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ABANDONAR_ESTUDIOS_UNIVERSITARIOS

Se calcula que el 30 % de los universitarios españoles dejan su carrera sin terminar. Estos
porcentajes son el doble que en el resto de países europeos, con una media del 16 %. El gasto que
supone el abandono, según el ministro Wert, ronda los 3.000 millones de euros; el coste personal
también puede ser muy elevado.

La mayoría de los estudiantes que abandonan sus estudios no lo hacen por una sola causa, sino
por varias razones. Tampoco tienen las mismas motivaciones (o desmotivaciones en este caso) los
alumnos de primer curso que los más avanzados, los de unos grados que los de otros, en una
situación sociofamiliar favorable o adversa, con un bagaje de conocimientos o sin ellos…

Esto no es lo que yo creía

En el primer año suelen producirse abandonos porque la carrera elegida no se corresponde con lo
esperado. Por ejemplo, uno se matricula en Ciencias de la Información porque se imaginaba
haciendo entrevistas deportivas en la tele, y cuando ve que tiene que estudiar Derecho, Economía,
Historia… se viene abajo. De ahí que sea muy importante conocer con el mayor detalle posible
cómo será el camino que conduce al fin soñado.

La carrera elegida también influye en el abandono. Humanidades, que soporta una mayor
masificación, cuenta con las más altas tasas de deserción, seguida por las ingenierías.

Una mala universidad

Hay universidades de muy baja calidad, que no ponen los medios necesarios para que sus alumnos
continúen hasta conseguir la titulación a la que aspiraban. Antes de matricularse en una
universidad, los alumnos harían bien en conocer su tasa de abandono y compararla con el resto.

Los factores educativos son los que tienen mayor peso en el abandono de los estudios, y eso
puede llevar a colgar los libros en cualquier curso. Los estudiantes se sienten perdidos en una
universidad en la que los profesores son manifiestamente malos, no terminan jamás los temas, les
sobrecargan con un montón de trabajos y estudios para casa, con pocas prácticas, falta de
explicaciones, sin ofrecer ayuda ni orientación…
Si además la institución no da un trato personalizado al alumno, no dialoga con él para ver sus
inquietudes, no recaba su opinión sobre las clases o no le brinda suficiente apoyo, está ganándose
a pulso el abandono.

No puedo con ello

Estudiar es un trabajo duro que requiere muchas horas al día. También hay que dedicarle tiempo
los fines de semana y en vacaciones. Y lo peor, justo en plena primavera, cuando parece que el
mundo entero está en la calle, hace buen tiempo y todo renace, el universitario debe afrontar los
exámenes más difíciles.

Hay alumnos cuyo nivel al llegar a la universidad es menor del que sería deseable y se sienten
incapaces de engancharse al carro en el que todos parecen ir subidos cómodamente. Una buena
universidad tenderá la mano a estos estudiantes e incluso les brindará apoyo para soportar los
suspensos.

Ocurre también que los estudiantes atraviesan etapas de su desarrollo que les llevan a cambiar de
opinión. Un joven de 18 años probablemente no tendrá las mismas aspiraciones que cuando tiene
22. La personalidad, las relaciones, el desarrollo personal, el momento evolutivo hacen que los
objetivos cambien.

¿Para qué molestarse?

La situación social puede resultar francamente desmotivadora: ¿Para qué tanto esfuerzo si no voy
a conseguir trabajo cuando termine? Esto lleva a algunos alumnos a desalentarse cuando miran al
futuro, incluso en el último curso, cuando ya están a punto de graduarse. La solución aquí es
compleja. Sería deseable que la empresa y la universidad estuvieran mucho más cercanas y que
trabajaran juntas para formar profesionales capaces de dar el salto de las aulas al mundo laboral.
Eso y que hubiera más puestos de trabajo.

Desde luego, hay que tener claro que si las oportunidades son pocas para todo el mundo, serán
aún menos sin una titulación. Además, siempre queda esto que nuestros políticos llaman
«movilidad exterior», para lo que será imprescindible contar con un título universitario (¡y un
etítulo!).

No me lo puedo permitir
Las razones económicas son uno de los motivos principales para abandonar la universidad. La
situación de crisis y el cambio de criterio en la concesión de becas se han convertido en una losa
más que aplasta a los estudiantes en la lucha por alcanzar sus objetivos. Padres que podían
sufragar los estudios de sus hijos hace unos años, hoy no pueden permitírselo. Además, estudiar
no es solamente pagar matrículas y créditos, sino también libros, transporte, comidas…

Razones para seguir adelante

Todos, en algún momento, hemos tenido y tendremos ganas de abandonar los estudios
universitarios. Para resistir y mantenernos motivados, conviene pensar que…

No debemos tirar el esfuerzo ya invertido: en dinero, en tiempo y, muy importante, en ilusión.

No hay que renunciar a la posibilidad de un trabajo mejor. El mundo laboral está mal para todos,
pero mucho peor para los menos cualificados. Las oportunidades son pocas y la competencia muy
reñida.

El trabajo es duro y nos quedan por delante años de largas jornadas, horas extras y estrés; así que
lo más inteligente es trabajar en algo que nos guste, y para eso hemos elegido nuestros estudios.

Una titulación universitaria, generalmente, nos permitirá un mejor sueldo y lograr un mayor nivel
económico.

Hay que plantearse qué haremos si lo dejamos: a qué nos dedicaremos, cuál será el paso siguiente
y qué ocurrirá en el futuro.

En vez de dejar los estudios, tal vez se pueda elegir un cambio de carrera, o bajar un poco el ritmo
y aparcar alguna materia para retomarla más adelante.

Terminar los estudios universitarios supone una gran satisfacción personal; abandonarlos siempre
suele provocar sentimientos de fracaso, arrepentimiento, malestar…