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Conclusión: la formación del canon del Antiguo Testamento (y II) (188-09)

Hoy escribe Antonio Piñero

Transcribo, como prometí, la conclusión del artículo de Julio Trebolle “Códigos y cánones. Literatura legal e
historiográfica en el Antiguo Oriente y en la Biblia” ("Bandue" IV, pp. 241-263; conclusión pp. 260-261
“Los nuevos datos acerca de manuscritos bíblicos proporcionados por los textos de Qumrán “hacen más
compleja la historia de la formación del canon bíblico, así como la transmisión del texto (fluido y variado) incluso
de los libros de la Ley, de lo que cabía pensar hasta hace muy pocos años. Es preciso distinguir dos procesos y
dos épocas.
“El primero fue el del reconocimiento de la autoridad de una serie de libros que más tarde entraron a formar
parte de la lista definitiva de escritos canónicos. Este reconocimiento, que en cierta medida acompaña a los
escritos desde sus propio orígenes, se hace manifiesto en el momento de una crisis decisiva, como fue la de la
revuelta de los macabeos, entorno al año 164 a.C., cuando Judas Macabeo recogió los libros sagrados que
Antíoco IV Epífanes había tratado de destruir, según se afirma en 1 Macabeos (1,56-57) y 2 Macabeos (2,14-15).
“Los Apócrifos del Antiguo Testamento, Filón de Alejandría, historiador Flavio Josefo y las fuentes cristianas dan
cuenta de que las comunidades judías disponían, antes y después de la aparición del cristianismo, de un canon
hebreo de escritos más reducido que el griego de la tradición cristiana.
“Sin embargo, aun cuando determinados grupos judíos, podían disponer ya en el siglo II a.C. de un canon de
libros sagrados, éste podía no ser aceptado por otro grupo de judíos que no eran necesariamente sectarios o
desviacionistas, pues todavía no existía un judaísmo normativo u ortodoxo que decidiera en ésta o en otras
cuestiones. Entonces debatidas. Algunos grupos de los primero cristianos podían proceder de tales sectores
judíos.

“El segundo proceso es el de la constitución de una lista de libros canónicos, con exclusión de los considerados
hasta ese momento apócrifos o ‘exteriores’. Este proceso no culmina hasta después de la destrucción de
Jerusalén en el 70 d.C. Así pues, la línea divisoria que maraca un antes y un después en la historia del canon, al
igual que en la del judaísmo, no parece haber sido tanto la de la restauración macabea, sino más bien la de la
nueva restauración llevada a cabo por la corriente farisea a finales del siglo I y comienzos del II. D.C.
“El proceso de formación literaria y editorial del núcleo de los libros bíblicos pudo haberse ultimado a mediados
del siglo II a.C., pero la lista normativa y definitiva de los libros canónicos, con exclusión de los llamados
apócrifos –lo que constituye un canon normativo— no llegó a establecerse hasta finales del siglo II, o al menos
no quedaron zanjadas hasta esa época las dudas y controversias sobre la canonicidad de algunos e los libros
incluidos en el propio canon.
“Hasta entonces existían colecciones de escritos a los que se reconocía autoridad como libros sagrados, pero no
había, estrictamente hablando, un canon reconocido universalmente. El impulso estableció un canon definitivo
provino de la corriente rabínica mayoritaria del momento, la cual tenía entre sus objetivos unificar el judaísmo y
salir al paso de cualquier tentación que pudiera existir en otros grupos judíos de reconocer autoridad sagrada a
los escritos del Nuevo Testamento, o a otros textos cristianos.
“También otras fuerzas contribuyeron a este proceso unificador, como la reacción frente a tendencias
apocalípticas disgregadoras, la amenaza de aniquilación por parte del poder romano tras las dos revueltas judías
y la decisión de poner fin a las disputas jaláquicas (en torno a cuestiones legales) o jurídicas, anteriores a la
destrucción del Templo en el 70.
“Son muchas las cuestiones abiertas por los nuevos textos de Qumrán, en particular en lo que se refiere a la
formación el canon bíblico del que los libros de la Ley constituyen su núcleo primero y más importante”.

Saludos cordiales de Antonio Piñero.


Universidad Complutense de Madrid
www.antoniopinero.com

Sábado, 2 de Julio 2011


LA FIJACION DEL CANON DEL ANTIGUO TESTAMENTO POR LOS CRISTIANOS
LA SEPTUAGINTA O BIBLIA DE LOS SETENTA

En el siglo III a.C. la mayoría de la comunidad judía, que vivía fuera de Palestina, hablaba griego, así que en
Alejandría, capital de la cultura por entonces, se decide la muy necesaria tarea de comenzar a traducir por
primera vez la Biblia al griego para hacerla más accesible a los judíos de habla griega, que en su mayoría ya no la
podían entender bien en su idioma original. Esa será la llamada Septuaginta o Biblia de los 70 (por el número
aproximado de sabios que se decía habían participado en la traducción); también se la conoce como el canon
griego o el canon alejandrino.

En esos momentos el canon judío estaba casi fijado, y el consenso era más o menos total desde el Génesis hasta
Esdras, que narra la vuelta del Exilio (538 a.C.) y la subsecuente reconstrucción de la nación de Israel. Pero en
cuanto a los libros posteriores había algunas diferencias de opinión. Los judíos de Alejandría eran tan ortodoxos
como los demás, pero cuando tradujeron al griego sus libros sagrados, algunos de ellos pertenecían a ese
grupito de libros sobre los que el consenso no era pleno, aunque sí eran aceptados por buena parte de la
comunidad judía en general.

Cuando aparezca el cristianismo y se extienda por el imperio nos encontramos bien pronto con que la mayoría
de los cristianos son de habla griega, así que como es lógico usaban los escritos del Antiguo Testamento en la
versión griega de la Septuaginta. Por eso mismo es también normal que los textos del N.T., que están todos en
griego, usen la Septuaginta en sus citas y referencias al A.T. Del mismo modo los demás textos escritos por la
Iglesia primitiva (además de los incluidos luego en el N.T.), son escritos en griego en su mayoría, y por tanto
manejan en sus referencias la versión griega de la Septuaginta. Por todo eso podemos entender que el
cristianismo desde el principio utiliza mayoritariamente la Septuaginta griega como la versión “oficial” de facto
del A.T. Puesto que el canon alejandrino era el usado por la Iglesia Primitiva, la clasificación, el orden y el
nombre de los libros del Antiguo Testamento cristiano siempre ha sido el de ese canon. Incluso los que
posteriormente defendieron el canon hebreo, incluidos los actuales protestantes, han mantenido siempre esa
estructura alejandrina, una prueba más de que ese canon fue la base del A.T. cristiano.

Y mientras los cristianos están usando el canon griego de la Septuaginta, los judíos aún no se han puesto de
acuerdo al 100% sobre cuáles son exactamente los libros sagrados de su Biblia. A finales del siglo primero o
principios del segundo, posiblemente en la ciudad de Yavné, los judíos terminan por llegar a un consenso y fijan
su canon. No tiene nada de extraño que ese canon no coincida del todo con el canon alejandrino de la
Septuaginta, pues este nuevo canon judío, llamado también el canon palestino o canon hebreo, es fijado unos
dos siglos más tarde. Pero esa decisión judía es ya posterior a Cristo, así que no debería afectar a los cristianos,
que en su mayoría siguen fieles al canon de la Septuaginta sin sentirse reflejados en las decisiones de unas
autoridades que ya no son las suyas.