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Revista

2003] de DerechoSILVA-HERZOG MARQUEZ:


Vol. XIV
CARL- Julio 2003 JURISPRUDENCIA…
SCHMITT. Páginas 9-24
9

CARL SCHMITT.
JURISPRUDENCIA PARA LA ILEGALIDAD

Jesús Silva-Herzog Márquez*

R ESUMEN

El presente ensayo aborda la vida y el pensamiento del jurista alemán Carl Schmitt,
en especial su concepción de lo político y sus consecuencias para el establecimien-
to del régimen constitucional. El proyecto de Schmitt puede entenderse así como
una jurisprudencia para la ilegalidad, una filosofía del derecho y la política que
desarme la ley al tiempo que desata el poder de sus restricciones.

CARL SCHMITT - LIBERALISMO - DEMOCRACIA

¿Debemos asentarnos en la catástrofe?


ERNST JÜNGER

ANTE EL TORO co, por el político rudimentario que no


era capaz de articular un discurso cohe-

C
arl Schmitt nació el mismo año rente. Quizá sentía también miedo por
que Adolfo Hitler. Se encontraron la violencia que convocaba. Pero la agu-
alguna vez, pero nunca hablaron. El deza de su intuición apreciaba, al mis-
primero sentía una mezcla de desprecio mo tiempo, la hondura de su atractivo.
y atracción por el dictador; el otro no dio Hitler encarnaba de modo misterioso una
importancia nunca al hombre que se ofre- fuerza mítica: era un hombre que, sin
ció para razonar sus atropellos. Aquella cálculo ni argumento, advertía la grieta
ambigüedad en Carl Schmitt marcaría su que se abría bajo la tierra. Hitler era una
vida. También su recuerdo. Desde las fuerza, una energía, una llama de entu-
emociones de la razón sentía un fuerte siasmo y de valor en medio de la tibia
desprecio por el hombre ignorante y tos- cobardía.
Unos días antes del triunfo electoral
de nacionalsocialismo, Carl Schmitt pu-
* Profesor de tiempo completo del Institu- blicaba un artículo en la prensa en el que
to Tecnológico Autónomo de México (ITAM). anticipaba el desastre: quien colabore con
El autor desea agraceder los valiosos comenta-
los nazis está actuando tonta e irrespon-
rios realizados a una versión preliminar de este
trabajo en el Seminario interno de profesores del sablemente. El nacionalsocialismo, argu-
Departamento de Derecho del ITAM (abril de mentaba, es un movimiento peligroso que
2003). puede cambiar la Constitución, estable-
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cer una iglesia de estado, disolver los sin- nalista: el apóstol jurídico del nuevo ré-
dicatos, etc. Menos de un año después, y gimen. El periódico oficial del nazismo
por invitación de Heidegger, Carl Schmitt lo llamó “el abogado de la Corona.” La
se afiliaba al Partido Nacional Socialista. investidura no es injusta, por lo menos en
No era el miedo sino la ambición lo que la primera etapa del nazismo, cuando
provocaba el giro. También una convic- fungió, efectivamente, como el cerebro
ción de que las fealdades del poder son jurídico del fascismo alemán. Schmitt vio
siempre preferibles a los horrores de su el nuevo orden como la oportunidad de
ausencia. Lo muestra una entrada en su lanzar una gran revolución jurídica que
diario, el día mismo que Hitler fue nom- abandonase los argumentos de una “épo-
brado canciller: “Irritado y, de alguna ca decrépita.” De lo que se trataba era de
manera, aliviado; por lo menos una deci- vivificar la ley, de reconciliar el derecho
sión.” En Hitler aparecía eso que para con la justicia a través de la intervención
Schmitt era tan valioso: la esperanza de salvadora del Führer. La vieja legalidad
la decisión. se agotaba en las escrituras de la ley; la
El día que Carl Schmitt vio a Hitler nueva legalidad, argumentaba, ha de
fue el 7 de abril de 1933. Se trataba de reencontrar la moral, aunque aplaste la
una reunión en la que el Führer presenta- regla. Así, un golpe de estado podría ser
ría su programa de gobierno. En uno de “rigurosamente legal” porque Hitler, al
sus cuadernos personales, está el registro romper la regla, defendía el derecho vital
de ese encuentro. El salón estaba repleto del pueblo alemán. Era el nacimiento de
con los jerarcas del partido y del ejército una nueva legalidad.1
que, con rostros de acero, observan dete- Schmitt pretendía delinear una filo-
nidamente al jefe. Hitler, como un toro sofía legal que rompiera el molde burgués
nervioso al entrar a la plaza, pronuncia y liberal del estado de derecho. Enfatizó,
su proclama. Transcurrió media hora para por ejemplo, que uno de los principios
que el discurso se acercara al despegue. clave de aquella estructura tendría que ser
En las notas de Schmitt, Hitler aparece demolido. Se refería a la máxima funda-
como un hombre que depende obsesiva- mental del derecho penal que establece
mente de las reacciones de su auditorio. que no puede haber castigo si no hay una
Como un enfermo, el orador necesitaba ley previa que establezca el delito.
el aliento del aplauso. Todo el mundo lo
escuchaba atentamente y nada. El agita- Todo el mundo entiende que es un
dor de las masas era en realidad un orador- requisito de la justicia el castigar los
cillo insulso. El Führer no hizo ninguna crímenes. Aquellos que … constan-
conexión real con su auditorio, ningún temente invocan el estado de dere-
rayo emanó de su voz. Nada. cho no otorgan la debida importan-
La decepción del abogado quedó es- cia al hecho de que un crimen odioso
condida bajo la retórica fervorosa del
oportunista. Cuatro semanas más tarde
obtenía la credencial número 2.098.860
del partido. La máscara de la devoción 1 Véanse los textos “El Führer defiende el
funcionó, por lo menos durante un tiem- derecho” y “Legalidad y legitimidad”, ambos
po. Pronto se convertiría en una pieza contenidos en la compilación de Héctor Orestes
valiosa del aparato de legitimación nacio- Aguilar.
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encuentre su debido castigo. Para trataba de una noción proveniente del


ellos la cuestión reside en otro prin- campo enemigo. Hans Kelsen padeció
cipio, en el que, de acuerdo a la si- particularmente los embates del comisa-
tuación, puede conducir a lo opues- rio. El fundador de la teoría pura del de-
to de un castigo justo, esto es, el recho había apoyado a Schmitt para in-
principio del estado de derecho: no corporarse a la Universidad de Colonia,
hay castigo sin ley. Por el contrario, a pesar de las diferencias que los separa-
aquellos que piensan con justicia, ban y de las duras críticas que había he-
procuran que no haya crimen que cho a su obra. Tiempo después, las pur-
permanezca sin castigo. Contrastaría gas nazis baten a Kelsen: mientras estaba
ese principio del estado de derecho de vacaciones en Suecia, es expulsado de
nulla poena sine lege contra el prin- la universidad por razones raciales. Los
cipio de justicia, nulla crimen sine profesores de la Facultad de Derecho se
poena: ningún crimen sin castigo. La unen para solicitar la reinstalación del
discrepancia entre el estado de dere- profesor más prestigioso del claustro. El
cho y el estado de justicia aparece único académico que se rehusó a firmar
inmediatamente a la vista.2 la petición se llamaba Carl Schmitt. Ha
de decirse que su actitud frente a las pur-
El Código Penal se ha convertido en gas no fue la simple indiferencia con la
la Carta Magna de los criminales, gruñe que miró la defenestración de su antiguo
Schmitt. Las reglas son estorbos del cas- promotor. Ya lo advertía el secretario de
tigo. Una época enferma nos heredó esos su gran amigo Jünger: ¡cuidado en con-
principios que santifican el procedimien- tradecir a Schmitt! Puede uno terminar en
to amparando el delito. Por eso es nece- un campo de concentración.3
sario sustituir la cobardía de esos estatu-
tos liberales por la virilidad de un poder
enérgico. LA VALENTÍA DEL MIEDO
Quien alguna vez denunció el peli-
gro negro fue más allá en su defensa del Carl Schmitt nació el 11 de julio de
nuevo régimen. Elogió las purgas que ter- 1888 en una modesta familia católica
minaban en la ejecución de disidentes asentada en Plettenberg, un pequeño pue-
como bellas fórmulas de justicia revolu- blo enclavado en el centro de Alemania.
cionaria y promovió una purificación de Johann, su padre, era un leal miembro del
la teoría jurídica alemana. No pensaba en partido católico que trabajaba en la esta-
ninguna reforma del método, sino en la ción de tren y colaboraba con la iglesia
necesidad de eliminar la contaminación del pueblo. La madre de Carl cultivó en
judía. Los libros escritos por judíos de- casa cierta nostalgia por la Francia de sus
bían sacarse de circulación; y si alguien raíces. El acendrado catolicismo y los ai-
pretendía hacer referencia a las ideas de res franceses que lo rodeaban marcaron
un escritor judío, debería advertir que se al niño. Sus vínculos con el mundo latino
estampaban, desde muy temprano, una

2 Citado en Balakrishnan, The Enemy. An 3 La expresión de Hugo Fischer es referi-


Intellectual Portrait of Carl Schmitt, Londres, da por Jean-Pierre Faye en Los lenguajes totali-
Verso, 2000, p. 192. tarios, Madrid, Taurus, 1974, p. 112.
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suave conciencia de extranjería. “Soy ro- entre los suyos. … Eso significaba
mano por origen, tradición y derecho,” que yo, parado enteramente en la
dijo sentenciosamente en alguna ocasión. oscuridad y desde la oscuridad mis-
Su inteligencia fue abriéndole las ma, veía un espacio resplandecien-
puertas del mundo. Del diminuto pueblo te. … La sensación de tristeza que
de Plettenberg salió, primero para estu- me inundaba me distanciaba aún más
diar en el Gimnasio de Attendorn y, lue- y despertaba en otros desconfianza
go, en la Universidad de Berlín. En el y antipatía. El grupo dominante tra-
Gimnasio dio los primeros pasos de su taba como extraño a todo aquel que
educación humanística y germinó su amor no se desvivía por congraciarse con
por los idiomas. Schmitt, que ya sabía él. Le imponía la elección de adap-
francés además del alemán, aprendió ahí tarse o excluirse. Así que permanecí
latín, griego, español e italiano. En 1907 afuera.5
llegó a Berlín para iniciar sus estudios
profesionales. Había querido estudiar fi- Schmitt, católico en tierra de evan-
lología, pero se decidió finalmente por las gelistas, latino entre prusianos, se perci-
leyes. Un tío lo había convencido de que bía como un forastero. Era un hombre
era una profesión más rentable. El en- bajito. No alcanzaba el 1,60 m. de estatu-
cuentro con la formidable universidad ra. Era un estudiante solitario, tímido y
berlinesa y la imponente ciudad fue, para callado. “Mi naturaleza –escribió ya vie-
él, desconcertante. Berlín era, en realidad, jo– es lenta, silenciosa y tranquila, como
la capital de sí misma, como escribiría un río quieto, como el valle de Moselle.”6
años después Joseph Roth. Una ciudad Desde ese valle francés del que provenía
poblada por las iglesias más horrorosas del la familia de su madre, desde la distan-
mundo; una ciudad sin sociedad que, sin cia, contempló la Primera Guerra. Nunca
embargo, ofrecía todo lo que una ciudad se encendió con el discurso nacionalista
puede tener: teatros, arte, bolsa, comer- de la ‘misión alemana.’ Se inscribió como
cios.4 Para el joven estudiante, la ciudad voluntario para la reserva de infantería,
habrá parecido un horroso y fascinante pero muy pronto alegó un fuerte dolor en
espectáculo de máquinas que convierten la espalda que lo alejó del campo de com-
a los hombres en hormigas. Schmitt, como bate. Sirvió al ejército alemán desde un
Roth unos años después, sentiría Berlín escritorio en Munich.
como un ominoso imperio tecnológico. Más que la guerra, lo conmocionó la
Quizá nunca lo abandonó la sensa- inestabilidad tras la derrota. La primera
ción de ser un forastero en la corazón de guerra, en cierto modo, lo había protegi-
su país. El sentimiento, que venía de le- do: desde la Comandancia General en
jos, lo acompañaría siempre. Munich redactó su ensayo sobre el roman-
ticismo político, desfilaba tranquilamen-
Yo era un muchacho oscuro de orí- te por las salas de universidades impar-
genes modestos. … Ni el grupo do- tiendo conferencias y se casaba por
minante ni la oposición me incluían
5 En Balakrishnan, p. 13.
6 Citado por Joseph W. Bendersky, Carl
4 Véase Joseph Roth, What I Saw. Reports Schmitt. Theorist for the Reich, Princeton
From Berlin 1920-1933. Norton, 2002. University Press, 1983, p. 5.
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primera vez. La paz de la derrota, en cam- más bien, se convertía en el Estado. Las
bio, lo angustió. Su prometedora carrera viejas fronteras entre lo social y lo esta-
como profesor de Derecho se había vuel- tal se diluían en esa fusión de pueblo y
to súbitamente incierta. La nueva repú- gobierno en movimiento. “Hemos crea-
blica pronto devino en caos. Schmitt pa- do un mito—dijo Mussolini tras el éxito
decía íntimamente el desconcierto de la de la Marcha—y el mito es una fe, un
política, recelaba de los violentos, temía noble entusiasmo que no necesita ser rea-
el contagio bolchevique: sintió miedo. lidad; constituye un impulso y una espe-
Quizá apareció en él la nostalgia por el ranza, fe y valor. Nuestro mito es la na-
periodo que acababa de terminar: la dis- ción, la gran nación que queremos
ciplina y la claridad que impone la gue- convertir en una realidad concreta.”7
rra parecerían preferibles a la turbulen- Mussolini fue el héroe de Carl
cia del desorden civil. Se acercó así a las Schmitt. A diferencia del dictador alemán,
instituciones de la nueva república, bus- Mussolini encarnaba una filosofía digna
cando alguna forma de inyectarles el prin- de ese nombre. O por lo menos eso era lo
cipio del orden. Entonces escribió su es- que pensaba Schmitt. Mussolini, el más
tudio sobre la dictadura, un alegato por vigoroso líder europeo tras la muerte de
los poderes extraordinarios que permiten Lenin, no fue para Schmitt un César de
reconstituir la paz. caricatura, sino un líder carismático que
Entonces aparece Mussolini. La Mar- movilizaba a una nación a través de la fe
cha sobre Roma sacudió al temeroso abo- política, pues eso, ni más ni menos, pre-
gado alemán. Desde esa jornada de octu- tendía ser el fascismo: no una doctrina
bre de 1922, el fascismo italiano ejerció sino una convicción que no acepta titu-
una atracción inmensa sobre él. Veía en beos. Años después logró entrevistarse
esa fuerza un potente movimiento que, al con el general de la cabeza rapada en el
mismo tiempo que salvaba a la burguesía Palazzo Venezia, el edificio del siglo XVI
de la amenaza comunista, lanzaba al Es- que albergó la embajada de la república
tado a la conquista del futuro. Ahí se abría veneciana, y que habría de convertirse en
la puerta de la historia por venir; el fas- el cuartel general del Estado fascista.
cismo contenía una nueva retórica, una Desde los balcones de ese palacio, Il Duce
nueva estética. En la marcha de los fas- pronunció sus discursos más famosos. El
cistas se deplegaba escénicamente el po- abogado quedó cautivado por el dictador.
der de la masa, la chispa motriz de un Hablaron de la eternidad del Estado y el
Estado original. Mussolini es el arrojo: carácter efímero del partido. La residen-
el diputado violento a quien pocos toman cia histórica de Hegel, le dijo Schmitt a
en serio, hace llamados al rey para impo- Mussolini, está aquí, en Roma. No está
ner el orden. Nada sucede. Entonces, tras en Moscú, ni en Berlín: está aquí en el
el silencio de la tradición, inunda las ca- Palazzo Venezia. Hegel, el sacralizador
lles de camisas negras y asume el control del Estado, vivía en la musculatura visio-
del Estado. Tras mostrar su poder, lo con- naria del dictador de la inmensa quijada.
quista. El viejo Estado, como un monu- Aquella conversación permanecería en la
mento de arena, se desmorona en un so- memoria de Schmitt como uno de los
plo. Nacía un mito seductor: un pueblo
en marcha, conducido por un caudillo
enérgico, se hacía del poder del Estado o, 7 Orestes, obra citada, p. 73.
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momentos de mayor placer intelectual en como la respuesta burguesa a la teoría


su vida, un encuentro inolvidable en cada marxista de la lucha de clases. En efecto,
uno de sus detalles. como Marx, Schmitt estaba convencido
En 1927 vio la luz el más polémico de que el conflicto era el motor de la his-
de los trabajos de Schmitt: El concepto toria, pero, a diferencia del filósofo ma-
de lo político. Siguiendo a Maquiavelo, terialista, no atribuía a la conflagración
Schmitt pretendía ver la política a los económica ningún privilegio sobre el paso
ojos, sin los rodeos del moralismo. Pocas de la historia. La historia, que no puede
líneas han recogido la sustancia bélica que librarse de la política, necesita la figura
anima la política como la que abre el se- del enemigo y el rumor de la guerra. Pero
gundo apartado de este ensayo: “La es- ese enemigo puede ser el enemigo de raza,
pecífica distinción política, a la cual es de tribu o de nación. Sugiere Jacques
posible referir las acciones y los motivos Derrida que esta idea fija de la enemistad
políticos es la distinción de amigo y ene- como raíz de lo político no proviene de
migo.”8 En el plano moral existe una dis- la fuerza sino del miedo: el miedo a la
tinción crucial: lo bueno y lo malo; en la política, la angustia del enemigo fantas-
estética hay una batalla entre lo bello y ma. En uno de sus cuadernos personales
lo feo; en lo económico se contrapone lo lo revela con toda nitidez:
rentable y lo improductivo. La política
aparece porque existe el antagonismo. Es Franz Kafka pudo haber escrito una
una faena que cohesiona alianzas que se novela: El enemigo. Entonces habría
disparan contra el rival. No se trata de sido claro que la indeterminación del
simple antipatía, de mero desacuerdo, de enemigo provoca angustia (no hay
una discrepancia ordinaria. La enemistad otro tipo de angustia, y es su esencia
que electriza la política es auténticamente el sentir un enemigo indeterminado);
dramática; es una oposición existencial, por contraste, es deber de la razón (y
no una simple metáfora de la discordan- en este sentido de la alta política) de-
cia. Brota la política cuando el conflicto terminar quién es el enemigo … y con
con el otro no puede ser resuelto a través esta determinación, la angustia termi-
de normas preestablecidas o a través de na y, si acaso, subsiste el miedo.9
la intervención de un árbitro imparcial.
La política aparece cuando el otro es iden- Un año después de la publicación de
tificado como la amenaza de mi propia su ensayo sobre lo político, Schmitt se
sobrevivencia. La posibilidad de la elimi- incorporó a la Universidad de Berlín. Ahí,
nación física –la muerte, para decirlo cla- en el corazón de la República de Weimar,
ramente– subyace a todo trato político. La fue testigo de la parálisis política, la de-
guerra no es el abismo en el que puede presión económica, el desempleo masivo,
caer la política; la guerra es el pozo del la violencia callejera. El pluralismo se
que brota, el pozo en el que nada, el pozo volvía paralítico. En esa atmósfera, el
del que nunca sale. profesor defiende la urgencia de instau-
El político socialdemócrata Ernst
Niekish leyó El concepto de lo político
9 Véase Jacques Derrida, Politics of Friend-
ship, Verso, Londres, 1997. La cita de Schmitt
8 En Orestes, obra citada, p. 177. se encuentra en Balakrishnan, p. 113.
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rar el imperio presidencial. Argumenta- co constitucional.10 Por eso lo alarmaba


ría que el imperativo político coincidía la victoria de Hitler. Pero pronto se dio
plenamente con el mandato constitucio- cuenta de que el nacionalsocialismo po-
nal. El presidente –no el tribunal supre- dría ser la solución a los principales pro-
mo como querían los liberales– debía ser blemas políticos del momento. Hitler es-
el verdadero defensor de la Constitución. taba decidido a decidir. Más aún: la fuerza
En tiempos de crisis, los razonamientos que acumulaba le otorgaba el poder de
de Schmitt parecían la balsa salvadora: el fundar. Carl Schmitt abraza entonces el
presidente debía romper el cerco parla- nuevo orden por una combinación de im-
mentario y asumir poderes dictatoriales. pulsos: la ambición y el oportunismo ha-
El Ejecutivo, sostenía, era la médula del brán jugado un papel importante. Pero tam-
Estado contemporáneo. El monopolio bién la certeza de que la cruda política
más importante de todos, el monopolio de llamaba a la amistad con el exitoso ene-
las armas le pertenece en exclusiva a él. migo del liberalismo.
Fue entonces que el maestro comenzó su No le fue difícil conectar sus ideas
compleja relación con el poder. Quienes con la propaganda del nuevo régimen.
desde los palacios gubernativos padecían Apenas se vio obligado a esconder algu-
la inmovilidad, se acercaron a buscar el nos de sus escritos periodísticos. Pero en
consejo del constitucionalista. realidad no tuvo que torcer sus escritos
Schmitt era un republicano antilibe- principales para colorearlos con la retó-
ral. Creía que la manera de salvar a la re- rica hitleriana. La noción bélica de la po-
pública amenazada era robusteciéndola lítica, el acento en la coacción ejecutiva,
con permisos, no disminuyéndola con li- la desconfianza en la deliberación parla-
mitaciones. Sostuvo además que los par- mentaria y la neutralidad judicial provie-
tidos anticonstitucionales debían ser pros- nen de sus escritos previos. En la era nazi,
critos. Pensando en los comunistas y los proyectó todas estas ideas para bosquejar
nazis sostuvo públicamente que no debían una nueva filosofía del derecho. La inser-
tener la oportunidad de destruir la repú- ción no deja de tener tintes sorprenden-
blica. El Estado no podría permanecer tes: Schmitt era católico, se había opues-
impasible ante los grupos que se organi- to públicamente a los nazis; era, bajo
zaban para destruirlo. La neutralidad fren- todos los criterios, un forastero. Pero ha-
te a los fanáticos sólo puede ser califica- bía formado un prestigio como un aboga-
da de suicida. do de ideas nuevas que desafiaban el viejo
Entonces se tropezó con Hitler. Las molde liberal. Por eso fue llamado a dis-
notas de su diario en la víspera del triun- cutir la ley que habría de legitimar la sub-
fo nazi lo muestran angustiado, amarga- ordinación de todas las instituciones polí-
do, triste. La república se apagaba y pa- ticas y sociales a los dictados del partido.
recía inevitable el triunfo de los furiosos. Poco tiempo después fue bautizado
Como señala su biógrafo más solvente, como el abogado de la corona. En efecto,
Schmitt habrá expresado ideas que como consejero de Estado, defendió to-
contrariaban el imperio estricto de la ley, dos los actos del nuevo régimen. Los ase-
pero nunca deseó el fracaso del orden
constitucional. Simpatizaba ciertamente
con la agenda de la extrema derecha, pero 10 Véase el capítulo 12 de la biografía de

imaginaba su realización dentro del mar- Balakrishnan.


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sinatos de la noche de los cuchillos lar- huida o el campo de concentración.


gos, ese sangriento bautismo del terror Schmitt volvía a sentir miedo. Se quedó
hitleriano, fueron apaludidos por Schmitt en Alemania hasta que cedió la ola de ata-
como dignas expresiones de justicia re- ques. Perdió sus privilegios en el partido
volucionaria. Revisó su edición de El con- pero ganó cierta tranquilidad. A partir de
cepto de lo político para eliminar sus re- entonces optó por el silencio. Nunca más
ferencias al marxismo y para incorporar pronunciaría una palabra sobre la políti-
el vocabulario reinante. De pronto, sus ca alemana. Se refugió en el campo del
textos se volvieron abiertamente antise- derecho internacional y se escondió en la
mitas. En el más abyecto de sus textos oscuridad hasta el último día de su vida.
ensalza a Hitler como el arquitecto de una En 1945, el ejército ruso tomó Ber-
nueva legalidad. En él viven todas las lín y arrestó a Carl Schmitt acusado de
experiencas de nuestra historia. Eso le da ser promotor de la masacre. Permaneció
la fuerza y el derecho para fundar un nue- en la cárcel cerca de dos años. Robert
vo orden. Los actos del jefe no están so- Kempner, un abogado que había emigra-
metidos a la justicia porque son la más do de Alemania, se encargó de interrogar-
alta justicia. Nadie mejor que él para fi- lo en Nuremberg. Le interesaba descubrir
jar el contenido y los alcances de su po- si existía alguna ligazón de complicidad
der.11 con los crímenes del nazismo.
Pero de poco le serviría tanta zala-
mería. En realidad nunca ocupó posición Schmitt: Eso siempre sucederá cuan-
relevante dentro del cuadro dirigente. Fue do alguien toma una postura en una
utilizado y desechado por el régimen nazi. situación como esa. Soy un aventu-
El ingenio jurídico de Schmitt se volvió rero intelectual.
prescindible muy pronto. Esa era otra
diferencia importante con el fascismo Kempner: ¿La aventura intelectual
italiano que cooptó y concitó a los in- está en su sangre?
telectuales de derecha. Además, los nacio-
nalsocialistas nunca lo aceptaron plena- Schmitt: Sí, y de esa forma los pensa-
mente. Era visto como una especie de mientos y las ideas emigran. Asumo
marrano, un inconfiable converso. Para el riesgo. Siempre he pagado mis cuen-
1934 empezaba a recibir críticas de los tas, nunca he sido un incumplidor.
más duros defensores del régimen. Se le
acusaba de ignorar los fundamentos bio- Kempner: ¿Y cuando lo que usted
lógicos de la política, de postular una idea llama la búsqueda del conocimiento
de nación incompatible con la comunidad termina en el asesinato de millones
racial defendida por Hitler.12 La estrella de personas?
del abogado de la corona empezaba a
menguar. Ahora era sospechoso, un apes- Schmitt: El cristianismo también ter-
tado. Un diario sintetizaba su opción: la minó en el asesinato de millones de
personas. Pero uno no lo entiende
hasta que lo ha vivido uno mismo.
11 El texto de Schmitt está recogido en la
compilación de Héctor Orestes Aguilar. Schmitt rehúye cualquier considera-
12 Véase la biografía de Bendersky, p. 222. ción moral sobre su conducta. Desde en-
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tonces se identifica con Benito Cereno, ¿Qué debo cantar? ¿El himno Pla-
el personaje central de una novela de su cebo?
admirado Melville. Cereno era el capitán ¿Debo abandonar los problemas para
de un barco que es tomado prisionero por envidiar a plantas y fieras?
unos esclavos que se rebelan. El capitán ¿Temblar en pánico en el círculo del
conduce la embarcación y es visto por los pánico?
demás como el guía. En realidad es un ¿Feliz como el mosquito que des-
rehén. Así se presenta Schmitt: inteligen- preocupado salta?13
cia secuestrada por la tiranía.
Años después escribiría Ex captivi-
tate salus, un poema autobiográfico. AMISTAD
Yo he experimentado del destino los
La vida de Carl Schmitt puede verse
golpes,
a través del cristal de una amistad. En
victorias y derrotas, revoluciones y
Ernst Jünger encontró a un compañero de
restauraciones,
viaje, un compañero de vida. Se conocie-
inflaciones, deflaciones, destructores
ron en 1930 en Berlín. Cuatro años des-
bombardeos,
pués se harían compadres. Al momento
difamaciones, cambios de régimen,
averías, de conocerse, cada uno era un personaje
hambres y fríos, campos y celdas. de la vida intelectual alemana. Schmitt no
A través de todo ello he penetrado solamente era una autoridad en el campo
y por todo ello he sido penetrado. de la jurisprudencia, sino que era también
el autor de ensayos polémicos sobre el
Yo he conocido los muchos modos romanticismo, los orígenes teológicos de
del Terror, los poderes de emergencia y la naturale-
el Terror de arriba, el Terror de abajo, za irremediablemente bélica de la políti-
ca. Jünger, siete años menor que Schmitt,
Terror en la tierra, en el aire Terror, era aún más famoso. No era un ensayista
provocador: era un héroe de guerra. Te-
Terror legal y extra legal Terror, nían muchas cosas en común. Ambos eran
pardo, rojo, y de los cheques Terror, aventureros y solitarios; compartían la
preocupación por el destino de Alemania,
y el perverso, a quien nadie osa nom- una fascinación por la guerra, los mitos y
brar. los libros. Pero Jünger no era devoto de
Yo los conozco todos y sé de sus ga- las bibliotecas, sino partidario de la in-
rras. tensidad vital que sólo ofrece el campo
... de la experiencia. Jünger había ingresa-
do al ejército en 1914 para participar en
Yo conozco las caras del Poder y del el frente de Francia. Fue herido catorce
Derecho,
los propagandistas y falsificadores
del régimen, 13 Ex Captivitate Salus, citado por Enri-
las negras listas con muchos nombres que Tierno Galván en Revista de Estudios Polí-
y las tarjetas de los perseguidores ticos, vol. xxxiv, año x, núm. 54, 1950.
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veces y recibió la orden “Al mérito”, por dos los vínculos. Un furor sin respe-
su valor en el campo de batalla. to ni barreras, sólo comparable a la
El libro que redactó al tiempo que violencia de la naturaleza. El hom-
combatía se convirtió en una de las cum- bre está ahí como la tormenta rugien-
bres de la literatura de guerra. Para André te, el mar que brama y el trueno que
Gide, sus Tempestades de acero es el li- muge. Allí está fundido en el todo,
bro de guerra más hermoso; un testimo- se estrella contra las oscuras puertas
nio inigualable por la perfección de su de la muerte como un tiro en el blan-
veracidad y honradez. co. Y las olas lo sepultan purpúreas:
Aunque sus retratos de guerra eran de modo que, ya hace tiempo, no le
admirados por los seguidores de Hitler y queda la conciencia del tránsito. Es
por el mismísimo líder, él rechazaba su como si una ola lo arrastrara de nue-
demagogia plebeya. Se cuenta que el vo al mar tempestuoso.15
mismísimo Goebbels le ofreció una dipu-
tación antes del triunfo de los nazis. Olas que nos arrastran al mar tem-
Jünger respondió desde las alturas de la pestuoso en el que se revela el hombre
aristocrática poética que un buen verso auténtico. Allí, en “la danza de las cuchi-
valía más que los votos de ochenta mil llas afiladas”, en el hilo que separa la vida
idiotas. En un tiempo glorificó la guerra de la muerte, se muestra el hombre y su
como una experiencia estética. Intuyó el sentido: la lucha. “¡El bautismo de fue-
totalitarismo, fue protegido de Hitler, go! El aire se cargaba de un caudal de
nunca creyó en la democracia liberal. La hombría tal que daban ganas de llorar sin
fascinación por la guerra lo unía a saber por qué.” El combatiente en las trin-
Schmitt. La guerra coloca al hombre fren- cheras está marcado por la angustia de la
te a la emoción del precipicio. Es la em- incertidumbre, por el rumor de su propia
briaguez de la situación límite, la huida muerte. La guerra lo ha regresado a los
del vacío, el abandono de la insoportable tiempos del origen en los que la vida cuel-
normalidad. “Crecidos en una era de se- ga entre desgracias. Cada hilo de aire que
guridad, sentíamos todos un anhelo de penetra en el cuerpo es un don divino, un
cosas insólitas, de peligro grande.”14 La regalo inmerecido que se goza como el
guerra proveería las cosas grandes, fuer- vino más exquisito. La guerra es para
tes, espléndidas. La guerra era un éxtasis Jünger, por lo menos éste Jünger de sus
comparable apenas al encantamiento del cuadernos juveniles, experiencia mística,
santo, el gran poeta y el amor: contacto con el absoluto que imprime sen-
tido a la existencia. Es también la más
El entusiasmo arrebata la hombría intensa experiencia estética. El fuego de
más allá de sí misma hasta que la la artillería es una danza salvaje, un baile
sangre salta hirviendo contra las de colores en el que las llamaradas se
membranas y el corazón se derrite en
espumas. Es una embriaguez que su-
pera a todas, liberación que salta to- 15 La guerra como experiencia interior,
citado por Christian Graf von Krockow, La de-
cisión. Un estudio sobre Ernst Jünger, Carl
14 Tempestades de acero, Madrid, Tus- Schmitt y Martin Heidegger, México, Ediciones
quets, 1993, p. 5. Cepcom, 2001.
2003] SILVA-HERZOG MARQUEZ: CARL SCHMITT. JURISPRUDENCIA… 19

entrelazan con nubes blancas, negras y Schmitt es inverso. Después de haber ase-
amarillas. Las detonaciones, escribe sorado al último gobierno constitucional
Jünger en alguna página de sus diarios, y haber expresado su desconfianza frente
recordaban el canto de los canarios. a los extremistas se volcó a respaldar al
Quizá sea cierto lo que dice Claudio nuevo régimen. Su posición frente a los
Magris sobre el trato de Jünger con lo te- judíos retrata la divergencia emocional o,
rrible. Hay una especie de ostentación quizá, moral de los compadres. En tiem-
complaciente de impasibilidad, de sangre pos de Weimar, Jünger estuvo muy cerca
fría.16 Lo cierto es que no trató de enfun- del antisemitismo radical, mientras el pro-
dar las desgracias del siglo en terciopelo. fesor Schmitt tenía buenas relaciones con
Uno de sus mayores orgullos fue su colec- colegas y discípulos judíos. Cuando Hitler
ción de escarabajos, en la que había cerca asume el poder, Jünger desprecia el ra-
de 50.000 especies. Tal vez el máximo cismo oficial, mientras que Schmitt pre-
homenaje que se le tributó fue bautizar a tende retratarse como un antisemita ejem-
una mariposa de Pakistán con su nombre: plar.
Trachydura Jüngeri. En el mundo infinito Ese cruce de camino hizo que el afec-
de los insectos, Jünger encontró una joye- to entre los compadres se nublara con
ría natural y fantástica. En los escaraba- desconfianza. Sin embargo, el hilo de su
jos, esos seres diminutos de piel acerada, conversación epistolar nunca se rompió.
encarna lo exquisito y lo monstruoso. El Jünger, que vio el error de la colabora-
sabio coleccionista de coleópteros se en- ción con los fascistas, encontraba, sin
cierra en su estudio, enfoca la mirada, se embargo, una erótica en la inteligencia de
detiene a observar lo que para otros es in- su amigo. Así lo registraba después de
visible o repugnante para anotar con todo conversar con él. En la entrada del 17 de
detalle lo que su ojo reporta. Los hombres julio de 1939 de su diario, anotó lo si-
y los insectos son atrapados de igual ma- guiente:
nera por el dardo exacto de su mirada.
Jünger coqueteó muy pronto con el Lo que en C(arl) S(chmitt) me ha lla-
nacionalsocialismo, pero al momento en mado desde siempre la atención es
que Hitler asumió el poder se distanció la buena factura y el orden de sus
de los nazis y se vinculó con círculos opo- pensamientos; producen la impresión
sitores. En 1933, cuando Kniébolo (el de un poder que está ahí presente, de
nombre que Hitler recibe en sus escritos) un poder presencial. Cuando bebe se
asumió el poder, se alejó de Berlín. Optó torna todavía más despierto, está sen-
por la “emboscadura.” Corrió al bosque tado inmóvil, con un tinte rojo en la
para proclamar su voluntad de depender cara, cual un ídolo. (...) Lo adorable
solamente de sí mismo.17 El recorrido de de Carl Schmitt, lo que incita a que-
rerlo, es que aún es capaz de asom-
brarse, pese a haber sobrepasado los
cincuenta. La mayoría de las perso-
16 Claudio Magris, “Venerable sí, grande
nas, y ello ocurre muy pronto en la
no”, El mundo, 18 de febrero de 1998.
17 “Mediante la emboscadura proclamaba vida, acoge un hecho nuevo tan sólo
el hombre su voluntad de depender de su propia en la medida en que guarda relación
fuerza y afirmars en ella sola.” La emboscadura, con su sistema o con sus intereses.
Tusquets, Barcelona, 1993, p. 80. Falta el gusto por los fenómenos en
20 REVISTA DE DERECHO [VOLUMEN XIV

sí mismos o por su diversidad –falta quier minucia constitucional parece de-


el eros con el que el espíritu acoge terminar el curso de la historia del hom-
una impresión nueva como se acoge bre. 19 Los textos de Schmitt, advierte
un grano de semilla.18 Sartori, nos dejan sin aliento.20
Por ello, el vocabulario schmittiano
Schmitt y Jünger estaban hermana- debe ser manejado con cautela. Más que
dos por otra fuerza: la intuición de la ca- un diccionario es una pinacoteca. La po-
tástrofe. ¿Habrá que abandonar los sue- lítica es la distinción de amigo y enemi-
ños del sosiego y aprender a dormir en el go. El soberano es quien decide en la ex-
lomo de la catástrofe? La calamidad es la cepción. La Constitución es decisión.
sombra que nos acompaña. Las luces de Democracia es identidad entre gobernan-
la modernidad, lejos de disiparla, la en- tes y gobernados. El liberalismo es anti-
negrecen. En el intenso intercambio epis- político. Como muestran estos cuadros,
tolar de los amigos hay una imagen que Schmitt no construye conceptos con los
aparece una y otra vez: el Titanic hundién- rigores de la lógica, dibuja imágenes con
dose en las aguas heladas. Es que el mie- la elocuencia de la metáfora. Los gran-
do, la pasión originaria de Hobbes, era des pintores, escribe Schmitt en su ensa-
para ambos el síntoma de su tiempo. En yo de 1942, no muestran solamente co-
el casco destrozado del Titanic chocan el sas bellas: expresan en cada momento la
progreso y el pánico, la comodidad y la conciencia espacial de la época: “el ver-
destrucción, la ingeniería y el desastre. dadero pintor es un hombre que ve las
Ahí vivimos. cosas y las personas mejor y con más
exactitud que los demás hombres, con
mayor exactitud sobre todo en el sentido
LA PUNZADA DE LA VAGUEDAD de la realidad histórica de su tiempo.”21
Eso quiere ser Carl Schmitt: el gran pin-
Cualquier acercamiento al pensa- tor de la política, la conciencia espacial
miento de Carl Schmitt debe comenzar de su época.
con una reflexión sobre su estilo. La pro- Me concentro en la primera imagen:
sa de Schmitt está muy lejos del acade- lo político. Este es, sin duda, el epicentro
micismo. Distante de la frialdad de su de la teoría política de Carl Schmitt. “La
maestro Weber, distante de la rigurosa distinción política específica, aquella a la
sequedad de Kelsen, su aborrecido ene- que pueden reconducirse todas las accio-
migo intelectual. La expresión no es un nes y motivos políticos, es la distinción
vehículo que transporta gratuitamente el
pensamiento. El estilo secuestra el razo-
namiento. Mejor: lo seduce. Y también 19 Stephen Holmes, The Anatomy of
envuelve al lector. La prosa febril de Antiliberalism, Cambridge, Harvard University
Schmitt, señala Stephen Holmes, impri- Press, 1993. El segundo capítulo de este intere-
me tal dramatismo a las palabras que cual- sante trabajo está dedicado a Carl Schmitt.
20 Giovanni Sartori, “Política,” Elementos
de teoría política, Madrid, Alianza Universidad
Textos, 1992, p. 220.
18 Ernst Jünger, Radiaciones. Diarios de 21 Carl Schmitt, Tierra y mar. Considera-
la Segunda Guerra Mundial, Tusquets, Barce- ciones sobre la historia universal, Madrid, 1952,
lona, 1995, pp. 56-57. pp. 71 y 72.
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de amigo y enemigo.”22 La oposición se mientos colosales nada hay más preciso


hace política cuando se intensifica. El que una palabra vaga.” 23 La precisión
conflicto se politiza cuando se convierte política de la vaguedad conceptual. Y es
en un antagonismo irreductible: cuando que Schmitt no entiende los conceptos
la aniquilación del enemigo es condición como tuercas del entendimiento sino
de sobrevivencia. Por ello lo político como dardos para la lucha. Más que pre-
engloba cualquier esfera de la vida hu- cisión, incisión. Todo concepto, escribe
mana, cuando escinde el mundo en ene- Schmitt, tiene un sentido polémico: nace
mistades asesinas. El contraste religioso frente a un antagonismo concreto. Las
o económico deviene político al caldear- palabras de la política no dicen nada si no
se, al mostrar la amenaza de la muerte fí- se comprende a quién combaten.24 De ahí
sica. Pero, como bien advierte Sartori con que valga la pena preguntar por el sentido
el rigor lógico que lo identifica, el argu- polémico de su imagen de lo político.
mento de Schmitt carece de prueba. Es Es obvio: lo político nace para refu-
un argumento circular: “que todo lo que tar lo antipolítico. Pero, ¿dónde está la
se reagrupa en amigo-enemigo es políti- antipolítica? En el liberalismo. La noción
co, que todo lo que no reagrupa de este schmittiana de lo político está atada a la
modo no lo es y que lo que es político furia antiliberal del alemán. El liberalis-
borra lo no político.” Schmitt busca asir mo, según Schmitt, ignora la política. Se
la esencia de lo político. Pero no va muy refugia en la ética y la economía. Bajo el
lejos. Empuja las cosas a tal punto que la horizonte liberal no hay enemigos ni de-
mitad de la cosa es expulsada de la pala- cisiones: hay socios, conciliación; quizá
bra que quiere nombrarla. Sigue Sartori: competidores. Es el reino de los mecanis-
Schmitt habla solamente de la “política mos impersonales: la ley, el mercado, la
caliente,” pero ignora la “política tranqui- discusión. La justicia es expresada por
la.” Frente a la dimensión conflictual de reglas generales, el precio es determina-
la política se levanta la no menos impor- do libremente por la competencia, la ver-
tante dimensión del consenso. Maquiave- dad se alumbra en el debate libre. Pero
lo, que también gustaba de las metáforas no hay conflictos irreductibles ni decisio-
y los mitos, hablaba del centauro de la nes duras: es la negación de la política.
política: mitad bestia, mitad hombre. Y Donde José Ortega y Gasset encuentra la
Gramsci, que lo leyó, acentuaba la ten- generosidad del liberalismo (la determi-
sión entre fuerza y consenso, dictadura y nación de vivir con el enemigo), Schmitt
hegemonía. ve cobardía, vacuidad.
Cuestionable en términos lógicos y Aquí valdría la pena abordar el vín-
metodológicos, la evocación schmittiana culo entre Carl Schmitt y Thomas
es eficaz. Schmitt lo sabe bien. En Ro-
manticismo político cita al poeta italiano
Giovanni Papini: “Cuando nos preocupan 23 Papini, El crepúsculo de los filósofos,
los fenómenos a gran escala y los movi- citado en Political Romanticism, Massachusetts,
MIT Press, 1986. p. 7.
24 Citado por Rune Slagstad, “Liberal
Constitutionalism and its critics: Carl Schmitt
22 Cito de la edición de El concepto de lo
and Max Weber,” en John Elster y Rune Slagstad,
político de Alianza Editorial, versión de Rafael Constitutionalism and Democracy, Cambridge
Agapito, Madrid, 1991, p. 56. University Press, 1993, p. 11.
22 REVISTA DE DERECHO [VOLUMEN XIV

Hobbes. Schmitt ha sido llamado “el do a la muerte: es la instancia que exige


Hobbes del siglo XX.” La equivalencia es el sacrificio. Bien ha descrito estos im-
excesiva. En el pesimismo antropológico, pulsos opuestos uno de los más agudos
en el protagonismo del miedo como im- lectores de Schmitt, Leo Strauss: “Mien-
pulso central de la política, en su recla- tras Hobbes, en un mundo iliberal, ela-
mo por la conformación de un poder sin bora la fundamentación del liberalismo,
restricciones, en su decisionismo, los dos Schmitt realiza en un mundo liberal la crí-
pensadores se acercan. Schmitt se refirió tica del liberalismo.”25
siempre con gran admiración del autor del El antiliberalismo de Schmitt es, se-
Leviatán. Schmitt, a fin de cuentas, se gún él mismo, democrático. La democra-
siente personalmente identificado con la cia marcha triunfalmente. Y el realismo
leyenda de Hobbes. Nos cubrirá la mis- se impone. La democracia, sostiene
ma sombra, vaticina. El terror une los Schmitt, es esencialmente antiliberal.
destinos de Schmitt y Hobbes. El ácido Nuestro autor insiste en el antagonismo:
del miedo está presente en ambas tintas. la democracia es identidad entre gober-
Pero hay muchas dimensiones teóricas nantes y gobernados. Supone, necesaria-
que los separan. Si es cierto que ambos mente, homogeneidad. “El poder políti-
ven el problema político desde la óptica co de una democracia estriba en saber
del poder y articulan razonamientos para eliminar o alejar lo extraño y desigual, lo
edificar una fuerza imponente, es cierto que amenaza la homogeneidad.” La de-
también que lo hacen con propósitos dia- mocracia excluye lo ajeno, el liberalismo
metralmente opuestos. Thomas Hobbes pretende conciliarlo: hay pues una con-
alimenta a su monstruo estatal con el pro- tradicción insuperable en su profundidad
pósito de que asegure la paz. Carl Schmitt, “entre la conciencia liberal del individuo
por el contrario, busca un Estado que mi- y la homogeneidad democrática.” 26 La
litarice la sociedad. En la teoría hobbe- noción schmittiana de la democracia es
siana se alimenta la esperanza de que el claramente antiliberal, antipluralista, an-
Estado serene la política, que el conflicto ticonstitucional. Una noción rousseaunia-
se congele en la soberanía estatal; en la na, pues. Carl Schmitt, ¿el Rousseau del
teoría schmittiana se combate apasiona- siglo XX?
damente la posibilidad de que esa tran- Al escribir en 1923 su ensayo sobre
quilidad se realice. En términos schmittia- el parlamentarismo, Schmitt argumenta
nos, Hobbes es el más antipolítico de los que el gobierno representativo está heri-
teóricos de la política, un absolutista con do de muerte. Se ha vuelto una máscara.
fibras liberales. El mundo sin conflicto es Sus fundamentos intelectuales –la delibe-
para Hobbes el mundo necesario para el ración pública y el equilibrio de poderes–
florecimiento de la vida, el comercio, la no corresponden con la realidad. El par-
ciencia, el arte: el requisito de la civili- lamentarismo moderno no termina con el
zación. El mundo sin conflicto es para
Schmitt un mundo sin sentido, una feria
25 El análisis de Strauss de la obra de
de diversiones, un mundo sin seriedad. La
Schmitt puede leerse en Heinrich Meier, Carl
paz es necesaria para la sobrevivencia,
Schmitt and Leo Strauss. The Hidden Dialogue,
dice Hobbes; la guerra es necesaria para The University of Chicago Press, 1995.
la existencia verdadera, respondería 26 Carl Schmitt, Sobre el parlamentaris-
Schmitt. El Estado para Schmitt da senti- mo, Madrid, Tecnos, 1990, p. 22.
2003] SILVA-HERZOG MARQUEZ: CARL SCHMITT. JURISPRUDENCIA… 23

secreto ni logra dispersar el poder. Im- de Schmitt se encuentra en el pensamien-


pide perversamente la identidad entre to del escritor extremeño Donoso Cortés.
gobierno y sociedad. Por ello, la única Cortés fue uno de los autores predilectos
forma de reconstituir un régimen demo- del abogado alemán. A un lado de la pla-
crático es purgarlo de sus rasgos libera- taforma filosófica de Hobbes, los apasio-
les. Prensa libre, voto secreto, organiza- nados discursos y ensayos de Donoso
ción de la oposición, autonomía de los Cortés aparecen como el estrado desde el
grupos sociales son bacilos liberales que que se alza el razonamiento de Schmitt.
destruyen la “unidad emocional” de la de- Cortés es también un pensador de emer-
mocracia. La dictadura es el auténtico ve- gencia que denuncia el fracaso de los
hículo de la unidad popular. Su expresión ideales ilustrados. En la decisión, no en
es la voluntad del Pueblo expresada en la el cálculo ni en la norma se funda el po-
aclamación. Así, no hay grito más demo- der. De ahí que la norma ha de subordi-
crático que el “Todos somos el Duce” del narse al imperativo de la voluntad reso-
fascismo italiano. Identidad plena. Por lutiva. “Las leyes se han hecho para las
ello el fascismo, el bolchevismo, el cesa- sociedades, y no las sociedades para las
rismo son ciertamente antiliberales, pero leyes, digo: la sociedad en todas las cir-
no antidemocráticos. Todo lo contrario. cunstancias, la sociedad en todas las oca-
El existencialismo político de Schmitt siones. Cuando la legalidad basta para
es también hondamente anticonstitucio- salvar a la sociedad, la legalidad; cuando
nal. El autor de Teoría de la Constitución no basta, la dictadura.” Ante el descon-
estuvo fascinado siempre por lo excepcio- cierto, no existe alternativa frente a la dic-
nal, lo no organizado, lo irregular. El te- tadura. Apenas una elección de dictadu-
rritorio ordinario de la política es la cri- ras: “Se trata de escoger entre la dictadura
sis. No puede aspirarse a la domesticación que viene de abajo y la dictadura que vie-
de la política. Ésta no puede someterse ne de arriba: yo escojo la que viene de
nunca a reglas fijas. El piso es la anorma- arriba, porque viene de regiones más lim-
lidad. Este embrujo de lo excepcional se pias y serenas; se trata de escoger, por
advierte en su idea de la soberanía, pero, último, entre la dictadura del puñal y la
sobre todo, en su idea del derecho y el dictadura del sable: yo escojo la dictadu-
Estado. ra del sable, porque es más noble.” El pro-
Según Schmitt, no es posible ni de- pio parlamentario extremeño anticipaba
seable ordenar la sociedad de acuerdo a la porosa noción de constitucionalidad
reglas generales. La ley es aplicable en la que defendería el efímero abogado del
normalidad. Pero en política la normali- nazismo. La Constitución debe albergar
dad no es normal. De ahí el situacionismo la posibilidad de su infracción. El gran
jurídico de Schmitt. Se impone la necesi-
dad de decidir para el caso concreto de
acuerdo a las necesidades del momento. ¿Derecho sin reglas? Los principios filosóficos
Medidas concretas antes que leyes gene- de la teoría del estado y del Derecho de Carl
rales.27 El fundamento del decisionismo Schmitt, México, Distribuciones Fontamara, SA.,
Biblioteca de ética, filosofía del derecho y polí-
tica, 1991, y el de Germán Gómez Orfanel, Ex-
cepción y normalidad en el pensamiento de Carl
27
Sobre la filosofía jurídica de Schmitt Schmitt, Madrid, Centro de Estudios Constitu-
puede consultarse el libro de Matthias Kaufmann cionales, 1986.
24 REVISTA DE DERECHO [VOLUMEN XIV

maestro de la constitucionalidad quebran- labras niega la posibilidad de domesticar


tada es Dios. En el mismo discurso sobre jurídicamente el poder. Nuestro autor lle-
la dictadura, Donoso Cortés sostiene que ga a elevar el imperativo político al ran-
el Creador gobierna constitucionalmente go de fuente del Derecho constitucional.29
y “algunas veces directa, clara y explíci- La salvación del Estado estará siempre
tamente manifiesta su voluntad soberana por encima de los recatos procedimen-
quebrantando esas leyes que Él mismo se tales.
impuso y torciendo el curso natural de las La politización constitucional no tar-
cosas. Y bien, señores –concluye dirigién- da en desnaturalizar el dispositivo. Para-
dose a las Cortes–, cuando obra así, ¿no dójicamente, la Constitución politizada se
podría decirse, si el lenguaje humano pu- desarma, es decir, se despolitiza. Schmitt,
diera aplicarse a las cosas divinas, que que se consideró ante todo jurista, ha lo-
obra dictatorialmente?”28 grado construir una jurisprudencia para
El decisionismo de Schmitt conduce la ilegalidad.30
directamente a un entendimiento antinor- El territorio de la política es, para
mativo de la Constitución. Schmitt no Schmitt, irremediablemente indomable.
puede aceptar que los materiales de la No cabe la regulación porque el suelo
Constitución sean esencialmente jurídi- nunca es firme. La política es una alfom-
cos. La Constitución es decisión política, bra de erupciones. El estado es goberna-
no norma. Por ello, según Schmitt, el po- do por lo imprevisible, lo irregulable. Por
sitivismo practica una especie de fetichis- ello no encontraremos en su obra ningún
mo constitucional. Adora la cosa sin en- esfuerzo por construir principios de in-
tender su contenido. Para superar esta geniería constitucional. En su visión, no
limitación hay que escudriñar el verda- hay forma de levantar estructuras consti-
dero cuerpo constitucional, es decir, la de- tucionales firmes cuando el piso de la
cisión política. Schmitt rompe así con el política nunca se asienta. Si la política es
principio básico del pensamiento consti- siempre una sustancia escurridiza, el Es-
tucional: el sometimiento del poder al tado no puede vertebrarse con reglas. Pen-
Derecho, la limitación del poder, la des- sar de otra manera es vivir feliz como el
personalización del poder. En pocas pa- mosquito que despreocupado salta.

29 Como lo plantea Germán Gómez Orfanel


en el libro citado arriba. Ignacio de Otto, en su
Derecho Constitucional, Sistema de fuentes, Bar-
celona, Ariel, 1991, argumenta que la variedad
de conceptos de Constitución que desarrolla
Schmitt es tan amplia y desorientadora que “sólo
puede explicarse como resultado del intento
consciente de negar la supremacía de la Consti-
tución misma.” El pintor ya no dibuja imágenes:
echa humo.
30 En una entrevista para una revista ita-
liana publicada en 1983, Carl Schmitt declara-
28 Donoso Cortés, Discurso sobre la dic- ba: “Me siento jurista al cien por ciento y nada
tadura, p. 9. más.” Quaderni Costituzionali, a. III, num. 1.