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La principal diferencia estriba en que la jurisprudencia son decisiones emanadas por un tribunal

superior que sirven como base para un caso similar, mientras que la doctrina son las opiniones y
medios que utilizan los juristas en sus argumentos (como libros, la Constitución, las leyes, etc). Eso
sí, ambas tienen por función velar por la correcta interpretación de las leyes.
Qué es la jurisprudencia
El término jurisprudencia deriva del vocablo latino juris “derecho“, prudentia “sabiduría“. Se trata
de un conjunto de decisiones que, en materia determinada, se encuentran consagradas por las
decisiones de los tribunales.
Se puede entender en tres sentidos: Como sinónimo de ciencia del derecho (o como día Ulpiano “La
ciencia de lo justo y de lo injusto”), como conjunto de sentencias o fallos dictados por los jueces u
órganos jurisdiccionales y como el conjunto de sentencias dictadas sobre un mismo punto con el
propósito de obtener una interpretación uniforme del derecho en los casos que la realidad presenta
a los jueces.
En general, se emplea el término de jurisprudencia cuando existe una serie de sentencias judiciales
concordantes o una sentencia judicial única, de las que es posible extraer una norma de carácter
general que oriente e influya la decisión de casos futuros.
Esas decisiones jurisprudenciales sobre los casos va formando un cuerpo de soluciones que adquiere
cierto carácter obligatorio y vinculante, primero porque crea un precedente y segundo porque a los
mismos problemas se le darán soluciones idénticas.
La jurisprudencia del Tribunal Supremo
En este sentido, se entiende por jurisprudencia a la doctrina establecida por el Tribunal Supremo
que se repite en más de una resolución. En cambio no son jurisprudencia las resoluciones dictadas
por las Audiencias Provinciales o por los Tribunales unipersonales.
Aunque es evidente que la jurisprudencia no aparece entre las fuentes del Derecho que enumera el
artículo 1.1 del Código Civil, sí completa y perfecciona el ordenamiento jurídico, en el que se instala
con vocación de permanencia, hasta el punto de que el artículo 95.1.4 de la Ley de la Jurisdicción y
el 88.1.d) de la actual Ley 29/1998, de 13 de julio, equiparan la infracción de las normas del
ordenamiento jurídico con las de la jurisprudencia que fuera aplicable para resolver las cuestiones
objeto del debate.
Además, la jurisprudencia del Tribunal Supremo obliga a todos los tribunales y jueces al respeto de
sus criterios, pues el artículo 1.6 del Código Civil sanciona con claridad que la jurisprudencia
complementará el ordenamiento jurídico con la doctrina que, de modo reiterado, establezca el
Tribunal Supremo al interpretar y aplicar la Ley, la costumbre y los principios generales del derecho.

Algunos afirman que la jurisprudencia tiene superioridad sobre la doctrina, pues en la práctica, el
contenido de la primera tiene un carácter más vinculante y obligatorio que la segunda.

La doctrina nunca se impone por sí misma


La doctrina jurídica es lo que piensan los distintos juristas respecto de los distintos temas del
derecho, respecto a las distintas normas. Se reduce al conjunto de opiniones que sirven de guía para
ejercer el derecho. Carece de toda fuerza obligatoria, aunque desempeña un papel fundamental en
la elaboración, el desarrollo progresivo y la reforma del derecho, por medio de sus enseñanzas y sus
obras, a través de la formación de los juristas que serán futuros legisladores y jueces.

Muchas reformas legislativas se deben a la doctrina, ya que ella ejerce como fuerza generadora de
juicios jurídicos, incide en la conciencia de los legisladores para que entiendan las necesidades de
reformas o la elaboración de una determinada ley.

Su autoridad depende de la fuerza de convicción de que están dotadas. El juez acude


voluntariamente a la doctrina y acoge o rechaza sus postulados y planteamientos de conformidad
con su propio criterio.