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ARTE GRIEGO.

INTRODUCCION AL ARTE GRIEGO.


El arte griego tiene un antecedente, no determinante, en el arte egeo, que con Egipto y
Mesopotamia forma la gran trilogía de civilizaciones anteriores a la culminación
helénica. Se desarrolla entre los siglos VIII al II a.C. y sus características son muy
diferentes a las propias de las corrientes orientales y egeas que pueden considerarse
como su fundamento m s o menos directo.

El arte griego abandona el culto funerario de los egipcios y prescinde de los grandes
palacios mesopotámicos, arrastrado por una organización política muy diferente, la
democracia griega, que crea un concepto de exaltación de los valores individuales frente
a la masificación religiosa o el culto a los reyes de las civilizaciones anteriores. Sus
propios dioses, agrupados en el Olimpo, se individualizan y reparten las acciones de la
divinidad, tomando parte activa en el quehacer de los hombres, en sus luchas y en sus
amores.

Sobre el conjunto de los pueblos originarios, entre los que destaca el semita, que aporta
el sentido idealista de la vida, la capacidad de abstracción, el concepto de lo grandioso y
el sentimiento religioso, las invasiones arias, producidas a partir de 1700 a.C., suman a
las anteriores sus ideas de vitalidad y amor a la naturaleza, su individualismo, su
filosofía y su fuerza.

Resultado de estas creencias, y tras largos siglos de elaboración, surge el arte griego
clásico caracterizado por el equilibrio, la funcionalidad, la armonía, el número, el
sentido de la medida y la belleza de las proporciones. El griego busca, por encima de
todo, las formas apolíneas -de Apolo-, el abandono de las cuales o su desviación en
cualquier sentido, supone acercarse a la deformación y a lo antiestético. En esta práctica
pueden distinguirse dos tendencias, cuya fusión crea este arte excepcional: la jonia,
asentada en las islas y la costa de Asia Menor, más femenina, rica, lujosa y esbelta de
proporciones; y la doria, en el continente, sobria, robusta, más rígida, ordenada y severa
en las proporciones y en lo decorativo.

Sin embargo, la excesiva busca de la proporción y de la armonía en la medida, lleva al


artista griego al exceso de considerar que la creación de un Kanon o sistema matemático
de unidades modulares, era suficiente para producir belleza, por lo que sus
composiciones requerirán también de vida y emoción. La falta de pasión y fuego
artísticos, superado el espíritu clásico, conducirán, en el llamado período helenístico, a
los artistas griegos a buscar un mayor movimiento y aliento vital para sus obras,
perdiendo el equilibrio que era su mayor galardón y cayendo en la trampa del fácil
virtuosismo y la reiteración y la exploración de nuevos efectos a ultranza.

CRONOLOGIA A. de C.:
3400 - 1250. Cultura minoica en la isla de Creta.
Hacia 1184. Guerra de Troya.
900 - 450. EPOCA ARCAICA.
Hasta 750. Cerámica de Dypilon, de diseño geométrico.
Hacia 840. Vive Homero, cantor de la "Ilíada" y la "Odisea".
776. Primeros juegos olímpicos. Origen de la cronología griega.
640-548. Vive Tales de Mileto, primer filósofo griego.
525-456. Vive Esquilo, autor dramático.
500-430. Guerras Médicas. Griegos contra persas.
496-406. Vive Sófocles, autor dramático.
490-432. Vive Fidias, escultor del Parthenon. Apogeo del arte griego.
470-399. Vive Sócrates, iniciador de la antropología filosófica.
470-450. Esculturas del templo de Olimpia, transición entre el período arcaico y el
período Clásico.
450-323. EPOCA CLASICA.
450-385. Vive Aristófanes, autor de comedias.
447-438. Construcción del Parthenon.
445-430. Apogeo de Atenas, bajo Pericles.
431-404. Guerra del Peloponeso. Rivalidad entre Atenas y Esparta.
429-347. vive Platón, iniciador del idealismo filosófico.
384-322. Vive Aristóteles, iniciador del realismo filosófico.
356-323. Alejandro Magno. El Imperio Macedónico› se extiende hasta la India.
323-146. EPOCA HELENISTICA.
146. Destrucción de Corinto, Grecia, convertida en provincia romana.

FUNDAMENTOS.
El arte griego, aunque hereda del prehelénico algunas formas especiales, no puede
considerarse consecuencia o producto de la evolución de aquél. La invasión de eolios,
jonios y dorios a fines del segundo milenio, pone fin al arte prehelénico y, solo después
de cuatro siglos de ensayos y esfuerzos, crea un nuevo estilo en el que suelen
distinguirse tres grandes períodos: el arcaico, que comprende desde el siglo VIII hasta la
primera mitad del siglo VI, es una época de iniciación de las formas artísticas; el
clásico, correspondiente al siglo V o de Pericles, señala su máximo esplendor,
produciendo una serie de innovaciones en el siglo IV, que desembocar en el tercer
período o helenístico. En este último se difunde el espíritu griego por Oriente, a la vez
que se orientaliza a sí mismo; puede considerarse acabado con la conquista de Corinto
por Roma, en el año 146 a.C.

Mientras que los arquitectos de Egipto y Mesopotamia gustan de construir edificios de


proporciones colosales, en los que la masa lo domina todo, produciendo el efecto
anonadante que la sugestión de lo eterno lleva consigo, los griegos prefieren crear
conjuntos proporcionados y deleitarnos con el equilibrio de sus dimensiones. Para el
artista griego, la belleza es, ante todo y sobre todo, proporción y medida; inspirado por
estas ideas, logra fijar en los elementos constructivos y en las formas decorativas, unos
rasgos tan esenciales, que han sido capaces de persistir a lo largo de los siglos para
seguir siendo empleados en nuestros días.

ARQUITECTURA.
CARACTERISTICAS. La arquitectura griega es de SILLERÍA perfectamente
uniforme, del tipo llamado isódomo; su material característico, en pleno apogeo, es el
mármol blanco si bien se utulizará, también, otros como la piedra caliza.

Aunque conoce el arco, renuncia a su empleo y se hace ADINTELADA como la


egipcia.

La forma más bella y completa de la estructura de sus edificios se manifiesta en los


pórticos columnados o peristilos, monumento esencial de la arquitectura griega, que da
origen a la creación de los llamados ÓRDENES CLÁSICOS. El orden queda definido
por la sucesión de las diversas partes del soporte y de la techumbre adintelada, de
acuerdo con tres modelos o estilos diferentes que, por considerarse inventados por los
griegos dorios, jonios y corintios, se denominan dórico, jónico y corintio,
respectivamente. El origen de estas formas arquitectónicas es lignario, a juzgar por sus
características y por tener la seguridad de que los primitivos templos daricos, fueron de
madera. Pausanias nos habla de la primitiva columna de madera que aun se conservaba
en el templo de Hera en Olimpia; al excavar modernamente la zona de este monumento
se ha podido ver cómo fueron reemplazadas las viejas columnas de madera, a medida
que se consuman, por otras de mármol. La restauración del templo dórico arcaico de
Thermos, construido en su totalidad con madera y cerámicas, puede dar idea de estas
primitivas edificaciones.

-Dórico. El orden dórico descansa en unas gradas que lo elevan sobre el terreno
circundante. El fuste de la columna, que arranca directamente de las gradas, se
encuentra recorrido longitudinalmente por unas veinte estrías unidas a arista viva;
horizontalmente, en la parte superior, aparecen tres líneas rehundidas, que constituyen el
astrágalo. Para subrayar el efecto de solidez y fortaleza, tiene un ligero ensanchamiento
o éntasis, en su parte central. Se construye con una sola piedra en el período arcaico; en
el siglo V tiene ya varios tambores, cuyo número crece con el tiempo. El capitel dórico
consta del equino o especie de almohadilla y del ábaco o paralelepípedo de base
cuadrada. Entre la parte superior del fuste de la columna y la inferior del capitel, se
establece una moldura cóncava llamada collarino. A medida que avanza el tiempo, la
columna dórica se hace más esbelta, variando su altura entre cuatro y seis di metros
inferiores.

La techumbre se manifiesta hacia el exterior en la fachada, constituyendo el


entablamento formado por el arquitrabe, el friso y la cornisa; el primero descansa sobre
el ábaco del capitel. El friso se divide a su vez en metopas y triglifos; las metopas son
recuadros aptos para ser decorados y los triglifos están formados por tres bandas
verticales que rematan en gotas por su parte inferior. La cornisa, tercero y último
elemento del entablamento, está coronada por un cimacio en voladizo. Sobre el
entablamento descansa un tejado a dos vertientes, apoyado en dos frontones o elementos
triangulares, provistos de acroteras en los ángulos, para colocar figuras decorativas, y
con el tímpano decorado.

-Jónico. Frente a la sobriedad de formas y a la corpulencia del orden dórico, se distingue


el orden jónico por la esbeltez de sus proporciones y la mayor riqueza de su decoración.
Preferido por los griegos jonios del Asia Menor, opone a la virilidad del primero, lo
femenino de su inspiración.

Se desarrolla en las costas mediterráneas de la actual Turquía y en las islas del mar
Egeo. La columna es más esbelta y se diferencia de la dórica porque tiene basa, de dos
tipos: en el Asia Menor, está formada por un toro y varias escocias; en el Ática, por dos
toros y una o varias escocias. El fuste, m s esbelto, presenta mayor número de
acanaladuras, esta vez sin aristas vivas; el capitel está formado por dos volutas,
cojinetes y ábaco, ornamentados con ovas y flechas. El entablamento es menos alto; el
arquitrabe tiene tres bandas lisas peraltadas; el friso, que a veces falta, está decorado
con relieves continuados y la cornisa, con dentículos y decoración de flechas y ovas.
-Corintio. El orden corintio aparece a fines del siglo V. En realidad, no constituye un
nuevo orden arquitectónico, siendo solo una variante del jónico, con diferencias en el
capitel y una mayor riqueza en la ornamentación. Se pueden distinguir dos tipos de
capiteles: el primero está formado por una serie de ocho hojas de acanto, de las que
surge un segundo grupo de hojas de plantas acu ticas, sobre las que descansa un ábaco
cuadrado de muy poco espesor; el segundo presenta dos series superpuestas de hojas de
acanto, de las que surgen ocho caulículos, que forman dos volutas convergentes en cada
ángulo y otras más pequeñas en los centros, sobre los que se colocan palmetas; encima
de los caulículos, descansa el ábaco ornamentado.

Además de estos tres tipos de soporte, la arquitectura griega emplea excepcionalmente


otros en los que el fuste de la columna se ve reemplazado por una figura humana. Si es
femenina, surgen las cariátides; cuando es un varón, se trata de los atlantes o telamones.

EL TEMPLO griego se erige en la culminación de todos los valores arquitectónicos y


artísticos. No tiene las inmensas proporciones del egipcio, ni las que va a adquirir el
templo cristiano, construido no solo para casa de la divinidad sino también para albergar
la totalidad de los fieles durante la celebración del culto. Edificado exclusivamente para
custodiar a la imagen divina, el templo griego es de proporciones medianas, con el altar
situado en el exterior.

Nace por evolución del megarón prehelénico y tiene casi siempre planta rectangular;
algunas veces es tan sencillo que se reduce a la capilla, aunque otras constan de tres
naves, separadas por columnas incluso dispuestas en dos pisos. En su interior suele
tener varias subdivisiones: la naos o cella es la capilla del dios; la pronaos es un
vestíbulo abierto, flanqueado por la prolongación de los muros laterales terminados en
pilastras; y el opistodomos es una especie de c mara en la parte posterior.

Se distinguen diversos tipos de templos, según el número de columnas en su frente,


llamándose tetrástilo con cuatro columnas, hexástilo con seis, octástilo con ocho o
decástilo con diez. En los lados mayores, el número de columnas suele ser igual al doble
m s uno del número de columnas colocadas en el frente.

Si solo tiene pórtico en un frente, se llama próstilo; si en los dos, anfipróstilo. Cuando
está rodeado de columnas exentas, períptero; si son dos filas, díptero. Cuando las
columnas está n adosadas a los lados mayores, pseudoperiptero; si es circular con
columnas, tholos o monóptero; cuando carece de columnas, áptero. Cuando no tiene
cubierta, es un templo hipetreo.

-Al Período Arcaico corresponden los templos basados en los dos órdenes
fundamentales en la arquitectura griega; el dórico y el jónico.

Los templos dóricos se extienden por el Peloponeso, Tesalia, Creta, Sicilia e Italia
meridional. El tipo del megarón prehelénico aparece por vez primera en el santuario
eolio de Thermos, siglo X a.C.: el de Orthia, en Esparta, pertenece a los comienzos del
siglo VIII a.C.

El templo primitivo, de los siglos VII y VI a.C. está hecho con ladrillo y madera; esta
última se substituye paulatinamente por la piedra, que hereda sus formas. Muestras
evidentes de esta evolución aparecen en el Templo de Hera, en Olimpia y en el Templo
G de Selinunte; en esta ciudad existen siete templos, cada uno designado modernamente
con una letra, en los que puede seguirse claramente la evolución del templo dórico. En
la primera mitad del siglo V, el templo dórico adquiere ya formas fijas, de las que son
ejemplares característicos el Templo de Poseidón, en Pestum, el Templo de la Diosa
Afaia, en Egina, hacia el 480 a.C., y su contemporáneo el Templo de Zeus, en Olimpia,
construido hacia el año 460 por LIBON de ELEA, con la cella dividida en tres naves
por dos series de columnas; en su interior se encontraba la famosa estatua criselefantina
de Zeus, obra de Fidias, entendiéndose por criselefantina una escultura en cuya
composición entran el oro y el marfil.

Los templos Jónicos se extienden por las costas jónicas del Asia Menor y las islas del
mar Egeo. A los primeros tiempos corresponden los templos de Neandria y Lesbos, y el
Tesoro de Sifnos, en Delfos, con relieves en el friso y cariátides que sustituyen a las
columnas.

Al siglo VI corresponden templos de proporciones gigantescas, que se elevan en Jonia;


son el Artemision de Éfeso, el Heraion de Samos y el Didymeion de Mileto; son
dípteros, con dimensiones colosales que imposibilitan la colocación de la cubierta,
hipetreos, excepto en el edículo central de los naos, que cobijaba la estatua de la
divinidad.

-Periodo Clásico. Los dos estilos, dórico y jónico, desarrollados independientemente y


en zonas geográficas bien delimitadas, alcanzan sus más logradas realizaciones en el
siglo V, con la hegemonía ateniense, bajo el gobierno de Pericles. En los días de
esplendor de Atenas, los edificios más bellos del arte griego se erigen en su Acrópolis.

El Parthenon. Comenzado en el año 447, se termina hacia el 437 a.C., siendo sus
arquitectos, ICTINOS y CALLICRATES. Es un templo dórico, octástilo y períptero,
con cella precedida de un pórtico hexástilo; en sus naos se encontraba la estatua
criselefantina de Atenea, obra de FIDIAS, con columnas en su torno. Al fondo está el
opistodomos o Sala de Zas Vírgenes, que da nombre al templo.

Está construido con sillares de mármol del Pentélico, colocados a hueso y reforzados a
veces por grapas metal. El Parthenon es un ejemplo característico de la maestría que
alcanzaron los arquitectos griegos en la construcción de templos; en ‚l, para efectos
visuales, ni los entablamentos ni el basamento son rectos, sino ligeramente convexos;
los intercolumnios no mantienen siempre las mismas distancias ni las columnas son
todas de las mismas dimensiones, siendo m s gruesas las de las esquinas.

Los Propileos. Es el edificio más original de la arquitectura dórica del siglo V.


Construido entre el año 437 y el 432 a.C. por el arquitecto MNESICLES, consta de dos
pórticos unidos, dórico el exterior y jónico el interior, con seis columnas por cada lado;
el proyecto de construcción comprendía dos grandes alas, flanqueando el pórtico
oriental; y otras dos pequeñas el occidental, que no llegaron a ejecutarse. Una de las alas
mayores se destina a pinacoteca.

Templo de Atenea Niké. Pequeño templo tetrástilo de proporciones elevadas; magnifico


ejemplar del orden jónico, construido por Calícrates y dedicado a la Victoria Áptera
ateniense.
El Erecteion. Es una obra maestra del orden jónico, que por su complejidad aparece
como una excepción entre los templos griegos. Construido entre el año 420 y el 407
a.C., el arquitecto FILOCLES tuvo que adaptarse al fuerte desnivel que presentaba el
terreno. Está dedicado a Atenea, Poseidón y Erecteo. En su cara oriental, se abre un
pórtico hexástilo, núcleo principal del templo, al que se añaden, al Norte, un pórtico
tetrástilo; y al Sur, la célebre Tribuna de las Cariátides.

El Teseion, o Hefaisteion, está situado en la parte baja de la Acrópolis y dedicado a


Hefaistos. Es contemporáneo del Parthenon, pero de otros arquitectos. Es un templo
dórico, hexástilo y períptero, con friso corrido en la pronaos y en el opistodomos.

Hacia fines del siglo aparecen las primeras manifestaciones del orden corintio en el
Templo de Bassae, interior, y en el Tholos de Delfos, con diez columnas corintias
adosadas a la pared interior, colocadas sobre un alto zócalo de caliza negra. Pertenecen
también a este estilo el Tholos de Epidauro y el Monumento corágico de Lisicrates, en
Atenas, obra del siglo IV. Fuera de Atenas, tienen una importancia capital los numerosos
edificios que se construyen en los principales santuarios, como los de Olimpia, Delfos,
Eleusis, Epidauro y Delos, entre los que figuran los templos anteriormente citados.

En el Periodo Helenístico el centro artístico del arte griego se desplaza de la Grecia


propia hacia las nuevas capitales del helenismo.

La conquista de Oriente modifica el espíritu griego, creando tendencias hacia las


concepciones grandiosas, el colosalismo de las proporciones y el lujo ornamental. El
orden dórico se abandona prácticamente por su extremada severidad. Se olvidan las
relaciones fijas existentes entre las diversas partes de un edificio y se emplea en
ocasiones el capitel corintio con entablamento dórico. Para las cubiertas se utiliza la
bóveda en algunas ocasiones.

Entre los grandes templos construidos en este periodo destacan el de Zeus –Olimpeion-,
al pie de la acrópolis ateniense, de más de cien metros de longitud, comenzado en el
siglo II a.C. y que no se termina hasta la época del emperador Adriano. En Jonia se
emprende asimismo la construcción de grandes templos, como el Didymeion,
extremadamente decorado; y el Artemision, de Magnesia, obra maestra de
HERMOGENES. Junto a estos templos, que siguen en sus líneas generales, el tipo
constructivo de los tiempos anteriores, se erigen otros, como el Cabiron de Samotracia,
que presenta un ábside al fondo de la cella.

EL TEATRO griego aprovecha las condiciones naturales del terreno, acomodando las
gradas para el público en la pendiente de una colina y en torno a la orchestra, circular,
para las evoluciones del coro; al fondo está el escenario, con su proskenion y la scena
propiamente dicha, con decoración arquitectónica fija, como en los Teatros de Epidauro,
Dionisos y Megalópolis.

Sin embargo, son quizás LOS CONJUNTOS URBANÍSTICOS los que ofrecen mayor
interés dentro de la arquitectura helenística, al parecer el tipo de organización que se
adoptará posteriormente por los romanos. Grandes plazas rodeadas por pórticos con
columnas, en unos casos para esparcimiento, como el Pórtico de Eumenes, de Atenas;
en otros, como el de Atalo, verdaderas lonjas de comercio; junto a éstos, surgen grandes
palacios, santuarios, teatros, lugares de reunión y otros edificios que constituyen
verdaderas urbes.

Algunas ciudades helenísticas se hicieron célebres por sus monumentos. Destacan


Pérgamo, por sus palacios y santuarios, entre los que figuraba el gran Altar de Zeus; y
Alejandría, por su gran Torre del Faro, a la entrada del puerto, erigida en el año 290 a.C.
y conocida por sus múltiples descripciones y reproducciones en monedas.

ESCULTURA
CARACTERISTICAS. En oposición al arte oriental, la figura humana es el principal
motivo tratado por el escultor griego; lo animal y lo vegetal están en función de su
representación. El ser humano idealizado aparece en sus justas proporciones y sirve
incluso para la representación de la divinidad, que rompe su hieratismo al humanizarse.

En la escultura griega contemplamos un ciclo completo, con una evolución, de alto


valor educativo. Al principio se fijan lentamente los modelos y se domina la técnica,
durante el período arcaico; en el siglo V, la plástica griega alcanza su máxima
perfección, desarrollando el arte clásico por excelencia; por último, aparece un arte más
animado, reflejo de la vida política de la Grecia del siglo IV, en busca de nuevos
modelos, que desemboca en el arte helenístico, fuera de la Hélade y orientalizado.

Periodo Arcaico. El período comprendido desde mediados del siglo VIII a.C. hasta las
guerras contra Persia, es de aprendizaje y de lucha por la conquista de la técnica y de las
formas naturalistas.

En la segunda mitad del siglo VII a.C. se crean los tipos principales de la escultura
griega; basados en el hecho fundamental de la aparición de la gran escultura, en bulto
redondo, y del relieve. Aparecen simultáneamente tipos masculinos, kuroi, y femeninos,
korai, que guardan ciertas relaciones con el arte egipcio, oriental y egeo. La figura
femenina se ajusta el traje al talle por un cinturón y los brazos pegados al cuerpo, con
una rudeza característica, como puede verse en la Xoana de Nikandre. El tipo masculino
se representa completamente desnudo, con los puños pegados a los muslos y la pierna
izquierda adelantada; un ejemplo característico es el Cleobis, del Museo de Delfos.

Una vez creados en el siglo VII los tipos fundamentales, la labor realizada en el siglo VI
consistir en dominar la técnica. Se distinguen en este periodo dos escuelas arcaicas: la
jonia y la doria. La doria se caracteriza por su gusto por las formas vigorosas, dotando al
cuerpo humano de un aspecto arquitectónico; por el contrario, la escuela jonia, m s
influida por el arte oriental, se distingue por representaciones más sensuales y de formas
ms blandas. La escuela Ática reúne ambas tendencias, humanizando el vigor de la
escuela doria; sus ejemplos m s característicos son las numerosas representaciones
masculinas y femeninas, kuroi y korai, que desarrollan los tipos ya creados en el siglo
VII.

Los restos más importantes de la escultura monumental del siglo VI, son los frontones
del Hecatompedon, en Atenas. Los del Templo de la Diosa Afaia, en Egina, hacia 480
a.C., aún conservan la sonrisa característica de las estatuas arcaicas. También es de la
primera mitad del siglo V la decoración del Templo de Zeus, en Olimpia. Obra
importante de este periodo es el magnífico Trono Ludovisi, que se conserva en el Museo
de las Termas, de Roma.
Periodo Clásico. La segunda mitad del siglo V representa para el arte griego su
momento clásico; conquistada ya la técnica, el artista expresa la idealidad soñada por la
Grecia de Pericles, divinizando a la Humanidad. Este momento se halla representado
por una gran tríada de escultores Mirón, Fidias y Policleto o primera generación de los
grandes maestros.

MIRON, natural de Eleutere, en Beocia, esculpe en bronce, distinguiéndose


esencialmente por su sentido del movimiento. Conocemos sus obras a través de copias,
entre las que figura el grupo de Atenea y Marsias; y el famoso Discóbolo,
representación de un joven atleta en el momento de lanzar el disco.

El artista más representativo de la escultura Atica en el siglo V es FIDIAS, nacido hacia


el año 490 a.C. y, al parecer, educado en una ciudad jonia. Su actividad se concentra
fundamentalmente en torno a la acrópolis ateniense. Fidias aporta a la perfección
técnica una vida espiritual idealizada que informa todas sus obras, siendo por este
motivo el genuino representante del arte clásico griego. No ha llegado hasta nosotros
ninguna obra original y, en la mayoría de los casos, las copias son atribuciones, sin que
pueda precisarse hasta que punto corresponden a la obra del maestro.

De la gran estatua crisoelefantina de Zeus, que hizo para el santuario de Olimpia, solo
nos quedan algunas descripciones y su representación en las monedas. Del mismo tipo,
también criselefantina, era la estatua de Athenea Parthenos, que se alzaba en la cella del
Parthenon ateniense. Por afinidad de estilo, se le atribuyen los dos Frontones del
Parthenon: el oriental, con la representación del nacimiento de Atenea de la frente de
Zeus; y el occidental, que representa el combate entre Poseidón y Atenea por la
posesión del Ática; ambos, en estado fragmentario, se hallan en el British Museum.

Bajo su dirección se ejecutaron también las noventa y dos metopas del Parthenon, con
representaciones de combates de gigantes, centauros y episodios de la guerra de Troya;
y el magnífico Friso de las Panateneas, en el interior de la cella, en el que se representa
la procesión que se organizaba para ofrecer a la diosa Atenea el peplo tejido por las
vírgenes atenienses.

Más joven que Fidias es POLICLETO, de Sicione, que completa la gran triada de
escultores del siglo V. Policleto se distingue esencialmente por fijar las proporciones
ideales del cuerpo humano. A este respecto, su obra m s característica es el Doríforo o
portador de lanza, conocido por el canon, por fijar claramente la proporcionalidad entre
las diversas partes del cuerpo humano, correspondiendo la altura del cuerpo a ocho
veces la medida de la cabeza. El tipo se repite en el Diadúmeno, atleta que se ciñe la
cabeza con la cinta de la victoria en los juegos. Relacionado con su estilo se halla el
Efebo, bronce del Museo de Florencia, única obra que se supone original.

Una segunda generación de grandes maestros ocupan, ya, el siglo IV. Al carácter
idealista de las obras de Fidias y a la búsqueda de una proporcionalidad física de las
obras de Policleto sucede un período en que se humanizan las divinidades y se atiende
más a la expresión del sentimiento y del dolor, y al sentido de la elegancia, no exenta de
melancolía; son características las obras de Skopas, Praxiteles y Lisipo.

SCOPAS DE PAROS, nacido a principios del siglo IV a.C. se hace notar por el sentido
melancólico y trágico que imprime a sus figuras. Sus obras fundamentales son los
frontones del Templo de Apolo, en Tegea y el friso del Mausoleo de Halicarnaso, que se
conservan en estado fragmentario. Sus características se hallan fuertemente acusadas en
la Cabeza de Meleagro (Vaticano) y la Cabeza femenina (Berlín).

Por el contrario, PRAXITELES, que florece entre los años 360 y 330 a.C., es el escultor
de la gracia juvenil, por sus rostros iluminados con una leve sonrisa idealizada y la
silueta, ligeramente curvada, de los cuerpos, imitada fuertemente por sus seguidores
hasta llegar a un verdadero manierismo.

En la segunda mitad del siglo destaca, en el Peloponeso, la figura de LISIPO, discípulo


de Policleto y escultor favorito de Alejandro Magno, a quien retrata en numerosas
ocasiones. Con Lisipo, el canon de Policleto se hace más esbelto, a la vez que la
elegancia de la curva praxitélica se trueca en movimiento, características típicas
reflejadas en su Apoxiómeno del Vaticano, representando un atleta que se limpia la
arena con el estrígilo. Se le atribuye, además, la estatua de Heracles Farnesio. A su ciclo
corresponden la famosa y magnífica Niké o Victoria de Samotracia, quizás obra de un
discípulo; y el Sarcófago de Alejandro, con escenas de batallas y de caza, que sirve de
enlace con el período helenístico.

Periodo Helenístico. El periodo helenístico comprende desde la muerte de Alejandro


Magno, en el 323 a. C., a la conquista del Antiguo Egipto por los romanos en el 31 a. C.
Las expediciones y conquistas de Alejandro desplazaron los centros de cultura hacia las
nuevas capitales del Helenismo. Al principio se siguió la tradición de las escuelas áticas
y de Lisipo, pero después se tiende cada vez más a huir del idealismo del período
clásico, hacia el realismo y la expresión del movimiento. Aparecen las escenas de
género, como el Negro cantor, el Niño con el ganso, de Boethos; el desnudo femenino
se propaga rápidamente, siendo ejemplos de primer orden las Afroditas de Medicis, de
Viena y de Milo (Louvre).

Aunque Atenas perdió su antigua primacía, continuaba activa y de hecho, inició un


movimiento neoclásico a través de la escuela neoática, de gran influencia en la escultura
romana. Prosiguieron con el influjo dejado por los modelos clásicos y los grandes
maestros Praxíteles, Escopas y Lisipo. Se realizaron una serie de Afroditas –Venus- que
además de su colocación en pie, Venus de Milo inspirada en la Venus de Capua de
Lisipo, se presentaban en cuclillas, Afrodita agachada; retratos realistas, Demóstenes,
atribuido a Polieucto, c. 280 a.C. y el gramático y poeta Calímaco, creído por Séneca;
representaciones naturalistas como el Espinario, del que se efectuaron numerosas
copias, el Niño con una oca o la Vieja embriagada; y en la etapa final el Gladiador
borghese, M. del Louvre, y el Torso de Belvedere, Galería Vaticana, ca. del 50 a. C.

En la Magna Grecia, Italia, Siracusa fue una de las ciudades más ricas y con una
pujante actividad escultórica. Después del paso romano, 212 a.C., que le privó de todas
sus obras, la ciudad recuperará algo de prestigio mediante la producción artística de
estatuas de terracota a partir de tradiciones locales.

También Roma fue centro de arte helenístico y pudo atraer a numerosos artistas griegos,
tales como Pasiteles, Sosikles y Policles, de éste último, se encuentra el Hermafrodita
dormido, cuyo original de bronce está perdido, aunque se realizaron varias copias.
Durante mucho tiempo fue Rodas un foco de innovaciones en la escultura que se asocia
con el diseño barroco de lo helenístico y posibles influencias de otro gran centro como
fue Pérgamo. Florecieron muchos talleres y Plinio el Viejo dijo que Rodas tenía tres mil
estatuas, cerca de un millar de ellas de enormes dimensiones, de las que destacaría el
famoso Coloso, gigantesca imagen de bronce que representaba el dios Helios diseñado
en torno al 300 a. C. por Cares de Lindos, discípulo de Lisipo. Otro original,
proveniente de Rodas, realizado por los hermanos Apolonio de Tralles y Tauriscos, será
el Toro Farnesio, actualmente en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles.
Atenodoro, Polidoro y Agesandro, nativos de Rodas, son los autores de una de las obras
más paradigmáticas de la etapa barroca helenística, el grupo de Laocoonte y sus hijos.
Atribuida a Pitócrito de Rodas es la Victoria alada de Samotracia, de espectacular
vestido, adaptándose al cuerpo como si fueran velos transparentes.

Después de la fundación de Alejandría la ciudad pronto se convirtió en un importante


centro de cultura helenística. Al carecer de mármol se realizaron la mayoría en piedras
calizas o en piedras más duras como el basalto o el granito. Junto a una serie de retratos
de los Ptolomeos cabe destacar el grupo alegórico del Río Nilo, M. Vaticano, rodeado
por dieciséis niños que corresponden a los afluentes que debía tener el río para
conseguir una buena cosecha.

Pérgamo, entre el siglo III a. C. y el siglo II a. C., emerge como uno de los centros más
activos de producción de la escultura. El rey Atalo I, tras sus victorias sobre los galos,
mandó construir unos grupos conmemorativos en bronce que destacan por su patetismo,
Gálata moribundo, del Museo Capitolino, o Gálata suicidándose con su esposa, del
Museo Nacional Romano, 240-200 a. C. A esta escuela se atribuye también el Fauno
Barberini, actualmente en la Gliptoteca de Múnich.

Durante el reinado de Eumenes II fue construido el Altar de Pérgamo –M. de Pérgamo,


Berlín- dedicado a Zeus y Atenea, entre los años 180 y 160 a. C. y decorado con frisos y
esculturas de gran expresividad. Constituye el logro más importante de la tendencia
barroca helenística y su autoría está atribuida a Epígono de Pérgamo. El friso de la
gigantomaquia expone la gran derrota de los gigantes, que en este caso representaban a
los galos, por los dioses. Las figuras son mayores que el tamaño natural y presentan una
meticulosidad extrema en la descripción de los detalles. El interior está dedicado al
héroe Télefo rescatando la importancia del fondo y agregando escenas paisajistas
elaboradas con animales, plantas y arquitecturas.

Tanagra, junto con otras ciudades de Beocia, Grecia central, fue conocida a partir de
finales del siglo IV a. C. por la vasta producción de figurillas de terracota policromadas
que representaban en su mayoría mujeres jóvenes vestidas con ropas sofisticadas, con
espejos, abanicos, sombreros de ala ancha y otros símbolos de moda. Estas imágenes
son especialmente atractivas por la gran variedad de gestos y posturas.

Hay evidencias de que el estilo típico comenzó a desarrollarse en Atenas, pasando de


allí hacia otros lugares al margen de Tanagra, y con una mayor variedad de tipos,
incluidos esclavos, bailarines, hombres, ancianos, caballeros, niños, deidades,
personajes teatrales, muñecos, animales, vasijas en miniatura y placas en relieve. Su
nivel de calidad, en estos casos, fue muy desigual.
En los de talleres de Mirina en Asia Menor, segunda mitad del siglo III a.C., se
encontraron centenares de estas figurillas de terracota y otras tantas en Esmirna datadas
a partir del siglo II a.C. La producción en serie de esta época gana en variedad por la
adición de detalles individualizados, después de la retirada de la pieza del molde,
todavía húmeda y antes de su cocción, con lo que se conseguía que no hubiera dos
piezas idénticas.

En la transición al siglo I a. C. los modelos antiguos habían perdido su vitalidad,


estandarizándose, y llegando a su término la producción de las terracotas helenísticas.

PINTURA Y CERAMICA.
CARACTERÍSTICAS. Desgraciadamente, no poseemos ningún resto de la gran pintura
griega que permita formarnos una idea de su verdadero valor e importancia. Las únicas
manifestaciones pictóricas llegadas hasta nosotros, son las de carácter decorativo de los
vasos y algunos frescos romanos que reflejan, en grado difícil de determinar, la
influencia de los modelos griegos.

Se conservan, sin embargo, minuciosas descripciones de obras famosas que permiten


conocer el alto grado de perfección alcanzado por la pintura griega y los nombres de sus
pintores más distinguidos, entre los que debe recordarse a PARRASIOS, ZEUXIS y
APELES; el último fue pintor de cámara de Alejandro, trabajando los tres hacia finales
del siglo V a.C.

La visión más directa del panorama de la pintura griega, la tenemos en una serie de
vasos, a través de los cuales puede seguirse, a grandes rasgos, su ciclo evolutivo.

Dos aspectos hay que tener en cuenta en el estudio de la cerámica griega: el valor y
forma de la pieza, o vaso, de gran variedad según su función y época, y la riqueza
decorativa, propiamente pictórica, y que refleja igualmente el grado de evolución y
virtuosismo técnico. Ambas figuras, alfarero y pintor, están en el producto final.

En el período arcaico se distinguen dos épocas: la de estilo geométrico, siglos IX-VII


a.C., con motivos estilizados, vegetales, animales y geométricos, al cual pertenece la
cerámica del Dipylon, nombre del cementerio ateniense donde se encontraron los vasos;
y la época de las figuras negras sobre fondo rojo, siglos VI a mediados del V. a.C., con
un ejemplar de primer orden en el Vaso François, 570 a. C., Florencia, pintado por
CLITIAS y ejecutado por ERGÓTIMOS, con doscientas cincuenta figuras repartidas en
cinco fajas y considerado la obra cumbre de la cerámica ática.

Hacia fines del siglo VI a.C. se inicia en la escuela ática la inversión de la técnica: las
figuras destacan en rojo sobre el fondo negro del vaso, precisándose los detalles, como
se observa en la Crátera de Orvieto, Louvre, con escenas de los Argonautas.

Paulatinamente, se van complicando las composiciones con representaciones en


diversos planos, cuya introducción se atribuye al célebre POLIGNOTOS DE TASOS,
mediados del siglo V. a. C. La decoración pictórica del vaso adquiere los caracteres de
un cuadro.