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EL TEATRO ESCOLAR LAMBAYECANO

Por: Eber H. Beltrán García

Dentro de la clasificación de las artes por su carácter formativo,


en lo que corresponde a artes académicas o trascendentes podemos
encontrar una categoría denominada “artes escénicas” (las otras tres
son: artes visuales, artes de la lengua y artes del sonido). Desde esta
perspectiva, como artes escénicas se desarrollan la danza y el baile y la
dramatización. A su vez, en la dramatización están involucrados la
oratoria (discursiva y poética), los títeres, la pantomima, el cine y el
teatro. Este último, de especial interés por cuanto viene tomando un
auge extraordinario en nuestra región desde mediados de la primera
década del presente siglo.

Con el transcurrir del tiempo han surgido diversas formas de


entender y hacer el teatro, que reclaman perspectivas teóricas específicas
para su comprensión, ya sea desde la concepción objetivista o la
metafísica; o, a partir del expresionismo o del vanguardismo. Además de
la inserción de moderna tecnología acústica, de efectos especiales, entre
otros, en el teatro de hoy se pretende potenciar la búsqueda, el riesgo y la
investigación escénica, la fusión de las distintas disciplinas escénicas
(danza, musicales, etc.) y desarrollar sus bases técnicas, potenciar la
creatividad individual y que ésta resulte relevante en el resultado final,
trabajar la creatividad colectiva, investigar las distintas herramientas
básicas (la danza, el movimiento, la voz, el juego, las performance),
activar el empleo de lo clásico como elemento de reciclaje y trabajar la
búsqueda como elemento esencial de la creatividad.

Todos estos elementos se han venido acuñando de manera científica


y, además, desde un enfoque pedagógico y formativo en algunas escuelas
lambayecanas; una de las que mayor interés y notable esfuerzo a puesto
es el colegio “Santo Toribio de Mogrovejo” de Chiclayo. En el equipo de
artistas y maestros que impulsan el desarrollo de las artes se encuentra la
veterana y dilecta actriz Victoria Azucena de María Arrasco Ruiz, quien ha
concebido para la tradicional noche de talentos que organiza la institución
educativa el 11 de noviembre la obra “Las aventuras de pinocho, un
muñeco con corazón”.

Si consideramos que el teatro desarrolla la autoestima en los niños y


adolescentes y hace que lleguen a conocerse un poco más,
comprendiendo y controlando sus emociones, estimula la creatividad y la
imaginación, favorece la sociabilidad, el autocontrol y la expresión
corporal, estimula la capacidad de reflexión, fortalece el desarrollo de la
lectura, la dicción, la entonación y la concentración así como las fijación
de valores y de la tendencia a la cooperación e integración; ayuda a
perder el miedo a hablar en público, refuerza la memoria y desarrolla la
empatía así como el sentimiento de pertenencia al grupo entre otros
beneficios que provee, estamos, pues, frente a una herramienta social y
pedagógica de gran envergadura que nos ayudará a forjar mejores
personas desde la escuela.

Julio C. Llamas Rodríguez señala que “A través del teatro, los


alumnos pueden sumergirse en un mundo en el que podrán situarse en el
lugar de otros y adquirir una serie de destrezas, habilidades y
conocimientos fundamentales para el correcto desarrollo cognitivo, social
y emocional. Asimismo, el teatro puede llegar a ser una herramienta
excepcional para encauzar ciertas tendencias educativas que no han sido
efectivas. Con el teatro, los alumnos y alumnas pueden descubrir una
nueva forma de aprender divirtiéndose e integrándose en un grupo, lo que
hace que éstos reflexionen sobre multitud de cuestiones vitales.” De esta
manera, un ordinario proyecto institucional se ha convertido ahora en una
consigna regional con la puesta en valor del espíritu del teatro escolar.