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Profesor: Integrantes:

Lcdo. Augusto molero Barrios José C.I:21.175.685

Mendoza Rubén C.I: 20.171.614

El tigre, Marzo de 2017.


A través de la historia el hombre ha utilizado los recursos naturales para la
satisfacción de sus necesidades primordiales de alimento y protección. Sin embargo, a
medida que las sociedades se hicieron más complejas la búsqueda de satisfactores se
amplió, ya que no se trató de satisfacer necesidades básicas solamente, sino también se
buscó mejorar la calidad de vida entendiéndose esta como bienestar y confort, y en
consecuente se incrementó y diversificó la utilización de recursos naturales.

Actualmente la dualidad de desarrollo urbano y medio ambiente se ha transformado


en una contradicción irreconocible, los umbrales del equilibrio ecológico se han
transgredido y su costo ha sido muy alto. La problemática ambiental derivada del
crecimiento poblacional e industrial es bastante amplia; la degradación de los suelos, la
pérdida de la biodiversidad, la contaminación del agua y el aire, el agotamiento de la
capa de ozono, los cambios climáticos, el crecimiento demográfico y el consecuente
proceso de urbanización y fragmentación del hábitat se vuelven cada vez más
complejos.

Las causas siendo las acciones y demandas tanto privadas como colectivas que
transgreden la frontera del medio y por tanto han provocado un acelerado deterioro del
medio ambiente que se ve reflejado en el agotamiento de los activos urbano-ecológicos,
representados por la capacidad de carga de la atmósfera, las cuencas hidrológicas y las
reservas ecológicas y territoriales. Ante la problemática ambiental generada y la
necesidad de crecimiento y desarrollo ha surgido como respuesta una nueva idea acerca
de cómo debe de ser el desarrollo ya que este no se puede detener pues es una
característica intrínseca de las sociedades humanas; el requerimiento es de un cambio en
las políticas tanto económicas como sociales y ambientales y de esta manera surge la
idea del desarrollo sostenible.

El desarrollo sustentable determina la evolución de los sistemas humanos. Ambos


están en continua interacción, establecimiento entre múltiples flujos de materia y
energía y transformándose a través de sus procesos característicos. De hecho están en
continua coevolución. Determinando así un sistema económico saludable solo podrás
existir en simbiosis con un sistema ecológico saludable. Ambos son tan
interdependientes que en forma asilada se corre el riesgo de no comprenderlos y de
empobrecer nuestras estrategias de manejo.
El desarrollo sustentable surge, entonces, como un esfuerzo por reconciliar las
necesidades de los sistemas humanos con los límites de los sistemas que le dan soporte;
es, en otros términos, un esfuerzo por incluir el proceso de desarrollo humano dentro
de la matriz del proceso de la evolución natural.

El modelo de desarrollo sostenible, definido a partir del concepto de sustentabilidad


de los sistemas productivos, se centra en el objetivo de satisfacer las necesidades de la
generación presente, sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para
compensar las propias. En este sentido, la urgencia de transitar de un paradigma
racional que privilegió durante décadas el control y uso eficiente de la naturaleza, hacia
otro más congruente con el sentido de supervivencia y continuidad de la especie
humana, obliga a replantear el papel educativo de los institutos y universidades,
repensando la educación superior desde los planos conceptuales, metodológicos y de
valores, buscando alcanzar una verdadera transformación cultural, que se signifique por
trascender el habitual discurso ecologista oficial.

Para ello es imperante establecer un sistema transversal de enseñanza y aprendizaje,


que permita orientar las formas de actuación social (patrones de consumo, relaciones
solidarias, valores universales, entre otros), abandonando el sistema lineal tradicional.

En este aspecto, se debe privilegiar la regionalización sobre la propia globalización,


dando cabida a un enfoque centrado en los micros o subsistemas imperantes. Este
planteamiento no significa retroceso, sino adecuación, ya que se trata de impulsar
nuevas y renovadas formas de pensamiento; de aquí la importancia de promover en la
formación científico-tecnológica propuestas holistas con enfoques constructivistas,
particularmente en áreas como agronomía, biología y ecología, llevando a los
estudiantes a definir problemas y soluciones dentro de determinados parámetros
espacio-temporales.

De esta forma la noción de desarrollo sustentable cobró relevancia política a partir de


la “Cumbre de la Tierra” realizada en 1992 en Río de Janeiro, donde ocupó el centro del
debate el informe “Nuestro futuro común”, elaborado cinco años antes por Gro Harlem
Brundtland a pedido de la Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo.

Pero es importante destacar que el concepto de sustentabilidad había sido


anteriormente planteado en la década del ´70 bajo el nombre de “ecodesarrollo”, muy
ligado por cierto a los procesos que se desarrollaban por entonces en Latinoamérica.
Este término comenzó paulatinamente a ganar fuerza conceptual y política, quizás por el
hecho de intentar vincular lo ambiental con la pobreza de los países subdesarrollados.
Fue entonces que Henry Kissinger, jefe de la diplomacia estadounidense, “sugirió” la
remoción del término de la escena política internacional. Teniendo presente que en
aquella década, la problemática ambiental se presentaba para los países industrializados
como un problema exclusivamente de contaminación y de agotamiento de los recursos
naturales.

Posteriormente, durante la década del ´80 se consolidó la utilización del


término“desarrollo sostenible” mucho más aceptado por los economistas adherentes al
neoliberalismo monetarista que tienden a confundir desarrollo con crecimiento. Para
que exista desarrollo es necesario elevar la calidad de vida de las personas y los
cuidados ambientales, mientras que el crecimiento se vincula exclusivamente con la
acumulación de bienes y servicios. Se mantenían así las reticencias para vincular los
problemas ambientales con los del subdesarrollo.

Llegamos entonces a la década del ´90 y la noción de sostenibilidad se polariza entre


dos planteos que representan paradigmas diferentes: la sostenibilidad débil, mantenida
por economistas que avalan la sustitución de capital natural por capital financiero (en
otras palabras, esto significa que con billetes se puede reparar el ambiente) y
la sostenibilidad fuerte, defendida por ecologistas y científicos (apoyados en el hecho de
que la mayoría de los daños ambientales son irreversibles).

No es sutil esta discusión, ya que desde la perspectiva de la sostenibilidad débil, los


países pobres se transforman en enemigos del ambiente y en cambio los países ricos son
los benefactores mundiales de la naturaleza.

De todas maneras, ambas corrientes coinciden en que no existe verdadero desarrollo


sin mantener las bases materiales sobre el que éste se sustenta.

En la actualidad, ya muy cerca de la realización de la Cumbre “Río + 10” en


Sudáfrica, pareciera que se han limado algunas diferencias y la aceptación de principios
comunes acerca del desarrollo se han generalizado, evitando enfrentamientos dialécticos
estériles.
A pesar de las numerosas aproximaciones conceptuales diferentes, la idea de
sostenibilidad aún no queda perfectamente definida, pero por oposición, sí se puede ver
muy claramente la insostenibilidad del sistema actual.

La idea de crecimiento económico con la que trabajan los economistas actualmente,


se encuentra desvinculada del medio físico. Es importante entonces colocar a la
economía en su lugar original, el de las ciencias sociales, y profundizar el conocimiento
de la interacción entre los procesos económicos y el medio ambiente en que se
desenvuelven.

El crecimiento económico sostenido y el desarrollo sostenible dependen del


desarrollo de fuentes de energía sostenibles. La iniciativa del Secretario General Ban
Ki-moon Energía Sostenible para Todos reúne a líderes de nivel superior de todos los
sectores de la sociedad (gobiernos, empresas y sociedad civil). El objetivo de esta
iniciativa es transformar los sistemas de energía del mundo, garantizando el acceso
universal a servicios de energía modernos duplicar la tasa mundial de mejora en la
eficiencia energética y duplicar la cuota de las energías renovables en el conjunto de
fuentes de energía.

”Ya somos una fuerza Geológica mas y depende de un cambio de actitud revertir lo
que estamos causando”

Charly Alberti
Bibliografía

 JIMÉNEZ, L.M. y F.J. HIGÓN (eds) (2003): Ecología y economía para un


desarrollo sostenible. Valencia: Patronat Sud-Nord. Solidaridad y Cultura de la
Fundación General de la Universidad de Valencia y Publicaciones de la
Universidad de Valencia.

 RIVAS, DAVID M. (Coord) (2004): Desarrollo sostenible y estructura


económica mundial. Madrid: CIDEAL.