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BORRADOR DEL ENSAYO 1

Formar alumnos críticos, un futuro aún muy lejano


Antonio Orta Vázquez

Hablar de educación es hablar de transformación para el presente y futuro, por lo que es


un tema que nos involucra e interesa a todos, puesto que ésta como tal, es el renacer del ser
humano, la formación del individuo y la aspiración a la trascendencia, pero ¿Qué impacto genera
en la transformación social?
Pues bien, la educación impartida en las escuelas no es mera instrucción, con un edificio
funge como guardería y que se torna como un centro de cotidianidad de trabajo donde los
docentes llegan, hablan, el alumno escribe y listo. La escuela lleva en sí un propósito, una
funcionalidad como tal, el de formar seres capaces de transformar su medio, de tomar decisiones
en pro del bien común y lo correcto; que tenga lucidez, opinión y propuesta en la transformación,
por lo que un alumno deberá ser crítico y reflexivo ante un mundo muy cambiante, desafiante y
engañoso sobremanera, evitando ¡jugar a la escuelita!
Los desafíos que tiene la sociedad actual son el exceso de información mal infundada,
propaganda engañosa, enajenaciones religiosas y políticas que enfrascan al ser humano en el no
crecimiento, convirtiéndolos en victimas amantes de sus victimarios, pues se están generando
grandes masificaciones de seres alineados, masificados, mecánicos y automatizados, en pocas
palabras, formación de generaciones repetitivas y reactivas, carentes de sentido crítico, lucidez y
reflexión.
Ante este hecho, considero que es necesario fortalecer la formación, capacitación y
profesionalización del magisterio, en la cual los planes y programas vayan enfocados en generar
criticidad en los actores educativos, para que de esta manera puedan diseñar ambientes
generadores de esta habilidad en sus alumnos.
Por otro lado, esta propuesta surge a partir de la experiencia, el análisis de planes y
programas, así como la lejanía de la concretización en el aula de los mismos, en la observación de
la ejecución de prácticas docentes obsoletas e inamovibles en cuanto a retos cognoscitivos que
induzcan al niño al análisis, la reflexión y falta de puesta en práctica del pensamiento crítico,
además de valorar las necesidades frente a los desafíos actuales, en la cual urge que las nuevas
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generaciones tengan un criterio propio y tomen decisiones por el bien común y su crecimiento
personal y social.
La educación, una palabra de evolución y de gran significado, la educación como tal se
enfoca a transformar actitudes, mentes y cultura, el fin que se persigue siempre será la mejora del
individuo en todos los aspectos, sin embargo va a depender de la mesología1 que se implemente
para llegar a este tan esperado fin.
Cabe añadir que, desde los inicios del desarrollo histórico de la educación, ésta siempre se
ha tornado como una mera instrucción, conducción y mecanización de las nuevas generaciones.
Podría afirmar que desde los tiempos remotos hasta la actualidad, aplicamos el e-ducare, pues los
legendarios educadores y mentores creen que educación es permanecer inerte, sin moverse y
aceptando todo lo que se dice, sin cuestionar en absoluto el tema que te informa el profesor.
En la actualidad, puede observarse que la instrucción es y seguirá siendo una realidad en
las escuelas, mientras los docentes no transformen su práctica docente en el desempeño en el
aula y se enfoquen en verdad a formar individuos capacitados para las demandas del presente y el
futuro la situación permanecerá latente por varios años más, pues ” la función de la escuela ya no
es enseñar a niñas, niños y jóvenes lo que no saben, sino contribuir a desarrollar la capacidad de
aprender a aprender, que significa aprender a pensar” (SEP, 2007, p. 33)
Los fines de la educación están enfocados en la formación y potencialización de los
talentos del ser humano, es el medio de crecimiento y evolución de nuestra especie, puesto que
tenemos potencialidades diferentes a los de los animales que nos permite tener una tendencia
actualizante, que nos ayuda a comprender los avances y a estar renovados según las necesidades
y cambios de este mundo, claro está que esto se logra a través de una formación de calidad
enfocada al crecimiento y a la construcción de ideas, con libertad de expresar lo que se siente,
proponer y participar activamente en el proceso, pues lo que se pretende es que los seres humanos
se potencialicen como tales.
Cabe añadir que se busca formar alumnos que posean “la motivación y capacidad de
lograr su desarrollo personal, laboral y familiar, dispuestas a mejorar su entorno social y
natural, así como a continuar aprendiendo a lo largo de la vida, en un mundo complejo que vive
cambios vertiginosos” (SEP, 2017, p. 1).

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Mesología: los medios para alcanzar los fines.
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Asimismo, uno de los fines de la educación es formar alumnos críticos y reflexivos,


además se busca que el alumno aprenda a “cuestionarse acerca de diversos fenómenos, sus causas
y consecuencias; a controlar los procesos personales de aprendizaje” (SEP, 2017, p.33) por eso,
el alumno deberá ser un ente activo en la construcción de conocimientos, guiados por un docente
con una amplia preparación apoyada en su planeación de clases, que le permita cuestionar y hacer
pensar a los alumnos, donde se enfatice en el análisis de los contenidos abordados.
Hablar de formar alumnos críticos y reflexivos ha sido un tema recurrente en los planes y
programas de estudio, un tema discursivo en todas las capacitaciones brindadas al magisterio y el
tema ideal de formación por excelencia, en el cual se pretende que el alumno tenga la capacidad
de pensar, analizar y reflexionar un tema, dar su opinión, compararla con la opinión de los demás
y poseer un punto de vista en particular, que lo pueda defender y esté consiente de los resultados
de su toma de decisiones, de acuerdo con López (2011) “el pensamiento crítico es una actividad
reflexiva; porque analiza lo bien fundado de los resultados de su propia reflexión como los de la
reflexión ajena” (p. 43). Por otro lado, Saiz y Nieto ( 2011, en Agredo y Burbano, 2012) “El
pensamiento crítico se define “de orden superior y como tal, no es automático, sino que requiere
autodeterminación, reflexión, esfuerzo, auto-control y meta-cognición” (p. 4)
Con respecto al uso adecuado de la toma de decisiones, se requiere que la formación sea
abordada desde la criticidad y no solo en información, sino en el análisis, el cuestionamiento y la
reflexión de la misma, para que no sea preso de la alineación y masificación de moda del mundo
cambiante, por lo que un alumno critico se torna activo partiendo siempre con cuestionamientos,
asimismo “el pensador crítico, es aquel sujeto que participa directamente en los cambios que
afectan su entorno social, contribuye activamente a partir de sus acciones reflexivas,
cognoscitivas y críticas en la toma de decisiones” (Agredo y Burbano, 2012, p. 26).
Con respecto a la situación de los docentes es preocupante, puesto que estos precursores
de transformar mentes y nuevos ideales, se encuentran masificados y arrastrados por la misma
corriente potencializadora de generar seres repetitivos, seres que no piensan de manera crítica. El
problema que se vislumbra es la falta de formación de alumnos críticos y reflexivos y el impacto
que tienen en la sociedad.
Por lo que se propone que la formación de docente inicial, capacitación y la
profesionalización de los maestros se dé a las universidades, en donde el gobierno
verdaderamente invierta en la preparación de los mismos y así tenga las bases y herramientas
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para poder exigir y obtener buenos resultados a través de un seguimiento minucioso que no caiga
en el requisito, sino en resultados fructíferos, contundentes y de gran impacto para la sociedad,
notándose en generaciones que posean capacidad de análisis, críticos y reflexivos.

Profesionalización del magisterio, medio de criticidad y transformación

En cuanto a la práctica docente, se puede ver que se dan clases mecánicamente y el


conocimiento no lo reflexionan, únicamente lo depositan, no hay intervención docente, puesto
que se enfocan a un solo proceso, el del maestro. Esto se puede observar cuando los profesores
dan cuestionarios y los niños los contestan, a veces no saben ni como contestar la pregunta,
escriben lo que ellos copian. Ahora bien, si van exponer, los alumnos se aprenden de memoria lo
que van a decir, y a la hora de exponer repiten como pericos lo aprendido, por lo que los alumnos
no desarrollan habilidades críticas ni analíticas, cayendo en solo memorización carente de sentido
y sin ninguna funcionalidad formativa.
Así pues, si el educador no propicia ambientes de intercambio, si es el único que posee el
conocimiento y lleva una actitud directiva o solo mantiene a los alumnos con trabajos enfocados
al entretenimiento y pasividad, dudosamente generará conocimiento y reflexión, pues si “aliena la
ignorancia, se mantiene en posiciones fijas... Será siempre el que sabe, en tanto los educandos
serán siempre los que no saben. La rigidez de estas posiciones niega a la educación y al
conocimiento como procesos de búsqueda” (Freire, 2005, 79).
No obstante, hay docentes que recurren a movilizar todos los recursos que tienen para
brindar una mejor atención al alumnado, partiendo de lo que tienen y poseen, para poder
desarrollar las habilidades requeridas en el alumno, todo ello con el afán de formar al estudiante y
acercarlo a los estándares o perfiles deseados, así como diseñar ambientes propicios para que se
logre la concretización de Planes y Programas, por ello es conveniente resaltar que “la principal
función del docente es contribuir con sus capacidades y experiencia en la construcción de
ambientes que propicien el logro de los aprendizajes esperados por parte de los estudiantes”
(SEP, 2017, p. 128)
Sin embargo, es una tarea en la que todos los actores educativos tendremos que
involucrarnos, pues se requiere que a los alumnos se les de las herramientas que le permitan
pensar, analizar y reflexionar, actuar y tomar decisiones, que no terminen como seres
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automatizados y alineados en repeticiones sin pensar, sino como pensantes funcionales, capaces
de dar una opinión, tener la capacidad de discriminar información, valorarla, repensarla, tomar
decisiones y posturas coherentes en función de sus necesidades y la realidad a la que se enfrenta.
Otro tanto puede decirse que, lo expuesto anteriormente responde las necesidades de una
sociedad cambiante y la era del conocimiento, el cual exige un nuevo perfil de alumno y del
maestro, el cual debe enfocarse a desarrollar habilidades y conocimientos para el momento
histórico en que vivimos, por lo que el docente debe preparar alumnos para el S. XXI, para ello es
necesario que este transforme su práctica, planeando y trabajando en función en lo antes
mencionado, pues de acuerdo con López (2012): “el desarrollo del pensamiento crítico está
influenciado tanto por el contenido del curso como por la técnica instruccional” (p. 50).
En este orden es necesario que en las aulas de clases sea genere un ambiente interactivo,
en la cual se enfatice en la comprensión de textos, argumentación oral y escrita, utilizando los
hechos actuales para dar sus opiniones, así como trabajar en equipo y participar de manera activa
en su aprendizaje, donde el alumno sea un ente activo y social en la construcción de su
aprendizaje.
Asimismo, debido al mundo cambiante requiere de nuevas habilidades y aptitudes para
estar al día y a la vanguardia, llegando a ser personas funcionales en el ramo que nos
desempeñemos y en el medio donde nos desenvolvemos, la era de la información exige un
cambio educativo y una nueva forma de vida, pues “las exigencias del siglo XXI y de un mundo
globalizado nos demandan habilidades como el pensamiento crítico, que es necesario para una
lectura analítica y académicamente aceptable” (Guerrero, 2016, p. 132).
Ahora bien, el dar herramientas a los alumnos conlleva una serie de compromisos desde la
planeación de la clase, hasta la profesionalización docente, pues una persona que posee un amplio
repertorio estratégico, está capacitada para poder jerarquizar minuciosamente las estrategias
necesarias, adecuarlas y potencializarlas de acuerdo a la necesidad de los educandos, para ello es
necesario que sea experto en lo que se desempeña y en el área que se desenvuelve, por lo que los
formadores deben estar preparados para orientar, enseñar y mediatizar el aprendizaje, para que
los alumnos desarrollen la criticidad.
Incluso, es en la planeación donde se depositan y se piensan las estrategias enfocadas a
desarrollar habilidades superiores en los alumnos, no planear y no contar con los medios para
estimular a los alumnos es la ineficacia de una acción docente irresponsable, puesto que al
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“implementar estrategias de enseñanza sistemática de habilidades cognitivas, metacognitivas y


disposicionales es un desafío que no debe pasarse por alto en las instituciones educativas de
cualquier nivel” (López, 2012, p. 57).
Además los docentes no están capacitados ni formados en desarrollar el aspecto crítico,
pues se les brinda una capacitación incongruente, falta de calidad, solo como placebo de
tranquilización social ó por requisito, asimismo, las capacitaciones tienen muchas limitantes,
anteriormente desde asesores no preparados, falta de materiales y espacios para llevar a cabo
dicha capacitación, en el presente se cuenta con una plataforma lenta, poco estable y con poca
capacidad para poder brindar un servicio y medio necesario para el desarrollo profesional.
Estamos ante una gran travesía, que por un lado se dice que es preocupante que los
docentes no estén preparados y por el otro, la falta de apoyo de una verdadera formación de los
mismos, en la que se busque el desarrollo de habilidades superiores que permitan generar
conocimientos y habilidades funcionales.
Por ello, es común que los alumnos egresen como seres autómatas, sin alcanzar la
capacidad de análisis, la formación crítica y reflexiva, donde solo el maestro es el que sabe y
habla, reflexiona y piensa, el alumno solo escucha, esto es un problema agravante, pues solo se
forman alumnos repetitivos, donde es difícil que reflexionen y piensen de manera analítica,
cayendo así en la a criticidad, alineación y masificación generando mecánicos funcionales. Para
Freire (2005) “en las clases verbalistas, en los métodos de evaluación de los “conocimientos”, en
el denominado “control de lectura”, en la distancia que existe entre educador y educando... existe
siempre la connotación “digestiva” y la prohibición de pensar” (p. 86).
Ante este hecho es necesario que se redireccione el proceso, que en las aulas de trabajo en
realidad se ponga como prioridad la formación y transformación del alumno, no dogmatizando
con estrategias tranquilizadoras de la mente, sino estimulando su pensamiento creativo y
reflexivo a través de la argumentación, la discusión y por supuesto el análisis, en la que el alumno
sea propositivo y aprenda de manera activa, de esta forma estaremos conformando una sociedad
critica, luchando contra la ignorancia y sus efectos, y así aportar ciudadanos lucidos ante un
contexto desafiante, en este sentido Guerrero (2016) comenta lo siguiente: “una persona que
logra utilizar su habilidad de pensar críticamente, puede poner los hechos en contexto,
interpretarlos, darles significado y trascendencia, en suma, el pensador crítico puede ver cómo
están conectados unos con otros” (p. 133).
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En suma, un pensador critico es consciente de lo que vive, no es fervoroso a sus ideales si


existen contrarrestan argumentos de peso que lo contradigan, pues tiene la capacidad de análisis y
aceptar sus limitaciones y la posibilidad de no poseer la razón ante lo ya expuesto, teniendo una
explicación lógica de los mismos y sus posturas, además de poseer lucidez al conducirse y
desempeñarse en la vida cotidiana.
Bajo esas premisas, es importante que la vida discusiva de los actores educativos aterricen
de manera significativa, los ideales, metas y perfiles educativos, ya no podemos continuar
justificando lo que no se ha trabajado con valores y referencias de aciertos, cuando la situación
que se presenta aún sigue latente, pareciera que vivir bajo el autoengaño nos reconforta y nos
permite vivir sin preocupaciones y aspiraciones de un futuro mejor, o bien, la carencia de lucidez
ante una realidad eminente o es la proyección de nuestras propias limitaciones.
Por otro lado, se puede afirmar que en el discurso se ha cumplido satisfactoriamente en
la formación de los alumnos, de acuerdo a lo establecido en planes y programas como mero
requisito, los resultados no son únicamente números, gráficas y estadísticas, sino deberán
permearse en el comportamiento y la actitud de las presentes y futuras generaciones, por lo tal, es
imperativo que se aterrice el discurso de formar seres pensantes.
Por consiguiente, hace falta capacitar a los docentes en la cual ellos aspiren a una
verdadera formación de calidad, que les permita desarrollar nuevas habilidades para la atención y
preparación de sus alumnos, llegando así a desarrollar en ellos mismos el pensamiento crítico, en
el cual parta desde un autoanálisis de sus capacidades, fortalezas y debilidades, donde no se
opaque la realidad de la situación con argumentos carentes de criterio, donde no se diga que
vamos sobre rieles y estamos en proceso , cuando la realidad que nos azota es otra.
Ahora bien, no podemos justificar que estamos en formación de alumnos críticos, cuando
en realidad el propio magisterio no tiene la capacidad y la lucidez de siquiera percibir que
estamos muy lejos de formar lo que los planes y programas proponen, que nuestros métodos de
enseñanza se quedan cortos a las exigencias de un mundo cambiante y de los ideales de la
educación, en este sentido, Díaz Barriga (2001, citado en López, 2012) comenta lo siguiente:
“estos agentes educativos tienen poco claro qué es pensar críticamente o cómo pueden intervenir
pedagógicamente para fomentar dicha habilidad” (p. 43).
Por lo que se considera que la educación deberá cambiar, no solo en planes y programas,
sino en toda su estructura para salir abantes y lograr una educación más funcional en la era que
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nos desenvolvemos. Es por ello que la educación tiene el deber de cambiar continuamente de “la
forma y los estilos de orientar la enseñanza-aprendizaje, debe promover estrategias didácticas y
currículos flexibles que posibiliten una educación que conlleve a aprendizajes significativos para
lo cual es aconsejable que se potencie en el aula el pensamiento crítico” (Agredo y Burbano,
2012, p. 26).
Por lo tanto, debemos señalar que la realidad de las escuelas dista mucho de la formación
crítica y reflexiva de los alumnos puesto que solo se les instruye, no se construyen
conocimientos, ni se genera el intercambio de ideas para impulsar el aspecto crítico, el análisis y
la creatividad a las futuras generaciones, ya que son preparados en contexto aislados,
fragmentados y carentes de significado, paradójicamente se cree que hablar mucho por parte de
los estudiantes puede ser incómodo para el profesor o para los adultos, pues piensan que guardar
silencio, no moverse y estar estáticos, es símbolo de una muy buena educación, estamos ante un
plano de mera mecanización y una programación automática que poco impacta en la formación
de los alumnos.
La función de la escuela, dista mucho de la realidad que se vive en muchos centros
educativos, formar alumnos críticos es una realidad aún muy lejana, por lo que se tiene que hacer
conciencia de que algo está mal, que no se está alcanzando lo planteado en planes y programas
gubernamentales, pues hay un fuerte problema en el sistema educativo que urge atender, por lo
que las autoridades educativas deberán enfocar sus esfuerzos a una en una verdadera formación y
profesionalización del magisterio de calidad.
Solo una verdadera inversión en la preparación de docentes, profesionalización y
capacitación de los profesores, tendrá repercusiones en su ejercicio docente, por ende en las aulas
de trabajo y de esta manera tener un impacto social de transformación y crecimiento.
En este orden, es necesario reflexionar sobre el quehacer docente sobre la falta de
intervención en el proceso de aprendizaje, en las limitaciones de dicho proceso que ponen en
práctica en clases y la falta de diseño de ambientes de aprendizaje, pese que se cuente con
alumnos que poseen ciertos niveles de desnutrición.
Por otro lado, hace falta repensar y evaluar nuestra practica desde la perspectiva de ¿Qué
estoy haciendo por mis alumnos? ¿En realidad estoy dándoles herramientas de análisis? ¿Preparo
alumnos para los desafíos del mundo actual o únicamente los dogmatizo generando seres
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mecánicos y autoprogramados? Valdría la pena autocuestionarse y hacer un análisis minucioso


de lo que estamos llevando a cabo en la práctica.
Asimismo se pretende que los docentes tomen decisiones después de este análisis a partir
de una minuciosa retrospección de sus limitantes, busque la actualización permanente, así como
involucrarse en la era del conocimiento y así tengan capacidad para diseñar planeaciones
adecuadas, desafiantes y acordes a los interese de los alumnos, si bien hay alumnos absorbidos
culturalmente en ideas de pasividad y conformismo, un docente capacitado puede ser la
esperanza y la diferencia ante un cambio inevitable.

Referencias
SEP. (2007). MODELO EDUCATIVO PARA LA EDUCACION OBLIGATORIA, Educar para la
libertad y la creatividad. Ciudad de México: SEP.
SEP. (2007). Aprendizajes clave para la Educación Integral, Educación primaria 6°, Plan y
programas de estudio, orientaciones didácticas y sugerencias de evaluación. Ciudad de
México: SEP.
SEP. (2017). Los Fines de la Educación en el Siglo XXI, recuperado de:
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Freire, P. (2005). Pedagogía del oprimido. (p.35).España: Siglo XXI.
López, G. (2012, Enero/Diciembre). Docencia e Investigación. Pensamiento crítico en el aula.
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Agredo, J. y Burbano T. (2012). Macroproyecto Sujetos y Diversidad. El pensamiento crítico, un
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spui/bitstream/6789/792/1/El%20pensamiento%20cr%C3%ADtico,%20un%20compromi
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Guerrero, D. F. (2016). La importancia e impacto de la lectura, redacción y pensamiento crítico


en la educación superior. Zona Próxima, (24), 128-135. doi:10.14482/zp.22.5832