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Aportes y descubrimientos significativos La realización de este trabajo me permitió constatar

algo que sospechaba someramente por el solo hecho de observar a los jóvenes interactuar en
los distintos ámbitos en que interactúo: la universidad, los medios de transporte, los bares,
entre otros. Tomé como aporte inicial, y premisa básica, el comportamiento que suelo
observar en todos esos ámbitos donde los jóvenes actúan como autómatas que pasan más
tiempo con la vista en la pantalla de su celular que en el mundo que los rodea. La lectura de los
autores que tomé como base para desarrollar el marco teórico me permitió comprobar que
varios sectores de la sociedad sufren esta misma dependencia y que es una tendencia
generalizada, y hasta es objeto de estudio de reconocidos sociólogos y psicólogos, entre otros
profesionales afines. El principal descubrimiento fue no solo comprobar que los jóvenes
ciertamente dependen de sus celulares, sino que ellos mismos no reconocen esta dependencia
como tal sino que arguyen que tener un teléfono móvil es absolutamente necesario, es algo
que les impone la sociedad y sin lo cual no pueden pertenecer a ella. En cuanto al contexto en
el cual se realizó este trabajo, fue mediante la asistencia a clases de tutoría. Quisiera destacar
que nunca había asistido a clases de este tipo; me vi obligado a hacerlo en este caso porque
consideré que mi trabajo anterior era muy pobre y necesitaba algún tipo de orientación. Tuve
la suerte de encontrarme con la Profesora Savazzini, quien me orientó de tal manera que logré
rehacer mi trabajo anterior con mucho esfuerzo, pero finalmente quedé muy contento con el
resultado obtenido

INTRODUCCIÓN En los últimos años el mundo ha experimentado avances tecnológicos que se


producen a una velocidad sin precedentes, muchos de los cuales se ven reflejados en Internet
y la telefonía celular que, en muchos aspectos, resultan complementarios. Resulta interesante
observar cómo los distintos grupos etarios desarrollan diferentes capacidades para adaptarse,
cada uno a su manera, a esta evolución constante. Mientras las generaciones más adultas
aprendieron a manejar las nuevas tecnologías muy de a poco y fueron tomando de ellas solo lo
necesario, los más jóvenes han nacido en la era de la Internet y la telefonía celular y, por ende,
dependen de ellas para interactuar y comunicarse. Por otro lado, en la actualidad los celulares
ya no solo se limitan a la función de comunicar a dos personas como los teléfonos de línea
para cuyo reemplazo fueron concebidos, sino que han evolucionado hasta transformarse en
dispositivos capaces de enviar o recibir imágenes, videos, documentos, música; comunicar a
más de dos personas a la vez; indicarnos cómo llegar a un lugar… en fin, se han convertido en
pequeñas computadoras portátiles. El objetivo de este trabajo es determinar si los jóvenes han
desarrollado cierto nivel de dependencia de estos nuevos y avanzados dispositivos celulares.

CONTEXTO PROBLEMÁTICO Este estudio está enmarcado en el contexto problemático que


presenta el alto nivel de desarrollo tecnológico y su conflicto con las relaciones interpersonales
en la sociedad actual, especialmente en su impacto en jóvenes universitarios de entre 18 y 25
años de edad que pertenecen a clase media/media alta y viven en la Ciudad de Buenos Aires.
Se dice que vivimos en la era de la comunicación dado que el avance de la tecnología pone a
nuestra disposición cada vez más medios para comunicarnos, independientemente de la
distancia que nos separe. Con solo tener acceso a Internet, estamos conectados con todo el
mundo que nos rodea y podemos entablar conversaciones (por correo electrónico, chat y
hasta videoconferencia) con cualquier persona, incluso aunque se encuentre a miles de
kilómetros de distancia. Solo hace falta estar conectados. Ahora bien, ¿qué significa estar
conectados? Podemos estar “conectados” con miles de personas a través de un programa en
la PC o nuestros dispositivos celulares y, aún así, no estar comunicados con nadie. No
obstante, el afán de la conexión y de pertenecer, aunque tan solo seamos un nodo más en la
gran red que nos conecta, nos genera esa necesidad insaciable de tener una tecnología
superior para conectarnos aún más. Por ende, se podría argumentar que la tecnología que vino
a unir a las personas facilitando su comunicación a pesar de la distancia es la misma que las
separa cuando no se usa adecuadamente. Entendemos que este comportamiento se puede
atribuir a la sociedad en general, pero a los efectos de este trabajo nos centraremos en el
comportamiento que adoptan los jóvenes al respecto, dado que las generaciones más jóvenes
son las que más inmersas están en esta problemática, pues crecieron con toda esta tecnología
ya a su disposición. Este trabajo pretende en el uso que hacen actualmente los jóvenes de sus
teléfonos celulares, determinar si han desarrollado una dependencia de estos dispositivos y en
qué medida está arraigado este comportamiento en la juventud. Se estudiará a una población
de jóvenes universitarios de entre 18 y 25 años de edad que posean teléfonos celulares. Se
investigará qué tipo de teléfono tienen actualmente y cuánto consumen, cuáles son las
aplicaciones que más utilizan, cómo se comunican con sus amigos y familiares, cuán
importante consideran que este dispositivo es para ellos. Adicionalmente, se explorará el tipo
de relaciones que se establecen a partir del uso de estos dispositivos y cómo se desarrolla la
comunicación tanto entre pares como entre miembros de generaciones diferentes.

ESTADO DEL CONOCIMIENTO Si bien se trata de un tema muy reciente, pues los avances
tecnológicos van evolucionando día tras día, la dependencia que generan los dispositivos
móviles, especialmente en los jóvenes, es una preocupación de interés público que ha sido
objeto ya de numerosos estudios e investigaciones. El Centro de Estudios Especializado en
Trastornos de la Ansiedad (CEETA) ya identificó la dependencia del celular como un trastorno
que provoca un miedo irracional a estar sin el teléfono móvil y lo denomina “nomofoba”,
abreviatura de la expresión inglesa “no-mobilephone phobia”. Según informes realizados por
esta entidad a inicios de 2014, este padecimiento creció 13% en los últimos cuatro años,
debido a que cada vez son más los consumidores que se ven atados a sus teléfonos
inteligentes y a que la tecnología es cada vez más accesible y económica. Las personas que
padecen de nomofobia expresan que su teléfono es su vida y les brinda la sensación sobre
todo de sentirse acompañados. Según el CEETA las mujeres y los adolescentes suelen ser más
propensos a padecer este trastorno. Ramos Lodoño (2009) realizó una investigación en la
Universidad de Palermo entre sus estudiantes para identificar el mal uso que dan los jóvenes a
sus celulares. Uno de esos usos – que no hace más que demostrar su dependencia del
dispositivo, justamente– fue mientras conducen: “Se realizó un estudio donde se reveló que el
período de reacción de los conductores jóvenes que utilizan teléfonos celulares al conducir
decae a los niveles aproximadamente equivalentes a aquellos que se observan en conductores
de 70 años que no utilizan teléfonos celulares al conducir” (Ramos Lodoño, 2009). Según su
investigación, los jóvenes tienden a un exceso en el uso de las cosas, en especial la tecnología,
lo que se traduce en una sensación de que sin ella no podrían vivir y, por ende, se recurre a un
mal uso de la telefonía móvil. Otro estudio sobre el uso y consumo del teléfono móvil realizado
por el Consejo de la Juventud de Extremadura allá por el año 2006 ya aseguraba la existencia
de una actitud positiva de los jóvenes extremeños en torno al mundo de las nuevas tecnologías
arguyendo que ellos eran el segmento de edad mejor adaptado al proceso de revolución
tecnológica en el que estba inmersa la por entonces incipiente sociedad de la información.
Asimismo, aseguraba que “la actitud social hacia el propio artefacto ha cambiado, y de ser un
símbolo de estatus hace unos 15 años, ha pasado a convertirse en una herramienta para
organizar la vida diaria”. Por lo que se puede concluir que ya desde hace varios años el celular
constituía un signo de identidad y confería un espacio de comunicación propio para los
jóvenes. No es de extrañar entonces que en pocos años más esa necesidad de identificarse sea
tan imperiosa al punto de depender de ella

. MARCO TEÓRICO Introducción El marco teórico que respalda este trabajo se basa, en primer
lugar, en el desarrollo de la telefonía celular. Estos dispositivos, que nacieron para satisfacer la
necesidad de comunicarse a distancia, evolucionaron hasta transformarse en pequeñas
computadoras portátiles: cada vez se usan menos para hablar y más para cubrir otras
necesidades de conexión. En la actualidad, estos dispositivos cuentan con aplicaciones para
satisfacer todo tipo de necesidades –desde acceder a información en la Web hasta agendar
eventos en el calendario y sacar fotografías, pasando por programas de todo tipo para acceder
a las redes sociales, controlar el peso corporal, consultar el saldo en la cuenta bancaria,
solicitar cotizaciones en línea, y un sinfín de usos más. A mayor cantidad de “servicios” que
ofrecen estos dispositivos, más uso se hace de ellos y, por ende, van cayendo en desuso otras
cosas (agendas, cámaras de fotos, teléfonos de línea, solo por nombrar algunos). Todos estos
nuevos “servicios” que tenemos a nuestra disposición a través de los teléfonos móviles
constituyen un cambio de paradigma. Los tiempos para transmitir un mensaje son cada vez
más cortos, como así también lo son los mensajes que se transmiten y, por ende, igualmente
breve es el tiempo que se prevé para obtener una respuesta. Todo es instantáneo, pues todos
estamos conectados. Se argumenta en este trabajo que la disponibilidad de conexión
permanente genera una dependencia, una necesidad de permanecer conectados. Es
interesante la definición de “dependencia” que ofrece el diccionario de la Real Academia
Española (RAE) en dos de sus acepciones: i) “subordinación a un poder mayor” y ii) “necesidad
compulsiva de alguna sustancia, como alcohol, tabaco o drogas, para experimentar sus efectos
o calmar el malestar producido por su privación” (RAE, 2014). Entendemos, entonces, a la
dependencia como una esa situación de inferioridad ante una fuerza superior al propio ser y la
adicción que esto genera, como bien lo indica la segunda acepción citada. 16 Este trabajo se
propone explorar este cambio de paradigma, especialmente en la población joven que es la
que está más expuesta a la dependencia de estos dispositivos por haber crecido ya haciendo
uso de ellos. La Organización de las Naciones Unidas (ONU), a través de la Convención
Iberoamericana de Derechos de los Jóvenes, sostiene que la juventud es la etapa que
comienza a los 15 y se prolonga hasta los 25 años de vida de todo ser humano. Dado que no
existen límites precisos al respecto –pues la RAE se limita a definir a la juventud como “la edad
que se sitúa entre la infancia y la edad adulta”– tomaremos el concepto de las Naciones Unidas
como marco de referencia. La evolución del teléfono celular Las comunicaciones juegan un
papel muy importante en la sociedad, ya que permiten la constante interrelación entre las
personas y sus comunidades. A medida que los avances tecnológicos ponen a nuestra
disposición dispositivos más novedosos, la necesidad de estar cada vez más comunicados crece
proporcionalmente. Si bien la invención del teléfono fue un acontecimiento histórico de gran
impacto a nivel mundial, no fue hasta la llegada de los teléfonos celulares que éstos se
convirtieron en un artefacto del cual es imposible desprenderse y que hasta ha alterado la
manera de comunicarse y la forma en que se comporta socialmente el individuo que lo utiliza.
Martín Cooper, considerado como el padre de la telefonía celular, fabricó el primer radio
teléfono entre 1970 y 1973 en Estados Unidos. Hacia fines de la década del ’70 surgieron los
primeros sistemas en el mercado de Tokio (Japón) y Europa. El primer teléfono celular de la
historia fue el Motorola DynaTAC 8000X, visto por primera vez en 1983. Tenía un peso de 780
gr y medía aproximadamente 33 x 9 x 4.5cm. La batería tenía una durabilidad de no más de
una hora hablando u 8 horas en espera. Las primeras personas en utilizarlos fueron hombres
de negocios, ejecutivos y personas de alto poder adquisitivo, pues este servicio tenía un costo
elevado por la falta de competencia. La segunda y tercera generaciones de teléfonos móviles
surgen en la década del ‘90, con equipos de tecnología digital, duración extendida de la batería
y mayor definición y calidad de sonido, así como también un chip (la tarjeta SIM) donde se
guarda toda la información. En 2001 se lanzó en Japón la tecnología 3G para teléfonos
celulares, y no muchos años después aparecieron en el mercado los que hoy en día conocemos
como smartphones 17 (teléfonos inteligentes). Parece inevitable que telefonía e Internet
tenían que fusionarse, pero no siendo esto suficiente, se integró la tecnología GPS, la táctil y
unos sistemas operativos capaces de ejecutar cualquier tipo de aplicación. De la sociedad de la
información a la sociedad hiperconectada En menos de cuatro décadas de evolución
constante, los teléfonos celulares vinieron a modificar por completo los paradigmas de
comunicación humana. Su rápido avance nos permite inferir que van a afectar poderosamente
a muchísimas áreas, desde cómo vivimos, hasta cómo consumimos, nos comunicamos o
hacemos política. Todas estas nuevas tecnologías de la información y comunicación van a
tener una repercusión significativa en la sociedad del futuro, proponiendo cambios que van
desde las formas de acercarnos y generar el conocimiento, hasta el tipo de interacción que
establecemos entre las personas. Para Gates (1995) uno de los “gurús” de la sociedad de la
información, la influencia de estas nuevas tecnologías va tener diferentes repercusiones en la
sociedad, por ejemplo: acceso ilimitado a la información por parte de todos y en cualquier
momento, una individualización de la enseñanza y la investigación por parte de los docentes y
los investigadores, una mayor participación-colaboración del medio escolar como una
comunidad educativa, entre otras cosas. Cuando comenzamos a hablar de las nuevas
tecnologías nos damos cuenta de que todas ellas están orientadas de una manera u otra a la
comunicación y que, lejos de competir entre ellos, todos los medios llegan a ser
complementarios: “...nuestras vidas estarán cada vez más y más regidas por la pantalla, grande
o pequeña, interactiva o no. Eso significa sólo que aprenderemos y nos comportaremos de
acuerdo con lo que en ella veamos sino que, desde muy jóvenes, sabremos que estamos
destinados a ser vistos” (Cebrián, 1998). Los teléfonos celulares de última generación a los
cuales nos referimos en esta investigación no son más que un claro ejemplo donde todas estas
tecnologías confluyen: la máxima expresión de la conectividad. Siguiendo esta línea de
pensamiento, no está lejos Negroponte cuando afirma que "la informática ya no se ocupa de
los ordenadores sino de la vida misma" (Negroponte, 1995). Esta interactividad, como apuntan
Bettetini y Colombo (1995), viene caracterizada por tres hechos básicos significativos: la
pluridireccionalidad de la información, el papel activo del 18 usuario en la selección de
información y la comunicación en tiempo real. Ellos sostienen que se puede definir a la
interactividad "como un diálogo hombre-máquina, que haga posible la producción de objetos
textuales nuevos, no completamente previsibles a priori" (Bettetini, 1995). En la actualidad
poseer información simplemente no tiene valor, pues toda la información del mundo está
disponible en la red. Si tenemos un smartphone incluso podemos acceder a toda esta
información, la cual llevamos literalmente en un bolsillo, y además comunicarnos en cualquier
momento con nuestros contactos mediante las innumerables aplicaciones disponibles de chat,
redes sociales, etc. Vivimos, como bien lo define Enrique Dans, en una sociedad
hiperconectada. “La sociedad hiperconectada significa que miles de personas permanecen en
un estado de constante conexión: no prestan atención consciente a ello ni le dedican tiempo
de manera exclusiva, pero reciben una retroalimentación constante de su entorno.” (Dans,
2010) Es interesante observar cómo los patrones de uso (y abuso, ¿por qué no?) de esta
“hiperconexión” varían de generación en generación. Los adultos mayores son los que menos
acceso tienen a estas tecnologías, probablemente por falta de necesidad o por la dificultad de
aprendizaje. De acuerdo con Pavón (2000) los mayores se motivan para estudiar cuando
descubren necesidades que se puedan llegar a satisfacer mediante el aprendizaje, es decir, que
se interesarán por aquellas cuestiones que le importen o motiven. Al no tener necesidad de
conexión permanente por cuestiones laborales ni una vida social dinámica como la de los
jóvenes, el uso de la tecnología será meramente una elección por interés o placer. Las
generaciones más jóvenes, en cambio, recurren al uso de la tecnología como herramienta de
inserción y pertenencia social. Es este el aspecto que nos interesa investigar con este trabajo.
Los nativos digitales Como afirma Enrique Dans, los nativos digitales exhiben pautas sociales
muy arraigadas. “No es, en realidad, nada nuevo, sino simplemente la traslación de las pautas
sociales infantiles o juveniles a un soporte electrónico. Su red social en Internet es
enormemente importante para ellos, porque la plantean como complemento, no como
sustituto de sus relaciones sociales fuera de la red. Los adolescentes pasan tiempo con sus
amigos en el colegio y en la calle, pero 19 cuando llegan a sus casas, mantienen contacto
permanente con ellos en una pestaña de su navegador, en la que mantienen abierta su red
social.” (Dans, 2010) La traslación de lo social a la red en los jóvenes les lleva a ser mucho más
influenciables por sus amigos y por comentarios en los sitios que leen que por la publicidad
convencional. De la misma manera, se apoyan en el grupo para compartir sus percepciones, lo
que genera una especie de conciencia colectiva compartida. En general, el concepto de nativos
digitales se aplica a las personas nacidas durante o después del inicio de la era digital que data
de mediados de la década del ’80, por lo que abarca a la perfección la muestra utilizada para
esta investigación que consiste en jóvenes de entre 18 y 25 años de edad.

ESTADO DEL CONOCIMIENTO Si bien se trata de un tema muy reciente, pues los avances
tecnológicos van evolucionando día tras día, la dependencia que generan los dispositivos
móviles, especialmente en los jóvenes, es una preocupación de interés público que ha sido
objeto ya de numerosos estudios e investigaciones. El Centro de Estudios Especializado en
Trastornos de la Ansiedad (CEETA) ya identificó la dependencia del celular como un trastorno
que provoca un miedo irracional a estar sin el teléfono móvil y lo denomina “nomofoba”,
abreviatura de la expresión inglesa “no-mobilephone phobia”. Según informes realizados por
esta entidad a inicios de 2014, este padecimiento creció 13% en los últimos cuatro años,
debido a que cada vez son más los consumidores que se ven atados a sus teléfonos
inteligentes y a que la tecnología es cada vez más accesible y económica. Las personas que
padecen de nomofobia expresan que su teléfono es su vida y les brinda la sensación sobre
todo de sentirse acompañados. Según el CEETA las mujeres y los adolescentes suelen ser más
propensos a padecer este trastorno. Ramos Lodoño (2009) realizó una investigación en la
Universidad de Palermo entre sus estudiantes para identificar el mal uso que dan los jóvenes a
sus celulares. Uno de esos usos – que no hace más que demostrar su dependencia del
dispositivo, justamente– fue mientras conducen: “Se realizó un estudio donde se reveló que el
período de reacción de los conductores jóvenes que utilizan teléfonos celulares al conducir
decae a los niveles aproximadamente equivalentes a aquellos que se observan en conductores
de 70 años que no utilizan teléfonos celulares al conducir” (Ramos Lodoño, 2009). Según su
investigación, los jóvenes tienden a un exceso en el uso de las cosas, en especial la tecnología,
lo que se traduce en una sensación de que sin ella no podrían vivir y, por ende, se recurre a un
mal uso de la telefonía móvil. Otro estudio sobre el uso y consumo del teléfono móvil realizado
por el Consejo de la Juventud de Extremadura allá por el año 2006 ya aseguraba la existencia
de una actitud positiva de los jóvenes extremeños en torno al mundo de las nuevas tecnologías
arguyendo que ellos eran el segmento de edad mejor adaptado al proceso de revolución
tecnológica en el que estba inmersa la por entonces incipiente sociedad de la información.
Asimismo, aseguraba que “la actitud social hacia el propio artefacto ha cambiado, y de ser un
símbolo de estatus hace unos 15 años, ha pasado a convertirse en una herramienta para
organizar la vida diaria”. Por lo que se puede concluir que ya desde hace varios años el celular
constituía un signo de identidad y confería un espacio de comunicación propio para los
jóvenes. No es de extrañar entonces que en pocos años más esa necesidad de identificarse sea
tan imperiosa al punto de depender de ella. MARCO TEÓRICO Introducción El marco teórico
que respalda este trabajo se basa, en primer lugar, en el desarrollo de la telefonía celular.
Estos dispositivos, que nacieron para satisfacer la necesidad de comunicarse a distancia,
evolucionaron hasta transformarse en pequeñas computadoras portátiles: cada vez se usan
menos para hablar y más para cubrir otras necesidades de conexión. En la actualidad, estos
dispositivos cuentan con aplicaciones para satisfacer todo tipo de necesidades –desde acceder
a información en la Web hasta agendar eventos en el calendario y sacar fotografías, pasando
por programas de todo tipo para acceder a las redes sociales, controlar el peso corporal,
consultar el saldo en la cuenta bancaria, solicitar cotizaciones en línea, y un sinfín de usos más.
A mayor cantidad de “servicios” que ofrecen estos dispositivos, más uso se hace de ellos y, por
ende, van cayendo en desuso otras cosas (agendas, cámaras de fotos, teléfonos de línea, solo
por nombrar algunos). Todos estos nuevos “servicios” que tenemos a nuestra disposición a
través de los teléfonos móviles constituyen un cambio de paradigma. Los tiempos para
transmitir un mensaje son cada vez más cortos, como así también lo son los mensajes que se
transmiten y, por ende, igualmente breve es el tiempo que se prevé para obtener una
respuesta. Todo es instantáneo, pues todos estamos conectados. Se argumenta en este
trabajo que la disponibilidad de conexión permanente genera una dependencia, una necesidad
de permanecer conectados. Es interesante la definición de “dependencia” que ofrece el
diccionario de la Real Academia Española (RAE) en dos de sus acepciones: i) “subordinación a
un poder mayor” y ii) “necesidad compulsiva de alguna sustancia, como alcohol, tabaco o
drogas, para experimentar sus efectos o calmar el malestar producido por su privación” (RAE,
2014). Entendemos, entonces, a la dependencia como una esa situación de inferioridad ante
una fuerza superior al propio ser y la adicción que esto genera, como bien lo indica la segunda
acepción citada. 16 Este trabajo se propone explorar este cambio de paradigma,
especialmente en la población joven que es la que está más expuesta a la dependencia de
estos dispositivos por haber crecido ya haciendo uso de ellos. La Organización de las Naciones
Unidas (ONU), a través de la Convención Iberoamericana de Derechos de los Jóvenes, sostiene
que la juventud es la etapa que comienza a los 15 y se prolonga hasta los 25 años de vida de
todo ser humano. Dado que no existen límites precisos al respecto –pues la RAE se limita a
definir a la juventud como “la edad que se sitúa entre la infancia y la edad adulta”– tomaremos
el concepto de las Naciones Unidas como marco de referencia. La evolución del teléfono
celular Las comunicaciones juegan un papel muy importante en la sociedad, ya que permiten
la constante interrelación entre las personas y sus comunidades. A medida que los avances
tecnológicos ponen a nuestra disposición dispositivos más novedosos, la necesidad de estar
cada vez más comunicados crece proporcionalmente. Si bien la invención del teléfono fue un
acontecimiento histórico de gran impacto a nivel mundial, no fue hasta la llegada de los
teléfonos celulares que éstos se convirtieron en un artefacto del cual es imposible
desprenderse y que hasta ha alterado la manera de comunicarse y la forma en que se
comporta socialmente el individuo que lo utiliza. Martín Cooper, considerado como el padre
de la telefonía celular, fabricó el primer radio teléfono entre 1970 y 1973 en Estados Unidos.
Hacia fines de la década del ’70 surgieron los primeros sistemas en el mercado de Tokio
(Japón) y Europa. El primer teléfono celular de la historia fue el Motorola DynaTAC 8000X,
visto por primera vez en 1983. Tenía un peso de 780 gr y medía aproximadamente 33 x 9 x
4.5cm. La batería tenía una durabilidad de no más de una hora hablando u 8 horas en espera.
Las primeras personas en utilizarlos fueron hombres de negocios, ejecutivos y personas de alto
poder adquisitivo, pues este servicio tenía un costo elevado por la falta de competencia. La
segunda y tercera generaciones de teléfonos móviles surgen en la década del ‘90, con equipos
de tecnología digital, duración extendida de la batería y mayor definición y calidad de sonido,
así como también un chip (la tarjeta SIM) donde se guarda toda la información. En 2001 se
lanzó en Japón la tecnología 3G para teléfonos celulares, y no muchos años después
aparecieron en el mercado los que hoy en día conocemos como smartphones 17 (teléfonos
inteligentes). Parece inevitable que telefonía e Internet tenían que fusionarse, pero no siendo
esto suficiente, se integró la tecnología GPS, la táctil y unos sistemas operativos capaces de
ejecutar cualquier tipo de aplicación. De la sociedad de la información a la sociedad
hiperconectada En menos de cuatro décadas de evolución constante, los teléfonos celulares
vinieron a modificar por completo los paradigmas de comunicación humana. Su rápido avance
nos permite inferir que van a afectar poderosamente a muchísimas áreas, desde cómo
vivimos, hasta cómo consumimos, nos comunicamos o hacemos política. Todas estas nuevas
tecnologías de la información y comunicación van a tener una repercusión significativa en la
sociedad del futuro, proponiendo cambios que van desde las formas de acercarnos y generar
el conocimiento, hasta el tipo de interacción que establecemos entre las personas. Para Gates
(1995) uno de los “gurús” de la sociedad de la información, la influencia de estas nuevas
tecnologías va tener diferentes repercusiones en la sociedad, por ejemplo: acceso ilimitado a
la información por parte de todos y en cualquier momento, una individualización de la
enseñanza y la investigación por parte de los docentes y los investigadores, una mayor
participación-colaboración del medio escolar como una comunidad educativa, entre otras
cosas. Cuando comenzamos a hablar de las nuevas tecnologías nos damos cuenta de que todas
ellas están orientadas de una manera u otra a la comunicación y que, lejos de competir entre
ellos, todos los medios llegan a ser complementarios: “...nuestras vidas estarán cada vez más y
más regidas por la pantalla, grande o pequeña, interactiva o no. Eso significa sólo que
aprenderemos y nos comportaremos de acuerdo con lo que en ella veamos sino que, desde
muy jóvenes, sabremos que estamos destinados a ser vistos” (Cebrián, 1998). Los teléfonos
celulares de última generación a los cuales nos referimos en esta investigación no son más que
un claro ejemplo donde todas estas tecnologías confluyen: la máxima expresión de la
conectividad. Siguiendo esta línea de pensamiento, no está lejos Negroponte cuando afirma
que "la informática ya no se ocupa de los ordenadores sino de la vida misma" (Negroponte,
1995). Esta interactividad, como apuntan Bettetini y Colombo (1995), viene caracterizada por
tres hechos básicos significativos: la pluridireccionalidad de la información, el papel activo del
18 usuario en la selección de información y la comunicación en tiempo real. Ellos sostienen
que se puede definir a la interactividad "como un diálogo hombre-máquina, que haga posible
la producción de objetos textuales nuevos, no completamente previsibles a priori" (Bettetini,
1995). En la actualidad poseer información simplemente no tiene valor, pues toda la
información del mundo está disponible en la red. Si tenemos un smartphone incluso podemos
acceder a toda esta información, la cual llevamos literalmente en un bolsillo, y además
comunicarnos en cualquier momento con nuestros contactos mediante las innumerables
aplicaciones disponibles de chat, redes sociales, etc. Vivimos, como bien lo define Enrique
Dans, en una sociedad hiperconectada. “La sociedad hiperconectada significa que miles de
personas permanecen en un estado de constante conexión: no prestan atención consciente a
ello ni le dedican tiempo de manera exclusiva, pero reciben una retroalimentación constante
de su entorno.” (Dans, 2010) Es interesante observar cómo los patrones de uso (y abuso, ¿por
qué no?) de esta “hiperconexión” varían de generación en generación. Los adultos mayores
son los que menos acceso tienen a estas tecnologías, probablemente por falta de necesidad o
por la dificultad de aprendizaje. De acuerdo con Pavón (2000) los mayores se motivan para
estudiar cuando descubren necesidades que se puedan llegar a satisfacer mediante el
aprendizaje, es decir, que se interesarán por aquellas cuestiones que le importen o motiven. Al
no tener necesidad de conexión permanente por cuestiones laborales ni una vida social
dinámica como la de los jóvenes, el uso de la tecnología será meramente una elección por
interés o placer. Las generaciones más jóvenes, en cambio, recurren al uso de la tecnología
como herramienta de inserción y pertenencia social. Es este el aspecto que nos interesa
investigar con este trabajo. Los nativos digitales Como afirma Enrique Dans, los nativos
digitales exhiben pautas sociales muy arraigadas. “No es, en realidad, nada nuevo, sino
simplemente la traslación de las pautas sociales infantiles o juveniles a un soporte electrónico.
Su red social en Internet es enormemente importante para ellos, porque la plantean como
complemento, no como sustituto de sus relaciones sociales fuera de la red. Los adolescentes
pasan tiempo con sus amigos en el colegio y en la calle, pero 19 cuando llegan a sus casas,
mantienen contacto permanente con ellos en una pestaña de su navegador, en la que
mantienen abierta su red social.” (Dans, 2010) La traslación de lo social a la red en los jóvenes
les lleva a ser mucho más influenciables por sus amigos y por comentarios en los sitios que
leen que por la publicidad convencional. De la misma manera, se apoyan en el grupo para
compartir sus percepciones, lo que genera una especie de conciencia colectiva compartida. En
general, el concepto de nativos digitales se aplica a las personas nacidas durante o después del
inicio de la era digital que data de mediados de la década del ’80, por lo que abarca a la
perfección la muestra utilizada para esta investigación que consiste en jóvenes de entre 18 y
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