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Los Orígenes judíos trotskistas del

Neoconservadurismo

INTRODUCCIÓN

El neoconservadurismo es una ideología política creada en Estados Unidos que por


medio del dominio de la monetario (petrodólar), militar y económico de EE.UU. impone el
liberalismo, democracia y derechos humanos a otros países. Sus políticas patrocinadas
por distintos políticos y lobbies que apoyan a Israel y el imperialismo americano,
combinan las opiniones agresivas y bélicas de los realistas americanos, que consideran
que la única forma de garantizar la existencia y la prosperidad de Estados Unidos es
mediante el uso del poder militar, lo que fue combinado a posiciones idealistas que
pretenden implementar mediante la fuerza el régimen democrático, parlamentarista y
capitalista a nivel mundial.

Considera contraproducente el excesivo intervencionismo estatal aunque acepta la


intervención en cierta medida en algunos aspectos sociales o en ciertos aspectos de la
economía y defiende fervientemente el libre mercado capitalista. Su padre fundador es el
judío ortodoxo Irving Kristol miembro fundamental del Council on Foreign Relations,
también contó con el apoyo de el judío Norman Podhoretz editor de la revista
Commentary. El hijo de Kristol William Kristol funda el neoconservador Project for the
New American Century.

La ideología también fue influída por el judío ortodoxo Leo Strauss, siendo sus
pensamientos un antecedente importante para el neoconservadurismo.
Cuando un progre te diga que Bush o los Neocon son nazifascistas solo dile que su
principal mentor; Leo Strauss (Judío) huyó de la persecución nacionalsocialista.
Aunque en un principio George Bush no apoyaba abiertamente la doctrina
neoconservadora. Las políticas de Bush cambiaron tras los ataques del 11 de
septiembre de 2001. Curiosamente un día después el Council on Foreign Relations
consideraría este hecho como la oportunidad de seguir en el proceso de implantación
del Nuevo Orden Mundial, anunciado ya por Bush padre. Dentro de este marco Bush
llega a considerar un "Eje del Mal" (Axis of Evil), lo cual se ve basado claramente en una
doctrina realista, mediante la cual los estados se encuentran en conflicto constante. De
esta manera Bush propone la guerra preventiva como único método para asegurar los
intereses de EE.UU.

Bush; siervo de Israel.


En poco tiempo esta idea de guerra preventiva secundada por elementos
neoconservadores, se convierte en la base de las relaciones internacionales de Bush. El
neoconservador Max Boot consideraba y aprobaba la posición de Bush viendo a
Estados Unidos como una especie de policía internacional, pero aún así sugería que
Estados Unidos debería actuar más.

El Eje del Mal según los neoconservadores.


“New Oxford Review” – Diciembre de 2005.

Editorial

¿Qué es un neoconservador? ¿Importa?

Por Dale Vree.

Recibimos una carta de Christian Crampton de Newport Beach (California) diciendo:


“Respecto a su editorial de septiembre (‘Tu voz de catolicismo ortodoxo, sino hilos
anexos’), aparecía una palabra que me gustarían definan para mí. La he visto
ocasionalmente en la New Oxford Review, pero usted la usó más de 10 veces en el
editorial. La palabra es ‘neoconservador’ (neocon).” Antes del editorial de septiembre y
especialmente desde entonces, mucha gente nos ha pregunta qué es un neocon.

Su editor ha seguido a los neocons por más de 35 años, y he tenido trato con la mayoría
de ellos (pero no debí haber asumido que todos sabían lo que es un neocon). Dado mi
pasado, podría haber sido un auténtico neocon si quería. Pero no quería. He aquí un
resumen breve; podría decir más, pero ésta es la esencia de ello.

Los neocons auténticos descienden de los movimientos comunistas y socialistas,


habiendo sido los líderes más prominentes trotskystas (esto es, comunistas de ultra
izquierda). Cuando Stalin tomó el poder en la Unión Soviética, los trotskystas fue
perseguidos con severidad, y finalmente el mismo Trotsky fue asesinado en México. La
línea divisoria entre stalinistas y trotskystas pasaba en gran parte por la misma divisoria
(con excepciones significativas, especialmente en los primeros años de los estados
satélites soviéticos en Europa oriental, antes que muchos judíos de esos estados
satélites fueran purgados del partido, incluso ejecutados).

Stalin se hizo cada vez más antisemita, y los trotskystas judíos tenían otra razón para
odiar a Stalin. Después de la Segunda Guerra Mundial cuando se estableció Israel, la
Unión Soviética se alineó con los árabes contra Israel, y la Unión Soviética básicamente
no permitió a los judíos emigrar a Israel. Otra razón para odiar a Stalin y la Unión
Soviética.
Muchos trotskystas judíos –y otros judíos izquierdistas (pero no la mayoría de ellos)—se
hicieron cada vez más y en forma vehemente anti comunistas. Muchos apoyaron la
Guerra de Vietnam y fueron extremadamente hostiles a las políticas de ‘détente’ de los
presidentes Nixon, Ford y Carter. Estos ex izquierdistas judíos percibían a la izquierda,
incluso los progresistas (correcta o incorrectamente), como pro árabes y pro palestinos.
Estos ex izquierdistas judíos evolucionaron hacia lo que ellos llamaron
‘neoconservadores’. Como Benjamin Ginsberg dijo en su libro ‘The Fatal Embrance:
Jews and the State’ (University of Chicago Press), “un factor importante que los condujo
[a los neocons judíos ex izquierdistas] inexorablemente hacia la derecha era su apego a
Israel...”

La meta principal de los neocons judíos –aunque no su meta exclusiva—ha sido


proteger a Israel (lo que, suponemos, es su derecho), y ven un Imperio Americano como
la mejor manera de hacerlo. Sí, sabemos que no se supone que uno diga eso, pero
tenemos el mal hábito de decir la verdad desnuda.
Así los neocons quieren un Imperio Americano, y el neocon judío Jonah Goldberg
expuso su ideal de la manera más patente cuando dijo: “Cada diez años mas o menos,
los Estados Unidos necesitan tomar algún pequeño país desperdiciado y arrojarlo contra
la pared, sólo para demostrar lo que queremos.”

Paul McCain lamiendo las botas a Israel.

Es interesante que el juez John Roberts fue inquirido por el Comité Judicial del Senado
respecto a su lealtad a la Fe Católica (la que negó resueltamente), pero uno no puede
cuestionar a los judíos neocons sobre su lealtad a Israel. Esto es una discriminación, así
de simple. Si piensa que esto es anti semita, se equivoca. Los católicos deben ser fieles
a su Fe Católica más allá de su lealtad a su país (piense en Santo Tomás Moro y tantos
otros mártires) –y no es anti católico decirlo. Sobre si los neocons judíos deberían ser
fieles a Israel no es algo sobre lo que estemos calificados para comentar. Sin embargo,
queremos notar que Murray Polner y Adam Simms, ambos judíos, dijeron: “¿Los
intereses de Israel conducen la política de los EE.UU. en Medio Oriente? Es una pregunta
justa, a pesar que cualquiera que la pronuncie arriesga se acusado injustamente de anti
semita” (“Commonweal”, 18 de julio de 2003). Sin embargo, el neocon Richard John
Neuhaus hace justamente eso. Dijo: “El ‘lobby judío’ tiene a los Estados Unidos en su
bolsillo. Eso dice Philip Weiss, un columnista izquierdista del ‘New York Observer’...
Philip Weiss tiene algo, aunque nada original, sobre la influencia de los judíos en
nuestro país y su política hacia Medio Oriente... Pero, ¿por qué Philip Weiss está
coqueteando con... ideas anti semitas pasadas de moda?” (First Things, diciembre de
2002, pp. 90-91). Weiss “tiene algo, aunque nada original” pero Neuhaus lo reprende por
coquetear con el anti semitismo. Si lo que Weiss dice es verdad, entonces ensuciar su
nombre por coquetear con el anti semitismo es el último refugio de un sinvergüenza.

Por otro lado, a riesgo de sonar filo semita, los neocons judíos eran y son
extremadamente enérgicos y muy brillantes, y han logrando grandes avances en el
movimiento conservador, frecuentemente junto a gentiles voluntarios. Son enormemente
influyentes y poderosos en el gobierno de George W. Bush –podríamos llamarlos un
‘apparatchiki’ neocon. No, ésta no es una conspiración judía, porque es a plena luz del
día, y la mayoría de los judíos no son neocons (probablemente porque piensan que las
políticas imperialistas de los EE.UU. no son buenas para Israel o los judíos). Y existen
neocons que no son judíos –la mayoría de ellos siendo recién avispados, que
consideran “de moda” ser neocon. Algunos neocons gentiles no saben que están siendo
usados, mientras que otros lo saben bien, pero no les importa, porque lo ven como un
pasaje a la influencia y el poder. Otros conservadores y neocons gentiles piensan que
están usando a los judíos neocons porque creen que proteger Israel es un avance en el
establecimiento de un Imperio Americano y en el control de la mayoría de las reservas
petroleras del mundo.
Una de las divisorias entre los stalinistas y los trotskystas era que los stalinistas decían
que uno puede tener el “socialismo en un país” mientras que los trotskystas
demandaban una “revolución mundial socialista” (lo que era fiel al pensamiento de
Marx). Pero dado que los trotskystas amargaron la revolución socialista, transfirieron su
alianza a la “revolución democrática mundial”, de ahí su ambición por exportar la
revolución democrática a todos lados y hacer intervenir militarmente a los EE.UU. en los
asuntos de naciones soberanas, lo que transformaría a los Estados Unidos en una
nación “matona” (que es la forma en que muchos europeos ven a los EE.UU.). En el
segundo discurso inaugural de Bush, dijo: “La supervivencia de la libertad en nuestra
tierra depende cada vez más del éxito de la libertad en otras tierras.” Esto suena como
venido directamente de la botella de Trotsky: La supervivencia de la Unión Soviética
depende cada vez más en el éxito del socialismo en otras tierras. El neocon Stephen
Schwartz dijo que “aquéllos que están luchando por la democracia global deberían ver a
Leon Trotsky como un precursor.” Schwartz, quien sin vergüenza proclama sus raíces
trotskystas, preferiría que los “neocons” sean llamados “trotskycons”.

El neocon Christopher Hitchens, también discípulo de Trotsky, quieren que los EE.UU.
sean “una fuerza revolucionaria” para luchar contra el fascismo y la religión,
especialmente el islamofacismo. “La religión”, dice, es “el más tóxico de los enemigos...
la forma más básica y despreciable de las asumidas por el egotismo y la estupidez
humana. El odio frío y constante a ella, especialmente en su forma rara de jihad, ha sido
tan sostenedor de mí como cualquier amor.” Dice: “George Bush puede ser
subjetivamente cristiano, pero él –y las fuerzas armadas estadounidenses—han
objetivamente hecho más por el secularismo que toda la comunidad agnóstica
estadounidense combinada y duplicada.” Destruir el Islam pavimenta el camino de la
democracia, el aborto, la homosexualidad, la pornografía, etc.
El neocon judío Michael Ledeen dijo: “Tiramos abajo el antiguo orden... Nuestros
enemigos siempre han odiado este torbellino de energía y creatividad, que amenaza sus
tradiciones (cualesquiera ellas sean [y eso incluiría la tradición católica])... Debemos
destruirlas en nuestro logro de nuestra misión histórica”, agregando que “es tiempo una
vez más de exportar la revolución democrática”.

“¿Nuestra misión histórica?” El dios de Trotsky era la Historia. En 1921 Trotsky escribió
un libro llamado “La defensa del terrorismo”. En 2002 (antes de la invasión a Irak),
Ledeen convocó a la “destrucción creativa” de Irak, Siria, Arabia Saudita e Irán. ¿Cuál es
exactamente la diferencia entre el terrorismo y la “destrucción creativa”?

En Argentina, asociaciones de izquierda trotskistas (controladas por


judíos como Saul Wermus, Myriam Bergman, etc) miran con buenos ojos
a las primaveras árabes.

En una guerra justa, matar soldados, y matar civiles que se meten en medio de objetivos
militares (daño colateral), no es asesinato, mientras que matar civiles a propósito es
asesinato. En una guerra injusta –que es lo que la Iglesia Católica dijo de la guerra en
Irak—matar soldados, matar civiles en medio de objetivos militares y matar civiles a
propósito son todos asesinatos. (¿Y cuál es justamente la diferencia entre el terrorismo
y el asesinato en la guerra?) Pero incluso si uno considera la guerra en Irak como justa,
el corazón de uno debería estar apesadumbrado. Después de un año y medio de guerra
en Irak, “The Lancet” (el diario médico británico) estimaba la cifra de muertos civiles
iraquíes en 100.000. Sin embargo, un recuento más reciente luego de dos anios de
guerra, producido por el Iraqi Body Count con sede en Londres –que no contaba
muertes civiles no reportadas en las noticias mediáticas—fijaba la cifra de muertos
civiles en 24.865 (con alrededor de 42.500 heridos). Esto suena como una cifra más
confiable. De esos 24.865 muertos civiles, 37.3% se debían a los militares
estadounidenses, 35.9% se debían a la ola de crímenes que asoló Irak tras la caída de
Saddam, y 20.5% se debían a los insurgentes o terroristas. Incluso si uno considerara la
guerra en Irak como justa, uno debe alarmarse que los militares estadounidenses hayan
matado casi el doble de los civiles que los insurgentes y terroristas. Sea que uno
considere a las muertes civiles causadas por los militares estadounidenses –9.270
(desproporcionadamente niños)—asesinato o no, Trotsky estaría orgulloso, ya que dijo:
“Debemos librarnos de una vez por todas de la farsa cuáquero-papista sobre la santidad
de la vida humana”.

Los neocons, principalmente a través del Proyecto para el Nuevo Siglo Estadounidense
(PNAC), planeaban una guerra contra Irak bastante antes del 11 de septiembre (una gran
razón siendo que Saddam apoyaba el terrorismo contra Israel). El gobierno de Bush está
sazonado de gente del PNAC, como Dick Cheney, Lewis “Scooter” Libby (procesado por
cinco delitos, incluyendo obstrucción de la justicia y perjurio), Donald Rumsfeld, Paul
Wolfowitz, John Bolton y Richard Perle. Esta gente condujo –seamos honestos—al
ignorante presidente Bush, quien no tiene experiencia en asuntos externos, a lanzarla.

Dick Cheney es el vicepresidente del Jewish Institute National Security Affairs.

Como dijimos en nuestra editorial de septiembre: “Antes que ‘Crisis’ y ‘First Things’
fuesen fundadas, la ‘New Oxford Review’ fue contactada por una fundación neocon –así
de la nada. La fundación quería darnos dinero –dinero ‘gratis’. Un tipo voló desde la
Costa Este y me preguntó (al editor) para juntarnos por unos tragos en una restaurante
de San Francisco –por su cuenta. ¡Por supuesto! (Estábamos desesperados por dinero.)
Me dijo que nos financiaría regularmente –si tan sólo apoyásemos el capitalismo
corporativo y si apoyásemos una política exterior estadounidense militarista.” Lo que no
dije es que este tipo era un neocon judío sin interés en la Cristiandad o el catolicismo, y
sospecho que estaba interesado en llevarnos a promover los intereses neocons judíos
(lo cual tenía todo derecho de hacer). Como dijimos en el editorial de septiembre, dije
“no”, y eso fue el final de eso. Pero las fundaciones neocons no abandonaron. Michael
Novak (muy pro Israel) fundó “Crisis” –entonces llamada “Catolicismo en Crisis”—y el P.
Neuhaus (también muy pro Israel) fundó “First Things”, ambas con amplio apoyo
financiero de fundaciones neocons. Así los neocons encontraron su camino para
conseguir que revistas católicas y cristianas se sumaran a sus intereses neocon
principalmente judíos (lo cual, de nuevo, es su derecho). ¿Exageramos? No. Cuando la
Iglesia Católica denunció la guerra en Irak –llamándola una guerra injusta, una guerra de
agresión—tanto Crisis como First Things la apoyaron. Un claro caso de apoyar los
intereses neocons judíos por sobre la doctrina católica de la guerra justa. Para una
sinopsis del apoyo del P. Neuhaus a la guerra en Irak, en base a su apoyo de Israel, vea
nuestra nota en “New Oxford Review”, “¿Qué sabe el Papa acerca de asuntos
mundiales?” (Nov., pp. 13-14 y 16-17). Si usted sigue viendo esto como anti semitismo,
esta equivocado de nuevo. En una editorial de “The Forward”, el diario jesuita más
antiguo de los EE.UU., se dejó dicho: “Hasta hace poco... gente razonable aún podía
despreciar, como propaganda conspirativa anti semita, la denuncia de que la seguridad
de Israel fue el motivo real detrás de la invasión de Irak. No más... Sus defensores no
pueden ser simplemente silenciados y echados como estrechos. Aquéllos que no están
de acuerdo ahora deben argumentar su caso en base a pruebas.”

Más allá de la política exterior, ¿pueden los católicos ortodoxos hacer causa común con
los neocons en las guerras culturales? Tal vez. Tal vez no. Como Irving Kristol, un judío
ex trotskysta y el padrino del neoconservadorismo, escribió en el “Wall Street Journal”:
“Aquéllas guerras [culturales] terminaron y la izquierda ha ganado.”

Sí, puede que sea bastante lucrativo sumarse al fiestero tren neocon, pero no es algo
que quisiéramos hacer. “La libertad no es gratuita.” Usted paga un precio por su
libertad, y la “New Oxford Review” es verdaderamente libre, aunque relativamente
pobre.

Periódicos de pensamiento líder tales como la “New Oxford Review”, “First Things” y
“Crisis” nunca darán ganancias. O se apoyan en fundaciones neocons (y no negamos
que “First Things” y “Crisis” frecuentemente ayuden a la causa ortodoxa), o o lo hacen
por su lado, apoyándose en sus suscriptores para mantenerse. Preferimos no tener
ningún hilo anexo.

FUENTES

Neoconservadurismo

http://es.metapedia.org/wiki/Neoconservadurismo

Los orígenes trotskistas del Neoconservadurismo

http://hispanismo.org/politica-y-sociedad/2357-los-origenes-trotskistas-del-
neoconservadurismo.html