las directivas gubernamentales. Se distribuían muchas cosas: honores de todas
clases, comidas públicas gratuitas, entretenimientos públicos, raciones de grano.

Proposiciones del comercio Aristotelico:

1. El comercio aparece sólo cuando existe un excedente.

2. Debe haber diferentes estimaciones subjetivas, entre los individuos que comercian, acerca del valor
de cada excedente.

3. Los individuos deben establecer una relación que reconozca la ventaja mutua potencial del
intercambio.

4. Si surge una disputa en el intercambio aislado, respecto a la asignación específica de los beneficios, la
proporción adecuada tendrá que determinarse por parte de una autoridad administrativa, teniendo en
cuenta las reglas comunes de justicia y el bienestar del Estado.

El interés de Aristóteles por la justicia y la naturaleza administrativa de la economía le llevó a una


discusión del dinero como objeto del comportamiento adquisitivo, y particularmente a un examen del
interés como un rendimiento «no natural».
Pensamiento económico medieval:

La propiedad feudal se convirtió también en la sede del poder político en la Edad Media. En esa época,
Europa carecía de la integración política, económica y social que constituye un prerrequisito de una
autoridad central fuerte. En consecuencia, cada señor feudal estaba investido de numerosas funciones
gubernamentales, que ejercía en su territorio particular. Dos factores importantes que distinguían a la
Edad Media de la antigüedad griega fueron su unidad doctrinal, proporcionada por la Iglesia Católica
Romana, y la omnipresencia del mecanismo del mercado. La sociedad medieval, un tanto de mala gana,
alimentó una forma naciente de capitalismo, a medida que los mercados económicos se iban
atrincherando en el tejido de la vida diaria. Fue con este telón de fondo que se desarrolló la economía
escolástica.

Escolásticos: El autor formulaba una cuestión, a la que seguía una exposición larga y detallada de las
opiniones que iban a ser refutadas o reinterpretadas. Siempre se prestaba atención al peso de la
autoridad. Con el tiempo, se daba una respuesta, se sometían a un cuidadoso examen las opiniones
contrarias y se producía una documentación. Todo el proceso era de naturaleza deductiva, dependiendo
no tanto de las reglas de la lógica o de la experiencia humana cuanto de la fe y del peso de la autoridad.

Trabajo y gastos: el análisis de Alberto Magno. Lo que hizo Alberto fue implantar en el pensamiento
occidental la noción persistente de que el valor en el intercambio debe ajustarse al coste de producción.
Argumentando que existen un orden natural y un orden económico, en los que las cosas se valoran de
modo diferente, sostuvo que en el orden económico los bienes se miden en relación con el trabajo.

Necesidades humanas: el análisis de Tomás de Aquino. La contribución formal de Aquino a la teoría


aristotélica del valor fue una teoría con dos caras, en la que un elemento condiciona al otro. Primero,
reafirma la doble medida de los bienes (valor de uso frente a valor de cambio) que había establecido
Aristóteles; y, segundo, introduce la necesidad (indigentia) en la fórmula del precio. Esta última
contribución es especialmente importante, porque señala la raíz más antigua de una teoría analítica del
valor basada en la demanda. Aquino argumentó que el precio variaba con la necesidad. La indigentia se
convirtió en un regulador del valor. Sin embargo, esta contribución era estrictamente formal. Aquinas no
explica sus términos; simplemente establece la conexión entre necesidad y precio.

Es difícil reconciliar la noción medieval del «precio justo» con la noción moderna del «precio de
mercado», porque el primero se defiende generalmente sobre una base normativa, mientras que el
último se considera como un resultado objetivo de fuerzas impersonales.

Demanda efectiva: la contribución de Jean Rundan. Fue Buridan quien acercó la noción escolástica de
indigentia mucho más al concepto moderno de demanda efectiva. Describió la pobreza como un estado
en el que alguien no tiene lo que desea, de manera que la indigentia podía aplicarse a los «bienes de
lujo», además de incluir el sentido tomista más estrecho de «necesidades». Además, Buridan relacionó
la indigentia con el deseo respaldado por la capacidad de pago.
Capitulo 3: EL MERCANTILISMO Y EL NACIMIENTO DEL CAPITALISMO

El mercantilismo se refiere a un período intervencionista entre el feudalismo y el liberalismo. Describe un


credo económico que prevaleció en la época de nacimiento del capitalismo, antes de la Revolución
Industrial. Existen dos maneras de ver al mercantilismo: Una de ellas considera el mercantilismo como
un conjunto de ideas, bastante cohesivo y «estático»; esto es, un cuerpo de pensamiento resumido en
los acontecimientos del día. A esta forma la llamamos aproximación doctrinal. Otra aproximación ve el
mercantilismo como un proceso histórico importante. Se concentra en la dinámica de los intereses en
competencia y en su papel para definir las instituciones económicas y políticas. A ésta la llamamos
aproximación política.

Los autores mercantilistas eran un grupo dispar. Muchos de ellos eran comerciantes, y muchos
simplemente se adhirieron a la causa de sus propios intereses. Aun cuando era internacional, en su
conjunto había menos consistencia y continuidad entre los mercantilistas que entre los escolásticos de la
época anterior. La falta de cohesión entre los autores mercantilistas puede atribuirse en gran medida a la
ausencia de unos instrumentos analíticos comunes que pudieran compartir y pasar a una generación de
sucesores.

Philipp Wilhelm von Hornick:

Que cada pulgada del suelo de un país se utilice para la agricultura, la minería o las manufacturas.

2. Que todas las primeras materias que se encuentren en un país se utilicen en las manufacturas
nacionales, porque los bienes acabados tienen un valor mayor que las materias primas.

3. Que se fomente una población grande y trabajadora.

4. Que se prohíban todas las exportaciones de oro y plata y que todo el dinero nacional se mantenga en
circulación.

5. Que se obstaculicen tanto como sea posible todas las importaciones de bienes extranjeros.

6. Que donde sean indispensables determinadas importaciones deban obtenerse de primera mano, a
cambio de otros bienes nacionales, y no de oro y plata.

7. Que en la medida que sea posible las importaciones se limiten a las primeras materias que puedan
acabarse en el país.

8. Que se busquen constantemente las oportunidades para vender el excedente de manufacturas de un


país a los extranjeros, en la medida necesaria, a cambio de oro y plata.

9. Que no se permita ninguna importación si los bienes que se importan existen de modo suficiente y
adecuado en el país.
Los autores mercantilistas, sin excepción, se caracterizan por un interés por el mundo real. La justicia y la
salvación ya no constituían el interés primordial en los escritos relativos a la economía (como en el
período anterior); las cosas materiales se convirtieron en el fin de la actividad humana. El interés
concreto más importante de los autores mercantilistas parece ser que los recursos de la nación se
empleen de tal manera que aumenten el poder del Estado en la medida que sea posible, tanto política
como económica-

mente.

El dinero y su acumulación constituyeron los intereses primordiales de las nacientes naciones-estado de


la época mercantilista. Como ya se ha advertido, un floreciente comercio internacional siguió a la época
de los descubrimientos y colonizaciones, y el lingote de oro era la unidad de cuenta internacional. Uno
de los fines idealizados del comercio y la producción era aumentar la riqueza por medio de un
incremento de la acumulación de lingotes en el país. El empleo y la industria nacionales se promovían
mediante el fomento de las importaciones de primeras materias y de las exportaciones de productos
finales.

Las Leyes de Navegación pollas que Inglaterra intentó mejorar sus ingresos por las «cuentas invisibles»
(fletes,etc.) son buenos ejemplos de tales políticas mercantilistas. Estas políticas eran en parte la razón
fundamental de uno de los mayores problemas de la mayoría de autores mercantilistas: la incapacidad
para comprender la teoría cuantitativa del dinero.

Muchos mercantilistas no entendieron bien los efectos de un aumento de la oferta monetaria interior
(monetización), que por lo general sigue a un superávit comercial. Enredaron el problema por una
aparente creencia en que una balanza comercial favorable y, por tanto, una acumulación de metales—
podía mantenerse durante períodos largos e indefinidos. David Hume (1711-1776), el filósofo y
economista contemporáneo de Adam Smith, deshizo finalmente este error. Puso de relieve un
mecanismo precios-flujo de metales preciosos que vinculaba la cantidad de dinero a los precios y las
variaciones de éstos a los superávit y déficit de la balanza comercial.

EJEMPLO: “Supongamos un excedente en la balanza comercial de Inglaterra. Se produce una entrada de


oro en el país, pero —suponiendo una forma extrema de patrón oro (es decir, que sólo pueda utilizarse
el metal precioso como medio de cambio)— la masa monetaria aumenta en la misma proporción, dada,
por supuesto, la monetización del metal. Un sistema de moneda fiduciaria, en forma de moneda
fraccionaria de reserva, magnificaría el aumento. En todos los casos, el nivel de precios aumenta, de
modo predecible como veremos, incluyendo los precios de los bienes del sector exportador de la
economía. Los países extranjeros, con tenencias de dinero reducidas, experimentan una reducción de
sus precios relativos y, en consecuencia, compran menos a los comerciantes ingleses. Simultáneamente,
los consumidores británicos dirigen sus compras hacia los bienes extranjeros y no hacia las mercancías
nacionales. Con el tiempo, el superávit comercial inglés se convierte en un déficit, el oro sale del país, la
masa monetaria disminuye, los precios caen y el superávit aparece de nuevo. El ciclo continúa y el
intento mercantilista de acumular oro de modo indefinido es contraproducente.”

Los monopolios legales en forma de privilegios y patentes fueron comunes en el mercantilismo. Un


privilegio garantizaba los derechos exclusivos de comercio a un comerciante particular o a una sociedad
de comerciantes, como la Compañía de las Indias Orientales. A veces, los privilegios también incluían
subsidios masivos del rey. Esto se debía a que el monarca dependía de la actividad económica del
comerciante para acumular su tesoro, mientras que el comerciante dependía de la autoridad del
monarca para proteger sus intereses económicos. El marco legal para la puesta en vigor de la regulación
económica mercantilista al nivel local fue establecido por la Ley del Trabajo isabelina.

Todos los mercantilistas estuvieron de acuerdo en la necesidad de los controles internacionales, pero con
frecuencia tenían opiniones distintas cuando se trataba de los controles interiores. Desde el principio
encontramos escritos mercantilistas que por una parte alaban los controles económicos internacionales
para el enriquecimiento de la sociedad, pero por otra presentan elocuentes alegatos en favor de la no
interferencia en el interior. El mantenimiento de unos salarios bajos “nivel de subsistencia” y una
población creciente fue un elemento claro en la literatura mercantilista, y tenía su origen en un deseo de
mantener una distribución desigual de la renta, así como en la creencia de los mercantilistas en una
curva de oferta de trabajo inclinada hacia atrás.

Los principales defectos teóricos en la literatura mercantilista ( fueron una incapacidad para percatarse
de la naturaleza cíclica de las cuentas internacionales y de la relación entre la masa monetaria interior y
los precios.

Decadencia del mercantilismo: El punto central del conflicto entre el Parlamento y la corona en la lucha
por ofrecer derechos de monopolio se produjo en el área de las patentes. El interés del Parlamento
radicaba en la limitación del poder ilimitado de la corona para conceder privilegios de monopolio. La
lucha no se planteaba entre librecambio y concesiones gubernamentales de monopolio, sino más bien
sobre quién tendría el poder de ofrecer regulaciones económicas. En último término, el Parlamento
venció a la corona y se convirtió en el único oferente de legislación en Inglaterra, pero, irónicamente, no
fue capaz de explotar con éxito y coherencia su nuevo poder de ofrecer regulación.

Desde un punto de vista doctrinal, el mercantilismo se descompuso porque perdió respetabilidad


intelectual. Mandeville, un exponente del nuevo liberalismo creía que el hombre está «lleno de vicio» (o
que es egoísta) pero promueve la prosperidad pública era una clara anticipación de las doctrinas futuras.
Según la visión doctrinal, el mercantilismo decayó a medida que sus «errores» iban siendo descubiertos,
con lentitud, pero con seguridad. La visión política subraya las consecuencias involuntarias de la
actividad de búsqueda de rentas; es decir, los cambios institucionales que produjo y que gradualmente
hicieron que la búsqueda de rentas y la regulación interna por parte del gobierno central fuesen menos
factibles. El liberalismo y el librecambio se convirtieron, en consecuencia, en alternativas viables en
cualquiera de las interpretaciones.

Capitulo 4: LA APARICION DE UNA CIENCIA: PETTY, CANTILLON Y LOS FISIOCRATAS

Petty y Cantillon fueron figuras de transición: ambas tenían un pie en la época mercantilista y otro en la
época liberal que iba a seguirla. Por tanto, sus escritos económicos contienen una mezcla de elementos
liberales y mercantilistas, particularmente sobre la cuestión del dinero, el más sensible de los temas
mercantilistas.

Petty: Petty fue influenciado, sobre todo, por Francis Bacon, que propuso el método inductivo, una
fusión de empirismo y racionalismo. Según Petty, la ciencia no existe para tratar los problemas morales,
sino que es simplemente un medio para un fin. En el análisis final, las investigaciones de Petty no
estaban orientadas a la construcción de un sistema general de conocimiento, sino más bien a formular
soluciones para los problemas prácticos. Sólo quería presentar unas orientaciones generales para la
política. Esta era la base real de su «aritmética política». Estaba pensada simplemente para reunir los
elementos esenciales del problema práctico que había que resolver. No estaba pensada para constituir
una descripción perfecta o completa de la realidad.

Sobre el dinero. Petty reconoció las tres funciones del dinero (patrón de valor, medio de cambio,
depósito de valor), pero atribuyó el primer lugar a la segunda función. El negaba que el dinero
constituyese una medida absoluta del valor, argumentando correctamente que su valor varía con las
condiciones de la oferta y la demanda. La principal contribución de Petty a la teoría monetaria fue su uso
del concepto de velocidad de circulación para determinar la cantidad óptima de dinero. Lo importante,
argumentaba, ra un elevado nivel de empleo y de actividad económica, no la acumulación de un mero
tesoro.

Sobre el valor. El objetivo del esfuerzo de Petty era establecer una unidad de medida con la que reducir
las cantidades disponibles de los dos factores originarios, tierra y trabajo, a una cantidad homogénea de
«capacidad productiva», que podría servir como patrón de valor (tierra-trabajo). Su descubrimiento, la
Aritmética Política, era una forma primitiva de econometria, campo que ha florecido después de la
segunda guerra mundial.

Richard Cantillon: Es un tratado general de penetrante intuición y notable claridad, características que
no han remitido con el paso del tiempo. A diferencia de Boisguillebert, que atacó problemas económicos
específicos, Cantillon trataba de descubrir principios básicos.

• Tratar el crecimiento de la población como parte integrante del proceso económico.

• Desarrollar una explicación económica de la localización de las ciudades y núcleos de producción.

• Hacer una distinción entre precio de mercado y valor intrínseco (es decir, precio de equilibrio) y
mostrar cómo los dos convergen a largo plazo.

Demostrar que las variaciones de la velocidad son equivalentes a las de la masa monetaria.

• Investigar los canales a través de los cuales las variaciones de la masa monetaria influyen en los
precios.

• Describir el mecanismo por el que los precios se ajustan en el comercio internacional.

• Analizar los flujos de renta entre los principales sectores de la economía.


El sistema de mercado. Cantillon concebía la economía como un sistema organizado de mercados
interrelacionados que funcionaban de tal manera que alcanzaban un tipo de equilibrio. El sistema tiende
a su ajuste por el libre juego de los empresarios egoístas que dirigen «todo el trueque y la circulación del
Estado». La estructura del sistema económico de Cantillon es jerárquica. Los terratenientes ocupan el
estrato superior del orden económico y social, y se les representa como financieramente
independientes. Los derechos de propiedad privada se consideran esenciales para el correcto
funcionamiento de un sistema de mercados.

“Viendo la economía como una red de intercambios recíprocos, Cantillon proporcionó una de las
primeras explicaciones más claras del precio de mercado. Su noción del valor intrínseco (la medida de la
cantidad y calidad de la tierra y el trabajo que entran en la producción) constituye un primer intento de
basar el precio en alguna medida de los costes «reales», al menos en lo que se refiere a los valores de
equilibrio a largo plazo. Sin embargo, cuando trata del precio de «mercado» a corto plazo, Cantillon
parece dispuesto a admitir valoraciones subjetivas. Advirtió que «ocurre a menudo que muchas cosas,
actualmente dotadas de un cierto valor intrínseco, no se venden en el mercado conforme a ese valor: ello
depende del humor y la fantasía de los hombres y del consumo que de tales productos se hace»”

El proceso de negociación descrito por Cantillon refleja la información poseída por los participantes en el
mercado y el grado de coordinación de los planes individuales. Cantillon describió la manera en que los
planes dispersos tendían a hacer que los precios no coincidiesen con los costes.

Competencia y empresariado: No pensaba en la competencia como una lista de condiciones que


definen una estructura de mercado específica, sino más bien en un proceso de rivalidad entre
contendientes que compiten por los mismos clientes. En este proceso competitivo, Cantillon centró la
atención en el papel e importancia del empresario. Vio la economía en términos de clases de individuos,
cada una de ellas definida por una función económica principal:

El efecto del dinero sobre los precios y la producción. El inició la aproximación a la teoría monetaria por
la vía de la renta: el análisis de la cadena causal que relaciona las variaciones de la masa monetaria con
las del gasto agregado, la renta, el empleo y los precios. El no tuvo ningún problema en distinguir entre
precios relativos y nivel de precios, y razonó correctamente que los efectos de las variaciones monetarias
sobre los precios relativos dependen de por dónde entra el nuevo dinero en la economía y por qué
manos pasa en primer lugar.

LOS HERALDOS DEL LIBERALISMO: BOISGUILLEBERT Y LOS FISIOCRATAS

El ataque de Boisguillebert al mercantilismo se movía a lo largo de tres frentes principales. En primer


lugar, como Adam Smith iba a hacer casi un siglo después, intentó fundamentar la verdadera naturaleza
de la riqueza nacional en los bienes (y servicios), no en el dinero. Consideraba el dinero como simple
medio y método para obtener riqueza, mientras que las mercancías útiles para la vida constituyen su fin
propio y su objetivo. Fe uno de los primeros autores que reconocieron la importancia de la velocidad de
circulación y de los sustitutos del dinero, como las letras de cambio. El argumentaba que no es sólo la
cantidad de dinero lo que es importante, sino el volumen de dinero circulante. La demanda efectiva, no
los saldos monetarios nominales, es la clave del bienestar nacional.

El segundo argumento que Boisguillebert anticipó contra los mercantilistas fue la primacía de la
agricultura. Sostenía que el mercantilismo optó, con parcialidad, por la asignación de recursos en favor
de las manufacturas (especialmente las de lujo) y en contra de la agricultura.

La fisiocracia: «el gobierno de la naturaleza»

Su filosofía subyacente era la filosofía medieval del derecho natural (jus naturae), pero la fisiocracia
también siguió a Locke al destacar los derechos individuales y la justificación de la propiedad privada que
se basa en ellos. Básicamente era una reacción contra el mercantilismo, pero aparente mente un tanto
rara, puesto que al mismo tiempo que defendían el librecambio y el interés individual, los fisiócratas
continuaban elogiando la autoridad absoluta. Los fisiócratas argumentaron que la mejor manera de
poner de manifiesto todos los efectos de las opresivas políticas reales en Francia consistía en concebir el
proceso de interacción mutua en cualquier año como un flujo circular de renta y gasto. Cualquier política
que produjera el efecto de ampliar el flujo circular era, por tanto, coherente con el crecimiento
económico, mientras que si lo limitaba no era coherente con el crecimiento económico.

El factor clave que Quesnay seleccionó —y que hoy se presenta como la falacia más relevante de la
doctrina fisiocrática— era la productividad exclusiva de la agricultura. Para los fisiócratas, producción
significa creación de un excedente; es productiva aquella industria que produce más de lo que consume
en el proceso. La manufactura cambia simplemente la forma de los bienes. Los fisiócratas no negaban
que tales bienes fuesen más útiles después del proceso. Pero sólo la agricultura, razonaban, es capaz de
crear riqueza adicional.

Como muchos escritores sociales que les siguieron, ellos concebían la economía como
fundamentalmente orgánica. La vieron como una amalgama extremadamente compleja y delicada de
partes constituyentes —vinculadas por el mecanismo del intercambio en el mercado—, en la que
cualquier trastorno que se produjera en una parte, con el tiempo, se transmitía a todas las demás partes,
a través del proceso de interacción y reacción.

Los críticos modernos de la fisiocracia se agrupan por lo general en uno de estos dos frentes: 1) la teoría
pura de los fisiócratas no concordaba suficientemente con los hechos de su época, o 2) su teoría
quedaba un tanto oscurecida por consideraciones normativas. Donde los fisiócratas se equivocaron de
mala manera fue al sostener que la manufactura es «natural e intrínsecamente incapaz de producir un
excedente por encima del coste». Ellos concluyeron erróneamente que porque la manufactura no
producía un excedente de valor por encima de los costes en condiciones competitivas, nunca podría
hacerlo en condiciones competitivas. Si la competencia reduce el precio de los productos
manufacturados hasta el nivel de los costes necesarios, ¿por qué no hace lo mismo en la agricultura,
eliminando la renta?

Capitulo 5: ADAM SMITH: CONSTRUCTOR DE UN SISTEMA


El sistema de Smith combinaba una teoría de la naturaleza humana y una teoría de la historia con una
forma peculiar de teología natural y algunas observaciones prácticas sobre la vida económica. Reducido
a la esfera económica, su sistema caracterizaba las actividades de la agricultura, la manufactura y el
comercio. En su sistema el intercambio viene facilitado por el uso del dinero y la producción se
caracteriza por la división del trabajo. Las tres características principales de su análisis central son la
división del trabajo, el análisis del precio y de la asignación, y la naturaleza del crecimiento económico.

Los fisiócratas, por supuesto, habían ensalzado un orden natural basado en el derecho natural, como
opuesto al derecho positivo. Para ellos, el derecho natural reflejaba la mente del Creador, inferida por la
razón humana. Puesto que el derecho natural tenía una sanción más alta que el derecho positivo, que se
materializaba en meras proclamaciones de una asamblea legislativa, el derecho positivo era, por lo
mismo, inferior; y cuanto menos derecho positivo hubiera, tanto mejor. La convicción de Smith de que
en el mundo económico existe una armonía natural, que hace que la interferencia gubernamental sea
innecesaria e indeseable en la mayoría de materias.

Según Smith, había dos características innatas de la psicología de los humanos. La primera es que los
humanos nos interesamos ante todo por las cosas más próximas a nosotros y mucho menos en las que
se encuentran a cierta distancia (en el tiempo o en el espacio); así, todos nos consideramos a nosotros
mismos como de la mayor importancia. La segunda característica, que de hecho es un corolario de la
primera, es el deseo arrollador que todo hombre experimenta de mejorar su condición.

El egoísmo fue responsable de la transición de las sociedades nómadas a las agrícolas, y de igual modo
explicaba Smith el desarrollo de las sociedades comerciales con su consiguiente crecimiento de las
ciudades como centros comerciales. En suma, el crecimiento económico hasta la aparición del «sistema
comercial» fue una consecuencia de la interacción del egoísmo, las modificaciones en los derechos de
propiedad y el cambio institucional en su sentido más amplio.

Mientras que los fisiócratas se centraron en el crecimiento del producto neto, Smith destacó el
crecimiento de la riqueza nacional (por la que entendía, en terminología actual, la renta nacional).

La teoría del valor. La división del trabajo, afirmaba Smith, brota de una propensión de la naturaleza
humana al cambio, por lo que cada individuo debe disponer de un excedente por encima de sus
inmediatas necesidades, para poderlo intercambiar. El dinero aparece en escena porque facilita el
intercambio en tanto que disfruta de aceptación general y que se puede transportar con facilidad.
Entonces, el valor se determina por las reglas que la gente observa naturalmente cuando intercambia los
bienes por dinero o por otros bienes.

“El valor de una mercancía para la persona que la posee y que no tiene intención de consumirla, sino de
intercambiarla por otras mercancías, es igual a la cantidad de trabajo de que puede disponer o comprar
con la misma. El trabajo es, por tanto, la medida real del valor en cambio de todas las mercancías”

Precios. El dinero es, por supuesto, la medida más común del valor, pero Smith era igualmente
consciente de los defectos de las medidas monetarias, dado que el valor del dinero cambia con el
tiempo.

El precio de mercado de cualquier mercancía se regula por la proporción entre la cantidad que se lleva al
mercado y la demanda de aquellos que están dispuestos a pagar el precio natural de la mercancía o el
valor total de la renta, trabajo y beneficios que debe ser pagado para llevarla al mercado.
Hay dos puntos que es necesario destacar en cuanto a lo que hizo Smith. El primero es que Smith tendía
a considerar el precio natural no sólo como un precio de equilibrio («el precio central hacia el que
gravitan continuamente los precios de todas las mercancías»), sino como un patrón invariable a largo
plazo. El segundo punto es que Smith subrayó la naturaleza abstracta de su modelo al mostrar que los
mercados reales se desvían a menudo del ideal:

“Otorgar un monopolio a un individuo o a una em presa tiene el mismo efecto que un secreto en el
comercio o en la manufactura. Al mantener el mercado continuamente desabastecido, esto es, al no
cubrir totalmente la demanda efectiva, los monopolistas venden sus mercancías por encima del precio
natural y elevan sus ganancias, bien sean estas salarios o beneficios, por encima de su tasa natural”

Salarios. Smith comienza su discusión de los salarios como lo hizo con su discusión del valor, recordando
«ese estado originario de la sociedad que precede a la apropiación de la tierra y a la acumulación del
capital». Tan pronto como la tierra se convierte en propiedad privada, el terrateniente demanda su parte
del producto anual, y tan pronto como se produce la acumulación de capital, el capitalista hace lo
propio. La acumulación de capital hace posible emplear trabajo, en tanto que el capital acumulado
constituye un fondo para el mantenimiento de una población trabajadora. Este fondo consiste en
adelantos a los trabajadores, adelantos de los que el propietario del fondo (es decir, el capitalista)
espera, y está legitimado para ello, resarcirse.

En el concepto del fondo de salarios, Smith reúne los ingredientes esenciales del proceso del crecimiento
económico. La existencia de un fondo de salarios es, simultáneamente, un elemento para racionalizar el
ahorro (es decir, la acumulación), una explicación de los salarios y del beneficio, y un determinante del
crecimiento de la población.

Renta. La discusión de la renta, en Smith, depende de tres factores: 1) elementos de monopolio, 2) la


idea del excedente residual, y 3) costes alternativos. «La renta de la tierra», declaró Smith, «es un precio
de monopolio. No guarda proporción alguna con lo que el propietario pueda haber invertido en su
mejora, ni con la rentabilidad de la tierra, sino con lo que el colono puede dar»

División del trabajo. Smith concluyó que la división del trabajo tiene tres ventajas, cada una de las cuales
lleva a una mayor riqueza económica: 1) un aumento de la habilidad y destreza decada trabajador, 2) un
ahorro de tiempo, y 3) la invención de maquinaria. Esta última ventaja resulta de la concentración de la
atención del individuo en un objeto particular, a causa de la división del trabajo.

Para Smith, la riqueza nacional no se medía por el valor de los metales preciosos, sino por «el valor de
cambio del producto anual de la tierra y el trabajo del país». Así, Smith entendía por «riqueza nacional»
esencialmente lo mismo que los economistas actuales entienden por «renta nacional».

El papel del capital. Aunque la división del trabajo (que Smith consideraba una tendencia inherente en la
sociedad) pone en marcha el proceso de crecimiento, es la acumulación de capital la que lo mantiene.
Los elementos clave del proceso de crecimiento son la naturaleza, la acumulación y el empleo del stock.
A través de la acumulación del beneficio, el stock de capital crece a lo largo del tiempo, sosteniendo así
un mayor número de trabajadores y un mayor producto en el siguiente periodo de producción.
Smith reservó tres papeles importantes al Estado: 1)
administrar justicia, 2) asegurar la defensa nacional, y 3) mantener determinadas empresas de interés
público que nunca podrían ser rentables si se gestionaban de modo privado (es decir, la cuestión de los
«bienes públicos»). A medida que nos acercamos al final del siglo xx, parece obvio que cada una de estas
funciones ha representado un peso cada vez mayor para los gobiernos, a todos los niveles.