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LA TUTELA

JURISDICCIONAL
EFECTIVA
Y el debido proceso en la jurisprudencia del Tribunal Constitucional

Autor: Raúl Martínez De la cruz


Estudia Derecho en la Universidad Nacional Pedro Ruiz Gallo
A la mejor aula de la Facultad
de Derecho, del Cuarto año
“A” [ 2017]

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Autor: RAÚL MARTÍNEZ DE LA CRUZ, Estudia derecho en la universidad Nacional Pedro Ruiz
Gallo, Facultad de Derecho.
ÍNDICE
I. INTRODUCCIÓN ................................................................................................. 1
II. LA TUTELA JURISDICCIONAL EFECTIVA, ANTECEDENTES: ..................................... 2
III. DIFERENCIAS ENTRE DEBIDO PROCESO Y TUTELA JURISDICCIONAL EFECTIVA. .. 3
3.1. TUTELA JURISDICIONAL EFECTIVA ......................................................................... 3
3.2. TUTELA PROCESAL EFECTIVA ................................................................................. 3
IV. LA TUTELA PROCESAL EFECTIVA: ..................................................................... 4
V. LA TUTELA JURISDICCIONAL EFECTIVA EN LA CONSTITUCIÓN PERUANA .............. 5
5.1. ASPECTOS DEL CONTENIDO A LA TUTELA JURISDICCIONAL EFECTIVA ..................... 6
5.1.1. EL ACCESO A LA JUSTICIA ................................................................................................... 6
5.1.2. AL DERECHO A DEFENSA Y LA OBTENCIÓN DE UNA SENTENCIA EN UN PLAZO
RAZONALBLE ...................................................................................................................................... 13
5.1.2.1. DERECHO A LA DEFENSA ............................................................................................. 13
5.1.2.2. DERECHO A LA OPTENCIÓN DE UNA SENTENCIA EN UN PLAZO RAZONABLE ............. 18
5.1.2.2.1. ELEMENTOS PARA EVALUAR SI EL PLAZO RAZANABLE ......................................... 19
a) Carácter y complejidad del proceso ............................................................................ 20
b) Conducta procesal del supuesto afectado................................................................... 20
c) Comportamiento de las autoridades judiciales ........................................................... 21
DOCTRINA Y LA JURISPRUDENCIA UNIVERSAL SOBRE EL PLAZO RAZONABLE ................. 23
5.1.3. DERECHO A LA EJECUSIÓN DE LAS SENTENCIAS .............................................................. 25

VI. CONCLUSIONES ............................................................................................ 29


VII. BIBLIGRAFÍA ................................................................................................. 30

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Autor: RAÚL MARTÍNEZ DE LA CRUZ, Estudia derecho en la universidad Nacional Pedro Ruiz
Gallo, Facultad de Derecho.
I. INTRODUCCIÓN

La administración de justicia resulta de gran magnitud debido a


la relevancia e importancia que tiene sobre todo porque su
base está en solucionar conflictos de los seres humanos
conflictivos. Tal así que en un primer momento los conflictos se
solucionaban por los propios sujetos, después ante la necesidad
de establecer una solución pacífica, se recurre a un tercero
imparcial; y, con la evolución del Derecho procesal el Estado
entra a tallar como un tercero imparcial y titular de la
jurisdicción. Si la jurisdicción es el poder- deber, poder por que
el Estado es el llamado a solucionar los conflictos y es un deber,
porque el Estado no puede abstraerse de solucionar los
conflictos que se suscitan dentro de sus confines territoriales o,
en algunos casos aplicando norma de manera temporal o
espacial.
Ahora bien, la tutela jurisdiccional efectiva en un Estado
constitucional de derecho se presenta como concretización de
otros valores como la justicia, la igualdad, la verdad y la libertad.
Si bien el termino efectiva no está reconocida de manera
explícita en la constitución, peroy esto no es óbice para su
reconocimiento, toda vez que, si la tutela jurisdiccional sólo
consistiría en el acceso a la justicia, derecho a la defensa, el
derecho a un pronunciamiento en un plazo razonable, solo sería
una ilusión si no se pudiera concretizar que las decisiones sean
ejecutadas. Esto es con la finalidad de satisfacer a los
justiciables en busca de la paz social en justicia. Ahora bien la
tutela jurisdiccional comprende al derecho a un plazo
razonable, pero tal derecho es materia de conflicto en diversos
tipos de procesos ya sean penales, civiles, y otros afines.
II. LA TUTELA JURISDICCIONAL EFECTIVA, ANTECEDENTES:
El término tutela jurisdiccional(judicial) efectiva al parecer
tiene su origen en el Derecho Español con el artículo n.° 241 de
la Constitución de 1978, por ser la norma que dio nacimiento y
difusión a esta institución2 de mucha importancia actualmente
en el Derecho procesal, no obstante PEYRANO citando a Rafael
ORTIZ señala que la locución preñada de significados, <<tutela
judicial efectiva>>, no nació con la promulgación del siempre
citado artículo n.° 24 de la Constitución Española de 1978 ni con
la sanción del artículo n.° 8 de la Convención Americana sobre
Derechos Humanos, sino con la redacción del artículo n.° 243 de
la Constitución Italiana de 1947 y con la confección de los
artículos 19.44 y 103. 1 de la Ley fundamental de Bonn de 1949.
La tutela jurisdiccional efectiva es un derecho humano
constitucional, derecho fundamental, derecho humano (y no
un mero derecho procesal) que en un proceso le corresponde
al que pretende (actor, demandante, etc.) y al pretendido
(demandado, emplazado, reo, etc.). se hace efectivo el
otorgamiento de la tutela jurisdiccional cuando el Estado
resuelve un conflicto de intereses a través del proceso, esta
decisión debe ser el resultado de la concesión de garantías
mínimas para las partes, consideramos que al momento de
resolver el conflicto de intereses y dar la oportunidad para la

1
1. Todas las personas tienen derecho a obtener la tutela efectiva de los jueces y tribunales. l ejercicio de
sus derechos e intereses legítimos, sin que, en ningún caso, pueda producirse indefensión. 2. Asimismo,
todos tienen derecho al juez ordinario predeterminado por ley, a la defensa y a la asistencia de letrado, a
ser informados de la acusación formulada contra ellos, a un proceso público sin dilaciones indebidas y con
todas las garantías, a utilizar los medios de prueba pertinentes para su defensa, a no declarar contra sí
mismos, a no confesarse culpable ya la presunción de inocencia. La ley regula los casos en que, por razones
de parentesco o de secreto profesional, no se estará obligado a declarar sobre hechos presuntamente
delictivos.
2
GÓMEZ DE LIAÑO Y PÉREZ- CRUZ MARTÍN, han señalado sobre el particular que a finales de los años
sesenta y a lo largo de la década de los sesenta del s. XX, fundamentalmente, se consolidó, dentro de la
dogmática española, una corriente de opinión favorable, al renacimiento constitucional del derecho a la
jurisdicción (ALMAGRO NOSETE). Citado por MARTIN HURTADO, Reyes, p. 37.
3
Artículo 24. De la Constitución Italiana: Todos pueden accionar en juicio para tutelar sus propios derechos
y sus legítimos intereses. La defensa es un derecho inviolable en cualquier estado o grado del
procedimiento.
4
Artículo 19.4 de la ley fundamental de Bon señala: Toda persona cuyos derechos sean vulnerables por el
poder público podrá recurrir a la vía judicial. Sino hubiera otra jurisdicción competente para conocer del
recurso, la vía será la de los tribunales ordinarios.

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ejecución de la resolución final, es cuando el Estado convierte
es tutela jurídica en efectiva.
La efectividad de la tutela que otorgue el Estado, es una de
las aristas que generan la razón de ser de las misma, pues sin el
otorgamiento de tutela que refleje su efectividad, será
simplemente una tutela que refleje su efectividad, será
simplemente una tutela desconectada con los fines del
proceso; acorde con Francisco Chamorro, esta efectividad
tiene cuatro grados; el primero, está referido a la garantía de los
ciudadanos de obtener respuesta del órgano jurisdiccional; la
segunda, vinculada a la garantía que el órgano jurisdiccional
resuelva el problema planteada; el tercero, garantía de
resolución del problema planteada con razonamiento y cifrada
en el ordenamiento jurídico; la cuarta, cifra la posibilidad de que
la decisión tomada, sea ejecutable.5
Según el pensamiento de Couture la tutela judicial
efectiva constituye la satisfacción efectiva de los fines del
Derecho, la realización de la paz social mediante la plena
vigencia de las normas jurídicas (…).6

III. DIFERENCIAS ENTRE DEBIDO PROCESO Y TUTELA


JURISDICCIONAL EFECTIVA.
3.1. TUTELA JURISDICIONAL EFECTIVA
Tiene origen en Europa continental véase parte I tutela
jurisdiccional efectiva. en dicho contexto se entiende que éste
constituye fundamentalmente que el derecho de todo
justiciable a acceder a los tribunales para intentar ver
atendida(s) su(s) pretensiones(s), a lo cual se le suma el
cumplimiento de un conjunto de elementos reputados como
indispensables para el desarrollo adecuado de aquel proceso.
Sólo se aplica en ámbitos jurisdiccionales.
3.2. TUTELA PROCESAL EFECTIVA
Tiene su origen en el law of The Land (Ley de la Tierra) de la
carta Magna de 1215 o en los charters o acuerdos por escrito

5
HURTADO REYES, p. 42.
6
HEREDIA MENDOZA, Madeleine, Naturaleza Procesal de la Acción de Amparo. Lima, cultural Cuzco S.A.
editores, 1995, p.7. citado en RUBIO CORREA, Marcial, Estudio de la constitución Política de 1993, Tomo
V, Lima: Fondo editorial Pontificia Universidad Católica del Perú, 1999, p. 63.

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concedidos por la corona inglesa a aquellos que asumían
lobares de colonización bajo su amparo.
Se aplica en ámbitos del ius privatum e ius publicum.

IV. LA TUTELA PROCESAL EFECTIVA:


El artículo 4 del Código Procesal Constitucional define la
tutela procesal efectiva como:
“aquella situación jurídica de una persona en la que se
respetan de modo enunciativo su derechos de libre acceso al
órgano jurisdiccional, a probar, de defensa, al contradictorio e
igualdad sustancial en el proceso, a no ser desviado de la
jurisdicción predeterminada no sometida a procedimientos
distintos de los previstos por ley, a la obtención de una resolución
fundada en derecho, a acceder a los medios impugnatorios
regulados, a la imposibilidad de revivir procesos fenecidos, a la
actuación adecuada y temporalmente oportuna de las
resoluciones judiciales y a la observancia del principio de
legalidad en el proceso penal”7
La tutela procesal efectiva presenta una doble dimensión:
Formal, referida a las garantías del procedimiento; y sustantiva
o sustancial, referida al análisis de razonabilidad y
proporcionalidad de la medida impuesta. Se trata, pues, de un
derecho complejo que contiene otros diversos derechos como
el derecho al acceso la justicia y el debido proceso.8
(…)el derecho a la tutela judicial procesal efectiva y el
debido proceso buscan garantizar que las pretensiones de los
justiciables sean atendidas por un órgano jurisdiccional
mediante un proceso dotado de un conjunto de garantías
mínimas, las cuales no se limitan a los derecho fundamentales
reconocidos de manera expresa en la Constitución, sino que se
extienden a aquellos derechos que se funden en la dignidad
humana ( artículo 3 de la constitución), o que sean esenciales
para cumplir con la finalidad del proceso.9

7
EXP. N° 5396-2005-AA/TC, Fj. 8. Ibidem, p.58.
8
LANDA ARROYO, César, El derecho al debido Proceso en la Jurisprudencia: corte suprema de Justicia de
la República del Perú, Tribunal Constitucional del Perú, Corte Interamericana de Derechos Humanos, Vol.
I, Lima: Academia de la MAGISTRATURA.2012, pp. 58-59.
9
Ídem, p. 59.

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V. LA TUTELA JURISDICCIONAL EFECTIVA EN LA
CONSTITUCIÓN PERUANA
Debemos sostener que “El estado constitucional de
derecho se nutre, más allá de la ley, a partir de la realización
de una macro garantía constitucional denominada: tutela
judicial efectiva, por medio de la cual se integran valores
como la justicia, la igualdad, la verdad y la libertad.”10 La
tutela jurisdiccional en el ordenamiento jurídico peruano está
reconocida en el artículo 139 inciso 3 de la constitución. Este
derecho (…) apunta a lo abstracto, al postulado, cual es
alcanzar una solución justa; (…)11
Reconocida también en el “(…) Capítulo VIII, Título IV del
Poder Judicial. “(…) la tutela judicial efectiva es un uno de los
derechos fundamentales de las personas que se encuentra
íntimamente vinculado con su posibilidad de acceder a la
justicia y preservar su libertad”12
En el mismo sentido el Tribunal constitucional establece
que:
“El derecho a la tutela jurisdiccional efectiva reconocido13
en el artículo 139, inciso 3 de la Constitución, implica que
cuando una persona pretenda la defensa de sus derechos o
intereses legítimos, ella deba de ser entendida por un órgano
jurisdiccional mediante un proceso dotado de un conjunto
de garantías mínimas”14
Más aún si la misma “(…) norma suprema (…) garantiza al
justiciable, ante su pedido de tutela, el deber del órgano
jurisdiccional de observar el debido proceso y de impartir

10
RAMÍREZ CARVAJAL, Diana María, “Tutela judicial efectiva: El reto de la justicia de pequeñas causas” en
Revista de la maestría En derecho procesal, Vol. 7, n.° 1, enero-Julio 2017. ISSN 2072-7996, p. 20.
11
Ídem, p. 239.
12
BERNARDIS, Luis Marcelo. La garantía procesal del debido proceso. Biblioteca Universitaria de Derecho
Procesal, Cultural Cuzco, Lima, 1995, p. 412. Citado por el Juan Carlos Ruiz Molleda en: Actualidad Jurídica.
Tomo 204, Gaceta Jurídica, Lima, noviembre de 2010, pp. 15-25. Citado por: ROEL ALVA, Luis Andrés,
Derecho de acceso a la justicia (en un país multicultural), EL DEBIDO PROCESO: Estudios sobre derecho y
garantías procesales, coordinador: Juan Manuel Sosa Saccio, Lima: edit. Gaceta jurídica, 2010, p. 59.
13
Agregado mío.
14
Exp. N° 0004- 2006-AI, 29/ 03 06, P, Fj. 22

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justicia dentro de los estándares mínimos establecidos por los
instrumentos internacionales”15
Según el tribunal constitucional este derecho comprende
una vertiente subjetiva que:
“(…) supone, en términos generales, un derecho a favor
de toda persona de acceder de manera directa o a través
de representante ante los órganos judiciales; de ejercer sin
ninguna interferencia los recursos y medios de defensa que
franquea la ley; de obtener una decisión razonablemente
fundada en derecho; y, finalmente, de exigir la plena
ejecución de la resolución de fondo obtenida”16
5.1. ASPECTOS DEL CONTENIDO A LA TUTELA JURISDICCIONAL
EFECTIVA
De lo anterior se puede matizar que, “[E]l derecho a la tutela
jurisdiccional alcanza sus efectos en tres momentos: primero,
con el acceso a la justicia; segundo, con el derecho a la
defensa y a la obtención de una sentencia en un plazo
oportuno, y; tercero, con la eficacia de la sentencia”17.
De los señalado pasamos a desarrollar sus criterios
imprescindibles de la tutela jurisdiccional, para que este sea
efectivo dentro de un estado donde se respeten los derechos
fundamentales.
5.1.1. EL ACCESO A LA JUSTICIA
Si bien el acceso a la justicia no ha sido reconocido de
manera expresa en la constitución de 1993, pero ello no es óbice
para su reconocimiento como un derecho fundamental, puesto
que, es un derecho contenido en el derecho a la tutela
jurisdiccional, como así lo ha establecido el tribunal
constitucional:
“[E]l derecho de acceso a la justicia es un componente
esencial del derecho a la tutela jurisdiccional reconocido
en el inciso 3 del artículo 139 de la Constitución. Dicho
derecho no ha sido expresamente enunciado en la Carta

15
Exp. N° 3789-2005-HC, 09/ 11/ 05, P, FJ. 12
16
Exp. N° 4080-2004-AC, 28/01/05, S2, FJ. 14
17
LANDA ARROYO, César, El derecho al debido Proceso en la Jurisprudencia: corte suprema de Justicia de
la República del Perú, Tribunal Constitucional del Perú, Corte Interamericana de Derechos Humanos, Vol.
I, Lima: Academia de la MAGISTRATURA.2012, p. 58.

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de 1993, pero ello no significa que carezca del mismo
rango, pues se trata de un contenido implícito de un
derecho expreso”18
El acceso a la justicia en sentido de lo anterior es un derecho
fundamental implícito, es un atributo subjetivo por el cual el
ciudadano puede acudir a un órgano jurisdiccional para que,
este le atienda y solucione su conflicto jurídico según el caso.
Lo mencionado anteriormente concuerda con lo
pronunciado por el Tribunal constitucional en su sentencia
Expediente n.° 0015-2005-AI, donde señala que:
“El derecho a la tutela jurisdiccional es un atributo subjetivo
que comprende una serie de derechos, entre los que
destacan el acceso a la justicia, es decir, el derecho de
cualquier persona de promover la actividad jurisdiccional
del Estado, sin que se le obstruya, impida o disuada
irrazonablemente; (…)” 19
El derecho de acceso a la justicia no quiere decir que solo se
permita acceder al órgano jurisdiccional, sino que también
tiene que respetarse de manera estricta su contenido
constitucional, según el TC:
“[S]u contenido protegido [del derecho al acceso a la
justicia] no se agota en garantizar el “derecho al proceso”,
entendido como facultad de excitar la actividad
jurisdiccional del Estado y de gozar de determinadas
garantías procesales en el transcurso de él, sino también
garantiza que el proceso iniciado se desarrolle como un
procedimiento de tutela idóneo para asegurar la plena
satisfacción de los intereses accionados”20
Que el procedimiento sea Idóneo debe entenderse que el
proceso sea susceptible de proteger de manera rápida y eficaz
el derecho que necesita de tutela. Y que se le brinde al
ciudadano los recursos adecuados y efectivos. Según la Corte
Interamericana de Derechos Humanos en el Caso Velásquez

18
Exp. n.° 0010-2001-AI, 26/08/03, P, FJ. 10
19
Exp. n.° 0015-2005-AI, 05/01/06, P, FJ. 16
20
Exp. n.° 0010-2001-AI, 26/08/03, P, FJ. 10

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Rodríguez C. Vs Honduras, Sentencia de Fondo, 29 de julio de
1988, por recursos adecuados debe entenderse:
“Que sean adecuados significa que la función esos
recursos, dentro del sistema de Derecho interno, sea
idónea para proteger la situación jurídica infringida. En
todos los ordenamientos internos existen múltiples recursos,
pero no todos son aplicables en todas las circunstancias.
Si, en un caso específico, el recurso no es adecuado, es
obvio que no hay que agotarlo. Así lo indica el principio de
que toda norma está encaminada a producir un efecto y
no puede interpretarse en el sentido de que no produzca
ninguno o su resultado sea manifiestamente absurdo o
irrazonable.21
En la misma sentencia la Corte IDH establece por recursos
efectivos debe entenderse:
“Un recurso debe ser, además de eficaz, es decir, capaz
de producir el resultado para el que ha sido concebido.22
El órgano jurisdiccional en efecto debe proteger los derechos
fundamentales, no obstante, si bien la jurisdicción en un primer
momento es un monopolio del estado, según lo dispuesto en el
artículo 139 de la constitución, donde reconoce
excepcionalmente la jurisdicción militar y la arbitral23. El
reconocimiento excepcional no quiere decir que, el estado le
otorgue una total aplicación discrecional de las normas ya sea
militar o arbitral24, sino que, estos tienen que solucionar conflictos
dentro de los márgenes constitucionales donde primen y se
respeten los derechos fundamentales.

21
Corte, IDH, Caso Velásquez Rodríguez c. Vs Honduras, Sentencia de Fondo, 29 de julio de 1988, párr.64.
22
Ídem, párr. 66.
23
excepcional esto según el inciso 1 del artículo 139 de la constitución, donde reconoce la unidad y
exclusividad de la función jurisdiccional. Pero también establece que, no existe ni puede establecerse
jurisdicción alguna independientemente, con excepción de la militar y arbitral.
24
Aquí en este proceso tienen que respetarse los derechos fundamentales y sobre todo la supremacía de
la constitución toda vez que esta jurisdicción excepcional tiene una doble dimensión como así lo establece
el TC: [E]l proceso arbitral tiene una doble dimensión pues, aunque es fundamentalmente subjetivo ya
que su fin es proteger los intereses de las partes, también tiene una dimensión objetiva, definida por el
respeto a la supremacía normativa de la Constitución, dispuesta por el artículo 51 de la Carta Magna;
ambas dimensiones, (subjetiva y objetiva) son interdependientes y es necesario modularlas en la norma
legal y/o jurisprudencia (Exp. n.° 6167-2005, 08/07/05, P, FJ. 11, PV.)

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El acceso a la justicia no quiere decir que, todas las
pretensiones planteadas sean atendibles y obligatoriamente se
obligue al órgano jurisdiccional a pronunciarse sino que las
denuncias o demandas tienen que cumplir con ciertos requisitos
para que el órgano jurisdiccional, pueda pronunciarse, en tal
sentido el órgano jurisdiccional se va a pronunciar en unos
admitiendo la demanda o en otros declarando inadmisible o
improcedente según sea el caso en concreto, en el mismo
sentido de la enunciado se ha manifestado el tribunal
constitucional en el Expediente n.º 0763-2005-AA/TC:
[C]uando el ordenamiento reconoce el derecho de todo
justiciable de poder acceder a la jurisdicción, como
manifestación de la tutela judicial efectiva, no quiere ello
decir que la judicatura, prima facie, se sienta en la
obligación de estimar favorablemente toda pretensión
formulada, sino que simplemente, sienta la obligación de
acogerla y brindarle una sensata como razonada
ponderación en torno a su procedencia o legitimidad. No
es, pues, que el resultado favorable esté asegurado con
solo tentarse un petitorio a través de la demanda, sino tan
solo la posibilidad de que el órgano encargado de la
administración de Justicia pueda hacer del mismo un
elemento de análisis con miras a la expedición de un
pronunciamiento cualquiera que sea su resultado. En
dicho contexto, queda claro que si, a contrario sensu de lo
señalado, la judicatura no asume la elemental
responsabilidad de examinar lo que se le solicita y, lejos de
ello, desestima, de plano, y sin merituación alguna lo que
se le pide, en el fondo lo que hace es neutralizar el acceso
al que, por principio, tiene derecho todo justiciable,
desdibujando el rol o responsabilidad que el ordenamiento
le asigna.
Para acceder al órgano jurisdiccional la demanda tiene que
cumplir con ciertas exigencias como son las formalidades
exigidas por las normativas procesales, cabe resaltar que tal
exigencia no es una limitación al acceso a la justicia, sino que
se fundamenta en que no se pueden admitir cualquier tipo de
demandas, tal así al denegar una demanda que no cumpla

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con exigencias imprescindibles para el pronunciamiento no
podrán ser admitidas, en el mismo sentido el TC sostiene:
“Los requisitos procesales o las condiciones que se pueden
establecer a fin de ejercerse el derecho de acción,
constituyen, prima facie, límites al derecho de acceso a la
justicia. Para que estos sean válidos (…) es preciso que
respeten su contenido esencial. Evidentemente, no están
comprendidos en los límites justificados por el
ordenamiento, aquellos requisitos procesales que, so
pretexto de limitar el derecho de acceso a la justicia “no
comporta obtener una decisión acorde con las
pretensiones que se formulen, sino el derecho a que se
dicte una resolución en Derecho siempre que se cumplan
los requisitos procesales”, no todos los requisitos procesales
que la ley prevea, por el solo hecho de estar previstos en la
ley o en una norma con rango de ley, son de suyo
restricciones ad initio plenamente justificados”25

Más aún no es una obligación erga omnes que el órgano


jurisdiccional admita todo tipo de demandas:
La tutela judicial efectiva no significa, pues, la
obligación del órgano jurisdiccional de admitir a trámite toda
demanda, ni que, admitida a trámite, tenga necesariamente
que declararse fundada dicha demanda. Cabe también
puntualizar que, para la admisión a trámite, el juez solo
puede verificar la satisfacción de los requisitos formales de
admisibilidad y procedencia señalados en la ley procesal;
exigencias relacionadas con la validez de la relación
procesal que, como sabemos, se asientan en los
presupuestos procesales y en las condiciones de la acción;
es decir, exigencias que tienen que ver con la competencia
absoluta del juez, la capacidad procesal del demandante o
de su representante, los requisitos de la demanda, la falta de
legitimidad del demandante o del demandado e interés
para obrar (asimila voluntad de la ley-caso justiciable). Se
trata del ejercicio del derecho a la acción que no se
identifica con la pretensión que constituye el elemento de

25
Exp. n.° 0010- 2001-AI, 26/ 08/ 03, P, FJ. 12

10 | P á g i n a
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fondo basado en las razones de pedir y que ha de significar
la carga de la prueba. Es en la sentencia donde el juez
declara (dice) el derecho y no laminarmente; por ello, puede
haber proceso con demanda desestimada en el fondo26
De lo argumentado precedentemente según lo dispuesto
por el tribunal constitucional y según las máximas de la lógica y
la experiencia en un estado constitucional se puede establecer
que el acceso a la justicia no es un derecho absoluto, sino que,
también es susceptible de restricciones para lo cual es condicio
sine qua non que se respete su contenido esencial
Como sucede con todos los derechos fundamentales, el de
acceso a la justicia tampoco es un derecho ilimitado cuyo
ejercicio no pueda restringirse; sin embargo, siendo posible
establecer restricciones a su ejercicio, ellas no pueden
afectar su contenido esencial. La exigencia del respeto del
contenido esencial de los derechos fundamentales no se
deriva de la existencia de una cláusula que, ex profeso, lo
señale así, sino, básicamente, del diverso nivel en el que
opera el Poder Constituyente (que los reconoce en normas
constitucionales) y los poderes constituidos (que solo pueden
limitarlos en virtud de leyes cuya validez depende de su
conformidad con la Norma Suprema del Estado)27

Debe precisarse que el acceso a la justicia no solo abarca


acceder a los órganos jurisdiccionales internos, sino también a
la jurisdicción internacional, esto es con la finalidad de proteger
los derechos humanos según los tratados internacionales de las
cuales el Perú sea parte y los haya ratificado, o en todo caso
según las cláusulas establecidos en los tratados según se llame:
tratados, convenios, etc.28 Los estados cuando apliquen e
interpreten los derechos humanos u otras materias referidas en
los tratados deben hacerlo de buena fe, esto es según la ley de

26
Exp. n.° 0763-2005-AA, 13/04/05, P, FJ. 8
27
Exp. n.° 0010-2001-AI, 26/08/03, P, FJ. 11
28
Véase Convenio de Viena de 1969, artículo 2.

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los tratados Convenio de Viena de 1969. EL PRINCIPIO DE
INTERPRETACIÓN DE BUENA FE: regla pro omine29
El párrafo 1 del artículo 31 de la convención de Viena de 1969
establece que: “un tratado deberá ser interpretarse de buena
fe conforme al sentido corriente que haya de atribuirse a los
términos de los tratados en el contexto de éstos y teniendo en
cuenta su objetivo y su fin.
Como consecuencia se puede afirmar:
a) La interpretación de un tratado debe realizarse de buena
fe
b) Se debe respetar el sentido corriente de su término,
c) Se debe tener en cuenta su objetivo y su fin.

Este principio ha sido desarrollado por la corte


interamericana de derechos humanos por medio de distintas
opiniones consultivas, como una regla de interpretación
conocida como pro homine.
Debe resaltarse que, el acceso a la justicia es esencial dentro
de un estado democrático, esto es como concreción de
protección de los derechos inherentes del ser humano basados
en su dignidad, en la cual las normas no debe interpretarse de
manera restrictiva, sino más bien debe promover
interpretaciones dentro de los márgenes constitucionales favor
de los derechos fundamentales, teniendo en cuenta en un
estado como el peruano donde existe grandes desigualdades,
pobreza , escasa educación, salud, falta de acceso a las
nuevas tecnologías de la información , etc. El juez está llamado
a interpretar y aplicar el derecho en este caso dando la razón a
quien corresponde o sancionando una determinada pena, no
solo porque así lo establece una determinada norma, puesto
que el juez no solo se puede limitar en aplicar la ley in abstracto
sino, tiene que tomarse en cuenta las desigualdades en un
estado como el nuestro. Esto no quiere decir que el juez sea un
socialista, un magnánimo, sino que las normas tienen que

29
Manual de calificación de Conductas, El Derecho Internacional de los Derechos Humanos y su
incorporación al Derecho Interno Colombiano, p. 27.

12 | P á g i n a
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aplicarse teniendo en cuenta externalidades e internalizados
que rodean a los justiciables.

5.1.2. AL DERECHO A DEFENSA Y LA OBTENCIÓN DE UNA SENTENCIA EN


UN PLAZO RAZONALBLE

5.1.2.1. DERECHO A LA DEFENSA


Tanto en el Derecho internacional de los Derechos Humanos,
en concreto en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y
Políticos-PIDCP- y la Convención Americana de Derechos
Humanos—CADH- 30 la constitución política de 1993, en el
artículo 139 inciso 14, donde establece que:
(…)
El principio de no ser privado del derecho de defensa en
ningún estado del proceso. Toda persona será informada
inmediatamente y por escrito de la causa y razones de su
detención. Tiene derecho a comunicarse personalmente
con su defensor de su elección y a ser asesorada por éste
desde que es citada o detenida por cualquier autoridad.

El derecho a defensa también está regulado por el nuevo


código procesal penal peruano del 2004. En el artículo IX del
Título Preliminar de Código procesal penal, establece que:
Toda persona tiene Derecho inviolable e irrestricto a que
se le informe de sus derechos, a que se le comunique de
inmediato y detalladamente la imputación formulada en
su contra y a ser asistida por un abogado defensor de su
elección o, en su caso por un abogado de oficio, desde
que es citado o detenido por la autoridad”

De lo referido al derecho a defensa el Tribunal Constitucional


en el Expediente n.° 1231-2002-HC/TC establece que el derecho
a defensa se vulnerará cuando se afecte su contenido
esencial31:

30
SAN MARTÍN CASTRO, César. Derecho procesal penal lecciones: Conforme al código procesal Penal de
2004, Lima: INPECCP & CENALES fondo editorial, 2015, p, 119.
31
[E]n relación al derecho de defensa (...), este Tribunal debe recordar que dentro del contenido
constitucionalmente protegido de este derecho no se encuentra el que una investigación criminal a
realizarse por un juez pueda iniciarse solo después de haberse oído a la persona contra la que se abrirá el
proceso penal. Sí garantiza, en cambio, que, en el desarrollo del proceso penal mismo, el imputado de la

13 | P á g i n a
Autor: RAÚL MARTÍNEZ DE LA CRUZ, Estudia derecho en la universidad Nacional Pedro Ruiz
Gallo, Facultad de Derecho.
La Constitución reconoce el derecho de defensa en el inciso
14), artículo 139, en virtud del cual se garantiza que los
justiciables, en la protección de sus derechos y obligaciones,
cualquiera sea su naturaleza (civil, mercantil, penal, laboral,
etc.), no queden en estado de indefensión. El contenido
esencial del derecho de defensa queda afectado cuando,
en el seno de un proceso judicial, cualquiera de las partes
resulta impedida, por concretos actos de los órganos
judiciales, de ejercer los medios necesarios, suficientes y
eficaces para defender sus derechos e intereses legítimos32

Para que el derecho a defensa sea efectivo ya sea en el


proceso penal o en cualquier otro proceso el abogado del
imputado tiene que tener tiempo suficiente para la preparación
de su defensa y, más aún el imputado tiene que ser acusado
por los mismos hechos típicos o en algunos casos como lo
establece el código procesal penal tiene que establecerse de
manera previa en la formalización de la investigación
preparatoria una tipificación alternativa, toda vez para que el
acusado pueda conocer “de la acusación formulada en su
contra en el curso del proceso penal y, de esa manera, tener la
posibilidad real y efectiva de defenderse de los cargos que se
le imputan; pero también que exista congruencia entre los
términos de la acusación fiscal y el pronunciamiento definitivo
del Tribunal superior, pues de otro modo se enervaría la esencia
misma del contradictorio, garantía natural del proceso judicial
y, con ello, el ejercicio pleno del derecho de defensa del
acusado.33 Esto es, con la finalidad de que el imputado no
quede en un estado de indefensión.34

comisión de determinados delitos no quede en estado de indefensión (Exp. n.° 05062005-PA/TC,


08/03/05, P, FJ. 6)
32
Exp. n.° 1231-2002-HC/TC, 21/07/02, P, FJ. 2, véase también Exp. n.° 1230-2002-HC, 20/06/02, P, FJ. 18.
33
Exp. n.° 1230-2002-HC, 20/06/02, P, FJ. 18
34
Como tal, la garantía de no quedar en estado de indefensión se proyecta a lo largo de todo el proceso
y, por su propio efecto expansivo, contiene, a su vez, un conjunto de garantías mínimas que en todo
momento deben observarse. Entre ellas se encuentra, conforme dispone el artículo 8.2 de la Convención
Americana de Derechos Humanos, la necesidad de conceder al inculpado el tiempo y los Medios
adecuados para la preparación de su defensa, el derecho de defenderse a través de un defensor de su
elección y, por lo que ahora importa resaltar, el derecho del inculpado de comunicarse libre y
privadamente con su defensor (Exp. n.° 0726-2002-HC, 21/06/02, P, FJ. 21) véase también en Exp. n.°
1231-2002-HC/TC, 21/07/02, P, FJ. 2; Exp. n.° 3390-2005-HC, 06/08/05, P, FJ. 14 y 16.

14 | P á g i n a
Autor: RAÚL MARTÍNEZ DE LA CRUZ, Estudia derecho en la universidad Nacional Pedro Ruiz
Gallo, Facultad de Derecho.
Por estado indefensión debe entenderse que “(…) ha de
ser algo real, efectivo y actual, nunca potencial o abstracto, por
colocar a su víctima en una situación concreta un perjuicio, sin
que le sea equiparable cualquier expectativa de un peligro o
riesgo (...). Por ello hemos hablado siempre de indefensión
‘material’ y no formal, para la cual resulta necesaria pero no
suficiente la mera transgresión de los requisitos configurados
como garantía, siendo inexcusable la falta de esta, cuando se
produce de hecho y como consecuencia de aquella (...)35

Si bien un abogado puede estar procesado, pero mientras


no sea inhabilitado puede ejercer el Derecho de defensa así
también lo sostiene el tribunal constitucional en su expediente
n.° 1323-2002-HC:
[A]mbas dimensiones [material y formal] del derecho de
defensa pueden ser ejercidas por un abogado que, al
mismo tiempo, viene siendo procesado. Para ello es
preciso que el letrado esté debidamente capacitado y
habilitado conforme a ley.36

En cuanto a la dimensión material del derecho a defensa


está referida al derecho del imputado de ejercer su propia
defensa desde el mismo instante en que toma conocimiento de
que se le atribuye la comisión de determinado hecho delictivo;
y otra formal, que supone el derecho a una defensa técnica;
esto es el asesoramiento y patrocinio de un abogado defensor
durante todo el tiempo que dure el proceso. Ambas
dimensiones forman parte del contenido constitucionalmente
protegido del derecho en referencia.37

La defensa técnica está comprendida en la dimensión


formal, “consiste en la asistencia de un profesional del Derecho
en el proceso, y tiene por finalidad garantizar el principio de
igualdad de armas y la efectiva realización de contradictorio
(SIC), por lo que su ejercicio no puede ser encomendado a
efectivos militares que carecen de formación jurídica. Por ello,
en el caso de que un procesado no cuente con los recursos
económicos que le permitan contar con un defensor de su

35
Exp. n.° 6712-2005-HC/TC, 17/10/05, P, FJ. 32
36
Exp. n.° 1323-2002-HC, 09/07/02, P, FJ. 3
37
Exp. n.° 6260-2005-HC, 12/09/05, S2, FJ. 3

15 | P á g i n a
Autor: RAÚL MARTÍNEZ DE LA CRUZ, Estudia derecho en la universidad Nacional Pedro Ruiz
Gallo, Facultad de Derecho.
elección, el Estado tiene la obligación de garantizar el derecho
de defensa mediante la incorporación de un defensor de
oficio.38

El derecho a defensa se efectiviza toda ves, que, el imputado


o según sea el caso el justiciable pueda acceder a los medios
impugnatorios y el derecho a la instancia doble así también lo
establece el Tc:
Como refiere el inciso mencionado [artículo 139 núm. 14],
tal derecho [de defensa] se proyecta a todas las etapas y
articulaciones que pudiera comprender la articulación del
proceso, las que indudablemente abarcan, por lo que
importa resaltar, cuando se hace uso de los recursos
impugnatorios.
El derecho a los recursos forma parte, así, del contenido
esencial del derecho a la pluralidad de instancias, no solo
a título de una garantía institucional que posibilita su
ejercicio, sino también como
un elemento necesario e impostergable del contenido del
debido proceso, en la medida en que promueve la
revisión, por un superior jerárquico, de los errores de
quienes se encuentran autorizados, en nombre del pueblo
soberano, a administrar justicia.39

En cuanto al derecho a defensa la Comisión Interamericana


establece que este derecho implica “a su vez varios derechos,
tales como: que el acusado cuente con un abogado defensor40
para que este pueda comunicarse libremente con su defendido
sin interferencia ni censura y en forma confidencial (pudiendo
ser vigilado visualmente por un funcionario que no escuchará la
conversación), así se ha pronunciado la Corte. IDH. Caso Castillo
Petruzzi.

38
Exp. n.° 0023-2003AI, 09/06/04, P, FJ. 69
39
Exp. n.° 1231-2002-HC/TC, 21/07/02, P, FJ. 2
40
COMISIÓN INTERAMERICANA DE DERECHOS HUMANOS. Informe sobre situación de los derechos
humanos de un sector de la población nicaragüense de origen Miskito, 1983. Parte II, secc., D, párr. 17 y
21. en FABIÁN, Novak & NAMIHAS, Sandra. Derecho Internacional de los Derechos Humanos: Manual para
magistrados y auxiliares de justicia. Primera Edición, Lima: Academia de la magistratura, 2004, p. 246.

16 | P á g i n a
Autor: RAÚL MARTÍNEZ DE LA CRUZ, Estudia derecho en la universidad Nacional Pedro Ruiz
Gallo, Facultad de Derecho.
El numeral 8 de los Principios Básicos sobre la función de los
Abogados41 relativo a las salvaguardias especiales en asuntos
penales, que fija los estándares pertinentes para el ejercicio
adecuado de la defensa en estos casos que: a toda persona
arrestada, detenida, o presa, se le facilitará oportunidades,
tiempo e instalaciones adecuadas para recibir visitas de un
abogado, entrevistarse con él y consultarle, sin demora,
interferencia ni censura y en forma plenamente confidencial.
Estas consultas podrán ser vigiladas visualmente por un
funcionario encargado de hacer cumplir la ley, pero no se
escuchará la conversación.42
La persona tiene que estar informado de las razones de
detención, que sea informado oportunamente de la naturaleza
de la acusación iniciada en su contra, que tenga acceso al
expediente, archivos y documentos o las diligencias del
proceso43 que se disponga del tiempo y medios necesarios para
preparar la defensa44 que cuente con un intérprete o traductor
si el inculpado no conoce el idioma del tribunal,45 entre otros.
Lo anterior es en aplicación de la cuarta disposición final y
transitoria de la constitución, la cual establece que las normas
relativas a los derechos humanos deben interpretarse de
conformidad con la declaración Universal de Derechos

41
Los principios básicos relativos a la Independencia de la Judicatura fueron adoptados por el séptimo
congreso de la Naciones Unidas sobre la prevención del Delito y Tratamiento del Delincuente, celebrado
en Milán 26 de agosto al 6 de septiembre de 1985, y confirmados por la Asamblea General en sus
resoluciones 40/ 32 de 29 de noviembre de 1985 y 40/ 46 de 13 de diciembre de 1985.
42
Corte. IDH. Caso Castillo Petruzzi. Sentencia del 30 de mayo 1999. Serie C, n.° 52, párr. 139
43
CIDH. Informe chile, 1985, p. 208. Véase en FABIÁN, Novak & NAMIHAS, Sandra. Derecho Internacional
de los Derechos Humanos: Manual para magistrados y auxiliares de justicia. Primera Edición, Lima:
Academia de la magistratura, 2004, p. 248
44
CIDH, informe Guatemala, 1983, p.93.
45
n el apartado f) del párrafo 3 se dispone que si el acusado no comprende o no habla el idioma empleado
en el tribunal tendrá derecho a ser asistido gratuitamente por un intérprete. Este derecho es
independiente del resultado del procedimiento y se aplica tanto a los extranjeros como a los nacionales.
Tiene importancia básica cuando la ignorancia del idioma utilizado por un tribunal o la dificultad de su
comprensión pueden constituir un obstáculo principal al derecho de defensa». NACIONES UNIDAS.
COMITÉ DE DERECHOS HUMANOS. Observación General N° 13."Igualdad ante los tribunales y derecho de
toda persona a ser oída públicamente por un tribunal competente establecido por la Ley". Del 13 de abril
de 1984. párr. 13. Por su parte, la COMISIÓN INTERAMERICANA DE DERECHOS HUMANOS. Informe
Miskito, 1984, pp 110-111, ha señalado que toda declaración de una persona que no comprenda o no
hable adecuadamente el idioma en el cual ésta le es tomada, carece de valor. COMISIÓN
INTERAMERICANA DE DERECHOS HUMANOS. Informe sobre la situación de los derechos humanos de un
sector de la población nicaragüense de origen Miskito, 1983. Parte II, secc., D, párr. 17d.

17 | P á g i n a
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Gallo, Facultad de Derecho.
Humanos y de los demás tratados sobre derechos Humanos de
las cuales el Perú sea parte.

5.1.2.2. DERECHO A LA OPTENCIÓN DE UNA SENTENCIA EN UN PLAZO


RAZONABLE
El derecho a ser juzgado en un plazo razonable46 o que
se decide sin dilaciones no se encuentra reconocido de
manera expresa en la constitución, este es un derecho
implícito o está “(…) implícito en los derechos al debido
proceso y la tutela y, por lo tanto, guarda relación con el
pleno respeto de los principios de proporcionalidad,
razonabilidad, subsidiariedad, necesidad, provisionalidad y
excepcionalidad que se deben observar durante y al interior
de un proceso constitucional”47
De lo mencionado anterior no quiere decir que el plazo
razonable solo sea exigible en los procesos constitucionales,
sino que, para el Tribunal Constitucional plazo razonable
debe entenderse erga omnes aplicado a todo tipo de
procesos así lo establece en su expediente n.° 480-2004-AC:
“[E]l derecho a una decisión sobre el fondo y al cumplimiento
de la misma en un plazo razonable es extrapolable a todo
tipo de procesos jurisdiccionales. El plazo razonable no solo
debe entenderse referido al trámite que existe entre la
presentación de una demanda y la decisión sobre el fondo,
sino que resulta indispensable que dicho concepto se
entienda también como una exigencia para lograr la
efectividad del pronunciamiento judicial en un plazo que no
debe exceder lo que la naturaleza del caso y sus naturales
complicaciones de cumplimiento ameriten, sin que en
ningún caso su ejecución se difiera por dilaciones
indebidas”48
El plazo razonable debe entenderse como aquel
estrictamente necesario para resolver un proceso en
concreto, que no debe confundirse con el plazo legal, pues

46
LANDA ARROYO, César, El derecho al debido Proceso en la Jurisprudencia: corte suprema de Justicia de
la República del Perú, Tribunal Constitucional del Perú, Corte Interamericana de Derechos Humanos, Vol.
I, Lima: Academia de la MAGISTRATURA.2012, p. 77.
47
Exp. n.° 0618-2005-HC, 08/03/05, P, FJ. 8
48
Exp. n.° 4080-2004-AC, 28/01/05, S2, FJ. 19

18 | P á g i n a
Autor: RAÚL MARTÍNEZ DE LA CRUZ, Estudia derecho en la universidad Nacional Pedro Ruiz
Gallo, Facultad de Derecho.
este último viene señalado por una ley determinada por
ejemplo el plazo para realizar las diligencias preliminares es
de 60 días, no podría decirse que es razonable cuando para
la individualización, e identificación de un determinado
delincuente donde existen instrumentos suficientes para
acreditar que el investigado es el que ha violado un tipo
penal; si se emplea todo los 60 días, máxime si solo era
indispensable 15 días, en tal sentido no sería razonable. Por
tanto “razonable es un término que expresa una exigencia
de equilibrio en el cual estén moderados armoniosamente,
por un lado, la instancia de una justicia administrada sin
retardos y, por otro, la instancia de una justicia no apresurada
ni sumaria”49.
En tal sentido esta garantía se refiere a que toda
persona tiene derecho a ser juzgada sin dilaciones indebidas.
Y es que el proceso debe realizarse en un plazo razonable,
“que asegure que el trámite de la acusación se realice
prontamente y, que la duración del proceso tenga un límite
temporal entre su inicio y su fin”50, “(…) en tal sentido no
debiendo resultar excesivamente prolongado ni
excesivamente corto, permitiendo la preparación de la
defensa. Este principio tiene por finalidad impedir que los
acusados permanezcan largo tiempo bajo acusación y, al
mismo tiempo, asegurar que este decida prontamente” 51
5.1.2.2.1. ELEMENTOS PARA EVALUAR SI EL PLAZO RAZANABLE
Como declara la corte interamericana. Para estimar cuando
un plazo es razonable se debe tener en cuenta tres
elementos52
I. La complejidad del asunto

49
Exp. n.° 0010-2002-AA/TC, fj. 10.6.
50
LANDA ARROYO, César, El derecho al debido Proceso en la Jurisprudencia: corte suprema de Justicia de
la República del Perú, Tribunal Constitucional del Perú, Corte Interamericana de Derechos Humanos, Vol.
I, Lima: Academia de la MAGISTRATURA.2012, p. 77.
51
Corte. IDH, Caso Hilaire, Constantine Benjamin y otros. Sentencia del 21 de junio del 2002. Serie C, n.°
94, párr. 143, en el mismo sentido Corte. IDH, caso Genie Lacayo, sentencia del 29 de enero de 1997. Serie
C, n.° 30, párr. 77, Corte. IDH, Caso Suarez Rosero. Sentencia del 12 de noviembre de 1997. Serie C n.° 35,
párr. 72
52
Corte. IDH, Caso Hilaire, Constantine Benjamin y otros. Sentencia del 21 de junio del 2002. Serie C, n.°
94, párr. 143, en el mismo sentido Corte. IDH, caso Genie Lacayo, sentencia del 29 de enero de 1997. Serie
C, n.° 30, párr. 77, Corte. IDH, Caso Suarez Rosero. Sentencia del 12 de noviembre de 1997. Serie C n.° 35,
párr. 72.

19 | P á g i n a
Autor: RAÚL MARTÍNEZ DE LA CRUZ, Estudia derecho en la universidad Nacional Pedro Ruiz
Gallo, Facultad de Derecho.
II. La actividad procesal del interesado
III. La conducta de las autoridades judiciales

a) Carácter y complejidad del proceso


La dificultad de la materia litigiosa tanto en las
cuestiones de hecho-necesidad o no de prueba
compleja o de difícil obtención o actuación o de difícil
obtención o actuación – como de derecho, o las propias
deficiencias del ordenamiento, será del caso tomar en
cuenta como primer como factor de apreciación (STEDH
Zimmerman y Steiner, de 13-07- 83). Un primer dato a
tomar en cuenta será sin duda el estándar medio o
margen ordinario de duración de los procesos del mismo
tipo y de las consecuencias de la demora judicial (SSTEDH
Köning, de 10-03-80 y Capuano, de 25-06-87). También la
gravedad de los hechos objeto del proceso penal abona
a la mediación de lo indebido de la dilación.53
En cuanto a la complejidad del asunto también se
ha pronunciado el Tribunal Constitucional en reiterada
jurisprudencia que:

“(…) es menester tomar en cuenta en consideración


factores como la naturaleza y gravedad de delito, los
hechos investigados, los alcances de la actividad
probatoria para el esclarecimiento de los eventos, la
pluralidad de agraviados o inculpados, o algún otro
elemento que permita concluir, con un alto grado de
objetividad, que la dilucidación de una determinada
causa resulta particularmente complicada y difícil”54

b) Conducta procesal del supuesto afectado


Todas las partes tienen la carga de colaborar al
normal desarrollo del proceso, de suerte que, de un lado,
ha de indagarse si se utilizó abusivamente o tácticas
dilatorias, de las que se valió para dilatar la tramitación de
la causa ( STEDH H vs. Reino Unido, de 08-07-87)- no para

53
SAN MARTÍN CASTRO, César. Derecho procesal penal lecciones: Conforme al código procesal Penal de
2004, Lima: INPECCP & CENALES fondo editorial, 2015, pp. 99-100.
54
Exp. N° 02589-2007-AA/TC, FJ. 8.

20 | P á g i n a
Autor: RAÚL MARTÍNEZ DE LA CRUZ, Estudia derecho en la universidad Nacional Pedro Ruiz
Gallo, Facultad de Derecho.
una eficaz defensa de sus intereses ( STEDH Poiss, de 23-
04-87)-; y, de otro, apreciar si medió pasividad de su parte
u no instó en modo y forma oportuna la supresión de las
dilaciones y la finalización del proceso. Factor
concurrente que es de apreciar es el interés de quien
arriesga quién invoca la dilación indebida.55
c) Comportamiento de las autoridades judiciales
El juez debe conducir el proceso con la máxima
diligencia, evitando que se produzcan tiempo muertos y
demoras. El incumplimiento puede venir de la inactividad
judicial que injustificadamente deja de transcurrir el
tiempo sin impulsar el proceso, o de la sobrecarga de
trabajo- que no constituye una explicación válida o
efecto justificante que niegue lo indebido de las
dilaciones, pues corresponde al Estado garantizar el
Sistema Judicial de manera que se cumpla el plazo
razonable en la dilucidación de las causas (SSTEDH, Quiles
Gonzales, de 12-07-97; Mezger, de 31-11-97). Es del caso,
sin embargo, diferenciar una sobrecarga temporal y
excepcional, de una de carácter estructural; la primera es
disculpable siempre que se tomen, con la debida
prontitud, las medidas reparadoras pertinentes (SSTEDH
Milasi, de 25-06-87) y sean adecuados y eficaces (STEDH
Martins Moreira, Sandes y B vs. Austria, de 26- 10-88, 07-07-
89 y 28-03- 90, respectivamente). Tanto las conductas
omisivas del juez como las activas-instar trámites que
ocasionen un alargamiento incensario del proceso- tienen
entidad de vulnerar este derecho-garantía. El retraso
también puede provenir de autoridades no judiciales,
como las penitenciarias, incluso legislativas y del Poder
Ejecutivo (SSTEDH Martins Moreira, Capuano y Moreira de
Azebedo, de 26-10-88, 25-06- 87 y 23-10-90,
respectivamente)56
La Corte Europea adicionalmente ha empleado lo que
ella denomina “análisis global del procedimiento”, que
significa computar el tiempo desde la apertura del

55
SAN MARTÍN CASTRO, César. Derecho procesal penal lecciones: Conforme al código procesal Penal de
2004, Lima: INPECCP & CENALES fondo editorial, 2015, p. 100.
56
SAN MARTÍN CASTRO, César. Derecho procesal penal lecciones: Conforme al código procesal Penal de
2004, Lima: INPECCP & CENALES fondo editorial, 2015, p. 100.

21 | P á g i n a
Autor: RAÚL MARTÍNEZ DE LA CRUZ, Estudia derecho en la universidad Nacional Pedro Ruiz
Gallo, Facultad de Derecho.
proceso hasta el momento de la sentencia o la espera
de este si es que todavía no se diese. Este criterio
también ha sido reconocido y utilizado por la Corte
Interamericana.57
Se trata de una garantía reconocida claramente en
los artículos 14.3 c) del PIDCP que consagra el derecho del
acusado de un delito a ser juzgado sin dilaciones
indebidas. La Convención Americana reconoce esta
garantía como elemento básico del debido proceso
legal, aplicable a procesos judiciales de toda clase en su
artículo 8.1 establece:
Toda persona tiene derecho a ser oída, con las
debidas garantías y dentro de un plazo razonable, por
un juez o tribunal competente, independiente e
imparcial, establecido con anterioridad por la ley, en
la sustanciación de cualquier acusación penal
formulada conta ella, o para la determinación de sus
derechos y obligaciones de orden civil, laboral, fiscal o
cualquier otro carácter.
A primera vista esta diferencia entre los dos
instrumentos es significativa, pues el PIDCP no reconoce el
derecho a ser oído sin demora, sino en el contexto de
juicios penales y, como se ha visto en el capítulo 4, en los
recursos para tutelar la libertad personal. No obstante, la
jurisprudencia del Comité de Derechos Humanos
considera esta garantía aplicable a procesos de otra
índole, como se indica la sección 4.5 y como lo señaló en
su Observación General No. 32:

57
Adicionalmente al estudio de las eventuales demoras en las diversas etapas del proceso, la Corte
Europea ha empleado para determinar la razonabilidad del plazo en el conjunto de su trámite lo que llama
"análisis global del procedimiento". Aun cuando se excluyan la investigación policial y el plazo que empleó
la Procuraduría General de la República de Nicaragua para formular acusación ante el juez de primera
instancia, es decir, realizando el cómputo a partir del 23 de julio de 1991. fecha en que ese juez dictó el
auto de apertura del proceso, hasta la actualidad en que todavía no se ha pronunciado sentencia firme,
han transcurrido más de cinco años en este proceso, lapso que esta Corte considera que rebasa los límites
de la razonabilidad prevista por el artículo 8.1 de la Convención». CORTE INTERAMERICANA DE DERECHOS
HUMANOS. Caso Genie Lacayo. Sentencia de 29 de enero de 1997. Serie C. n.° 30, párr.81. CORTE
EUROPEA DE DERECHOSHUMANOS. Case Mona. Judgment of 19 February 1991. Serie A, n.° 195-A, párr.
24.

22 | P á g i n a
Autor: RAÚL MARTÍNEZ DE LA CRUZ, Estudia derecho en la universidad Nacional Pedro Ruiz
Gallo, Facultad de Derecho.
Un importante aspecto de la imparcialidad de un
juicio es su carácter expeditivo. Si bien en el Apartado c)
del párrafo 3 del
artículo 14 se aborda explícitamente la cuestión de
las dilaciones indebidas en los procedimientos penales, las
demoras en los procedimientos civiles que no pueden
justificarse por la complejidad del caso o el
comportamiento de las partes no son compatibles con el
principio de una vista imparcial consagrado en el párrafo
1 de esta disposición. Cuando dichas
demoras son ocasionadas por la falta de recursos y la
deficiencia crónica de financiación, deberán asignarse, en la
medida de lo posible, recursos presupuestarios
complementarios suficientes a la administración de justicia.58

DOCTRINA Y LA JURISPRUDENCIA UNIVERSAL SOBRE EL PLAZO RAZONABLE


Sobre los objetivos de este derecho y sobre los criterios para
calificarlo, dice el Comité de Derechos Humanos en su
Observación General sobre el derecho a un juicio imparcial y a
la igualdad ante los tribunales y cortes de justicia, señala lo
siguiente:
El derecho del acusado a ser juzgado sin dilaciones indebidas,
previsto en el apartado c) del párrafo 3 del artículo 14, no sólo
tiene propósito de evitar que las personas permanezcan
demasiado tiempo en la incertidumbre hacer de su suerte y, si
se las mantiene recluidas durante el periodo del juicio, de
garantizar que dicha privación de libertad no se prolongue más
de lo necesario en las circunstancias del caso, sino también que
redunde en interés de la justicia. Lo que es razonable deberá
evaluarse en las circunstancias del caso, la conducta del
acusado y la manera como las autoridades administrativas y
judiciales hayan abordado el asunto. En los casos en que el
tribunal a los acusados la libertad bajo fianza, éstos deberán ser
juzgados lo más rápido posible. Esta garantía se refiere no sólo
al intervalo de tiempo entre la acusación formal y el momento

58
COMITÉ DE Derechos Humanos, Observación General N° 32(2007), párr..27. citado en O’Donnell,
Derecho Internacional de los Derechos Humanos: Normativa, jurisprudencia y doctrina de los Sistemas
Universal e Interamericano, Segunda Edición 2012, México: edit. (S/E), 2012, p.471.

23 | P á g i n a
Autor: RAÚL MARTÍNEZ DE LA CRUZ, Estudia derecho en la universidad Nacional Pedro Ruiz
Gallo, Facultad de Derecho.
en que debe comenzar un proceso sino también al tiempo que
media hasta el fallo definitivo en apelación. Todas las fases del
proceso deben celebrarse ‘sin dilaciones indebidas’, tanto en
primera instancia como en apelación.59
En cuanto a las fases de investigación y sumario, la garantía
plasmada en el artículo 14 está respaldada por la consagrada
en el tercer párrafo del artículo 9, que establece el derecho de
una persona detenida a “ser juzgada dentro de un plazo
razonable o puesta en libertad”. La jurisprudencia sobre esta
garantía, indica, que, por regla general, las demoras de más de
año y medio pueden considerarse incompatibles con el
derecho a ser juzgado o puesto en libertad condicional. La
complejidad del caso, el número y disponibilidad de los testigos
y la eventual necesidad de obtener pruebas de otra índole Son
factores que hay que tomar en cuenta, para determinar si una
demora debe considerarse “indebida”.60 La jurisprudencia
sobre demoras en procesar a personas acusadas que se
encuentran en libertad es escasa. En un caso, el Comité de
Derechos Humanos concluyó que la demora de 7 años en la
investigación y juicio de un acusado en dos procesos, en
primera instancia, era violatoria del artículo 14.3 c) cuando el
Estado no ha aducido razón especial que pudiera justificar ese
retraso.61
En otra decisión, el Comité consideró que una demora de dos
años y medio, entre la acusación y el inicio del juicio en plenario
en un caso de homicidio había sido violatoria del derecho a ser
juzgado sin dilaciones indebidas, en ausencia de explicaciones
de parte del Estado. En este caso, el acusado estaba privado
de libertad, pero en razón de una condena por otro delito. En el
caso Martínez Muñoz, pasaron casi cinco años entre la fecha de
los hechos y la celebración de la audiencia oral, retraso que no
fue justificado por Estado Parte.62

59
Ídem. Párr.35.
60
Comité de Derechos Humanos, caso Hill y Hill c. España, párr. 12.4 (1997); Sextus c. Trinidad y Tobago,
párr. 7.2 (2001). O’Donnell, Derecho Internacional de los Derechos Humanos: Normativa, jurisprudencia y
doctrina de los Sistemas Universal e Interamericano, Segunda Edición 2012, México: edit. (S/E), 2012,
p.471.
61
Comité de Derechos Humanos, caso Paraga c. Croacia, párr. 9.7 (2001).
62
Comité de Derechos Humanos, caso José Antonio Martínez Muñoz c. España (2003), párr. 7.1. En un
voto particular de varios miembros del Comité se dice que la disposición de ser juzgado sin dilaciones
indebidas “debe interpretarse teniendo en cuenta la práctica del Estado generalmente aceptada. En la
mayoría de los ordenamientos jurídicos la rapidez de la celebración de un juicio no se mide por el lapso

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En el sistema universal hay algunas decisiones específicas sobre
la duración de las demoras durante la fase de apelación. En el
caso Thomas c. Jamaica, el Comité de Derechos Humanos
consideró que, en ausencia de una explicación, una demora
de 23 meses entre la condena y la audiencia en segunda
instancia había sido violatoria del artículo 14.3 c), así como del
artículo 14.5.63 En el caso Rogerson c. Australia, el Comité llegó
a la misma conclusión con respecto a una demora de casi 24
meses entre la sentencia en primera instancia y la confirmación
de la decisión por el tribunal de apelación.64 Otras decisiones
relativas a demoras de 25 y 27 meses entre la condena y la
sentencia en segunda instancia llegan a la misma conclusión.65
Ahora bien, demoras de esta duración o más, no son violatorias
del PIDCP cuando la responsabilidad principal incumbe al
abogado defensor.66

5.1.3. DERECHO A LA EJECUSIÓN DE LAS SENTENCIAS


Si bien se podría decir en un primer momento que el
término “efectiva” no se puede encontrar en el texto
constitucional peruano de manera expresa, sino que su
reconocimiento se desprende de los tratados internacionales
sobre Derechos Humanos esto es según la cuarta disposición
final y transitoria de la constitución, el mismo TC se ha
pronunciado en el sentido de lo anterior en la sentencia
Expediente n.° 015-2005-AI:
Si bien la citada norma no hace referencia expresa a la
“efectividad “de las resoluciones judiciales, dicha
cualidad se desprende de su interpretación, de

de tiempo transcurrido entre la fecha de la comisión del delito y la de la sentencia dictada durante el
juicio”. Voto particular de Nisuke Ando, Maxwell Salden, Ruth Wedgwood, Roman Wieruszewski,
comunicación1006/2001. En O’Donnell, Derecho Internacional de los Derechos Humanos: Normativa,
jurisprudencia y doctrina de los Sistemas Universal e Interamericano, Segunda Edición 2012, México: edit.
(S/E), 2012, p.p. 471-472.
63
Comité de Derechos Humanos, caso Thomas (M.) c. Jamaica, párr. 6.2 (1997). Ídem, 473
64
Comité de Derechos Humanos, caso Rogerson c. Australia, párr. 9.3 (2002). Ídem, 473
65
Comité de Derechos Humanos, caso Smith y Stewart c. Jamaica, párr. 7.4 (1999); Bennett c. Jamaica,
párr. 10.5 (1999), respectivamente.
66
En el caso Francis, el Comité de Derechos Humanos concluyó que una demora de 51 meses no era
violatoria del derecho a una revisión en segunda instancia sin demora indebida, cuando el tribunal de
instancia falló cinco meses después de recibir el recurso. Francis y otros c. Trinidad y Tobago, párr. 5.5
(2002).

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conformidad con los tratados internacionales sobre
derechos humanos67
Debemos sostener que, su reconocimiento como parte de la
tutela jurisdiccional “efectiva” se debe que este derecho no
solo es el derecho a acceder a un órgano jurisdiccional, y que
este se pronuncie dentro de un plazo razonable, sino que las
decisiones en calidad de cosa juzgada sean ejecutadas,
puesto que, si las decisiones de los órganos jurisdiccionales no
fueran ejecutadas quedarían en meras declaraciones líricas, no
tendría sentido pedir tutela al órgano jurisdiccional, sino se
podría hacer cumplir las decisiones, mediante la ejecución de
las sentencias, esto es con la finalidad de que quien resulte
ganador o vencedor en un proceso tenga la posibilidad de que
su derecho sea satisfecho. En el mismo sentido el TC:

“El derecho a la efectividad de las resoluciones judiciales


garantiza que lo decidido en una sentencia se cumpla, y
que la parte que obtuvo un pronunciamiento de tutela, a
través de la sentencia favorable, sea repuesta en su
derecho y compensada, si hubiere lugar a ello, por el daño
sufrido”68
Los jueces tienen que velar por la concretización y
cumplimiento efectivo de las resoluciones judiciales, conforme
a lo argumentado el TC se ha pronunciado que:
“Respecto a los jueces, el glosado derecho [ a la
efectividad de las resoluciones judiciales] exige un
particular tipo de actuación. Y es que, si el derecho a la
ejecución de las resoluciones judiciales garantiza que lo
decidido en una sentencia o en una resolución judicial sea
cumplido, es claro que quienes las dictan, o quienes
resulten responsables de ejecutarlas, tienen la obligación
de adoptar, según las normas y procedimientos
aplicables-y con independencia de que la resolución a
ejecutar haya de ser cumplida por un ente público o no-
las medidas necesarias y oportunas para su estricto
cumplimiento”69
“[L]a actuación de la autoridad jurisdiccional en la etapa
de ejecución de sentencias constituye un elemento

67
Exp. n.° 0015-2005-AI, 05/01/06, P, FJ. 16, ídem, 473.
68
Exp. n.° 0015-2001-AI y acumulados, 29/01/04, P, FJ. 11
69
Exp. n.° 0015-2001- AI y acumulados, 29/ 01/ 04, P, FJ. 12

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fundamental e imprescindible en el logro de una
“efectiva” tutela jurisdiccional, siendo de especial
relevancia para el interés público, pues difícilmente se
podría señalar la existencia de un Estado de derecho,
cuando en su interior las personas no pueden lograr la
justicia a través de los órganos establecidos para tal
efecto”70

El derecho a la ejecución de las resoluciones judiciales (a que


estas sean efectivas) no solo es un derecho reconocido en las
normas del ordenamiento jurídico interno, sino su
reconocimiento de carácter internacional, puesto que es
necesario interpretarlo conforme a los tratados Internacionales
toda vez que, el Perú forma parte de tratados internacionales
sobre derechos humanos. En el sentido de lo anterior se ha
manifestado el tribunal constitucional, sosteniendo que:
“El derecho a la ejecución de las resoluciones judiciales
que han pasado en autoridad de cosa juzgada, es una
manifestación del derecho a la tutela jurisdiccional,
reconocido en el inciso 3) del artículo 139 de la
Constitución. Si bien la citada norma no hace referencia
expresa a la “efectividad “de las resoluciones judiciales,
dicha cualidad se desprende de su interpretación, de
conformidad con los tratados internacionales sobre
derechos humanos.71

Las ejecuciones de las resoluciones deben cumplirse dentro


de un plazo razonable, pero la condicio sine que nom es que se
tenga conocimiento pleno de los actores que intervienen
dentro del proceso, máxime cabe hacer una salvedad de las
exigencias al cumplimiento en un plazo razonable cuando uno
los actores es el Estado, y más aún cuando este resulte ser
condenado en una determinada resoluciones judicial o
cualquiera de índole jurisdiccional.
Es necesario sostener la efectividad de las resoluciones
judiciales emana de todo el ordenamiento jurídico esto
haciendo una interpretación sistemática y constitucional y más
70
Exp. n.° 1042-2002-AA, 06/12/02, S2, FJ. 2.3.1
71
Exp. n.° 0015-2005-AI, 05/01/06, P, FJ. 16

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aún en un Estado democrático de Derecho es necesario
cumplirlas con la a finalidad de concretizar la paz social
solucionando los conflictos jurídicos. Así también lo ha sostenido
el Tribunal Constitucional:
[T]ras el reconocimiento del derecho a la ejecución de las
sentencias no solo está el derecho subjetivo del vencedor
en juicio, sino también una cuestión de capital
importancia para la efectividad del “Estado democrático
de derecho “que proclama la Constitución. En efecto, tras
los artículos 38, 45, 51, 102, inciso 2, 118, inciso 1, y 138 de la
Constitución, existe un mandato de sujeción de los
ciudadanos y órganos públicos a la Constitución y a todo
el ordenamiento jurídico. Dicha sujeción al ordenamiento
jurídico, cuando se produce un conflicto, ordinariamente
se procesa a través del Poder Judicial, en tanto que
tercero imparcial. De ahí que cuando un tribunal de
justicia emite una resolución, y esta adquiere la condición
de firme, con su cumplimiento no solo se resuelve un
conflicto y se restablece la paz social, sino, además, en la
garantía de su cumplimiento, se pone a prueba la sujeción
de los ciudadanos y de los poderes públicos al
ordenamiento jurídico.
El Estado democrático de derecho está, pues, sujeto a un
plebiscito de todos los días. Y es difícil que pueda hablarse
de la existencia de un Estado de derecho cuando las
sentencias y las resoluciones judiciales firmes no se
cumplen72
La efectividad de las resoluciones judiciales no sólo es una
manifestación de la tutela jurisdiccional efectiva, sino que
también en un Estado democrático donde la división de
funciones o división de poderes existan tienen que respetarse y
actuar, de manera independiente más aun cuando se trata de
un órgano judicial que administra justicia.

“El derecho a la ejecución de las decisiones


jurisdiccionales resulta de especial relevancia no solo por
su manifestación de derecho de tutela judicial, sino

72
Exp. n.° 0015-2001-AI y acumulados, 29/01/04, P, FJ. 13

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porque constituye una garantía sine qua non para que
pueda evidenciarse, en la práctica, el principio de
independencia judicial (...) Si las sentencias de los jueces
no se cumplen, simplemente no podría hablarse de un
Poder Judicial independiente que es capaz de hacer valer
su jurisdicción con plena eficacia respecto de lo que
decide, y de este modo, los ciudadanos no tendrían un
garante real para la protección de sus derechos”73
De lo argumentado anterior no quiere decir, que el órgano
por la existencia de división de poderes actúe como si fuese uno
sólo, sino que tiene que existir una confluencia de los tres
poderes, hablamos de los pesos y contrapesos que tienen que
existir entre ellos, para su coexistencia.

VI. CONCLUSIONES
Se puede establecer que la tutela jurisdiccional efectiva no
está reconocida expresamente en la constitución, el término
efectiva, sino que más bien se deriva en que estas no pueden
ser meras declaraciones, sino se llegan a ejecutarse.
- La tutela jurisdiccional efectiva y el debido proceso tienen una
estrecha relación toda vez que, la tutela jurisdiccional garantiza
el acceso a la justicia, pero para lo cual es imprescindible el
cumplimiento de determinados requisitos con la finalidad que se
realice su efectivo cumplimiento.
- La tutela jurisdiccional se sirve del debido proceso para
concretizarse.
- El debido proceso se aplica en ámbitos jurisdiccional y también
en privados. Como es por ejemplo la aplicación de una
determinada sanción laboral en una empresa tiene que cumplir
con el debido proceso.
- La tutela jurisdiccional efectiva sólo se aplica en ámbitos
jurisdiccionales.

73
Exp. n.° 40802004-AC, 28/01/05, S2, FJ. 16

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