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ONOMÁZEIN 16 (2007/2): 239-242

KAYRA KARMILOFF Y
ANNETTE KARMILOFF-SMITH:
Hacia el lenguaje
(Madrid: Morata, 2005, 364 págs. Título original:
Pathways to Language. From Fetus to Adolescent.
Harvard University Press, 2001)

Soledad Aravena
Universidad Alberto Hurtado
Pontificia Universidad Católica de Chile
solaravena@gmail.com

Los libros destinados específicamente a la adquisición del lenguaje


disponibles en castellano (ya sean escritos originalmente en esta
lengua o traducidos) son muy escasos, lo que constituye una pri-
mera razón para celebrar la traducción de este trabajo. Pero esta es
una de esas obras que, independientemente de la lengua en que se
escriben, deben ser objeto de consulta de estudiantes y especialistas
de diversas disciplinas interesados por las características evolutivas
del lenguaje humano.
Las autoras (hija y madre) se desempeñan, la primera como in-
vestigadora en el Centre for Speech and Language de la Universidad de
Cambridge, y la segunda como catedrática y directora de la Neurocognitive
Development Unit del Institute of Child Health, de Londres. Con una larga
trayectoria en el ámbito del desarrollo cognitivo, Annette Karmiloff-Smith
renueva en este libro su intento de integración de posturas tradicional-
mente irreconciliables en materia de adquisición.
Discípula por muchos años del patrón (como se hacía llamar, según
ella misma cuenta en una obra anterior) de la Escuela de Ginebra, Jean
Piaget, esta psicóloga británica tuvo la osadía de cuestionar la escasa
importancia que el constructivismo piagetano atribuyó al lenguaje y a
su especificidad dentro del desarrollo cognitivo. También traspasó la
frontera de lo aceptable para cualquier seguidor de Piaget al considerar
que las evidencias provenientes de la investigación psicolingüística y
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neuropsicológica obligan a legitimar, al menos como base mínima,


algunas de las ideas innatistas sobre la mente y el lenguaje.
Este es un libro fácil de leer, donde no cabe profundizar demasiado
o entregar detalles muy particulares de la investigación en cada uno de
los ámbitos del desarrollo lingüístico. En este sentido, el especialista
interesado en una dimensión específica de la adquisición (por ejemplo,
percepción del habla, sintaxis, o cohesión discursiva) probablemente
no encontrará nada completamente nuevo o imprescindible en esta
obra. Encontrará más bien una exposición general, pero sistemática y
actualizada de la información existente en cada uno de los dominios
de la adquisición. Ni más ni menos.
En pos de este objetivo, el trabajo de las autoras es interesante por
varias razones. En primer lugar, porque, por el hecho de tratarse de una
exposición general sobre la materia, no se reduce a abordar tan solo un
cierto tipo de fenómenos o a plantear tan solo una aproximación teórica.
Los estudios de adquisición suelen situarse dentro del marco teórico
y metodológico del innatismo, lo que evidentemente circunscribe la
información al dominio oracional. El resto de estudios –minoritarios
y desde otros marcos conceptuales– manifiestan un marcado interés
por rebatir las tesis innatistas con nuevos datos. Generalmente, los dos
tipos de enfoques difieren tanto en sus objetos de estudio como en sus
métodos, lo que hace que finalmente los enfoques resulten siempre
irreconciliables. Como se puede esperar de una obra de referencia, en
este libro hay cabida para las posiciones innatistas sobre adquisición y
para las perspectivas no innatistas, focalizadas en el desarrollo a partir
de la experiencia y la interacción. Unas y otras atienden y explican
fenómenos específicos del proceso de desarrollo lingüístico que se
presentan en las distintas secciones del libro.
Así por ejemplo, el capítulo dedicado a explicar la adquisición
de la gramática no se limita exclusivamente a presentar el tema desde
la perspectiva generativista, aun cuando este es el enfoque más aca-
bado sobre la emergencia de los dispositivos gramaticales y es, por
ello, el enfoque tradicionalmente dominante en la bibliografía sobre
adquisición morfológica y sintáctica. La exposición de este tema se
hace bajo un prisma particular. Comienza comentando los resultados
de investigaciones actuales que demuestran cuán precoz es la sensibi-
lidad del niño a la gramática de su lengua materna (a los 2 meses, los
bebés ya distinguen encadenamientos diferentes de los sonidos de una
frase, aunque, obviamente, son incapaces de otorgarles significado).
Posteriormente se presentan los resultados actuales acerca de la com-
prensión y la producción gramatical de los niños y se detalla cómo van
manifestando progresivamente una mayor complejidad en el uso de
estos dispositivos. Finalmente se exponen las principales teorías expli-
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cativas del conocimiento y los usos gramaticales en la primera infancia,


comenzando con las premisas y los postulados centrales de la teoría
estructural de Chomsky, presentados de manera bastante exhaustiva.
Junto a esta, otras teorías también cobran importancia: los enfoques
basados en iniciadores (prosódico y fonológico, semántico, sintáctico),
los enfoques sociopragmáticos, los cognitivos, los constructivistas,
los de competencia y los conexionistas. La reflexión final conduce a
concluir que una explicación global de cómo se adquiere la gramática
debería contar con distintos aspectos de cada enfoque.
Una segunda razón de por qué la exposición de este libro es inte-
resante se deriva directamente de lo dicho anteriormente, y es que no
se limita a un solo tipo de fenómenos ni al rango etario típicamente
aludido en la bibliografía sobre el desarrollo lingüístico (1 a 5 años).
Entre los fenómenos que abarca incluye los datos experimentales sobre
la percepción del habla (capítulo tercero) desde el nacimiento e incluso
antes, desde los últimos meses de vida intrauterina (se ha comprobado
que los fetos distinguen el lenguaje hablado de otros sonidos, como la
música o el ruido; asimismo, hay resultados concluyentes que demuestran
que los recién nacidos distinguen su lengua materna de otras lenguas
a partir de sus características prosódicas). En los capítulos siguientes
(cuarto y quinto, respectivamente) se aborda el desarrollo del léxico
y de la gramática, como es tradicional en una obra de este tipo. Lo
novedoso es que el libro dedica un capítulo entero (el sexto) a la pre-
sentación de un “recién llegado” en la bibliografía sobre adquisición:
las unidades supraoracionales y el discurso.
Por razones de espacio, dicho capítulo solo se refiere a la competen-
cia conversacional y a la narración, pero esto es suficiente para instalar
algunas de las reflexiones cruciales que giran en torno a la adquisición
y el desarrollo lingüístico que tiene lugar más allá del núcleo gramatical
de la lengua. Entre esas reflexiones, se incluyen cuestiones como: la
influencia de la lengua materna en la configuración de las narraciones
infantiles, o las restricciones lingüísticas, cognitivas y contextuales
que operan sobre la capacidad de los niños para organizar el discurso
de manera cohesiva y coherente. La conclusión a este respecto apunta
a la necesidad de distinguir entre la adquisición temprana, tras la cual
los niños manifiestan un dominio fluido de las estructuras lingüísti-
cas en el nivel oracional, y la adquisición más tardía de las diversas
funciones que esas estructuras adquieren en el plano discursivo. Esta
última dimensión del desarrollo lingüístico se perfila como un proceso
mucho más largo y paulatino que el primero.
Terminado el recorrido por los distintos niveles del lenguaje a
partir de los cuales se organiza el grueso de los contenidos del libro
(fonológico, léxico-semántico, gramatical y discursivo), se incluye un
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capítulo fascinante (el séptimo) sobre el desarrollo atípico del lenguaje


en niños con distintas discapacidades: sordera, ceguera, Trastorno
Específico del Lenguaje, Síndrome de Williams, Síndrome de Down,
y lesión cerebral focal. Estos casos y su comparación con el desarrollo
lingüístico normal constituyen un aporte importante en la discusión
teórica sobre el carácter innato y la especificidad del lenguaje. Pero
también, y de modo fundamental, resultan necesarios en el diseño de
programas de intervención pertinentes para cada síndrome, que per-
mitan a los niños con estas características desarrollar al máximo sus
capacidades comunicativas.
Por último, tras esta presentación abierta, pero rigurosa y objetiva
de las tensiones existentes en el debate sobre los factores y mecanismos
evolutivos del lenguaje, hay una toma de posición (capítulo octavo).
Brevemente, las autoras postulan para el ser humano una predisposición
innata hacia el lenguaje, aunque discuten que este constituya un sistema
especificado desde el nacimiento. Reaparecen así las tesis centrales de
trabajos anteriores de Karmiloff-Smith (Más allá de la modularidad,
1994) en torno a la idea de una especialización progresiva del sistema
cognitivo humano, que lo facultaría para transitar del estado de inma-
durez extrema del recién nacido al del complejo sistema cognitivo
adulto, altamente especializado.
Sostienen las autoras que el ser humano (como los demás primates,
según se ha observado, pero en mayor grado) nace con una notable in-
madurez física y cognitiva (a diferencia de todos los demás animales no
primates) que lo obliga a invertir una gran cantidad de tiempo en alcanzar
cierta autonomía de sobrevivencia. En este periodo, la experiencia y el
aprendizaje derivado del contacto con el entorno juega un papel crucial
para el desarrollo cognitivo general y lingüístico en particular (papel
desestimado por la perspectiva innatista). Esta especialización progresiva
–y no disponible desde el nacimiento– explicaría el hecho de que los
individuos de esta especie sean mucho más flexibles que los de otras
especies y que se puedan adaptar a una variedad de situaciones cambiantes
durante su vida. Según este planteamiento, es esto, en definitiva, lo que
nos hace especiales: en lugar de conocimientos preprogramados, una
amplia gama de mecanismos de aprendizaje y un prolongado periodo
evolutivo durante el cual se configura nuestro cerebro.
El futuro que vislumbran las autoras para los estudios sobre la
adquisición y el desarrollo del lenguaje tiene que ver precisamente
con esa configuración: imágenes cerebrales que permitirán, mediante
estudios longitudinales, trazar el mapa completo de lo que significa
verdaderamente disponer del lenguaje durante todo el tiempo que dura
su desarrollo, es decir, “desde el feto al adolescente”. Auspicioso futuro
para los estudiosos de la ontogénesis del lenguaje.