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Transcurría ayer el debate en los medios sobre si Wolfe había inventado algo o se había subido a un

carro del que él mismo había ayudado a tirar llamado Nuevo Periodismo, una reinterpretación del
reporterismo que cambió la manera de entender esta profesión. Algo nuevo en la década de los
sesenta para el periodismo anglosajón, hasta ese momento frío y basado, pero, como recordaba ayer
Víctor de la Serna, un estilo de gran tradición en el latino. El nuevo periodismo inyectó algo más de
literatura a un género clásico, la crónica, y como buen producto made in USA, fue exportado con
éxito. Nada que objetar. No puede ser más que una bendición que sean de lectura obligada para
cualquier periodista libros como La hoguera de las vanidades, A sangre fría, de Truman Capote, o
Honrarás a tu padre, de Gay Talese. Periodismo y literatura entrelazados.

Wolfe periodista se metía dentro de las historias para sentirlas y poder contarlas de manera diferente.
Wolfe novelista inventaba historias reales que aún no habían sido contadas. Toda su ficción pasa
o podría haber pasado, como un relato periodístico construido con datos y documentación. ¿Cómo
hubiera contado el escritor norteamericano el serial de la La Manada, un hecho crudo y real que
sí ocurrió en una noche de verano en Pamplona? Durante juicio, sentencia y consecuencias de este
caso he tenido presente una de sus novelas más criticadas -no sé por qué-, Soy Charlotte Simmons.
Sexo, machismo, drogas y alcohol en una universidad de élite. Superación juvenil frente a una
inocencia destrozada. Novecientas páginas que te obligan a creerte el personaje. Charlotte, ficción,
existe. La víctima de La Manada, desgraciadamente, también. ¿Qué hubieran hecho Wolfe, Capote o
Talese con esa historia? Traspasar las rayas. Dar a conocer y, además, sentir. El viejo periodismo.

El Mundo, 17 de mayo