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Marco teórico extractivismo.

Para comenzar a hablar sobre la raíz principal de la dependencia del modelo extractivista
de los países del tercer mundo especialmente latinoamericanos, es necesario hacer
mención de lo que algunos autores llaman como la crisis de acumulación capitalista, que
obliga al sistema a la búsqueda de nuevos escenarios de expansión y nuevas formas de
explotación. Dicha crisis se manifiesta principalmente en la disminución de la tasa de
ganancia, la cual cedió su ritmo de crecimiento desde el año 2010. A su vez la crisis se
manifiesta en la forma en la que los estados latinoamericanos presentan graves
dificultades económicas enmarcadas también en las bajas tasas de crecimiento e
inversión, la creciente deuda externa que los obligan a estar a la sombra de una nueva
recesión.

Las dificultades también se vieron agudizadas debido a la caída en el precio internacional


del petróleo a finales del 2014, lo anterior incidió negativamente en los ingresos
provenientes de las exportaciones y a su vez generó una serie de tensiones a la macro
estabilidad, con motivo de controlar la tasa de cambio y a su vez a partir del factor
inflacionario asociado a la dependencia extractiva, se logró implementar una política de
mayor aliciente al capital extranjero.

En este escenario de crisis se presenta una baja de los precios de venta de los commodities,
la cual ocasiona por un lado una búsqueda más exhaustiva de materias primas y por otro
lado, un modelo extractivista arrasador que empalma con formas de extracción nocivas
con el medio ambiente tales como el fracking. Lo anterior fomenta la dependencia de los
países del tercer mundo a la explotación intensiva y a la venta de sus recursos naturales a
un bajo costo. Además, a su vez acrecienta el control de los países desarrollados,
trasnacionales y multinacionales frente a las materias primas en el territorio
latinoamericano. En resumen, lo que se pretende frente a las medidas exhaustivas tanto
por acentuar la explotación como la de la conservación de la naturaleza, giran en torno
al manejo y la tramitación de la crisis por la que atraviesa el sistema capitalista, en donde
el modelo extractivo determina el papel de los países latinoamericanos en la división
internacional del trabajo.

Para el caso latinoamericano, la dependencia al modelo extractivo se manifiesta en todo


el continente, citando algunos casos como Bolivia en donde para el 2013 más del 80%
de sus ingresos provenían de hidrocarburos (petróleo y gas) en un 45%, minerales en un
38%, agricultura principalmente de soya, madera y quinua en un 12% y manufactura en
un 1%. Lo anterior es muestra de que las materias primas relacionadas con el petróleo y
la agricultura son una parte fundamental de las economías latinoamericanas ya que en el
2013 ocuparon el 53.9% de sus exportaciones totales. Además, de acuerdo con cifras de
la Organización Mundial del Comercio (OMC), para el 2013 también se logran ubicar
alrededor de 375.717 millones de dólares, el doble de lo que estos países registraron en
ventas de manifacturas al exterior, alrededor de 194.403 millones de dólares.

Contrastado con el 2013, en el año 2004 el porcentaje de venta de materias primas al


extranjero para los países latinoamericanos fue de 49.4 %, lo anterior es prueba por un
lado del crecimiento de la explotación y exportación de materia primas y por otro, de la
baja de los precios de estos commodities; generando así un proceso de estancamiento en
las economías latinoamericanas, prueba de ello es que en el periodo de 2005 a 2014 la
tasa de crecimiento anual en las ventas externas de la región, fue de tan solo el 1.6% y el
sector de los recursos energéticos fue el que mayor caída contrajo con un 43.6% registrado
por el Banco Mundial.

Lo anterior ha ocasionado una intensificación en la implementación de la extracción de


los recursos naturales siete veces más grande que hace cien años, lo cual implica que los
recursos naturales se han convertido en una necesidad para solventar la crisis, esto no solo
se ve reflejado en el interés por obtener el control de los territorios ricos en recursos
naturales; desplegando toda una expansión de las fronteras extractivas y una
territorialización supranacional que conduce a la expulsión de comunidades, sino que
también existe desde el 2000, una preocupación por proteger dichas riquezas naturales
con motivo de extender el desarrollo del modelo extractivista. Por lo tanto salen a la luz
las iniciativas aparentemente altruistas de multinacionales y trasnacionales tales como la
implementación de tecnologías limpias, el apoyo a organizaciones ambientales y a
campañas en apoyo a la protección de algunas especies, ecosistemas y contra el cambio
climático.

Es importante aclarar que “para nuestros pueblos y territorios existe una memoria larga
del extractivismo” (Prada, 2003, citado en Seoane, 2012: 3). El continente americano ha
sido epicentro del saqueo por más de 500 años, desde la conquista y la colonia se ha
explotado y extraído materias primas para el sostenimiento de imperios y la consecución
y consolidación del capitalismo.
A su vez José Seoane (2012:3) menciona que existe otra memoria del extractivismo y es
la que se constituye durante el siglo XIX y se extiende hasta la primera mitad del XX con
las “repúblicas oligárquicas” en dónde se presenta el fin del poder colonial, pero se
configura un poder de las clases altas en las nacientes repúblicas, por supuesto, esto no
supondría la separación e independencia del mercado mundial y del capitalismo, por lo
contrario se continuo con el modelo extractivo ahora administrado por otra sector de la
sociedad.

Para 1929 los países latinoamericanos se acercaron a la posibilidad de un desarrollo


industrial incipiente a partir de la configuración de proyectos extractivos llevados a cabo
tanto por las elites locales como por algunas trasnacionales, esto se dio de cara a enfrentar
la crisis económica. Dichos proyecto estuvieron profundamente marcados por la
concepción desarrollista existente en los años 60’s en donde la industrialización estuvo
bajo el control local oligárquico y trasnacional.

Colombia es uno de los países más ricos en biodiversidad del mundo 5% y sin embargo
su territorio y su riqueza le ha condenado al poseer la “maldición de la abundancia”
(Acosta, 2013, p.1). (Exportaciones de Colombia). Es tan dependiente del modelo
extractivo que se ha convertido en un país, que no ejerce potestad ni crítica frente al
mismo, todo lo contrario, los gobiernos históricamente han dado cada vez más cabida a
las inversiones extranjeras creyendo que con estas el país tendría una mejor economía,
creyendo también de alguna forma en la economía del goteo o de filtración es decir, en
que el gran flujo de capital va a llegar de alguna forma a todos los sectores de la sociedad,
sin embargo esto se contrasta con las condiciones reales presentes en la extrema riqueza
y la extrema pobreza, ésta última no debería tener razón de ser, en un país con gran
cantidad en recursos naturales.

Además, el extractivismo es una actividad que aporta a la construcción de mentalidades


rentistas de países pobres, en donde se depende especialmente de las materia primas y en
dónde no se lleva a cabo una producción y trasformación de las materias primas en una
escala nacional. Por el contrario se tiene mayor interés en la venta de nuestras riquezas
naturales en el mercado global y por las cuales nos hemos disputado entre países
latinoamericanos por ofrecer, apuesta que poco a poco pasa cuenta de cobro con el
deterioro ambiental. Diversos problemas ambientales ilustran la estrecha asociación con
el extractivismo o con emprendimientos complementarios a éste (Gudynas, 2011, p.383)
Para ahondar un poco en ésta categoría, es preciso abordar al economista y político
ecuatoriano Alberto Acosta, para quien el extractivismo se considera como el conjunto
de actividades que remueven grandes volúmenes de recursos naturales que no son
procesados in situ. O lo son, pero limitadamente. (Acosta, 2013, p.2) Y que
posteriormente corresponden a las demandas de los centros metropolitanos, con un
desarrollo más avanzado del sistema capitalista, esto quiere decir que el extractivismo
posibilita una riqueza exuberante que no se distribuye en la población de la cual procede,
continua su paso hasta llegar a las ciudades más avanzadas, por ende éste no es un regalo
para quienes soportan las actividades extractivas, es un saqueo al territorio en el cual las
poblaciones se acentúan.

El extractivismo también se ha catalogado como un modelo de acumulación de riqueza


que tiene comienzos hace más de 500 años y hoy en día sigue vigente. (Acosta, 2013,
p.3), Aquellos países que fueron saqueados en la colonia, hoy en día sigue siendo
saqueados en condiciones diferentes. Los países en los cuales se desarrolla el
extractivismo, son a la vez países capitalistas, que se encuentran dentro de los países más
pobres del mundo y en los cuales no se ha desarrollado una diversificación de la
economía, son países que le apuestan al capitalismo como modelo a pesar de las
desventajadas abismales que presenta la economía global, inclusive, gobiernos que se
declaran de izquierda, no transforman las dinámicas extractivas sino que posibilitan una
”mejor relación” desarrollando un capitalismo de estado. La relación entre extractivismo
y capitalismo la presentan los siguiente autores, “el extractivismo y la lógica extractivista
están en la médula del modelo económico, “ya que se recurre a los medios para “extraer”
de la naturaleza componentes esenciales para el equilibrio de la misma: agua, nutrientes
del suelo, hidrocarburos, energía, biomasa, entre otros. Dicha extracción está determinada
por criterios de explotación y no de aprovechamiento; está orientada a acumular capital,
es decir, a satisfacer el principal objetivo del sistema capitalista”. (Avendaño y Navas,
2014, p.18; 19).

En consideración a lo anterior, el extractivismo también puede considerarse como una


forma de territorialización macabra, llevada a cabo con el fin de acumular riqueza, ya
que posibilita un flujo masivo de capital cercano a los sectores más empobrecidos y a
veces llenos de miseria. Muestra de ello es que en los lugares en donde hay mayor
aglutinación de actividades extractivas, son a la par, lugares estigmatizados y que
“también están en el centro de muchos conflictos sociales, desplazamiento de
comunidades locales (especialmente pueblos indígenas), violencia y criminalidad en
zonas rurales, y por si fuera poco, hay muchas denuncias de corrupción” (Gudynas, 2011,
p.386). Ésta forma de obtención de recursos de algunos países como Colombia, nos han
costado catástrofes sociales y ambientales que han dado a luz luchas justas contra algunas
formas de saqueo en las que se presenta el extractivismo, algunas de estas luchas más
politizadas que otras pero que están allí en el territorio en el cual se presentan las
principales contradicciones.

Sin embargo, y ya para finalizar, como ya se ha mencionado anteriormente, el


extractivismo está inmerso en la médula del sistema económico capitalista, por ende la
forma con la cual se puede acabar el extractivismo es a partir de la consolidación de otro
sistema económico, es decir, no se puede pretender erradicar todos los males y rezagos
del extractivismo desde un modelo capitalista pues éste hace parte de él. Es a partir de
una trasformación estructural que se puede acabar con el modelo capitalista y por ende
con el extractivismo.