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República Bolivariana de Venezuela

En su Nombre
Tribunal Décimo Noveno de Municipio Ordinario y Ejecutor de Medidas
de la Circunscripción Judicial del Área Metropolitana de Caracas

PARTE ACTORA: Pierre Venutolo Venutolo, venezolano, mayor de edad, domiciliado en Puerto
Ordaz, Estado Bolívar y titular de la cédula de identidad N° V-2.940.770.

APODERADOS JUDICIALES DE LA PARTE ACTORA: Cleren Jesús Chirinos Cabrera, Eduardo


Francisco Morales Medina y Vanessa Morales Lazo, venezolanos, mayores de edad, de este
domicilio, abogados en ejercicio, titulares de las cédulas de identidad Nros. V-3.027.278, V-
3.810.882 y V-14.889.663, e inscritos en el Inpreabogado bajo los Nros. 65.595, 19.781 y 87.243,
respectivamente.

PARTE DEMANDADA: Juan Carlos Oropeza Brito, venezolano, mayor de edad, de este domicilio y
titular de la cédula de identidad N° V-6.324.450.

MOTIVO: Desalojo.

En fecha 20.10.2015, se recibió ante la Secretaría de este Tribunal, el escrito de demanda


presentado ante la Unidad de Recepción y Distribución de Documentos del Circuito Judicial Civil de
los Tribunales de Municipio Ordinario y Ejecutor de Medidas de la Circunscripción Judicial del Área
Metropolitana de Caracas, por el abogado Eduardo Morales Medina, actuando con el carácter de
apoderado judicial del ciudadano Pierre Venutolo Venutolo, contentivo de la pretensión de desalojo
deducida en contra del ciudadano Juan Carlos Oropeza Brito, fundamentada en el alegado
vencimiento del término de duración del contrato de arrendamiento y la prórroga legal.

En tal virtud, procede de seguidas este Tribunal a verificar los presupuestos de admisibilidad de la
demanda elevada a su conocimiento, con base en las consideraciones que se esgrimen a
continuación:

- I -
PRIMITIVA DEMANDA

El abogado Eduardo Morales Medina, actuando con el carácter de apoderado judicial del ciudadano
Pierre Venutolo Venutolo, en el escrito libelar enunció lo siguiente:

Que, consta en contrato de arrendamiento autenticado por ante la Notaría Pública Vigésima Tercera
del Municipio Libertador del Distrito Capital, en fecha 01.10.2012, bajo el N° 22, Tomo 129, de los
Libros de Autenticaciones llevados por esa Notaría, que su representado dio en arrendamiento al
ciudadano Juan Carlos Oropeza Brito, un local comercial de su propiedad distinguido con la letra y
número LC-03, el cual tiene una superficie de ciento ochenta y nueve metros cuadrados con
noventa y seis decímetros cuadrados (189,96 M2), situado en la planta baja del Edificio Cóndor,
ubicado en la Avenida Chopin de la Urbanización Colinas de Bello Monte, Municipio Libertador del
Distrito Capital, cuya duración fue pactada en la cláusula segunda por el término fijo de dos (02)
años, contados a partir del día 01.10.2012, hasta el día 30.09.2014, especificándose además en
dicha cláusula contractual que una vez finalizado el término fijo de dos (02) años, el arrendatario
gozaría de la prórroga legal contemplada en los artículos 38, literal (b) y 40 del Decreto con Rango,
Valor y Fuerza de Ley de Arrendamientos Inmobiliarios, vigente para el momento de la celebración
de la convención locativa, hoy artículo 26 del Decreto con Rango, Valor y Fuerza de Ley de
Regulación del Arrendamiento Inmobiliario para el Uso Comercial, la cual sería de un (01) año y
que vencería en fecha 30.09.2015.

Que, en la cláusula segunda se determinó claramente que al vencimiento de la prórroga legal, el


arrendatario se obligó a entregar de forma inmediata el local comercial arrendado, totalmente
desocupado y libre tanto de bienes como de personas, en perfecto estado de habitabilidad, uso y
funcionabilidad, así como solvente de cualquier deuda.

Que, una vez vencida la prórroga legal, el arrendatario no hizo entrega del local comercial de
manera voluntaria, pese habérsele notificado esa circunstancia a través de la Notaría Pública
Primera del Municipio Chacao del Estado Miranda, en fecha 05.10.2015.

Que, la cláusula quinta del contrato de arrendamiento prevé una penalidad en caso de atraso en la
entrega del inmueble por parte del arrendatario en tiempo oportuno, por la cantidad de trescientos
cincuenta bolívares (Bs. 350,oo) por cada día de retraso, situación la cual también fue notificada al
arrendatario por intermedio de la Notaría Pública Primera del Municipio Chacao del Estado Miranda,
en fecha 05.10.2015.

Fundamentó jurídicamente la pretensión deducida por su representado en el literal (g) del artículo
40 del Decreto con Rango, Valor y Fuerza de Ley de Regulación del Arrendamiento Inmobiliario
para el Uso Comercial, así como en los artículos 1.133, 1.159, 1.160, 1.167 y 1.264 del Código
Civil.

Por tal motivo, el ciudadano Pierre Venutolo Venutolo, procedió a demandar al ciudadano Juan
Carlos Oropeza Brito, para que conviniese o en su defecto, fuese condenado por este Tribunal, en
primer lugar, en el desalojo del local comercial arrendado y su consecuente entrega material; en
segundo lugar, en el pago de la cantidad de trescientos cincuenta bolívares (Bs. 350,oo) por cada
día de retraso en la entrega del inmueble, por concepto de cláusula penal establecida en la cláusula
quinta del contrato de arrendamiento, contados desde el día siguiente al vencimiento de la prórroga
legal, hasta el día en que se haga la entrega efectiva del local comercial; y, en tercer lugar, en el
pago de las costas y costos de la demanda, incluyendo los honorarios de abogados, estimados en
un treinta por ciento (30%) del monto demandado.

- II -
CONSIDERACIONES PARA DECIDIR

Planteada en estos términos la demanda propuesta por la accionante, procede este Tribunal a
pronunciarse respecto a la admisibilidad de la misma, previas las consideraciones siguientes:

El proceso, de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 257 de la Constitución de la República


Bolivariana de Venezuela, constituye el instrumento fundamental para la realización de la Justicia,
la cual ha sido concebida como un valor superior de nuestro ordenamiento jurídico y de la
actuación de los órganos que conforman el poder público, según lo preceptuado en el artículo 2
ejúsdem. Por su parte, la acción comprende la posibilidad jurídico constitucional que tiene toda
persona de acceder a los órganos de administración de justicia para hacer valer sus pretendidos
derechos e intereses en tutela de los mismos, como así lo garantiza el artículo 26 constitucional.
Por lo tanto, la acción es conferida por la constitución y la ley a los particulares en consideración de
una pretensión preexistente y simplemente afirmada, independientemente de la circunstancia de
que la reclamación invocada sea reconocida con posterioridad como realmente existente o no por la
autoridad judicial, ya que la misma siempre existirá cuando se alegue un interés jurídicamente
tutelado y afirmado como existente, siendo la pretensión la que fenece cuando se origina la
determinación que impone el órgano jurisdiccional al momento de emitir su dictamen, en cuanto al
reconocimiento o su rechazo, de modo que ella se pone de manifiesto en la demanda, donde se
expresan todos aquellos alegatos tanto fácticos como jurídicos que justifican la reclamación
invocada y con la cual se ejercita la acción.

Así pues, la demanda constituye “…un acto de declaración de voluntad introductivo y de


postulación, que sirve de instrumento para el ejercicio de la acción y la afirmación de la pretensión,
con el fin de obtener la aplicación de la voluntad concreta de la Ley, por una sentencia favorable y
mediante un juicio, en un acto determinado…”. (Devis Echandía, Hernando. Acción y Pretensión.
Separata de la Revista de Derecho Procesal, Madrid, abril-junio de 1.996)

En tal virtud, una vez presentada la demanda, se requiere que el demandante dilucide la pretensión
allí contenida conforme a los mecanismos idóneos y eficaces legalmente establecidos, muy
especialmente en materia inquilinaria, cuyas vías establecidas en la ley para terminar la relación
arrendaticia que nace de un contrato, depende de la naturaleza jurídica del mismo, en cuanto a que
sea verbal o escrito a tiempo determinado o indeterminado, toda vez que a tenor de lo dispuesto
en artículo 341 del Código de Procedimiento Civil, el Tribunal admitirá la demanda (i) si no es
contraria al orden público, (ii) a las buenas costumbres o (iii) a alguna disposición expresa de la
Ley.
En lo que atañe al contenido y alcance del 341 del Código de Procedimiento Civil, la Sala de
Casación Civil del Tribunal Supremo de Justicia, en sentencia N° 333, dictada en fecha 11.10.2000,
con ponencia del Magistrado Carlos Oberto Velez, expediente N° 99-191, caso: Helimenas Segundo
Prieto Prieto y otro, determinó lo siguiente:

“…Dentro de la normativa transcrita, priva, sin duda alguna, la regla general, de que los Tribunales
cuya jurisdicción, en grado de su competencia material y cuantía, sea utilizada por los ciudadanos a
objeto de hacer valer judicialmente sus derechos, deben admitir la demanda, siempre que no sea
contraria a las buenas costumbres o a la ley, éllo puede interpretarse de la disposición legislativa
cuando expresa “…el Tribunal la admitirá…”; bajo estas premisas legales no le está dado al juez
determinar causal o motivación distinta al orden establecido para negar la admisión in limine de la
demanda, quedando legalmente autorizado para ello, siempre y cuando, dicha declaratoria se
funde en que la pretensión sea contraria al orden público, a las buenas costumbres o alguna
disposición expresa de la Ley. Fuera de estos supuestos, en principio, el juez no puede negarse a
admitir la demanda…”. (Subrayado y negrillas del Tribunal)

En consonancia con lo anterior y al deber del Juez de verificar los presupuestos de admisibilidad de
la demanda en la oportunidad de su admisión, en virtud del principio de conducción judicial al
proceso, consagrado en el artículo 14 del Código de Procedimiento Civil, la Sala Constitucional, en
sentencia Nº 779, dictada en fecha 10.04.2002, con ponencia del Magistrado Antonio García García
(†), caso: Materiales MCL C.A., precisó lo siguiente:

“…esta Sala considera necesario precisar que, de acuerdo con el artículo 14 del Código de
Procedimiento Civil, el juez es el director del proceso y debe impulsarlo de oficio hasta su
conclusión, a menos que la causa esté en suspenso por algún motivo legal. No obstante, este
principio ya se anticipa en el artículo 11 eiusdem, donde como excepción al principio del impulso
procesal, se permite actuar al Juez de oficio cuando la ley lo autorice o cuando en resguardo del
orden público o de las buenas costumbres sea necesario dictar alguna providencia legal, aunque no
lo soliciten las partes.
Ahora bien, la aplicación del principio de la conducción judicial al proceso no se limita a la sola
formal condición del proceso en el sucederse de las diferentes etapas del mismo, sino que él
encuentra aplicación provechosa en la labor que debe realizar el juez para evidenciar, sin que se
requiera la prestancia de parte, los vicios en la satisfacción de los presupuestos procesales, o
cuando evidencie, también de oficio, la inexistencia del derecho de acción en el demandante en los
casos en que la acción haya caducado, o respecto a la controversia propuesta se haya producido el
efecto de la cosa juzgada o cuando para hacer valer una pretensión determinada se invoquen
razones distintas a las que la ley señala para su procedencia o cuando la ley prohíba expresamente
la acción propuesta. Todos estos actos están íntimamente ligados a la conducción del proceso, ya
que si no se satisfacen los presupuestos procesales no nace la obligación en el juez de prestar la
función jurisdiccional para resolver la controversia propuesta.
En tal sentido, considera esta Sala que si nuestro ordenamiento jurídico establece que la relación
jurídica procesal debe constituirse válidamente satisfaciendo las formalidades que la ley determina,
sólo después de que se haya depurado el proceso de cualquier vicio que afecte la válida
constitución de la relación procesal o la haga inexistente, es que nace para el órgano jurisdiccional
la obligación de conocer y resolver el fondo de la controversia. Por ello, para verificar el
cumplimiento de los llamados presupuestos procesales, tanto las partes como el Juez, están
autorizados para controlar la válida instauración del proceso, advirtiendo los vicios en que haya
incurrido el demandante respecto a la satisfacción de los presupuestos procesales…”. (Subrayado y
negrillas del Tribunal)

En virtud de los anteriores criterios jurisprudenciales, resulta pertinente destacar que el juicio de
admisibilidad comprende la labor de verificación que hace el Juez para determinar el cumplimiento
de las características generales de atendibilidad de la pretensión contenida en la demanda, ya que
la constatación de su falta impide la continuación hacia la fase cognoscitiva del proceso.

Ahora bien, observa este Tribunal que la reclamación invocada por el ciudadano Pierre Venutolo
Venutolo, en contra del ciudadano Juan Carlos Oropeza Brito, se patentiza en el desalojo del bien
inmueble constituido por el local comercial distinguido con la letra y número LC-03, el cual tiene
una superficie de ciento ochenta y nueve metros cuadrados con noventa y seis decímetros
cuadrados (189,96 M2), situado en la planta baja del Edificio Cóndor, ubicado en la Avenida Chopin
de la Urbanización Colinas de Bello Monte, Municipio Libertador del Distrito Capital, el cual
constituye el objeto del contrato de arrendamiento suscrito entre las partes, autenticado por ante la
Notaría Pública Vigésima Tercera del Municipio Libertador del Distrito Capital, en fecha 01.10.2012,
bajo el N° 22, Tomo 129, de los Libros de Autenticaciones llevados por esa Notaría, en virtud del
alegado vencimiento del término de duración del contrato de arrendamiento y la prórroga legal, sin
que las partes hayan pactado su renovación.

En este sentido, dada la relación contractual que reviste la reclamación propuesta por el
accionante, el artículo 1.133 del Código Civil, contempla que el contrato “…es una convención entre
dos o más personas para constituir, reglar, transmitir, modificar o extinguir entre ellas un vínculo
jurídico…”.

Al unísono, resulta oportuno para este Tribunal precisar que el contrato accionado, dado los efectos
que produce, tiene fuerza de Ley entre las partes, el cual no puede revocarse sino por mutuo
consentimiento o por las causas autorizadas por la Ley, conforme a lo dispuesto en el artículo 1.159
del Código Civil.

Lo anterior, encuentra asidero en el principio de autonomía de la voluntad de las partes, que en


apoyo a la doctrina apuntalada por el Dr. José Melich Orsini, es entendido como “…el poder que el
artículo 1.159 del Código Civil reconoce a las voluntades particulares de reglamentar por sí mismas
el contenido y modalidades de las obligaciones que se imponen…”, cuya limitación a las
prestaciones pactadas radica en que no sean contrarias al orden público y a las buenas
costumbres.

En tal sentido, según el artículo 1.579 del Código Civil, el arrendamiento “…es un contrato por el
cual una de las partes contratantes (arrendador) se obliga a hacer gozar a la otra (arrendatario) de
una cosa mueble o inmueble, por cierto tiempo y mediante un precio determinado que ésta se
obliga a pagar a aquélla…”.

A tenor de la exégesis de la anterior norma sustantiva se puede precisar que el arrendador está
obligado a hacer gozar al arrendatario de la cosa mueble o inmueble, por cierto tiempo, valga decir,
la duración del contrato, mientras que éste se obliga pagar a aquél un precio convencionalmente
establecido o legalmente fijado por el órgano regulador competente, según sea el caso, así como
servirse del bien arrendado como un buen padre de familia.

Por lo tanto, cuando en el contrato de arrendamiento se conviene que el mismo durará por
determinado tiempo, a su vencimiento, el arrendatario deberá entregar al arrendador o propietario,
según sea el caso, el bien dado en arriendo en las mismas condiciones estipuladas en la
convención, cuya omisión en señalar tal circunstancia, permite deducir por imperio de la ley que fue
entregado en buenas condiciones, bajo la observancia de la prórroga legal para el caso de bienes
urbanos o sub-urbanos, como una potestad para el primero y de obligatorio cumplimiento para el
segundo.

Así las cosas, nuestra legislación consagra diversas vías a través de las cuales pueden terminarse
los efectos que emergen de un contrato, en virtud de la relación arrendaticia que une a las partes
contratantes, vinculadas con el derecho de acción, el cual constituye la posibilidad jurídico
constitucional que tiene toda persona de acceder a los órganos de administración de justicia para
hacer valer sus derechos e intereses, tal y como lo precisa el artículo 26 de la Constitución de la
República Bolivariana de Venezuela, de tal modo que para verificar la idoneidad de la pretensión de
desalojo deducida por el accionante, el artículo 40 del Decreto con Rango, Valor y Fuerza de Ley de
Regulación del Arrendamiento Inmobiliario para el Uso Comercial, publicado en Gaceta Oficial de la
República Bolivariana de Venezuela Nº 40.418, de fecha 23.05.2014, contempla lo siguiente:

“Artículo 40.- Son causales de desalojo:


a. Que el arrendatario haya dejado de pagar dos (02) cánones de arrendamiento y/o dos (2) cuotas
de condominio o gastos comunes consecutivos.
b. Que el arrendatario haya destinado el inmueble a usos deshonestos, indebidos, en contravención
con el contrato de arrendamiento o las normas que regulen la convivencia ciudadana.
c. Que el arrendatario haya ocasionado al inmueble deterioros mayores que los provenientes del
uso normal, o efectuado reformas no autorizadas por el arrendador.
d. Que sea cambiado el uso del inmueble, en contravención a la conformidad de uso concedida por
las autoridades municipales respectivas o por quien haga sus veces, y/o a lo estipulado en el
contrato de arrendamiento, y/o en las normas o reglamento de condominio.
e. Que el inmueble vaya a ser objeto de demolición o de reparaciones mayores que ameriten la
necesidad de desocupar el inmueble, debidamente justificado.
f. Que el arrendatario haya cedido el contrato de arrendamiento o subarrendado total o
parcialmente el inmueble, salvo en los casos previamente acordados con el propietario y/o
arrendador en el contrato respectivo.
g. Que el contrato suscrito haya vencido y no exista acuerdo de prórroga o renovación entre las
partes.
h. Que se agote el plazo para el ejercicio del derecho de preferencia adquisitiva del arrendatario y
se realice la venta a terceros.
i. Que el arrendatario incumpliera cualesquiera de las obligaciones que le corresponden conforme a
la Ley, el contrato, el documento de condominio y/o las Normas dictadas por el Comité Paritario de
Administración de Condominio”. (Subrayado y Negrillas de este Tribunal)

Conforme a la anterior disposición jurídica, el desalojo ha sido concebido en la ley especial que rige
a la materia inquilinaria como la vía idónea y eficaz para terminar los efectos que derivan de un
contrato de arrendamiento cuyo objeto lo constituye un bien inmueble destinado a uso comercial,
siempre y cuando acontezcan cualesquiera de las causales taxativamente establecidas en dicha
norma para su procedencia, entre ellas, (i) Que el arrendatario haya dejado de pagar dos (02)
cánones de arrendamiento y/o dos (2) cuotas de condominio o gastos comunes consecutivos. (ii)
Que el arrendatario haya destinado el inmueble a usos deshonestos, indebidos, en contravención
con el contrato de arrendamiento o las normas que regulen la convivencia ciudadana. (iii) Que el
arrendatario haya ocasionado al inmueble deterioros mayores que los provenientes del uso normal,
o efectuado reformas no autorizadas por el arrendador. (iv) Que sea cambiado el uso del inmueble,
en contravención a la conformidad de uso concedida por las autoridades municipales respectivas o
por quien haga sus veces, y/o a lo estipulado en el contrato de arrendamiento, y/o en las normas o
reglamento de condominio. (v) Que el inmueble vaya a ser objeto de demolición o de reparaciones
mayores que ameriten la necesidad de desocupar el inmueble, debidamente justificado. (vi) Que el
arrendatario haya cedido el contrato de arrendamiento o subarrendado total o parcialmente el
inmueble, salvo en los casos previamente acordados con el propietario y/o arrendador en el
contrato respectivo. (vii) Que el contrato suscrito haya vencido y no exista acuerdo de prórroga o
renovación entre las partes. (viii) Que se agote el plazo para el ejercicio del derecho de preferencia
adquisitiva del arrendatario y se realice la venta a terceros. (ix) Que el arrendatario incumpliera
cualesquiera de las obligaciones que le corresponden conforme a la Ley, el contrato, el documento
de condominio y/o las Normas dictadas por el Comité Paritario de Administración de Condominio.

En el presente caso, el accionante reclamó libelarmente el desalojo del local comercial arrendado
con fundamento en que el arrendatario no entregó el mismo al vencimiento del término de
duración del contrato de arrendamiento y la prórroga legal, sin que las partes hayan pactado su
renovación; sin embargo, observa este Tribunal de la lectura del escrito de demanda que el
demandante también reclamó el pago de la cantidad de trescientos cincuenta bolívares (Bs.
350,oo) por cada día de retraso en la entrega del inmueble, por concepto de cláusula penal
establecida en la cláusula quinta del contrato de arrendamiento, contados desde el día siguiente al
vencimiento de la prórroga legal, hasta el día en que se haga la entrega efectiva del local
comercial, con base en los mismos hechos que sustentan la pretensión de desalojo.

En efecto, en el capítulo relativo al petitorio contenido en el escrito libelar, se enunció ad pedden


litterae lo siguiente:

“…Como consecuencia de encontrarse incurso el Arrendatario en el supuesto de hecho señalado en


el literal (G) del Art. 40 del Decreto con Rango, Valor y Fuerza de Ley de Regulación del
Arrendamiento Inmobiliario para el Uso Comercial, y siguiendo expresas instrucciones de mi
poderdante, procedo en su nombre y representación a demandar como en efecto formalmente
demando en este acto el desalojo por cumplimiento de la prórroga legal del contrato de
arrendamiento a tiempo determinado, por vencimiento del término por el cual fue celebrado y por
encontrarse también vencida la respectiva prórroga legal, la cual fue tempestivamente notificada al
ciudadano Juan Carlos Oropeza Brito, quien es venezolano, mayor de edad, de este domicilio, de
Estado Civil Soltero, titular de la Cédula de Identidad Nro. V-6.324.450, en su carácter de
arrendatario, para que convenga, o en su defecto sea condenado por este Tribunal en lo siguiente:
Primero: Por estar incurso en la causal prevista en el literal ‘G’ del Art. 40 del Decreto con Rango,
Valor y Fuerza de Ley de Regulación del Arrendamiento Inmobiliario para el Uso Comercial, el cual
establece como causal de desalojo por cumplimiento de la prórroga legal, que el contrato suscrito
haya vencido y no exista acuerdo de prórroga o renovación entre las partes, tal y como es el caso
de autos y, como consecuencia de lo anterior, se ordene al ciudadano Juan Carlos Oropeza Brito,
entregar en forma real y efectiva, completamente desocupado, libre de bienes y personas y en las
mismas condiciones que lo recibió al inicio de la relación contractual, el local objeto de la demanda;
que deberá desalojo y entregar el inmueble constituido por el Local Comercial arrendado
distinguido con la Letra y Número LC-03, el cual tiene una Superficie aproximada de ciento ochenta
y nueve con noventa y seis metros cuadrados (189,96 Mts2), situado en la Planta Baja del Edificio
Cóndor, ubicado en la Avenida Chopin de la Urbanización Colinas de Bello Monte, Jurisdicción del
Municipio Libertador del Distrito Capital, Libre de bienes y de personas; a mi representado Pierre
Venutolo Venutolo, venezolano, mayor de edad, domiciliado en Puerto Ordaz, Estado Bolívar, titular
de la Cédula de Identidad N° 2.940.770; en el caso que no lo hiciera, solicito a ese Tribunal, que se
decrete, a favor de mi mandante, la restitución del dominio y la posesión del local comercial ya
identificado dado en calidad de arrendamiento, de conformidad con lo establecido en la primera
parte del Artículo 26, 253 y 257 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela,
concatenado con el Artículo 338 del Código de Procedimiento Civil y los artículos 1.133, 1.159 y
1.167 del Código Civil; fundamento esta demanda en lo establecido en el literal G del Artículo 40
del Decreto con Rango, Valor y Fuerza de Ley de Regulación del Arrendamiento Inmobiliario para el
Uso Comercial, por estar vencido el término por el cual fue celebrado el contrato y su respectiva
Prórroga Legal.
Segundo: A pagar por concepto de Cláusula Penal establecida en la Cláusula Quinta del
mencionado Contrato de Arrendamiento, la Cantidad de trescientos cincuenta bolívares (Bs.
350,oo), por cada día de retraso en la entrega del inmueble, tal y como fue igualmente notificado
por la Notaría Pública Primera del Municipio Chacao, contados desde el día siguiente del
vencimiento de la prórroga legal y hasta el día en que se haga la entrega efectiva del inmueble
arrendado.
Tercero: Al pago de las costas y costos de la presente demanda de Desalojo por cumplimiento de la
prórroga legal, incluyendo los honorarios de abogados, estimados estos últimos en un treinta por
ciento (30%) del monto demandado.
Cuarto: Estimo la presente demanda en la cantidad de ciento ochenta y seis mil bolívares (Bs.
186.000,oo), equivalente a mil doscientas cuarenta unidades tributarias (1240 U.T.), de
conformidad con lo establecido en el artículo 38 del Código de Procedimiento Civil…”.

Como se observa, la parte actora reclamó en la demanda tanto el desalojo del local comercial
arrendado y su consecuente entrega material, así como también el pago de la cantidad de
trescientos cincuenta bolívares (Bs. 350,oo) por cada día de retraso en la entrega del inmueble, por
concepto de cláusula penal establecida en la cláusula quinta del contrato de arrendamiento,
contados desde el día siguiente al vencimiento de la prórroga legal, hasta el día en que se haga la
entrega efectiva del local comercial, cuya exigencia lleva implícita la acción de cumplimiento de
contrato consagrada en el artículo 1.167 del Código Civil.

Ante estas circunstancias, serias dudas sobrevienen a este Tribunal respecto a la admisibilidad de la
demanda elevada a su conocimiento, por cuanto la ley no concede la posibilidad de acumular en un
mismo libelo pretensiones que se excluyan mutuamente o sean contrarias entre sí, tal es el caso de
accionar conjuntamente el desalojo de un inmueble y el cumplimiento de un contrato de
arrendamiento.
En lo que concierne a la inepta acumulación de pretensiones, resulta oportuno referirse a lo
establecido en el artículo 78 del Código de Procedimiento Civil, el cual dispone lo siguiente:

“Artículo 78.- No podrán acumularse en el mismo libelo pretensiones que se excluyan mutuamente
o que sean contrarias entre sí; ni las que por razón de la materia no correspondan al conocimiento
del mismo Tribunal; ni aquéllas cuyos procedimientos sean incompatibles entre sí.
Sin embargo, podrán acumularse en un mismo libelo dos o más pretensiones incompatibles para
que sean resueltas una como subsidiaria de otra, siempre que sus respectivos procedimientos no
sean incompatibles entre sí”. (Subrayado y negrillas del Tribunal)

La anterior disposición jurídica veda cualquier posibilidad de acumular en un mismo libelo


reclamaciones que se excluyan mutuamente o sean contrarias entre sí, ni las que por razón de la
materia no correspondan al conocimiento del mismo Tribunal; ni aquéllas cuyos procedimientos
sean incompatibles entre sí, excepto cuando se requiera sean resueltas una como subsidiaria de la
otra, siempre y cuando sus respectivos procedimientos no sean incompatibles entre sí.

Respecto a la facultad concedida al Juez para declarar de oficio la inepta acumulación de


pretensiones, la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, en sentencia N° 1618, dictada
en fecha 18.08.2004, con ponencia del Magistrado José Manuel Delgado Ocando, expediente N°
03-2946, caso: Industria Hospitalaria de Venezuela 2943 C.A., apuntó lo siguiente:

“…la Sala estima que el rol del juez como director del proceso no se agota con este
pronunciamiento, porque de existir circunstancias que hagan presumir la inadmisibilidad de la
pretensión, como la misma está estrechamente vinculada con la constitución válida del proceso,
debe ser analizada, incluso en la fase ejecutiva.
En el caso en cuestión se denunció la inepta acumulación de pretensiones, porque en el juicio de
intimación y estimación de honorarios iniciado por los abogados Alexis José Balza Meza, María
Elena Meza de Balza y Elizabeth Bravo Márquez contra la accionante se reclamaron honorarios
judiciales y extrajudiciales, los cuales tienen un procedimiento distinto, cuya acumulación está
prohibida por el legislador para mantener la unidad del proceso.
En la sentencia consultada se indica que esta circunstancia debió exponerse al juez de la causa
principal y no al Juez de Retasa; pero la Sala considera que éste último, quien igualmente es
director del proceso, sin necesidad de que la inepta acumulación haya sido denunciada, debió
declararla.
La Sala, en otras oportunidades (cfr. sentencia nº 779/2002 del 10 de abril) ha señalado que el
juez, de conformidad con los artículos 11 y 14 del Código de Procedimiento Civil, es el director del
proceso y debe impulsarlo de oficio hasta su conclusión; dicha conducción judicial que no se
circunscribe sólo al establecimiento de las condiciones formales del proceso en el sucederse de las
diferentes etapas del mismo, encuentra aplicación provechosa en la labor que debe realizar el juez
para evidenciar, sin instancia de parte, los vicios en la satisfacción de los presupuestos procesales o
en la existencia del derecho de acción en el demandante. En efecto, si el proceso es una relación
jurídica, el mismo debe constituirse válidamente satisfaciendo las formalidades que la ley
determina, y sólo después de que se haya depurado el proceso de cualquier vicio que afecte su
válida constitución o lo haga inexistente, es que nace para el órgano jurisdiccional la obligación de
conocer y resolver el fondo de la controversia.
Se insiste que para verificar el cumplimiento de los llamados presupuestos procesales, tanto las
partes como el Juez, están autorizados para controlar la válida instauración del proceso, con la
advertencia de los vicios en que haya incurrido el demandante respecto de la satisfacción de los
presupuestos procesales y la falta de oposición por el demandado de las cuestiones previas a que
se refiere el artículo 346 del Código de Procedimiento Civil o de cualquier otro mecanismo de
defensa de cuestiones procesales, no obsta para que el Juez, que conoce el derecho y dirige el
proceso, verifique en cualquier estado y grado de la causa –v.g.: en la ejecución o en la alzada-, el
cumplimiento de los presupuestos procesales, aunque al momento en que fue admitida la demanda
por el Juez de la causa, no se hubiere advertido vicio alguno para la instauración del proceso.
La Sala admite que, en condiciones de normalidad, en la etapa de admisión de la demanda, el juez
de la causa debe evidenciar la falta de cumplimiento de los presupuestos procesales; pero si ello no
ocurre deberá ser verificado en cualquier estado y grado de la causa. En efecto, en la presente
causa, como el juez de la causa no advirtió la inepta acumulación de pretensiones, pues en el libelo
se indicó que ‘en el desarrollo del proceso y hasta la fecha que estuvimos acreditados como
Apoderados Judiciales de la Empresa, realizamos una ‘gran cantidad de actuaciones’ (...) tampoco
descartamos las múltiples reuniones que sostuvimos con los socios y la Apoderada Judicial’ (folios
500-501), el Juez de Retasa debía declararla, aun cuando no hubiese sido opuesta por la parte
demandada…”. (Subrayado y Negrillas de este Tribunal)

En lo que atañe al orden público a que está revestida la acumulación de pretensiones, la Sala de
Casación Civil del Tribunal Supremo de Justicia, en sentencia N° 99, dictada en fecha 27.04.2001,
con ponencia del Magistrado Carlos Oberto Velez, expediente N° 00-178, caso: María Josefina
Mendoza Medina contra Luis Alberto Bracho Inciarte, enfatizó lo siguiente:

“…considera este Alto Tribunal que habiéndose acumulado acciones distintas que son incompatibles
por tener procedimientos distintos, se está en presencia de lo que la doctrina ha llamado ‘inepta
acumulación de acciones’, y siendo esta materia de orden público es imperativo casar de oficio el
fallo recurrido y, anular todo el procedimiento hasta el estado de admisión de la demanda por el
cobro de honorarios profesionales de abogado, la cual se debe tramitar por el procedimiento breve
las actuaciones extrajudiciales en conformidad con lo que establece el Código de Procedimiento
Civil, en sus artículos 881 y siguientes y estimar los honorarios correspondientes a las actuaciones
judiciales conforme a lo que establece la ley de abogados…”. (Subrayado y Negrillas de este
Tribunal)

Los anteriores criterios jurisprudenciales exaltan la facultad del Juez de verificar de oficio, sin que
requiera instancia de parte, los vicios en la satisfacción de los presupuestos procesales o en la
existencia del derecho de acción en el demandante, en atención a los principios de dirección y
conducción procesal consagrados en los artículos 11 y 14 del Código de Procedimiento Civil,
encontrándose plenamente autorizado el Juez para controlar la válida instauración del proceso, el
cual constituye el instrumento fundamental para la realización de la justicia, conforme a lo
dispuesto en el artículo 257 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, de tal
manera que ante la existencia de una inepta acumulación de pretensiones, la cual involucra el
orden público, en cualquier estado y grado de la causa, el Juez está obligado a declararla, aun
cuando no haya sido opuesta por la parte demandada.

En tal virtud, juzga este Tribunal que al reclamarse en la demanda el desalojo de la cosa
arrendada, la cual se encuentra contemplada en el artículo 40 del Decreto con Rango, Valor y
Fuerza de Ley de Regulación del Arrendamiento Inmobiliario para el Uso Comercial, conjuntamente
con el pago de la cantidad pactada como penalidad por cada día de retraso en la entrega del local
comercial conforme a la cláusula quinta de la convención locativa accionada, cuya pretensión lleva
implícita la ejecución o cumplimiento del contrato de arrendamiento consagrada en el artículo 1.167
del Código Civil, es por lo que el accionante acumuló indebidamente pretensiones excluyentes y
que no pueden co-existir por los efectos jurídicos que las caracteriza, ya que el desalojo procede
bajo las causales taxativamente establecidas en la ley especial que lo regula, mientras que el
cumplimiento refiere su fundamentación en la inobservancia de deberes contractuales y/o legales.

Al respecto, la Sala de Casación Civil del Tribunal Supremo de Justicia, en sentencia N° 67, dictada
en fecha 20.07.2001, con ponencia del Magistrado Franklin Arrieche Gutiérrez, expediente N° 2001-
118, caso: Sociedad Venezolana de la Cruz Roja, Seccional Miranda, contra Centro Médico de Los
Teques S.R.L., puntualizó lo siguiente:

“…El distinto régimen, a que está sometido el desalojo respecto de las acciones que por
cumplimiento o resolución de contrato que se fundamenten en el artículo 1.167 del Código Civil, se
caracteriza, en que las causales de desalojo son únicas, taxativas e impuestas por el Estado,
mientras que los fundamentos de la demanda por cumplimiento o resolución del contrato de
arrendamiento, que persiga la desocupación del inmueble objeto de la convención arrendaticia, son
heterogéneos en el sentido de que las partes los pueden establecer y modificar, de acuerdo a lo
pactado en el contrato…”. (Subrayado y Negrillas de este Tribunal)

El anterior criterio jurisprudencial refiere sobre el distinto régimen en que se encuentran sometidas
las pretensiones de desalojo en relación con las reclamaciones de cumplimiento o resolución de
contrato que se fundamenten en el artículo 1.167 del Código Civil, ya que las causales de desalojo
se caracterizan por ser únicas, taxativas e impuestas por el Estado, mientras que la base o
fundamentación de las demandas de cumplimiento o resolución de un contrato de arrendamiento
que tengan por objeto la desocupación de un bien inmueble, son complejas, por cuanto las partes
las pueden constituir y alterar, de acuerdo con lo estipulado en la convención locativa.

Por consiguiente, juzga este Tribunal que habiéndose constatado la inepta acumulación de
pretensiones en que incurrió el accionante en la demanda, la cual se evidencia patentemente de su
petitorio y no puede pasar desapercibida, ya que fue reclamado el desalojo del bien inmueble
arrendado y el cumplimiento del contrato de arrendamiento accionado, en forma simultánea, es por
lo que esta circunstancia acarrea la inadmisibilidad de la demanda sometida al conocimiento de
este órgano jurisdiccional, dada la contrariedad a Derecho de la misma, en atención de lo previsto
en el artículo 341 del Código de Procedimiento Civil, en virtud de que tales acciones resultan a
todas luces antinómicas entre sí e inacumulables como pretensión principal. Así se declara.

- III -
DECISIÓN

En virtud de los razonamientos precedentemente expuestos, este Tribunal Décimo Noveno de


Municipio Ordinario y Ejecutor de Medidas de la Circunscripción Judicial del Área Metropolitana de
Caracas, administrando Justicia en nombre de la República Bolivariana de Venezuela y por
autoridad de la Ley, declara INADMISIBLE la pretensión de Desalojo, deducida por el ciudadano
Pierre Venutolo Venutolo, en contra del ciudadano Juan Carlos Oropeza Brito, de conformidad con
lo establecido en los artículos 78 y 341 del Código de Procedimiento Civil.

No hay condenatoria en costas, dada la naturaleza del presente fallo.

Publíquese, regístrese, déjese copia y notifíquese. Cúmplase lo ordenado.

Dada, firmada y sellada en la Sala de Despacho del Tribunal Décimo Noveno de Municipio Ordinario
y Ejecutor de Medidas de la Circunscripción Judicial del Área Metropolitana de Caracas, en la ciudad
de Caracas, a los veintiséis (26) días del mes de octubre del año dos mil quince (2.015). Años: 205°
de la Independencia y 156° de la Federación.

El Juez Titular
César Luis González Prato

TSJ-SC: Reiteran criterio sobre la prórroga legal en el contrato de arrendamiento


By: Abg. Deibis Sanchez | October 31, 2016

La Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia reiteró que la prórroga legal opera de pleno
derecho, aun cuando las partes no lo hayan establecido previamente en el contrato de
arrendamiento. Señala la Sala que la prórroga legal se ha constituido para que surja de modo
automático, sin ninguna declaración adicional o acuerdo previo entre los contratantes, puesto que
por la sola previsión o regulación contenida en el artículo 38 de la ley especial derogada, la misma
procede en beneficio del arrendatario como derecho irrenunciable, tomando en consideración su
eminente carácter de orden público.

Encabezado tsj

EN SALA CONSTITUCIONAL

Exp. N° 15-1373

MAGISTRADA PONENTE: CARMEN ZULETA DE MERCHÁN

El 2 de diciembre de 2015, fue presentado en esta Sala Constitucional del Tribunal Supremo de
Justicia, escrito contentivo de la acción de amparo constitucional intentada por los abogados José
Ramón Marcano y Efraín Castro Beja, inscritos en el Instituto de Previsión Social del Abogado bajo
los números 146.302 y 7.345, respectivamente, con el carácter de apoderados judiciales de la
sociedad mercantil AUTOSERVICIOS Y REPUESTOS EL PARQUE C.A. (ASERPACA), inscrita ante el
Registro de Comercio llevado por el Juzgado Primero de Primera Instancia en lo Civil, Mercantil, del
Tránsito y del Trabajo de la Circunscripción Judicial del estado Monagas, en fecha 15 de julio de
1997, según consta en el expediente N° 42, Libro 1-A, Tercer Trimestre; contra la sentencia dictada
por el Juzgado Superior Primero en lo Civil, Mercantil, Tránsito, Bancario y de Protección de Niños,
Niñas y Adolescentes de la Circunscripción Judicial del estado Monagas, de fecha 5 de noviembre
de 2015.

El 4 de diciembre de 2015, se dio cuenta en Sala del expediente y se designó ponente a la


Magistrada Carmen Zuleta de Merchán, quien con tal carácter suscribe el presente fallo.

El 23 de diciembre de 2015, se constituyó esta Sala Constitucional en virtud de la incorporación de


los Magistrados designados por la Asamblea Nacional en sesión extraordinaria celebrada el 23 del
mismo mes y año, publicada en la Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela N°
40.816, del 23 de diciembre de 2015; en consecuencia, quedó integrada de la siguiente manera:
Magistrada Gladys María Gutiérrez Alvarado, Presidenta; Magistrado Arcadio Delgado Rosales,
Vicepresidente; y los Magistrados y Magistradas Carmen Zuleta de Merchán, Juan José Mendoza
Jover, Calixto Antonio Ortega Ríos, Luis Fernando Damiani Bustillos y Lourdes Benicia Suárez
Anderson; ratificándose en su condición de ponente a la Magistrada Doctora Carmen Zuleta de
Merchán.

Realizado el estudio individual del expediente, esta Sala procede a decidir, previas las siguientes
consideraciones.

DE LA ACCIÓN DE AMPARO CONSTITUCIONAL

Señalaron los apoderados judiciales de AUTOSERVICIOS Y REPUESTOS EL PARQUE C.A.,


(ASEPARCA), como fundamento de la acción de amparo constitucional ejercida, los siguientes
argumentos de hecho y de derecho:

Que “esta petición de amparo se plantea contra la sentencia del ciudadano Juez Superior Primero
en lo Civil, Mercantil, del Tránsito y del Trabajo de la Circunscripción Judicial del estado Monagas,
quien conoció en grado de alzada de una causa que cursó en el Tribunal Primero de Municipio
Ordinario y Ejecutor de Medidas de los Municipios Maturín, Aguasay y Santa Bárbara de la
Circunscripción Judicial del estado Monagas, y dictó sentencia definitiva en fecha 5 de noviembre
de 2015 en el juicio de cumplimiento de contrato de arrendamiento por vencimiento de prórroga
legal, seguido contra nuestra poderdante (…) cursante en el expediente N° 12.151 de la
nomenclatura interna de ese tribunal Superior; contra esa sentencia no se puede anunciar recurso
de casación, por cuanto la cuantía del juicio es inferior a 3.000 unidades tributarias por lo cual
están agotados todos los recursos ordinarios y extraordinarios previstos en la ley”.

Que “según se evidencia del legajo de copias certificadas… en el Juzgado Primero de Municipio
Ordinario y Ejecutor de Medidas de los Municipios Maturín, Aguasay y Santa Bárbara de la
Circunscripción Judicial del estado Monagas, cursó bajo el N° 11.945, una demanda de
cumplimiento de contrato de arrendamiento, incoada contra nuestra mandante por la sociedad
mercantil ESTACIÓN DE SERVICIOS EL PARQUE C.A.”.

Que “en abono de sus pretensiones, la expresada demandante alega, que en una oportunidad
anterior, demandó la resolución del contrato por falta de pago, pero que el Tribunal Tercero de
Municipio Ordinario y Ejecutor de Medidas de los Municipios Maturín, Aguasay y Santa Bárbara de la
Circunscripción Judicial del estado Monagas, declaró sin lugar la demanda por haberse
demostrado, que la arrendataria estaba solvente en el pago de los cánones de arrendamiento; que
en virtud de esa sentencia, quedó confirmado que el contrato suscrito por las partes es a tiempo
determinado, en prórroga legal, que la relación arrendaticia fue por dieciséis (16) años, y que por
lo tanto le corresponde una prórroga legal de TRES (3) AÑOS a partir del 1-2-2011 hasta el 1-2-14.
Concluye en demandar el cumplimiento del contrato por vencimiento de la prórroga legal”.

Que, “sustanciada la causa, el Tribunal Primero de Municipio Ordinario y Ejecutor de Medidas de los
Municipios Maturín, Aguasay y Santa Bárbara de la Circunscripción Judicial del estado Monagas,
declaróSIN LUGAR la demanda, por considerar que “la parte demandada ya disfrutó la prórroga
legal arrendaticia por suscribir un contrato de arrendamiento a tiempo determinado y vencida ésta
la arrendadora, aquí demandante, no interpuso la acción en el término legal correspondiente,
transformándose la relación contractual arrendaticia a tiempo indeterminado, por tanto NO procede
la acción interpuesta por vencimiento de la prórroga legal y ASÍ SE DECIDE”.

Que “el juzgador se fundamentó en una cita jurisprudencial, según la cual, la única vía para solicitar
el desalojo en contratos de arrendamiento sin determinación de tiempo, es demandar por alguna
de las causales previstas en el artículo 34 de la Ley de Arrendamientos Inmobiliarios, tal como lo
expresa la sentencia de la Sala Constitucional del 28 de junio de 2005”.

Que “el Juez Superior Primero en lo Civil, Mercantil, Tránsito, Bancario y de Protección de Niños,
Niñas y Adolescentes de la Circunscripción Judicial del estado Monagas, en sentencia del 5 de
noviembre de 2015, revocó la sentencia del tribunal a quo, con el argumento de que (sic):
“finalizado el contrato operó de pleno derecho la prórroga legal tal como lo prevé el artículo 39 de
la Ley especial que rige la materia, la cual corresponde a tres (3) años, tal como se indicó ut supra.
Y así se decide”. A nuestro juicio, y así lo entendemos en sentido lógico, la prórroga legal no opera
de mero derecho, porque la prórroga legal debe ser formalizada por la arrendadora por escrito,
indicando cuando comienza y termina y la arrendataria verá si hace uso o no de esa prórroga,
porque es potestativo para ella. Es decir, que el arrendador debe hacerle saber al arrendatario, de
manera expresa, que no desea continuar con la relación contractual, y el arrendatario, de manera
expresa, que no desea continuar con la relación contractual, y el arrendatario podrá optar entre
acogerse a la prórroga legal o dar por terminada la relación. En el caso planteado, la arrendadora
ESTACIÓN DE SERVICIOS EL PARQUE C.A., JAMÁS le hizo manifestación a la sociedad mercantil
AUTOSERVICIOS Y REPUESTOS EL PARQUE C.A., y tan es así, que no trajo a los autos la prueba de
haberse pactado la prórroga legal, sino que siguió cobrando los alquileres, tal como consta a los
folios 178 al 189 del expediente, cuya copia anexamos, y de manera sorpresiva e inesperada, la ha
demandado, aduciendo que se venció la prórroga legal, cuestión totalmente incierta, porque al
vencerse el contrato, la arrendadora continuó cobrando los alquileres, sin hacerle participación
alguna, tal como se aprecia de los recibos antes mencionados, todos después de vencido el
contrato de un año, de tal modo que se produjo la tácita reconducción (…)”.

Que “la garantía constitucional violada por el abogado PEDRO JIMÉNEZ FLORES, en su carácter de
Juez Superior Primero en lo Civil, Mercantil, Tránsito, Bancario y de Protección de Niños, Niñas y
Adolescentes de la Circunscripción Judicial del estado Monagas, al proferir la sentencia cuestionada,
es la del DEBIDO PROCESO, consagrada en el artículo 49 de la Constitución de la República
Bolivariana de Venezuela (…)”.

Que “de conformidad con lo dispuesto en el Parágrafo Primero del artículo 588 del Código de
Procedimiento Civil, en concordancia con el 22 de la Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y
Garantías Constitucionales, respetuosamente solicitamos a la Sala Constitucional una medida
cautelar innominada, por la cual se disponga la suspensión de la ejecución de la sentencia contra la
cual se recurre en amparo, hasta tanto se dicte sentencia definitiva, y se oficie lo conducente al
Tribunal donde se llevó la causa en primera instancia, esto es, el Tribunal Primero de Municipio
Ordinario y Ejecutor de Medidas de los Municipios Maturín, Aguasay y Santa Bárbara de la
Circunscripción Judicial del Estado Monagas”.

Finalmente, solicitaron que se declare con lugar la acción de amparo constitucional interpuesta y se
declare nula la sentencia accionada mediante la cual se ordenó entregar totalmente desocupado el
local comercial que ocupa como arrendataria.

II

DE LA SENTENCIA ACCIONADA

La acción de amparo constitucional fue interpuesta contra la sentencia definitiva dictada por el
Juzgado Superior Primero en lo Civil, Mercantil, Tránsito, Bancario y de Protección de Niños, Niñas y
Adolescentes de la Circunscripción Judicial del estado Monagas, el 5 de noviembre de 2015, cuyo
dispositivo revocó la sentencia dictada por el Tribunal Primero de Municipio Ordinario y Ejecutor de
Medidas de los Municipios Maturín, Aguasay y Santa Bárbara de la Circunscripción Judicial del
estado Monagas, el 25 de julio de 2014, que había declarado sin lugar la demanda de cumplimiento
de contrato de arrendamiento por vencimiento de la prórroga, incoada por la sociedad mercantil
ESTACIÓN DE SERVICIOS EL PARQUE C.A. contra la sociedad mercantil AUTOSERVICIOS Y
REPUESTOS EL PARQUE C.A. (ASERPARCA). y en consecuencia declaró con lugar la mencionada
demanda y con lugar la apelación, condenando en costas a la parte demandada.

La sentencia señalada como lesiva tuvo como fundamento lo siguiente:

(…) Una vez valoradas como han sido todas y cada una de las pruebas aportadas por ambas partes
al proceso, este Tribunal Superior considera menester antes de decidir el fondo de la controversia,
pasar a precisar de manera prioritaria cual fue la duración de la relación arrendaticia, para
posteriormente poder determinar si hubo o no prórroga y en caso de haberla, cuánto tiempo le
correspondía conforme a la Ley que rige la materia aplicable para el momento de interposición y
admisión de la presente demanda. En tal sentido, tanto la parte demandante como demandada,
promovieron durante el lapso probatorio la sentencia definitiva, de fecha 05 de octubre del 2012,
dictada por el Juzgado Tercero de los Municipios Maturín, Aguasay, Santa Bárbara, y Ezequiel
Zamora de la Circunscripción Judicial del estado Monagas, anexa en copia simple constante de diez
(10) folios útiles marcado con la letra “E”, la cual fue valorada oportunamente, siendo el caso que
de conformidad con lo dispuesto en el articulo 273 la misma es ley entre las partes en los límites de
la controversia decidida y es vinculante en todo proceso futuro, en razón a ello este Tribunal toma
como duración de la relación arrendaticia, entre la Sociedad Mercantil ESTACION DE SERVICIO EL
PARQUE C.A. y la Sociedad Mercantil AUTOSERVICIOS Y REPUESTOS EL PARQUE, C.A., los
dieciséis (16) años establecidos en la decisión en comento. Y así se decide.

Así las cosas, constata esta Superioridad que la relación arrendaticia se inició como persona natural
a partir del año 1995 y luego en el año 2000, manteniendo así una relación arrendaticia por más
dieciséis (16) años, siendo el último contrato celebrado el 01 de febrero de 2010 hasta el 01 de
febrero de 2011, equivalente a un (01) año, correspondiéndole de acuerdo a la duración de la
relación arrendaticia una prórroga legal de tres (03) años de conformidad con el literal “d” del
artículo 38 de la Ley de Arrendamientos Inmobiliarios (vigente para la interposición de la presente
demanda), pues no debemos confundir la duración de la relación arrendaticia con la duración del
contrato. Y así se decide.

Aclarado lo anterior, corresponde a este Tribunal pronunciarse sobre la tácita reconducción


invocada por la parte demandada y la prórroga legal alegada por la parte demandante. En ese
orden de ideas, señala la cláusula sexta del contrato de arrendamiento bajo estudio que: “La
duración del presente contrato será de un (1) año, contados a partir del 01 de Febrero de 2010,
hasta el 01 de febrero de 2011…”. En tal sentido, estamos en presencia de un contrato a tiempo
determinado o de plazo fijo a tenor del artículo 1.599 del Código Civil, que reza: (…)

Ahora bien, arguye la demandada que vencido el referido contrato en la fecha indicada, su
representada continuó ocupando el local arrendado y continúa pagando el canon de arrendamiento
correspondiente, por lo cual dicho contrato se convirtió a tiempo indeterminado; por su parte el
demandante alegó que vencido el contrato operó de pleno derecho la prórroga legal prevista en el
artículo 38 de la Ley de Arrendamientos Inmobiliarios y reputarse a tiempo determinado. Al
respecto, observa esta Alzada que el contrato de arrendamiento cuyo cumplimiento se persigue es
por tiempo determinado, vale decir, que contempla fecha de vencimiento el cual solo sería
prorrogable automáticamente por el mismo tiempo solamente con el consentimiento por escrito de
las partes, al llegar esta opera la prórroga legal, siempre que no haya causal de incumplimiento, la
cual es obligatoria para el arrendador y facultativa para el arrendatario, y si bien es cierto que
existió un silencio por parte de la arrendataria, toda vez que la misma no manifestó si se acoge o
no a la prórroga legal, no es menos cierto que este es un beneficio creado por la ley a favor del
arrendatario, este Tribunal infiere que finalizado el contrato operó de pleno derecho la prórroga
legal tal como lo prevé el artículo 39 de la Ley especial que rige la materia, la cual corresponde a
tres (3) años, tal como se indicó ut supra. Y así se decide.- Vistos los argumentos de la parte
demandada, respecto a que vencido el contrato y estando aún el inmueble de marras ocupado por
la sociedad mercantil AUTOSERVICIOS Y REPUESTOS EL PARQUE, C.A., el contrato se convirtió a
tiempo indeterminado. En torno a ello, estima necesario este operador de justicia realizar una breve
explicación sobre la reconducción, la cual en términos forenses, es prorrogar expresa o tácitamente
un arrendamiento. En consecuencia, cuando esa prórroga no ha sido expresamente establecida
sino que se produce automáticamente, sin determinación previa, se origina una prórroga tácita o
sea una tácita reconducción, originada por el simple hecho de que el locatario continué en el
disfrute de la cosa arrendada, después de vencido el plazo de la locación, sin que el locador se
oponga. También puede definirse como la renovación operada en un contrato mediando el
consentimiento tácito de las partes contratantes, lo cual puede interpretarse a través de ciertos
hechos o actitudes asumidas por las cuales se manifiesta la voluntad de los contratantes sin mediar
el uso de la palabra oral o escrita.
En este mismo contexto, los artículos 1.600 y 1.614 del Código Civil prevén: (…)

Para significar que cuando la norma dice: “y se le deja” ó “sin oposición del propietario”, implica
que sin la venia del arrendador no se da la renovación per se; o que su rechazo ya es suficiente
para truncarla. Dicho lo anterior, en el sub iudice de entrada y a todas luces de la cláusula Tercera
del contrato se evidencia la voluntad del arrendador de no querer bajo ninguna circunstancias que
el contrato pase a ser a tiempo indeterminado a consecuencia de la tácita reconducción al
establecer que el mismo seria prorrogable automáticamente por el mismo tiempo con el
consentimiento por escrito de las partes, lo cual no se demostró en el iter procesal se haya
realizado, así como de las diligencias tendientes realizadas por la parte accionante con anterioridad
al intentar una demanda de resolución de contrato de arrendamiento, y si bien es cierto, que aún
cuando la sociedad mercantil demandada se encuentra ocupando el inmueble, no es por el contrato
se haya convertido en indeterminado o porque operase la tácita reconducción, sino por estar
disfrutando de la prórroga de ley, la cual al ser de tres años, ésta inició al día siguiente del
vencimiento del contrato, es decir el 02 de febrero de 2011 hasta el 02 de febrero de 2014, siendo
intentada la presente demanda el 24 de febrero de 2014, en atención a lo expuesto mal podría
tenerse el contrato objeto de litigio a tiempo indeterminado, resultando así forzoso para esta Alzada
concluir que en el presente caso no operó la reconducción tácita alegada por la accionada a tenor
de los artículos 1.600 y 1.614 del Código Civil, por no mediar el consentimiento de la arrendadora y
por haber estado la parte accionante haciendo uso de la prórroga legal la cual operó de pleno
derecho. Y así se decide.

En atención a lo supra mencionado, y luego de una revisión exhaustiva de las actas que conforman
el presente expediente, así como la valoración íntegra del caudal probatorio aportado por las partes
aquí contendientes, esta Superioridad observó que el contrato de arrendamiento bajo estudio se
encontraba en prórroga legal hasta el 02 de febrero de 2014, debiéndose tener el mismo a tiempo
determinado tal como lo estipula el artículo 38 de la ley de Arrendamientos Inmobiliarios, al
establecer: (..) en consecuencia, y por aplicación de la norma contenida en el artículo 39 de la ley
de Arrendamientos Inmobiliarios que reza (…) este Juzgador considera que la presente acción
resulta procedente, debiéndose declarar la misma CON LUGAR y por ende el recurso intentado
debe declararse igualmente CON LUGAR tal y como se hará de manera expresa y positiva en la
parte dispositiva del presente fallo, quedando en consecuencia revocada la sentencia apelada. Y así
se decide.

III

DE LA COMPETENCIA DE LA SALA

Por cuanto, con fundamento en los artículos 266.1 y 335 de la Constitución de la República
Bolivariana de Venezuela, 4 de la Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías
Constitucionales y 25.20 de la Ley Orgánica del Tribunal Supremo de Justicia, corresponde a esta
Sala la competencia para el conocimiento de las demandas de amparo constitucional contra las
sentencias y demás actuaciones judiciales que dicten los Juzgados Superiores de la República, salvo
de las que emitan los Juzgados Superiores con competencia en lo Contencioso Administrativo. Y por
cuanto, en el asunto de autos, la pretensión de tutela constitucional se intentó contra la actuación
judicial del Juzgado Superior Primero en lo Civil, Mercantil, Tránsito, Bancario y de Protección de
Niños, Niñas y Adolescentes de la Circunscripción Judicial del estado Monagas, esta Sala se declara
competente para la decisión de la demanda en referencia. Así se decide.

IV

CONSIDERACIONES PARA DECIDIR

Precisado lo anterior y determinada la competencia, la Sala pasa a decidir y, al efecto, observa:

Luego del examen del escrito contentivo de la acción de amparo que fue interpuesta, esta Sala
procede a la comprobación del cumplimiento de los requisitos que exige el artículo 18 de la Ley
Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales y encuentra que ella cumple con
los mismos. Así se declara.

En lo concerniente a la admisibilidad de la pretensión de amparo sub examine a la luz de las


causales de inadmisión que preestableció el artículo 6 de la Ley Orgánica de Amparo sobre
Derechos y Garantías Constitucionales y 133 de la Ley Orgánica del Tribunal Supremo de Justicia, la
Sala concluye que, por cuanto no se encuentra incursa en tales causales, por lo que aquella es
admisible prima facie. Así se declara.

Ahora bien, la jurisprudencia reiterada de esta Sala ha establecido la posibilidad de la declaratoria


de improcedencia in limine litis de las pretensiones de amparo (Cfr. ss.S.C. n.ros 2.453 del 28 de
noviembre de 2001 y 1.659 de fecha 17 de febrero de 2002), bajo el argumento de que resulta
inoficioso y contrario a los principios de celeridad y economía procesal, la sustanciación de un
procedimiento cuyo único resultado final posible es la declaratoria sin lugar.

La Sala observa que, en el caso sub examine, la demanda de amparo se intentó contra una
decisión judicial, caso en el cual se ha señalado que este tipo de demandas constituye un
mecanismo procesal de impugnación con peculiares características que la diferencian de las demás
pretensiones de amparo, así como, de las otras vías existentes para impugnar los actos que
emanen de los órganos jurisdiccionales, razón por la cual, a estas demandas -a las cuales se refiere
el artículo 4 de la Ley Orgánica de sobre Derechos y Garantías Constitucionales- se les ha
establecido especiales presupuestos de procedencia, en concreto, que el juez de la causa haya
actuado fuera de su competencia o en extralimitación de funciones, en contravención de los
derechos constitucionales de las partes, así puede observarse que la referida norma establece lo
siguiente:

“Artículo 4. Igualmente procede la acción de amparo cuando un Tribunal de la República, actuando


fuera de su competencia, dicte una resolución o sentencia u ordene un acto que lesione un derecho
constitucional.

En estos casos, la acción de amparo debe interponerse por ante un Tribunal Superior al que emitió
el pronunciamiento, que decidirá en forma breve, sumaria y efectiva”.
Con respecto a los requisitos de procedencia de las pretensiones de amparo contra decisiones
judiciales, la Sala ha indicado que éstos deben entenderse como: 1) la incompetencia del juez, en
sentido constitucional, es decir, que haya actuado manifiestamente fuera de sus competencias
constitucionales en usurpación de funciones o abuso de poder; 2) que el fallo objeto del amparo
haya violado derechos constitucionales.

Con el establecimiento de tales extremos de procedencia se ha pretendido evitar la interposición de


solicitudes de amparo con el propósito de que se reabra un asunto que ha sido resuelto
judicialmente, en perjuicio de la inmutabilidad de la decisión definitivamente firme; y, por otra
parte, para que la vía del amparo no se convierta en sucedánea de los demás mecanismos
procesales, tanto ordinarios como extraordinarios.

En el caso de autos, la parte actora delató la violación a su derecho constitucional al debido


proceso, por parte del juez de Alzada, cuando declaró con lugar la demanda y con lugar la
apelación intentada por la accionante contra la sentencia dictada el 25 de julio de 2014, por el
Tribunal Primero de Municipio Ordinario y Ejecutor de Medidas de los Municipios Maturín, Aguasay y
Santa Bárbara de la Circunscripción Judicial del estado Monagas, que había declarado sin lugar la
demanda de cumplimiento de contrato de arrendamiento, quedando de esta manera revocada la
decisión objeto de apelación.

Sobre el particular observa la Sala que, la Ley de Arrendamientos Inmobiliarios publicada en la


Gaceta Oficial de la República de Venezuela Nº 5.398 Extraordinario de fecha 26 de octubre de
1999, vigente para ese tipo de casos en el momento en que ocurrieron los hechos, establecía en el
artículo 39 lo siguiente: “…La prórroga legal opera de pleno derecho y vencida la misma, el
arrendador podrá exigir del arrendatario el cumplimiento de su obligación de entrega del inmueble
arrendado…”

Por su parte, el artículo 38 eiusdem, dispone.

“En los contratos de arrendamiento que tengan por objeto alguno de los inmuebles indicados en el
artículo 1º de este Decreto-Ley, celebrados a tiempo determinado, llegado el día del vencimiento
del plazo estipulado, éste se prorrogará obligatoriamente para el arrendador y potestativamente
para el arrendatario, de acuerdo con las siguientes reglas:

a) Cuando la relación arrendaticia haya tenido una duración hasta de un (1) año o menos, se
prorrogará por un lapso máximo de seis (6) meses.
b) Cuando la relación arrendaticia haya tenido una duración mayor de un (1) año y menor de cinco
(5) años, se prorrogará por un lapso máximo de un (1) año.
c) Cuando la relación arrendaticia haya tenido una duración de cinco (5) años o más, pero menor
de diez (10) años, se prorrogará por un lapso máximo de dos (2) años.
d) Cuando la relación arrendaticia haya tenido una duración de diez (10) años o más se prorrogará,
por un lapso máximo de tres (3) años.
Durante el lapso de la prórroga legal, la relación arrendaticia se considerará a tiempo determinado,
y permanecerán vigentes las mismas condiciones y estipulaciones convenidas por las partes en el
contrato original, salvo las variaciones del canon de arrendamiento que sean consecuencia de un
procedimiento de regulación, o de un convenio entre las partes, si el inmueble estuviere exento de
regulación”.

En virtud de la norma precedentemente transcrita, observa esta Sala, que la prórroga legal se ha
constituido para que surja de modo automático, sin ninguna declaración adicional o acuerdo previo
entre los contratantes.

En atención a lo anteriormente expuesto, no encuentra la Sala que se haya interpretado


erróneamente la norma en comento por las razones de inconstitucionalidad expuestas por el
accionante, ya que la decisión del juzgado superior se circunscribe a declarar que: “…de la cláusula
Tercera del contrato se evidencia la voluntad del arrendador de no querer bajo ninguna
circunstancia que el contrato pase a ser a tiempo indeterminado a consecuencia de la tácita
reconducción al establecer que el mismo sería prorrogable automáticamente por el mismo tiempo
con el consentimiento por escrito de las partes, lo cual no se demostró en el iter procesal se haya
realizado, así como de las diligencias tendientes realizadas por la parte accionante con anterioridad
al intentar una demanda de resolución de contrato de arrendamiento, y si bien es cierto, que aún
cuando la sociedad mercantil demandada se encuentra ocupando el inmueble, no es por el
contrato se haya convertido en indeterminado o porque operase la tácita reconducción, sino por
estar disfrutando de la prórroga de ley, la cual al ser de tres años, ésta inició al día siguiente del
vencimiento del contrato, es decir el 02 de febrero de 2011 hasta el 02 de febrero de 2014, siendo
intentada la presente demanda el 24 de febrero de 2014, en atención a lo expuesto mal podría
tenerse el contrato objeto de litigio a tiempo indeterminado, resultando así forzoso para esta Alzada
concluir que en el presente caso no operó la reconducción tácita alegada por la accionada a tenor
de los artículos 1.600 y 1.614 del Código Civil, por no mediar el consentimiento de la arrendadora y
por haber estado la parte accionante haciendo uso de la prórroga legal la cual operó de pleno
derecho”.

Por vía de consecuencia, esta Sala constata que tal como lo estableció la sentencia accionada, la
prórroga legal opera de pleno derecho aun cuando las partes no lo hayan establecido al momento
de la celebración del contrato de arrendamiento, puesto que por la sola previsión o regulación
contenida en el artículo 38 de la ley especial derogada, la misma procede en beneficio del
arrendatario como derecho irrenunciable, tomando en consideración su eminente carácter de orden
público conforme a lo establecido en el artículo 7 ejusdem, que establece: “Los derechos que la
presente ley establece para beneficiar o proteger a los arrendatarios son irrenunciables…”.

De allí que, al observarse que es un hecho admitido por las partes que la relación arrendaticia duró
dieciséis años, le correspondía a la arrendataria una prórroga de tres (3) años, operando la misma
de pleno derecho no se requería la notificación a la arrendataria, quedando por tanto, el
arrendatario en posesión de la cosa arrendada y en continuidad del contrato por ese lapso.

Ahora bien, en el caso que nos ocupa, dicha prórroga se inició al día siguiente del vencimiento del
contrato, es decir el 2 de febrero de 2011 y se venció el 2 de febrero de 2014, razón por la cual
esta Sala considera que el juez de alzada actuó ajustado a derecho, al declarar con lugar la
demanda, al verificarse que la demanda se intentó el 24 de febrero del mismo mes y año.
En un caso similar al que se examina, esta Sala Constitucional, entre otras, en sentencia
1271/2012, de fecha 14 de agosto de 2012, caso: Rosa Isabel Palenzuela Lipari, dejó sentado lo
siguiente:

“(…) no encuentra la Sala que se haya interpretado erróneamente la norma en comento por las
razones de inconstitucionalidad expuestas por el recurrente, ya que la decisión del ad quem se
circunscribe a declarar que:

“…cuando se intenta una demanda de cumplimiento de contrato de arrendamiento por vencimiento


del término prefijado como duración y cuya pretensión busca la entrega del inmueble arrendado,
para que se haga efectivo el ejercicio de la acción es necesario que se haya cumplido la prórroga
legal conforme lo establecía el artículo 39 de la Ley de Arrendamientos Inmobiliario.

(…)

La prórroga legal es un derecho irrenunciable que el legislador otorga al arrendatario para entregar
el bien inmueble y siendo su uso potestativo para el mismo, ‘pero’ de obligatorio cumplimiento para
el arrendador, todo acuerdo o estipulación que impliquen su renuncia debe ser considerado nulo
conforme lo instituye el artículo 7 ejusdem…”.

De allí que, esta Sala constata que la prórroga legal opera de pleno derecho aun cuando las partes
no lo hayan establecido al momento de la celebración del contrato de arrendamiento, puesto que
por la sola previsión o regulación contenida en el artículo 38 de la ley especial derogada, la misma
procede en beneficio del arrendatario como derecho irrenunciable, tomando en consideración su
eminente carácter de orden público conforme a lo establecido en el artículo 7 ejusdem.

“Artículo 7. Los derechos que la presente ley establece para beneficiar o proteger a los
arrendatarios son irrenunciables…”.

En virtud de la norma ut supra, el arrendatario no podría renunciar a la prórroga legal y de hacerlo


queda el acto volitivo emitido sin valor alguno, debido a que ese derecho se ha contemplado
precisamente en protección del mismo, asimismo observa esta Sala, que la prórroga legal se ha
constituido para que surja de modo automático, sin ninguna declaración adicional o acuerdo previo
interpartes contratantes.

Así las cosas, esta Sala observa que mediante el ejercicio de la presente acción se procura la
impugnación de una decisión de segunda instancia, sobre la base de la existencia de una presunta
lesión constitucional y del supuesto error cometido por el mencionado Juzgado Superior en la
aplicación de las normas previstas en la Ley de Arrendamientos Inmobiliarios, vigente para la fecha
en que ocurrieron los hechos; en tal sentido, resulta necesario reiterar que la acción de amparo
constitucional es un mecanismo destinado exclusivamente a proteger el goce y ejercicio de los
derechos constitucionales, por lo que no se puede convertir en una tercera instancia en la cual se
juzgue nuevamente sobre el mérito de una controversia ya conocida y juzgada por los jueces de la
causa, o se haga una valoración de los hechos y el derecho que ya fueron objeto de la soberana
apreciación de los jueces.

Al efecto, mediante Sentencia N° 828/2000, caso: Seguros Corporativos, SEGUCORP, C.A, esta Sala
estableció lo siguiente:

“…en el procedimiento de amparo el juez enjuicia las actuaciones de los órganos del poder público
o de los particulares, que hayan podido lesionar los derechos fundamentales. Pero en ningún caso,
puede revisar, por ejemplo, la aplicación o interpretación del derecho ordinario, por parte de la
administración o los órganos judiciales, a menos que de ella se derive una infracción directa de la
Constitución. No se trata de una nueva instancia judicial o administrativa, ni de la sustitución de los
medios ordinarios para la tutela de los derechos o intereses, se trata de la reafirmación de los
valores constitucionales…”.

De este modo, se insiste en que la acción de amparo constitucional está concebida para la
protección de derechos y garantías constitucionales; de allí que lo realmente determinante para
resolver acerca de la pretendida violación es que exista una violación de rango constitucional y no
legal, ya que si así fuere el amparo perdería todo sentido y alcance y se convertiría en un
mecanismo ordinario de control de la legalidad; razón por la cual, en la sentencia que fue citada,
también se indicó:

“…Ahora bien, hay que distinguir entre la incorrecta aplicación de una norma, su omisión, o los
errores en su interpretación, que se refieren a su actividad y entendimiento, de la infracción de un
derecho o garantía constitucional. Estos no se ven -en principio- vulnerados, porque la norma deja
de aplicarse, se aplica mal o se interpreta erradamente. Estos vicios, por sí mismos, no constituyen
infracción constitucional alguna, y es del ámbito del juzgamiento de los jueces, corregir los
quebrantamientos señalados, los cuales pueden producir nulidades o ser declarados sin lugar.
Cuando estos vicios se refieren a las normas de instrumentación del derecho constitucional, en
principio los derechos fundamentales no quedan enervados.

La forma como interpretan la Ley, el Juez o la Administración o su subsiguiente aplicación, puede


ser errada u omisiva, pero necesariamente ello no va a dejar lesionado un derecho o una garantía
constitucional, ni va a vaciar su contenido, haciéndolo nugatorio. Por ejemplo, en un proceso puede
surgir el quebrantamiento de normas procesales, pero ello no quiere decir que una parte ha
quedado indefensa, si puede pedir su corrección dentro de él.

(…)

Los errores de juzgamiento sobre la aplicabilidad o interpretación de las normas legales, en


principio no tienen por qué dejar sin contenido o contradecir una norma constitucional, motivo por
el cual ellos no pueden generar amparos. Lo que los generan es cuando los errores efectivamente
hagan nugatoria la Constitución, que la infrinjan de una manera concreta y diáfana. Es decir, que el
derecho o garantía constitucional, en la forma preceptuada en la Constitución, quede
desconocido…”.
Por consiguiente, se concluye que, en el caso sub júdice, el Juzgado Superior Primero en lo Civil,
Mercantil, Tránsito, Bancario y de Protección de Niños, Niñas y Adolescentes de la Circunscripción
Judicial del Estado Monagas, actuó en ejercicio de sus competencias y no violó derechos
constitucionales, razón por la cual no se cumplen los requisitos de procedencia de la acción de
amparo que exige el artículo 4 de la Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías
Constitucionales.

De allí que, en aras de la simplificación de trámites que integra el concepto de tutela judicial
efectiva y conforme a los principios de celeridad y economía procesal y, toda vez que no le asiste la
razón a la accionante, resulta forzoso para esta Sala, declarar improcedente in limine litis la
demanda de amparo que incoó la representación judicial de la empresa de la sociedad mercantil
AUTOSERVICIOS Y REPUESTOS EL PARQUE C.A. (ASEPARCA), contra la sentencia dictada por el
Juzgado Superior Primero en lo Civil, Mercantil, Tránsito, Bancario y de Protección de Niños, Niñas y
Adolescentes de la Circunscripción Judicial del Estado Monagas, de fecha 5 de noviembre de 2015.

Finalmente, declarada improcedente in limine litis la presente acción de amparo constitucional,


resulta inoficioso pronunciarse sobre la medida cautelar innominada solicitada, ello en virtud de su
carácter accesorio respecto de la acción principal. Así se decide.

DECISIÓN

Por las razones que anteceden, este Tribunal Supremo de Justicia, en Sala Constitucional,
administrando justicia en nombre de la República por autoridad de la Ley declara IMPROCEDENTE
in limine litis la pretensión de amparo intentada por los abogados José Ramón Marcano y Efraín
Castro Beja, en su carácter de apoderados judiciales de la sociedad mercantil AUTOSERVICIOS Y
REPUESTOS EL PARQUE C.A. (ASEPARCA), contra la sentencia dictada por el Juzgado Superior
Primero en lo Civil, Mercantil, Tránsito, Bancario y de Protección de Niños, Niñas y Adolescentes de
la Circunscripción Judicial del Estado Monagas, de fecha 5 de noviembre de 2015, en el juicio que
por cumplimiento de contrato de arrendamiento ejerció la sociedad mercantil ESTACIÓN DE
SERVICIOS EL PARQUE C.A., contra la hoy accionante.

Publíquese, regístrese y notifíquese. Cúmplase lo ordenado.

Dada, firmada y sellada en el Salón de Despacho de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de
Justicia, en Caracas, a los 11 días del mes de marzo de dos mil dieciséis (2016). Años: 205º de la
Independencia y 157º de la Federación.

La Presidenta,

GLADYS M. GUTIÉRREZ ALVARADO

Vicepresidente,