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¿Cuándo empieza la vida humana?

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SACRAMENTO MARTI VALLBONA
ÁNGEL PESTAÑA
10 SEP 1983
Buena parte de la argumentación en torno al tema del aborto se ha centrado en las
respuestas que puedan darse a la pregunta ¿cuándo comienza la vida humana?
Una cuestión compleja e irreducible a respuestas sencillas. Esto se puso de
manifiesto en la primavera de 1981 en el curso de unas reuniones de un comité
del Senado de Estados Unidos, en las que testificaron notables científicos y que
se suponía debían dejar zanjado el debate. El clima que rodeó este debate fue
especialmente tenso, por la gran campaña que realizó la coalición antiaborto, que
deseaba que la Constitución protegiese esplícitamente a la persona desde el
momento de su concepción.

Para algunos científicos de renombre, como el profesor Le Jeune, de París,


notorio por su descubrimiento del cromosoma anormal del mongolismo, la
cuestión es palmariamente simple: "La naturaleza humana del ser humano, desde
la concepción hasta la edad senil, no es una suposición metafísica, sino un mero
hecho experimental". Y el profesor Bongiovanni, de la universidad de
Pensilvania, reforzó este punto de vista de una manera ciertamente peculiar, al
considerar que tachar al embrión de ser humano incompleto era tanto como decir
que el niño, antes de la pubertad, no es un ser humano. En general, parece que el
testimonio de los científicos contrarios al aborto no consiguió elevar el nivel del
debate más allá de lo que es común entre los no iniciados. Esta situación llevó
probablemente al profesor Rosemberg, catedrático de Genética Humana en la
universidad de Yale, a reprochar a sus colegas el "haber sido incapaces de
distinguir entre sus juicios como profesionales y sus posiciones morales y
religiosas".Por su parte, Rosemberg se mostró partidario de la prohibición del
aborto, pero insistió en que no se pretendiera justificar esta acción legal sobre la
base del dictamen de la ciencia o la medicina: "No conozco ningún dato
científico que dé respuesta a la pregunta de cuándo comienza la vida"... "La
respuesta", añadió, "debe encontrarla cada uno en su conciencia".

SACRAMENTO MARTÍ, ANGEL PESTAÑA, Madrid


ENVIADO ESPECIAL

MÁS INFORMACIÓN
 Vida humana genuina

Esta toma de posición del profesor Rosemberg respecto a las limitaciones de la


ciencia para establecer un dictamen definitivo de la cuestión fue retomada por el
profesor Zack, de la universidad Rutgers, en un artículo editorial del
semanario Science y que representa, por tanto, el punto de vista oficioso de la
publicación científica más influyente de Estados Unidos.

Para Zack, toda la situación creada en torno al testimonio de los científicos ante
el Congreso de Estados Unidos indica un desconocimiento de los papeles
respectivos y de las relaciones que deben existir entre la ciencia y la
jurisprudencia. "La ciencia trata de explicar y predecir los acontecimientos en
nuestro mundo físico y biológico mediante la construcción de modelos
hipotéticos que sean un reflejo cada vez más ajustado del mundo que percibimos
con nuestros sentidos y nuestros instrumentós". Nada tiene que ver, por tanto,
con cuestiones de verdad o justicia. Por el contrario, "la jurisprudencia intenta
establecer un código de conducta para los miembros de una comunidad de cara a
facilitarles la convivencia en armonía". Nada tiene que ver con los paradgmas de
la ciencia.

La cuestión a resolver no es si el zigoto, el embrión o el feto son seres humanos,


en el sentido científico estricto, sino de establecer en qué estado del desarrollo la
entidad destinada a adquirir los atributos del ser humano debe ser investida de los
derechos y protecciones que han sido acordados al estado de ser humano. Y para
responder a esto, termina Zack, la ley debe remitirse a los códigos morales de la
sociedad y no a la ciencia.
Aunque la posición de Zack es esencialmente correcta en lo que tiene de humilde
delimitación de las competencias de la ciencia -que de otra forma se transforma
en cientifismo, al inmiscuirse en los terrenos propios de la moral y los valores-,
su mensaje resulta equívoco en cuanto a la capacidad de la ciencia para
establecer ciertos principios racionalizadores sobre los que sustentar la
jurisprudencia.

La vida no empieza, se transmite

Uno de los puntos en que la ciencia puede aportar elementos clarificadores hace
referencia al mismo fondo de la cuestión en que se ha centrado la polémica del
aborto. Como señaló B. C. Boving, de la universidad del Estado Wayne
(Michigan), en carta al editor de Science, la pregunta "¿cuándo comienza la vida
humana?" es tan falaz y equívoca como aquella otra de "¿cuándo pega usted a su
mujer?". En ambas, la pregunta secundaria del ¿cuándo? da por supuesto que la
cuestión principal ha sido respondida afirmativamente.

En términos estrictamente científicos, la vida empezó hace 200 a 400 millones de


años, perpetuándose y modificándose a través de los ciclos vitales y la evolución,
de la que surgió -¿hace 5, 10, 15 millones de años?- el homínido precursor de
nuestra especie. La vida no empieza, sino que se transmite mediante los ciclos
reproductores, de los que son parte esencial el óvulo y el espermatozoide; ambos
vivos y ambos igualmente humanos, en la medida que contienen el mensaje
genético, la potencialidad del ser humano.

No se puede confundir la potencialidad con una existencia humana ya


desarrollada y plena, sobre todo cuando sobre tan endeble argumento se
pretenden hacer construcciones legales que tienen que ver con la vida y la muerte
o el homicidio. El zigoto humano -es decir, el óvulo fecundado- es ciertamente
un ser humano en potencia, pero a un escalón anterior al del embrión y muy
anterior al del feto. También el óvulo y el espermatozoide tienen la potencialidad
del ser humano, aunque en un estadio anterior al del zigoto. Y, por supuesto,
cualquier célula de un humano adulto tiene la potencialidad teórica de dar lugar a
un nuevo ser humano, de disponer de la tecnología apropiada para su clonaje y
sobrevivencia.

Desde esta perspectiva de racionalidad científica, tan absurdo es conceder el


estado de persona humana a cualquiera de esos estadios potenciales, como el
establecimiento arbitrario de unos límites de humanidad entre los gametos (óvulo
y espermatozoide) y el resultado de su unión. En esta lógica precientífica,
cualquier jurista malintencionado puede pensar que la abstinencia voluntaria en
el período de ovulación (esto es, el método Ogino), al condenar al óvulo a la
muerte celular por falta de fecundación, pudiera ser interpretado como
un homicidio intencionado de ese ser potencial.

El proceso de humanización

Lo genuinamente humano remite inmediatamente a un ser social, con una


potencialidad simbólica exclusiva (representada por las estructuras y funciones
cerebrales del neocórtex), cuyo desarrollo depende del entorno social que lo
modela interactivamente. Sobre estas bases sí que es posible precisar en términos
científicos los límites aproximados en que puede empezar a hablarse de un ser
humano. Como señala Benjamín Libet, de la universidad de California, en carta a
la revista científica Science, el criterio fundamental para decidir acerca del
período de aparición de la vida humana genuina lo suministra el mismo principio
aceptado universalmente como criterio científico de muerte. Cuando el cerebro,
especialmente el área frontal, deja de funcionar con carácter irreversible, todos
convenimos en que la vida humana ha dejado de existir. Un individuo con el
cerebro irreversiblemente comprometido en su funcionalidad no se considera
como una persona viva, aunque sus riñones, corazón, intestinos, nervios
sensoriales, pulmones y demás funciones vegetativas sigan en perfecto orden.

Si se acepta el criterio de funcionalidad cerebral -una noción que nada tiene que
ver con inteligencia, locura y demás indicaciones sociales de
comportamiento apropiado o desviado- como base para nuestra definición
como personas vivas, entonces ya disponemos de un criterio científico y social
para establecer los límites mínimos en que se puede hablar de comienzo de
humanización.

El zigoto, resultante de la unión del óvulo y espermatozoide, claramente carece


de cerebro. Por tanto, la asignación de existencia humana al zigoto carece de base
científica y entra en el terreno de las creencias místicas o las preferencias
religiosas. Los rudimentos del cerebro no aparecen sino a partir del segundo mes,
pero su organización y funcionalidad es un largo y complicado proceso que se
prolonga más allá del alumbramiento, hasta la primera infancia. Es en esta larga
zona de penumbra (científica) donde la indagación científica podría precisar los
límites exactos de aparición de la persona.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 10 de septiembre de


1983

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estriba en determinar cuándo comienza