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El Sol

Forma el núcleo de la personalidad. La posición que él ocupa en el momento del nacimiento del individuo
determina el índice de comportamiento básico que será complementado y modificado por la posición de los
otros planetas.
Mercurio
Este planeta, (el más cercano al sol) astrológicamente ocupa el lugar más próximo al Yo en sus dos
manifestaciones: activa y sensible, De hecho corresponde a los primeros contactos del Yo con el mundo
exterior, o sea al inicio de una actividad cerebral. Saliendo de la niebla confusa de los primeros días de vida, el
recién nacido comienza a percibir imágenes, formas, sonidos, colores. En los aún estrechos límites de sus
posibilidades, observa, registra y actúa en consecuencia.
Venus
Segundo planeta en el orden de la distancia respecto al Sol, Venus corresponde a los primeros contactos
afectivos del Yo con el mundo exterior, es decir, el inicio de una adaptación social.
La Tierra
La Tierra es nuestro planeta y el único habitado. Está situado en la ecosfera, un espacio que rodea al Sol y
que tiene las condiciones adecuadas para que exista vida.
Marte
Marte, tercer planeta respecto a la distancia del Sol, representa el tercer estadio del desarrollo humano: después
de haber tomado contacto intelectual y afectivo con el mundo exterior, el niño intenta formar parte de él con una
acción directa. La acción protectora y educadora de los adultos asume un carácter restrictivo de la personalidad
y determina, al mismo tiempo, la agresividad y la frustración.
Jupiter
La influencia de Júpiter, como la de Saturno, que le sigue inmediatamente, es más compleja que la influencia
de los planetas rápidos, y tiene un carácter de resumen. Júpiter expresa la posibilidad de inserción feliz en la
existencia, y una carga vital orientada hacia el optimismo. Esta carga vital puede aplicarse indiferentemente a
un temperamento agresivo-marciano o afectivo-venusiano o perceptivo-mercuriano, orientándolo hacia una feliz
aplicación de sus características intrínsecas.
Saturno
Junto a la fuerza expansivo-optimista de Júpiter encontramos la fuerza restrictivo-pesimista de Saturno. La
confianza hacia el ambiente circundante se une a la desconfianza, ambas condiciones indispensables para
garantizar la vida.
Urano
Urano es el último de los planetas que puede realizar la vuelta completa del Zodíaco en el curso de la vida
humana. Se representa, por tanto, como un anillo de unión entre el tiempo a la medida del hombre y los tiempos
muy prolongados, de ritmo histórico, marcados por Neptuno y Plutón.
Neptuno
Neptuno es el principio regulador y memorizador de metamorfosis porque corresponde al líquido amniótico y
tiene, por lo tanto, la función de proteger la vida intrauterina donde el feto recorre todo el camino evolutivo de
la especie.