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Clase no7 La propuesta aristotélica de Martha Nussbaum

No toda propuesta contemporánea de la virtud defiende posiciones anti-ilustradas como la que


encontramos en A. MacIntyre. Hoy dedicaremos la clase a estudiar la posición de la filósofa
norteamericana Martha Nussbaum, experta en filosofía clásica, en filosofía de género y en
ética. Esta autora propone una lectura universalista de la teoría de la virtud de Aristóteles,
despegada de las tradiciones y prácticas locales.
Su propuesta se enmarca en el contexto más amplio de reivindicación de las éticas de la
virtud que se inició en la década del 80 del siglo pasado como respuesta a las falencias que
presentarían tanto las teorías deontológicas como el utilitarismo. Las principales objeciones
a los modelos filokantianos son las siguientes:

Le otorgan un rol dominante, exclusivo, al papel que desempeña la razón en la


motivación y en el juicio morales; esto no implica que el remedio se encuentre en
adherir a un antirracionalismo como el que suele achacársele a Hume.
Suponen un concepto idealizado de razón que no se ajusta a la realidad humana.
El desconocimiento o desprecio del papel de las emociones y los deseos en la
motivación moral.
El abuso de los principios, por ejemplo: “Nadie, en mi lugar, debe hacer x”; “Toda
norma válida debería ser aceptada por todos los involucrados en un discurso
práctico”, y el descuido de los contextos particulares, que son las situaciones en las
que debemos decidir.
Suponen un agente moral pobre, (esto es, sólo se tiene en cuenta la capacidad de
formular juicios imparciales a partir de una supuesta capacidad universal de la
racionalidad práctica) e idealizado (se supone que cuando obramos moralmente
dejamos de lado todo interés personal, todo afecto).

Al utilitarismo:
Una concepción pobre del bien, reducida al placer/utilidad . Esto lo comprenderemos
mejor cuando consideremos el utilitarismo, pero podemos adelantar que esta corriente
reduce el concepto de bien exclusivamente a intereses o deseos. En cambio, los
defensores de la ética de la virtud suelen marcar la pluralidad y sustantividad de los
bienes; el problema entonces, será cómo armonizarlos y con ello se relaciona la virtud.
Una concepción estrecha de la razón, que sólo delibera sobre los medios más eficaces
para alcanzar el fin último, que es la mayor felicidad (entendida como la satisfacción de
intereses y deseos) para el mayor número de personas.
Una idea pobre del agente reducida a la búsqueda placer.

Aunque los teóricos de la virtud no conforman un grupo homogéneo, comparten ciertos


rasgos que podemos notar tanto en la propuesta de MacIntyre como en la de M.Nussbaum.
Algunos de estos rasgos les resultarán familiares porque están presentes en la ética de
Aristóteles.

Prestar atención al agente moral, a sus cualidades morales, y no meramente a la


acción y a la elección. Si sólo nos atenemos a las consecuencias de las acciones,
como hace el utilitarismo, podemos juzgar como correcta o moral una acción que
tuvo buenas consecuencias pero que fue motivada por intereses puramente egoístas.
Ejemplos frecuentes, las acciones que despliegan muchos políticos cuando están en
campaña electoral. Por lo tanto, los teóricos de la virtud están interesados en
recuperar la idea de intencionalidad de Aristóteles- idea que volveremos a encontrar
en la ética de Kant. Es importante conocer qué motiva la elección, si es deliberada,
reflexiva o no, qué fue lo determinó a actuar a una persona.
Se valoran las emociones y los deseos del agente. La psicología moral gana
presencia. En este aspecto, las preguntas que se plantean varios teóricos de la virtud,
entre ellos Nussbaum, son: ¿las emociones tienen intencionalidad, son permeables a
la razón o no? ¿Puede la razón modificar las emociones?
La revalorización, también apelando a Aristóteles, del razonamiento contextual,
sobre todo en el campo de la ética aplicada, fundamentalmente en la bioética, como
crítica a las falencias de las propuestas principistas. En esta disciplina no parece ser
de mucha utilidad contar con principios que deberían guiar las acciones de los
médicos y del personal de la salud cuando deben tomarse decisiones que afectan la
salud y muchas veces la vida del paciente.
La característica plural de los bienes. Tener en cuenta un agente moral no
idealizado, más de carne y hueso, conduce a juzgar su calidad moral en una vida
completa y no en situaciones aisladas (como bien lo enseñó Hume). Por ello cobra
importancia el tema del bien y se plantea el problema del conflicto entre los bienes
y la posibilidad o no de elección racional entre ellos. Volviéndose a Aristóteles,
Nussbaum presta atención a la deliberación y admite la posibilidad de elección
racional entre los bienes que pudieran estar en conflicto.

En lo que sigue me centraré en el artículo “”Virtudes no relativas: un enfoque


aristotélico”, en el que la autora propone una teoría ética de carácter universal, esto es,
aplicable a toda persona independientemente de la sociedad de la que forme parte. La idea
central es que la teoría aristotélica de la virtud bosqueja una concepción objetiva de bien
humano. Esto significa que, a juicio de la autora, el catálogo de las virtudes que propone
Aristóteles no depende de tradiciones y prácticas locales sino de rasgos humanos que están
presentes en todas las culturas pasadas y presentes; por ello desempeña una función
normativa y crítica en relación con el statu-quo.
El punto de partida de su pensamiento es que existe un concepto de bien humano común a
toda práctica; en esto coincide con Aristóteles: lo primero es definir en qué consiste el bien
humano. A fin de evitar una caída en el perfeccionismo -existe un único bien humano y un
único modo de vida capaz de alcanzarlo, esto es, una vida virtuosa- pero también a fin de
evitar el relativismo y el subjetivismo, Nussbaum propone una concepción densa y vaga”
del bien. Ella es la que deberá guiar tanto la acción política para lograr instituciones justas,
como las acciones individuales virtuosas. El resultado es una teoría del bien que posee
cinco características, a saber, es normativa, densa, vaga, no-metafísica y universalista.
Es una teoría normativa porque tiene el propósito de guiar las acciones políticas en busca
de la justicia social, por una parte, y, por la otra, cumplir la función crítica respecto de la
evaluación del status quo. Es densa porque se pregunta por los fines y por forma general de
la vida humana. A la vez, es vaga porque reconoce la posibilidad de alcanzar los fines de
distintas maneras. Es no-metafísica porque parte de la experiencia de los seres humanos
en tanto sujetos históricos. Esta experiencia enseña que, a pesar de las diferencias, existen
rasgos comunes, presentes en toda época y lugar, que permiten identificar una vida humana,
y sobre los cuales existe un consenso generalizado entre las distintas disciplinas. Estos
rasgos son recogidos por la autora en las esferas de experiencia. Finalmente, es
universalista porque esta idea del bien puede ser compartida por cualquier persona, cultura
o religión.
El primer paso es, entonces, identificar las esferas de experiencia dentro de las que
transcurre toda vida humana. Las esferas de experiencia y las virtudes con ellas vinculadas
son las siguientes:

Esferas de experiencia virtudes


1.Temor a daños importantes, en valentía
particular, la muerte
2.Apetitos y placeres corporales moderación
3.Distribución de recursos limitados justicia
4.Manejo de la propiedad personal en generosidad
relación con los otros
5.manejo de la propiedad personal en hospitalidad
relación con la hospitalidad
6. actitudes respecto de la propia valía Grandeza de alma
7. actitud ante prejuicios y menosprecios Carácter bondadoso
8. la asociación y la vida en común, la Veracidad, afabilidad
relación entre palabras y acciones
9. actitud respecto a la buena y mala Buen juicio
fortuna de los otros
10. la vida intelectual Virtudes intelectuales

11. Planificación de la propia vida sabiduría práctica

A su modo de ver, cuando Aristóteles presenta cada virtud lo hace aislando una esfera de la
experiencia humana presente en todas las personas y dentro de la cual todo ser humano
tendrá que hacer algunas elecciones y actuar de determinada manera en vez de otra. La
manera correcta de actuar en cada esfera es la virtuosa. Por ejemplo: la valentía se
corresponde con el temor a daños importantes, en especial, la muerte; la moderación se
relaciona con los apetitos y los placeres corporales; la justicia, con la distribución de
recursos limitados; la vida intelectual con las virtudes intelectuales; la sabiduría práctica
con la planificación de la propia vida; la liberalidad o generosidad, con la propiedad
personal en relación con los demás; la magnanimidad, con el juicio respecto al propio valor,
etc. La idea es que, viva donde viva uno, esas virtudes están referidas a esferas invariantes:
todos tenemos alguna actitud respecto a nuestra propia muerte, a nuestra propiedad, a
nuestros apetitos corporales, a la distribución de los bienes, y esa actitud tiene, digamos, un
exceso, un defecto y un término medio. En suma, Nussbaum pretende presentar un
bosquejo para una moralidad humana objetiva basada en la idea de acción virtuosa,
entendida como el funcionamiento adecuado en cada esfera. Verdad es que –la propia
autora lo advierte- aun cuando admitamos que las esferas de experiencia son objetivas, ello
no significa que pueda inferirse un contenido invariable para cada virtud. En efecto, la
actitud respecto a la propia valía es diametralmente opuesta en la Grecia clásica que en el
cristianismo, también varía la actitud frente a la muerte y podría pensarse en otros
ejemplos. Pero esto, más que un problema, puede considerarse, a ojos de la autora, un
beneficio, en tanto permite diseñar una concepción de bien humano flexible y aplicable a
distintos contextos. La idea es que estas esferas de experiencias la comparten las personas
de modo universal y que hay un modo virtuoso de comportarse en cada una de ellas, esto
es, de elegir bien y actuar bien, independientemente de los rasgos particulares que
adquieran las virtudes en cada sociedad. En otras palabras, se trata de tener un
comportamiento adecuado en cada esfera de experiencia.

Cada quien tiene alguna actitud, y una conducta correspondiente, respecto a su muerte, a
sus apetitos corporales y la forma en que los maneja, a su propiedad y a su uso, a la
distribución de los bienes sociales, a decir la verdad, a ser amable don los otros, a cultivar
el sentido del juego y el disfrute, etc. Sin importar dónde viva uno, no puede escapar a
estas cuestiones, en tanto viva una vida humana. Pero esto entonces significa que la
conducta de uno cae, independientemente de lo que se desee, dentro de la esfera de la
virtud aristotélica en cada caso. ]Si no es correcto, es incorrecto, pero no puede estar
fuera del “mapa”. /…/ La definición débi o “nominal” de la virtud será, en cada caso,
aquello en lo que consiste estar dispuesto a elegir y responder bien, en esa esfera.

Nussbaum enfatiza que el enfoque aristotélico brinda una imagen general y abierta de la
vida humana, de sus posibilidades y necesidades, pero teniendo muy en cuenta los
contextos históricos y culturales; pese a ello se trata de reconocer que, a pesar de las
diferencias culturales específicas, las experiencias de las personas que viven en otras
culturas son similares a las nuestras. Esto permite dibujar una concepción del bien humano
que es abierta.

Prof. Graciela Vidiella