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Las mentalidades incumplidoras se guían por las reglas sociales que por otras reglas.

Es por eso que no perciben el incumplimiento de normas como actos delictivos o perturbaciones
del orden.

A veces las mentalidades incumplidoras se encarnan en grandes criminales.

Sin embargo, no todos los incumplidores que abandonan su estado ‘‘normalizado’’ se convierten
en delincuentes; existen otras actitudes de ruptura frente al orden social que no son propiamente
delictivas. El arrogante puede convertirse en un intelectual cínico o en un bohemio; ambos se
apartan del mundo social con una actitud de desprecio por los valores y las reglas sociales
establecidas.

LOS CONTEXTOS

Los contextos como las mentalidades varían. Esa variación afecta sobre todo al vivo, quien al ser
un actor esencialmente instrumental, cambia de estrategia cuando cambia de contexto; también
afecta al taimado y al déspota, que tienen mucho de vivos.

Las variaciones contextuales dependen de múltiples factores: el tiempo, el lugar, la


infraestructura, el tipo de normas, las condiciones económicas y culturales de los sujetos, el tipo
de relaciones sociales que mantienen.

Estado constitucional

‘‘Sociedad civil’’ y se caracteriza por tener una clara distinción entre lo público y lo privado, así
como una neta conciencia sobre los derechos y los deberes de los ciudadanos.

Estado ausente

‘‘Sociedad inexistente o desvalida’’, Las relaciones entre las personas están regidas por la fuerza y
por las estrategias de supervivencia.

Estado débil

‘‘Sociedad hibrida’’, en la cual se combinan rasgos modernos y pre modernos, civiles y desvalidos.
No hay claridad entre lo público y privado.

REMEDIOS CONTRA EL INCUMPLIMIENTO

Capacidad de imposición

Oliver Holmes, decía que una persona que no tiene el menor respeto por los principios morales
termina siendo un fiel seguidor de la moral cuando con ello puede evitar la cárcel o el pago de una
multa. En Colombia pasa lo contrario a lo planteado anteriormente.

Capacidad de legitimación

No solo de sanciones vive el orden. La amenaza de la sanción es una condición necesaria para
crear sociedades estables y justas, pero no es suficiente. Se necesita, además, que la gran mayoría
de la población considere que el régimen político en el que vive es, al menos globalmente, un
régimen justo.
‘La libertad democrática solo florece en una sociedad donde ningún ciudadano sea
suficientemente opulento como para comprar a otro, ni ninguno tan pobre como para ser
obligado a venderse’ (Rosseau 1979)

CULTURA DE LA LEGALIDAD Y CIUDADANIA

La cultura de la legalidad supone, por una parte, una clara separación entre estos dos ámbitos y,
por otra, la conciencia de que, en caso de tensión o de conflicto entre el ámbito publico de la ley y
el ámbito privado de la moral, o de la cultura, debe primar la ley.