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Referencias

La historia como tramPa

mds grarte de nuestra situación en el mundo (nuestro lugar


e1t
Lo
(la
ta Retacióni no tiene que ver directamente cln el ametrallarniento
externtinación brutat)i sino con un lento desgaste, c0m0 u?ta extinción
por ornisión. No tenernos el priailegio de este tipo de muerte pálida' gue
se da en el rnundo.
Resulta'uano tildar pesirnisrno utalguier esfuerzo de reflexión que
de
pues
apunte a explorar tal carencia. Este esfuerzo parcial no es carismdtico'
iirod, o ¡ríorneruna liberación de uso. Las liberaciones de Íacto serán
actos colectiaos.
Fanon dice que íl no quiere ser esclarto de la aclavitud' Para mí' esto
sobreentiende gue no podemos conformarnos con ignorur
el fenóme-no

hist¡rico de ta)vtattitid; que no hay que padecer de manera pukional su

trauma persistente. La superación u exlloración proyectioa. El esclaao es

en priier luga, aquel gui no sabe. El erlaao de la ucla'uitud es aguel que

no quiere saber.
Resultaría peligroso proyutar la Relación planetaria c0m0 una
suce-

sirín lógica de conguistas, como lafatalidad de ks-conguistas para un pue-


blo. Aáeces, condice a la desaparición calectiva' La Relación
planetyia no
conlleva una moral practicaia. Tbda teoría generalizadora de la historia
que subestirne las temibles viaencias del mundo y sus
caídas (sus posibles

impasses) puede constituir unq trampa.


27. La querella con la historia peños.Y es que Delgrés fue vencido,una segunda vez,Pon la solapada ll:s¡vdela
ideología dominante, que logró desnatu rÑzar por untiempo el sentido de su acto
La lechrra de West Indian Writer and his QLarrel with History»,,1 de Ed- heroicá, y borrarlo d. j^ *J*o.ia popular. Así, según la proclama del gobierno
"The
ward Baugh, me permite hacer las siguientes observaciones. francés á lo. martiniqueñts-(marzo de tS+S), ios propios guadalupeños
"rclavos en 1802. A"tá. y des[ués, cuando
Si bien resulta incongruente aducir que un pueblo .no tiene historia», puede reclamaronel restablecimiento áe h esclavitud
sostenerse que en ciertas situaciones contemporáneas -aun cuando uno de los los héroes antillanos, Toussaint Louverture o José Martí, resultaron üctoriosos'
los
datos de la ampliación planetaria es la presencia (y el peso) de la conciencia his- solo fue en sus respectivos países. El bloqueo iáeológico funcionó tanto coflo
tórica cada vez más generñzada- un pueblo queda confrontado a 1o turbio de bloqueos económico de ayer para Haití, de hoy para Cuba. Si bien Bolívar encon-
esta conciencia que presiente como ,,necesaria,, pero que es incapaz de tró fuda y reposo enH^ti,yentonces la idea áe una historia aniTlanaglobal se
"hacer
emerger» o de uincorporar a 1o cotidiano»: porque 1os datos inmediatos de este concietó por rr. tiempo, ese il.*po no duró mucho. Hoy día, sin embargo, oímos
cotidiano no se insertan , pua é1, en una continuidad; es deciq su relación con el el estruendo de Matouba. Para recuperar ese tiempo de su historia, fue necesaflo
que los países antillanos rompieran i^gunguq,re 1Á redes colonial"5 ¡"6i¿n
tejido
-t entorno (1o que llamaríamos su naturaleza) está en una relación discontinua con
+\/ - h dffiiqcián de sus e@i-encia (1o que llamaríamos su cultura). En semejante a 1o largo de sus costas.
.o.rt.rto, hfiñria en tanto disciplina que pretendíac la realidad vivida por Asf, nacidos del acto colonial, estos pueblos solo han podido oponerle las
el pueblo padecerá una grave carencia epistemológica: no sabrá cómo asumirse. b*r.u, rupturas de su incesante rebelión, pero nunca po. Árr.ho tiempo (sobre
Efectivamente, la perturbación de la conciencia colectiva hace necesaria una ex- todo en las Antillas Menores), y no la inagotable emboscada que las naclones
ploración creativa,a cuyo fin los indispensables rigores para una esquematización africanas, por ejemplo, tendieron en su contia. La atávtca.o-rt idrd de lengua'
historicista pueden constituiq si no son dominados, un impedimento parÑzante. de religión, d. .irtÉ-u estatal, de valores tradicionales, es decir, una concepción
cual
Las metodologías pasivamente asimiladas,lejos de reforzarlaconcepción global o del mádo, permitía que esos pueblos resistieran más continuamente, cada
contexto cultural nos
permitir restablecer Ia dinámica histórica por encima de las rupturas experimen- por su parte.La pacienLayla cártidumbre que da semejante
tadas, contribuirán a sLlvez a intensificar esa carencia. fi;eron vetadas por mucho tiempo.
Las A¡tillas son el lugar de una historia hecha de rupturas y cuyo inicio es un De esto ha iesultado que el pueblo antillano no vincule el conocimiento de su
no
arrancamiento brutal: Iatrata de negros. Nuestra conciencia histórica no podía país a una datación -incluso miii-ficada- del país,y así la naturalezayl¿ cultura
'han
«sedimentarse>), por así decirlo, de forma progresiva y continua, como en los pue- formado para éIese todo dialéctico de dánde un pueblo saca el argumento de
se ha
blos que engendraron una fi1osoÍia de la historia a menudo totalitaria -los euro- su conciencia. A tal punto que, para nosotros, la historia oscurecida a m-s¡uio
peos-, sino agregarse, por efectos del impacto, de la contracción, de la negación reducido al calendario de las catástrofes naturales, solo con significados ¿fectivos
dolorosa y de la explosión. Esta discontinuidad en 1o continuo,y la imposibilidad *fragmentadosr. Decíamos: «el año del gran terremoto», o oel año dsl 6i6lón que
parala conciencia colectiva de circunscribirlo,caracterruan 1o que yo llamo una derrumbó la casa del señor Celeste», o «;1 año del incendio en la Calle MaloD''Y
lejos
no-historia. este sí es el recurso de toda comunidad carente de un acto colectivo y trabada
en las
Así pues, el factor negativo de esta no-historia es la tachadura de la memoria de la conciencia de sí misma. Sin duda, se observan semejantes dataciones
colectiva. Cuando el coronel Delgres decidió sacrificarse en el polvorín del Fuerte comunidades campesinas de ciertos países industri Ñzados, por ejemplo.
Matouba en Guadalupe (1802) con sus trescientos hombres, para no rendirse No podríamos proscribir esta práctica de un calendario «natural» corflo sl
de
ante los seis mil soldados franceses que 1o cercaban, el ruido de esta explosión no fuera ,rna mera alienación. La etntpoética puesta de moda por los excesos
más
retumbó inmediatamente en la conciencia de los martiniqueños y los guadalu- la deshumanizaciónindustrial o administrativa nos enseña que en esto hay
lPonencia presentada en un cotoquio de CariFesta (Kings[on, Jamaica, 1976). La probtemát¡ca cutturaI
razón delo que se supone. Pero la nafixaleza,únave:-..pnruáu de su significado'
es tan pobre (para el hombre) y desarmada como la historia padecida' La
con-
g [iteraria en [as Antittas angtótonas gira principatmente on [orno a semejantes conceptos. EI historiador
como poeta (con respecto a Brathwaite), eI nove[ista como historiador (con respecLo a Naipaut), ta his- junción dináÁica naturaJeru-Lultura es indispensabl. puru á1 asentarniento de
toria como prouecto (con respec[o a Lamming): [a enunciación deI lema es permanente. E[ encuentro una comunidad.
entre [as [iteraluras antittanas (angtófona, francófona, hispanohabtan[e, creotófonas) no proviene de una Hoy día escuchamos el estruendo del Matouba, pero también el fusila-
decisión de los productores de texlos: son los efectos todavía sotapados de un mismo movimiento his-
miento del Moncada. Nuestra historia golpea tan súbiiamente que nos aturde'
lórico, de una misma perlenencia cu[[urat.
ü
UArtes Pubticac¡ones 1.24 El discurso ont¡llono Édouard Gtissant 725 Historia, h¡stofias

1
Iil surgimiento de esta unidad dtfractada (de esta conjunción inadvertida de his- a develar la fecunda üvacidad de una dialéctica reactivada entre naturalezay uI-
torias) constituida por las Antillas en este momento, nos sorprende, aun antes de tura antillanas.
que hayamos meditado sobre esta conjunción. Es 125 deciS que también nuestra En 1o que nos atañe, la historia, como conciencia en acción y como üven-
historia es una presencia que ha llegado a los límites de 1o soportable, presencia cia, no .r rolo asunto de historiadores. Para nosotros, la literatura no se dividirá
que debemos vincular sin transición con el complejo entramado de nuestro pasa- en géneros, sino que implicará todos los enfoques de las ciencias humanas. En
do. El pasado, nuestro pasado padecido, que Para nosotros todavia no es historia, esta materia,las categorías heredadas no deben bloquear la audacia metodológica

sin embargo aquí nos obsesiona. La tarea del escritor es explorar esta obsesión, cuando esta responde a las necesidades de nuestra situación. Para DerekWalcott,
orevelarla, de forma continua en el presente y 1o actual.2 Esta exploración no querellarse con la Historia es td,vez afirmar la urgencia de este cuestionamiento
equivale, pues, a una esquematización ni a un llanto nostálgico. Es para desenre- de las categorías del pensamiento analítico.
dar un sentido doloroso del tiempo y proyectarlo constantemente hacia nuestro U.r, t.ulidrd qrr. ,ro fue evidente para sí misma por mucho tiempo,y que de
futuro, sin recurrir a lo que yo llamo franjas temporales, de las que los pueblos alguna forma tomó cuerpo junto a la conciencia que los pueblos tenían de ella,
occidentales se han benefrciado; sin la ayuda de esa densidad colectiva dada pre- tiene que vef tanto con la problemática exploratoria como con la planificación
viamente por un contexto cultural ancestral. Es 1o que yo llamo una oisión profé- historiadora. Esta implicación .literaria» es la que ofienta la claridad de la re-
tica del pasado.3 flexión histórica, de la cual ninguno de nosotros puede pretender estar a salvo.s

"Ahí donde se cfvz n las historias


de los pueblos antaño considerados sin
historia, termina la Historia" (con H mayúscula). La Historia es un fantasma oc- NOTA 1

cidental de fuerte presencia, contemporáneo del tiempo en que Occidente era el Acercq de la historia como neurosis
único que ohacía» la historia del mundo. Si bien Hegel ha relegado a los pueblos
africanos a 1o ahistórico, a los pueblos amerindios a 1o prehistórico' reservando ¿Sería irrisorio u odioso considerar nuestra historia padecida como la progresión
la Historia solo para los europeos, no puede creerse que hoy día esa concepción á. ,r.ru neurosis; la Íata de negros como un choque traumático; la instalación
jerarqttizadade ola marcha hacialaHistoria" haya caducado por el hecho de que (en el nuevo país) como una fase de inhibición; el período serwil como un estado
estos pueblos africanos o americanos hayan "entrado en la Historia". Los hechos, latente; la *[teración, de 1848 como una reactivación;los delirios consuetudi-
por ejemplo, han impuesto a1 pensamiento marxista la idea de que no es en los narios como un síntoma; y hasta la repugnancia por nvolver hacia esas cosas del
países técnicamente más avanzados donde prin'tero triunfa la revolución,ní atta- pasador, que sería una manifestación del resurgimiento de 1o inhibido? Tal vez no
vés de los proletariados más organizados. El marxismo ha criticado así, conlo real iesultaría útil ni probatorio hurgar en semejante paralelismo. La inhibición histó-
y desde su propio punto de üsta, la noción de una Historia lineal y jerarquizada' Es ticanos convence, no obstante, de que en esto hay algo más que una conjetufa'
Ninguno. La historia tiene
este proceso de jerarqüzación el que negamos en la incipiente conciencia de nuestra ¿Qré psiquiatra sabría problematizar ese paralelismo?
historia, en sus nrpturas, su repentina asunción, su resistencia a ser investigada' áreas inexplorables, por cuyos linderos deambulábamos despiertos'
Como la memoria histórica ha quedado con demasiada frecuencia tachada,
el escritor antillano debe en esta memoria a partir de las huellas a veces NOTA 2
"hurgar»
latentes que ha percibido en la realidad. Acerca de la transoersulidad
Como la conciencia antillana fue delimitada con barreras esterilizantes, el ü
escritor debe poder expresar todos los casos en que esas barreras fueron parcial- Pero nuestras historias diversificadas en el Caribe registran hoy día otfa reve-
mente rotas. # lación: convergen subterráneamente. Con esto, nos enseñan otra dimensión
Como el tiempo antillano fue estabilizado en la nada de una no-historia im- { a
Las obras de Derek Watcott, poeta oriundo de Santa Lucía, han dado a Edward
puesta, el escritor debe contribuir a restablecer su cronología tormentosa, es decir, Baugh, poela de Jamaica, eI argumenlo pr¡ncipat de[ lexlo que estou comentando
aquí: «Historu ¡s ¡rrelevoñt ¡n the Coribbeon».
2
Llegó e[ momento de pregunlarse si eL escritor es (en este trabajo) e[ encubridor de lo esclito o e[ ini- sElengaño cronotógico U ta simpticidad de una «periodizaclón» evidente son los pretextos «cutlurates»
clador de Lo hablado; si et proceso de hislorización viene a cuest¡onar e[ eslalus de [o escrito; si [a huetta
con[ra ese des¡deútum h¡stórico. Mientras más «objetiva» luce ta seudoperiodización, más se tiene [a
escrita es «suficien[e» para los archivos de [a memoria cotect¡va.
3Véase et prefacio a [a pf¡mera edición de mi libro Monsieur Toussoint, Édilions du Seuit, París, ]961.
impresión de habervencido ese lan subietivo, obsesivo, inseguro desiderÓtum'

UArles Pub[icáciones 726 El d¡scurso ontillono Erlouard Gt¡ssant 127 Historia, histor¡as