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San Fernando, a 16 de marzo de 2018.

En estos días se ha reabierto el debate en España sobre la cadena perpetua con el


caso del niño Gabriel, presuntamente asesinado por la pareja de su padre. Ha sido
todo un ejemplo la madre del niño que ha pedido encarecidamente que el pueblo
no se deje llevar por la venganza y la ira. A pesar de todo esto hay un dilema en el
sistema judicial: Si la prisión en España es un sistema para reinsertar delincuentes
en la sociedad, ¿por qué tenemos una pena máxima de 25 años (sólo revisable en
casos de terrorismo), si delincuentes de este tipo puede que no estén preparados
para reinsertarse en la sociedad en ese tiempo?

Sinceramente, pienso que el planteamiento de prisión como modo para reinsertar a los
delincuentes en la sociedad es correcto, pero si llevamos a cabo este sistema con una
pena máxima nos estamos contradiciendo, ya que puede darse el caso de que a los 25
años una persona no haya cambiado de actitud y no esté preparada para reinsertarse en
la sociedad. Por tanto, la propuesta de pena máxima al menos debería ser revisable,
como están pidiendo varias plataformas en estos momentos, especialmente en casos tan
graves como asesinato, pederastia, etc…

Por tanto, en mi opinión, lo correcto sería establecer una pena máxima pero con la
posibilidad de alargarla en el caso de que el presidiario no esté en condiciones de
reinsertarse en la sociedad. Además, en casos claros de psicopatía y falta de humanidad,
pienso que habría que plantearse si la prisión es el mejor sitio para dichos casos, porque
seguirán delinquiendo de la misma forma dentro de la prisión y harán la vida imposible
a los demás presos. Por tanto, en estos casos extremos, creo que a estos individuos
habría que internarlo en centros de salud mental, donde se les pueda ofrecer una ayuda
más apropiada.

Antonio Matamalas Manosalvas