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4.

2 LOCKE

Ensayo sobre el gobierno civil

La primera diferencia que encontramos respecto a Hobbes es que Locke entiende que el estado de naturaleza
es un estado bastante pacífico donde los seres humanos disfrutan de su libertad, su vida, su salud y su
propiedad y no hay poder común. Esta paz viene dada por el respeto a la ley natural, cuyos preceptos básicos
son el respeto a los derechos mencionados. Los hombres se mantendrán en ese estado hasta que, por su
propia voluntad, se conviertan en miembros de una sociedad política.

Esta ley natural no es innata, según el principio empirista de Locke, pero sí racional. La razón es, entonces, la
única ley natural que permite la preservación de la vida de uno y de los otros. En el estado de naturaleza
nadie nace bajo el dominio de nadie y no viven en guerra porque los hombres se guían de la razón. Además,
mediante la razón, el hombre conoce la Ley Natural y por ello le asiste el derecho de imponer a los demás su
cumplimiento. Tiene el derecho a castigar a los transgresores de esa ley con un castigo que impida su
violación.

Sin embargo, el estado de naturaleza se transforma (pasaría a un estado de guerra declarada por todo aquel
que intenta avasallar al otro, tomar algo que no es suyo) con la introducción de la moneda que complica
muchísimo el sistema económico y permite la adquisición de riqueza. Esto hace que crezca la inestabilidad y
que aumente significativamente el riesgo de ver dañada la propia vida y la propiedad. Debido a esto los
hombres deciden contractualmente formar una sociedad civil que garantice los derechos, especialmente el de
la propiedad. Debido a esto los hombres deciden contractualmente formar una sociedad civil que garantice los
derechos, especialmente el de la propiedad. Será el Estado, entonces el que garantizará la existencia de
leyes y tomará el rol de juez imparcial (características que faltan en el estado de naturaleza). Si el poder
perjudica a los derechos naturales, especialmente a la libertad y a la propiedad, Locke reconoce a los
gobernados el derecho a sublevarse. Se debe desencadenar una “insurrección sagrada” y el pueblo ha de
dotarse de gobernantes decididos a hacer del Estado un poder al servicio de los derechos naturales.

Es especialmente interesante la importancia que Locke otorga a la propiedad. Según él, en el estado de
naturaleza toda persona tiene derecho a tanta tierra como pueda cultivar con provecho. Esto, lejos de ser un
acto egoísta, es una acción que redunda en el bien común (tal vez este no sea el caso de la nobleza, a la que
Locke critica de no hacer buen uso de la tierra). Para Locke la propiedad es la base de la libertad: el individuo
es libre sólo en la medida en que es propietario de su persona y de sus capacidades. Cada cual puede ejercer
su derecho de propiedad sobre sí mismo, sobre lo ganado con el trabajo y sobre lo que pueda comprar con el
dinero. De este modo, los hombres que eran iguales comienzan a ser desiguales por su trabajo.

4.3 ROUSSEAU

El contrato social

Según Rousseau, en el estado de naturaleza el hombre sería bueno y feliz, independiente y libre, guiado por
el amor de sí mismo (que no hay que confundir con el amor propio, en el que se funda el egoísmo). Rousseau
distingue, al igual que Hobbes y Locke, entre estado de naturaleza y estado social. Sostiene que en el estado
de naturaleza no se da la familia ni la propiedad y que los hombres son felices y buenos. De esta manera, no
concuerda con Hobbes, quien sostenía que el hombre en el estado de naturaleza es un lobo para el hombre.
No obstante, estaba de acuerdo con él en que el hombre no es social por naturaleza y ambos conceden
prioridad al individuo frente a la sociedad

Rousseau pone el acento en la aparición de una novedad que ejercerá una fuerza decisiva sobre la posterior
marcha de la sociedad: la propiedad. Al contrario que Locke, Rousseau considera que es algo negativo, pues
supone una ruptura definitiva de la primigenia igualdad humana.
En el texto analiza la situación real presente en la que se encuentra el hombre al vivir en esta sociedad. Su
tesis es que en la sociedad es donde se hace malo, movido como está por el amor propio (egoísmo) y por el
ansia de poseer que le convierte en un hombre artificioso, y en la que lo que predomina es la injusticia, la
opresión y la falta de libertad.

La sociedad política aplicó nuevas ataduras al pobre y dio nuevos poderes a quien ya tenía poder; destruyó
irrecuperablemente la libertad natural y fijó eternamente la propiedad y la desigualdad...: sometió a la
humanidad entera al trabajo, a la esclavitud y a la miseria. Este paso del estado de naturaleza al estado de
sociedad hace al hombre menos feliz, menos libre y menos bueno. Rousseau critica, por lo tanto, la idea del
progreso, central en la concepción ilustrada.

La sociedad surge lentamente y en sus estadios iniciales el hombre es feliz. Sin embargo, al establecerse el
derecho a la propiedad y la autoridad para salvaguardarlo, aparecen las desigualdades y se pierde la
posibilidad de elegir (basada en la razón, que nos distingue de los animales). La sociedad se convierte
entonces en un engaño, porque los hombres se unen creyendo defender a los débiles, pero en realidad
defienden los derechos de los más ricos (con lo que Rousseau critica el liberalismo económico y político).
Aparecen las diferencias entre ricos y pobres, poderosos y débiles, amos y esclavos.

Rousseau defiende una forma de asociación mediante la cual cada uno, al unirse a todos, no obedezca más
que a sí mismo y quede tan libre como antes. El verdadero contrato ha de ser un contrato de la libertad, lo
cual no significa que en ese estado no haya obligatoriedad de la ley.

Entiende que existen dos pactos distintos: un primer pacto, engañoso, derivado del nacimiento de la
propiedad privada, y un segundo pacto, el del contrato social, que debe dar lugar a una nueva sociedad donde
prime la voluntad general. El contrato social de Rousseau no es un contrato entre individuos (Hobbes) ni entre
los ciudadanos con el gobernante (Locke), sino un pacto de la comunidad con el individuo y de él con la
comunidad. Dicho pacto es el que crea la voluntad general. El resultado de este pacto, la entrega total de
todos a todos -la «enajenación sin reservas»-, es el pueblo soberano, el conjunto de ciudadanos, los cuales
constituyen el poder, la sociedad política o el Estado.

La tarea del legislador, por tanto, consiste en poner las leyes de acuerdo con esa voluntad general y la tarea
del ciudadano consiste en poner su voluntad particular en armonía con esa voluntad general. Esta concepción
excluye la posibilidad de la representación y de la separación de poderes. La voluntad general es inalienable e
indivisible.

Se podría preguntar a Rousseau por la libertad individual. Para él los hombres nacen libres y se unen en
sociedad para asegurar, no solo su propiedad y su vida, sino sobre todo su libertad. El verdadero contrato
social es un contrato de libertad. El individuo que obedece a la voluntad general es libre puesto que obedece a
una ley que expresa su propia voluntad real.
R:

Estado de naturaleza. Rousseau afirma que lejos de ser una guerra civil permanente, el estado de naturaleza
se caracteriza por la libertad, la igualdad y la bondad. Los seres humanos viven en una suerte de inocencia
originaria (lo que fundamenta el mito del buen salvaje) justo hasta que la aparición de la sociedad (y de la
noción de propiedad) promueve el egoísmo y la maldad.

Pacto. El contrato social consiste en la eliminación de los egoísmos individualistas mediante la sumisión de
cada ciudadano a la voluntad general unánime y asamblearia. El modelo político propuesto por Rousseau
sería la democracia directa, o asamblearia.

Estado de sociedad. Rousseau piensa que la sociedad, si bien garantiza ciertas necesidades básicas,
corrompe a los humanos al lanzarlos en competencia mutua. Pero se muestra convencido de que una vez
abandonado el estado de inocencia originaria no cabe vuelta atrás, y solamente un acuerdo entre ciudadanos
puede llegar a mitigar las desastrosas consecuencias de una sociedad corruptora. Nace así la necesidad del
contrato social.

H:

Estado de naturaleza. Hobbes intenta imaginar cómo sería la vida de los seres humanos antes de la
aparición de la sociedad. Apelando a una concepción pesimista del ser humano, que según Hobbes es un ser
dominado por sus pasiones, establece que el estado de naturaleza se caracteriza por la precariedad y la
violencia, pues no existiendo ley ni autoridad nada es justo ni injusto, y todos tienen derecho a todo. Ya que
los seres humanos son aproximadamente iguales en fuerza y maldad ninguno prevalece sobre otro,
generándose lo que el llamaba “bellun omnium contra omnes” (una guerra civil permanente de todos contra
todos), en la que la vida es breve e insoportable. Hobbes lo resume con la expresión latina “homo homini
lupus” (el hombre es un lobo para el hombre).

Pacto. Siendo los seres humanos inteligentes, además de malvados, en un determinado momento deciden
acogerse a un pacto entre ellos. Ese pacto consiste en la cesión de todo el poder del individuo a un soberano
(o corporación), que habrá de mantener el orden y la paz. Es importante señalar que el pacto firmado es
irrevocable, es decir, no puede romperse, pues al haberse entregado todo el poder, se entrega también la
capacidad de romperlo. Y puesto que tal pacto en nada cambia la naturaleza de los firmantes, que siguen
siendo egoístas, el soberano elegido habrá de gobernar, si fuera necesario, mediante el terror y la violencia
para mantener el inseguro orden social.

Estado de sociedad. Una vez firmado el pacto, se instaura la sociedad (para Hobbes, equivalente al Estado).
Se sustituye así el derecho (a todo) por la ley (entendida como límite), y se instituye un régimen de terror que,
en realidad, se corresponde con el modelo de monarquía absoluta.