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Cerca del área 51 interesan más los

ovnis que las elecciones


En un país en el que una de cada dos personas (52%) cree
en la existencia de vida extraterrestre inteligente, en la aldea
donde se estudia la cuestión de los ovnis se toma muy en
serio. A dos horas de Las Vegas, Rachel ("80 humanos, pero
¿cuántos extraterrestres?", como indica el cartel a la entrada
del pueblo) es el centro neurálgico de los fenómenos
vinculados a la ufología. El motivo es simple: no lejos de allí,
cerca de la Extraterrestrial Highway, se encuentra el área 51,
una base militar casi secreta, origen de las teorías más
descabelladas.

Apoyado sobre el mostrador del único restaurante-motel en


kilómetros a la redonda, Ed hace una mueca. "Me lo creeré
cuando los vea", afirma este viejo cowboy. Justo al lado, un
turista chino se emociona: "¡Acabo de ver uno, mirad!". En el
modesto Diner los clientes compran camisetas de Roswell y
multitud de muñecos verdes de plástico, mientras que las
fotocopias amarillentas del supuesto extraterrestre decoran
las paredes. Se hace difícil distinguir entre mito y realidad.
Donald, el camarero, dice que ve y escucha fenómenos
extraños.

Los dos hombres discuten de política sin mucha convicción.


"Para votar hay que viajar 150 kilómetros; no pienso ir. No va
a cambiarme la vida", explica Donald. "No estoy inscrito en
las listas", responde Ed, veterano de Vietnam. "Pero si John
Wayne se presentara seguro que votaría".
Papá, hay un monstruo en mi
armario
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≈2 minutos de lectura.
Escrito en inglés por VITDstories. La traducción al español pertenece a esta
página.

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Me desperté sintiendo una presencia parada a un lado de mi cama, sacándome de


mi sueño a sacudidas. Era mi hijo, y eran las 2:38 de la madrugada.

—Papá, hay algo en mi armario. Estoy asustado.

Mi esposa rodó a nuestro lado ante el sonido de su voz.

—¿Eh? ¿Qué pasa, cariño? —dijo, medio dormida.

—Un monstruo de armario, aparentemente —contesté.

—Ah, eso es nuevo —dijo mi esposa—. Ven aquí, cariño. Tu papá lo irá a revisar.
Ven a sentarte en la cama a un lado de mami.

Me levanté de la cama lentamente y me estiré. Mi hijo se deslizó bajo las cobijas, a


un lado de mi esposa, y vi que ella se volvió a dormir. Le dije:

—¿Segura que no quieres venir? Puede que se nos necesite a ambos para derrotar
a la cosa.

—Nah, tú puedes, bebé. Creo en ti —dijo con una sonrisa de complicidad—. Y si no


regresas… pues, fuiste un muy buen esposo.

Me reí y me dirigí afuera de la habitación. La alcoba de mi hijo estaba en el lado


opuesto de la casa, así que tuve que subir las escaleras y me fui acercando de poco
en poco. La puerta de su habitación estaba completamente abierta, pero la puerta
del armario, la cual podía ser vista desde el pasillo, estaba cerrada.

A unos dos metros de distancia de la entrada, en verdad comencé a escuchar algo


desde el armario: un zumbido intermitente. Ralenticé mi paso un poco. Mi primer
pensamiento fue que quizá era una tableta o algún otro dispositivo bajo una pila de
ropa, que reproducía algún tipo de sonido ruidoso una y otra vez. Sea que lo fuera
o no, fui precavido y recogí un bate que se encontraba a un lado del tocador de mi
hijo. Con el bate en mano y luego de un respiro hondo para tranquilizarme, agarré
la perilla y la giré.

Conforme la puerta se abría, me di cuenta de que al menos tuve razón sobre el


sonido. Había un montón de ropa apilada en una esquina, y el ruido, ahora mucho
más pleno con la puerta abierta, emanaba de ahí.

La ropa se estaba moviendo ligeramente mientras el ruido timbrada. Con la puerta


abierta, podía discernir que era una voz humana. Un niño. Presioné el bate con la
fuerza de nudillos blancos y empecé a jalar la ropa de la pila, a pesar de que el
miedo y el sudor brotaban de mí.

Entonces vi la fuente, pero… era imposible…

Era mi hijo. Atado y con una mordaza en su boca. Las lágrimas se derramaban por
su rostro, rostro que estaba rojo como tomate.

Le saqué la mordaza enseguida. Dio un respiro hondo, y luego gritó:

—¡¡¡Quiere a mamá!!!

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