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Criminología Critica y –Crítica del derecho penal

Alessandro Baratta

LA IDEOLOGIA DE LA DEFENSA SOCIAL COMO IDEOLOGIA COMÚN A LA ESCUELA CLÁSICA


Y A LA ESCUELA POSITIVA.
LOS PRINCIPIOS CARDINALES DE LA IDEOLOGÍA DE LA DEFENSA SOCIAL

Una de las cuestiones relativas al significado histórico y teórico del pensamiento expresado por la
escuela liberal clásica ha sido planteada en un reciente debate historiográfico acerca de la función que
corresponde a tal escuela respecto al pensamiento criminológico. Se trata de saber si en la historia de
este pensamiento dicha escuela representa sólo la época de los pioneros o si constituye, más bien, su
primer capítulo, no menos esencial que los siguientes. David Matza y, tras su ejemplo, Fritz Sack han
querido revalorar, como se indicó en el capítulo precedente, la importancia de la escuela clásica no sólo
para el desarrollo histórico de la criminología, sino también para la fase presente de revisión crítica de
sus fundamentos. Cualquiera que sea la tesis aceptada, hay un hecho cierto: tanto la escuela clásica como
las escuelas positivas realizan un modelo de ciencia penal integrada, es decir, un modelo en el que la
ciencia jurídica y la concepción general del hombre y de la sociedad se hallan estrechamente ligadas.
Aun cuando sus respectivas concepciones del hombre y de la sociedad sean profundamente diversas, en
ambos casos nos hallamos, salvo excepciones, en presencia de la afirmación de una ideología de la
defensa social2 como nudo teórico y político fundamental del sistema científico.
La ideología de la defensa social (o del "fin") nació al mismo tiempo que la revolución burguesa, y
mientras la ciencia y la codificación penal se imponían como elemento esencial del sistema jurídico
burgués, ella tomaba el predominio ideológico dentro del específico sector penal. Las escuelas
positivistas la han heredado después de la escuela clásica, transformándola en algunas de sus premisas,
conforme a las exigencias políticas que señalan, en el seno de la evolución de la sociedad burguesa, el
pasaje del estado liberal clásico al estado social. El contenido de esa ideología, tal como él ha entrado a
formar parte -si bien filtrado a través del debate entre las dos escuelas- de la filosofía dominante en la
ciencia jurídica y de las opiniones comunes no sólo de los representantes del aparato penal-penitenciario
sino también del hombre de la calle (es decir, de las every day theories), es susceptible de reconstruirse
sumariamente en la siguiente serie de principios.
a] Principio de legitimidad. El Estado, como expresión de la sociedad, está legitimado para reprimir la
criminalidad, de la cual son responsables determinados individuos, por medio de las instancias oficiales
del control social ,(legislación, policía, magistratura, instituciones penitenciarias). Éstas interpretan la
legítima reacción de la sociedad, o de 1; gran mayoría de ella, dirigida a la reprobación y a la condena
del comportamiento desviado individual, y a la reafirmación de !os valores y de las normas sociales.
b] Principio del bien y del mal. El delito es un daño para la sociedad. El delincuente es un elemento
negativo y disfuncional del sistema social. La desviación criminal es, pues, el mal; la sociedad
constituida, el bien.
c] Principio de culpabilidad. El delito es expresión de una actitud interior reprobable, porque es
contrario a los valores y a las normas presentes en la sociedad aun antes de ser sancionadas por el
legislador.
d] Principio del fin o de la prevención. La pena no tiene -o no tiene únicamente- la función de retribuir,
sino la de prevenir el crimen. Como sanción abstractamente prevista por la ley, tiene la función de crear
una justa y adecuada contramotivación al comportamiento criminal. Como sanción concreta, ejerce la
función de resocializar al delincuente.
e] Principio de igualdad. La criminalidad es la violación de la ley penal, y como tal es el
comportamiento de una minoría desviada. La ley penal es igual para todos. La reacción penal se aplica
de modo igual a los autores de delitos.
f] Principio del interés social y del delito natural. El núcleo central de los delitos definidos en los
códigos penales de las naciones civilizadas representa la ofensa de intereses fundamentales,de
condiciones esenciales a la existencia de toda sociedad. Los intereses protegidos mediante el derecho
penal son intereses comunes a todos los ciudadanos. Sólo una pequeña parte de los delitos representa la
violación de determinados órdenes políticos y económicos y es castigada en funciónde la consolidación
de éstos (delitos artificiales).

Las diferencias entre las escuelas positivistas y las teorías sobre la criminalidad de la escuela liberal
clásica no residen, por eilo, tanto en el contenido de la ideología de la defensa social y de los valores
fundamentales considerados dignos de tutela, sino más bien en !a actitud metodológica general respecto
a la explicación de la criminalidad. Matza ha puesto en evidencia esta diferencia de modo
particularmente claro.
De acuerdo con el modelo de la escuela positiva y de la criminología positivista aún hoy ampliamente
difundida, la tarea de la criminología se reduce a la explicación causal del comportamiento criminal
basada en la doble hipótesis del carácter complementario determinado del comportamiento criminal, y
de una diferencia fundamental entre individuos criminales Y no criminales. A tal modelo se contrapone
el de la escuela clásica, que tiene por objeto, más que al criminal, al crimen mismo, y queda ligada a la
idea del libre arbitrio, del mérito y del demérito individual y de la igualdad sustancial entre criminales y
no criminales. Estas diferencias no conciernen más que a uno de los principios arriba
individualizados, el relativo a la actitud interior (culpabilidad) del delincuente.
Éste adquiere un significado moral-normativo (disvalor, condena moral) o simplemente
sociopsicológico (revelador de peligrosidad social) según se parta de las premisas de la escuela
clásica o de la escuela positiva. Pero si, por una parte, sólo el primer significado es idóneo para
sostener la ideología de un sistema penal basado en la retribución (ideología que, por lo demás,
como se ha visto, no es en modo alguno la más difundida en el seno de la orientación liberal
clásica), por otra parte ambos planteamientos, aunque de manera diferente, son adecuados para
sostener la ideología de un sistema penal basado en la defensa social.
Así, el concepto de defensa social parece ser, en la ciencia penal, la condensación de los mayores
progresos realizados por el derecho penal moderno. Más que ser un elemento técnico del sistema
legislativo y del dogmático, este concepto tiene una función justificante y racionalizadora respecto
de ellos. En la conciencia de los estudiosos y de quienes operan con el derecho y que son
considerados progresistas, él tiene un contenido emocional polémico y a la vez reasegurador. En
efecto, aun siendo muy raramente objeto de análisis, o propiamente en virtud de esta aceptación
acrítica que de él se hace, su uso se acompaña con una irreflexiva sensación de militar en la parte o
lado justo, en contra de mitos y concepciones mistificantes y ya superadas, y en favor de una
ciencia y de una práctica penal racionales.
Por otra parte, el concepto de defensa social, como se ha dicho, es el punto de llegada de una larga
evolución del pensamiento penal y penitenciario, y como tal representa realmente un progreso
dentro de éste. Y sin embargo, desde el punto de vista de la crítica de la ideología y de la capacidad
de analizar de manera realista, y por tanto, también de la de proyectar racionalmente las
instituciones penales y penitenciarias, la ciencia del derecho penal presenta un notable retraso
respecto a la interpretación que de esta materia se hace hoy en el ámbito de las ciencias sociales
(sociología criminal, sociología jurídico-penal). El objeto de este ensayo es, por ello, mostrar en qué
medida algunas perspectivas de las teorías sociológicas de la criminalidad contemporáneas están
críticamente más avanzadas que la ciencia penal y ofrecen, en particular, importantes puntos de vista
para una crítica y una superación del concepto de defensa social. Naturalmente, las b6teorias
sociológicas" contemporáneas presentan una vasta gama de posiciones que se pueden diferenciar entre
sí, sobre todo por la visión conjunta de la realidad social en que se inscriben, y por tanto no pueden ser
utilizadas en su conjunto sin selección, como si se tratase de un corpus homogéneo de datos adquiridos
y de tesis compatibles integrables entre sí.
2. FUNCIÓN LEGITIMADORA DESPLEGADA POR LA IDEOLOGÍA DE LA DEFENSA SOCIAL EN
RELACIÓN CON EL SISTEMA PENAL
La capacidad de influir críticamente en los mitos y en las ideologías que sostienen los juristas -
favoreciendo el análisis realista y la crítica del sistema social que esos mitos y esas ideologías
contribuyen a idealizar y estabilizar- varía entre las diversas teorías. Para la mayor parte de ellas puede
decirse que los elementos que ofrecen para una superación de las ideologías jurídicas se ven
compensados, a su vez, por la producción de nuevas ideologías. Se trata de ideologías que hunden sus
raíces, no ya en el terreno de la ciencia jurídica sino en el sociológico, y que pueden desenvolver aun en
este plano diverso, a su vez, una análoga función idealizante y estabilizante frente al sistema social y a
las respectivas instituciones penales y penitenciarias.
Sería ciertamente muy ambicioso querer proporcionar un análisis crítico exhaustivo del desarrollo de la
sociología criminal contemporánea. Nos hemos propuesto, más bien, cotejar la teoría jurídica de la
criminalidad y la sociológica; a continuación ponemos particular atención en las indicaciones teórica
e hipótesis de investigación que pueden concurrir a la fundamentación de una economía política de la
pena y de la "criminalidad". El cotejo entre ciencia del derecho penal y teoría sociológica, creemos, no
carece de utilidad para el proceso de la primera, especialmente con el fin de superar los elementos
míticos e ideológicos que en ella pesan todavía corno una herencia mal digerida del pasado.

Por ello, la referencia a las teorías sociológicas de la criminalidad se hará en el presente contexto de
modo selectivo, escogiendo en el seno de ellas algunos modelos; y, en relación con estos, los aspectos
significativos para los propósitos de una crítica de la ideología penal de la defensa social. El método que
aquí se sigue es el de una crítica externa del pensamiento penal, que parte de resultados y argumentos
extraídos del desarrollo de la sociología criminal estadunidense y europea de los últimos 50 años. El
retraso de la ciencia jurídica frente al pensamiento criminológico contemporáneo más avanzado es tal
que, en efecto, obliga a considerar que no puede éste ser recuperado hoy por medio de una crítica
inmanente o de una autocrítica situada en el seno de la ciencia jurídica.
Esto sólo significa hacer un análisis crítico de la situación actual de la ciencia penal y no, en cambio, y
no está por demás repetirlo, hacer de esta situación un modelo para la ciencia penal. En el sentido de
modelo, subsistirá como válido el de la integración entre dogmática del delito y ciencia social de la
criminalidad. Pero el modelo de una gesamte Strafrecht swissenschaft, sugerido y realizado por la
escuela positiva en Italia (Lombroso, Ferri) y por la escuela sociológica en Alemania (von Listz), y
dominante hasta los años treinta, ha sido puesto en crisis por el predominio adquirido desde entonces
por la orientación técnico-jurídica en Italia (Rocco) y en Alemania (Beling), orientación que todavía
domina ampliamente en la ciencia penal de la Europa continental. La divergencia, que se acentúa desde
entonces entre dogmática jurídica por una parte y ciencias sociales y criminológicas por la otra. y
que es particularmente favorecida por la hostilidad que la política cultural del fascismo en Italia y en
Alemania ha reservado a los estudios sociales y criminológicos, no ha sido todavía superada.
El encuentro con la más avanzada criminología y teoría social de la criminalidad habría llevado al
pensamiento penal, si no a una superación, al menos a una actitud critica frente al concepto de defensa
social. Pero este encuentro no se ha realizado aún. Por eso podemos decir que un nuevo modelo de
ciencia penal integada no ha surgido aún tras la crisis de la escuela positiva y de la gesamte Strafrecht
swissenschaft, ni en realidad existe todavía una verdadera interacción entre exponentes de la dogmática
del delito y de la teoría sociológica de la criminalidad, aun cuando se observan cada vez más en casi
todos los países europeos esfuerzos dirigidos a suscitar esta interacción y a construir un modelo nuevo
de ciencia penal integrada.
La afirmación, de este modelo requiere, empero, un largo tiempo. Si no se quiere diferir todavía rnás un
discurso crítico sobre la ideología del sistema penal es menester iniciar entre tanto, nos parece, una
confrontación externa de la ciencia penal con la teoría sociológica de la criminalidad. Por otra parte, esta
confrontación muestra precisamente que no sería hoy posible volver simplemente a las realizaciones del
modelo integrado de ciencia penal que conocemos, así sea del pasado o del presente, del modo como
están representados por la gesamte Strafrechtswzssenschaft de von Listz, por la escuela positiva clásica
y contemporánea, por la escuela de la "defensa social" (Gramatica) y por la de la "nueva defensa social"
(Ancel). En efecto, en todas estas ediciones del modelo integrado de ciencia penal no se halla una
alternativa crítica, sino sólo una modificación y un perfeccionamiento de la ideología de la defensa
social. No sólo no resulta ella menoscabada en estas escuelas sino m& bien afirmada en su más amplio
alcance, tanto en el sentido de la ideología positiva (programa de acción), como, y sobre todo, en el
sentido de la ideología negativa (falsa conciencia, idealización mistificarte de la función real de lus
institutos penales). A ese extremo es verdad que estamos habituados a asociar eminente o
excIusivamente con estas escuelas la idea de defensa social, aun bajo la denominación alternativa de
"teoría del fin", como si todos los movimientos anteriores a la orientacibn sociológica excluyeran el
concepto de defensa social y el de fin.

3. NECESIDAD DE SITUAR LOS ELEMENTOS DE UXA TEORÍA DE ~,DE SVIACIÓN, EN LOS


“COMPORTAMIENTOS SOCIALMENTE NEGATIVOS” Y DE LA CRIMINALIZACIÓN, DENTRO DE UNA
ESTRUC'I'URA ECONÓMICO-SOCIAL ESPECÍFICA

En Ias páginas que siguen se mostrará cómo los principios que integran la ideología de la defensa social
hallan una directa confrontación crítica de las teorías sociológicas contemporáneas sobre la criminalidad.
El análisis de estas teorías será, pues, distribuido teniendo en cuenta sobre todo los elementos críticos
que ellas contienen frente a cada uno de los principios que forman parte de la ideología penal de la
defensa social. Se trata, sobre todo, de teorías comprendidas en el campo de la sociología criminal
burguesa y que, para distinguirlas de las más recientes teorías que caben en la llamada criminología
"crítica" (en parte de inspiración marxista), se denominan a menudo como teorías "liberales", según una
particular acepción que, en el mundo anglosajón, ha adquirido el término "liberal". Con este término se
denotan teorías que, aun diferenciándose cronológicamente las teorías liberales clásicas de los siglos
precedentes, se caracterizan, dentro del pensamiento burgués contemporáneo, por una actitud
racionalista, reformista y, generalmente, progresista.
La presentación de las tesis alternativas que resultan de un examen desprejuiciado de las diversas teorías
sociológicas sobre la criminalidad y sobre el derecho penal no implica su aceptación global, lo que, por
lo demás, sería imposible dada también la relativa incompatibilidad que subsiste entre las mismas. Por
otra parte, el esquematismo que domina en la distribución de la materia comporta una neutralidad sólo
aparente en relación con ella. El hilo conductor del análisis está dado por una consideración
fundamental: el concepto de defensa social corresponde a una ideología caracterizada por una
concepción abstracta y ahistórica de sociedad entendida como una totalidad de valores e intereses. Una
teoría adecuada de la criminalidad, sobre la cual se quiera basar hoy un nuevo modelo integrado de
ciencia del derecho penal, se caracteriza por elementos antitéticos a la ideología de la defensa social: en
primer lugar, dicha tepría opera con un concepto situado, es decir con una abstracción determinada
correspondiente a específicas formaciones económico -sociales y a los problemas y a las contradicciones
inherentes a éstas. Desde este punto de vista, el horizonte macrosociológico de semejante teoría no está
dado por un concepto ideal de sociedad, sino por conceptos más determinantes, como los de "saciedad
feudal", "sociedad capitalista", "de transición", etcétera.
Esta teoría opera, además, sobre la bas- de un análisis de los conflictos de clase y de las contradicciones
específicas que caracterizan la estructura económico-social de las relaciones de producción de una
determinada fase de desarrollo de una formación económico-social.