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ARTE ISLÁMICO.

INTRODUCCION AL ARTE ISLÁMICO. Debido a una serie de circunstancias socio-


políticas, la expansión del pueblo árabe tiene lugar en un período de corta duración,
conquistando en brevísimo tiempo uno de los mayores imperios de la Historia. En poco
más de un siglo, las huestes del Islam reunieron bajo su poder un territorio que se
extendía desde el Asia Menor hasta las estribaciones de los Pirineos, abarcando todo el
Norte de África. Desde el Turquestán chino hasta el Duero ibérico, se constituyó un
imperio sin solución de continuidad, cuyo apogeo corresponde a los siglos VII, VIII y
IX.

El arte árabe no presenta, en sus diversos aspectos, una igualdad susceptible de división.
Los árabes van incorporando, a su acervo cultural, las diversas formas artísticas y
culturales que adoptan de los pueblos ocupados; al no poseer una originalidad, van
asimilando los diversos estilos de las regiones conquistadas, creándose así una
multiplicidad de escuelas que obedece a las peculiaridades ya existentes en el momento
de su integración al mundo mahometano. Las escuelas más importantes son las
siguientes: Siria y Egipto; Persia y Mesopotamia; Turquía; India; y, la más trascendente
e interesante, la del Mediterráneo occidental, con la costa africana, España y las
incursiones artísticas de Italia y Sicilia.

A pesar de esta evidente disparidad, la religión islámica, monoteísta y espiritualista por


excelencia, fue capaz de crear la suficiente unidad para que los árabes se aprovecharan
del fraccionamiento del Imperio Romano y de la desunión de los pueblos europeos.
Estos, entregados a luchas continuas entre sus pequeños estados y sometidos a una
economía en decadencia, no supieron oponerse al avance arrollador del pueblo árabe y
solamente cuando sus avanzadas alcanzaron Poitiers, en el sur de Francia, fueron
capaces de reaccionar para evitar que toda la Europa medieval cayera en sus manos.

Por otro lado, la cultura islámica, caracterizada por una fuerte intransigencia religiosa,
lleva aparejada una gran capacidad de adaptación y superación de posibles barreras
raciales o nacionales, como demostraron los árabes durante su larga permanencia en la
Península Ibérica. Con base en esta dualidad de fuerza agresiva y de adaptación al
terreno conquistado, a los cincuenta años aproximadamente de la muerte de Mahoma,
los árabes habían arrebatado Pales tina y Siria al imperio de Bizancio; se habían
apoderado de la llanura mesopotámica y del Irán, haciendo caer a los poderosos
sasánidas y avanzando hasta la India; realizado la conquista de Egipto y extendido por
todo el norte de África, alcanzando España en el año 711. En realidad, resulta difícil dar
una cronología de todos estos sucesos, por su frecuente superposición, dada la extensión
y complejidad alcanzada por el poder islámico, por lo que indicaremos solamente
algunas fechas cruciales, incluyendo el llamado arte islámico occidental que se prolonga
hasta la toma de Granada por los Reyes Católicos.

CRONOLOGIA ISLAMICA MEDIEVAL


610. Mahoma empieza sus predicaciones en la Meca.
632. Muerte del Profeta.
635. Conquista de Damasco.
639. Conquista de Jerusalén.
639-641. Conquista de Mesopotamia.
640-642. Conquista de Egipto.
642-643. Conquista de Persia.
647. Conquista de Trípoli.
664. Invasión del Penjab (India)
670-709. Conquista de África del Norte.
711. Principia la invasión de España.
732. Derrota, por Carlos Martel, en la batalla de Poitiers.
750. Los califas abasidas substituyen a los Omeyas, sucesores de Mahoma.
763. Bagdad, capital de los árabes.
773. Introducción, en Europa, de la numeración árabe.
780. Se inicia la mezquita de Córdoba, terminada por Almanzor hacia 990.
827. Invasión de Sicilia.
846. Saqueo de San Pedro, de Roma.
929. Abderramán III, primer califa independiente de Córdoba.
980-1037. Vive Avicena, médico y filósofo.
997. Almanzor destruye Santiago de Compostela.
1055. Los Selyúcidas conquistan Bagdad.
1086. Invasión almorávide.
1126-1198. Vive Averroes, filósofo de gran influencia en la Edad Media.
1180. Iniciación de la torre de la Giralda.
1204. Muerte de Maimónides.
1238. Se inician las murallas de la Alhambra, de Granada.
1333-1391. Florecimiento de la cultura bajo los reyes nazaritas de Granada, Yusuf I y
Mohamed V, constructores de los palacios de la Alhambra. 1385. Derrota de los árabes
en Aljubarrota.
1492. Toma de Granada por los Reyes Católicos.
ARQUITECTURA.-

A pesar de su enorme expansión y la multiplicidad de escuelas, el arte árabe ofrece unos


rasgos característicos comunes a todas ellas. Los preceptos de su religión prohíben a los
árabes las representaciones figurativas en escultura y pintura; por lo tanto, es en la
arquitectura donde encontramos las más importantes muestras de su arte, sin olvidar que
el arquitecto árabe no crea un estilo original, sino que adapta los ya existentes a sus
propias necesidades, añadiendo un extraordinario y riquísimo sentido de la
ornamentación abstracta.

No se utiliza la piedra tallada, excepto en raras excepciones, como en Egipto; se prefiere


la mampostería y, sobre todo, el ladrillo que, al cubrirse con una capa de yeso, se presta
a ser bellamente decorado. Los elementos sustentantes son la columna, en los primeros
tiempos, y el pilar de ladrillo.

Se suelen utilizar fustes y capiteles de monumentos clásicos romanos o se imita el


corintio, muy degenerado, no creándose un tipo original de columna hasta el siglo XIV,
en la Alhambra de Granada. El arco es siempre de herradura, al que irán sucediendo el
túmido, el lobulado, el angrelado, el mixtilíneo... siendo entrelazados con mucha
frecuencia. Las techumbres son, en general, de madera, utilizándose con gran frecuencia
la cúpula nervada y la de mocárabes.

Lo más característico del arte árabe es su exuberancia decorativa, casi reducida a


composiciones de tipo geométrico, con lacerías complicadísimas que forman estrellas,
triángulos y las más variadas figuras geométricas; también se añade, a veces, la
decoración de tipo epigráfico, con letras cursivas y cúficas. Asimismo existe una
decoración de tipo vegetal muy estilizado, llamada ataurique, que utiliza
preferentemente la hoja de palma como motivo decorativo; y los llamados mocárabes,
pequeños colgantes en forma de prismas policromos, que cubren las cúpulas y el
intradós de los arcos y tienen el aspecto de estalactitas.

El edificio típico de la arquitectura árabe es la Mezquita, precedida por un gran patio o


sahn, con una fuente en el centro para las abluciones, o sabil, y los alminares, minaretes
o torres, utilizadas para llamar a los fieles a la oración. A continuación aparece una gran
sala u oratorio, iwan, con naves, haram, columnadas y orientadas hacia La Meca, en
cuyo muro del fondo, kibla, se abre el nicho del mihrab, pequeño habitáculo vacío y
destinado al Dios. La macsura, a manera de crucero, precede al mihrab siendo el lugar
más ornamentado y noble del edificio. También en la macsura está el mimbar o púlpito.

SIRIA Y NORTE DE AFRICA.- Los más antiguos edificios de la arquitectura árabe, se


encuentran en Siria, estrechamente ligados con el arte cristiano de aquellas regiones,
como el Templo de la Roca o Mezquita del sultán Omar, en Jerusalén, y la Gran
Mezquita de Damasco, las dos del siglo VII. La primera posee planta octogonal, con
gran cúpula central y la segunda empieza a fijar el tipo clásico de mezquita, -
aprovechando la planta de una anterior basílica paleocristiana.
En la época de la dinastía Aglabí, en Túnez, se construye la Gran Mezquita de Qairuán,
862-75, una de las más importantes del islam y que consagra el modelo. La universidad
o madrasa, anexa y formada por los maestros que enseñan en la mezquita se constituye
como importante centro de estudios religiosos y profanos.

Siguiendo los modelos anteriores, se levantan en El Cairo las mezquitas de Ibn Tulun,
siglo IX, y de El-Azhar, siglo X; en esta última se emplea el arco lobulado, el ladrillo y
antiguos fustes de columnas, aprovechados de edificios anteriores a la dominación
musulmana. En el siglo XIV, época de los mamelucos en Egipto, nuevamente se
utilizan materiales más nobles y se prodigan las construcciones en piedra y mármol,
siendo ejemplo de primer orden la Mezquita-madraza de Hassan, con cuatro grandes
iwanes en el patio central, de influencia persa.

PERSIA Y TURQUÍA.- Mesopotamia, junto con Siria, es el segundo lugar de


formación del arte árabe, asimilando en estas regiones la gran lección del pasado y las
novedades de la Persia sasánida. En el año 749, el centro artístico del arte árabe se
desplaza hacia el este, debido a la instauración de una nueva dinastía, los Abasidas. De
mediados del siglo VIII son las ruinas de Ragga, cerca del Éufrates. La ciudad de
Bagdad se describe como una ciudad circular en cuyo centro se construyeron grandes
mezquitas y palacios. Samarra creada por Al-Mutasim, en el año 836, abarca unos
treinta kilómetros, y tenía además de palacios, dos grandes mezquitas. De una de ellas
queda hoy parte de la muralla perimetral y el gigantesco alminar, llamado Malwiyya,
circular, en forma de zigurat con rampa en espiral y construido en ladrillo.

Posteriormente aparece la tendencia hacia la planta cruciforme, como podemos observar


en la gran Mezquita de los Viernes-Kalian, en Bujará, forma fijada definitivamente en el
siglo XVII, con la Mezquita Real, de Ispahán.

Los monumentos funerarios de la región se hallan inspirados en las antiguas formas de


Mesopotamia, constando de un espacio cuadrado o circular cubierto por elevada cúpula,
como el Sepulcro de Tamerlán, 1390-1404, en Samarcanda.

En sus invasiones y conquistas, los turcos, procedentes de Asia Central, copian y


asimilan las formas artísticas de los pueblos sometidos, principalmente de los persas. El
tipo fundamental está constituido por la planta de salón, cubierta por una gran cúpula
rodeada por otras más pequeñas, como se observa en la Mezquita Azul de Tabriz, siglo
XV. Este diseño es el que prevalecerá con la conquista de Constantinopla, siendo aún
más definitivo al contacto con los espléndidos edificios bizantinos de la capital del
imperio. Ejemplos magníficos son la Mezquita de Soliman I, en Constantinopla,
imitación de Santa Sofía; y la Mezquita del sultán Ahmed o Mezquita Azul, también en
la misma ciudad y que consagra el modelo, ambas del siglo XV.

MEDITERRÁNEO OCCIDENTAL.- De gran importancia es el arte árabe del


Mediterráneo occidental, ya que durante siglos fue el trasmisor de las corrientes
culturales de Oriente al arte cristiano occidental. Es fundamental, dentro de este grupo,
el arte de los árabes españoles, de civilización más avanzada que los reinos de Sicilia o
del Norte de África. Por estar en España los monumentos más importantes, se puede
considerar una división en cuatro períodos diferenciados, que corresponden con las
etapas principales de su evolución histórica-política: Período cordobés (siglos VIII-X);
reinos de Taifas (XI); dinastías africanas (XII-XIII); y período granadino o nazarí
(XIV-XV).

Período cordobés.- Los árabes, al ponerse en contacto con el arte visigodo durante la
invasión de la Península, adoptan muchas de sus soluciones arquitectónicas, dotándolas
de un sentido estético propio. En los elementos sustentantes aprovechan fustes y
capiteles de antiguas columnas romanas o visigóticas; también los reproducen
estilizando las hojas de acanto del capitel corintio. El arco típico es el de herradura, más
cerrado que el visigodo, apareciendo los arcos lobulados y superpuestos en la segunda
mitad del siglo X. Además de las cubiertas de madera, encontramos bóvedas de cañón y
arista; sin embargo, son más interesantes las de nervios, cuyas gruesas nervaduras no se
cruzan en el centro, dejando siempre un espacio poligonal.

El edificio más importante y fundamental de este período es la Mezquita de Córdoba,


construida sobre la antigua Basílica visigoda de San Vicente. Abderramán I, en el año
784, la amplía transformando la iglesia de cinco naves, en mezquita musulmana de
once. Hacia el año 833, Abderramán II la prolonga hacia la cabecera y, en el 961,
Alhaquen II continúa la ampliación en el mismo sentido; por último, Almanzor, a
finales del siglo X, la agranda en sentido lateral.

A la terminación del período califal corresponde el suntuoso Palacio de Medina


Azahara, 936-945, construido cerca de Córdoba y del cual se conservan magníficos
restos.

También es de esta etapa la pequeña Mezquita de Bib-al-Mardon, o Cristo de la Luz,


999, en Toledo, de planta cuadrada y nueve tramos, correspondientes a otras tantas
bóvedas, con una riquísima variedad en sus nervaduras.

Reinos de Taifas.- Este período del arte árabe se caracteriza por una profusa y
exuberante decoración, que ya había aparecido en los últimos años del período califal.
En los pequeños reinos de Taifas, surgidos al desmembramiento del califato cordobés,
el arte árabe atraviesa una fase llena de decorativismo que constituye su período
barroco; el ejemplar más importante y casi único es el Palacio de la Aljafería, de
Zaragoza, del cual quedan restos en los museos arqueológicos de Zaragoza y Madrid.
Sus peculiaridades más significativas se basan en la amplia utilización de la
mampostería y del ladrillo, cubiertos con yeso, en el que se pueden labrar ricos efectos
decorativos; y en la aparición del arco mixtilíneo, que se superpone y entrecruza
numerosas veces con un fin exclusivamente decorativo.

Parte de las Murallas de Toledo y la magnífica Alcazaba, de Málaga, son también obras
de esta etapa.
Dinastías africanas.- Dos son los pueblos que, en ayuda de los debilitados reinos de
Taifas, atraviesan el Estrecho, para combatir los avances cristianos. De ellos, los
almorávides son de muy escasa importancia para el arte; por el contrario, los almohades
ofrecen el mayor interés por las novedades que aportan en la Península. Contra el
barroquismo decadente de los reinos de Taifas, presentan un repertorio de formas de una
mayor pureza, debido a su ideal religioso y espíritu reformador. Utilizan los pilares
como elemento sustentante, relegando la columna a usos únicamente decorativos;
aparecen los arcos de herradura apuntados, túmidos, y, para fines ornamentales, los
lobulados; siguen utilizándose las bóvedas nervadas de mayor finura y surgen, aunque
con uso muy limitado, las bóvedas de mocárabes.

De este período son las mezquitas africanas de Fez, Tremecén y Argel.

Sevilla es el centro cultural y artístico de la Península y en ella se construye una


magnífica mezquita, derribada posteriormente; nos quedan restos en el Patio de los
Naranjos y en el espléndido alminar conocido con el nombre de La Giralda, la torre más
bella entre todas las árabes. También se conservan la Torre del Oro y parte de las
murallas y, entre las posteriores construcciones mudéjares, el Patio del Yeso, en el
Alcázar sevillano.

Período granadino.- En este momento, se acentúa el sentido decorativo de la ar-


quitectura árabe; es una evolución de las formas de los Taifas con las aportaciones de
los almohades, siendo su mejor época el siglo XIV, repitiéndose ya sin originalidad en
el siguiente. Se ocultan las pobres formas constructivas con una riquísima decoración,
creándose por primera vez en la arquitectura árabe un soporte original: una columna de
base ática y capitel compuesto por múltiples molduras y un cuerpo de aspecto cilíndrico
y otro de tipo cúbico; los arcos característicos son los de medio punto peraltados y
angrelados; y la bóveda, la de mocárabes, de bellos efectos decorativos. Exuberante
decoración, a base de combi naciones geométricas y epigráficas, completa el efecto
variadísimo ornamental del momento.

El edificio característico es la Alhambra, de Granada, palacio de los reyes nazaríes,


construido en su mayor parte en el siglo XIV y que comprende dos núcleos
fundamentales: el Cuarto de Comares, 1ª ½, patio de la Alberca y torre, y el de los
Leones, 2ª ½, rodeados de salones tales como el de los Abencerrajes, de los Reyes, Dos
Hermanas, etc. Aparte de este singular edificio, es también de gran interés el Palacio del
Generalife, residencia de verano de los monarcas granadinos.