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Verdades honestas: la ética en el cine documental


Master Class de Bill Nichols en el foro de cine documental
BorDocs

Por Tomás Crowder-Taraborrelli

El sábado 3 de septiembre de 2011, Bill Nichols ofreció una


clase magistral en la Universidad de Baja California, como
parte de BorDocs, foro de cine documental en Tijuana,
México. El título de la clase fue When Filmmakers Shoot
Real People: Some Ethical Considerations (Cuando los
cineastas filman personas de verdad: algunas
consideraciones éticas). Nichols habla de una manera
pausada, dándole importancia a cada frase y término que
enuncia. Sus argumentos van de lo simple a lo complejo,
algo importante especialmente cuando uno se está dirigiendo
a una audiencia de jóvenes realizadores. El objetivo de su
clase era analizar el importante compromiso que asume un
documentalista frente a su obra. En esta ocasión, se ocupó
principalmente del aspecto ético de este compromiso.
De entrada, el teórico estadounidense dejó en claro que los
principios éticos cambian de cultura a cultura, y también
en diferentes ámbitos ideológicos, de cualquier manera
afirmó, el debate sobre la ética puede encuadrarse dentro
de ciertos límites discursivos. A pesar de lo complejidades
del tema, Nichols sostiene que el lema de todo
documentalista responsable debería ser: “Respeta a tus
protagonistas y gánate la confianza de tu audiencia. Estos
son los puntos de partida para ir por buen camino”. Luego
agregó: “Pero en realidad esto no es tan fácil de lograr…El
objetivo principal de todo documental es la búsqueda de una
verdad superior [higher truth]".
Nichols mostró cierto descontento al descubrir que son
pocos los textos que se ocupan de tan importante cuestión,
ya que como él considera, un país fortalece sus
instituciones democráticas al contar con medios
independientes que ejercen su función con honestidad. Con
el objetivo de llenar este vacío teórico Nichols, junto a
los autores Patricia Aufderheide, Peter Jaszi y Mridu
Chandra, y con el patrocinio del Center for Social Media,
publicaron Honest Truths: Documentary Filmmakers on
Ethical Challenges in Their Work (Verdades honestas: los

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realizadores de cine documental consideran sus desafíos


éticos). Este estudio, que se puede bajar de la página de
la organización, analiza muchas de las cuestiones y debates
a las que se refirió Nichols en su clase magistral en
Tijuana. A los que tengan la oportunidad de leer Honest
Truths no les sorprenderá que los documentalistas
identifiquen ciertos factores que condicionan sus
decisiones: las presiones comerciales, los límites
presupuestarios, la tentación de dramatizar ciertos
conflictos, la negociación de estrategias de montaje
fundamentadas en principios éticos, etcétera. Ahora bien,
los autores del estudio no se enredan en examinar casos
particulares y sus problemas de producción y distribución,
sino que se enfocan en determinar los principios éticos que
informan los modelos de toma de decisiones. Algunos de los
temas de los que se ocupó Nichols durante su charla fueron:
si se debe compensar a los actores sociales por participar
en un documental, cuáles son las responsabilidades legales
y jurídicas de un documentalista, en qué circunstancias uno
puede (o debe) mentir para conseguir una entrevista, entre
otras cuestiones. En este artículo me referiré tanto al
estudio como a la clase magistral para compartir con los
lectores de Cine Documental algunos de los sondeos de
Nichols sobre esta problemática tan importante.
Al principio de su trabajo, los autores de Honest Truths,
informan al lector que el principal material de su
investigación consiste en 41 entrevistas (anónimas) a
directores y productores en los Estados Unidos. La primera
pregunta a la que tuvieron que responder los encuestados
fue al meollo de la cuestión: ¿a qué tipo de desafíos
éticos debieron enfrentarse mientras realizaban sus
documentales? Según el reporte, los entrevistados
determinaron que hay “dos tipos de relaciones que plantean
desafíos éticos: la relación con los sujetos de sus
documentales y la relación con sus espectadores” (2009: 6).
En general, señala el estudio, los realizadores
manifestaron cierta frustración al no tener acceso a
ciertos “estándares para una práctica ética” (2009: 2). En
su clase magistral, Nichols comparó la situación de los
documentalistas con la de otros profesionales que trabajan
con sujetos humanos: abogados, doctores y profesores. Según
Nichols los códigos éticos de estas profesiones tienen por
lo menos tres funciones generales: proteger a las
instituciones donde trabajan, proteger a los empleados y
proteger a los sujetos con los cuales trabajan (pacientes,
estudiantes, clientes, etcétera). A diferencia de los
profesionales ya mencionados —agregó Nichols en la clase

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magistral— el cineasta se encuentra ante una serie de


desafíos muy particulares, ya que su película es un
testimonio de cómo el realizador ejerce su trabajo en
relación con otros: “Los documentales son documentos de una
postura ética". De ahí su importancia.
A pesar de las peculiaridades de la profesión —Nichols
señaló en BorDocs— el documentalista puede recurrir a dos
códigos éticos de disciplinas con larga y reconocida
tradición: la antropología y el periodismo. Hace tiempo que
la antropología viene reflexionado sobre la actitud que un
investigador debe asumir al investigar a otra cultura,
tales como mantenerse siempre abierto y respetuoso a
tradiciones culturales que pueden causar cierto repudio. La
antropología, dijo Nichols, recomienda también que el
investigador anticipe las posibles consecuencias de su
estudio y los daños que puede causar en los sujetos
investigados. Otra lección importante que el documentalista
puede incorporar de esta disciplina es "el discernimiento
que uno debe tener al considerar su contribución a una
precisa definición de la realidad". Esta es una muy
sugestiva proposición, porque no solo compromete al
realizador con su contexto social y artístico, sino que lo
obliga a estar siempre atento al desarrollo de los
diferentes modos de representación en el cine documental.
Del periodismo, por otro lado, Nichols rescata su
propensión a cuestionar, siempre que sea con honestidad,
las fuentes de información. Uno nunca debe asumir, le
recordó el teórico a su audiencia, que los testimonios de
los entrevistados son “objetivos”: “Todo el mundo tiene sus
intereses”. Del periodismo también se puede aprender a cómo
comportarse frente a personas afectadas por una tragedia en
su salud física o psicológica. En estos casos tan
particulares, el realizador debe reflexionar sobre la
obligación que tiene no solo con los actores sociales sino
también con la audiencia. Steven Ascher dice en Honest
Truths sentirse privilegiado porque otras personas le abren
sus puertas para que él pueda conocer sus vidas: "…eso
acarrea la responsabilidad de tener que anticipar cómo la
audiencia los va a ver, y en algunos momentos a protegerlos
si es necesario" (2009: 7).
Honest Truths menciona que varios documentales de los
noventa, entre ellos Fahrenheit 9/11 (Michael Moore, 2004),
generaron mucha controversia a la hora de estimar su valor
como documento fehaciente que pueda generar cambios en
estructuras sociales opresivas. A pesar que el periodismo y
los programas de noticias en la televisión han servido de
punto de referencia en la práctica de muchos

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documentalistas, el estudio señala que los realizadores, en


su gran mayoría, basan sus juicios en incidentes que se
suscitan durante la filmación y no tienen ni el tiempo ni
el espacio para reflexionar sobre cuestiones éticas.
Nichols, como algunos de los entrevistados en Honest
Truths, creen que los cineastas deben establecer
instituciones donde se puedan investigar y desarrollar
pedagogías para una práctica ética. En su conclusión, los
autores del estudio advierten que varios realizadores
consideran que estas deliberaciones pueden "exponerlos al
riesgo de ser censurados o de perder su próximo trabajo"
(2009: 21).
Como ejemplo de estos debates, Honest Truths, menciona la
controversia que generó Errol Morris al remunerar a sus
sujetos en Standard Operating Procedure. Algunos
realizadores, explicó Nichols durante la clase magistral,
consideran que al remunerar a un protagonista uno corre el
riesgo de comprometer su comportamiento, una práctica
repudiada en el periodismo. El realizador también debe
considerar cómo las vidas de los sujetos pueden ser
afectados por su participación en la película,
especialmente si recibe un salario. Nichols considera que
es fundamental tomarse el tiempo necesario para evaluar los
beneficios y perjuicios que la participación en una
producción causará en cada individuo.
Otra cuestión interesante a la que se refirió Nichols
durante su charla fue la diferencia que muchos cineastas
encuentran entre filmar a un individuo poderoso en
comparación con uno pobre. Esta diferencia aseguró Nichols,
tiene implicancias éticas. Los documentalistas, y la gente
en general, tienden a sentirse más responsable por aquellos
en situaciones de desventaja, es por eso que muchas veces
se sienten con la suficiente libertad para dejar algunos
códigos de lado en su interacción con individuos poderosos.
Por ejemplo, dijo Nichols, algunos documentalistas
consideran que no está mal mentir para conseguir una
entrevista, lo que en el medio se conoce como "soft lie" o
"mentira trivial". Como ejemplo citó a una documentalista
de la BBC que se presentó como parte del equipo de
producción de Plaza Sésamo para conseguir una entrevista
con un evasivo empleado del Banco Mundial. Con respecto a
individuos en desventaja, el realizador debe asegurarse de
no representarlos como víctimas impotentes. Como ejemplo
citó varios documentales que lograron mostrar con éxito las
estrategias de supervivencia y reivindicación de los
afectados por el Huracán Katrina en los Estados Unidos.
Hacia el final de su clase magistral, Nichols proyectó, en

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glorioso VHS!, No Lies (Mitchell Block, 1972) para después


debatir con los participantes los conflictos éticos que
presenta ese documental tan inquietante. No Lies es un
mockumentary, en el cual el realizador interpela
brutalmentea una joven para que le describa cómo fue
violada. La película dura tan solo 16 minutos, y como
explicó Nichos después de su proyección, el espectador
perspicaz poco a poco se va dando cuenta que lo que está
viendo es tan solo una sofisticada puesta en escena. Para
Nichols, No Lies desafía la postura voyerista y distanciada
del espectador, invitándolo a cuestionar su convicción en
la fidelidad de lo representado. Al final de la proyección,
se inició un debate valioso que duró más de media hora. En
ningún momento Nichols se mostró incómodo por las preguntas
y las observaciones de la audiencia. Quedó claro que a
Nichols no solo le preocupan las cuestiones teóricas sino
también las prácticas, pero más que nada, la concepción de
una postura ética que promueva la producción de
documentales cada vez más “honestos”.

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