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El ensayo académico es una composición en prosa, enfocada a exponer las ideas del autor sobre

un tema específico, dar respuesta a una interrogante o sostener un punto de vista. Es utilizado
para evaluar el aprendizaje de los alumnos y su espíritu crítico. En el texto se hacen citas de los
autores en los cuales se apoya, o bien, con los que no está de acuerdo, y se exponen los
argumentos para sostener ese punto de vista.

El ensayo académico consta de las siguientes partes:

Introducción. En la introducción se expone brevemente el tema del ensayo, es un breve resumen


que delimita y especifica el tema que se va a tratar. En muchos ámbitos se estila incluir este
mismo texto en inglés, con el título “Abstract”.

Cuerpo. También llamado desarrollo o planteamiento, es donde se expondrán en forma ordenada


la argumentación. En la exposición se pueden usar elementos tales como tablas, gráficos, citas
textuales, o notas al pie. En esta parte se expondrán los argumentos a favor o en contra de lo
citado. Una característica de la exposición, es que cuando se habla del objeto de estudio o de una
cita, se hace en tercera persona (el autor citado…, ellos sostienen…, según sus ideas…, etc.). En
cambio, cuando se habla de la propia opinión, se estila hacerlo en plural (Por lo que pensamos…, a
lo que concluimos…, Consideramos…, etc.) Esta forma expositiva es de origen medieval. En los
estilos expositivos, el expositor hablaba con autoridad, y esta autoridad era respaldada por la
divinidad, en el caso de los clérigos y eclesiásticos o por la universidad, en el caso de los filósofos,
médicos y abogados.

Conclusión. La conclusión es el cierre del ensayo, donde se exponen el desenlace de la exposición,


resultado de la argumentación del ensayo.

Bibliografía. La bibliografía es la lista de libros, archivos de audio, video, revistas, periódicos,


páginas de Internet y otra documentación que se han tomado en consideración para realizar el
ensayo, tanto los que sostienen el punto de vista expuesto, como los que son contrarios y
contradichos en el trabajo. La forma de hacer citas es la siguiente:

Libros:
(Apellido del autor), (nombre del autor). (Título del libro). (Editorial), (Edición), (País), (Año).

Periódicos y revistas:

(Apellido del autor), (nombre del autor). (Título del artículo). Publicado en (Nombre de la revista o
periódico), (Fecha de publicación), (Sección), (Página).

Artículos de enciclopedia y diccionario:

(Nombre de la enciclopedia o diccionario). Artículo (palabra o biografía). Tomo (si está en varios
volúmenes), (Página), (Edición), (País), (Año).

Materiales Audiovisuales:

(Título del programa), (Nombre de la serie y número del programa, si lo hay). (Director o titular del
programa o video). (Estudios que lo realizan, o empresa en la que fue transmitido o es propietaria
de los derechos de autor). (Año de Realización; si es programa de radio o televisión, fecha y hora
de transmisión).

Materiales de Internet:

(Apellido del Autor), (Nombre del autor). (Nombre o título del documento). (Dirección de la página
Web. Si se han consultado varias páginas de un mismo sitio Web, se cita la dirección del sitio)

El formato del ensayo generalmente es en papel tamaño carta, por una sola cara, a doble espacio.
Cuando se usaba máquina de escribir, se usaban 60 golpes (o sea, 60 caracteres) y 30 renglones
por hoja. Con el uso de computadoras se utilizan márgenes superior e inferior de 2.5 centímetros,
y márgenes derecho e izquierdo de 3 centímetros, (predefinidos en la mayoría de los procesadores
de textos), con letra en tamaño 12, de las familias Arial (arial, calibri, tahoma o verdana) y Times
(Times New Roman, Bookman old style, o Book antiqua), siendo las más usadas Arial y Times New
Roman.

Ensayo Crimen y Castigo: La razón no


siempre es una buena consejera
JANUARY 21, 2014LEAVE A COMMENT
Crimen y Castigo del escritor ruso Fedor Dostoievski es una novela profundamente reflexiva
que genera un rompimiento de esquemas mentales en el lector y lo obliga a replantear sus
pensamientos. Esa es precisamente la principal labor del arte: abrir los ojos, desvelar, revelar lo
escondido, hacer pensar y desnaturalizar costumbres y acciones. Esta novela rusa, clásica de la
literatura universal, nos obliga a pensar sobre el origen del mal; la conveniencia del
pensamiento racional y utilitarista; la constante lucha que libra el ser humano en contra de su
consciencia, costumbres y principios de crianza; la megalomanía a la que somos proclives; la
vanidad como objetivo último de nuestras acciones; y la existencia del amor incondicional.

Raskolnikof, protagonista de la historia, es un joven estudiante inteligente que decide un buen


día poner en práctica sus elucubraciones filosóficas. Este joven parece comulgar con la doctrina
del utilitarismo y la racionalidad y por eso piensa que toda acción es éticamente correcta si su
beneficio supera a los costos. Un buen día decide asesinar a una señora usurera de San
Petersburgo en aras de hacerle un bien a la humanidad. Después de sopesar ventajas y
desventajas, llega a la conclusión de que sería muchísimo más útil sacrificar una vida a cambio
de librar a muchas personas de las vejaciones de una “vieja usurera” y de destinar sus recursos
a obras de caridad que podrían salvar muchas vidas.

“Cien mil obras útiles se podrían mantener y mejorar con el dinero que esa vieja destina a un
monasterio. Centenares, tal vez millares de vidas, se podrían encauzar por el buen camino;
multitud de familias se podrían salvar de la miseria, del vicio, de la corrupción, de la muerte,
de los hospitales para enfermedades venéreas…, todo con el dinero de esa mujer. Si uno la
matase y se apoderara de su dinero para destinarlo al bien de la humanidad, ¿no crees que el
crimen, el pequeño crimen, quedaría ampliamente compensado por los millares de buenas
acciones del criminal? A cambio de una sola vida, miles de seres salvados de la corrupción. Por
una sola muerte, cien vidas.” [1]
Raskolnikof se lanzó con determinación a llevar a feliz término su plan. Muchos pensamientos
de temor le asaltaron su cabeza los días previos al asesinato, pero siempre procuraba
tranquilizarse con la idea “de que este plan no era un crimen” (página 75), y que por eso podía
sentirse a salvo de trastornos morbosos y conservar toda su inteligencia y voluntad. Para
Raskolnikof, los hombres extraordinarios tenían el derecho moral a cometer actos criminales si
con ellos hacían un bien a la humanidad. No tenía la menor duda de que la muerte de esa mujer
era perfectamente justificada: “Al fin y al cabo, Sonia, yo no he dado muerte más que a un vil y
malvado gusano” (página 416), afirmó el joven estudiante a Sonia cuando se disponía a
entregarse a la justicia.

Era tanta la confianza que Raskolnikof le tenía a su teoría que ni siquiera cuando se hubo en la
cárcel mostró el mínimo asomo de remordimiento o rubor por los actos cometidos. Incluso se
habría sentido mejor si se hubiera podido hacer alguna acusación, si hubiera sentido vergüenza
o algún sentimiento de deshonor, pero su endurecida conciencia no hallaba ninguna falta grave
en sus acciones: “¿El de haber matado a un gusano venenoso, a una vieja usurera que hacía
daño a todo el mundo, a un vampiro que chupaba la sangre a los necesitados? Un crimen así
basta para borrar cuarenta pecados. No creo haber cometido ningún crimen y no trato de
expiarlo.” Página 513.

Es menester resaltar que a pesar de su convicción y de su profunda reflexión, el protagonista de


la novela no la tuvo fácil a la hora de decidirse a cometer el asesinato. “A pesar de la lucha
espantosa que se estaba librando en su alma, Raskolnikof no podía admitir en modo alguno que
sus proyectos llegaran a realizarse.” Página 74. La lucha que el ser humano libra contra su
conciencia, sus costumbres y sus principios maternos es agotadora. Para Raskolnikof no fue
una excepción y por eso desde el principio de la novela expresó una frase que resume todo lo
que se pretende decir a este respecto: “Es chocante que lo que más temor inspira a los hombres
sea aquello que los aparta de sus costumbres.” Página 6.

A pesar de todos los empeños por que prevalezca la razón en nuestra vida, el ser humano
parece estar hecho de algo más. No por nada, un gran pensador como Freud sostuvo que si bien
el ser humano contaba con la razón, al final era lo que menos utilizaba. El hombre tiene
pasiones, emociones y muchas otras cosas que la razón parece no poder explicar. La vida
parece más un rompecabezas indescifrable e impredecible que una ecuación matemática que se
resuelve fácilmente si se conoce el procedimiento. Pese a todas sus cavilaciones, a Raskolnikof
le seguía preocupando lo que los demás pudieran pensar de él. La imagen que nuestro
semejante pueda tener de nosotros, así no lo reconozcamos, dirige nuestras acciones y nuestro
destino. Hasta el más cínico parece dar muestras de preocupación por lo que se pueda pensar de
él. Por eso, después de devanarse los sesos por muchas horas, Raskolnikof llegaba a la
conclusión alentadora de que no le debía importar el juicio de valor de los demás: “Haré cuanto
esté en mi mano para mostrarme tan grosero y desagradable como me sea posible, y no me
importan lo que puedan pensar.” Página 214. Por las horas que dedicaba a estos pensamientos
se puede inferir que efectivamente sí le importaba el juicio de sus semejantes.

Las teorías de Raskolnikof y su eso excesivo de la razón lo convirtieron en un megalómano. Su


delirio de grandeza era tal, que se llegó a considerar un hombre extraordinario al que le debía
estar permitido franquear los obstáculos de su conciencia en el caso de que lo exigiera la
realización de una idea beneficiosa para la humanidad. Pero, ¿quién es un simple ser humano
para arrogarse el derecho a quitarle la vida a alguien en pro de la humanidad? ¿Qué tanto sabe
un solo ser humano sobre lo bueno y lo malo? Los países donde se aplica la pena capital, con lo
que no estoy de acuerdo, cuentan, al menos, con un sistema de justicia que respeta un proceso
de derecho. En este caso, Raskolnikof no le concedió el derecho a la vieja usurera para
defenderse. La asesinó a ella y a su Hermana, Lisbeth, de manera autoritaria y como producto
de una decisión individual. El protagonista fue tan egoísta que ni siquiera pidió la opinión de
los demás. Llegó a creerse tan omnipotente que prescindió por completo del concepto de sus
semejantes.

Raskolnikof consideraba que si los descubrimientos de Kepler o Newton hubieran tenido que
implicar el sacrificio de una o cien vidas, bien habrían valido la pena. Desde el punto de vista
racional, este pensamiento parece muy coherente. Pero en ese caso tendríamos que pensar si,
como decía Maquiavelo, el fin justifica los medios o por el contrario los medios que se utilizan
condicionan el fin. Desde mi punto de vista, no considero que un fin noble involucre medios
innobles. En el caso de que los incluyera se debería respetar la vida del ser humano ante todo,
por el carácter irrepetible e irremplazable de la persona. Todo esto me arroja a pensar en la
lucha infructuosa de las guerrillas comunistas en Colombia. La extrema izquierda valida el uso
de la violencia para tomarse el poder y por eso no vacila en matar, en secuestrar y en torturar.
Pero, ¿qué tanto ha conseguido esa extrema izquierda en Colombia? Primero, no ha podido
conquistar el poder y segundo no ha seducido a un pueblo que por sus condiciones de miseria y
desigualdad constituyen un campo abonado para sembrar el comunismo. Pero ni así lo han
logrado. Por eso me inclino por pensar que los medios que se utilizan condicionan el fin. No es
cierto, como dice Raskolnikof, que para conseguir el triunfo de las ideas se tenga que pasar
“sobre montones de cadáveres y ríos de sangre”. Página 263. La experiencia ha demostrado que
los métodos y modos de la lucha cívica han servido para conquistar derechos y libertades.

Lo que realmente impulsó a Raskolnikof fue su deseo por envanecerse, por alimentar su ego,
por sentirse superior a los demás. Cuando, al final de la novela, Raskolnikof le confiesa el
crimen a Sonia, le dice con total sinceridad: “He aquí cómo ocurrieron las cosas. Yo quería ser
un Napoleón: por eso maté.” Página 415.

Además, así Raskolnikof hubiera procedido impulsado solo por sus intenciones filantrópicas, su
acto es reprochable. El camino al infierno está empedrado de buenas intenciones. Cuando los
musulmanes se inmolan, lo hacen con buenas intenciones, pero eso no basta para condonarlos.
Por hacer el bien no se debe hacer el mal y según el viejo proverbio árabe “Dios juzga al árbol
por sus frutos y no por sus raíces”. Raskolnikof parecía confiar en una vida después de la
muerte y en la existencia de un ser superior y por eso apaciguaba sus temores justificándose
ante Dios de esta manera: “sí, lo soy, aunque solo sea, primero, porque me llamo gusano a mí
mismo, y segundo, porque llevo todo un mes molestando a la Divina Providencia al ponerla por
testigo de que yo no hacía aquello para procurarme satisfacciones materiales, sino con
propósitos nobles y grandiosos.” Página 277. Sus propósitos pudieron ser loables pero sus
acciones repudiables.

Cuando se piensa en el porqué del comportamiento de Raskolnikof se puede llegar a una


conclusión sobre el origen del mal. Este joven era pobre, había abandonado sus estudios de
Derecho por falta de recursos, pero contaba con el pleno respaldo y amor de sus familiares: su
madre y su hermana. Incluso tenía un amigo de la universidad que le profesaba gran cariño,
admiración e incondicionalidad. A pesar de su pobreza tenía un entorno favorable para ser feliz:
tenía dónde dormir, qué comer, qué vestir y a quien amar. No se puede pensar que la pobreza
fuera la causa de sus ideas, pues no todo el que es pobre asesina, ni todo el que asesina es
pobre. Atribuirle la causa del problema a la falta de recursos económicos sería una salida
simple. En este caso, Raskolnikof tenía una madre que lo amaba profundamente: “Has de saber,
querido hijo, que seguramente nos volveremos a reunir los tres muy pronto, y podremos
abrazarnos tras una separación de tres años” (Página 41), le dijo su madre a Raskolnikof
cuando le envió una carta a Petersburgo, lugar donde él vivía. En esa misma carta, su madre
manifestaba la felicidad que tenía por volverlo a estrechar contra su corazón y le contaba que
su hermana, Dunia, estaba “loca de alegría ante la idea de volver a verle.” Página 41. Según la
madre de Raskolnikof, Dunia lo amaba “más que a sí misma” (página 42), y por eso él debería
corresponderle de la misma manera. Este amor tan grande que tenía Dunia por su hermano,
llevó a que Raskolnikof sospechara sobre las verdaderas intenciones de ella al casarse con
Lujine, un político acaudalado: “No: tú te quieres casar con Lujine por mí. Y yo no acepto tu
sacrificio. Por lo tanto, escríbele una carta diciéndole que rompes con él. Dámela a leer mañana
y asunto concluido.” Página 200. Su hermana estaba dispuesta a sacrificar su libertad y
felicidad por la de su hermano. Después de que Raskolnikof hablara sobre los asesinatos con su
hermana se preguntó a sí mismo: “¿Pero por qué me quiere tanto si no lo merezco?”. Página
515.

Después de tantas manifestaciones de amor hacia Raskolnikof no se puede pensar que fue un
entorno adverso el que lo impulsó a cometer los crímenes. Muchos culpan al entorno del mal
que alguien comete pero en este caso es distinto. Aquí podríamos concluir que existe un mal
que brota desde lo más profundo del fuero interno de una persona y que poco y nada tiene que
ver con su entorno. Es más, sería más sensato, en este caso, atribuirle el mal a un trastorno
mental que a un contexto.

Con tanto amor que rodeaba a Raskolnikof podríamos preguntarnos por la incondicionalidad de
este. ¿Existe el amor incondicional? ¿Pueden las malas acciones borrar el amor que se le tiene a
una persona? Su hermana y su madre no eran las únicas que parecían incondicionales con
Raskolnikof, sino también la joven Sonia. A pesar de que esta joven era amiga de una de las
asesinadas no juzgó las acciones de Raskolnikof sino que por el contrario lo ayudó: “de pronto
se levantó y rodeó fuertemente con los brazos el cuello del joven. Raskolnikof se desprendió
del abrazo y la contempló con una triste sonrisa.” “-No te comprendo, Sonia. Me abrazas y me
besas después de lo que te acabo de confesar. No sabes lo que haces.” Página 412. Sonia
distaba de ser una mala persona, de hecho fue ella quien lo exhortó a entregarse a las
autoridades para que expiara sus culpas. Cuando Raskolnikof lo hizo, Sonia lo siguió a Siberia,
lugar del presidio y este “Comprendió que Sonia le pertenecía para siempre y que le seguiría a
todas partes, aunque su destino le condujera al fin del mundo.” Página 521. Mientras purgaba
su pena en Siberia, Raskolnikof llegó a la conclusión de que Sonia “solo vivía para él.” Página
542.

Por último me gustaría resaltar el tema de la vanidad, presente no solo en el personaje principal
de la novela sino de manera muy enfática en Piot Petrovitch, prometido de Dunia. Petrovitch
era un hombre profundamente ególatra, vanidoso y soberbio y era eso, precisamente, lo que lo
había impulsado a casarse con Dunia. Ella reunía todos los requisitos para ser su esposa: “su
ideal, en el que pensaba con cierta delicia, era una muchacha pura y pobre (la pobreza era un
requisito indispensable), bonita, instruida y noble, que conociera los contratiempos de una vida
difícil, pues la práctica del sufrimiento la llevaría a renunciar a su voluntad ante él; y le miraría
durante toda su vida como a un salvador, le veneraría, se sometería a él, le admiraría, vería en
él el único hombre.” Página 309. Resulta particularmente encantadora la forma como
Dostoiewski propone el tema de la vanidad en la novela. Es nuestro amor propio el que nos
impulsa a cometer actos bondadosos. El escritor argentino Ernesto Sábato sostiene que la
vanidad y la soberbia se esconden detrás de la bondad, la abnegación y la generosidad. No creo
que esta regla aplique en todos los casos pero sí en la mayoría de ellos. Piotr Petrovitch era un
hombre tan arrogante que aunque disgustaba de su compañero de habitación, disfrutaba que
este lo adulara: “le halagaban de tal modo las alabanzas, fuera cual fuere su condición, que no
rechazaba estos cumplimientos.” Página 366.
Crimen y Castigo resulta, pues, una excelente novela para reflexionar sobre varios aspectos de
la vida y de nuestra manera cotidiana de pensar. La novela es una profunda y larga
elucubración que pone de relieve la avalancha de pensamientos que asaltan a un ser humano en
un corto periodo de tiempo.